2009/01/15

Fabio Galdos: Yo me sentiría un fracasado si volteo para atrás y descubro que en mi vida no he amado.

Arriba, con el Hermano Fabio (el segundo), el día de sus votos perpetuos. Abajo, foto del recuerdo en Arancota.

"Mi único miedo, te lo digo así sin poesía, sin querer ser huachafo: miedo a no amar. Yo me sentiría un fracasado si volteo para atrás y descubro que en mi vida no he amado".

Y sí, anoche, Fabio y yo miramos hacia atrás, y sólo uno de los dos se quedó sin un buen palo al que aferrarse. Fueron casi tres placenteras horas de conversa con el Hermano Fabio (o Flash o Mc Flay, como le decíamos en el colegio). Hace un par de días él había dado sus votos perpetuos como Hermano De La Salle ante un auditorio repleto y, ahora, la noche de un miércoles de miércoles se hacía propicia para conversar y soportar la resaca que me tenía con los muñecos a flor de piel.

El Hermano Fabio sigue siendo el mismo lento que no sabía correr ni patear un balón, y que era pésimo en matemática y casi todas las materias que lo tuvieron a un pasito de repetir de año. Todavía puedo verlo molestando a la Bertha o irritando al profe Chocano, pero a veces me parece que ya no está, ese pata se fue para siempre. Acá hay un hombre de grandes compromisos. Eso: un HOMBRE en todo el sentido de la palabra, que habla de los curas con hijos, mujeres que celebren misa, del gran Calamaro, Fito de pasadita, los jesuitas, la logoterapia, la adicción, prostitución, rubias hot… y, también, de su latiguillo, su frase más recurrente: “el vivir con amor”. Amén.

¿Fabio, tienes claro en qué momento decidiste que querías ser Hermano De La Salle?

Sí. Cuando estaba en cuarto de secundaria fui a un Encuentro Juvenil en Lima. Y allí fue en donde me decidí. Yo estaba en Pastoral y fuimos representando al colegio.

¿Estabas en Pastoral con quiénes más?

De los que fueron a ese Encuentro Juvenil, estaba Gustavo Chávez, Coco Shavrodrichz, Christian Campos, Shlym Linares, Jimmy Vargas y yo. Éramos seis patas de cuarto de secundaria y dos de quinto. Nos llevó el Pop Corn, y también el Pepe Torres.

Fueron como representando al colegio.
Sí.

¿Qué pasó en ese retiro?
Como te digo, fue un encuentro juvenil y fue allí donde yo conocí a Hermanos jóvenes. Me llamó mucho la atención la fraternidad, la forma cómo se trataban estos Hermanos jóvenes… y fue cuando me dije: “Yo quiero ser uno de ellos”.

Hasta antes de ese momento no sabías qué carrera estudiar, que querías hacer contigo.

No, no sabía nada. Porque a mí el estudio no me interesaba, no me gustaba. Y hasta yo pensaba que los Hermanos no estudiaban o estudiaban algo sencillo, ¿no?

Eso de ser Hermano lo veías como un oficio sencillo, asequible.

Asequible, pensaba que era más que estar con los jóvenes, enseñar. Pensaba que consistía en estudiar Teología.

Fabio, convengamos en que lo escogiste porque lo viste como algo fácil que no exigía mucho.

Sí, porque no me gustaba el estudio. Ahora, no tanto porque lo consideraba fácil. Pero sí fue una gran sorpresa el saber que tenía que estudiar y prepararme convenientemente.

Yo tengo la idea de que no le dijiste a la gente de la promoción que querías ser Hermano De La Salle porque tenías miedo de que se burlaran de ti o de que te molesten.

Yo en realidad no se lo quería contar a nadie porque tenía miedo de que finalmente no me decida o que no me acepten. Como que me decía a mí mismo: “Pucha, yo quiero entrar pero al final puedo retractarme”. Entonces para qué crear una expectativa. Yo a mi familia no le conté nada hasta noviembre del 97, cuando estábamos en quinto de media. Ese mes se lo tuve que contar a mis papás. ¿Por qué? Porque tenía que ir a una convivencia. Tenía que ir a pasar una semana en la Casa de la Juventud. Pero aparte de ellos (mis padres), a nadie más, ni a mi hermana, ni a mis abuelos, ni a nadie se lo dije. Y ellos se enteraron dos semanas antes de irme y porque ya me habían dado la aprobación. Luego ya me fui a Lima al postulantado.

O sea, ya te ibas de tu casa. ¿Los agarraste fríos a tus papás?

Sí.

¿Y cómo lo tomaron?

Lo tomaron bien, no se hicieron muchos problemas. O sea, sí les chocó, obviamente.

¿No te disuadieron?

