Advertencia para el lector

«Rechazado o aceptado, perseguido o premiado, el escritor que merezca este nombre seguirá arrojándoles a los hombres el espectáculo no siempre grato de sus miserias y tormentos.»
Mario Vargas Llosa, La literatura es fuego.

2014/05/31

Padre nuestro

En la edición 204 de Hildebrandt en sus trece: Padre nuestro.
En la edición 204 del semanario Hildebrandt en sus trece aparece mi historia Padre Nuestro. Acá un pequeño fragmento del relato:
Me introduzco en una habitación que me genera desconfianza. Antes de encender el televisor tranco la puerta con una silla vieja. Pienso que si alguien ingresa hará mover la silla y me dará tiempo para despertar. Luego dudo y me angustio: el poder el hipnótico es fuerte. Decido no tomarlo. Habrá que hacer algo. El control remoto me termina de aclarar las cosas: la cara de Beto Ortiz y de su compadre Miyashiro son la peor carta de recibimiento.



2014/05/24

Volver al cine

Edición 203 del semanario Hildebrandt en sus trece.
En la edición Nro. 203 (del viernes 23 mayo al jueves 29 de mayo) del semanario Hildebrandt en sus trece aparece mi historia Volver al cine. Acá un fragmento:

Recuerdo con claridad nuestro primer diálogo porque me habló de Heath Ledger y yo de Philip Seymour Hoffman. Aparte de adicta, una auténtica cinépata.
—El cine también puede ser una droga —le dije entre risas cuando le recordaba una escena de Hannah y sus hermanas que nos resultó muy familiar.
—No —me corrigió—. El cine es una droga… pero distinta a las otras.
Le confesé que había dejado de ir al cine desde que terminé una larga relación de ocho años. La última película que había visto en una sala fue La noche más oscura y ya no recordaba muy bien de qué trataba.

"Cuando conocí a Candy eran días llenos de vida. Cuando todo era abundante. Las aves llenaban el cielo.
Una gran bondad fluía a través de nosotros. No quería destruir la vida de Candy. Quería mejorar la mía".

2014/05/22

"Arequipa, lámpara incandescente": el nuevo libro de Oswaldo Reynoso

Con Oswaldo Reynoso (foto: Boris Mercado Mar).
Oswaldo Reynoso (Arequipa, 1931), a comienzos de este año, ha terminado de escribir su último libro, Arequipa, lámpara incandescente, algo así como unas memorias en clave epistolar, con intenciones ‘pedagógicas’ para escritores en ciernes. Una publicación que, de alguna manera, se asemeja a Cartas a un joven novelista (1997) de Mario Vargas Llosa.
Acá un fragmento del nuevo libro del novelista arequipeño que aparecerá pronto en Arequipa (pueden leer todo el texto en el portal de El Búho):
 «¿De quién son estos hermosos e intensos versos?, me preguntó Sergio. De Vallejo, le contesté. ¿De Vallejo? Sí, los escribió cuando se enteró de la muerte de su mejor amigo, Alfonso da Silva. Salud, me dijo Sergio y luego de un prolongado silencio me preguntó: ¿Dónde puedo encontrar ese poema? Está en Poemas Humanos. Lo buscaré.  ¿Y qué otros recuerdos le trae esta Plaza? Mira, ahí, en el techo de la casa que hace esquina entre el Portal de la Municipalidad y la calle La Merced, en junio de 1950, estuve combatiendo contra la dictadura de Odría. Lanzábamos bombas molotov a los soldados que avanzaban para tomar la Plaza. La oscuridad de esa noche se iluminó con una antorcha que corría por en medio de la calle dando alaridos. Era un joven aimara recluta de la guarnición de Puno. En casi todos mis libros doy cuenta de esa rebelión del pueblo arequipeño traicionado por las llamadas fuerzas vivas que tuvieron miedo a los estudiantes, profesores, obreros, artesanos y campesinos armados. Sergio me dice: Igual sucedió cuando las tropas chilenas sitiaron Arequipa. Ves, le dije, siempre las mismas mierdas. Cuando esté en Lima te enviaré un relato que hace tiempo escribí sobre lo que me sucedió en la Catedral. No te olvides de enviármelo. Sí. Pasando a otra cosa: ¿Recuerdas que después de una conferencia que di en la Universidad de San Agustín, en un bar de la calle Ugarte, me contaste que en la U hay un profesor de mi misma edad que habla muy mal de mi persona? Sí, dice que usted es un pervertido, un borracho que se arrastra por cantinas de mala muerte y que lo conoce desde la infancia. No, no me digas su nombre. Ya sé quién es. Quiso ser acuarelista y solo logró hacer borrones. Y pujo y pujo para escribir versos y relatos y solo le salió lo que sale de los pujos. Sucede que a comienzos de la década del setenta, a las nueve de la mañana, de un día del mes de mayo, me vio salir totalmente ebrio apoyado en un joven de una cantinita que quedaba por una de las calles que dan al Mercado de San Camilo. Te voy a contar esa historia, pero no en este bar. Llévame a un huarique con radiola y con la gente marginal que pulula por esas calles de hostales. En ese ambiente, mi recuerdo cobrará más vida.» (Oswaldo Reynoso).

