Advertencia para el lector

«Rechazado o aceptado, perseguido o premiado, el escritor que merezca este nombre seguirá arrojándoles a los hombres el espectáculo no siempre grato de sus miserias y tormentos.»
Mario Vargas Llosa, La literatura es fuego.

2013/09/30

Adiós, mi amor

¿Te decepcioné o te fallé?
¿Acaso tengo que sentirme culpable
o debo dejarme juzgar?
Porque vi el final antes de que empezáramos…

Sí, al ver que estabas cegada supe que gané,
así que con todo mi derecho tomé lo que era mío
te robé el alma al adentrarse la noche,
puede que se haya terminado pero esto no ha acabado aquí

Estoy aquí para ti por si te interesa saberlo
tocaste mi corazón, me llegaste al alma,
cambiaste mi vida, y todos mis objetivos
me di cuenta de que el amor es ciego...
Cuando me cegaste el corazón

He besado tus labios y he sostenido tu cabeza
he cuidado tus sueños y he compartido tu cama
te conozco bien, reconozco tu olor
has sido mi gran adicción

Adiós, mi amor... Adiós, mi amiga
tú has sido la única,
has sido la única para mí

Soy un soñador pero cuando despierto,
no puedes llevarte mi espíritu
porque son mis sueños los que te llevas
y si avanzas... Recuérdame, recuérdanos...
Y todo lo que solíamos ser

Te he visto llorar, te he visto reír
te imaginé durante algún tiempo mientras dormías
me gustaría ser el padre de tus hijos
me gustaría pasar el resto de mi tiempo contigo

Conozco tus miedos y tú conoces los míos
nosotros tenemos nuestras dudas
pero ahora estamos bien
y te quiero, y de eso estoy seguro...
No puedo vivir sin ti

Adiós, mi amor... Adiós, mi amiga,
tú has sido la única,
tú has sido la única para mí

Y quiero seguir sujetando tu mano con la mía,
en la mía cuando esté durmiendo
y seguiré sosteniendo mi alma en el momento

en el que me arrodille a tus pies.


2013/09/20

Así como me lo hacían a mí, yo también podía hacer daño a los demás

[A propósito de Mi familia y otras miserias de Orlando Mazeyra]

Por Daniel Rojas Pachas*

«A los hermanos Ted y Jorge Robledo, esa extraña pareja del fútbol chileno, venida de Inglaterra, de quienes aprendí a temprana edad, al leer las crónicas de sus vidas, la vocación del fracaso. Ted terminó en África, cansado de vivir, dedicado, según se dice, al alcohol, si bien otras fuentes indican que, tras servir como agente de inteligencia, fue asesinado en Omán. Jorge repitió los días, en el pueblo de Rancagua, en un empleo burocrático, acabando como guardián de puerta en el colegio Mackay de Viña del Mar.»
Germán Marín, Carne de Perro

