2007/10/09

AUNQUE LE SUENE A CUENTO


París, invierno del 2000.

Señor Editor,

Aunque le suene a cuento, y a riesgo de quedar en soberano ridículo, tengo algo muy mío que testimoniarle. Empiezo, pues, de buen talante y en este mismo instante: es una extravagancia personalísima y no podría explicársela con mucha claridad, pero haré el intento. Desde que empecé a garabatear mi primer manuscrito, he tenido la extraña costumbre de cambiar de nombre devotamente. Así –y como quien nunca deja de mudarse de antifaz– he procurado poner mi verdadero nombre a buen recaudo. Todas mis elucubraciones han sido publicadas bajo un piélago de seudónimos trashumantes con los que podría levantar una torre del tamaño de la que todos visitan por acá. ¿El motivo? No sé si es miedo a los reflectores… llámelo pudibundez o, si gusta, estupidez, pero lo que le digo no es cuento: es la verdad de la milanesa. Además, a mi parecer (y espero que en esto usted me lleve el apunte), lo importante es el texto y no el autor.
Mire: por cada seudónimo nuevo, intento ser –como es obvio– otra persona (el personaje central de mi ficción de turno, para ser más específico); y, por lo tanto, llego incluso a ejecutar disfuerzos que en ocasiones me resultan atroces: vestirme distinto, cambiar radicalmente de hábitos, inventar nuevas manías, frecuentar bares inéditos, y hasta llego al extremo de crearme una nueva cuenta de correo electrónico en la primera cabina pública de internet que encuentre a mi paso (la cuenta de ahora, desde la cual le remito esta inusual epístola, es una más de tantas… Toda esta descomunal locura ojalá me sirva de algo: espero, algún día no muy lejano, empezar a escribir una novela al respecto… novela, lo sabemos ambos, que nadie querrá publicar, pero que por ese mismo motivo quiero escribir… y talvez esta carta ya sea una primera tentativa).
Soy, para bien o para mal (creo que más para mal), muy pertinaz, y por eso he dedicado toda una vida a este disparate de ocultar bajo muchas llaves mi verdadera identidad (que, trémula y beata, se oculta detrás de cada llave: todas ellas, a su manera, abren los cerrojos de puertas dispares que convergen en una misma plazoleta vivencial; ésa que, como en el caso del célebre Charles Foster Kane, cobija a mi
Rosebud personal). Pero a pesar de este inconveniente que puede resultarle ilusorio, tengo un pelotón de cuentos y, también un manojo de poemas regados en importantes revistas literarias, en reputadas páginas electrónicas, e incluso en algunas antologías poco exigentes en cuanto a mi talón de Aquiles: los datos verídicos del autor. El problema es que ya han llegado a ser tantas mis publicaciones que ya no sé discriminar entre las mías y las ajenas. ¡No se ría!, hablo muy en serio. Usted dirá que cualquier escritor que se precie nunca podría olvidarse de algo que ha pergeñado. Yo pienso lo mismo, pero debo ser la excepción que confirma la regla (porque, ¡vanidad de vanidades!, sé que no soy un escritorzuelo más).
Bueno, me he ido por las ramas y no lo he dicho lo más importante. Quiero reunir toda mi extensa obra en su reconocida editorial y por eso le propongo algo muy interesante: voy a empezar a recoger sin descanso todos los cuentos y poemas en los que encuentre algún guiño mío. Le prometo ser muy riguroso, pero, ¡toquemos madera!, es posible que, contrabandeada, se me pase alguna creación que no deba llevar mi rúbrica. Es un riesgo que correremos ambos… además, usted, como editor curtido, ya debe haber lidiado en más de una oportunidad con este tipo de contingencias: el oficio de escritor es tan arriesgado como el de editor: usted y yo estamos, al fin y al cabo, en la misma vereda.
El total de mi obra está en manos de su buena fe (y, claro está, de la capacidad de persuasión de mis sinceras palabras).
Un cordial abrazo a la distancia,

Tito Monterroso
PD: Tenga, por favor, la gentileza de responderme a esta misma dirección electrónica lo más pronto posible, ya le expliqué lo de los correos electrónicos.
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Imagen: Augusto Monterroso.
Este texto lo acabo de publicar en Palabras Diversas.

2007/09/21

21 de setiembre: día del desagravio nacional


Este dictamen de la Corte Suprema chilena debe ser, ante todo, una lección que ojalá algún día aprendamos. Si Chile es un país democrático y próspero es porque nuestros vecinos han entendido que la Justicia y la Libertad sólo se alcanzan cimentando una auténtica independencia de poderes.
Ahora, sólo a nosotros nos corresponde hacer de este 21 de septiembre una fecha trascendente que sea, pues, recordada por las nuevas generaciones como el Día del Desagravio Nacional, el día en el que el regocijo nos inyectó una generosa cuota de esa esperanza que dice que el tiempo pone cada cosa en su lugar.
Es de elemental honestidad reconocer que dejarle todo el peso de las decisiones al poder judicial o “confiar en la justicia peruana” me resulta un olímpico dislate. Pero, es cierto, no nos queda otra. ¿Estarán nuestros magistrados a la altura de las circunstancias? No lo sé, esperemos que ellos, a los escépticos como yo, nos tapen la boca condenando a la versión nipona del Chivo dominicano.
Fujimori volverá al país y eso está bien. Lo que estaría mal es que el oportunismo político lo convierta en una estupenda cortina de humo de esas que pervierten al país y hacen las delicias de los viles y rufianes. Sería un error, también, que el aprismo y el fujimorismo armen soterradamente una posible alianza vituperable –que ya tiene un antecedente en las elecciones de 1990– que aligere el camino hacia la impunidad que, a partir de hoy, intentarán construir los carceleros de la memoria y los ensalzadores de la carroña como Carlos Rafo, sin duda, el florón de la corona. Hoy más que nunca debemos tomar nota estricta del voto unánime de la justicia chilena condenando la violación de los derechos humanos (La Cantuta y Barrios Altos).
Señores jueces y fiscales: si Alberto Fujimori ha hecho algo en vida no es sino arrinconar a la justicia, esquilmar al pueblo y sodomizar la libertad; méritos suficientes para recibir los rigores del calabozo más lóbrego e ínfimo en donde no quepan ni él ni su juez más inexpugnable: su propia conciencia.

2007/09/02

"El blog es de veras un medio maravilloso, pero también un imán de infamias y sandeces"


En la edición de Setiembre de la revista literaria Remolinos aparece una entrevista que me hicieran hace unas semanas. Creo que lo más destacable de ella está en el resultado del intercambio epistolar que tuve con Fernando Ampuero:
Internet y los blogs en especial me generan sentimientos encontrados. Yo, sin radicar en Lima y sin formar parte de la movida cultural de la capital, he visto, a la distancia, cómo se manejan las cosas y he sido, ojalá me equivoque, carne de cañón en algún caso. Y digo esto porque publiqué en Lima y, al poco tiempo, recibí una crítica excesiva que, en un primer momento, creí honesta, pues entiendo que no a todos les tiene que gustar mis historias; pero después descubrí que todo no había pasado de ser un ajuste de cuentas con mi editor. Esto me llenó de tribulaciones y lamentos. Estaba decepcionado y por eso le escribí a un escritor recorrido y reconocido, para recibir sus consejos. Acá, en las esferas culturales del Perú, si eres amigo del enemigo de alguien, pasas como por arte de magia a ser también su enemigo. Yo quiero demostrar que las cosas no deben ser así y por eso doy mi testimonio. Es célebre la enemistad o animadversión entre Oswaldo Reynoso (mi mentor y corrector de mis manuscritos) y Fernando Ampuero. Eso vendría a condionarme pavlovianamente y a convertirme en enemigo de Ampuero. Pues bien, yo recurrí al segundo y sus palabras fueron tan edificantes y motivadoras que hasta hoy las agradezco, es por eso que acá, copio, a modo de reflexión, una de sus atingencias: "No le hagas caso a los insultos de la blogósfera. El blog es de veras un medio maravilloso, pero también un imán de infamias y sandeces. Si a Shakespeare le hubiera tocado nacer en estos tiempos, lo más seguro es que hace rato lo hubieran mandado a parir".
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Pueden leer toda la entrevista en Remolinos
Imagen: Fernando Ampuero (fuente: Caretas)

2007/08/29

¿Por qué escribo?



Por mensajes como éste, que hoy llegó a mi correo desde Colombia. El texto es breve pero emotivo. Cartas como las de Juan Guillermo son tan poderosas que renuevan mi fe en la literatura y me invitan a seguir escribiendo. Así que, ¿ya ven?, fue sólo un trueque: yo lo azucé para que cuente historias, y él me devolvió con lo mismo.

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Hola Orlando, aunque no te conozco, ya te aprecio. Y esto es debido a un texto, tuyo, ¿Conoces a Marcial Mena? que un amigo llevó y leyó para darme ánimos en lo que hago: tratar de contar historias. Taller literario al cual asisto desde hace tres años, en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, Colombia, dirigido por Jaime Jaramillo Escobar.

