2013/03/26

Vargas Llosa según Vargas Llosa

Una entrevista de César Hildebrandt publicada en Caretas hace más  de cuarenta años (1972)

VARGAS LLOSA SEGÚN VARGAS LLOSA
Mira, tengo un borrador terminado (otro magma), sí, un magma que tiene la ventaja sobre  los otros de ser considerablemente más corto (¿cuántos miles de páginas?), no, no, éste no tiene sino trescientas y pico de cuartillas, de tal manera que si ocurre, como ha ocurrido con mis otros libros, que el resultado final sea un recorte bastante grande de ese magma, será una historia bastante corta, para felicidad de muchos. Cada vez me cuesta más trabajo escribir, cada vez me resulta más difícil. Ese primer borrador es el que más trabajo me da, el que me hace sentir más inseguro, el que me produce más angustia, (¿no exageras un poco?), no, no, es muy curioso pero creo que a muchos escritores nos pasa que mientras más escribes no obtienes un mayor dominio del oficio, al contrario, a medida que progresas más en tu trabajo y en tus ambiciones lo que va surgiendo son mayores complejidades y dificultades. Mira, cada libro ha significado respecto del anterior una complejidad creciente (una complejidad proporcional a tu ambición), bueno sí, es posible que sea eso. Yo creo que La Casa Verde es mejor que La Ciudad y los Perros y que Conversación en La Catedral es mejor que La Casa Verde. Conversación en La Catedral me importa más porque es una experiencia más reciente, pero ya me importa menos que Pantaleón y las Visitadoras. Es decir, me siento muchísimo más comprometido con lo que estoy haciendo que con lo que hice. Sin duda que Conversación en La Catedral es mi libro más ambicioso, el que me costó más trabajo. Ahora,  es el libro más logrado, pues eso no lo puedo saber tanto yo sino los lectores o los críticos, (¿cuál es tu sensación frente al lenguaje ahora?), mira es una enorme incertidumbre, una terrible inseguridad, el lenguaje es algo que yo nunca he sentido totalmente sometido, yo envidio a escritores que pueden escribir directamente, sé que por ejemplo Alfredo Bryce puede escribir sus novelas así, eso para mí es totalmente inconcebible , la primera versión de un texto mío es algo realmente impresentable, es un mundo de deficiencias y caos, incluso creo que hasta en un nivel sintáctico, es un poco mi manera de trabajar, desarrollar primero una historia, a galope tendido, para que surja el monstruo. Y la dificultad mayor tiene que ver siempre con el lenguaje, incluso te diría que tiene que ver más con los diálogos que con las descripciones, es cuando yo tengo que hacer hablar a un personaje cuando siento la mayor inseguridad, y es cuando corrijo y rehago más. Y esta novela, Pantaleón y las visitadoras, me cuesta muchísimo trabajo, porque está principalmente centrada sobre las voces de los personajes, es una historia que está más dicha que descrita, hay muchos diálogos plurales, (lasitud, saturación…), bueno, mira, Conversación en La Catedral tiene un lenguaje mucho menos llamativo o espectacular que el de La Casa Verde,  es incluso deliberadamente monocorde, pero eso es bastante premeditado, mi idea era la siguiente: como la historia que cuenta Conversación en La Catedral es esencialmente truculenta, desmesurada, llena de desbordamientos —crímenes, robos, violencia—, entonces, si esa materia tan excesiva era formulada con un lenguaje espectacular, desmelenado, eso hubiera sido totalmente irresistible para un lector, hubiera tenido los vicios de un radioteatro o una telenovela, mi idea era que ya que la historia era explosiva el lenguaje debía cumplir un papel de contrapeso, que debía apaciguar esos excesos y esa violencia, (una opacidad), sí, que fuera antídoto a la desmesura, (aunque hay excesos contados excesivamente, García Márquez), sí, pero él utiliza otros contrapesos, el humor, por ejemplo, que es disolvente, (La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada: juego, pirotecnia, ¿tú qué piensas?), mira, yo creo que el problema principal que tiene ese libro es Cien años de soledad, su cercanía con un libro de semejante riqueza, pero yo no creo que esos relatos deban ser confrontados con Cien años de soledad, creo que ellos son como residuos de ese mundo magnífico, una energía sobrante de Macondo, es un libro que no tiene excesiva importancia pero que está hecho con brillantez, con facilidad, con un cierto tono juguetón, (pero hay algo simbólico: los cuentos se trasladan a un aldea costera, anfibia, una especie de búsqueda de García Márquez por abandonar la mediterraneidad de Macondo, por saltar el charco hacia El otoño del patriarca), bueno, yo creo que ese  es su propósito, salir de Macondo y entrar a otro mundo, (tú no has sufrido ese problema, el problema de la historia-lastre, tú has saltado de un mundo a otro con una facilidad irritante), es verdad, bueno, creo por lo menos no tener un tema (una pluralidad de fantasmas envidiable), aunque eso sea algo que podrá juzgarse mejor cuando esté muerto y pueda ser juzgado orgánicamente, pero tengo la impresión que escribo sobre cosas distintas, que no soy escritor de temas recurrentes. Y además