Orlando Mazeyra Guillén, joven autor arequipeño de trayectoria creciente, nos entrega una nueva colección de cuentos intitulada Mi familia y otras miserias (Tribal, Perú, 2013). El libro, precedido por el respaldo de la crítica y prensa tanto nacional como extranjera, se estructura de 32 relatos, todos autónomos, escritos con una prosa ágil que no desperdicia ritmo y cierto tono poético en sobre adjetivaciones y descripciones vanas. El lector enfrenta historias breves pero profundas que le impactan por su dureza y por tocar fibras que están primordialmente ligadas a la nostalgia, la violencia implosiva que entraña la sangre y el crecimiento en esos espacios de sordidez, mundanidad y rutina que lindan con la locura, falta de épica y necesidad de normalidad, que han ido edificando la clase media y la vida suburbana.
Comparto la opinión de Raúl Bueno Chávez, que nos dice: «El lenguaje narrativo me parece impecable. Digo maduro, narrativamente cabal, lingüísticamente preciso, a menudo poético, con un desarrollo sin vacilaciones y siempre sugerente».
Respecto a la estructura de Mi familia y otras miserias, considero válido mencionar que parte de la obra funciona como una breve novela fragmentada, sobre todo si pensamos en aquellos textos centrados en el devenir del hijo escritor, su vida al interior del hogar, la niñez y adolescencia atravesada por la presencia de un padre excesivamente recto y con una superioridad moral explosiva frente a una figura materna pasiva y condescendiente, artífices de los primeros estigmas que forjarán la sensibilidad del personaje como artista y las trabas que irá arrastrando en sus escarceos dentro de una escena literaria caníbal y centralista, la limeña.
Estas historias me recuerdan cierta anécdota ligada a Freud: «En su notable ensayo sobre las relaciones de Sigmund Freud con Viena, Marthe Robert subrayó que el odio que éste sentía por la ciudad en que vivió la mayor parte de su  vida era, en último trámite, inseparable de la figura del padre. Freud la llamaba justamente, la ciudad paterna ("vaterstädtisch"), a raíz de haber sido llevado a ella por su padre cuando tenía sólo cuatro años. Jamás logró sentirse en casa, chez soi, pero la abandonó sólo cuando, después del Anschluss, se sintió directamente amenazado.»
Como señala José Luis Martín en su texto El hijo odia la locura del padre, pero se reconoce en ella: «El hijo lucha denodadamente contra la locura de su padre y decide cortar con todo, huir de casa para acabar con la locura. Pero la locura lo sigue a todas partes, y el acaba regresando. (…) Los personajes de Orlando Mazeyra Guillén se reconocen siempre en la locura y ese reconocimiento los empuja de vuelta al hogar, a batallar estérilmente contra una locura originaria, metafísica y por tanto invencible ».
Mazeyra en ese sentido, explora la psiquis del escritor con detención y desde múltiples ángulos, los primeros enamoramientos, la dependencia de fármacos o vicios que están arraigados en la piel junto a los cuentos de niñez y las primeras palizas, especial mención merecen los objetos, aquellas inusitadas armas contra la realidad, un balón de cuero de chancho, el libro o la máquina de escribir Olivetti.
Si consideramos tan solo los dos últimos, los escritores, incluido el propio Mazeyra, se convierten en materia prima, una ficción más para su galería en que transitan otros tipos humanos afines, otras miserias si queremos seguir el juego del título y si es que uno pretende hilar fino estrechando vasos comunicantes con por ejemplo el cineasta autodestructivo que mide su vida y talento arrojado a la borda en función de la filmografía de Scorsese y las clásicas citas de Taxi Driver, y por sobre todo el intertexto vital con el ascenso y fracaso del boxeador Jake LaMotta, siguiendo el curso de estas analogías, no puedo dejar de lado a los dementes o enfermos mentales que aparecen como una especie de heterotopía, un encuadre o negativo de la foto familiar perfecta, un veneno congénito que va revelando desde su supuesta inmadurez o inadecuación al mundo, la locura y vileza de los sanos, esos que disponen del destino de los más débiles tan solo para acallar los rumores o la molestia de los vecinos.
El desgarro en la comunicación es medular, en el relato «Las antenas del diablo», el tío Julio, declarado enfermo mental le confiesa a Alonso, el narrador: En esta casa ¡nuestra casa!, he aprendido cómo es el mundo.
Es un poco más o menos así me dijo y se agachó para arrancar una margarita—. Así empezamos: Nos arrancan de buenas a primeras… y, poco a poco, nos vamos deteriorando… Al final quedamos de esta manera: una mutilación, una maldita mutilación, ¿comprendes?
Este pesar se acrecienta si nos referimos a los sujetos que forman parte de historias como «Expiaciones Epistolares» y «Cartas Cerradas», hablo de seres que no pueden establecer una relación efectiva con sus pares y sentimientos, si no es mediante la escritura. No importa que esta no tenga un destinatario o respuesta inmediata, el fetiche del escritor es revelado en estos relatos, desde la óptica de quien sólo debe completar el acto testimonial, arrojar su mensaje al mundo sin mayor aspiración que la posibilidad de ser leído/escuchado.
Mazeyra en definitiva, construye diálogos, momentos y vidas que nos llevan a reflexionar e interrogarnos del mismo modo que él en calidad de autor indaga en la cuarta dimensión de su oficio y los procesos de escribir… porque, por si no lo saben, en la ficción la ficción genuina, por supuesto, que es la que aspiro a escribir cada golpe va sobre uno mismo.


