Saturday, February 18, 2012

Una historia mía en Hildebrandt en sus trece


En la edición de esta semana (17 de febrero), en Hildebrandt en sus trece, aparece una historia mía. Espero que les guste, a mí me dolió escribirla.

Monday, February 13, 2012

El amor por los libros no se enseña, se contagia

Martín Zúñiga nos habla de su pasión por la lectura y, entre otras cosas, nos cuenta que él escribe para aprender. La literatura lo ayudó a comunicarse con el mundo. ¿Son los libros de Bayly y Coelho literatura liviana?

Por Orlando Mazeyra Guillén

Martín Zúñiga Chávez (Cusco, 1983) me dice que la literatura es una cuestión de élites y mi réplica se ampara en la convicción de que hay que combatir eso. Lo cierto es que él, como escritor y gestor cultural (actualmente dicta un taller en la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa), sabe de lo que habla: «Un amigo mío, Álvaro Lasso, me decía que jamás va a llegar un día, hagas lo que hagas, que la sociedad voltee a poner los ojos sobre la literatura. Eso no va a pasar jamás de los jamases. Aunque, claro, se puede intentar, hacer la lucha, ¡hazlo! Ganarás algunos premios, te van a reconocer por fomentar la cultura, como a Javier Arévalo que le dan sus becas o como a Jorge Eslava, pero la literatura –el arte en general– se filtra por los pequeños resquicios de la sociedad, es decir, apenas hay algunos espacios».

–¿Entonces lo único que nos queda es aprovechar al máximo todos los resquicios?

–Claro, por eso me gusta trabajar con niños porque la idea es que a los niños les agrade leer cuando recién están comenzando, porque después la cosa es más complicada.

A propósito de fomentar la lectura, le comento que hay gente que piensa que si los jóvenes van a leer a Paulo Coelho o a Jaime Bayly entonces es preferible que no lean nada.

–¡Yo prefiero que lean! –me dice convencido–. Pienso que la gente que critica a Bayly es porque lo ha leído superficialmente.

–¡Pero lo han leído!

–Claro, tú lees a Bayly y te das cuenta de que, como decía Bolaño, tiene un oído fenomenal. En Los últimos días de La Prensa se habla de un periódico decadente y, luego, te pasa a un mundo nocturno de los jóvenes en las discotecas de Lima, La noche es virgen. ¡Te recrea a Lima a través de la oralidad! Pero si me dicen que no hay que leerlo porque es banal, me parece que no han sabido leerlo. Coelho puede ser tan entretenido, tan fácil de leer, que me hace recordar a John Irving que decía que es más fácil escribir difícil que escribir fácil.

–¿Cómo te gusta que te llamen? ¿Poeta o escritor?

Soy escritor porque en realidad he tenido, como diría Cortázar, la evolución natural: escribo poesía, he pasado al cuento, ahora estoy tocando un poco el ensayo. Pienso que en realidad el título de poeta te lo empieza a poner la gente que tiene contacto con tu obra.

Me entero de que algunos de sus amigos le recomiendan que no se dedique mucho a la gestión cultural. ¿Por qué? «Porque es como invertir tiempo en una obra que no te beneficia directamente a ti. Aunque eso es lo que menos me importa, pues a mí me interesa que al menos, acá en la ciudad, haya espacios, eventos, talleres como el que estoy dictando en la Biblioteca Regional, me interesa que haya más gente involucrada en esto, encontrar nuevos talentos…»

¿A qué edad te das cuenta de que querías ser escritor?

Esto yo lo tomé en serio a los quince o dieciséis años, más o menos. No escribía mucho, pues lo que hacía era leer. Y yo, en realidad, tengo un sueño: ya no escribir, sino dedicarme exclusivamente a leer. Y vivir solamente de leer.

¿Algún libro que recuerdes en especial de esa época en que te iniciaste en la lectura?

Del amor y otros demonios de García Márquez. Mi papá me lo compró debido a que me veía que leía mucho. Y recuerdo otro que me compré yo mismo, la famosa Antología de la literatura fantástica hecha por Bioy Casares y Borges, es un libro que hasta ahora lo tengo ahí. El amor por los libros no se enseña, el amor por los libros se contagia. A veces los padres de familia dicen que no tienen tiempo, pero yo creo que sí te puedes hacer un tiempo, siempre y cuando tengas ese amor por la lectura.

¿Qué buscas con tu escritura?

Escribo para aprender. Escribo porque hay algo que no conozco y entonces quiero conocerlo, quiero saber qué es lo que sucede con eso. Y las palabras nunca te llegan a decir las cosas como realmente son. Hay un abismo entre lo que uno dice y lo que en realidad quiere decir.

¿Qué piensas de la literatura entendida como un ajuste de cuentas?