No, en ningún momento. Ninguno se opuso, ni me disuadieron. Me dijeron: “Anda, ve, tú mismo decide tu futuro”. Porque ellos se imaginaban que a los diecisiete años uno todavía está indeciso, que uno prueba cosas y que yo iba como “a probar”.

A los diecisiete tú eras tan o más inmaduro de muchos de nosotros, que muchos de la promo que no sabían qué hacer con su vida. Pero llegaste a Lima y te encontraste con qué cosas…

Con que tenía que postular e ingresar. Éramos 17 y sólo íbamos a ingresar 10. Empecé los estudios y me di cuenta de que eran muy exigentes. Estudié con Jesuitas.

¿Cómo es la formación de los Jesuitas?

Son muy apasionados por el estudio, por las humanidades, por la literatura, por la historia, las artes... y ellos te contagian esa pasión. Establecen un diálogo entre la Fe y la Cultura.

¿De repente ésa puede ser una falencia de los Hermanos De La Salle?

No. De una u otra manera nosotros vamos por la misma línea, sólo que me parece que nosotros somos menos ‘intelectuales’ por lo que nos dedicamos más a la cuestión escolar, colegios, institutos, incluso en lugares más ‘sencillos’. Los Jesuitas, muchos de ellos se dedican a la filosofía, teología, historia.

Y dentro de tu formación, ¿qué persona sientes que más te ha marcado?

Bueno más fue cuando estudié Pedagogía. Una profesora que era muy apasionada por la Pedagogía, me aportó bastante, porque son gente muy idelista, nada mediocres.

¿Cómo era un fin de semana en tu vida cuando eras estudiante, cuando estabas en quinto?

Normalmente, como formé parte de la Pastoral, mi círculo estaba formado por chicos de Pastoral, nos juntábamos por iniciativa propia, formamos una comunidad: los Vaugirard.

¿Quiénes de la promo o conocidos estaban ahí?

Chalo Pampa, Beto Borda, Pablo Cuadros, Gerald Peralta, Coco Loayza Ponce. Había bastante gente: José Valdivia Monroy, Coqui La Torre Bernedo.

¿Y de entre ellos a quién más recuerdo como gran amigo?

A Beto Borda.

¿Por qué?

Con Beto Borda, no sé cómo, nos volvimos grandes amigos. Digamos que él era la persona con quien más entré en confianza, nos contábamos nuestros problemas, él los suyos y yo los míos.

¿A él le contaste que querías ser Hermano?

Él sí sabía que yo quería ser Hermano. Pablo Cuadros también lo sabía. Y de la promo creo que nadie más… Oscar Torres también creo que lo sabía.

Entonces Beto Borda era un gran amigo.

Sin duda alguna, era un gran amigo. Y lo extraño mucho ahora que está en Australia. Es una persona con la que a veces, a pesar de la distancia y el tiempo, cuando la vuelves a ver, siento que no han pasado los años. Persiste la misma confianza, de decirle las paltas que tengo, mis problemas.

¿Los más estrafalarios de la promoción?

¿Locos? Esteeeeee… el "Jeanpi".

¡El Jean Pierre!

Más que loco, buena gente, entrador, amiguero. Pero alguien estrafalario, no sé. Pero si me dices los más pilas: Jean Pierre, el Lino, ¿quién más? El Payasito.

¿Y el Sergio?

Ja ja ja (ríe). El Sergio es otro caso, es caso aparte. El Sergio es un pata que lo estimo mucho, es un pata excelente, a pesar de sus locuras y de que tiene cosas que no entiendo, porque hay cosas de algunos que nunca voy a entender... pero que tampoco es que no entienda, sino que no estoy de acuerdo. Pero él es un pata fuera de serie. Muy sincero, ni tiene doblez.

Y un profesor que recuerdes mucho…

Lucho Vignes. Siempre con mucho cariño. Un recuerdo muy fuerte de él en primero de secundaria cuando tuvimos un grupo juvenil y él incidía bastante en el hecho de no ser borregos, de no ser uno más del montón, de que no importaba parecer un idiota, un tonto, pero nunca había que ser montón, que lo peor es ser borrego. Eso para mí caló mucho y así trate de manejarme, pero a veces es difícil.

Esto de ser Hermano te ha ayudado bastante a explorar campos que desconocías como, por ejemplo, la literatura, la cultura…

Sí. Pero más que haber sido Hermano, el hecho de haber estudiado en la Antonio Ruiz de Montoya, así se llama la universidad jesuita en donde he estudiado. Hay profesores de todos los lugares, literatos, historiadores, y justamente ellos me contagiaron esa pasión por el estudio, de estudiar con pasión y no por aprobar. Yo puedo decir en que toda esa formación nunca he plagiado, lo que era para mí un hábito normal en la secundaria.