lo que me ha pasado es que yo he empezado a escribir una novela cuando le estaba poniendo el punto final a la anterior, así que no tenía tiempo de sentirme aplastado. Sí, en lo que se refiere a mi trabajo sigo bastante disciplinado, bastante ordenado porque es la única manera como puedo escribir (según Bryce, tú te cuadras antes de escribir), sí, García Márquez decía que tocaba una corneta, pero en lo demás no soy nada ordenado, mira, mi mujer me dice todo el día que soy un caos, desordenado, impuntual. (¿El teatro?), me sigue gustando mucho, me gustaría escribir para el teatro, tengo notas, proyectos, pero es difícil, no sé, siempre estoy metido en novelas que me toman años, pero no descarto la idea de escribir para el teatro. (Leímos hace poco un cable), no creas en los cables, (con declaraciones tuyas sobre la situación económica de Cuba, muy bien explotadas por ciertas agencias de prensa), sí, que me han irritado mucho. Mira, te voy a decir exactamente cómo fue: fue un reportaje que apareció en El Nacional de Caracas y en el que yo fui particularmente detallista en explicar por qué me sentía solidario de la revolución cubana, por qué creo que es tan decisiva para América Latina, dije cuánto me había alegrado ahora que el Perú había restablecido relaciones con Cuba, y luego, después de dejar muy en claro mi adhesión a Cuba, indiqué que eso no significaba que no tuviese discrepancias y que consideraba mi obligación expresarlas cuando las sintiese. Bueno, pues ahora resulta que lo único que se publican en lo cables son mis discrepancias con la revolución cubana, eso es muy irritante, (tu posición sobre lo que está pasando en el Perú no ha sufrido variaciones…), no ha cambiado, no, parto de la base de que este proceso significa un progreso considerable, que en muchos campos se han hecho reformas muy profundas que favorecen al país —la reforma agraria, nuestra política internacional, que ahora sí me parece respetable—, ahora, al mismo tiempo, ciertas reticencias que tenía se mantienen porque no ha habido cambios en eso, creo que el régimen tiene una estructura cerradamente militar, que la participación civil es prácticamente nula —es de segundo orden—, que no existe ningún mecanismo de fiscalización popular civil de lo que se hace —de las medidas que aplaudo y de las que me siento solidario— y eso para mí es sumamente preocupante, porque da a todos esos procesos de cambio una precariedad indiscutible. El día de mañana puede haber una revolución en Palacio, de la cual nosotros seamos ignorantes, que cambie unas personas por otras en los puestos de mando del régimen, y todo ese proceso de reformas se puede venir abajo, puesto que no hay una participación popular que lo garantice y active. (¿Miedo a que los temas se agoten?), no, no creo, yo creo que un escritor deja de ser escritor no cuando se le acaba el tema sino cuando resuelve su problema. Insisto en que uno es escritor por infeliz, porque le han pasado ciertas cosas. Yo nunca he sentido esa especie de temor al vacío que sienten algunos escritores. Al contrario, yo siento una especie de nostalgia premonitoria, tengo la sensación de que me voy a morir dejando muchos proyectos de historias que nunca podré escribir, yo creo que aun si no me ocurriese nada más en mi vida y viviera uso 30 años más, tendría material reunido, es decir experiencias suficientes como para seguir escribiendo hasta mi muerte. En todo caso, mi temor es más universal, es de no poder escribir con rigor, con profundidad. Eso sí, pero la posibilidad de encontrarme un día frente a una página en blanco lleno de angustia, eso estoy seguro que no me va  ocurrir jamás. Mi problema es al contrario, que tengo un exceso de temas que quisiera desarrollar, y no sé si voy a tener tiempo para hacerlo. Los problemas con el lenguaje claro que existen, como te decía al principio de la conversación: mis dificultades crecen con cada libro, hay una angustia creciente. No hay nada garantizado, cada libro es una aventura nueva, hay escritores que fueron muy buenos en el primer libro, muy malos en el segundo y pésimos en el tercero, (eso, Mario, me hace recordar a alguien que decía el otro día  que no debería haber primer libro, que debía empezarse por el segundo, ahora la pregunta es: qué pasaba si el segundo era peor que el primero salteado), una de las cosas para mí terribles, tu sabes, es esos escritores que se instalan cómodamente en una especie de puesto alcanzado, que a partir de cierto éxito  se empiezan a repetir, a degustarse, esa es una imagen que me resulta muy penosa. (Como escritor de moda, por lo tanto constantemente allanado por los críticos, me imagino que te habrás preguntado  si las influencias que te han atribuido son ciertas o no, me imagino que después de 10 años de lucha con tantas especulaciones habrás llegado a reconocer definitivamente cinco o seis vertientes de tu obra), bueno, sí, indiscutiblemente, creo que esas vertientes son bastante evidentes. Creo que debo muchísimo a Faulkner, creo que si no hubiera leído a Faulkner no hubiera escrito como he escrito, creo que debo mucho a Sartre, no