Advertencia para el lector

«Rechazado o aceptado, perseguido o premiado, el escritor que merezca este nombre seguirá arrojándoles a los hombres el espectáculo no siempre grato de sus miserias y tormentos.»
Mario Vargas Llosa, La literatura es fuego.

2010/08/30

Mutilaciones (cuento)

A Carlos Bellatín, el Chino;
y Juan Carlos Gómez Boza, el Búho,
con afecto, cervezas y amistad.

Cuando empecé a crecer y a tomar conciencia de sus actos, papá me había dicho, con bastantes resquemores, que el tío Julio estaba «enfermo de la mente». Sería por eso que conversaba con los focos del comedor o, por las noches, bajaba la palanca de la electricidad dejándonos a oscuras y averiando, en más de una oportunidad, el viejo refrigerador de la abuela.

En sus momentos más complicados, se transformaba en un personaje inefable e intratable. Por suerte, estos episodios eran bastante infrecuentes. Y, a su vez, el tío Julio nos resultaba perspicaz y bromista en sus instantes de lucidez extrema.

En año nuevo salía, ocultando un vaso en los bolsillos, a tomar sus buenas cervezas con los vecinos de al frente de la casa, y por las mañanas encendía el televisor a todo volumen en el canal en donde transmitían un programa de ejercicios aeróbicos:
–Tío Julio, baja un poco el volumen –le reclamábamos, bostezando.
–Ellas me lo piden, las chicas lo piden –reponía él señalando a las esculturales mujeres de la pantalla chica–. Siempre me dicen: Julio, ¡te estamos siguiendo!

Cuando la abuela nos dejó yo lo vi llorar como un niño. Mas, al poco rato se repuso. Parecía otra persona, mudó su comportamiento como aquellos eximios actores de cine, y hasta encontró un buen pretexto para fumigar las penas:
–La mamá María está de viaje –nos informó a todos con aquel convencimiento con el que se deberían de decir las grandes verdades. Era (lo sigue siendo hasta el día de hoy) la mejor forma de soportar su desaparición. Y a todos nos gustó hacernos a la idea de que la abuela no estaba muerta. Después de todo, estar «enfermo de la mente» no era del todo malo, ¿verdad?

* * * *

Alguna vez, aburrido de sus ataques de esquizofrenia, llegué a espetarle una propuesta que me hacía recordar a la abuela:
–¿Y tú nunca piensas en irte de viaje, tío?
–Bien podría hacerlo: ya he cumplido, me he roto el lomo por la familia. Tengo millones en el banco y ustedes disponen de mi dinero como les da la gana.
–Bueno fuera, tío, bueno fuera...

–¿Sabes un gran secreto, Vicente? –me dijo una tarde en la huerta.
–Dímelo, tío.
–En esta casa, ¡nuestra casa!, he aprendido cómo es el mundo.
–¿Y cómo es el mundo? –indagué con afanoso interés.
–Es un poco más o menos así –me dijo y se agachó para arrancar una margarita–. Así empezamos: nos arrancan de buenas a primeras... y, poco a poco, nos vamos deteriorando... Al final quedamos de esta manera: una mutilación, una maldita mutilación, ¿comprendes?

Y me entregó la margarita sin pétalos. No sé por qué todavía la tengo guardada. La encontré reseca entre mis cosas, justo ahora que él decidió “irse de viaje”.

Dicen que salió de casa hace seis tardes, aunque podría jurar que no lo veo hace sólo cinco días. Vestía un pantalón café, sus raídos mocasines y la camisa de franela que le gustaba ponerse cuando lo llevaban al peluquero del centro de la ciudad.

Quisiera pensar que anda vagando por ahí. Que no se ha cruzado con ningún malhechor, ni mucho menos que haya retado a algún veloz microbús en las grandes avenidas.

–¿Qué será del loquito? –le escuché murmurar a mi vecina con cierta malicia cuando entraba a la bodega del barrio a comprar pan.
–¡A usted que mierda le importa! –le dije furioso y me quedé sin panes para el desayuno.

Yo sé que está loco, o «enfermo de la mente», como dice mi papá con cierto decoro. Pero cómo odio que los chismosos se llenen la boca comentando sobre su enfermedad, o fabricando motivos que supuestamente lo llevaron al desvarío: el sexo, las drogas, la brujería...

Ahora que camino por las calles de la ciudad pegando su foto en las esquinas concurridas y en los paraderos de autobuses, me doy cuenta de que, gracias a él y a su mutilada margarita, aprendí en casa cómo es el mundo.