Alguien podría pensar que en el cole eras un gil, un monse, que no plagiaba o que ni sabía plagiar.

(Sonríe). Sí plagiaba y uno de los que más me ayudaba era Pablo Cuadros. Y copiaba porque, como te digo, no me gustaba estudiar, detestaba el estudio, excepto Historia. Digamos que Historia el único curso que me apasionaba y en eso tenía mucho que ver Lucho Bejarano. Me gustaban sus clases, siempre tenía mi cuaderno al día, y era el único curso del cual se copiaban de mí.

Fabio, ¿y cuál es el curso que más detestabas?

Química, porque nunca entendí nada. No por el profesor, porque yo a Pedro Galdos lo conozco bien, es una buena persona, quizá yo no ponía de mi parte, pero química es el curso que yo sé que no sé nada hasta el día de hoy.

¿Estás en la calle?
En la calle: de química no sé nada en absoluto.

¿Qué profesor te caía mal?
Ahhhh… el Pop Corn, porque era exquisito, no sabía comprender a los adolescentes, era engreído.

Y paradójicamente él nos acusaba a nosotros de engreídos.

Era un engreído, y se comportaba como adolescente, tenía reacciones de adolescenciales.

¿Y qué más recuerdas de, por ejemplo, el Hermano Gabriel Vignes?

Recuerdo mucho sus chicotazos en la primaria. Porque, yo a pesar de ser tranquilo también los recibí y siento que a todos nos han caído sus chicotazos, ¿no?

Cuál es o cuáles son las anécdotas que tienes más marcadas de la vida escolar.

Recuerdo con mucho cariño, a la secundaria la añoro bastante, cuando veo a los jóvenes, a los chicos. Por ejemplo, en segundo de media cuando empezamos a ir a jugar taco donde Shlym Linares.

¿Con quienes ibas al taco del Shlym?

Chalo Pampa, Omar Vera Danner, Alex Apaza, íbamos varios.

Y allí ya tiraban sus tragos.

Algunas veces, sí, también. Yo recuerdo mucho esa época de segundo de media. Y no sé por qué, pero por ejemplo me gustaba en ese tiempo jugar al fútbol, no jugaba nada, pero me jalaba el Chalo Pampa. Fue el único año en que lo hice. También recuerdo mucho en quinto que Pablo Cuadros llevaba trago en el frasco de su jugo, llevaba corto de su casa, ron con gaseosa, él lo preparaba. Y nos íbamos al fondo, detrás de los árboles por donde hacíamos salto largo y simplemente por el hecho de fumar y beber y de tomarnos una foto haciendo eso en el colegio. Debe haber por ahí alguna foto de nosotros fumando y tomando durante los recreos.

O sea que ustedes tomaban y fumaban en los recreos.

Sí, sí, sí. Ahí en donde ahora es inicial, por el portón azul del fondo. Tomar más veces, fumar en pocas oportunidades, como para jactarnos, como para sentir que corríamos un riesgo.

¿Qué recuerdas del viaje de promoción?

Recuerdo que fuimos poquitos, como veinte, pero que la pasamos excelente. Yo me divertí bastante, Cusco, Lima, las borracheras.

Ya por esos días pensabas en ser Hermano...

Sí, ya era octubre.

Y hace unos días se han realizado tus votos perpetuos. Para una persona como tú, el celibato vendría a ser como una ofrenda a Dios, ¿qué significa el celibato para ti? ¿Por qué renuncias al sexo?

Más que renunciar al sexo, es una forma de relacionarme con los seres humanos con mayor libertad. Con más libertad porque justamente el sexo, no sólo el sexo, el establecerse con una sola persona, una pareja, significa exclusividad, y significa también un “dame que te doy”, no quiero que se malentienda y se piense que digo que no hay libertad en las parejas de esposos, simplemente que para la opción de vida que deseo tomar, la búsqueda de libertad va justamente por el celibato.

Pero me parece que a ti el celibato te quita libertad, de no sentir quizá el placer más grande que podamos disfrutar los seres humanos.

No digo que sea el placer más grande. Me refiero a la dependencia que uno genera, dependes de otra persona y otra persona depende de ti, emocional y afectivamente, inclusive económicamente. Yo voy por no depender y que nadie dependa de ti afectivamente. Quiero tener la libertad suficiente para relacionarme con varias personas, con libertad, y no generar nunca dependencia.

¿Y no has pensado mucho respecto al hecho de que no vas a ser papá, de que nunca vas a tener hijos?