*Daniel Rojas Pachas (Lima, 1983). Escritor, Magíster en Ciencias de la Comunicación y Profesor de Literatura egresado de la Universidad de Tarapacá. Reside en Arica (Chile) donde ejerce la docencia universitaria. Actualmente edita la revista literaria virtual y editorial impresa Cinosargo. Ha publicado el poemario Gramma en el 2009 con Ediciones Cinosargo, en investigación ha publicado Realidades Dialogantes, ensayo por el cual fue beneficiado el 2008 con el Fondo Nacional de Fomento del Libro que otorga el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile. Actualmente sus publicaciones aparecen periódicamente en revistas literarias nacionales e internacionales, en la "Linterna de Papel" del diario El Mercurio de Antofagasta y ha sido seleccionado para formar parte de numerosas selecciones de poesía. Además ha sido beneficiado con la beca de perfeccionamiento, modalidad apoyo a tesis de postgrado en Chile o el extranjero 2010 del Fondo del Libro de Chile a fin de realizar su investigación sobre la novela ariqueña: Proyección y recepción dentro del canon nacional. 

Lea el comentario de Gabriel Ruiz-Ortega: "El Demonio del Sur" acá: http://mifamiliayotrasmiserias.blogspot.com/2013/09/el-demonio-del-sur.html



2013/09/18

Akira y Nadia en el parque

Un nuevo cuento en el semanario Hildebrandt en sus trece.
Nadia se maquilla demasiado. Exagera, sobre todo con el rímel. Nunca me han gustado las mujeres que ocultan su verdadero rostro (intuyo que esconden cosas aún peores) 
[...] Le dije que no quería tener nada serio pues seguía enamorado de mi expareja, que no tenía ojos para nadie. No le importó. A muchas mujeres eso no les importa. Me dijo para ir a un hotel. Cuando nos desnudamos ella notó en mi pecho una cadenita de la que colgaba un dije.

            —Y, ¿qué más? ¿Qué tenía ese dije?
            —Una promesa, Nadia, una promesa…
            —¿Cuál?
            —«Siempre estaré a tu lado», y su nombre al final: «Micaela»

Fragmento del cuento Akira y Nadia en el parque publicado en Hildebrandt en sus trece Nro. 169 (viernes 13 de setiembre de 2013).

2013/09/15

Doce pasos: ya no soy santo de tu devoción...

Tengo la cabeza vacía, me tengo que poner a hacer trampas,
el Mono Liso se murió, llevándose al infierno mi alma,
soy como un montón de emoción, ya no soy santo de tu devoción,
soy natural del lugar donde nunca sale el sol.

Puedo tener Doce Pasos, puedo viajar al otro lado del charco,
quiero ser el patrón de tu estancia (agua mineral y fragancia),
viniste con tus aires de reina, mientras a mí me vigilaban la puerta,
no sé si tengo lo que quiero, no sé si quiero lo que tengo.

Jugando en el equipo campeón, es más fácil parecer el mejor,
es como esperar lo peor, después de muchos años de amor,
Después de haber tenido la más linda, tengo que bailar con la renga,
Una vez viví en Paraguay, entre Pueyrredón y Larrea.

Puedo tener Doce Pasos, puedo viajar al otro lado del charco,
quiero ser el patrón de tu estancia (agua mineral y fragancia),
viniste con tus aires de reina, mientras a mí me vigilaban la puerta,
no sé si tengo lo que quiero, no sé si quiero lo que tengo.

Soy como un montón de emoción, ya no soy santo de tu devoción,
soy natural del lugar donde nunca sale el sol.

Puedo tener Doce Pasos, puedo viajar al otro lado del charco,
quiero ser el patrón de tu estancia (y de la Embajada de Francia),
viniste con tus aires de reina, mientras a mí me vigilaban la puerta,
no sé si tengo lo que quiero, no sé si quiero lo que tengo.

Letra: Marcelo Scornik
Música: Andrés Calamaro

2013/09/14

Qué bueno que Brasil 2014 no se dé el lujo de reírse de nosotros

LOS CUATRO FANTÁSTICOS. Una ficción a cargo de la prensa deportiva local.
Qué placer produce leer a alguien que no sólo sabe de fútbol sino que lo ama. Para nadie es un secreto que César Hildebrandt fue, en sus inicios, periodista deportivo: “yo he sido redactor deportivo. Recuerdo que una vez Bernardo Ortiz de Zevallos me dobló el sueldo por comentar el partido de fútbol entre Estudiantes de La Plata e Internazionale de Milán que sólo había visto por televisión”. Sírvase y provecho.