Es una parte pequeña de lo que es la literatura. Es decir, puedes empezar a escribir a partir de eso, pero no es sólo eso. Te pongo ejemplo lo que le pasó a Dostoievski, su hermano era alcohólico y se había muerto y él quería escribir acerca de esto. Y al final escribe Crimen y castigo, que no habla de esto, sino de tantas cosas que él ni se imaginaba que podía abordar. Cualquier material que tú utilices –la belleza, el primer amor, la muerte de un ser querido– te servirá como punto de partida.

Martín cuenta que él, allá en Cusco, cuando estudiaba en un colegio católico, era muy bueno en matemáticas e incluso ganó un concurso de química. Sin embargo era muy malo comunicándose con las personas, sus amigos tenían tres o cuatro enamoradas y, en cambio, él ninguna: «Y la literatura me ayudó a comunicarme con el mundo». ¿Por qué eligió venir a estudiar literatura a Arequipa y no a Lima? Ensaya muchas respuestas, aunque hay una que me parece la más certera: «Porque sentí que en Lima iba a ser un poeta perdido».

–¿Qué es lo más grato e ingrato de tu paso por la Escuela de Literatura de la Unsa?

–Lo mejor son los amigos que he conocido. Quizá lo peor son las deficiencias educativas que hay en una universidad nacional, sobre todo si hablamos de una Escuela tan dejada de lado, pues Literatura en la Unsa vendría a ser la rueda que está después de la última rueda del coche y esto a pesar del empeño que ponen muchos profesores, porque sí hay pasión por la literatura.

–¿Uno participa en premios para ratificar que es bueno escribiendo?

–Fue mi papá quien me dijo: ¡pruébate para ver si eres bueno para eso!

–¿Para poner a prueba tu talento?

–El talento no se trata de ser el elegido de los dioses, sino de que uno mismo se dé cuenta de para qué cosa es bueno y, así, dedicarse a eso. Hay que aprender y cultivar un talento.

–¿Tienes horarios para escribir?

–Yo soy onettiano, no puedo fijarme horarios. Hay un momento en que sientes que algo te mueve y te impulsa a escribir, es como un monstruo personal que tienes ahí dentro, pero si yo escribiese todos los días de ocho a doce creo que no tendría ningún monstruo…

–¿Qué temas te inquietan?

–Ahora, por ejemplo, me inquieta el poder que tenemos sobre el otro a través de la palabra. Estoy leyendo acerca de esto y de que el lenguaje no fue creado con el fin de comunicarme con el otro, sino con el fin de tener poder sobre el otro. La palabra, de todas las armas que tiene el hombre, es la más sutil y además la más perversa.

–¿Qué escritores peruanos te parecen imprescindibles?

–A parte de nuestro premio Nobel, Reynoso, Loayza, Valdelomar, Oquendo de Amat, Vallejo, Hinostroza, Eielson, Varela, Verástegui…

–¿Cuál es tu escritor favorito?

–Creo que Jorge Luis Borges.

–Si pudieras viajar al pasado, ¿qué pregunta le harías a Borges?

–Por qué le gustaba tanto el café con leche. Él decía que había cosas en el mundo perfectas, combinaciones perfectas, una de ellas era el café con leche.

–¿Qué le falta a Arequipa para tener una mejor movida cultural?

–En Arequipa hay muchos grupos minúsculos de artistas, escritores, músicos, etcétera, que tienen su público, pero hay uno de muchos problemas: todo está alrededor de la Plaza de Armas, en el centro de la ciudad. Hay tareas pendientes: sacar todo del centro de la ciudad e irnos a Ciudad de Dios, Cono Norte o Hunter y, a su vez, crear público interesado en estos lugares y de paso tratar de unir a todos estos grupos de artistas.

Le comento que un amigo común me dijo que Martín tenía la fortuna de no conocer lo que es la depresión. «No me doy tiempo para deprimirme, pero sí me he deprimido alguna vez. Igual me pasa con la felicidad pues, como decía Luis Hernández, nunca he sido totalmente feliz pero al menos he perdido varias veces la felicidad».

–¿El mundo está mal hecho?

–No sé si el mundo es o no es. De repente el mundo es también una ficción. Yo parto de la convicción de que no sé, ¡quiero aprender! Hay muchas cosas en esta vida que no sé y que quiero aprender, por eso escribo.

La charla es tan amena que se nos pasan las horas. Las primeras gotas de lo que más tarde será una lluvia furibunda nos sorprenden con una pregunta de Martín que todavía no tiene respuesta: «¿De qué hablaría una novela que hoy escandalice a la ciudad? Una novela que en la sociedad actual, donde hay tanto libertinaje, produzca escándalo en Lima, Iquitos y Arequipa. En una época tuviste On the road (En el camino) de Jack Kerouac, que provocó un gran escándalo en su aparición, tuviste Madame Bovary de Flaubert, ¿qué tendrías que escribir ahora para generar polémica? ¿Por dónde aguijonear a la gente?». Difícil saberlo –imaginarlo, sin duda, estimula los sentidos–, lo más probable es que el tiempo nos dé una pronta respuesta. Mientras tanto, habrá que seguir leyendo, contagiando ese amor por los libros como sabe hacerlo tan bien Martín Zúñiga.