Y a tu pregunta:
¿Conoces a Marcial Mena? Sí, sí lo conozco, aún habita en mí.
Vi tu página y espero leerla con detenimiento.
Un gusto haber conocido parte de lo que haces.

Gracias.
Juan guillermo Valderrama Santamaría
Imagen sacada de la Biblioteca Bécquer:

2007/08/26

¡A brindar con pisco sour por nuestros muertos, don Rafael!

Recuerdo que, en el año 2001, cuando la naturaleza castigó Moquegua, Tacna y Arequipa con un terremoto, los medios informativos capitalinos (prensa, radio y TV) no prestaron, en comparación al sismo de este año, ni la quinta parte de su atención.
Hoy, pasada ya una semana, seguimos viendo desfilar en todos los canales a diversos personajes de toda laya que nos invitan a colaborar con nuestros hermanos "del sur". ¿Cuál sur? ¿Qué maromas harán puneños, tacneños o moqueguanos para encontrar a Ica más al sur? ¿En Chile?
Las portadas y titulares anuncian: "Terremoto en el sur de Perú". Y yo, a la distancia, lamento ese perenne ombliguismo limeño que los hace pensar que Lima es el Perú ("El Perú" y no solamente "Perú", error que sólo se les perdona a los extranjeros).
Ica, por si algún incauto no vio todavía el mapa, está prácticamente en el centro del país y no en el sur, como es el caso de Tacna, Puno, Moquegua o Arequipa. A estas alturas, se me antoja que sería más honesto decir "Terremoto en el sur de Lima"; y, también, me apena enormemente que nuestros hermanos de la capital hayan disparado un llamativo mecanismo solidario sólo por haber sentido en carne propia el movimiento telúrico, pues no es de malpensados el arriesgarse a concluir que si el terremoto no pasaba por Lima, hoy -para decirlo eufemísticamente- la historia sería distinta.

Finalmente, no todo en las comparaciones es odioso, porque ya me imagino qué hubiera pasado en mi ciudad si a Rey Rey se le ocurría jugar con la intensidad del sismo. Otra perla más de ese ministro que alguna vez pidió los DNIs de todos los desaparecidos que estimó la CVR. ¡A brindar con pisco sour por nuestros muertos, don Rafael! ¡Los de ayer y los de ahora! Esos son los terremotos simbólicos que resquebrajan la conciencia nacional. Y sus daños son tan insondables que a veces no tienen parangón con los que hoy vemos en Ica, Chincha, Cañete y Pisco.

2007/07/26

¿La era Del Solar?


Ya me sé de memoria esta historia. Hasta creo que la puedo recitar, ¿me estaré haciendo viejo o es que acá las cosas nunca cambian?
Ahora, muchos medios dirán lo políticamente correcto: "El técnico ya ha sido elegido. No hay espacio para los reclamos, las propuestas o las lamentaciones. Lo que corresponde, de aquí en más, es que todos –afición, prensa, dirigentes, etcétera– apoyemos a Chemo Del Solar ".
Pero, hay que decirlo, así algunos se molesten (y piensen que uno, en vez de aportar, pone piedras en el camino ): ¡Al Chemo lo apuraron!
Los dirigentes, aparte de comechados, son unos pobres diablos sólo capaces de arruinar el currículo de entrenadores con proyección. ¿Por qué lo digo? Porque si los peruanos teníamos a una promesa que, en el mediano o largo plazo, podía erigirse como el técnico que calce a la blanquirroja como una mano a un guante, ése era, sin duda, José Del Solar.
Al Chemo todavía le faltaba recorrer, adquirir más experiencia, caminar más y envejecer otro poco. Su trayectoria como futbolista es excelente (clubes de Chile, España, Bélgica y Turquía); pero su incipiente currículo como entrenador es solamente un esbozo, un par de pasos apenas dados, y un solitario título nacional que no garantiza nada: tuvo un feo inicio en el Colón de Santa Fe (dirigió junto a Pizzi y los echaron luego de tres derrotas al hilo), luego vino al Cristal y campeonó en el mediocre torneo peruano, ahora recién acababa de cumplir medio año en la Universidad Católica… nada más, ¿eso basta para calzarse el buzo de la selección nacional? Me parece una falta de respeto pero, ¿por qué me sorprendo? No me debe llamar la atención en absoluto, porque estos dirigentes no respetan a nadie.
¿Acaso dirigir a un combinado nacional no es más difícil que dirigir a clubes de la talla de Boca, Barcelona o Manchester? Repito, lo apuraron al Chemo. Y lo peor de todo es que Del Solar pisó el palito. Todavía no era el momento, Chemo, tú lo sabes.
Pero para que me crean todos, revisemos los casos de Pacho Maturana en Colombia, Passarella en Argentina y, finalmente, de Oblitas en Perú.
Veamos el caso de Maturana: primero fue director técnico de las divisiones inferiores y después de la mayor; se afiató en Copas América antes de clasificar a su país al mundial (1990), dirigió al Atlético Nacional que resultó campeón de la Copa Libertadores 1989.
En Argentina, Daniel Alberto Passarella tuvo que ganar 3 torneos argentinos con River Plate (Campeonato 89/90, Apertura 1991 y Apertura 1993) para recién asumir la dirección técnica de la albiceleste en 1994.
En el Perú, Oblitas, antes de llegar a la selección, campeonó con Universitario en dos ocasiones. Luego, pasó a Cristal y se hizo del título nacional en 1991. En 1993, fue Asistente Técnico de Popovic, luego volvió a Cristal y ganó otros dos títulos. Es decir que, en total, ganó 5 torneos nacionales y fue asistente de la selección antes de pasar al cargo más bravo del país.
Chemo, como DT, no tiene coronas internacionales. Sólo cuenta con un título local y paramos de contar. Ni siquiera ha sido asistente técnico de la selección mayor. ¿Se apuró? Sí. ¿Tiene chances? Seguramente. El azar de las estadísticas dice que Chemo cumplirá 40 años en noviembre. Eso quiere decir que asumió la dirección de la selección frisando la base 4. Maturana con 40 años llevó a Colombia a Italia 1990, Passarella por su parte recibió el buzo de Argentina a los 40. Oblitas ya tenía unos 44 (pero no clasificó a la selección).
¿Qué podemos esperar? Que el Chemo nos tape la boca a todos los que pensamos que tuvo que esperar… Y que confirme que los cuarenta son la época dorada de los entrenadores que quieren ir al Mundial.
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Mi comentario aparece también en el segmento
Imagen: José Guillermo Del Solar, flamante seleccionador del Perú (fuente El Comercio).

2007/07/20

O-S-Q-U-Í-T-A-R

Lima, 8 de marzo de 2007
Óscar:

Es inútil, de veras que lo sé, pero, aparte de esto, ¿qué otra cosa más puedo hacer para acercarme a ti? Y me sabe a insensatez de mi parte el malgastar palabras para escribirte confesiones que tal vez nunca leerás. Y digo -intuyo con el ciego convencimiento de ser quien te conoce mejor que nadie- que no leerás estas tristes líneas porque, ahora, a tus ojos, todo lo que se relacione conmigo les resulta repelente, chabacano y repudiable.
En verdad, no te culpo. Entiendo que, por todo lo compartido y vivido, me convierto en algo así como un remitente indigno y desechable. Sólo te aclaro que si he de culpar a alguien -cosa que, por lo demás, me resulta insoportablemente pueril- lo haría en silencio, y en la absoluta soledad que me ha dado tu devastadora ausencia.
No creo en el destino, tampoco en el azar, pero sí soy prosélito de mis pulsiones (prosélito, ¡vaya palabra!, siempre fui un huachafo impenitente, lo sabes)… fueron mis pulsiones las que ganaron mi voluntad y me arrojaron hacia tu cuerpo; aunque, al inicio, me catapultaron hacia ti tus ideas acerca del arte y la felicidad, tu insobornable rechazo al vicio y a todos excesos (exceptuando, por supuesto, el sexual), tu forma de entender la vida, de gozarla (conmigo), de sacarle la vuelta a la adversidad -esa adversidad que algunos, en nuestros malos ratos, llamamos homosexualidad.
Ante ti me siento desnudo, huérfano de palabras, precario hasta la rabia. No tengo tus lecturas, tampoco tu sonrisa. Me falta un corazón como el tuyo, a veces creo que el tuyo nos pertenece a ambos… Búrlate si quieres de mis cursilerías de colegial enamorado (enamorado, sí; confundido, jamás). Tú, ante mí, eres optimismo. Entérate de que cuando el optimismo me envuelve, creo que tú me perteneces (y que te alegra ser mío)… cuando me lo creo, ¡ay!, te desvaneces. ¿Ves? Ya estoy hablando de propiedad privada. Si te tuviera al frente me tocaría de nervios, echaría una risotada estúpida y te pediría disculpas con un beso sentido, breve, pero lo suficientemente intenso. Y es que es intenso lo que siento por ti, tan intenso que duele, somete, acuchilla y agrieta mis emociones.
¿Qué más te puedo decir que ya no te haya dicho antes? ¿Que las dos últimas veces que tomamos café en silencio me sentí el centinela de tu alma? ¿Que la única vez que nos hundimos en tu colchón, sin usar preservativos ni lubricantes, me convertí en el hombre más libre del mundo? Sólo con tu compañía he saboreado a pleno mi existencia, me he sentido absolutamente libre; pero, como nada es perfecto (y quiero recordártelo), también he sido esclavo de tus arrebatos, de tus paranoias desbocadas, patadas al tablero, insultos despiadados y cachetadas intempestivas
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Imagen:
Bartolomeo Cesi (1556-1629)
Hombres besándose. Boceto. Galería degli Uffizi, Florencia