Fútbol y política
Por César Hildebrandt*

El problema del fútbol es que tiene reglas y exige esfuerzos, metas comunes, solidaridad, carácter. Si el fútbol fuera anarquía, salvajismo, incivismo, negación del otro, cutra en mancha, flojera y ningún carácter, seríamos campeones mundiales.
            Un país que ama el desorden, la plata fácil, y que engorda una vanidad con pies de barro, ¿por qué habría de tener una buena selección de fútbol?
            Una país que se ha vendido a pedacitos, que ahuyenta el patriotismo como si de una plaga medieval se tratara, que se desarma industrialmente pero muestra a sus cocineros como vanguardia del progreso, que no tiene ni aerolínea propia ni aeropuerto suyo ni Callao que le pertenezca, ¿por qué habría de esperar que Claudio Pizarro sienta la camiseta embanderada como una causa?
            Si el Perú no existe, si somos un gran restaurante con aduanas, si llamamos crecimiento de la ciudad a la proliferación de “asentamientos humanos” que habrían inspirado a Poe y hecho salivar de gusto a Bela Lugosi, ¿por qué queremos tener una selección de fútbol moderna y competitiva?
            Si practicamos la debilidad internacional como virtud y el acomodo de vasallos como norma, ¿por qué queremos que Guerrero se la juegue?
            Si desalentamos el nacionalismo bien entendido y nos llenamos de basura china a precios de ganga, ¿a quién le solicitamos entusiasmo por “la bicolor”?
            Nuestro campeonato futbolero es un asco. Es un torneo de fracasados en trance de gordura. Apenas sale alguien con talento, resulta que lo venden, a precio prematuro y vil, a algún club de segunda de Turquía. Dos interventoras de Sunat que no saben dónde están paradas gerencian los clubes más importantes del fantasmal “fútbol peruano”. Somos el hazmerreír crónico de la Copa Libertadores. Tenemos casi el monopolio del fracaso.
            ¿Y la prensa deportiva? ¿Puede haber algo más hediondo que esa mezcla de optimismo tóxico (previo a los partidos) y de alharaca deprimida (posterior a los partidos)?
            Corrompida por las entradas y los canjes, las amenazas y los enredos turbios, la prensa deportiva peruana es parte del problema y muchas veces parece escrita por Burga y corregida por Markarián.
            Dos millones doscientos mil dólares ha ganado Markarián en estos últimos tiempos de derrotas cuantiosas. Y ahora se va. Y la gusanera de la prensa deportiva le pide que se quede.
            Claro, le piden que se quede, para empezar, los chicos de CMD, que ven peligrar el negocio que tanto les ha rendido: el del embuste, las expectativas infladas con bromuro, las lecturas benévolas que convertían empates en triunfos, las derrotas en deslices pasajeros y los pocos éxitos en apoteosis catalanas.
            Qué bien que no estemos en el Mundial. Habríamos hecho el mismo ridículo que en España 82, cuando los polacos nos barrieron 5 a 1. Habríamos dado la misma pena que dimos cuando los muchachos de Videla nos ganaron 6-0 en Argentina 78.
            Sólo no dimos pena en México 70. Curiosamente, a pesar de lo que la derecha aterrorizada dijera, en ese momento, con todos nuestros errores, éramos un país, un proyecto entusiasta, una aspiración colectiva de ser mejores y superar nuestras miserias.
            Miren a un equipo de fútbol auténtico. Es, antes que nada, una idea, una estética, un punto de vista táctico. No es una oncena de ambulantes mendigándole al azar una oportunidad.
            Qué bueno que Brasil 2014 no se dé el lujo de reírse de nosotros.
  

* Artículo aparecido en Hildebrandt en sus trece Nro. 169 (viernes 13 de septiembre de 2013).