Sí, por supuesto. Justamente hace poco como que caí en la cuenta. No caí en la cuenta sino digamos que hay etapas, ¿no?, que uno va quemando. De pronto uno piensa qué bonito es trascender en una sola persona, generar vida. Pero como Hermano siento que trasciendo en muchas vidas, pero no con exclusividad. ¡Qué bonito es ser exclusivo para alguien, ser padre!

Y como Hermano, ¿tienes miedo de fracasar? ¿De renunciar o retirarte?

Para mí retirarse no es fracasar.

¿Pero tienes miedo?

Mi único miedo, te lo digo así sin poesía, sin querer ser huachafo: miedo a no amar. Yo me sentiría un fracasado si volteo para atrás y descubro que en mi vida no he amado. Y justamente siento que en mi vida he estado lleno de amor.

¿Qué es lo que más has amado?

Pues, creo que, aunque suene abstracto, haber amado a Dios. Porque amar a Dios no es amar al aire, sino amar a todas las personas que Dios me ha puesto en el camino, personas que necesitaban de mí, y que, si yo no estaba, igual otro pudiera haber estado allí.

¿Alguna vez has amado a una mujer, como hombre?

Sí. Sí me he enamorado y eso es como que también me ha ayudado, me ha dado más libertad, a decidir con mayor libertad, porque yo sé lo que estoy dejando de lado.

Sí sabes lo que estás dejando entonces.

Sí, digamoslo que sí. Y me doy cuenta de que definitivamente –y hablo de este momento de mi vida y no de más adelante– me siento dichoso sin tener una mujer en exclusividad, célibe, soltero.

¿Qué cosa te falta explorar?

No sé.

Me dijiste, por ejemplo, que quieres estudiar teatro, Fabio.

Algo que siento como una frustración, me encanta el teatro.

¿Por qué te gusta el teatro?

Porque uno puede desarrollar muchas habilidades sociales. Relacionarse con la gente, es un arte. Se combinan muchas cosas: la literatura, la expresión corporal, es una forma de expresarse.

¿No es una forma de canalizar nuestro afán de ser muchas personas a la vez?

Justamente eso. Por un momento jugar a ser otra personal. Al final, es algo lúdico. Además de un arte, es un juego, uno se divierte.

A uno le divierte jugar a ser otras personas, pero a veces deja de ser un juego y ya es algo, digamos patológico, esquizofrénico. No crees que el artista es medio loco o el que quiere ser artista coquetea con la locura.

Creo que algo por ahí tienen algunos, sí, definitivamente. Sobre todo los más jóvenes, porque uno se puede dejar deslumbrar por eso.

Háblanos un poco de tu experiencia en El Zapallal

El Zapallal es una zona marginal que queda en Ventanilla, en El Callao. La comunidad donde vivimos no es precisamente El Zapallal pero ya quedó con ese nombre. Ya estamos más de 20 años: se ha desarrollado bastante, pero sigue siendo muy pobre. Era un arenal y con esteras y el colegio era igual. Ahora las casas ya son de concreto, la mayoría de la gente es del norte o de la sierra norte. Es gente muy pujante y muy trabajadora. Me encanta el lugar, les guardo mucho cariño.

¿Por qué le guardas mucho cariño a El Zapallal?

Uno: porque me gusta trabajar en lugares así, urbano-marginales, digamoslo así, entre comillas. Y dos: tengo que admitirlo, por la cuestión afectiva, hay lazos afectivos muy fuertes.

Tienes una empatía con los pobres.

Yo siento que he consagrado mi vida a eso. Por ejemplo, si me dicen que venga a La Salle de Arequipa, de Cusco, de Lima, no me gustaría. Lo haría por obediencia, pero no me gustaría.

Además, Fabio, dentro de lo poco que sé: la esencia de San Juan Bautista De La Salle era trabajar por los más pobres, por los desvalidos.

Acá en el Perú sólo tenemos 3 obras particulares, todas las demás son nacionales.

¿Tu ritmo de vida es un poco agitado?

No, tranquilo. Yo tengo once años en esto y siento que sólo 3 años han sido agitados. Con el tiempo me he ido volviendo más casero, me ido volviendo más aburrido en muchas cosas. Pero me siento bien.

¿Ves televisión?

Poco, veo poca televisión.

¿Qué programa ves, por ejemplo?

Encanta El Chavo del Ocho.

Un clásico.

Sí, un clásico. Y casi no veo nada más, sólo el Chavo del Ocho.

¿Estás desvinculado del cine?

No. Al cine voy una vez al mes, por lo menos.

¿Cine comercial?

Sí. Pero me gustan más los dramas y las películas españolas, argentinas.

¿Almodóvar?

Sí, varias de Almodóvar, me gustan los dramas. Me encantó Todo sobre mi madre.

¿Cine peruano?