2007/07/14

América y su Copa



En Venezuela, desde hace un buen tiempo atrás, el centro de la atención es, de lejos, el extravagante Hugo Chávez Frías, militar y político que preside el gobierno de su país desde el siglo pasado (1999). Uno puede estar a favor o en contra: tildarlo de " Mussolini tropical", como lo catalogó en alguna oportunidad el escritor mexicano Carlos Fuentes; o admirarlo sin reparos, como ocurre con el presidente boliviano Evo Morales. Pero tanto defensores como detractores son conscientes de que él es algo así como el ojo del tornado, pues el fundador del Movimiento Bolivariano Revolucionario sabe arreglárselas a diario –con pintorescos improperios contra " mister Bush" y el imperialismo, por ejemplo; o con vigorosas loas a Fidel y a su "revolución"– para ganarse flashes, portadas y titulares que traspasan las fronteras de su país y forman parte de la recargada agenda noticiosa de América Latina y el resto del Mundo.
Pero, desde el pasado martes 26 de junio, Chávez ha pasado a segundo plano, cediendo con gentileza los reflectores antes de rendirse ante los encantos de Su Majestad El Fútbol: "Venezuela será el campeón", dijo el presidente venezolano, notoriamente inundado por una inusual -pero comprensible- fiebre futbolera. Y es que así es el fútbol en esta parte del continente: el deporte de las masas, el Deporte Rey. Ergo, la Copa América es, hoy por hoy, el monotema que está en la cresta de la ola en tierras llaneras, y es por eso que los principales medios informativos del planeta están diseminados en cada una de las sedes escogidas para alargar la vigencia esta vieja lid deportiva.
Perú dio el puntapié inicial sorprendiendo a propios y extraños al golear al equipo uruguayo de Oscar Tavárez (3-0); y después Chávez y Evo se repartieron los honores en la tribuna: Bolivia le empató a Venezuela en la cancha (2-2). La inauguración de la edición número 42 del torneo futbolístico más antiguo de América tuvo como invitado de excepción al máximo referente de toda la historia del deporte argentino, Diego Armando Maradona (quien, paradójicamente y al igual que Pelé, nunca pudo ganar este título).

Un poco de historia: desde 1916 hasta nuestros días

Si hacemos una apretada revisión de la historia, descubriremos que este torneo se remonta al año 1916, cuando por primera vez Argentina organizó el Campeonato Sudamericano de Naciones que ganaron sus vecinos, los uruguayos. Hay que recordar, también, que a lo largo de su vida esta justa ha sufrido muchas modificaciones y recién pasó a llamarse oficialmente "Copa América" en el año 1975. O sea, que se podría decir, sin temor a equivocarnos, que Perú fue el primer ganador de la "Copa América" pues, ese año el equipo incaico derrotó, con gol del 'Cholo' Sotil, al equipo colombiano en un luchado partido extra que se jugó justamente en Venezuela.
En cuestión de coronas, más de la mitad del palmarés es abarcada por los del Río de La Plata: tanto argentinos como uruguayos levantaron la copa en catorce ocasiones, razón por la cual ambos comparten el primer lugar. Tercero, y muy rezagado, aparece Brasil con sólo la mitad de conquistas: siete. Perú y Paraguay campeonaron (1) en dos oportunidades. Cierran el pelotón, bolivianos y colombianos con una solitaria conquista. Los únicos países sudamericanos que no han levantado la copa son Chile, Ecuador y el anfitrión Venezuela que acaba de hacer historia a costa de Perú: los dirigidos por Richard Páez alcanzaron la victoria luego de ¡cuarenta años! y pasaron por primera vez en su historia a cuartos de final, lo que, desde ya, convierte al entrenador de la 'vinotinto' en el estratega más exitoso en la historia del fútbol del país de Rómulo Gallegos.
Aunque no todo es color de rosa, pues en la última década este torneo se ha visto mermado a causa de motivos que –para los amantes de los eufemismos– podríamos llamar extrafutbolísticos. Si me apuran, me atrevo a decir que talvez la última gran Copa América fue la de 1995, cuando Uruguay hizo valer su condición de local en un abarrotado Estadio Centenario de Montevideo, derrotando por definición de penales a Brasil (por ese entonces flamante campeón del mundo, recordemos que Dunga, hoy entrenador del scratch, jugó esa final, llevó la cinta de capitán y anotó uno de los penales de los cariocas).
En 1997, el anfitrión Bolivia, tuvo que sacar adelante una Copa donde sólo algunos países llevaron a algunas de sus figuras (talvez desde ahí se puede avizorar un soterrado desdén por la altura y sus inconvenientes que están tan de moda por estos días). Y así, la vieja y querida Copa América, empezó el lento -¿irreversible?- camino hacia su devaluación. En 1999, el fantasma de la altura altiplánica ya no estaba, y en Paraguay las cosas mejoraron en algo, Ronaldo y Brasil brillaron.
Ya en este siglo, el año 2001, el anfitrión era el país de García Márquez y la Copa América fue una verdadera caricatura: Argentina renunció a participar (Canadá también rechazó una invitación de la CONMEBOL). Lo cierto es que pocos querían ir a Colombia por los problemas políticos que hasta hoy persisten. Muchos seleccionados asistieron con equipos alternos. Ganar la Copa América dejaba de ser un inapreciable anhelo para los futbolistas del continente, había otras prioridades… Además, Europa y sus millonarias ligas empezaron a poner trabas, ya no querían ceder a sus futbolistas.
El año 2004, Perú fue el anfitrión, y Brasil, menospreciando el torneo, asistió con un equipo alterno, aunque a pesar de eso le alcanzó para derrotar a Argentina en una animada final jugada en el estadio Nacional de Lima.
Por fin llegamos a Venezuela 2007, y hay una pregunta que queda rebotando cual balón que pega en el horizontal del arco: ¿por qué a algunos futbolistas sudamericanos que triunfan en Europa ya no les interesa participar en la Copa América? Porque no es rentable. Es cierto: si eres futbolista profesional, cruzaste el charco, y ya estás jugando en el Viejo Continente, entonces ya no necesitas mostrarte, ¡ya te conocen! Cuando ya eres parte de las grandes ligas europeas, regresar a América a disputar su Copa no sólo es sinónimo de perder plata. Tampoco se puede descansar. ¿Lo dudan? Pregúntenle a dos figuras estelares de Brasil: Kaká (AC Milán) y al mismo Ronaldinho Gaúcho (FC Barcelona), quienes, a libre albedrío –y desaprovechando la oportunidad de resarcirse de la pobre actuación brasilera en el último mundial-, se exoneraron de participar de la Copa América. Pero Dunga, entrenador del pentacampeón, no entiende. Quizá sea porque él es un romántico… de esos que cuando se ponen los colores de su país dejan la piel en la cancha hasta en los partidos amistosos.
Seguramente Kaká y Ronaldinho piensan que el pensamiento de Dunga es obsoleto, por eso no los comprende. "Respeto la decisión de ellos –dijo el director técnico, hace pocos días–, pero eso crea un desgaste innecesario. Tenemos que servir a la selección con orgullo. Dentro de la cancha es preciso mantener el espíritu de aficionado. Al final, (al jugar en la selección) usted está realizando un sueño de niño".
¿Quién tiene la razón, Dunga o los autoexcluidos? No hace falta responder. Sólo puedo añadir humildemente que yo soy un aficionado que, como muchos, siempre soñó jugar por su país.