Publicado en el diario El Pueblo el domingo 12 de febrero de 2012.

Thursday, February 09, 2012

Taller de Escritura Creativa: La textura de los Textos


La Asociación Cultural La Casa de Cartón y la Biblioteca del Centro Cultural Peruano Norteamericano (CCPNA) invitan a los interesados, estudiantes universitarios y público en general, al Taller de Escritura Creativa denominado:

“LA TEXTURA DE LOS TEXTOS”

Creación Literaria y Crónica Periodística

Actividad donde el escritor Orlando Mazeyra Guillén y el periodista Jorge Turpo Rivas (director de la Revista de Crónicas PlumaDGanso) expondrán y compartirán sus conocimientos acerca de la ficción (creación literaria) y la no ficción (crónica periodística).

Evento que se realizará desde el día miércoles 15 de febrero a horas 5:00 p.m. del presente en las instalaciones del Centro Cultural Peruano Norteamericano. No tendrá costo alguno y, además, se otorgarán certificados a los participantes.

Las inscripciones se pueden realizar en las oficinas de la Biblioteca del Centro Cultural Peruano Norteamericano o al siguiente correo electrónico: ciudadanocarlosrivera@hotmail.com.

Para cualquier consulta también pueden escribirme a: mazeyra@gmail.com


Se agrade su difusión

Arequipa, 9 de febrero del 2012


Orlando Mazeyra Guillén (1980)

Escritor y cronista. Ha publicado Urgente: necesito un retazo de felicidad y La prosperidad reclusa. Es colaborador de El Pueblo y revistas literarias virtuales como Ciberayllu, Cervantes Virtual (Alicante), El Hablador (Lima), Letralia (Venezuela), Hermano Cerdo (México), Badosa.com (Barcelona). “Esquizofrénicos, obsesivos, perdedores y desadaptados de toda clase son los personajes que pueblan las prosas y relatos de La prosperidad reclusa, rotundo libro del joven escritor peruano (arequipeño, para más señas) Orlando Mazeyra Guillén. Nacido en 1980, Mazeyra viene ganando premios desde hace varios años gracias a sus relatos enardecidos y precisos, muchos de ellos editados por revistas y publicaciones de universidades de distintos países latinoamericanos. En La prosperidad reclusa hallamos varios de ellos, quizá las mejores narraciones de este escritor, en que las neurosis cotidianas se convierten en el motor de una existencia que lucha por sobreponerse a un destino oscuro, siempre fracasando en el intento. Guiado por un lenguaje que refleja una necesidad urgente de expresión, Mazeyra asoma como una de las mayores promesas de la narrativa local” (El Comercio).

Jorge Turpo Rivas(1978)

Periodista. Estudió Periodismo en la Universidad Católica de Santa María. Trabajó como redactor en los diarios Arequipa al Día, Correo, La República y El Pueblo. Fundó y dirigió durante dos años el semanario Vistaprevia. Ganó dos premios nacionales de periodismo y fue finalista de tres premios a nivel latinoamericano. Dirige la revista PlumaDGanso.


Saturday, February 04, 2012

En el día del Pisco Sour


Una pequeña reflexión en el día del pisco sour. Recuerdo que a Mario Vargas Llosa le preguntaron, en Santiago de Chile, ¿cuál de los dos era mejor: el pisco chileno o el peruano? A lo que el novelista arequipeño respondió: «Ninguno, ¡porque yo detesto el pisco!». ¿Qué esperan para crucificarlo? ¿A él o a Barrabás? Ya sé a quién elegirían… si en 1990 elegimos a Fujimori… y, bueno, mejor no recordarlo, ¿verdad?



Yo formé parte de un ejército loco,
tenía veinte años y el pelo muy corto,
pero, mi amigo, hubo una confusión,
porque para ellos el loco era yo.

Es un juego simple el de ser soldado:
ellos siempre insultan, yo siempre callado.
Descansé muy poco y me puse malo,
las estupideces empiezan temprano.

Los intolerables no entendieron nada,
ellos decían: "Guerra",
yo decía: "no, gracias”.

Amar a la Patria bien nos exigieron,
si ellos son la Patria, yo soy extranjero.
Yo formé parte de un ejército loco,
tenía veinte años y el pelo muy corto,
pero mi amigo hubo una confusión,
porque para ellos el loco era yo.

Se darán cuenta que aquel lugar
era insoportable para alguien normal,
entonces me dije: "basta de quejarme, yo me vuelvo a casa"
y decidí largarme.

Les grité bien fuerte lo que yo creía
acerca de todo lo que ellos hacían.
Evidentemente les cayó muy mal
y así es que me echaron del cuartel general.

Yo formé parte de un ejército loco,
tenía veinte años y el pelo muy corto,
pero, mi amigo, hubo una confusión,
porque para ellos el loco era yo.

