Advertencia para el lector

«Rechazado o aceptado, perseguido o premiado, el escritor que merezca este nombre seguirá arrojándoles a los hombres el espectáculo no siempre grato de sus miserias y tormentos.»
Mario Vargas Llosa, La literatura es fuego.

2011/03/24

Mario Vargas Llosa: arequipeño ilustre

Por Orlando Mazeyra Guillén
En La orgía perpetua, ensayo que Mario Vargas Llosa (MVLL) le dedica a su maestro francés Gustave Flaubert y a Madame Bovary, el novelista arequipeño afirma que “un puñado de personajes literarios han marcado su vida de manera más durable que buena parte de los seres de carne y hueso que ha conocido”.
Es menester que los escribidores en ciernes de la Ciudad Blanca, exonerados por libre elección de un innecesario y obsoleto parricidio literario, nos rindamos ante una pródiga obra narrativa que, desde el áspero Jaguar hasta el complejísimo aventurero irlandés Roger Casement, pasando por el dictador Manuel Apolinario Odría, Los Inconquistables, el atribulado Zavalita, el inefable Pedro Camacho, el sibarita don Rigoberto, el obsesivo Pantaleón Pantoja, la idealista Flora Tristán y hasta el execrable Chivo dominicano, le agradezcamos, al más grande novelista que haya nacido al pie del volcán Misti, por contarnos esas mentiras hechiceras que encubren una profunda verdad. No obstante, cualquier adjetivo o gesto se hundirá en la infeliz ciénaga de los lugares comunes: somos millares los lectores y escritores que hemos dado testimonio de nuestra gratitud por la obra vargasllosiana, por hacernos partícipes de ese devenir salpicado de virtudes, sueños, excentricidades, traspiés y miserias de estos personajes que, como Lituma, si no han hecho nuestras vidas mejores, al menos las han vuelto más intensas, animadas e interesantes.