El tirano del Deporte Rey

El fútbol, al mover cantidades escandalosas de dinero, ha dejado de ser un deporte y ha pasado a convertirse un negocio. Y no sólo ha perdido el romanticismo de antes ("el amor por los colores de la camiseta ", diría un fanático argentino que entiende perfectamente de lo que habla Dunga); sino que también se ha rendido ante su tirano: el poder. "El negocio del fútbol –ha dicho el escritor uruguayo Eduardo Galeano–, como todos los negocios del mundo, está organizado para recompensar a los más fuertes" y marginar a los más débiles. La recompensa se dará si le haces caso al poder, que quiere ser la voz de tu conciencia: " tú te debes al dinero que, mes a mes, te paga tu club, entonces no pierdas dinero jugando por tu selección, mejor descansa y entrégate a tu club: ¡ahí está el dinero!". Por otro lado, la marginación también se hace patente cuando no le interesas al poder: que lo digan los bolivianos que casi se quedan sin poder jugar partidos internacionales en La Paz… La FIFA, cual Dios omnipotente, decide qué es reglamentario y qué es antirreglamentario… todo, por supuesto, en función del dinero.
Y, entonces, ¿por qué la Copa América sigue viva? Porque, por suerte, no todos los grandes futbolistas son súbditos del poder. Un ejemplo: Hernán Crespo, hábil delantero argentino salido de las canteras del River Plate que hoy brilla en el Inter de Milán. Crespo asistió a la Copa América para campeonar, y gracias a su olfato goleador acaba de superar a Maradona en la tabla histórica de goleadores de la selección argentina. Al delantero gaucho, el Poder le pregunta: ¿Por qué juegas este torneo? Y él responde algo a la medida de Dunga: "Porque tengo hambre de gloria, porque jugar por la selección de mi país es lo máximo". Y lo que pasa es que Crespo no responde como jugador: lo hace como hincha. Porque él siente el fútbol tanto o más que los que se parten la garganta alentando en las tribunas. Crespo quiere gloria y la fue a buscar a Venezuela. La Copa América, entonces, sigue siendo sinónimo de gloria para los que, como Dunga y Crespo –quienes justamente estarán en la final-, seguimos creyendo que la pasión por los colores de la camiseta está por encima de todo y de todos.
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(1) El verbo "campeonar" (salir campeón) es un peruanismo futbolero que, luego, traspasó las fronteras. Como anécdota, puedo añadir que he escuchado de la propia voz de mi cuñado, un catalán fanático del F.C. Barcelona, decir que, en España, por primera vez se percataron de la existencia de ese verbo cuando Hugo "El Cholo" Sotil, emocionado y través del teléfono, le informaba a un familiar en el Perú: " ¡te dije que íbamos a campeonar, y hemos campeonado!". Lo dijo el Cholo Sotil... la Real Academia de la Lengua hizo lo demás.

2007/07/09

El iletrado más sapiente del mundo


Dicen por ahí que Riquelme no terminó la secundaria. Se dice, también, que eso vendría a ser una mala imagen para los niños argentinos que lo admiran. ¡Bah!, a mí me preocupa que los niños peruanos no tengan a quién admirar.
Además, todos sabemos que no hace falta ir a la escuela para jugar de esa manera: en su oficio, el diez argentino ya es un sabelotodo, un erudito de la pelota. Lo suyo no se aprende en las aulas ni tampoco en los libros; viene en los genes, Juan Román ya estaba predestinado. Y qué bien le sienta la diez. Hoy más que nunca Maradona puede estar tranquilo (Messi no es el sucesor, el indicado es Román).El partido Perú-Argentina ha terminado hace una hora, pero todavía permanece en mi retina el abrazo entre Riquelme y Tevez. Me conmuevo: esa imagen quedará capturada en mi memoria para siempre, pues es un abrazo de hermanos de sangre que traspasa lo meramente deportivo. Ambos xeneizes, ambos talentosos, y, por último, ambos conscientes de que ponerse la albiceleste es lo mejor que les ha podido pasar en la vida. Abrazo filial que destila pasión, amor y cualquier adjetivo bienhechor que se nos pueda ocurrir.
Lee todo el texto aquí.

2007/07/06

Respuesta de Herbert Morote a Bryce

Desde Madrid, el escritor Herbert Morote, me envía (en realidad, nos envía a todos los que somos lectores y seguidores de su obra) una copia de la carta que ha dirigido a Enrique Zileri, director del semanario Caretas. El autor de Réquiem por Perú, mi patria indica en el inicio del mensaje: “Esta es mi respuesta a la irresponsable acusación que me hace Bryce de haber pagado al director del diario Perú21, Sr. Augusto Álvarez Rodrich, para que complote contra él y que sea responsable de los escándalos causados por sus plagios”.

No hace falta aclarar que todo este desmadre -que ya es cuento largo, por decirlo de alguna manera- se debe a lo expresado por Bryce en la última entrevista que Maribel de Paz le hiciera a el autor de Huerto Cerrado, y que aparece en la última edición de Caretas.

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Madrid, 6 de julio de 2007

Sr. Enrique Zileri Gibson
Director de CARETAS

Estimado Señor Director:

El silencio periodístico que me he impuesto -hasta que Indecopi no resuelva mi denuncia contra Bryce por plagio- me impide hacer comentarios a la entrevista publicada por Caretas el 5 de julio. Sin embargo, hay un punto en ella de tal gravedad que exige que declare públicamente que nunca he conocido, visto, hablado o mantenido correspondencia de ninguna clase con el señor Augusto Álvarez Rodrich, por lo tanto es absurdo e insensato declarar que le haya pagado para que ataque a Bryce, tal como éste dice. Por otro lado, estoy convencido de que el periodismo peruano no necesita dinero para cubrir el escándalo causado por este sujeto. Mis abogados en el Perú están estudiando iniciar una acción penal contra Bryce por difamación. Creo que la ley es la única forma de acabar con la impunidad de los delincuentes y con las declaraciones irresponsables de personas engreídas y deshonestas.

Atentamente.


Herbert Morote
DNI 06500189

2007/07/04

La tentación del fracaso


Somos un pueblo no solo pobre y jodido y maltratado, sino privado hasta de esos júbilos inmateriales que son los júbilos deportivos: Ni pan ni circo (Circo sí, pero en el cual nos comen los leones o el gladiador rival nos despedaza). No creo que las victorias deportivas aplaquen el hambre de un pueblo, pero les proporciona una satisfacción cualitativa, interior, que forma parte de los bienes de la vida” (Ribeyro).
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Empate a dos, pero con sabor a derrota, a desilusión… Desilusión: nuestra vieja compañera de ruta, huésped ilustre de nuestras tardes futboleras.
En frío. Me animo a comentar algo acerca de la selección peruana un día después de la pobre actuación ante el equipo de Edwin “Platini” Sánchez.
Preguntas. Varias. ¿Ahora diremos que el réferi estuvo en contra nuestra y lo utilizaremos como coartada perfecta para ocultar las deficiencias del equipo? ¿Se habrán sentido nuestros vecinos del Alto Perú más ‘peruanos’ que nosotros al ver la inmerecida celebración del flamante delantero del Chelsea? ¿Acaso no les dará rabia a los hinchas bolivianos quedar fuera de la copa por culpa de un árbitro incompetente que le regaló un gol decisivo a Claudio Pizarro?
Lee todo el texto aquí.

2007/06/27

3-0


"Quiero que aplaudan a mis jugadores"
Julio César Uribe
Perú hizo pedazos a Uruguay. Al final fue como dijo Uribe: "Quiero que aplaudan a mis jugadores". Un buen centro de Farfán, un golazo de Mariño y una jugada elegante que culminó Guerrero rompieron el alma y las ilusiones celestes de empezar a marcar un camino de retorno a la gloria. Y terminó siendo pesto, como lo había anunciado su entrenador a Ovación en los primeros días de su estadía en Mérida. "Quiero que aplaudan a mis jugadores", dijo y ganó. Tiene que ser así. (Diario El País de Montevideo)
Toda la Copa América en:

2007/05/30

¿Estamos aquí, o en Jauja?

A País de Jauja, y a todos los jaujinos que habitan en mí.

I

“Todos vuelven a Jauja... menos yo”, solía decir mi papá mientras descansaba alegremente en una de las dos mecedoras gemelas que había en esa desangelada ramada que era, para ambos —aunque más para él—, el bastión del letargo y la añoranza.
Me hablaba siempre, mezclando ansia y deseo, de un paraje, ahora remoto, de invencible belleza, magia y colorido en el que él había crecido: “Allí aprendí todo lo malo, todo lo bueno y todo lo feo... lo agradable y, también, lo insoportable, lo tonto y lo ridículo”.
—¿Tú sabes que fue la primera capital del Perú? —preguntaba dejando rezumar un secreto orgullo que modulaba con discreción su semblante.
—Me lo has repetido tanto que prefiero olvidarlo.
—Es que, en realidad, muy pocos lo saben, hijo; casi nadie. Y los que lo saben lo ignoran, o prefieren olvidarlo, como lo haces tú.
—Estamos en Lima, papá, la única capital. Lima es el Perú. Yo nací aquí, aquí viviremos; y aquí también moriremos: Jauja es tu pasado. ¡Mira para adelante, ahora ésta es nuestra casa!
—Todos vuelven a Jauja... menos yo.
—¿Quiénes son Todos?
—Nadie —respondía sin ganas y cerraba los ojos, como para que nadie, que no sea él, se asome en lo que parecía ser algo estrictamente privado: su tierra y sus recuerdos más nítidos.
¿Quiénes eran Todos? ¿Sus familiares? ¿Sus amigos? No lo sabía, a veces me dejaba llevar por la intriga y, con persistencia, reformulaba la misma pregunta con alguna que otra variante. La respuesta no admitía nuevos esbozos y siempre era terminante (con los ojos cerrados): Nadie.