Si todos juntos tomamos la idea
que la libertad no es una pelela
se cambiarían todos los papeles,
y estarían vacíos muchos más cuarteles,
porque a usar las armas bien nos enseñaron
y creo que eso es lo delicado,
piénselo un momento, señor general,
porque yo que usted me sentiría muy mal.

Yo formé parte de un ejército loco,
tenía veinte años y el pelo muy corto,
pero, mi amigo, hubo una confusión,
porque para ellos el loco era yo.

¿Te das cuenta, loco? De repente... es así...

Tuesday, January 31, 2012

Melgar, campéon nacional 1981: ¿Acaso nosotros no somos peruanos?

La portada del diario El Pueblo del lunes 01 de febrero de 1982 anuncia la consecución de la hazaña: ¡MELGAR CAMPEÓN!

Hace pocos días el F.B.C. Melgar de Arequipa disputó sin mucha fortuna la Copa Ciudad de Rosario, en Argentina. Debo confesar que me resultaba demasiado extraño escuchar a los relatores de TyC Sports (canal deportivo argentino) decir “Melgar de Perú”. Esto viene a cuento a raíz de que hoy, 31 de enero, de cumplen 30 años de la única estrella que adorna la preciosa camiseta rojinegra: el título nacional de 1981.

En un interesante reportaje que, al parecer, hicieron estudiantes de la UNSA hace algunos años, el periodista Marcio Soto y el gran Genaro Neyra cuentan que el día que los rojinegros disputaron el partido decisivo por el título contra el Sporting Cristal, en Lima (31 de enero de 1982), pasó algo inaudito: las barras de Universitario (que había disputado el partido preliminar y aguardaba por una victoria de los rimenses) y de Sporting Cristal se unieron. De esta manera, el estadio Nacional, atestado de fanáticos limeños, cremas y celestes que coreaban al unísono:

–¡Perú, Perú, Perú!

El equipo rojinegro saltó al campo sintiendo el aliento contra Arequipa, es decir, a favor del Perú (aunque esto a muchos les resulte contradictorio). Seguramente en ningún otro evento deportivo se pudo notar con tanta claridad ese ombliguismo limeño que los hace creerse el Perú entero.

–¿Pero acaso nosotros no somos peruanos? –se preguntaba Neyra y era seguramente la misma pregunta que se hacían futbolistas mistianos y periodistas que fueron testigos de excepción de la jornada más gloriosa del viejo y querido fútbol arequipeño.

Al final el grito de ¡Perú, Perú, Perú! se tuvo aplacar hasta desaparecer para darle derecho de ciudad, en la propia Lima, al de ¡Arequipa, Arequipa, Arequipa! ¿Lo volveremos a hacer?

______

Actualización del 03 de febrero

Ayer, el diario deportivo Líbero hizo eco de esa nota (citando fragmentos de mi texto): Lo que tu viejo no te conto: Cuando la 'U' y Cristal gritaron contra Melgar.

Además un interesante artículo que encontré en Dechalaca.com hace un repaso por todo el torneo que consagró campeón al club arequipeño. Copio acá los párrafos finales: "Los cremas necesitaban ganar y esperar una caída mistiana para forzar un partido extra por el título: cumplieron con lo primero, pues vencieron 3-1 a los huaralinos. Cuando Melgar salió para jugar el encuentro ante los rimenses, los hinchas de la ‘U’ permanecieron en las graderías, alentaron a Cristal y corearon el “¡Perú, Perú!” (...) Pero Melgar estaba preparado para contrarrestar la presión y las mofas: apenas a los 10’, Jorge Ramírez cobró un tiro libre y Genaro Neyra aplicó un furibundo cabezazo que Ramón Quiroga manoteó: el balón se estrelló en el horizontal, quedó picando, y el propio Neyra llegó al rebote; con un zurdazo, hizo vibrar a toda la Ciudad Blanca. Según las crónicas, los hinchas capitalinos se pusieron a cantar el Himno Nacional. No fue la única contrariedad que debieron soportar los mistianos: a los 76’, el árbitro Edison Pérez Núñez expulsó a su arquero, Emilio Campana. El portero suplente, Arnaldo Suclla, tuvo que ingresar por Víctor Gutiérrez: a los 82’ no pudo bloquear un fuerte disparo de Julio César Uribe, que significó el 1-1. Cristal, con todo el estadio a su favor, arremetió contra la portería rojinegra: el árbitro dio cinco minutos de tiempo adicional, que en Arequipa resultaron eternos. Pero el pitazo final finalmente llegó y así terminó de escribirse una de las páginas más importantes en la historia del fútbol peruano. La historia del primer campeón provinciano. La historia del Melgar campeón".