Reconozcamos en MVLL, antes que a un descollante creador de ficciones, un manual portentoso (leer, para más señas, El pez en el agua) de cómo un ser humano puede entregarse por entero a actividades de una manera corrosiva y estimulante: la escritura como un mandato perentorio; y la lectura como un combustible que se transmuta en un acto fe. El Premio Nobel arequipeño es el icono intelectual por antonomasia en este país tan necesitado de héroes contemporáneos y referentes culturales.
Con MVLL tenemos una deuda simbólica que será saldada cuando volvamos a su obra o, en todo caso, cuando por primera vez la empecemos a degustar con placer. Aunque suene a perogrullada, hay que decirlo: en cada uno de sus personajes habita un pedazo de él; y en algunos (o muchos) de esos pedazos, para bien o para mal, todos nos podemos (nos deberíamos de) reconocer.
En 1967, al recibir el Premio Rómulo Gallegos en Caracas, el autor de La guerra del fin del mundo dejó dicho que la literatura es fuego. Hoy día, que lo nombramos con insondable justicia un Arequipeño Ilustre, es decir: un coterráneo de excepción, venero portentoso del arte literario mistiano; ratificamos su sentencia, y agregamos convencidos que el fuego sagrado está más vivo que nunca en cada una de las historias que cuentan sus novelas. Si la literatura es fuego, entonces esa llama que se enciende en el corazón de cada lector ganado por la ficción, adquirirá un carácter incombustible siempre y cuando la voluntad de crear otros mundos nazca de las entrañas de aquéllos que, como él, tienen la llave maestra que les permite acceder a todas las puertas, buhardillas, sótanos, trastiendas, contrastes y aristas de la variopinta condición humana.
Hoy celebramos al fabulador desasosegado que, aspirando a la quimérica omnisciencia, intenta apresar la realidad a través de la ficción, la estrella fulgurante de las letras peruanas que, cuando alguien le pregunta si, como suele suceder con la mayoría de escritores, acostumbra disuadir a aquéllos que sueñan con ser escritores, él se apresura en responder que no; porque uno siempre –y cueste lo que cueste– debe obedecer a su vocación, y hacer de ésta una dedicación exclusiva y excluyente, una servidumbre libremente elegida, porque la carrera que escogió es hermosísima, pues permite vivir muchas vidas, enfrentar las frustraciones o fracasos de una manera victoriosa, convirtiéndolas en materia prima para crear otras vidas. Pues lo mejor que le ha pasado es dedicar su vida a la literatura.
El éxito es un enorme aliciente –nos dice el arequipeño universal–, pero para un escritor que tiene una vocación muy profunda, al final, la mayor recompensa es poder dedicar su vida a escribir.
Hoy convocamos y evocamos a todos los arequipeños que dedicaron su vida a la literatura, y lo hacemos a través de Mariano Lorenzo Melgar Valdivieso, poeta y prócer, mártir de Umachiri, quien, devorado por una precocidad para las artes, un amor no correspondido y un inconmensurable afán libertario, llenó su breve existencia de una pasión, paroxismos y poemas dignos de cualquier memorable personaje novelesco.
Su sueño se ha cumplido, don Mario, y, si nos lo permite, través de usted rendimos homenaje a todos los que le precedieron. Hoy le decimos que sus libros están por encima de cualquier premio o reconocimiento y que estamos convencidos de que pasarán la prueba del tiempo. Porque, propios y extraños, en Arequipa, Piura, Lima, Tacna y en el cualquier rincón del mundo, habemos lectores que no faltamos a la verdad afirmando que su magia de contador de historias nos cambió la vida. ¡Nadie es el mismo (o nadie debería ser el mismo) luego de leer libros como La casa verde, Conversación en La Catedral, El Hablador o El paraíso en la otra esquina! Día a día, libro por libro, sensibilidad de por medio, hemos adquirido conciencia de lo aburrida y monocorde que puede ser la vida de la mayoría de seres humanos; y, a su vez, en lo rica, edificante e intensa que se puede convertir una existencia que se escinde en muchas.
Gracias a la ficción hemos descubierto que no somos uno, sino muchos. Y hoy somos muchos los que, más allá de nuestro credo, ropaje político, color de piel o nacionalidad, nos ponemos de pie para decirle: ¡gracias, maestro! Gracias por las muchas vidas vividas, gracias por el fuego perpetuo que es la literatura que lleva su firma: Premio Nobel y Ciudadano Ilustre que con el peso de sus libros no sólo podría aplastar a personas, sino a ejércitos de gentes confundidas en esas taras todavía vigentes como los fundamentalismos religiosos, el racismo, el nacionalismo, etcétera. Hoy nuestro himno rejuvenece y se inyecta de fe: pues Mario Vargas Llosa es lava volcánica, la personificación de nuestro carácter revolucionario. ¡Mario Vargas Llosa es Arequipa, baluarte de la libertad!

Nota.- Puede leer el artículo La Casa de Arequipa que Vargas Llosa le dedica a su última visita a Arequipa, donde recuerda a su madre, la casa donde nació y también momentos amargos de la existencia de Dora Llosa (su progenitora). Para leerlo haga clic aquí

2011/03/22

Razones para no votar por PPK


Dicen que el señor Pedro Pablo Kuczynski Godard, más conocido como PPK, es el favorito en Internet; lo que involucra una proliferación de correos electrónicos, mensajes en Twitter y, cómo no, en redes sociales como Facebook (eso y más: los jóvenes lo apoyan porque, entre otras cosas, pone microbuses en las puertas de las universidades privadas para trasladarlos a Planetazos Cheleros y, luego, tienen el cuero de acusar a Alejandro Toledo de borracho).
Sin embargo, lo que la gente despistada que votará por el gringo ignora, es que detrás de esta supuesta subida en las encuestas del peruano-norteamericano está la mano del Apra y los intereses del oligofrénico Alan García.
Señores: Kuczynski no pasará a la segunda vuelta, como ya sucedió con la señorita Lourdes Flores Nano. Toda la gente que votó por el decente Valentín Paniagua le abrió la puerta de Palacio de Gobierno a García Pérez y a toda su pandilla de ratas y escorias.
Votar por PPK es darle el pase a segunda vuelta a Keiko Fujimori.