Aguardo por las noches, mirando de reojo por la ventana que da a la avenida y sueño con ver asomar su silueta. Sé que se aparecerá de pronto y me dirá que el mundo no era así:
–Es peor, Vicente, es peor –concluirá con sabiduría.
–Sí –asentiré–. Pero yo no estoy loco, tío. A mí nunca me han hecho convulsionar a punta de electroshocks, ni tengo un par de hijos ingratos que nunca me visitan. Tampoco tengo esposa, cosa que agradezco pues, ¿quién dice que no me hubiera dejado por acostarse con un psiquiatra? La vida es una mentira, tío Julio, y me gustaría estar loco para no saberlo.
–A mí también –y se irá a conversar con algún foco o a dejarnos sin luz para echar a perder los artefactos de su madre, mi abuela viajera.

La Pampilla, 20 de agosto de 2010.

Este cuento aparece en la edición de
Setiembre del Proyecto Sherezade


2010/08/24

El Twitter, según Andrés Calamaro


Cuando aún no está completamente confirmada su presencia en Arequipa, Calamaro habló fuerte y claro sobre la mayoría de usuarios del Twitter (él mismo aclara que hay excepciones, pero, a su entender, muy pocas):
Twitter idiota

¡Qué despreciable "democracia", y qué mal entendida claro que libertad de expresión, no es expresión de libertad! Qué pérdida de tiempo escribir para hijos de Homero Simpson y doña Rosa (doña Rosa de Neustad), tolerar resentimiento, conceptos infantiles, progresía aborregada, ideologías desaparecidas... extinguidas hace ya tiempo. Participar en un coro de subnormales generadores de concepto light, qué asco de post modernismo (perdón si me río) ...Perder media hora por día para comprobar lo que nací sabiendo ...siempre hay excepciones: gente excepcional, pero ... ¿qué hago metido en el medio de la República de los Culoblandos?
En el décimo aniversario de aquel Salmón revolucionario, hace dos días estaba grabando cantos con mi brother Mario Breuer, al día siguiente escribíamos una canción con Cachorro en Saavedra, barrio calamar con espíritu polaco en las esquinas, hoy mandamos otra canción para mezclar en Madrid. A fin de mes On the road again, de Londontown al Razzmatazz, Madrid, Vigo, Bilbao y Donosti, para qué necesito recordar que vivimos rodeados de reaccionarios sin huevos si lo sabemos de sobra pudiendo celebrar mis treinta años en la aristocracia rockera, en la poesía de los márgenes: ¡qué lastimado estaría mi pudor si resulto ser la cara amable del termo Twitter! 140 caracteres pueden metérselos profundo en el medio del ojete, me importa tres pepinos perder un segundo más en el rebaño de boludos con blackberry, o lo que es peor... conectados a la nada a cambio de demostrar que son infantiles, consecuencias de sangrientos años que deterioraron los mínimos gramos de dignidad… caretas, mis enemigos...

2010/08/21

Las raíces del amor, donde estaban, quedarán...




Flaca, no me claves, tus puñales, por la espalda:
tan profundo, no me duelen, no me hacen mal.
Lejos, en el centro, de la tierra, las raíces,
del amor, donde estaban, quedarán.

Entre no me olvides me dejé nuestro abriles olvidados
en el fondo del placar, en el cuarto de invitados
eran tiempos dorados, un pasado mejor.
Aunque casi me equivoco y te digo poco a poco:
no me mientas, no me digas la verdad
no te quedes callada, no levantes la voz, ni me pidas perdón
y aunque casi te confieso que también he sido un perro compañero
un perro ideal que aprendió a ladrar
y a volver al hogar, para poder comer.

Flaca, no me claves, tus puñales, por la espalda
tan profundo, no me duelen, no me hacen mal
Lejos, en el centro, de la tierra, las raíces
del amor, donde estaban, quedarán...

Flaca de Andrés Calamaro

2010/08/19

Iris: tú estás más cerca del cielo de lo que yo jamás estaré



Y abandonaría por siempre tocarte,
porque sé que me sientes de algún modo.
Tú estás más cerca del cielo de lo que yo jamás estaré,
y no quiero irme a casa justo ahora.

Y todo lo que puedo saborear en este momento
Y todo lo que puedo respirar es tu vida
Porque más tarde o más temprano se terminará
Simplemente no quiero extrañarte esta noche.