Ante la angustiosa mirada del mundialista Ramón Quiroga, la pelota se introduce en el marco en forma violenta y remece las mallas a los 10 minutos de la primera etapa luego del sensacional partido librado por Melgar contra Cristal. La desesperación de los zagueros cerveceros es, asimismo, evidente. Al unísono, un grito de alegría y triunfo remeció el coloso de José Díaz emergido de la sufrida y nutrida barra mistiana apostada en la tribuna sur del estadio Nacional. Genaro Neyra, autor de la conquista, celebra su conquista a todo pulmón. Corrió por el campo eufórico, desafiante, ante la presencia de miles de capitalinos hostiles (El Pueblo, 01 de enero 1982).



La emoción embarga al crack Benigno Pérez Valverde (mi profesor de educación física en La Salle), cuando dentro del ómnibus que los trasladó del aeropuerto a la ciudad, miles de aficionados y personas de toda condición social, ovacionaron a los jugadores, flamantes campeones nacionales.


La foto realmente no necesita leyenda. Es Arequipa que ayer se volcó a nuestro Plaza Mayor para recibir a su equipo predilecto que trajo consigo el título del ser el mejor del Perú y el pasaje para disputar la Copa Libertadores de América (El Pueblo).

Nota.- Todas las fotografías las tomé del archivo periodístico del diario El Pueblo.

Sunday, January 22, 2012

CUANDO ME FUI, NO ME ALEJÉ: ALADINO VIVE EN AREQUIPA

Pero sé que eres bueno y que algún día encontrarás un corazón a la altura de tu inocencia. Así termina el libro Los Inocentes de Oswaldo Reynoso. El graffiti de la foto es de Lima.

Por Orlando Mazeyra Guillén

Publicado en el diario El Pueblo, 22 de enero de 2012.

El narrador Oswaldo Reynoso Díaz (Arequipa, 1931) es, sin ápice de duda, uno de los clásicos peruanos contemporáneos. Si bien es cierto que, siendo muy joven, emigró a Lima y posteriormente a países como Venezuela y China; el grueso de su obra está ambientado en la capital del Perú, desde aquel notable debut literario con Los Inocentes (1961). Es por este destierro libremente elegido que, en el ámbito local, muchos críticos se muestran reticentes a incluirlo dentro del conjunto de los imprescindibles narradores arequipeños a secas; es decir, de aquellos que, habiendo o no nacido en Arequipa, han encuadrado su obra en la Ciudad Blanca (o, en todo caso, en la región Arequipa).

Veremos que, en el caso del autor de En octubre no hay milagros, nos encontramos ante un artista cuya segunda parte de su fecunda obra —a partir de su retorno al Perú en los inicios de los años noventa— está impregnada de rutilantes evocaciones que refieren a su infancia en Arequipa (vivió en el tradicional barrio de San Lázaro y participó en la revolución de 1950) y, cómo no, a sus fáusticos veranos en el puerto bravo de Mollendo (punto de quiebre en su vida). Haremos especial énfasis en su novela breve En busca de Aladino (1993), hermoso trabajo en donde, con su extraordinario halo poético, intenta volver, en sus propias palabras, a lo que debió de ser la maravilla de su adolescencia en Arequipa, que no es (no fue) otra cosa que la limpia moral de la piel, a contrapelo de una ciudad conservadora que atentaba contra su espíritu tan sensible como libérrimo.

EL ESCAPE DE LA REPRESIÓN EN BUSCA DE UNA FELICIDAD LLAMADA ALADINO

Reynoso confesó en una entrevista que, cuando era adolescente, le urgía escapar de una sociedad tan pacata como la arequipeña. No obstante, y parafraseando a Fito Páez, luego de leer sus tres últimas entregas literarias: Los eunucos inmortales (1995), El goce de la piel (2005) o Las tres estaciones (2006), podría decirse que, cuando se fue, no se alejó: «Realmente, yo de todas maneras quería salir de Arequipa, porque era un lugar demasiado tradicional, machista, represor. Al homosexual se le miraba como a una lacra, como a una persona enferma y, al mismo tiempo, significaba una vergüenza y una carga para la familia. Había algunos homosexuales muy conocidos, que en cierta forma se habían impuesto, porque trabajaban en la Corte y algunos eran profesores universitarios. Pero tenían una vida muy dolorosa. Eran la mofa de la ciudad. El Colegio de La Independencia Americana, cuando celebraba un aniversario, organizaba un desfile de carros alegóricos y representaban a la Corte de Justicia como un nido de maricones. Por otro lado, había una gran represión religiosa. Lima, en ese entonces, se presentaba como una ciudad un poco más abierta, sin tanta opresión, lo que no quiere decir que no la hubiera»[1].

DESIERTO, MAR Y SEXO: ALADINO RONDABA POR AREQUIPA

Luego de una larga estadía en la China pos-maoísta, vuelve al Perú y escribe una nouvelle titulada En busca de Aladino, donde el autor narra su tentativa quimérica de encontrar al mítico personaje de Sheherezada (¿o encontrarse a sí mismo, reinventarse, valiéndose de un personaje ficticio?).