sé si en el plano de la técnica o del lenguaje narrativo, pero sí en una cierta visión de las cosas, y de algún modo más genérico creo que debo mucho a la novela del siglo XIX. Y hay otros escritores que han influido e influyen en mí, menos constantemente tal vez. Ahora, por ejemplo, estaba leyendo la obra de George Bataille, incluso releí algunos libros que había leído hace muchos años, y para mí fue una verdadera revelación descubrir cómo muchas cosas que he dicho en Historia de un deicidio proceden indiscutiblemente   de Bataille, de su Literatura y el mal, que yo leí con gran entusiasmo hace unos diez o doce años y que creía haber olvidado. Ciertas concepciones, una cierta visión maldita de la vocación literaria, fue descubierta en mí por la lectura de Bataille. Yo no tengo ningún temor a denunciar mis influencias. Lo que pasa es que un autor no es muchas veces consciente de sus influencias, de pronto una novela, un poema leídos distraídamente, se fijan e influyen más que las obras que más nos gustan. En todo caso, estoy mucho más cerca de los novelistas que escribieron el Amadís… o La guerra y la paz, que de los jóvenes experimentalistas y estructuralistas contemporáneos (a pesar de que has contrasueleado  el lenguaje tanto como ellos), sí, pero yo con la idea de, a través de esos contrasuelazos, hacer más claras ciertas personalidades, ciertas acciones. (¿No hay un libro que últimamente te haya impresionado sobremanera?), bueno, sí, he releído Madame Bovary (siempre recurrente), pero ahora lo he leído por razones más interesadas que otras veces, porque va a salir una nueva traducción y entonces voy a escribir un prólogo, y ha sido una experiencia muy hermosa, porque el poder de hechizamiento del libro se mantiene intacto……Yo reconozco que uno de mis defectos es una cierta tendencia hacia la proliferación, a mí podría  ocurrirme empezar a escribir una novela  y ya no terminar nunca más, seguir escribiendo, es una especie de amenaza que siento como posible, no solamente como una broma….Bueno, yo sigo siendo optimista en el sentido de que el socialismo tendrá que avanzar hacia formas menos rígidas, hacia formas democráticas, de tolerancia, y que el triunfo de los oscurantistas y de los dogmáticos será siempre pasajero, pienso que el socialismo marcha porque tiene que marchar hacia estructuras más plurales (hacia una situación óptima en la cual tú seguirías siendo el cuestionador repulsivo para los congeladores del sistema), yo creo que esa sería la función de la literatura, sí, creo que dentro de esa sociedad infinitamente mejor que admitiera  la discrepancia, el rol del escritor sería demostrar a sus lectores, que serían todos, que la realidad siempre está mal hecha, que siempre tiene imperfecciones, que siempre se debe exigir más, que la historia debe marchar hacia esa imposible felicidad general, (a propósito de felicidad, tú pareces  haber sobrevivido a la fama), mira, cuando yo empecé a publicar y ocurrió todo, bueno, me sentí inmensamente halagado, un poco mareado. Y ahora que han pasado como diez años te puedo decir con toda sinceridad que eso que se llama la fama no ha hecho sino crearme dificultades y problemas, es una de las cosas que conspira más contra mi trabajo, ha disminuido inmensamente mi libertad de movimiento. Es increíble cómo afecta eso de ser un personaje más o menos público, y lo peor es que uno no sabe si todo eso que se rechaza, que conscientemente se juzga como una tontería, de una transitoriedad total, uno no sabe si en el fondo es afectado, dañado por la persecución. Yo acabo de tener una especie de polémica, tú sabes, en Caracas. Ángel Rama nos acusó públicamente a los escritores del llamado boom de ser unas vedettes, de buscar ser personajes públicos, y eso fue algo tremendamente doloroso, porque yo creo que el malentendido que convierte en personaje a un escritor, que le da la popularidad de un futbolista o de un cantante, es algo que ni por el más frívolo y superficial autor puede ser deseado, porque eso sólo trae complicaciones, y tú no puedes decir nada que inmediatamente no sea manipulado, distorsionado, y tendrías que pasarte la vida desmintiendo, aclarando. Entonces dices no concedo más un reportaje y apareces como un pedante, un soberano creído, y es una imagen que tampoco quiero dar. Ahora, lo que me consuela es que sé que eso es absolutamente efímero, (la imagen de Vargas Llosa es la de un escritor congénito, alguien que trajo al mundo ese defecto de fábrica, pero imagínate —haz un esfuerzo  descomunal— que la literatura no existiese sobre la faz de la tierra), pues sería un hombre de acción, no un científico, no un hombre de gabinete, sino alguien volcado hacia afuera, si hubiera vivido en el siglo XIX me hubiera gustado tener la vida que tuvo Conrad antes de ser escritor, un aventurero, un explorador, tengo una nostalgia de la que no me he librado nunca, quizá cierta frustración de ese tipo es la que hace que para mí la acción sea tan importante en lo que escribo, tan fundamental, eso es lo que me hubiera gustado ser, sí.
César Hildebrandt, Revista Caretas (1972)