Me encanta el cine latinoamericano: peruano, argentino, etcétera. He visto Días de Santiago.

En esa película mostró el lado marginal de Lima, en una película cruda.

Sí.

No te jode la política, no te jode que esté en el poder otra vez la misma basura.

Sí, me jode. Uhmmmm, me jode. Pero hablar de política es enredarse. Para mí, Lourdes Flores era la opción.

Lourdes es conservadora.

Es más liberal en la política económica, que es lo que necesitamos, creo yo.

Pero para mí Alan García es un hijo de puta, y te lo digo con sentimiento. ¿Tú le das el beneficio de la duda?

Definitivamente es una pena que nos gobierne alguien que hundió al país. Alguien que no se sabe lo que hará, porque todavía falta la mitad de su gobierno. Yo, la verdad, descontento o descontentazo, no estoy. Pero no hay nada para los pobres. Definitivamente, para mí, Alejandro Toledo es la voz.

A pesar de sus juergas.

Lo que lo jodía era era su vida personal y su familia. Y, claro, como nosotros nos dejamos influenciar mucho por eso, incidimos. Pero quien levantó el país fue Toledo, y ahora Alan García se está llevando los aplausos, ¿no? Y en este caso, una cosa es cómo gobierno el país y cómo gobierno mi vida, que lo segundo no nos interesa. Si el mal gobierno de su vida afecta al país, eso ya es otra cosa.

Hablando de excesos, de la droga, del alcohol. Tú has tenido la oportunidad de interactuar con adictos, de toda clase social, desde La Molina hasta los Barracones.

Sí, en un centro que se llama Escuela de Vida. Un centro con una apuesta distinta a los demás centros terapéuticos. No se los retiene a los adictos: se trabaja en el hecho de recuperar su propia libertad. Ellos deciden en qué momento se van del centro. En un proceso que dura un año, pero si se deciden irse, se van sin un solo Sol en los bolsillos, sus familiares tienen que recogerlos, y apoyarlos. La parte más difícil es la primera, la etapa de la acogida: donde yo trabajaba y apoyaba. Les conversaba y les daba temas de logoterapia.

La logoterapia.

Es una propuesta de un judío llamadoViktor Frankl que consiste en trabajar todas nuestras dimensiones de persona a partir de descubrir nuestro Sentido de Vida. Sirve mucho para trabajar depresiones.

¿Por qué Sentido de vida? ¿Porque no sabemos qué hacer con nuestra vida?

Sí, nos aburrimos, no nos comprendemos.

¿Te has deprimido?

Llegar a deprimirme, no.

¿Pero tienes algunos baches existenciales?

Sí, he llegado a cuestionarme y me bajonea.

¿Por qué nos estresamos?

Porque nos damos cuenta de que hacemos muchas cosas pero no sabemos para qué las hacemos, no tanto “por qué”, sino “para qué”.

Hacemos mucho y hacemos nada a la vez, Fabio...

No sabemos para qué hacemos las cosas.

¿Crees en las ideas de Freud?

No. Ya fue ya. El psicoanálisis es algo caduco. Muchas universidades siguen con esta corriente, pero así, tal cual, es algo caduco. Son terapias largas que pueden durar diez años y sólo algunas tienen efectos.

Volviendo al tema de las adicciones y de la logoterapia, ¿por qué nos aferramos al alcohol, por qué nos aferramos a la droga?

Estamos aferrados a la droga, al sexo, al trabajo… porque estamos vacíos.

Pero, Fabio, creo que no podemos comparar la droga con el sexo.

Ah, bueno, si lo haces con una persona que tú amas es otra cosa, pero si lo haces con una prostituta es como emborracharte, es simplemente un placer que le das al cuerpo... como tomar un trago.

El simple hecho de sentir placer copulando y de no procrear, es también nuestro derecho, Fabio, ¿o tiene algo de malo?

Ah, no, ¡no tiene nada de malo!

Entonces no tiene nada que ver el sexo con el o los vicios.

Yo creo que sí, porque finalmente, si es el “sexo por el sexo”, es la búsqueda de llenar un vacío como sucede con el trago. Uno puede volverse adicto al sexo: uno cuando se siente mal busca algo para sentirse bien y el sexo lo hace a uno sentirse muy bien: y ya está. Pero puede llegar un momento en que a pesar del buen sexo puede seguir sintiendo ese vacío. Y uno se pregunta: “¿por qué me sigo sintiendo vacío?” Y es que quizá ese no es el camino. De pronto el camino es inspeccionarse uno mismo, intentar comprenderse a sí mismo, preguntarse a sí mismo.

¿Hay momentos en tu vida en que te has sentido infeliz?