Y, a través de las páginas del libro que traemos a colación, descubrimos que nada educa mejor que la frontera y la distancia. Así, el narrador sucumbe ante la añoranza y se pone cara a cara con sus mejores años —la educación sentimental— en su patria chica: «Ahora, cuando en Beijing escribo este relato después de diez años del viaje a Xinjiang, encuentro en mi libreta de apuntes lo siguiente: “Siempre tuve miedo al desierto y al mar. Desierto, mar y sexo: iguales”. Y es posible que al llegar a Turfán haya sentido el estremecimiento de mi infancia en la campiña de Arequipa: calor seco, verdes campos de cultivo reptando por laderas pedregosas hasta la falda de los volcanes cubiertos de nieve»[2]. La irresistible presencia de Malte, en medio de la arena y el mar mollendino, en las páginas posteriores, pone en relieve ese homo-erotismo tan frecuente en la obra reynosiana: «Das la vuelta y me miras: en tu rostro descubro la inmovilidad completa del tao y el pecado no existe: sólo la límpida moral de la piel y en las playas de Mollendo donde por primera vez vi el mar yo tenía catorce años y era casto por miedo al infierno inculcado en oscuras y abovedadas iglesias de sillar donde ardían grandes cirios como avisos luminosos anunciando los tormentos de Satanás y con el brazo extendido la renuncia a los pecados de la carne y antes la muerte que el sexo como mártires cristianos y ahí en la playa con Malte y otros amigos en la noche marina jugando a tumbarse unos a otros sobre la arena y luego conturbados Malte grita: Ahora, a corrérsela»[3].

EL ATEO SEXUAL COMO PERTURBADOR SOCIAL

El mérito de Reynoso va más allá del mero recuerdo de ambientes (el mar, iglesias, playas, campiña mistiana, plazas, etcétera) o momentos trascendentales en la historia arequipeña, pues cumple la atingencia de Mario Vargas Llosa: ser el eterno aguafiestas. No se trata, desde luego, de una mera especulación el estimar que, de haberse afincado en Arequipa, sería, incluso hoy en día, un réprobo.

Luego de su merecida consagración (en los años sesenta llegaron a acusar a su novela En octubre no hay milagros de hediondez pornográfica; hoy es un libro que se considera imprescindible dentro del Plan Lector Nacional), nos conviene acogerlo, comprenderlo en su real dimensión —una estética que funde la calle, la taberna, quizá hasta el hampa, con la poesía— y abrazarlo a través de una lectura ávida y libre de prejuicios: «Las mismas sociedades que exiliaron y rechazaron al escritor, pueden pensar ahora que conviene asimilarlo, integrarlo, conferirle una especie de estatuto oficial. Es preciso, por eso, recordar a nuestras sociedades lo que les espera. Advertirles que la literatura es fuego, que ella significa inconformismo y rebelión, que la razón del ser del escritor es la protesta, la contradicción y la crítica. Explicarles que no hay término medio: que la sociedad suprime para siempre esa facultad humana que es la creación artística y elimina de una vez por todas a ese perturbador social que es el escritor o admite la literatura en su seno y en ese caso no tiene más remedio que aceptar un perpetuo torrente de agresiones, de ironías, de sátiras, que irán de lo adjetivo a lo esencial, de lo pasajero a lo permanente, del vértice a la base de la pirámide social. Las cosas son así y no hay escapatoria: el escritor ha sido, es y seguirá siendo un descontento»[4]. Oswaldo Reynoso es un escéptico de la fe cristiana, pero un firme prosélito de la moral corporal. Dejó de creer en Dios a partir de su descubrimiento del sexo. Ese momento, diáfano y esplendente, lo hizo un deicida más; un artista comprometido que, en palabras del crítico Gustavo Faverón, es «un autor que parece haber asumido la responsabilidad de recibir él los golpes, estrellarse con las vallas y experimentar los deslices para que otros vengan detrás y encuentren el camino más o menos desbrozado»[5]. Estamos, en conclusión, ante un estilista de la palabra que no sólo nació y vivió dos décadas en Arequipa, sino que asume su misión de perturbador social, de contestatario por antonomasia: un narrador arequipeño cabal cuya obra es el resultado de una Arequipa que lo atribuló, pero, a su vez extraña paradoja, azuzó su desencuentro con el mundo, para regalarnos novelas memorables: «Siempre me he considerado un ateo sexual, porque dejé de creer en Dios después de mi primera masturbación frente al mar. Esta experiencia de inicios de mi adolescencia la he narrado en varias formas en los relatos que he escrito en los últimos años. Mi primaria la hice en un colegio de Hermanos Cristianos de La Salle (…) Recuerdo que había un Hermano que nos hablaba mañana y tarde de los horrores del infierno. Nos hacía poner la mano sobre la llama de una vela y cuando la retirábamos para no quemarnos nos decía: el infierno son millones de millones de velas que arden eternamente y en su puerta hay un gran letrero que dice: por siempre jamás, es decir para toda la eternidad. Luego nos hablaba de los pecados y ponía un especial regusto en describir con detalle los diferentes pecados de la carne que podían acosarnos. Para terminar la función nos hacía levantar la mano derecha al estilo fascista frente al altar mayor para hacer la renuncia a Satanás y a la carne y la entrega de nuestra propia vida si alguna vez pecábamos sobre todo contra la carne. Antes la muerte que el pecado, resonaba nuestra promesa en la oscura y abovedada iglesia de sillar»[6] . En los años cincuenta, Reynoso decidió irse de Arequipa —a la que sólo ha vuelto de visita o para recibir merecidos homenajes—, no obstante, jamás se alejó de la tierra que lo vio nacer. Concluimos que no debió buscar a Aladino en la lejana China, sino empezar por casa, aquélla que siempre sabrá acogerlos, a Aladino y a él: que son uno solo, una portentosa ficción.