Acá, les dejo un fragmento de un artículo del escritor Herbert Morote:

Ya sé que en este momento me quieren saltar a la yugular, eso es normal, los ignorantes son así, cuando no pueden defenderse insultan, o desprecian. Pero permítanme preguntar al primero de la clase alta que se me abalance o a sus sicarios si sabe quién es Naomi Klein. No, no es modelo ni cantante de rock. Tampoco es actriz ni relacionista pública. Bueno, si ese petulante de la clase alta que se cree educado no ha leído a Naomi Klein, tampoco habrá leído a Paul Krugman, Joseph Stiglitz, y menos habrá estudiado a Tony Judt o Noam Chomsky y a muchos otros intelectuales más que no son comunistas, ni anti estadounidenses. No, son estudiosos que creen en el capitalismo y desean el progreso de EE UU.
Lo que estos autores critican y desenmascaran son a personajes como Pedro Pablo Kuczynsky que en su insaciable apetito se apoderan de países para saquearlos en beneficio propio o de las inescrupulosas empresas que los subvencionan. ¿No me cree? Antes de votar lea “La Doctrina del Shock” de Klein, o cualquier libro de los otros autores arriba mencionados.
PPK es el típico sicario económico, frío, inescrupuloso, con excelentes contactos con especuladores financieros de su misma calaña, esos que se hacen millonarios en cada crisis económica, con cada explotación minera que hacen sin gastar en la prevención de la naturaleza, ni la protección del cambio climático, y menos en pagar salarios decentes o contribuir al progreso del país. ¿Para qué hacer eso si esa empresa la venden en cuanto aparecen problemas, quejas o denuncias?
Las relaciones de PPK son amplias, eso es cierto, pero no las mejores para el país. El Perú lo que necesita son socios, no explotadores ni saqueadores. Pero, la clase alta no tiene la menor idea de la sofisticación que usan los insaciables para apoderarse de un país, claro, son ignorantes a pesar de que algunos hablen inglés, se vistan con artículos de marca, y se broceen en las playas de moda. Pero la mona aunque se vista de seda siempre mona se queda. ¿Entonces, por qué van a votar por PPK? Precisamente por eso: por ignorancia. Porque creen que el crecimiento del PBI es todo
• A pesar de que no sepan a donde va el dinero,
• A pesar de que la educación del país aparezca en los últimos lugares del mundo sea la encuesta que sea.
• A pesar de que la sanidad pública sea un asco
• A pesar de que la desigualdad económica del país conlleve un peligro social que puede estallar en cualquier momento.

A pesar de eso y más la clase alta votará por PPK porque quiere ser como él.
• Doble nacionalidad que justifica diciendo que si es elegido presidente renuncia a la de EE UU
• Rico mentiroso que no declara las acciones y participaciones que tiene en sociedades de inversión
• Se codea con el mundillo de especuladores financieros.
• Toca la flauta.

¿Y la clase media? Bueno, la clase media también está contaminada. Oyen a los de arriba y creen que tienen razón a pesar de que no tengan tampoco ni idea de lo que representa PPK.
Felizmente, la clase baja igualmente ignorante sospecha de PPK. Por ahora su aversión es intuitiva, pero cuidado, podría cambiar si los millones de los filibusteros de PPK inundan los medios de comunicación con mensajes que lavan el cerebro de todo aquel que se descuide.

De todos los candidatos PPK es el peor no solo porque es el más inescrupuloso y el más desapegado con el país sino porque tiene la capacidad de hacerle más daño que los otros.