II

Cuando papá desfallecía, yo estaba poderosamente convencido de que él me pediría una sola cosa: que lo entierren en Jauja. Pero me equivoqué: no fue un, sino dos pedidos; y fueron más simples de lo que yo vaticinaba:
—Te pido dos cosas, nada más, toma nota si puedes, porque tú y tu madre no tienen buena memoria.
—Te escucho atento, papá.
—Quiero una estampita de la Mamanchic Rosario.
—¿De quién? —pregunté azuzado por mi ignorancia.
—¡Mamanchic Rosario! La patrona de Jauja —levantó la voz y, por un instante, pareció recuperarse—. Me la pones en el bolsillo de mi camisa, mirando hacia el cielo... hacia la eternidad...
—¿Qué más, papá? —le preguntaba tomando una de sus temblorosas manos y tratando de contener el llanto—. Pide lo que quieras.
—Quiero huaynos en el sepelio. Tu madre sabe cuáles son los que me gustan. Es todo: siempre fui un hombre simple y déjame decirlo con vanidad.
—Si quieres nos vamos mañana mismo para Jauja, tal vez ahí te recuperas. No conozco tu tierra. Vamos, papá, ¡quiero conocer Jauja!
—No, hijo, a ti nunca te interesó mi Jauja... y quizá estuvo bien. Moriré en Lima y así debe ser: todos vuelven a Jauja... menos yo.

III

Dicen que nuestros padres muertos viven en nosotros y que, igualmente, nosotros, al morir, viviremos en nuestros hijos. Debe ser cierto, porque desde que murió mi padre siento como, no sé, una especie de nostalgia de Jauja. Ahora tengo una voluminosa colección de huaynos jaujinos que iluminan mis tardes dominicales (el primer par de discos lo compré para el sepelio de mi padre, tal como él me lo encargó), me enamoré del picante de cuy y del ajiaco de papa. He decorado mi cuarto con una enorme foto de la Plaza de Armas de Jauja que contemplo arrobado al levantarme, y sobre la cabecera de mi cama se erige la imagen de la Mamanchic Rosario.
Eso no es todo: acabo de terminar de leer una hermosa novela. Se llama País de Jauja y, gracias a esta extensa lectura, ahora hago lo que debí hacer hace mucho: viajar a Jauja en busca de mis raíces.
“Ya falta poco”, afirma la señora del asiento delantero y siento que la emoción y la pena se confunden con la altura y me desestabilizan. En menos de una hora llegaré y todo habrá terminado (o, quizá, recién ahora comenzará). Siento como si ya hubiera venido antes, tal vez es papá que está dentro de mí... o tal vez todo esto sea sólo una mentira que trato de sostener como sea para soportar su muerte. No lo sé. Pero ahora ya sé quiénes eran Todos, esos Todos a los que se refería mi viejo:
—Todos vuelven a Jauja... menos yo.
Esos Todos eran sus Recuerdos. Todos volvían a Jauja menos él: porque esa cárcel que era su cuerpo no lo dejaba escapar de esa Lima en la que siempre se sintió un foráneo, un convidado de piedra.
Ahora ya nada le impide volver, porque ese cuerpo —esa prisión— se extinguió para siempre: él ya volvió (y volverá conmigo), él ya está en Jauja (y arribará conmigo).
Papá: estás ausente y, a la vez, presente. Eres nada y, a la vez, todo. Ahora eres eternidad y Jauja el punto de encuentro, el epicentro de tu universo espiritual donde, inagotables, estallan los recuerdos que alimentan tu —mi— alma.
—¿Estamos aquí, o en Jauja? —me pregunta mi mamá al despertar. Me quedo callado. Le acomodo el chal y le alcanzo una revista para entretenerla y, así, evitar una respuesta desafortunada que disipe su perplejidad.

Este relato apareció en Letralia.

2007/04/24

Los peligros del betún


Tengo miedo de embetunar mis zapatos, soy muy torpe como mi padre (a él no lo conozco, pero eso es lo que me repite mi mamá cuando hago algo mal, o sea, casi siempre). Si yo pudiera, desaparecería mis zapatos, porque cada vez que intento lustrarlos, algo malo pasa, y termino con las medias grasientas, manchadas. Y, así trate de ocultárselo, mi madre parece bruja: siempre me descubre. Me da dos cachetadas antes de perseguirme con el chicote. Ahí no acaba todo: cuando regreso de la escuela, me castiga haciendo lavar mis medias y también la ropa de todos... A veces pienso que me gustaría ser como Fabricio, el limpiabotas de la plazuela que hay a media cuadra de mi quinta... sus medias son viejitas, pero son las más limpias del mundo. Además, él no va a la escuela y, lo mejor de todo, tampoco tiene mamá.
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Los peligros del betún apareció en la edición de Abril de La Siega, revista de literatura, arte y cultura.

2007/04/09

SE PROHÍBE ESTAR TRISTE (*)



En el portal literario chileno Letras.s5.com aparecen los comentarios de Erick Tejada acerca de URGENTE: Necesito un retazo de felicidad.

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Hace ya varias décadas, algún audaz poeta adosó una severa advertencia entre las métricas páginas de su obra mayor, padeciendo quizá, aún con optimismo, las agonías del mundo contemporáneo. Aquel –a todas luces– ignorado letrero decía tajantemente: “SE PROHÍBE ESTAR TRISTE”.

Ya entre nosotros, otro aviso, acaso de la misma especie, es el que preside desde la tapa esta colección de cuentos ensamblada por Orlando Mazeyra Guillén; uno que dice: “URGENTE: NECESITO UN RETAZO DE FELICIDAD”. Este llamado impaciente, podría ser tranquilamente, el coro de las multitudes de todos los tiempos, y así, podría ser también el hilo de continuidad de las historias escogidas para esta compilación.

Estas lecturas, que discurren entre lo cotidiano y lo recurrente (la soledad, el cuerpo, el amor, la locura, la muerte, la violencia, lo absurdo, la “primera vez”…), acusan casi siempre un ritmo sereno, tensionado sólo a veces por el contrapunto de una prosa exacta y una trama obscena.

Los profusos discursos introspectivos de personajes y narradores, recrean esa facultad que, según han dicho los sociólogos optimistas, distingue a la modernidad tardía: la reflexividad, esto es, la capacidad de los individuos de posicionarse crítica y reflexivamente frente a las instituciones, frente a las totalidades heredadas de la modernidad. Para los menos complacientes, a los que personalmente me suscribo, se trata simplemente del reino postmoderno de la incertidumbre.

Con todo, en estas historias se ensayan caminos hacia la felicidad que, como ha dicho Alfredo Bryce, “no es más que la condición natural ‘óptima’ de nuestro ser terrenal”. O bien, en su defecto, se testimonia su ausencia. Así, por ejemplo, una puta que se llamará Infancia puede ser un buen pretexto para intentar ser feliz cuando no se es más un infante; mientras que un ojo izquierdo trastornado y vidente, evoca sin filtros visiones tan íntimas y tan ajenas, que resultan graciosamente tormentosas.

Las ficciones de Orlando Mazeyra Guillén, como él mismo sugiere con el epígrafe que toma de Ernesto Sábato, brotan de un mundo defectuoso e imperfecto. La postmodernidad es, pues, un tiempo definido no por lo que es, sino por lo que ha dejado de ser, y donde, como ya se ha dicho, lo único que se da por descontado, es decir, las únicas certezas, son la inseguridad y la incertidumbre.

Así, uno puede encontrarse con una hija con sobrepeso para los cánones estéticos dominantes del occidente, a la que Mazeyra hace balbucear entre sus malestares anímicos el discurso postmoderno del cuerpo como el último reducto de la libertad y de la agencia humana. Nótese la paradoja, subrayada por Zygmunt Bauman, donde la libertad supuestamente conquistada por la humanidad en nuestros días, sólo puede redundar en la angustiante sensación de impotencia para modificar nuestro entorno. Así, la preocupación obsesiva por la gordura, y a fin de cuentas el cuerpo, es, como ha explicado este gran pensador contemporáneo, uno de los últimos recursos de la autonomía individual sobre una de esas parcelas del sufrimiento producidas por la condición postmoderna, a través de la cual se canaliza el terror por la desprotección y la disolución del sentido de comunidad y de lo público. Se trata pues, de la privatización también de los miedos, lo que hace imposible enfrentarlos colectivamente.

De manera tal, que en medio de esta orfandad, y tal como indica Bryce, el amor se convierte en el último refugio del sentimiento de pertenencia de hombres y mujeres; de ahí la extraordinaria importancia que, hoy por hoy, la pasión amorosa reviste. Mazeyra también así lo ha fabulado, y por eso uno de sus personajes “sufre en silencio; canta sintiendo que, por culpa de ella, la soledad está adherida a todo su ser”. Y, cuando en el penúltimo párrafo del cuento, el personaje se deshace irreversiblemente de los que mensajes de la mujer que lo desdeña, por lo que llega a sentirse “victorioso, pero también desolado”, Mazeyra ilustra con sutileza esa trágica secuencia, en donde la aflicción de saberse aislado y de correr a solas con las alegrías y las penas, es el correlato inevitable del éxito individualista, de la individualidad privatizada.