REFERENCIAS

[1] Entrevista a Oswaldo Reynoso, Revista Casa de Citas Nº 4, 2007.

[2] Reynoso, Oswaldo, En busca de Aladino, 1993, pp. 13-17.

[3] Reynoso, Oswaldo, En busca de Aladino, 1993, p. 30.

[4] Vargas Llosa, Mario, La literatura es fuego,1967.

[5] Faverón, Gustavo, El amor es un dios materialista. Revista Hueso Húmero Nº 47, 2005.

[6] Entrevista a Oswaldo Reynoso, diario Página 12, Argentina, 2009.

Tuesday, January 10, 2012

Eduardo Rada: las nuevas iglesias son los malls

Eduardo Rada, además de una vasta formación académica, cuenta con cinco colecciones de libros, entre poemas, cuentos y ensayos. Además dirigió la Cátedra Walt Whitman en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano del distrito de Miraflores (Lima), donde tradujo el Canto de mí mismo que fue publicado por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Desde el año 1997 dirige la Cátedra de Estudios Occidentales y Orientales en el Centro Cultural Ricardo Palma donde actualmente enseña a los Clásicos Orientales más importantes de China, India y Japón. El lunes 9 de enero tuve la suerte de conversar con él, sentados en el atrio de la Catedral de Arequipa.



«Cuando estuve estudiando un posgrado en Estados Unidos me di cuenta de la importancia del lenguaje poético, porque es sintético, directo. Sin duda, hay distintas formas de hacer poesía, pero la que a mí me interesa es la poesía transparente, precisa, lo demás, creo, es palabreo. La poesía es esencia. La poesía que sobrevive es la que hace tomar conciencia a la gente. La escritura de poesía no es —como piensa Platón— un goce estético de deshojar margaritas. Es un tomar conciencia para descubrir la verdad (y la mentira), para descubrir cómo nos atropella la sociedad, cómo nos descerebra el sistema, cómo nos enceguece. Lamentablemente la educación tradicional no nos ayuda a tomar conciencia: ¿para qué nos sirve sacar un título o conseguir un cartón?»

—Usted ha incursionado en el periodismo.

He hecho periodismo cultural en radio. Entrevisté a alrededor de quinientos poetas hasta que la dictadura nefasta de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos me sacó del aire por defender la democracia.

Los medios capitalinos y la cultura

«Son medios capitalinos y capitalistas. La prensa escrita, por citar sólo un ejemplo, ha vuelto a la página cultural una prolongación de los chismes del espectáculo y de la superficialidad. Shakira sale en una página completa del periódico más conocido del Perú —El Comercio— y de Poesía en el Parque, que tenemos más de quince años, con las justas sale una línea: los viernes a las siete de la noche».

Poesía en el Parque: una apuesta de larga vigencia

«Es una propuesta que traje de los Estados Unidos con la idea de la poesía masiva, democratizar la poesía, que ésta no sea elitista, que llegue a todos, a los extramuros del mundo, como diría Verástegui. El año 1990, hicimos Poetas por la Paz, contra Sendero Luminoso y contra el MRTA, con jóvenes poetas peruanos de distintas universidades. El año 1992, en la destrucción de Tarata, hicimos Poesía en el Parque de Miraflores como un evento anual, una maratón contra el terrorismo y se mantuvo durante diez años. El año 1996 nació Poesía en el Parque de manera semanal. Entonces esto demuestra que todo pasó y la poesía quedó. Y la poesía es muy actual porque es como el twitter: hay que ir al grano, no hay que palabrear más, ya nos cansamos del palabreo. Entonces la poesía se ha renovado y la gente no se ha enterado… y los poetas tampoco».

¿Qué circunstancias lo han traído a Arequipa?