Actualización: agrego el artículo de César Hildebrandt

SI QUIERE EL INCENDIO, VOTE POR PPK

Si usted quiere, como querían los marxistas, agudizar las contradicciones del Perú y tensar sus conflictos hasta las cercanías del drama, sea coherente: vote por el estadounidense PPK.
Con ello garantizará que el Convenio 169 de la OIT sea burlado, que el gas de Camisea no se le venda a los peruanos sino a los mexicanos y chilenos (porque eso le conviene a los empleadores de PPK), que lo que queda del Perú sea rematado (incluyendo el agua potable y el Muelle Norte) y que, por último, nos convirtamos, frente a Washington, en una versión todavía más agachada que la del rampante Álvaro Uribe.
PPK no es peruano. Eso está muy bien. Henry Ford tampoco lo era. Ni Teddy Roosevelt. Pero ni Ford ni Roosevelt postularon a la presidencia del Perú.

PPK es un lobista sin escrúpulos, un rudo hombre de negocios que juega a ganador y ya ha obtenido bastante mezclando promiscuamente, desde sus posiciones de ministro y asesor de varios regímenes y de muchas empresas extranjeras, lo público y lo privado.

Es más: yo no sé si PPK es un estadounidense de veras. Lo que sí sé es que es un cosmopolita del billete. Si mañana hubiese guerra entre Estados Unidos y China, PPK se refugiaría en la sede del Banco Mundial. O en algún guarique centroamericano del FMI o en el consulado polaco de Nueva York. Porque PPK no es el tío Sam. ¡Es papá Johns!

Y no necesito decir cuánto demoraría en asilarse en la embajada de los Estados Unidos en Lima si el Perú entrase en conflicto con algún país vecino.

No está prohibido ser una omnívora piraña internacional. Lo que sí es muy mal gusto es que alguien que no cree sino en el dinero nos venga a hablar de políticas de Estado y de justicia social.

Los chicos de las clases A/B no es que se la hayan creído. Es que son tan anarquistas, tan nihilistas, tan computacionales y tan metaleros que no les importa que un extranjero voraz disfrazado de flautista los gobierne. Total, si muchos de sus padres se arrodillaron ante un ciudadano japonés, ¿por qué no PPK? Total, si el Perú sigue siendo una mina, una encomienda, un burdelito, un denuncio, un bosque por talar y montañas de oro que entregarle a los de afuera, ¿no es coherente votar por un exitosísimo expatriado con más de un pasaporte? ¿No es acaso PPK el hombre sin atributos morales que el cine ha hecho héroe y la tele paradigma? ¿No es bacán ser un Michael Douglas en Wall Street?

El problema es que una hipotética elección de PPK nos volverá a ese derechismo pradista que incubó el violentismo de los 60, el golpe izquierdista de los 70, la locura senderista de los 80.
No es la primera vez que el mundo conoce un periodo de bonanza. Entre 1950 y 1975 hubo, en líneas generales una altísima tasa de crecimiento. Y el Perú no fue ajeno a este ciclo. El asunto es que ese cuarto de siglo no fue aprovechado para construir las bases de un Estado moderno y de una sociedad menos equilibrada.

Hoy nos pasa lo mismo.

La prosperidad ha pasado como un bólido delante de las narices de millones de peruanos.
Durante este corrupto segundo gobierno de García, por ejemplo, ha ocurrido lo siguiente:
1. 1. La participación de la remuneraciones del Producto Bruto Interno bajó de 23.1% en el 2006 a 20.9% en el 2010.
2. 2. El ingreso per cápita –ese pendejismo- aumentó en 24.4%, pero los salarios reales bajaron 6%.
Félix Jiménez nos ha recordado que el 77% de la Población Económicamente Activa está en servicios y comercio con sueldos promediales de 650 soles y muy escasa productividad. Y nos ha subrayado que entre el 2006 y el 2010, mientras los García y los Cornejo se llenaban los bolsillos por segunda vez, salieron del país, como utilidades de las inversiones extranjeras 37,000 (trentisiete mil) millones de dólares. ¿Y cuánto entró de recursos externos en ese mismo periodo? Pues diez mil millones de dólares menos de lo que se fue.