2013/03/19

Watanabe: mire el cielo y dígame, ¿usted cree en Dios?


Allá por los años sesenta, Oswaldo Reynoso se reunió con Eleodoro Vargas Vicuña en un local bohemio de la época, y aburridos del clima neblinoso de Lima, la horrible, decidieron viajar a Trujillo, no sin antes dejar un letrero en la puerta del bar anunciando el viaje hacia la tierra de la marinera. Cuando llegaron a Trujillo, era todavía muy temprano y tuvieron que pasar unas horas en un hotel cerca a la Plaza de Armas.

Casi al mediodía, ambos escritores salieron a dar una vuelta por las inmediaciones, y se dieron con la sorpresa de encontrarse con parte de los narradores del célebre Grupo Narración y algunos jóvenes trujillanos. Una hora después, estaban en Huanchaco disfrutando de un sabroso ceviche y algunas botellas de pisco. De regreso a Trujillo, en la parte trasera de una camioneta, iban echados Oswaldo Reynoso y un joven trujillano. El joven le preguntó:

—Oswaldo, ¿usted cree en Dios?
—No sé, no te podría responder.
—Mire el cielo y dígame: ¿usted cree en Dios?

Reynoso se quedó contemplando el maravilloso cielo trujillano: limpio, sereno, de un celeste intenso que brindaba una paz beatífica, y no supo qué responder.

Años después, en un Congreso de Literatura al que fueron invitados Oswaldo Reynoso y José Watanabe, el autor de El guardián del hielo le recordó a Reynoso que el joven que le había preguntado aquella tarde trujillana sobre la existencia de Dios era él.

Fuente: blog Amores bizarros.

2013/03/09

Nuevo Taller de Escritura Creativa arranca el 14 de marzo


Otra vez, gracias a la Asociación Cultural La Casa de Cartón y Cascahuesos Editores, organizamos un taller de escritura creativa “Las sombras de las palabras: a la caza de uno mismo”. Inicio: jueves 14 de marzo. Inscripciones: Biblioteca del Centro Cultural Peruano Norteamericano (Rivero 408). Las clases se dictarán en el CCPNA (Aula C-405) los jueves y viernes de 5 p.m. a 7 p.m.
En Perú21 (Arequipa)

2013/03/07

¿Con qué sueñas, Landito?


Hace varios años (el 2005, para ser precisos), la escritora Claudia Ulloa lanzó el Proyecto Reciclaje en el que me atreví a participar entusiastamente con un texto titulado ¿Con qué sueñas, Landito?

Me siento feliz (agradecido con la vida) por haber dejado varias cosas atrás. Dios permita que para siempre.


¿CON QUÉ SUEÑAS, LANDITO?

Dime con qué sueñas, Landito: ¿con romperte la crisma en el baño de tu casa, o con aprender a desmayarte los lunes en el patio de La Salle? ¿Con robar dinero del monedero de tu madre para después correr a Mercaderes a comprar El Gráfico, o con descubrir en la gaveta de tu padre videos pornográficos? ¿Sueñas quizá con las viejas casas de madera de Mollendo, los acogedores bungalows de Mejía, o con las chicas ebrias de Camaná?


Seguro que no sueñas con el terremoto que se llevará las altas aulas de sillar de tu monumental colegio; ni con el cura barbudo que, santiguándose, te prohibirá leer libros abyectos… ya descubrirás que sujetos como Vargas Llosa y Saramago son los Heraldos de Satanás.

Dime con qué sueñas, Landito. Dime, por favor, que no sueñas con perder el tiempo estudiando ingeniería informática para poder ser escritor…

Sueña lo que quieras, lo que te dé la gana… pero nunca te sueñes hinchado de cerveza, gastando tu primer sueldo sobre las tetas de una prostituta que cambia de nombre con cada suspiro… ni te sueñes jamás reciclando una foto, una de ésas que después de acusarte, te inhiba de soñar mas no de tararear:

Hubo un tiempo en que fui hermoso, y fui libre de verdad…


2013/03/04

Fin del taller de escritura creativa: La escritura como confesión...

Lima, diciembre del 2009... la escritura como confesión.

El viernes 01 de marzo finalizamos el taller de escritura creativa Las sombras de las palabras: la escritura como confesión. La clausura se llevará a cabo el día viernes 15 de marzo de 2013 en la Biblioteca del Centro Cultural Peruano Norteamericano.
Agradezco, en primer lugar, a Carlos Rivera, Director de la Asociación Cultural La Casa de Cartón por volver a confiar en mí y todos los (nuevos) amigos que participaron del taller (algunos repitiendo plato, pues ya lo habían hecho el año pasado).
Es posible que se realice otro taller en el mes de marzo. Los interesados escribir a mazeyra@gmail.com o a ciudadanocarlosrivera@hotmail.com

BESTIARIO DE ROSTROS*
Escribe Jordan Jáuregui (alumno del taller)

20 de febrero
Orlando nos ha pedido escribir un cuento para el taller. Pero no me siento capaz siquiera de contar cómo fue mi viaje de regreso en combi que es lo que, usualmente, suelo contarme, todas las noches, después de ir al baño. «Cortarme» más que «contarme»: ese pedazo del tiempo y rebanarlo en fotogramas para apreciar la cara sudorosa e indiferente de la gente. Así mantengo mi bestiario de rostros que, uno por uno, intentaré encajar algún día en la historia que olvido antes de decir: «bajo en la esquina».
No llevo borradores, pues nunca en mi vida he escrito un cuento.