Sí, claro que sí. Hubo momentos en que no me he sentido satisfecho conmigo mismo.

¿Impotente ante la realidad?

Sí, también.

¿Oras?

Sí, oro. Tenemos en el día tres o cuatro momentos de oración comunitaria. Charlo con Dios, le presento mis angustias, mis temores…

¿Dónde está Dios? ¿Qué es Dios?

A Dios yo lo encuentro en el amor, puede sonar tan cliché que inclusive está en las combis: “DIOS ES AMOR”. A Dios lo encuentro en el amor. ¿Y qué es el amor? Es una fuerza fuera de la razón. El amor no tiene lógica ni razón y Dios no tiene lógica ni razón.

¿El que des tus votos perpetuos es una muestra de amor infinito a Dios?

Es una muestra de haber experimentado de Dios, de haberlo sentido. Pero no lo siento como una muestra de mí hacia Dios, porque Dios no necesita ninguna muestra de mí, definitivamente. Si soy Hermano, o sea lo que sea, seguiré sintiendo su amor. Lo mío es simplemente una opción de querer experimentar ese de amor de Dios y querer compartirlo.

¿Por qué juzgamos?

Porque no nos comprendemos, ni siquiera nosotros mismos. Si no me puedo comprender a mí, entonces menos los voy a comprender a los demás, por eso lo juzgo.

No será que en realidad no sabemos amar.

Claro, en realidad no sabemos amar, no sabemos entender al otro, no sabemos ponernos en los zapatos del otro, creemos que somos el centro del mundo, y, claro, queremos que todos nos entiendan, que todos nos comprendan, que todos nos vean a la cara.

¿Qué esperas de la vida, Fabio, de acá en más?

(…) Uhmm, ¿de mi vida? Espero ser fecundo.

¿En qué sentido?

Siento que he podido dar vida a muchas personas, adolescentes. Yo, la verdad, sentí en la adolescencia mucha soledad, mucha tristeza, angustia, ¿no? Recién en cuarto de media cuando descubrí a los Hermanos Jóvenes me di cuenta de que había alguien ahí. Tercer año de media fue para mí un año muy crítico.

¿Te sentías como a la deriva?

A la deriva, casi repito de año. Solo, muy abandonado. Y ahora me encuentro con muchos adolescentes que pasan por lo mismo y los entiendo. Y el hecho que de pronto sientas que puedes confiar en alguien. Y ni siquiera hablamos de alguien que te aconseje, ni siquiera eso. Lo que más detesto es dar consejos. Sólo alguien que te pueda escuchar y te pueda acompañar.

¿El momento más doloroso de tu vida?

Lo más doloroso ha sido el divorcio de mis padres. Eso fue hace cinco años. Me dolió mucho, me costó aceptarlo. Yo no juzgo a quienes se separan, pero si queremos una relación de pareja tenemos que aprender a amar.

¿No crees que la iglesia califica el divorcio como acusando, diciendo que alguien se ha rendido, dejó de luchar, como que la pareja adbica, y que eso Dios no lo perdona o está en contra de eso?

Yo pienso que Dios no está en contra de eso. Y es que tantas veces ponemos en la boca de Dios cosas que no son, tantas cosas, tantas condenas. Simplemente Dios está en contra de una cosa: EL NO AMAR, en todo lo que vaya en contra del amor.

¿En qué instante de tu vida sientes que has descubierto la muerte?

De verdad que todavía no la he sentido. A la muerte sí le temo, pero el empezar a ver mi vida de otro sentido como que me ha preparado para la muerte. Lo peor que me puede pasar es morirme, pero si ya me morí, ya no pasa nada, ya estoy muerto. Nos aferramos a la vida, y es mejor no pensar en la muerte porque uno se deprime. A veces me imagino: ¿cómo será unirme a Dios? Creo que la muerte debe ser la experiencia más grandiosa de la vida. Creo que la persona que se está muriendo, quiere seguir muriéndose, hablo del instante final. Es el momento de mayor paz que el hombre siente.

Dicen que en el instante mismo de morir perdemos 21 gramos, hay una película al respecto. ¿Qué es el alma para ti?

Es el amor, es esa ‘porción de amor’ inyectada al ser humano.

¿No sientes que necesitamos religión o religiones para soportar la muerte?

¡Para comprender la muerte! Yo creo que en realidad todas las religiones nacen del preguntarse, del cuestionarse respecto a la vida y la muerte. Es la gran pregunta del ser humano, ¿adónde voy después de vivir y para qué vivo?

¿Y adónde vamos después de la muerte?

No lo sé. Yo sólo creo que esa porción de amor mía va a encontrar mucha paz. Pero nos angustia esa incertidumbre, ese no saber, pero... de que voy a estar bien, sí voy a estar bien.