Para terminar de persuadirnos, Jiménez se vale de esta pedagógica comparación: en el 2010 se expatriaron, como utilidades de capital foráneo, 8,900 (ocho mil novecientos) millones de dólares es decir 25 mil millones de soles, monto superior a los ingresos anuales de todos los pobres del Perú, los mismos que llegan a los 21 mil millones de soles.

García dice que crecemos. El problema es cómo. Durante el régimen que terminará este julio las exportaciones reales han aumentado 3.8% al año. Las importaciones, en cambio, han crecido a un ritmo anual de 16.6% ¿No era que somos una virtual potencia agroexportadora? No. No es así.

Hace un tiempo, invitado por la universidad católica, vino el economista estadounidense Dani Rodrick, profesor asociado de Harvard a través de la escuela John Kennedy. Rodrick se encargó de recordarnos que no hay crecimiento veraz y sostenido – es decir, desarrollo- sino hay un proceso sin pausa de incremento de la productividad, crecimiento de la demanda interna e industrialización.

Eso supone aquello que aterroriza a los Neanderthal del liberalismo que han monopolizado la agenda política peruana: concertación entre el Estado y los privados y, en algunos casos, sí, no se horroricen: planificación. Como en Corea del Sur o Singapur.

Pero no es posible concertar si el capital nacional es cada día menos significativo. En 1950 el capital extranjero en el Perú representaba, como porcentaje en la generación del PBI, el 10 por ciento. En 1968, cuando los militares nasceríais irrumpieron en la escena, ya era el 22%. Después de Fujimori, en el 2000, esa cifra llegó a 29%. Y en el 2007, con García en la plenitud de su política, alcanzamos el 34.5% de capital extranjero respecto al PBI.

Por eso – y por muchas otras cosas– es que en todas las encuestas realizadas sobre el tema de la situación económica, más del 70 por ciento de los consultados (73.9% en la más reciente) solicita que el modelo cambie. Eso es lo que calla la prensa conservadora y su falange de voces adjuntas.

Hay un malestar extendido en el Perú. Que la prensa lo silencie no significa que no exista. Ese desasosiego tiene que ver con las desigualdades, con la ceguera de la clase política, con las exclusiones, con la corrupción impune. Hay un gran banquete, pero hay millones que lo miran, con rabia, detrás de una alambrada.

Si usted no quiere uno sino varios baguas, una pradera de hierba seca y una chispa en el Vrae, un descontento que radicalice las protestas y haga ingobernable el país, no lo dude: vote por PPK. Si usted quiere otro 5 de abril, vote por quien hará imposible vivir en democracia. Y si usted es de quienes están pensando que necesita un PPK que incendie la pradera para justificar una nueva dictadura, pues lo felicito: va en el camino correcto.
Y si yo fuera Abimael Guzmán me estaría frotando las manos.

2011/03/18

Ciao Mamma



¡Qué bello es: cuando hay tanta gente
y la música, la música nos hace sentir bien
es un placer, es una revolución!
Cuando se puede hablar, con una canción
qué bello es, cuando el estadio está lleno
y la música, la música llena el cielo
es un placer, es una revolución
es un placer, es una revolución
Hola, mamá: mira cómo me divierto...
Hola, mamá: mira cómo me divierto...
Hola, mamá: mira cómo me divierto...
Hola, mamá: mira cómo me divierto...

y cuando el sol se ponga...
el sol sobre la ciudad
una sola ánima, un sólo cuerpo
es un placer, es una revolución
es un placer, es una revolución
Hola, mamá: mira cómo me divierto...
Hola, mamá: mira cómo me divierto...
Hola, mamá: mira cómo me divierto...
Hola, mamá: mira cómo me divierto...

qué bello es, cuando hay tanta gente
y la música, la música nos hace sentir bien
que bello es cuando el estadio está lleno
y la música, la música llena el cielo
es un placer, es una revolución
es un placer, es una revolución

Hola, mamá: ¡mira cómo me divierto!