Y no quiero que el mundo me vea
Porque no creo que ellos entiendan
Cuando todo está hecho para ser roto
Yo sólo quiero que tu sepas quién soy

Y tú no puedes combatir las lágrimas que no vienen
O el momento de verdad en tus mentiras
Cuando todo se siente como en las películas
Si tu sangras para saber que estás viva

Y no quiero que el mundo me vea
Porque no creo que ellos entiendan
Cuando todo está hecho para ser roto
Yo sólo quiero que tu sepas quién soy

Y no quiero que el mundo me vea
Porque no creo que ellos entiendan
Cuando todo está hecho para ser roto
Yo sólo quiero que tu sepas quién soy

Yo sólo quiero saber quién soy
Yo sólo quiero saber quién soy
Yo sólo quiero saber quién soy
Yo sólo quiero saber quién soy.

Goo Goo Dolls, Iris

2010/08/16

A veces es peor el remedio que la enfermedad



Palabras

A veces es peor el remedio que la enfermedad.
Casi siempre mejor no decir nada,
hay demasiadas palabras que se usan así nomás.
Lo que querés oír, te lo inventás y lo tenés.
La música es de aquellos que la quieren escuchar
y de nadie más.
Es benigna y la mierda que tenés en la cabeza
tiene que ser muy digna,
porque si no te sobra entre las armonías.

Algunas palabras las invento yo,
otras las trajo el tito Bob Dylan
por eso no miento, no importa tanto la verdad,
es la realidad.
Es la basura que junta tu cabeza mientras hablás,
aunque no los escuches sé que ladran, Sancho,
pero no tienen autoridad.

Pero tengo el ancho de espadas y el de bastos también
y un turquito en la neblina no me dice
cuando desafina la Orquesta Winnograd,
tengan piedad con el 4 de copas
y bodas de plata con la farlopa
tengo vestuarios, rompí los horarios en mil pedazos.

Conozco el caso de "Blableta Fracaseta"
especialmente en la República Anfetamina
Acá siempre se opina con ventilador prendido
y que marrón salpiqué,
y te cubrís de marrón de marrón
y te cubrís de marrón de marrón...