 
Esa prensa capitalina que, como dice Hildebrandt, suele convertir empates en triunfos. Acá el patético festejo luego de empatar como locales, y sobre la hora, contra una de las peores selecciones argentinas de los últimos años. Festejamos un empate como local ante los albicelestes que luego serían goleados por Chile en Santiago. Acá la narración de quizá el peor narrador deportivo de la prensa deportiva limeña: Daniel Peredo. "Es el mejor final que me ha tocado narrar", dice Peredo. Sin comentarios.

2013/09/13

Tantas veces - Andrés Calamaro

Dicen que cuando hay amor
no hace falta pedir perdón
pero yo ya pedí perdón
tantas veces…

Dicen que el corazón
es un músculo que necesita acción
y no puedo negar la razón
algunas veces…

Dicen que primero
hay que saber sufrir
para después amar
para después partir

Dicen que en su destino inconstante
Sólo el gaucho vive errante
Donde la suerte lo lleva…

Perdón, vida de mi vida
Perdón, si es que te he faltado
Por mí saldría el sol todos los días
Por mí no existirían heridas

Voy a tratar de mostrar
Mi mejor estabilidad
Pero dudo de mi virtud
En el equilibrio


Dicen que para escribir
es indispensable sufrir
y no puedo quitarle razón
a tantos poetas…

Algunos se encierran solos
por cuarenta años
los daños son las tintas de su lapicero…

No puedo evitar la suerte
como no puedo evitar vivir
prefiero sonreír todo lo que puedo

Perdón, vida de mi vida
Perdón, si es que te he faltado

Por mí saldría el sol todos los días
Por mí no existirían heridas


Perdón, vida de mi vida
Perdón, si es que te he faltado
Perdón, vida de mi vida
Perdón, si es que te he faltado

Dicen que cuando hay amor
no hace falta pedir perdón
pero yo ya pedí perdón
tantas veces.

¿Por qué no seguiste tu vocación?

            —Es que hay algo que no entiendo aventuró Fonchito, incómodo. Sobre ti, papá. Siempre te gustó el arte, la pintura, la música, los libros. Es de lo único que hablas con tanta pasión. ¿Y, entonces, por qué te hiciste abogado? ¿Por qué has dedicado toda tu vida a trabajar en una compañía de seguros? Debiste hacerte un pintor, un músico, en fin, no sé. ¿Por qué no seguiste tu vocación?
            Don Rigoberto asintió y reflexionó un momento antes de responder.
            Por cobarde, hijito murmuró al fin. Por falta de fe en mí mismo. Nunca creí que tuviera talento para ser artista de verdad. Pero tal vez eso era un pretexto para no intentarlo. Decidí no ser un creador, sólo un mero consumidor de arte, un diletante de la cultura. Fue por cobarde, es la triste verdad. Así que, ya lo sabes. No vayas a seguir mi ejemplo. Cualquiera que sea tu vocación, síguela a fondo y no hagas como yo, no la traiciones.


Mario Vargas Losa, El héroe discreto
(fragmento de la página 208)

2013/09/10

Cierra los ojos y muere

En la edición Nro. 168 de Hildebrandt en sus trece (6 de setiembre al 12 setiembre) aparece mi relato Cierra los ojos y muere.
(...) En realidad la amo, sé a lo largo de mi vida la muerte –su presencia– ha sido un estímulo vital. La muerte me seduce, ocultándome sus secretos, me dice: “te estoy esperando” y yo la evito. Quiero conocerla mejor pero sólo hay una forma.

2013/09/09

"Hay que mostrar las miserias de los otros, pero también las propias."

Esta noche... cree en la firme urgencia del ahora



Tiempo no es tiempo en absoluto
no lo puedes dejar ir
sin perder un pedacito de tu juventud
y nuestras vidas han cambiado para siempre
nunca seremos los mismos
y cuanto más cambias, menos sientes
cree en mí, cree en mí, cree
que la vida puede cambiar, que tú no estás
atrapado en vano
no somos los mismos, somos diferentes
esta noche
esta noche tan brillante, esta noche
y tú sabes que nunca estás seguro
pero estás seguro de que podrías tener razón
si te elevaste hacia la luz
y los rescoldos nunca aparecen en tu ciudad
en el lago
donde naciste
cree, cree en mí, cree
en la firme urgencia del ahora
y si crees no hay riesgo esta noche
esta noche, esta noche tan brillante
esta noche
haremos las cosas bien, sentiremos todo
esta noche
si te sometes a la noche
esta noche
los momentos indescriptibles de tu vida
esta noche
lo imposible es posible
esta noche
cree en mí como yo creo en ti

esta noche...