2011/03/05

Haya (un relato breve)

—¿No será muy pronto? —preguntó ansioso y fue demasiado tarde cuando se dio cuenta de que había pisado un pañal lleno de excremento. La ventana estaba entreabierta y no apestaba demasiado; incluso el olor a trago —seguramente cañazo, chicha gruesa, pisco— era más intenso.
Habíamos entrado a oscuras al cuarto de Haya, que dormía emitiendo erráticos ronquidos y todavía sostenía con las manos una de sus tantas revistas de mujeres desnudas.
—Mira —le dije a Santiago, luego de encender la luz, señalando los anaqueles repletos de colecciones de pornografía: almanaques, muñecas sin ropa, videos, discos compactos, publicaciones, etcétera—. Su existencia se ha resumido en ver polvos y poses que nunca pudo poner en práctica porque el dueño de La Casa Verde no lo deja entrar, pues dice que trae mala suerte a las polillas... en su puta vida no ha hecho otra cosa que mirar calatas en revistas o videos porno.

haya--tijmen.jpg—¿Cuándo empezó a corrérsela este inútil de mierda? —preguntó él con la intención de relajarse un poco o, quizá, adquirir más seguridad antes del instante definitivo.

—Santiago, déjate de cojudeces —repuse molesto—. No te olvides de que es mi primo hermano. Sea lo que sea, es mi familia, mi propia sangre.

—Ya sé, Alexander –asintió con un mohín de enfado y dejando su mochila encima de la mecedora—. Yo creo que es muy pronto. Matemos el tiempo, déjalo dormir un rato.