21 de febrero
Me quedé sin dinero para el pasaje. No reniego, me gusta caminar. Hoy conté cuatro parejas caminando de la mano, dos policías, tres semáforos, cinco teléfonos públicos y un tipo que entregaba volantes. Los teléfonos me dolían, por eso los conté más. Es que venía pensando en qué decirle al llamarla, si es que me atrevía a hacerlo, porque, de puro nerviosismo, sudo hasta las palabras cuando la oigo hablar. Quería decirle que me existe como un líquido que se hace ganglios en mis ojos, que es un mar, que me extraño sí, a ella no porque estoy perdido y no me encuentro; por eso no la llamo.
22 de febrero
Tomé mucho licor antes de marcar su número, no quiero recordarlo. Cuando comencé a soltar  groserías previsibles como «te amo» y «me has cambiado mucho»—, colgó y rompí la botella contra el piso. Estoy ebrio en una cabina de internet. Tengo ganas de cagar, de llorar, de correr, de matar. Este blog nunca será leído y ésa es mi única esperanza.
25 de febrero
El último viernes pedí permiso para usar el baño de unas cabinas por la avenida Independencia. No había papel higiénico, apenas tenía un volante arrugado en el bolsillo. Había una anotación atrás que no recordaba haberle hecho, porque suelo llevar el número de Ale en algún papel que siempre preparo para llamarla, incluso con las cosas que quiero decirle (y que acostumbro romper antes de cometer alguna estupidez). Decía algo más o menos así:
X
Este es el único volante que he marcado. Voy a matarme bebiendo ácido porque siento todas mis vísceras malogradas, ya no las puedo soportar dentro de mí. Tal vez esta sea mi última forma de buscar ayuda. Contáctame, por favor, mi correo es clemente56@hotmail... y la contraseña es: 156posible

Acabo de enviarle un mensaje y no sé por qué no me atrevo a abrir su correo.
27 de febrero
El sujeto del volante no ha respondido y, por más que trato, no logro recordar su rostro (¿alguna vez lo vi?, ¿forma parte de mi bestiario de rostros?). Ahora tengo la bandeja de entrada de su correo abierta. Más allá de los dos mensajes que le envié, todos son mails que él mismo se ha enviado: diez en total, aparentemente su nombre es Clemente Salinas.
Los tres primeros correos tienen fotos (dos de ellos con una mujer), el cuarto tiene la letra de una canción, el quinto es una escueta despedida que dirigió a sus padres, del sexto al décimo se repite uno: el último.
28 de julio
Esta mañana, durante el desayuno, vi la parada militar por televisión, no podía dejar de pensar en aquel soldado desertor que me pidió ayuda en un volante.  Él se quería matar porque, después de violarlo, le hicieron probar el semen de todos sus compañeros.
Ya no me acerco a casa de Ale. Tampoco la llamo. Porque su papá es oficial del Ejército. Dicen que mata perros y, en verdad, le tengo miedo (sobre todo a su rostro que jamás quisiera incluir en mi bestiario íntimo). Evito ver los noticieros porque dicen que la gente sufre, suda, muere… y, si no muere, entonces mata o muerde… también dicen que los perros muerden (y yo sólo quiero acariciarlos).


Sobre el autor: Jordan Martín Jáuregui Meza. El día que deje de encontrar momentos de mi vida en las canciones de Andrés Calamaro, dejaré de escribir… y estaré a salvo de todos ustedes.

* Publicado en el portal LIMA GRIS (clic acá)





2013/02/25

"Por una frase bien lograda soy capaz de traicionar hasta a mi perro"

«Un individuo rapado es el único con capacidad de encontrar al Dios que hay dentro de uno mismo»
Mario Bellatin, Flores.
En el blog  Lee por gusto  publiqué mi entrevista a Mario Bellatin. Acá la comparto:

El peruano-mexicano Mario Bellatin (México, 1960) es uno de los escritores latinoamericanos más singulares y fecundos («raro», le llaman muchos). En esta nueva entrevista que presentamos confiesa que jamás sacrificaría lo que él considera un buen libro por razones de orden personal. Además cuenta que se prepara para empezar a dirigir el largometraje basado en su celebrada novela Salón de belleza.  
Por Orlando Mazeyra Guillén

I

Cuando leí Flores, me llamó mucho la atención el epígrafe del inicio (un supuesto fragmento del diario del Premio Nobel de Física de 1960), pues, en vida, mi abuelo paterno fue un defensor acérrimo de la homeopatía y, cómo no, de los famosos globulitos que él tomaba reemplazando la medicina tradicional (nunca se curaba las ampollas porque entendía que eran fugas naturales de las toxinas del cuerpo...). Mi abuelo tuvo una vida muy larga y saludable. Yo, en cambio, alguna vez me burlé de los homeópatas y los llamé, en su propia cara, vendedores de sebo de culebra.

-No te preocupes -me dijo el médico naturista de aquella vez que, por supuesto, tenía una Biblia abierta reposando en un lugar privilegiado de su consultorio-. Es más: me haces recordar a mí cuando era joven: era un incrédulo y un rebelde...

Hoy por hoy, asisto a donde un homeópata para curar una adicción (y mi insomnio crónico). La primera vez que fui donde el doctor C., tenía un dolor en la rodilla izquierda que, sin embargo, me permitía caminar con normalidad. Él me pasó corriente por los dedos de las manos con unos cables y, sin que yo pronunciara una sola palabra sobre lo que me aquejaba, me dijo: "Esa rodilla izquierda está mal, te diste un golpe muy fuerte". No acababa de salir de mi sorpresa cuando me clavó la mirada para escudriñarme y, luego de anotar algo, me dijo: ¿El genio de tu padre es muy fuerte, grita mucho? Asentí con la cabeza. "Te fascinan las películas de terror aún a sabiendas de que te turbarán y no te dejarán dormir, esa es una de las razones del insomnio que sufres, ¿no es cierto?", acertó otra vez sin que yo haya tenido la necesidad de abrir la boca:

-Es una especie de masoquismo, doctor  -le confesé.
-Lo sé -añadió el médico.