2013/09/02

En familia

Ilustración de Dorian Estrada Arroyo.
Por Fernando Morote
Publicado en Lima Gris:

Esto no es una crítica literaria, gracias a Dios. Afortunadamente estoy descalificado para ello. Es una alegría comprobar que vuelve a suceder. Reconocer espíritus afines representa siempre, en cierto grado, el fin de la soledad.
Desde que conocí el trabajo de Orlando Mazeyra en el 2009, de inmediato me atrajo su intensidad en la narración, pero sobre todo su falta de afectación. Admiré su arrojo y desfachatez. Celebré cruzarme otra vez en el camino con un escritor que tenía las suficientes agallas para seguir más a su corazón que a su cabeza.
Como cualquier otra actividad en la vida, escribir responde a motivos e influencias, refleja habilidades y tendencias. Si la naturaleza conduce hacia la línea recta, es seguro que las curvas (o rodeos, en este caso) no tendrán lugar. A Mazeyra, en cuestiones de estilo, no le interesa ser fino ni elegante. Mucho menos refugiarse bajo la sombra de ningún autor, digamos, consagrado. Su lenguaje es frontal, duro y crudo. Prescinde de adornos insulsos e inútiles. Ésta es una de sus cualidades más relevantes. Porque, en literatura, no se trata de escribir bonito sino de perturbar, en más de un sentido.
Las historias de Mi familia y otras miserias (en impecable edición de Tribal, salvo pequeños detalles de carácter tipográfico) están colmadas de rabia, agonía y sorpresa. Poseen además la extensión precisa para producir el impacto deseado. No se puede decir que son una ofensiva bofetada en la cara, pero sí un amistoso empujón por la espalda, que sacude al lector, lo despierta y lo mueve a reflexión.
Sus personajes batallan con sentimientos contradictorios: son acosados por adicciones, rencores, ataques de pánico e ideas de suicidio; sus aspiraciones románticas pugnan por vencer simultáneos coqueteos con la promiscuidad; la tentación al ridículo y el permanente conflicto entre vocación y profesión (que en un mundo ideal excluido el de un escritor debieran ser las dos caras de la misma moneda) les corroe el alma.
La trama, en la mayoría de relatos, se desarrolla con tacto y sutileza, proveyendo información en el momento adecuado, reteniéndola cuando es conveniente. En unos pocos, por el contrario, la línea narrativa experimenta un giro demasiado brusco, apurado incluso, dejando la impresión de que salta muy rápido a la conclusión y que un proceso más pausado pudo haber alimentado y enriquecido el contenido.
Ya que no se puede complacer a todos, habrá algunos lectores que se enojarán señalando sólo aspectos de teoría literaria. Los menos sofisticados en cuestiones académicas, seguramente tendrán mejores posibilidades de apreciar la lectura, aprovechando la oportunidad de mirarse en un espejo por fuera y por dentro. Después de todo, si estos relatos no hubieran surgido de las entrañas de su autor sino sólo de su cerebro, no tendrían la fuerza que tienen ni transmitirían la emoción que transmiten. Y ésa es, justamente, la intención del verdadero arte.
Personalmente, me alegro de que Mazeyra haya desoído en su momento el discurso familiar, que asegura entre disfraces cariñosos que la literatura es una pérdida de tiempo, una quimera absurda, un error fatal, y haya optado por la lealtad suicida que le impone su auténtica vocación.
Me alegra también compartir con él los gustos por las películas de Scorsese y De Niro (¡qué dupla genial!), el rock (de Calamaro y compañía), el fútbol (a pesar de la frustración congénita) y, en especial, los esfuerzos diarios por encontrar un camino de cambio y crecimiento (personal).

Hincha a muerte de su arequipeño FBC Melgar, los colores rojo y negro parecen estampados en cada uno de sus textos, que a simple vista en este libro se presentan como una descarga feroz, virulenta, y enconada contra su núcleo familiar. Pero en realidad y en el fondo son mucho más que eso. Son una declaración de amor a sus seres más queridos.

Para leer más comentarios sobre Mi familia y otras miserias: