Advertencia para el lector

«Rechazado o aceptado, perseguido o premiado, el escritor que merezca este nombre seguirá arrojándoles a los hombres el espectáculo no siempre grato de sus miserias y tormentos.»
Mario Vargas Llosa, La literatura es fuego.

2016/09/23

Juventud


La crisis estalla mientras él está fuera. Jacqueline busca su diario y lee lo que él ha escrito sobre su vida en común. Al regresar la encuentra haciendo las maletas.

—¿Qué ocurre? —pregunta él.

Con los labios apretados, Jacqueline señala el diario abierto que hay sobre la mesa.
Él monta en cólera.

—¡No vas a impedir que escriba! —promete. Es una incongruencia, y lo sabe.

Ella también está enfadada, pero de un modo más frío y profundo.

—Si tal como dices, te resulto una carga insoportable —dice ella—, si estoy destruyendo tu paz y tu privacidad y tu capacidad de escribir, déjame que te diga que por mi parte he odiado vivir contigo, cada minuto que he pasado aquí, y no veo el momento de ser libre. 

Lo que él debería haber dicho es que no deben leerse los papeles privados de los demás. De hecho, debería haber escondido su diario, no dejarlo donde ella pudiera encontrarlo. Pero ahora es demasiado tarde, el mal está hecho.
Contempla a Jacqueline hacer las maletas, la ayuda a asegurar la bolsa en el sillín del escúter.

—Con tu permiso, me quedaré la llave hasta que haya recogido el resto de mis cosas —dice. Se coloca bruscamente el casco. Adiós. Me has decepcionado, John. Puede que seas listo, yo qué sé, pero todavía te queda madurar mucho. —Aprieta el pedal. El motor no arranca. Pisa otra vez el pedal, y otra. El olor a gasolina llena el aire. El carburador está inundado; sólo puede esperarse a que se seque.

—Entra —le sugiere él. Imperturbable, ella se niega. Lo siento. Todo.

El entra en el piso dejándola en el callejón. A los cinco minutos oye el motor y la motocicleta que se aleja.
¿Lo lamenta? Desde luego, lamenta que Jacqueline leyera lo que leyó. Pero la verdadera cuestión es: ¿por qué motivos escribió lo que escribió? ¿Lo escribió tal vez para que ella lo leyera? ¿Dejar sus verdaderos pensamientos donde ella acabaría encontrándolos ha sido su modo de decirle lo que era demasiado cobarde para explicarle a la cara? ¿Cuáles son sus verdaderos pensamientos, de todos modos? Unos días se siente feliz, incluso privilegiado, por vivir con una mujer bella, o al menos por no vivir solo. Otros días se siente de otro modo. ¿Qué es verdad: la felicidad, la infelicidad o un punto medio entre una y otra?


J. M. Coetzee, Juventud 
(escenas de una vida en provincias)