En “Ella siempre está”, el cuarto relato de la colección –si es que uno lee el libro como “rollo chino”, “del principio al final, como niño bueno–, Mazeyra nos sujeta a la lectura con un lenguaje amable, elegante y profundo a la vez. La ceguera temida y aborrecida de una abuela al inicio, deja de serlo cuando quien narra descubre la omnipotencia creativa de sólo cerrar los ojos. La sosegada y pacífica belleza de estos párrafos demanda ser contemplada con el propio sentido, por lo que me limitaré a decir que en el diálogo postrero entre la fallecida y el narrador, en el altísimo suceso del “instante eterno” en que ellos saborearon “la Verdad como nadie nunca antes lo había hecho”, estalla, en opinión de este prescindible comentarista, el momento culminante del primer libro que Mazeyra nos entrega. Lo anacrónico del pasaje –recuérdese que la verdad y lo verdadero son rasgos de un tiempo fenecido– le aporta, inmejorablemente, solemnidad a este estadio cumbre de la prosa de Mazeyra.

“Todo comenzó en la Universidad” es el cuento más extenso de la antología, y es también la pieza que más de sociología incorpora en el discurso literario. En esta narración cadenciosa y proporcionada, escrita con el lenguaje preciso para neutralizar quizá la perversidad de sus tópicos, es posible toparse con la peruanidad que nunca fue más que añicos, retazos inconexos de un proyecto fallido. La obscenidad del racismo es contada con la naturalidad con la que aquí es vivida, y a continuación enerva y apasiona al lector. Mazeyra logra su explícito propósito de llevarnos hasta el final de la historia, dejando en el camino bellezas de catálogos, hijitos de papá, bravatas oligárquicas y regionalismos insulsos en clave de humor negro; el poema “La ciudad de los extremos” es un divertido manifiesto postbelaundista del arequipeñismo menguante. Y para el veloz remate, se precipitan una Barbie cornuda, un negro degollado, un arequipeño sodomita, un inmigrante horrorizado y un antihéroe que al final se queda con la mujer.

Orlando Mazeyra Guillén ha dado cuenta en este libro de una vocación suya irrenunciable, cuya determinación puede percibirse con nitidez en la quinta lectura que aquí nos alcanza: “Escribes”, que es, de pronto, un involuntario manifiesto de su propio temperamento. El autor ha creado, ha vivido y ha hecho vivir con categoría esas “vidas alternas” que atribuye a uno de sus personajes, esas realidades paralelas que desde la literatura, el cine o la música es posible inventar para el consuelo del mundo y el alivio de los mortales. La irrupción creadora de Mazeyra ha dejado ya secuelas memorables, y le toca ahora imponerse a la fugacidad de una época que se empeña en hacer perecible y comercial a la virtud. De la resolución de esta historia estaremos al pendiente.

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(*) Erick Tejada Sánchez es estudiante de la Escuela Profesional de Sociología de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. Fundador de la Revista de Política y Cultura ESPERGESIA. Obtuvo el segundo premio en la Bienal Nacional de Cuento Mario Vargas Llosa 2003 y, también, el Tercer Premio del Concurso Beca BID América Latina 2005.

2007/04/02

Palabras de Oswaldo Reynoso

En el portal Libros Peruanos aparecen algunas de las palabras que pronunció Oswaldo Reynoso, la noche que presentó mi libro de relatos URGENTE: Necesito un retazo de felicidad.

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Mazeyra: Autor de raza
Por Oswaldo Reynoso

La narrativa de Orlando Mazeyra Guillén es muy fresca. "Urgente: necesito un retazo de felicidad" es un libro bien escrito. Aunque hay que aclarar qué significa "escribir bien", porque la gente cree que basta con tener un buen argumento para escribir un cuento; pero no se trata de eso. La literatura es un arte que se hace con palabras, y lo que se le debe exigir a un cuentista es que maneje bien su lenguaje y le dé sentido artístico a sus historias. Si no hay ese sentido artístico, el autor nos puede contar las historias más maravillosas del mundo (con las mejores técnicas narrativas del mundo), pero no es un creador.
En el libro de Mazeyra sí hay belleza: belleza en el uso de la palabra. ¿Y cómo se adquiere esa belleza? Es un misterio que, hasta el momento, ninguna ciencia –ni la psicología ni la sociología ni nadie– ha descubierto. ¿Por qué Picasso comienza a pintar y sus obras tienen ese valor? No se sabe. Y belleza es lo que yo he encontrado en los relatos de este libro.
Hay que recordar que cuando un escritor publica un libro con varios relatos, el lector puede toparse con diversos temas, en donde, por más esfuerzo que se haga, no se encuentra, no se identifica al escritor: es lo que yo llamo "florilegio" (la lectura del relato no nos dice nada en relación con el autor). Ésta no es una propuesta –consciente– del autor, sino, más bien, es el resultado de la concepción que el autor tiene del mundo, de su vida y del arte: lo que da unidad a un libro de cuentos con diferentes temas. Y, ¿cómo podríamos señalar esta concepción del mundo de Orlando Mazeyra? Repito, el autor no es consciente; pero, de pronto, en un relato aparece una frase que le da significado a todo el libro, y dice lo siguiente: "… si me pongo en su lugar, pienso que sería genial estar loco… para no ver la realidad o para verla con otros ojos…" (pág. 26). Este el fundamento del autor: sería genial estar loco para no ver la realidad o para verla con otros ojos. Y, efectivamente, en estos cuentos se ve la realidad (o con locura, o con otros ojos).
Pero, también, hay un relato corto que nos da la clave íntegra de la concepción del autor, de lo que quiere transmitir en este conjunto de historias, pues una lectura un poco ligera puede dar la impresión de que él toma diferentes temas. Pero, en el fondo, todo buen autor, toma temas centrales (con diferentes personajes y con diferentes situaciones). Ese otro relato que nos da la clave de lo que el autor nos quiere decir a través de todas las historias se llama "La Talega", y dice:


"Ese anciano de mirada perdida siempre camina arrastrando una pesada talega color cereza. Los cuentistas del vecindario dicen que adentro lleva tres enormes espejos. Dos de ellos ya están rotos: el primero lo rompió cuando descubrió su primera arruga; y el segundo fue a parar al suelo cuando contempló su primera cana. El tercer espejo sigue intacto… algunos arguyen que su avanzada ceguera le impide dar cuenta del último espejo. Yo creo que se romperá cuando el viejo esté cara a cara con la Muerte" (pág. 57)

"La Talega" es un hermoso y muy profundo relato corto, en el cual se sintetiza la intención artística de Orlando Mazeyra; intención que los lectores podrán encontrar al leer los otros relatos. Y, porque, además, hay historias que a uno, efectivamente, lo dejan en suspenso: son relatos abiertos (en donde el uno puede encontrar diferentes finales). No todos los cuentos de este libro tienen un argumento cerrado, sino que la historia se abre y es un estímulo para la imaginación del lector.
En este libro hay historias con algunos elementos absurdos –aparentemente absurdos– que le dan sentido a una vida; como en el caso específico del último relato, que es el que le da título al libro: "Urgente: necesito un retazo de felicidad". Cuando se lee ese relato, se siente, al final, una gran conmoción; que es precisamente lo que logra un autor de raza cuando se introduce en esta aventura de la escritura.

Oswaldo Reynoso
Lima, 8 de marzo de 2007

2007/03/21

El huésped



Llegó con una ruma de libros en los brazos. Me dijo que sólo se quedaría por unos cuantos días y que no se lo dijera a nadie. Pero ya lleva varios meses en casa. Es alto, muy alto. Mirada serena y barba tupida. Le gusta leer y escribir por las mañanas, escucha jazz por las tardes, y contempla a mi gata por las noches (en realidad, conversa con ella; es más: juraría que la enamora). Ayer me habló con dilección de una tal Maga y me contó una esplendente historia acerca de una Casa Tomada: "De ahí me vengo", me dijo con un relente de resignación, y me dio las buenas noches entregándome un libro con la indicación de que lo empezara a leer de inmediato. No le hice caso. Y ahora no puedo dormir: esa historia me ha trastocado.
Pensándolo bien, desde que llegó, él no ha hecho más que embadurnar mi vida de irrealidad e ilusionismo.
¿Cuándo se irá? ¿Habrá tomado mi casa?
La lámpara de mi mesa de noche alumbra la portada del libro.

Ya sé. Sólo me queda abrir el libro, perderme en las páginas y confundirme con los personajes que encuentre... sólo así podré escapar de esta ansiedad y de este huésped... de este visitante que quizá se vaya de mi casa; pero que, para bien o para mal, ya es parte de mi vida.

2007/03/13

“Creo que es el temor a la muerte lo que, de manera determinante, me ha lanzado a la escritura”


He colocado en la bitácora de mi libro URGENTE: Necesito un retazo de felicidad la entrevista que me hiciera el escritor Gabriel Ruiz-Ortega a propósito de la aparición de mi libro de relatos en la ciudad de Lima.

Acá un fragmento:


(...) La Muerte es, si no el que más, uno de los temas que más me persigue. En el cuento "Ella siempre está", por ejemplo, el título habla de la Muerte y su de su presencia permanente en mi vida. La Muerte es, también, el tema central de uno de los microrrelatos del libro: "La Talega".Creo que es el temor a la muerte lo que, de manera determinante, me ha lanzado a la escritura. Yo, al igual que el maestro Onetti, cuando era todavía un muchacho tuve un descubrimiento terrible; descubrí que todas las personas que yo quería iban a morirse algún día, de esa impresión no me he repuesto todavía. Por suerte, ahora puedo abrir el primer ejemplar de mi libro, que salió hace pocos días de la imprenta, y en esas páginas encuentro -más que frases elaboradas o historias memorables- una victoria simbólica: mi revancha ante la muerte... mi primera revancha, porque, sin duda, vendrán más. Puedo morirme mañana pero quedarán mis historias, invictas, esperando a un lector que talvez no llegue... pero si llega le habré ganado otra vez a la muerte. Lo que trato de decir es algo que ya dijo en alguna ocasión Reinaldo Arenas: la muerte siempre ha estado muy cerca de mí; ha sido siempre para mí una compañera tan fiel, que a veces lamento morirme solamente porque entonces talvez la muerte me abandone para siempre.

Lee toda la entrevista aquí.
En la foto: Juan Carlos Onetti, un cigarrillo y un libro, ¿para qué más?

2007/03/07

Invitación


Bizarro Ediciones se complace en inaugurar la colección de Narrativa de su sello editorial invitándolos a la presentación de URGENTE: Necesito un retazo de felicidad, primer libro de cuentos de Orlando Mazeyra Guillén. La presentación estará a cargo de los escritores Oswaldo Reynoso, Javier Arévalo y Max Palacios, editor de Bizarro Ediciones.
Fecha: Jueves 08 de marzo de 2007.
Hora: 7:00 P.M.
Lugar: JAZZ ZONE Av. La Paz 656 Pasaje El Suche MIRAFLORES (altura de la cuadra 4 de Alcanfores)
INGRESO LIBRE

2007/02/12

Literatura al Margen


Hoy, con una pifia en el nombre de la editorial, la Agencia peruana de noticias y la sección cultural del diario El Peruano dan cuenta de la aparición de Bizarro Ediciones. Acá, un fragmento de la nota:


Literatura al margen
Nueva editorial Bizarro Ediciones difundirá estética underground

Un nuevo sello editorial irrumpe en la escena cultural peruana. Se trata de Bizarro Ediciones y es dirigido por el narrador chiclayano Max Palacios. Esta casa editora nace, señala su fundador, con la intención de difundir la obra de escritores jóvenes que aborden temáticas marginales y underground.

Primeros lanzamientos serán de autores debutantes y jóvenes
El primero que circula en edición no venal es la maqueta de poesía de M. Samanez titulada Eskizos. Los otros dos son la selección de cuentos URGENTE: Necesito un retazo de felicidad, del arequipeño Orlando Mazeyra Guillén, y el libro experimental de poesía visual Recortes de la memoria. El libro de la sombra, obra conjunta de José Antonio Galloso y “Pescador”.
Max Palacios confiesa que su aspiración es que su sello cumpla un papel promotor, similar a la editorial Santo Oficio en la década de 1990. Señala como referentes de la estética que busca a los españoles Ray Loriga y al primer Juan Manuel de Prada, agregando que lo suyo va por lo vivencial, pues “lo metaliterario no va conmigo”.

En la foto: portada de mi primer libro de relatos.

2007/02/01

Postal del errante


Eric me anima, arengando a todo pulmón: lo vamos a lograr, ¡no mires hacia atrás! En mi mente el rostro de Irina se congela, rogando: por el amor de Dios, ¡no te vayas!, quédate conmigo. Siento latidos, espasmos que no provienen de mi corazón: es el mar, tiene vida y me advierte algo que mi desasosiego no logra descifrar. Eric se persigna mirando al cielo. La balsa se mece con una rara armonía y yo sigo con un pánico atroz, sin saber por qué tengo que huir a escondidas de mi única patria.

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Ésta es una de las tres microhistorias que acaban de aparecer en la Biblioteca Cervantes Virtual. Para leerlas pueden hacer clic aquí.

2007/01/22

Hermano Cerdo #11


Acaba de aparecer la primera entrega del 2007 de la Revista Literaria mexicana HermanoCerdo. Hay un texto mío, los que quieran ir al sumario, pueden hacer clic aquí.

2007/01/17

¿Pena de muerte, señor presidente? (*)

¿Pena de muerte, señor presidente? No. Y, no se haga el sueco, porque usted lo sabe: ésta no es sino otra muestra más de su consabida gimnasia actoral, de su pirotecnia populista, de su ilusionismo galopante.
Le ha sentado mal la amnistía colectiva, y a nosotros, los estafados, nos quedan poco más de cuatro año de cólicos recurrentes: esos que llevan su semblante de embustero redomado. Basta de cuentos, por favor. ¿Acaso Federico Danton fue vacunado contra la rubéola? ¿Acaso desapareció el carné del partido y se convocaron a los mejores? ¿Fue el examen a los profesores otra de las elucubraciones itinerantes de los compañeros para lucrar y amañar resultados?
Si en verdad usted cree en la pena de muerte, entonces que los malos mandatarios sean los encargados de probar el filo de las guillotinas. Nos hicieron cholitos otra vez, ésa es la única pena posible. La embriagadora pena que nos horada y nos acusa como pueblo que no se cansa de autoflagelarse. Para esta pena no hay vacuna ni cura… lo saben usted, Fujimori y todos los que exigen una nueva oportunidad para volver a equivocarse a costa nuestra.
(*)Texto editado en la sección Cartas de los lectores del diario La República (17/01/2007):

2007/01/04

La Revista AXOLOTL

Con un nombre sacado del venero cortazariano, la revista AXOLOTL de Argentina ofrece narrativa, poesía e imagen. También convoca al II Certamen Axolotl en los géneros de Cuento y Poesía. En la primera versión de dicho certamen 3:15 p.m. obtuvo una de las menciones.

2006/11/09

VOLVER

Me vas a hacer llorar, y los fantasmas no lloran...
Carmen Maura en Volver


Pues yo no soy un fantasma y puedo Volver a llorar y emocionarme como el que más con última película del ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Artes. El tango que le da nombre a película –que muchos lo habrán escuchado de labios de Gardel– es, para mí, el detonante de la historia (o uno de los detonantes, como en el caso de la canción, en vivo, de Caetano Veloso en HABLE CON ELLA).
¡Volver a Almodóvar siempre será una experiencia fascinante!

2006/11/03

¿Aguantaré, doña Anselma?

"Doña Anselma era una vieja frutera serrana que, desde que llegué a parar aquí injustamente, había profesado un inexplicable cariño por mí..."

Léelo todo haciendo clic aquí.

2006/10/18

HermanoCerdo # 8

He publicado, en la octava entrega de HermanoCerdo, el relato Mi primera flaca.


Nadie pensó que HermanoCerdo llegaría al número ocho; tampoco nadie pensó que Rocky tendría una secuela número seis; mucho menos era de imaginarse que un coreano sería el Secretario General de la Organización de la Naciones Unidas (o miembro de nuestro consejo honorario). ¿Qué sigue? ¿Un Papa polaco? Últimamente los coreanos han dado mucho de qué hablar, y además, Philip Roth no ganó el premio Nobel de literatura. En HermanoCerdo, México, decimos: hay algo en Suecia que huele a podrido. Este número de HermanoCerdo se publica bajo protesta.
Nos sentimos muy orgullosos de este número ocho, y para demostrarlo hemos tenido encuentros sexuales con extraños en los ascensores. Tenemos un par de historias inéditas: "Viva la Tropicana" de Leonard Michaels, un maestro desconocido en Hispanoamérica, y "Eeldrop y Appleplex"; aparentemente el único texto de ficción escrito por T.S. Eliot y hasta hora inédito en español. A pesar de que es un número de lujo, tuvimos que prescindir del maestro Javier G.Cozzolino, escritor argento, pues no pudimos reunir los 500 dólares que nos exigía a cambio de una entrega más. HermanoCerdo está en quiebra.
Incluimos una crónica de Abril Olmos Loya sobre el Chicago de Saul Bellow: un recorrido por los bajos fondos puertorriqueños, salsa y estadísticas de bateo. También ficción de Eduardo Varas, J.S.de Monfort, Orlando Mazeyra, José Luis Justes Amador, viejo sabio. Nuestra sección en portugués dirigida por Edgardo Dieleke presenta "Contradança" de Paloma Vidal.
HermanoCerdo Internacional también estrena página donde pueden descargarse el número actual y los anteriores, artículos e historias selectas, así como las biografías de los miembros de la conspiración porcina.
Los editores

2006/09/21

La muerte siempre está

La muerte es, para mí, una de esas obsesiones tenaces que sabes que, hagas lo que hagas (y como Reyna a Maradona en 1985), siempre van a estar soplando tu nuca. Y, en cierto sentido, estoy agradecido por eso. Sólo quien valora la vida tiene miedo de morir.

No sé cómo hacerlo -talvez este relato sirva en algo-, pero hay muchas cosas que tengo que agradecerle a la vida, y, a su vez, tengo muchas cosas que agradecerle a la muerte (a mis pequeñas muertes personales y a las grandes muertes ajenas). Vida y muerte: de ambas aprendo… y a ambas estoy atado desde que nací (¿y hasta que me muera?).

Intuyo, como en el relato que es motivo de este post, que la muerte nunca es buena: es fría y oscura, es invierno eterno que entumece músculos y es, también, aura ponzoñosa que, en realidad, nos mata a todos. De a poquitos o de a pocazos, pero nos mata a todos. Porque la muerte de tu padre te mata un tanto, la muerte de tu abuela te agota otro poco y así sucesivamente… hasta que la muerte grande –la definitiva– disuelve a las pequeñas… para morir con ellas.
¿Hay que temerle a la muerte? Desde luego. Hay que temerle amando a su contracara -la vida, la que nos permite ser conscientes de nuestra finitud-; hay que temerle con un temor que, en el fondo, abrigue una esperanza. La esperanza de que también ella sea buena como esa suerte de sediciosa ingravidez que desvanece los sentidos... tan buena como esa sensación que me empujó a escribir LA MUERTE SIEMPRE ESTÁ, relato dedicado a María Jesús, mi abuela.
Lee el relato haciendo clic aquí.

2006/09/15

SE ARRIENDA: Bienvenidos a la cordura

El pasado es un país extranjero.
Allí hacen las cosas de otro modo

L.P. Hartley




Luego de saborear como el que más la victoria de Coronel Bolognesi sobre el Colo Colo de Chile (por la Copa Sudamericana, en el estadio Jorge Basadre de Tacna), decidí conseguir el primer largometraje del escritor chileno Alberto Fuguet. Antes ya había visto –más de cinco veces, solo y acompañado– Tinta roja (dirigida por Pancho Lombardi, tacneño hincha del ‘Bolo’) y leído la novela en cuestión.

No he visto película latinoamericana que esté en tanta consonancia con Escribes.

Gastón Fernández no quiere ser escritor. Es compositor: un artista que, soñando y soñando, se quedó en sueños (ensueños). El personaje es el típico joven clasemediero con debilidades artísticas, quien, en primera instancia, recibe el apoyo familiar (paterno, para ser específicos). Un apoyo que con el tiempo se va desgastando porque Gastón no produce, y para pertenecer al sistema hay que producir (dinero, obviamente, otra cosa no sirve… como no sirve lo que no tiene precio, lo que no puede arrendarse o subastarse).
El problema es que Gastón se ha hecho viejo, quizá sin darse cuenta. Lo peor de todo es que no hay el menor asomo de coherencia entre su vanidad y su realidad (y no es bueno “pasarse la realidad por la raja”, como dijeron sus camaradas, aquellos que supieron ingresar al sistema en el momento correcto… porque no se puede vivir “haciendo poemitas o vendiendo artesanías”).

La repelencia es recíproca: de él hacia el Sistema y del Sistema hacia a él. Pero todo tiene un tiempo límite. Es hora de insertarse, de pedir disculpas agachando la cabeza, de acceder a él.
Ya no podía ser siendo el inútil de la familia y su padre le dio el empujón necesario. Gastón entró al negocio familiar (arriendos, una inmobiliaria que pertenece a su progenitor). Empezó a arrendar casas, habitaciones, departamentos… y, sin darse cuenta, empezó, también, a arrendar su esencia, sus convicciones e ideales.
Para sentirnos menos mal, o para adormecer al abogio con coartadas eficaces, hay que buscar a alguien que esté peor que nosotros. Escapar -gracias a otros- de nosotros mismos y de la puntillosa retrospección es un medida estimable. Eso hizo Gastón. Arrendó su insatisfacción. El pretexto perfecto: una confesión de uno de sus clientes que tuvo un padre desquiciado que casi lo mata a punta de balazos.
Gastón descubrió que tenía un buen padre y quiso empezar de cero. ¿Arrendando? Talvez.
La batalla, en este caso, la ganó la cordura, pues, como dice Hildebrandt, “La cordura gana casi siempre por unanimidad. Consiste en un adiestramiento del olvido. O sea, debes olvidar que el mundo podría cambiar, que no fue siempre este hervor de hormigas adictas a las figuritas. Debes olvidar tu cólera e integrarte. Y por último, debes olvidar que has olvidado.”
Gastón Fernández debe empezar por olvidarse de su pasado… ese país extranjero que lo acusa, lo seduce y también lo ensalza; porque está impregnado de ese odio afectuoso que nadie podrá arrendar.

2006/09/04

Travesuras de la niña mala



La reseña que hizo Johnny Zeballos acerca de la última novela de Mario Vargas Llosa, la leí en El Hablador hace una semana y, hasta hoy -que acabo de leer el blog de Gustavo Faverón-, me estuvo dando vueltas por la cabeza. Para liberarnos de algo, a veces no nos queda otra cosa que escribir... una buena oportunidad para volver a postear.
Luego de leer los más de diez extensos párrafos, me sentí decepcionado y hasta quizá estafado (porque no encontré nada de lo que mi lectura personal me dejó; seguramente yo estaba pidiendo demasiado y hacía mal en desestimar una crítica por el simple hecho de no estar en sintonía con, digamos, mi ‘reseña privada’).
A mitad de la reseña me topé con algunas afirmaciones (“en Travesuras de la niña mala, el notable escritor parece rivalizar con Alfredo Bryce Echenique”) que me llevaron a preguntarme si acaso el autor de la misma había leído cabalmente la novela de Vargas Llosa. Me pareció que no. En todo caso, la había leído mal.

Si Zeballos, en primer lugar, hubiera prescindido del autor, su crítica sería distinta a la resultante, que miente, Pero miente mal, porque aborda cualquier novela menos Travesuras de la niña mala.
Soy realista, en mis novelas trato siempre de mentir con conocimiento de causa”, dice el narrador –alter ego de MVLL- de Historia de Mayta. Y creo que eso lo podría suscribir cualquier buen crítico o reseñista, porque la crítica, si es audaz y atrevida (y más allá de su rigor y academicismo), también miente, porque da una visión singular, sesgada, única; en donde también están inmersos los prejuicios, las aversiones, las fobias, pasiones y desencantos del crítico.
La crítica puede ser valiosísima para adentrarse en el mundo y las maneras de un autor, y, a veces, un ensayo crítico constituye en sí mismo una obra de creación. Ni más ni menos que una gran novela o un gran poema”, nos dice MVLL en Cartas a un joven novelista.

Quizá pido mucho y, a su vez, confundo la reseña con la crítica erudita. En realidad, no pido nada: exijo que un reseñista mienta –está en su pleno derecho– con conocimiento de causa. Hablo de argumentos certeros e inferencias edificantes, y no de píldoras para el bostezo y la repulsa.
Yo no soy un crítico, ni cuento con las armas para serlo, pero, a mi manera y para vindicar un libro que he disfrutado de principio a fin, puedo decir que en Travesuras de la niña mala, Vargas Llosa se sirve de una historia de amor para explorar la naturaleza de la ficción y para dar cuenta, subrepticiamente, de sus razones e inseguridades literarias (hablo de lo que lo ha llevado a dedicar toda una vida a la invención de historias): “vivir en esa ficción le daba razones para sentirse más segura, menos amenazada, que vivir en la verdad. Para todo el mundo es más difícil vivir en la verdad que en la mentira (…) todos quienes viven buena parte de su vida encerrados en fantasías que construyen para abolir la vida verdadera, saben y no saben lo que están haciendo”.
Esta novela, más allá de dejarme un testimonio ondulante acerca de la peripatética e insufrible aventura amorosa de Ricardo Somocurcio con su niña mala, me permite comprender que toda una vida no basta para develar de dónde nace, por qué lo hace, y hacia dónde va la voluntad de crear; me da, también, nuevas señas para reinterpretar o mirar de otra manera, libros como El pez en el agua; para entender que apuestas desbocadas por la trashumancia y el cosmopolitismo hacen de los apátridas a rajatabla una especie de seres etéreos, porque están y no están, pues ya no pertenecen a ningún lado: “allá [en Europa] , he terminado por convertirme en un ser sin raíces, en un fantasma. Nunca seré un francés [o un español], aunque tenga un pasaporte que diga que lo soy. Allá seré siempre un métèque. Y he dejado de ser peruano, porque aquí [en Lima] me siento todavía más extranjero que en París”.
Ricardo Somocurcio es, como el autor de la novela, más que un individuo libre, un alma sensible. Envidio mucho esa sensibilidad que muchas veces nos hace falta para poder comprender o reseñar una novela. A veces contamos con muchas armas, pero no con el calibre imprescindible.

2006/08/12

La talega




Ese anciano de mirada perdida siempre camina arrastrando una pesada talega color cereza. Los cuentistas del vecindario dicen que adentro lleva tres enormes espejos. Dos de ellos ya están rotos: el primero lo rompió cuando descubrió su primera arruga; y el segundo fue a parar al suelo cuando contempló su primera cana. El tercer espejo sigue intacto… algunos arguyen que su avanzada ceguera le impide dar cuenta del último espejo. Yo creo que se romperá cuando el viejo esté cara a cara con la Muerte.
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Este microrrelato también lo publiqué en Gambito de peón del escritor Ricardo Sumalavia.
© Orlando Mazeyra Guillén, 2006.