2010/08/01

Diario de lectura: La prosperidad reclusa


Por Bladimiro Centeno Herrera*

La narrativa peruana se encuentra en una permanente exploración temática, estilística y textual. El desencanto, la introspección dolorosa y la búsqueda de nuevas formas de expresividad descarnada son los rasgos que caracterizan el cuento moderno.
La narrativa provinciana, a pesar de los prejuicios con los cuales se estiman sus logros, profundiza este signo espiritual que identifica a las nuevas generaciones de escritores e intelectuales. En algunos casos produce una vuelta de tuerca a esta visión del mundo que ha perdido la razón de su condición humana.
Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, 1980) profundiza esta perspectiva estética y nos presenta un mundo en el cual los personajes están condenados a una irremediable frustración y vacío. El pesimismo y la pérdida del sentido de la vida estallan ante el menor intento por dar forma a sus destinos.
El libro La prosperidad reclusa (Cascahuesos, 2009) está constituido por veintitrés cuentos breves forjados con el mismo propósito de indagar la condición humana en un contexto de la crisis universal.
Impulsa los cuentos el mismo espíritu desgarrado por el absurdo de la vida. Vacíos es el cuento más breve, de tono poético, en el cual el personaje, adicto a los fármacos, trata de escapar de su locura. La dulce espera nos presenta a la hija de una prostituta latinoamericana embarcada a la eterna espera de que su madre se libere de su destino oprobioso en Europa. En Tras la puerta, un esquizofrénico, convertido en una especie de conejillo de indias, contempla cómo los tratamientos psicológicos mejor intencionados terminan degradando su condición humana, porque la raíz de su locura no está en su ser sino en el mundo externo.
La incertidumbre es otro matiz que reviste el universo narrativo de Mazeyra. En Ganas de ti, Matías, un adolescente en pleno proceso de aprendizaje amatorio, descubre la faceta homosexual de su mentor. En La prosperidad reclusa (título homónimo del libro), un recluso por burrier establece una relación muy singular con Nepomuceno, otro recluso que, en su aparente impasibilidad, revela haber jugado en el pasado con los brazos del infierno.
La idea de la muerte intensifica el tono sombrío del libro. En El faquir y la equilibrista, el recepcionista de un hotel termina sirviendo como modelo a una artista plástica, quien, ante su creciente insistencia amorosa, le revela una verdad que lo obliga a construir una cama de clavos con el fin de ahuyentar la muerte que ronda a la artista.
En Cuando ya no tengas secretos, un estudiante universitario que satisfacía sus obsesiones sexuales hurtando el cuaderno de sus compañeras de estudio, termina (en una de las visitas a una casa de citas) descubriendo el otro secreto desgarrador que practicaba una de sus compañeras de estudio y terminan ligados por las mismas impurezas del mundo.
Las tribulaciones son permanentes en los personajes. En La entrevista, un indeciso buscador de trabajos, aguarda en la sala de espera la entrevista de su vida con Dios, pero (por la misma razón de su indecisión) termina expulsado de la sala hacia la vida real. En Patada al tablero, el sueño imposible de una vida lésbica termina desintegrando la personalidad de la autora de una improbable carta, en la cual se pone de manifiesto un mosaico de espejismos y frustraciones.
Los impulsos incestuosos forman parte de los vacíos vitales en el libro. En Colección de Souvenirs, dos hermanos, unidos por un accidente en el cual ella queda semiparalítica y él con dificultades mentales, terminan envejeciendo juntos en la misma casa paterna, con deseos incestuosos que el hermano apenas logra sublimarlos en una colección de perchas robadas. En ¿Y si tu voz me hiciera falta?, Orlando, enamorado de su prima Lucero, la más bella del barrio, sufre una locura interminable a raíz de la muerte de ella como producto de una violación y consume diversas drogas para reducir su locura que paradójicamente termina intensificando su terror ante vida.
Confesiones desde el infierno parece cumplir la noción de que el sexo prohibido conduce a la locura. En este texto, una monja privada de todas las experiencias amatorias en el Convento de Santa Catalina pone de manifiesto sus desvaríos sexuales ante la imposibilidad de una vida sexual más espontánea.
La frustración de la escritura narrativa no queda al margen. En Esperanza capital, un personaje homónimo al autor, después de varias frustraciones como escritor y lidiar contra las vanidades humanas, termina profesando la religión evangélica. En Pánico en La Punta, un aprendiz de escritor trata de suprimir su pánico al fracaso mediante las drogas que no hacen más que intensificar su incertidumbre.
Y el único modo de procesar estas frustraciones es a través del juego con los fantasmas que intervienen en los cuentos Autorretrato de una ilusión y El crepúsculo nunca viene solo.
La mujer como personaje fundamental aparece en La felicidad está en algún lugar del mundo que se llama Micaela. En él, ella es una fanática de las películas de Almodóvar que, tras su crisis existencial, acompaña a un camionero hasta la capital del Perú, donde termina igual sin objetivos ni perspectivas de vida.
Completan el libro varios cuentos que presentan mundos frustrantes para el mismo lector. Un aprendiz de escritor que imagina una pederastia como una forma de luchar contras las fuerzas del tánato se presenta en “Trayectos”. En “Un café en el Capriccio”, otro escritor trata de acceder al verdadero amor de su pretendida mientras mantiene el absurdo vinculo amatorio con la madre de ella.
Concluye el libro con dos cuentos en los cuales los personajes están condenados a la perplejidad. En Humor de sentido –anticuento–, un ex jugador trata de reconstruir un vida dentro de un perfil familiar que no tiene otro sentido que un humor negro. En Confesiones de plaza, un parroquiano de las casas de cita se enamora de una prostituta, convive con ella con todas licencias que le permite el caso, hasta que ella pretende procrear un hijo conduciendo al hombre a una visión perpleja de la vida.
Este es el universo narrativo que nos presenta Orlando Mazeyra, éste el absurdo que experimentan los personajes, este el espíritu pesimista con el cual visiona la vida el escritor arequipeño, como una forma de apertura a otras zonas oscuras de la condición humana.

* Bladimiro Centeno Herrera (Yunguyo, 1970). Estudió Literatura en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. Actualmente es docente de la Universidad Nacional del Altiplano de Puno. Comentarista de la nueva producción literaria que va apareciendo en la nueva hornada de escritores. En 1995, ganó el segundo premio denominado Concurso Nacional de Cuento y Poesía, organizado por la Municipalidad de Paucarpata de la ciudad de Arequipa. Tiene en su haber literario publicado los siguientes libros: El imaginario de la palabra (2003), donde reúne varios artículos de crítica literaria, algunos de los cuales han aparecido en diversas revistas literarias.