¿A qué persona excepcional te hubiese gustado conocer, vivir en su tiempo?

Definitivamente a Jesús. No sé si me hubiera contestado las preguntas que le hubiera hecho y quizá no le hubiera preguntado nada porque yo me imagino que estar cerca de Jesucristo es sentir amor.... paz.

¿Y la contracara de Jesucristo? ¿Qué persona te parecen nauseabundas u horrendas?
Nauseabundo, horrendo, ¡nadie! Equivocados muchos, puede ser Hitler. Pero personas nauseabundas no hay. Mi palabra, mi adjetivo para esas personas es “triste”. Me parece una persona triste, como Montesinos, Fujimori o el mismo Alan García. Todas aquellas personas que piensan en sí mismos, en el dinero, y tienen más pero quieren más, porque el dinero también es un gran vicio.

Fabio, siempre caemos en el lugar común de que vivimos en una sociedad carente de valores y todo ese rollo…

Yo no creo en eso: somos una sociedad como todas. Todas las sociedades tiene valores y antivalores. A mí me revienta cuando la gente habla de la pérdida de valores, es lo peor que podemos hacer, debemos ver nuestras virtudes en vez de fijarnos en nuestros defectos.

¿Qué peruanos son plausibles, dignos de elogio?

Muchos anónimos. No te daría nombres específicos. Pienso en los que se sacan la mugre, ganan un sueldo de mierda.

Los héroes anónimos…

Sí, esos héroes anónimos, son peruanos y trabajan duro. Más de 12 horas al día. Se desplazan en combis más de tres horas al día. Sobre todo los admiro porque yo no sé si podría soportar un ritmo de vida así: se te enferma un hijo y qué mierda haces, muchas inseguridades, no tienes nada.

¿Y qué mierda podemos hacer para cambiar al mundo?

Una frase vieja, conocida: CAMBIARSE A SÍ MISMO.

Creo que el paso del tiempo va matando a los idealistas o al idealista que casi todos llevamos dentro. Y a veces uno se da cuenta de que ni uno mismo ha podido cambiar.

Eso es lo más duro. ¿Qué puedo cambiar del mundo? Yo creo que nada, lo único que puedo cambiar a mí mismo. Yo puedo trabajar con jóvenes, chicos, pero no los voy a cambiar si ellos no quieren.

¿Libros que te hayan cambiado la vida?

Que me hayan cambiado la vida, no. Pero sí me han marcado los libros de la Logoterapia de Viktor Frankl. La logoterapia, como te decía antes, es una corriente psicológica, que tiene incluso sicoterapias, pero en el fondo es una filosofía de vida, una filosofía exitencialista. ¿Y qué es una filosofía de vida? Mi visión de la vida, y cuando estamos ante una visión negativa, pesimista, deprimente, cambiarla –cambiar, digamos, el chip– por una visión que nos hacer ser conscientes de que tenemos libertad para elegir y nadie puede elegir por mí.

Son las elecciones las que nos salvan o las que nos condenan, ¿no? Sartre dijo que estamos condenados a ser libres.

Pero que es hermoso, muchos se preguntan, ¿y qué hago con mi libertad? Porque preferimos que decidan por nosotros, que nos gobiernen, para culpar a los demás, que es justamente lo que hace un adolescente o un niño. Al adolescente le encanta culpar al otro, señalar al otro. La primera gran crisis del hombre es cuando se pregunta “¿qué voy a estudiar ahora?”. Porque ya está dediciendo él mismo, si sus viejos deciden por él, le están haciendo un ‘favor’, porque si fracasa ya tiene a quién echarle la culpa.

¿Y ese niño que se pregunta qué hago con mi vida siempre está ahí, no?

La tarea más difícil del hombre es madurar. Ahora tenemos ya 28 años, pero no sabemos cómo será a los 35. Nos cuesta madurar, comprender, aceptar que la vida va pasando, vamos envejeciendo, ¿no? La gran tarea del hombre es comprenderse a sí mismo y es una tarea que no termina nunca.

¿Alguna ficción o novela que te gusta mucho?

A nivel latinoamericano: Gabriel García Márquez, Cien años de soledad. Es un libro espectacular.

Es una imaginación que no se agota, desbordante.

¡Desbordante! El Quijote también me encanta, sobre todo la primera parte, la segunda ya no tanto, pero la primera me apasiona. Me gusta más Bryce Echenique que Vargas Llosa, por ejemplo. Me entretiene el estilo de escritura de Bryce que es un ebrio que se la pega siempre. No tanto por el contenido, porque si hablamos de contenido Vargas Llosa es excelente. Me gusta más Bryce, Bayly también, me gusta el estilo irreverente.