Puede leer todo en este enlace:

2014/05/17

Botar recuerdos

Edición 202 de Hildebrandt en sus trece: Botar recuerdos.
Es una mala tarde en Arequipa, propicia para Botar recuerdos, así se titula mi último relato que aparece en la edición 202 de Hildebrandt en sus trece y que, por obvias razones, está dedicado a muchos amigos de mi promo De La Salle 1997.
Acá un fragmento:

"Ya no es la mujer de la que te enamoraste. Es otra. Es hora de sacarla de tu vida".
Empecé a buscar en los estantes superiores del ropero: almanaques mundiales, pósteres de las copas del mundo de los años 90, un recorte de periódico con Maradona de la mano de la enfermera gringa en el estadio de Boston, la casaca de la promoción, el buzo escolar plagado de firmas, una foto con Ross Mery...

2014/05/15

¿Tiene color la felicidad?



Se viene un sábado muy especial, FBC Melgar. Mi equipo, mi primera pasión, mi primer amor: el único que permanece invicto desde que empecé a pegarle a la pelota de cuero de chancho en el parque Paul Harris de la urbanización La Arboleda... y soñaba meter un gol con la camiseta rojinegra a estadio lleno. Después de eso, nada. Un gol con el Melgar y punto. ¿Tiene color la felicidad? Sí, es roja y negra.
El fútbol fue mi primera pasión. Mis primeras lecturas tenían que ver con el fútbol: “El Gráfico”, una revista deportiva argentina que llegaba los viernes por la tarde a un puesto de periódicos del centro de la ciudad y en donde leí por primera vez «El penal más largo del mundo», aquel inolvidable cuento de Osvaldo Soriano.
Me inscribí en la academia de fútbol del ex-delantero Juvenal Briceño Ramos (un accidente en moto a causa de una borrachera interrumpió su prometedora carrera deportiva). Traté de aprender las más elementales nociones del fútbol en el estadio de Umacollo.
Leer todo acá:
http://elbuho.pe/2014/03/24/por-favor-leerlo-en-una-tribuno-vacia/

2014/05/11

Pero te olvidaste abril en el ropero

Quisiera que este fuera el último relato que le dedico a Micaela. Ojalá que sí.
En la edición 201 del semanario Hildebrandt en sus trece aparece Abril tiene la culpa, una premonición de una catástrofe previsible. Y el amor que seguirá vivo e incondicional.


2014/05/04

Habla, memoria

Estamos en la edición 200 de Hildebrandt en sus trece.
En la edición 200 del semanario Hildebrandt en sus trece aparece Habla, memoria, mi último relato. Acá un fragmento:

 —Imagínate encerrada en un sótano, pequeño y completamente oscuro. No sientes nada allá afuera, sólo el tic tac de un viejo reloj que da cuenta del inexorable paso del tiempo. ¿Lo soportarías?
—Eres un perverso.

Por otro lado, le agradezco a mi editor, José Córdova, por haber dejado algunos ejemplares de mi libro en Ríobamba, Ecuador. Uno de sus amigos ecuatorianos, Lenin Vimos, le envió una carta que me emocionó mucho. Acá la comparto:

Hermano querido, espero que hayas aterrizado en tu ciudad natal, espero que te hayas llevado un gran recuerdo, yo en este momento estoy nuevamente chumado buscando a alguien que quiera meterse trago. Y, pues, te comento que he leído el libro de Mazeyra. Me ha hecho llorar y recordar muchas cosas. El man es un tipo muy bueno, hermano, y sus historias me han llevado de una al borde de este mundo. Me da mucho miedo seguirlo leyéndolo pero a la vez también me da más curiosidad, cada día lo veo en mi repisa y digo: lo leo o no lo leo. Al final, termino leyéndolo y casi llorando. Gracias, de verdad, hermano, por todo y por ese gran regalo, te espero cuando desees en esta mi tierra. Cuídate y a seguir caminando fuerte.


Luego me contacté con Lenin Vimos y él gentilmente me envió algunas líneas:

Luego de dos días de borrachera decidí coger el libro, Mi primera máquina de escribir, se prestaba a ser devorada por mis ojos. Esa historia me llevó a ver mi pasado, a sentirlo en carne propia, a recordar mi infancia y los problemas que de niño se daban en ella. Las lágrimas me envolvieron, no podía más. Debía sanarme por completo para leerlo; ahora tu libro lo veo en la repisa de casa y tengo miedo al leerlo, al instante una curiosidad me lleva a tomarlo, verlo y decidir entre seguirlo leyendo o no. La verdad, sí, este libro me ha llevado al abismo, en cada historia me ha hecho más sensible, MI PRIMERA MÁQUINA DE ESCRIBIR, SOLOSÍN, CUERO DE CHANCHO, son escritos que, sin pensarlo, me han llevado a otro mundo, al borde del precipicio. Por eso había decidido no leerlo más. Pero no fue así. Tu escritura me llevó a sentarme en la sala de casa y continuar la marcha, es una felicidad enorme que ese libro haya llegado a esta ciudad fría y, en ocasiones, llena de tristeza. La verdad, Orlando, a mí me llena de mucha felicidad el saber que tú, el autor de este maravilloso libro, me haya escrito para compartir mis palabras en su blog. Qué alegría, una felicidad eterna saber eso. Yo te iba a escribir y a enviar una solicitud de amistad cuando lo acabara de leer por completo pero, mira, ahora ya somos amigos a la distancia, a una distancia que lo único que nos unirá serán tus palabras plasmadas en este libro. Ahora, un favor especial y grande: yo quisiera ver si puedo leer tus cuentos a tu nombre en algún “bar” al que seamos invitados o en algún evento que la universidad realice, esa es mi única petición, para que los jóvenes conozcan más de tu maravilloso libro.
Un abrazo lleno de éxitos y mucha felicidad desde esta ciudad donde siempre se te esperará con los brazos abiertos.

Lenin Vimos
Ríobamba, Ecuador