Por eso, Mario, mi primera pregunta para ti sería: ¿crees en la homeopatía? ¿Has recibido tratamiento homeopático?
Yo creo que la homeopatía es para las personas sanas. Pero no creo que interese mucho mi opinión, ni en ese ni en otro tema que se trate en alguno de mis libros. Las cosas que se van narrando son pretextos para ejercer la escritura, y como no quiero que se convierta en una actividad vacía -con la que estaría muy feliz, pero llegaría el momento en que se comería a sí misma si no pudiera ser compartida con el otro- aparecen temas que son, en realidad, una suerte de pretexto. Pero esa escena en particular que mencionas ocurrió cuando era niño. En la trastienda de una farmacia en la avenida Grau (en el distrito de Barranco, en Lima), había un señor muy anciano que curaba con yerbas, y es cierto que le tomó el pulso a mi brazo artificial y no se dio cuenta del material del que estaba fabricado, y como un poseso dictaba nombres de plantas que un ayudante iba anotando en un papel. No sé si creo en la homeopatía, pero sí en la parafernalia que suele acompañarla. Ahora me quedo con la duda de cuál puede ser la adicción de la que te tratas.



Flores, como tu obra en general, resulta inclasificable: parecen relatos sueltos aunque unidos por el cordón umbilical del título, sin embargo podría ser una novela disfrazada de reflexiones breves (¿mini-ensayos?). ¿Tu intención es desmarcarte de las etiquetas o quizá tentar un nuevo género literario? ¿Cómo llamarías a ese género made in Bellatin y cuáles son sus principales características?
Nunca tengo antes de escribir una intención determinada, salvo la de escribir. Trato entonces de nombrar nuevamente el mundo que me rodea o que imagino, y lo intento de una manera que sienta que sea mía y no de otro. Ese deseo hace que la escritura se retuerza de tal modo que aparece como que hubiera alguna intención de cuestionar el género,  cuando en realidad lo único que he buscado es ser honesto conmigo mismo. Con mi tiempo y con mi espacio propios.



Oswaldo Reynoso me contó en su casa, cuando le pasé unos borradores de mis primeros relatos que, hace muchos años, tú también compareciste ante él con el borrador de tu notable Salón de belleza. Él me dijo que te ayudó a corregirla y que te aseguró que sería un éxito. ¿En verdad ocurrió esto? De ser así, ¿cómo te animaste a ir donde Reynoso si, a primera vista, pareciera que sus creaciones son tan disímiles que, a parte del innegable talento de ambos, cuesta encontrar algo en común? ¿O estoy equivocado?
No sé si seguirá ocurriendo lo mismo, pero cuando vivía en el Perú advertía la costumbre en el medio literario de pensar que si el otro no escribía o entendía la literatura como lo hacía esa persona quedaba descartado de inmediato. No sólo descartado sino acusado o víctima de una serie de improperios. Claro, me refiero a los mediocres que abundan en todas partes. Supe que Oswaldo Reynoso, desde que lo conocí, no pertenecía a esa clase de autor. Es fácil advertir en él a un artista que está más allá de las circunstancias. Tan seguro de su escritura que no necesita el aval de los demás para seguir. Yo ya era su amigo antes de escribir ese libro, y recuerdo que lo encontré en una presentación y me quejé de que debía revisar las pruebas de Salón de belleza. En ese momento me dijo las sabias y dadivosas palabras: "un autor jamás debe revisar sus propias galeras". Se las entregué, auguró el éxito, e hicimos una apuesta, que trato de cumplirla cada vez que nos vemos.



¿Por qué decidiste estudiar en el Seminario de Santo Toribio de Mogrovejo? ¿Había en ese tiempo una búsqueda de Dios? ¿Crees en algún Dios?
Ese es un error del que nunca lograré librarme. El que algunos crean que estudié en un seminario. Lo que sucedió es que una vez alguien llamó a casa de mis padres para recabar datos sobre cierta enciclopedia de escritores que se estaba formando. Contestó mi padre, quien de manera entusiasta contestó el cuestionario a mi nombre sin tener mucha idea de lo que era mi vida en realidad. Yo hice los Estudios Generales en Humanidades en la Facultad de Teología de Lima para después trasladarme a una carrera que me interesara. Estudié allí filosofía y psicología, para después pasar a cine. Lo curioso es que --a diferencia de muchos de mis compañeros-- yo iba a la universidad sólo como un testigo privilegiado, con la única intención de estar dentro de un ambiente universitario y tener de ese modo material para mi escritura, pues desde los diez años no he hecho más que escribir. Mi carrera de cine fue bastante sui generis, porque a lo único que me dediqué mientras duró fue a ver cine desde la mañana a la noche. Hay que recordar que en esa época no había la oferta de películas caseras de hoy, y uno sabía del trabajo de los grandes directores sólo por referencia. Cuando llegué a la escuela de cine casi me desmayo ante los cientos de DVD con la historia completa del cine a mi disposición.




II


"PARA MUCHOS, ESPECIALMENTE EN UNA SOCIEDAD COMO LA LIMEÑA, DA EXACTAMENTE LO MISMO DESEAR SER ESCRITOR QUE SER UN DROGADICTO CONSUMADO".