—Está borracho, ¿no lo ves? Haya está tieso, aprovechemos antes de que se le pase.
—No te aloques… baja las revoluciones porque tenemos toda la noche —sugirió él—. ¿Quién le puso Haya?
—Mi tío, pues: su papá. Durante su juventud fue un aprista del cogollo, fanático como pocos, incluso estuvo preso por defender a su partido. Siempre tenía, hasta en el baño, fotos del fundador del Apra: Víctor Raúl Haya de La Torre… Después no sé qué pasó, cuando nació mi primo las cosas cambiaron… todo se puso de cabeza.
—Pero Haya era su apellido, no su nombre...
—Yo qué sé, carajo, mañana pregúntaselo a mi tío cuando vuelva de Catacaos... y de paso aprovechas para preguntarle por qué dejó de ser aprista: eso no lo sabe nadie, ni siquiera mi viejo.
—No me jorobes. Con ese gil mejor de lejitos nomás. Podrá ser tu tío, pero también es un hijo de puta. Por algo tenía que ser aprista: esa gente es de lo peor, los apristas no tienen escrúpulos.
—Para la mano, Santiago —lo calmé y busqué cambiar de tema—: te diré que Haya fue bien precoz, empezó a tocarse a los diez años.
Le hice un gesto bastante explícito con los ojos y Santiago accedió. Abrió, despacio, la mochila y sacó la jeringa que nos había conseguido el hijo del farmacéutico: "Sólo a ti se te podría ocurrir inyectarle a alguien veneno para ratas, Alexander, tú estás loco".
—No —repuse negando con la cabeza—. Te lo voy a repetir por última vez: ¿ya no te conté que el año pasado casi se envenena solito, pero tomó una dosis muy baja? Entonces, pues, cojudo: el veneno lo mezclamos con la cerveza que tienes en la mochila y lo dejamos en un vaso ahí en su mesa de noche, ¿conforme?
—¿Y la jeringa?
—Es para la burbuja, ¿no tienes televisión en tu casa? Eres más imbécil que mi primo. Buscamos una vena, clavo y le meto un poquito de aire. La burbuja llega al cerebro y chau. Nada más. Una vez maté así a un perro rabioso que mordió a mi hermana: le pusimos un bozal y luego una burbujita…
—¿Tú crees que no va a sentir el pinchazo?
—Está muy ebrio pero, si eso pasa, tienes que estar listo para cogotearlo como al Ñato cuando te mechaste con él por el culo de la Sirenita.
—No sé, como que me quiero echar para atrás... es tu primo, Alexander.
—No vamos a cometer un crimen: le vamos a hacer un favor. Además es un encargo familiar, ¿por qué crees que no hay nadie en casa? ¿Qué hacen todos mis familiares en Catacaos?
—Que hagan lo que quieran, que se rasquen el culo, que se emborrachen y se tiren entre ellos; pero yo no voy a matar a nadie y menos a un mongolito.
—Yo tampoco quiero, ¿por qué tendrán que nacer así? Nunca se da cuenta de nada, hasta los perros y los burros son más inteligentes: se masturbaba viendo a mis primas bañándose en la playa, se orinaba en la iglesia y todo el mundo lo emborracha para que haga gracias, para hacer mofa de él y de mi familia. Es la vergüenza de la casa.
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—¿Cuántos años me dices que tiene?
—En octubre cumple cuarenta. Ha vivido demasiado, esta gente muere joven. Y no te estoy floreando, si quieres averigua. Además, ya tiene complicaciones en los riñones, el hígado, dolores en los huesos como viejo reumático. Chilla hasta desesperarte, se ha vuelto insoportable. Tú no vives con él, Santiago, por eso no entiendes. Yo lo tengo que bañar, ponerle pañales y todo eso es asqueroso, se caga hasta en la tina. La gente que nace así no debería vivir.
—Sea lo que fuere, no entiendo cómo su viejo te va a dar una propina por matarlo. Prefiero matarlo a él por maldito.
—Mi viejo te desaparece en el mar —le advertí—. De todos sus hermanos es a él a quien más quiere...
De un momento a otro, tomé la jeringa, dejé un poco de aire y Santiago se puso a rezar.
—Tranquilo, camarada, que vamos "mitas mitas". Mil verdes para ti y mil para mí. Con eso nos vamos a comer a las mejores marocas de La Casa Verde.
El, seguramente pensó en los mil dólares que le tocarían, por eso soltó una mirada cómplice. Luego pasó con mucha paciencia uno de sus brazos por debajo del cuello de Haya:
—Así, Santiago, nadie te apura: despacito para que no se levante el muertito...
Empecé a buscar una buena vena en su brazo izquierdo cuando Santiago me dio un inesperado consejo:
—Mejor acá —dijo señalando el cuello—. Son bien grandes.
—No, no, no —le repetí aturdido—. Tú, preocúpate de que Haya no se despierte y déjame hacer esto a mí.
Sin embargo, en vez de consumar el acto, tuve a mal convocar recuerdos poco propicios para ese instante: la enfermera del hospital del Seguro Social, la hincada y el tubo llenándose de sangre mientras yo mordía un pañuelo y volteaba la mirada para no desmayarme de la impresión...
—Yo pensé que quien le puso de nombre Haya había sido tu tía… —musitó Santiago y, de sopetón, me trajo de vuelta a la habitación de mi primo.
—¿Qué chucha dices?
—¿Acaso tu tía no es prima de Haya de La Torre? ¡Claro que son primos! Lo que pasa es que tú me crees tonto como tu primo, pero lo que no sabes es que yo escucho todo y no me olvido de nada porque tengo memoria de elefante... el viejo Alcides de la cantina me dijo una vez que cuando te encamas con la familia te llegan encargos del diablo.
—¡Cállate, concha de tu madre! —espeté con furia y mi primo despertó.
Santiago reaccionó deprisa y le hizo una llave mientras yo contemplaba absorto:
—Mi tío no es ningún cachudo, ¿me escuchas? Vuelves a comentar eso y arreglamos con los puños.
Él me miró con desprecio:
—No me hagas caso, te estuve jodiendo nomás. Estás pálido, mejor mira para otro lado para que no te desmayes.
En un clima de perversa ansiedad, se voltearon los papeles: ahora Santiago parecía tener los pantalones bien puestos y los huevos en su sitio; yo, en cambio, era poco menos que una humanidad tembleque y apocada por los comentarios de mi interlocutor. Tuve ganas de desaparecerlo de la casa.
—¡Te estoy diciendo que mires para otro lado! —repitió con una autoridad terminante.
Le quise dar un golpe. No obstante, algo en mi interior me invitó a hacerle caso. Dirigí, entonces, la mirada hacia la puerta de la pieza y me encontré con la foto en blanco y negro del fundador del Apra, la misma imagen de los billetes de cincuenta mil intis: Víctor Raúl Haya de La Torre. Yo siempre había creído que el viejo ése era homosexual, un maricueca reprimido… Ahora, sin embargo, me invadían serias dudas.
Sentí que a mis espaldas un crujido decidía el destino de mi primo: Santiago acababa de desnucar al infeliz de Haya.
"Tú no eres mi primo", pensé angustiado, “ya no te podrás correr la paja en la calle delante de la gente… y el que te ha matado no es mi amigo”.
—Yo siempre te lo dije, pero no me escuchas, me subestimas demasiado, Alexander: ¡así son todos los apristas! Esa gente de mierda no tiene escrúpulos —apostilló Santiago palmoteándome la espalda—. Ya puedes voltear, ya se está enfriando tu primo.
—Ese retardado no es mi primo —le dije sintiéndome ofendido.