Todos los años vengo a Arequipa en dos oportunidades. Mis amigos viven en Arequipa, me alojo en la casa de mi mejor amigo. Volver a Arequipa es como retornar al pasado, es como no olvidar nuestras raíces: con la modernidad perdemos a la familia, a las amistades, no tenemos tiempo para nada, ojalá no lo perdamos. ¡No hay que perder las raíces! Lo que vale en el mundo global es ser local, cuanto más local eres, más global puedes llegar a ser porque marcas una diferencia. Arequipa es una tierra maravillosa…

Pero nos estamos limeñizando…

Limeñizando, europeizando, norteamericanizando… y olvidando el valor real que tenemos. Nos estamos globalizando a la mala. Y la globalización se transforma entonces en una despiadada tiranía mediática y tecnológica.

¿Poesía en el Parque en Arequipa?

Habría que tomar el reto de Lima y no ver solamente a Lima como el enemigo, como el monstruo centralista, sino que también copiemos cosas buenas de Lima.

¿Cómo enganchar a la gente? Para algunas personas escuchar poesía es una pérdida de tiempo…

Dicen ellos, pero una pérdida de tiempo es ver una telenovela o un noticiero o escuchar a un político que habla sandeces. La poesía es conciencia colectiva, yo invito al alcalde o al presidente de la región a que hagamos, acá, en la plaza de armas: tres minutos por persona y listo. Nos han hecho pensar que a la gente le interesa un comino la cultura y que la cultura es algo elitista, pero la cultura es lo humano, nace de la vida cotidiana, de alguna manera en este momento estamos haciendo poesía, estamos tomando conciencia de la escritura como medio para despertar a la gente. Pero hay un problema central: la educación que nos hipnotiza. La sociedad es un cáncer y el método para propagar este cáncer es la educación. Con la educación te convierten en un zombie, en un descerebrado. Antes era la religión, pero como ya la religión entró a otro nivel, ahora la educación es el método.

Salimos de las cavernas para entrar en las tabernas

¿Qué religión profesa?

La poesía. Yo me hice poeta, aunque suene a cliché, cuando leí el poema Masa de César Vallejo, porque me enseñó que la poesía es de todos. El poeta tiene un don: la palabra. Y la poesía también tiene que renovarse, tiene que utilizar el power point, tiene que utilizar los videos, las redes sociales, internet, para llegar a la gente. No podemos quedarnos en las cavernas… Salimos de las cavernas para terminar en las tabernas y ése es un problema.

Las nuevas iglesias son los malls

«Hay intereses creados que evitan una auténtica difusión de la cultura: la iglesia y los monopolios, las grandes transnacionales. Ahora, en Arequipa, están orgullosos porque tienen malls gigantescos. Las nuevas iglesias son los malls. Creemos que hay que copiar a los otros para ser iguales a ellos. Nuestro valor supremo, digo yo, es lo que más nos avergüenza, ¿y qué nos avergüenza más? Ser mestizos. ¡Somos mestizos, somos una fusión y eso es la comida peruana que está en boca de todos en el mundo! Algún día estará la cultura peruana en boga y no lo hemos sabido aprovechar a Mario Vargas Llosa en el buen sentido de la palabra».

Reciclando a Ernesto Sabato

«En el año 2001 estuve en Argentina y leí una frase de Ernesto Sabato que me llamó mucho la atención: la vida se vive en borrador. Yo le arreglé el final: la vida se vive en borrador, pero la poesía la pasa en limpio. Ese es el trabajo del poeta: reciclar».

¿Por qué escribe?

—Lo primero que se me viene a la cabeza: para no aburrirme. Segundo: para conocerme. Y tercero: para tener conciencia.

Y uno toma conciencia —o, al menos, intenta hacerlo— cuando conversa con el jovial Eduardo Rada, Doctor en Administración de Negocios Globales en la Universidad Ricardo Palma, Master en Sociología, en Psicología Social y en Literatura Inglesa, además de estudios en Filosofía y Literatura en la Universidad Estatal de New York, quien está, una vez más de paso, por la Ciudad Blanca para no perder contacto con los amigos (y con el añorado pasado): «Como te decía, yo vengo a Arequipa dos veces al año, para recordar lo que no hay que olvidar, para recordar que la modernidad mal entendida es un peligro si es que no somos conscientes, Arequipa todavía está a tiempo, pero, si nos vamos a rodear de malls como antes de iglesias, vamos a ser un “producto de consumo” y nada más… Vengo a Arequipa como para reencontrarme con el pasado y ahora me encuentro con Wong, con Metro, y me sorprende que la gente esté fascinada con esto en vez de estar fascinada con la Plaza de Armas, el convento de Santa Catalina o con la Catedral…»

Uña y mugre

Salvador Arteaga era el mejor amigo de mi padre. Uña y mugre. Luego de compartir las aulas de la facultad de derecho de la Universidad Nacional de San Agustín, trabajaron juntos, desde muy jóvenes, en el estudio de abogados Berciani y, al parecer, éste se había sentido bastante incómodo por aparecer con nombre y apellido en mi última novela
Lee la historia completa acá: Orlando Mazeyra Guillén: Uña y mugre - Badosa.com