¿Qué es lo primero que recuerdas (la primera imagen que se te viene a la mente) de ese taller de creación literaria al que acudían escritores, poetas y periodistas como Iván ThaysBeto Ortiz, Rocío Silva, Alberto Servat?*
¡Cómo íbamos ganando por walkover! Era terrible ir viendo cómo a cada uno de nuestros compañeros la vida los iba ganando y abandonaban la escritura. Al final, no quedamos precisamente los mejores sino los tozudos.



Siguiendo con lo de los talleres de escritura creativa. ¿Crees que sirven de algo? 
Sirven de muchísimo, pero no para lo que los demás creen. Ni para aprender a escribir ni para lucir los trabajos a los demás. Sirve para acompañarse. Para hacer de la literatura un universo propio, habitable. No hay nada más terrible que el tiempo de un joven autor que no puede parar de escribir y no ha publicado. Es en ese periodo una suerte de paria, de yonki, de desecho social. Para muchos, especialmente en una sociedad como la limeña, da exactamente lo mismo desear ser escritor que ser un drogadicto consumado.



salondebllezaberllatinPost.jpg
Tu estadía en Cuba revela un amor por el cine. ¿Te ves, más adelante, dándole prioridad a la dirección de largometrajes como Alberto Fuguet o acaso sientes que no es lo tuyo? 
En la escuela de escritores aprendí -aparte de ver cine- a odiar la forma que se tenía en ese entonces de hacer cine. Forma que supongo dio como resultado la cantidad de películas mediocres que produjo la gente de mi generación. Juré no hacer nunca cine, pero ahora casi sin darme cuenta acabo de dirigir un largo, Bola Negra -el musical de Ciudad Juárez-, que fue un éxito no comercial. Esta próxima semana me preparo para comenzar a dirigir Salón de belleza, pero lo que pretendo no es hacer necesariamente una película personal, sino una forma propia de hacer las cosas en cine. Para empezar, todo el equipo de producción, la cámara, el sonido, la edición, luces, está conformado por chicos menores de dieciséis años.



Hablando de Salón de belleza, traigo a colación el epígrafe inicial de esa magnífica novela: "Cualquier clase de inhumanidad se convierte, con el tiempo, en humana" Yasunari Kawabata ). El escritor tal vez, durante el proceso creativo es un ser inhumano. ¿No es preciso despojarse de toda "humanidad"  para crear a ciertos personajes?
Por una frase bien lograda soy capaz de traicionar hasta a mi perro. Jamás sacrificaría lo que considero un buen libro por razones de orden personal. Es que se trata de dos universos incomunicables. Si alguien se ve reflejado en el universo de la ficción es porque tiene un ego no domado o es un débil mental.



¿Alguna vez has criado peces? ¿Guppys Reales quizás?
Sólo una vez. Y ahora que lo veo con el tiempo comprendo que es una afición que va acompañada con la tristeza. El  pretexto para hacerlo fue una pecera que recogí de la casa de mi amiga la escritora Pilar Dughi, una gran autora y persona que murió antes de tiempo.



Precisamente el final de Salón de belleza es muy triste. A mí, mi padre nunca me dejó criar peces porque me decía (y esto se aplicaría al desenlace de tu novela) que traían muchísima mala suerte. ¿Crees en ese tipo de cosas o te parecen absurdas?
Ya sólo de planteárselas hay que creerlo. Cuando era niño mi madre arrojaba al water,  mientras yo dormía, cualquier pez que se me ocurriera llevar a casa. Eso de la mala suerte tendría que ser cierto, al menos para los peces que encontraba por allí. 



En el párrafo final de la novela el personaje principal dice "siento que es extraña en mí la forma como cada día mis pensamientos fluyen más de prisa. Creo que antes nunca me detenía tanto a pensar. Más bien actuaba". ¿Una enfermedad terminal nos obliga a pensar antes de actuar? ¿O, al fin y al cabo, se trata de la madurez? 
Pues, como todo lo escrito por mí, se trata de un lugar común. Creo que mis libros devuelven a las personas lo que ellos ya saben. No creo que nadie descubra nada nuevo después de leer un libro hecho por mí. 





III

«NO PUEDO CREER EN DIOS PORQUE ME PARECE QUE NO ESTAMOS DOTADOS NI PARA IMAGINARLO, PERO SÍ CREO EN LOS MILAGROS COTIDIANOS.»



"Según Poeta Ciego se debían crear peluquerías especiales que dieran respuesta a preguntas de otro orden. Preguntas tales como si el corte obedecía a alguna razón ideológica o si se trataba de un requisito para entrar en una secta de perfil místico. Según teorías rudimentarias la cabeza rapada es como un televisor sin antena. Por eso un individuo rapado es el único con capacidad de encontrar al Dios que hay dentro de uno mismo", dice un párrafo de tu novela Poeta ciego. Tú eres (en apariencia) un televisor sin antena. ¿La escritura te ha ayudado a encontrar al Dios que hay dentro de ti mismo? ¿Cómo describirías a este Dios?
Yo soy sufí, orden a la que ingresé sin ninguna pretensión espiritual sino como si a una escuela de escritores acudiera. Me llamó la atención lo estricto del sistema que impera para demostrar, por ejemplo, que todo forma parte de lo mismo. No puedo creer en Dios porque me parece que no estamos dotados ni para imaginarlo, pero sí creo en los milagros cotidianos. Que estemos ahora entablando esta comunicación entre tú y yo es una prueba de ello.