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—Yo no sé si es tu primo o tu cuñado. Pero mañana me pasas las fichas. Te estaré esperando desde las diez de la noche, ¿de acuerdo?
—¿En dónde? —pregunté aturdido por todo lo que había pasado.
—¿Dónde más pues, mongolito? —se burló a sus anchas—. En La Casa Verde.
—Ya —le dije sin pensar, mientras observaba cómo Santiago vertía veneno para ratas en un espumoso vaso con cerveza, e invadido por un ciego afán de quitarle la bebida y embrocármela en la boca para expiar abruptamente mi mala conciencia—. A las diez entonces.
—Sólo hazme un favor, Alexander.
—¿Cuál? —inquirí auscultándolo con una intriga colosal y perniciosa.
—No lo lleves a tu primo —me dijo con un tono burlón mientras vertía un poco del preparado en la boca de Haya—. Ya sabes que nunca lo dejan entrar por salado… Y te apuesto una caja de chelas que ni San Pedro dejará entrar al cielo a este cojudo.
Se retiró del aposento riendo con exagerada procacidad, cerró la puerta despacito y otra vez, en blanco y negro, apareció Haya para hacerme sentir tan miserable como él mismo: “Apristas malparidos”, pensé y sentí la boca seca, agria: “necesito un vaso de cerveza”.

2011/03/01

Conversatorio: Mario Vargas Llosa, el creador y las dimensiones de su escritura

Extendemos la invitación al público amante de las letras al conversatorio denominado “Mario Vargas Llosa: el creador y las dimensiones de su escritura” que se realizará en la Sala Polivalente de la Alianza Francesa (calle Santa Catalina 208), el viernes 4 de marzo a las 19:00 horas.
Esta actividad cultural tiene como fin primordial colaborar con la difusión del trabajo de nuestro prestigioso escritor peruano, ganador del Nobel de Literatura 2010.
Ingreso Libre.