bellatinPost3.jpg
Diana Palaversich, en el prólogo de la Obra reunida, publicada por Alfaguara, señala: "En el panorama actual de la literatura latinoamericana, dominado en general por la escritura de corte realista, sea autobiográfico, histórico, sucio, o hiperrealista, la obra de Mario Bellatin surge como un proyecto original y arriesgado cuyo objetivo es crear un universo paralelo que desafía no sólo la lógica del mundo concreto sino también los preceptos de la literatura realista protagonizada por personajes verosímiles y caracterizada por textos que despliegan una trama transparente, fácil de seguir". ¿Cómo decir que no hay autobiografía cifrada (strip-tease invertido, diría Mario Vargas Llosa) en un texto como Rosas de tu libroFlores
Me rehúso a contestar una pregunta que contiene una metáfora tan desagradable y machista como ésa delstrip-tease invertido. Ni que estuviéramos en el Negro-Negro o en el Mocambo.  



¿Eres de los que motivan a los escritores en ciernes o, más bien, perteneces a los que disuaden? 
¡Sabe dios!, no creo que exista esa distinción, pero de haberla me gustaría pertenecer al bando de los que los que disuadan. Escribir es un estado, no proviene de una intención. Es imposible hacer algo, salvo acompañarlo y no tratarlo como un estropajo, con un escritor.  

¿Cuál fue la última película que te hizo llorar?
Bola Negra -el musical de Ciudad Juárez-. Es la única película de la que puedo ver no sólo su piel sino también sus intestinos.


¿Te gusta participar de congresos de escritores?
No. Los detesto, sobre todo aquellos donde se establece de inmediato una suerte de jerarquía entre los invitados. Sin embargo, asisto a ellos con regularidad, porque con tal de seguir escribiendo soy capaz de hacer casi cualquier cosa, como publicar, asistir a congresos y contestar preguntas. 


¿A qué escritor muerto te hubiese gustado conocer? ¿Y qué le preguntarías?
A Dostoievski. Le preguntaría cuánto tiempo le llevaba revisar, por ejemplo, las comas de Los Hermanos Karamázov o de El príncipe idiota


Philip Roth ha decidido dejar de escribir ficciones. ¿Te ves tomando esa decisión en algún momento de tu vida o eres de los que piensan que escribirán ficciones hasta su último día de vida?
Yo no he tomado nunca la decisión de escribir, como consecuencia no estoy en la capacidad de decidir no hacerlo. 


¿Qué libro te recomendarías a lea a Alberto Fujimori?
Ninguno. Es posible que un libro le demuestre de una manera más clara el horror en el que está metido.


¿Qué libro le recomendarías a Mario Vargas Llosa?
Como gran lector que es, me gustaría que él me recomendara qué leer. Siempre y cuando sea un libro de literatura.


Hablando de Vargas Llosa. En algunas declaraciones tuyas uno llega a notar que no te cae bien (o no compartes muchas de sus opiniones). ¿Qué te parece su obra?
Pues es difícil compartir las opiniones con otro. ¿Su obra? Creo que pienso lo de muchos: algunos libros excepcionales, otros pésimos; y su parte política, aburridísima, no por su contenido, que sería lo de menos, sino por la forma tan poco creativa que tiene de repetir sin modificarlas un ápice ideas de manual.


¿Qué segunda parte de memorias te gustaría leer, en el supuesto de que fuera posible, pues al parecer Gabriel García Márquez sufre de Alzheimer: las de GGM o Vargas Llosa?
Nadie sabe lo que sucede con García Márquez y tampoco debía importar. No leería ni primeras ni segundas partes de ninguno de los dos, porque están muy cercanos en el tiempo --vivos, para no ir más lejos-- y lo que puedan contar entraría dentro de una lógica de lo que ya sé o puedo intuir. 


¿Te interesan las memorias como género literario? ¿Por qué?
Eso  de los géneros literarios lo veo como una convención en creciente desuso, y cuando leo algo lo hago por excepción, es decir porque se trata de un libro que, por alguna razón -que va variando según sea el caso-,  una vez que lo empiezo no lo puedo soltar. 


¿Si pudieras reencarnar en alguno de tus personajes a cuál elegirías y por qué?
En todos, porque creo que ellos sí viven la verdadera realidad y no la aburrida de la cotidiana. 


¿Con qué selección te hubiese gustado disputar un 'mundial' de narradores? ¿México o el Perú? ¿Y qué mundial?
Odio el fútbol. No me es indiferente. ¡Lo detesto! Porque no le encuentro el sentido, y por las interminables horas perdidas en mi infancia buscándoselo o tratando de que me interesara porque era un medio, lo sabemos, de inclusión social. Ah, pero jugaría por la selección mexicana, sin lugar a dudas, aquí nací y aquí vivo.   


(*Nota: En una entrevista a la revista Somos, Beto Ortiz, refiriéndose a Iván Thays, dice: "El iba de zampón al taller de poesía de nuestro amigo Carlos López Degregori en la U. De Lima, adonde también asistía Rocío Silva Santisteban, Mario Bellatin, entre otras luminarias. Allí nos hicimos amigos")