Desenfadado.

Sí, desenfadado. Más cómico.

Bryce dice que él cuenta las cosas con humor para que duela menos.

Sí, y si tienes que decir algo, dilo con una sonrisa. Y eso lo practico siempre con mis alumnos. Para mí, entrar a un salón de clases es mi felicidad, siento que es el mejor lugar del mundo. Si tengo que decir algo siempre intento esbozar una sonrisa decir las cosas con amor, con caridad.

Bryce dice que debemos comprender hasta lo que no comprendemos de los amigos, aunque nos joda.

Tenemos que aceptar, hay cosas que tenemos que aceptar sin comprender: uno no puede comprender la muerte pero la acepta.

¿Tú ya la has aceptado?

Sí.

¿Te sientes feliz?
Sí, pero si me hubieras hecho esa pregunta el año pasado te hubiera dicho que no.

¿Por qué?
Porque sentía que habían muchas cosas de mí que me faltaba comprender, por ejemplo, mi vocación, mi libertad. En el fondo, no me sentía libre… Llegó un momento en el que empecé a sentir que seguía siendo Hermano porque no me quedaba otra, porque tenía miedo de enfrentar la vida de una manera distinta. Este último año –que ha sido muy especial para mí– he trabajado muchas cosas, he perdido muchos miedos y he ganado mucha libertad y esa libertad me da felicidad.

¿Qué es lo mejor que uno puede hacer por un amigo?

Escuchar… escuchar, nada más. Es lo mejor que uno puede hacer por un amigo y por cualquier persona.

¿Quién es un gran amigo?

Para mí, Beto Borda y muchos Hermanos de la congregación. Hay un Hermano que se llama Miguel Mendoza y otro que se llama Adrián Revilla, que me han marcado mucho.

A pesar de ser Hermano, el sexo y el deseo siempre estarán presentes.

¡Sí!, muy a menudo, siempre está ahí.

¿Y cómo controlas eso?

Yo creo que, más que controlar, deberíamos hablar de canalizar.

Hay una leyenda que circula por ahí que, por ejemplo, las monjas cuando sienten deseo carnal chupan limón...

(Sonríe) Ja ja ja. No. Debe de ser un mito. Por ejemplo, entre los antiguos Hermanos se decía que comer lechuga reduce el deseo sexual. Ahora, yo no soy de comer verduras, pero hay formas. Cómo hacer hacer para que tu cuerpo, tus emociones, no le ganen a tus decisiones, a tus convicciones.

Pero no hay nada más natural que el sexo, tú y yo somos resultado del sexo, es lo que da vida, pero renunciar a eso no lo entiendo, pero entre ustedes debe ser un tema muy recurrente, no es tabú entre Hermanos.

No, la castidad puede ser el principal tema de formación. Y este año, por ejemplo, a mí me tocó cumplir el papel de formador para los jóvenes que entraron para prepararse para ser Hermanos. Y es el tema que más abordamos. Y no es tanto decir: “renuncio algo” sino decir “opto por algo, elijo algo”. Si lo vemos con mentalidad negativa será siempre una renuncia. Si me pongo a ver todo lo que dejo (estoy dejando) entonces estoy frito.

Tienes que ver lo que eliges.

Yo veo lo que elijo, y eso ayuda.

Pero con tantos curas pederastas, e incluso Vargas Llosa cuenta su experiencia con el Hermano Leoncio en el colegio La Salle de Lima, un Hermano que se lo quiso ‘levantar’… ¿No crees que sería mejor abolir el celibato en Hermanos y en curas? ¿O eso le quita algo?

No, no le quita nada en absoluto. Hay una diferencia entre lo que es un sacerdote y lo que es la vida religiosa. Yo estoy totalmente de acuerdo y sueño que antes de morir voy a ver que hay dos cosas nuevas: una, sacerdotes casados y, dos, sacerdotes mujeres. Pero la Iglesia tiene una visión tan machista que todavía no admite esto. Pero hay varias corrientes dentro de la Iglesia que admite a los sacerdotes casados, porque los hay, eso es innegable. Tú vas a Ayacucho o Puno y los obispos saben que muchos de sus sacerdotes tienen mujeres e hijos.

Y seguramente son sacerdotes notables.

Son buenos sacerdotes.

A la Iglesia, a la cabeza de la Iglesia, le cuesta aceptar que el mundo ha cambiado.

Eso, y no podemos esperar a que el Papa diga “ahora se pueden casar”, eso no va a pasar nunca. Los cambios deben venir por abajo. Hay obispos, como te repito, en la sierra que dicen “si yo boto a mis sacerdotes casados, me quedo sin clero”.

El ala conservadora de la Iglesia también la homosexualidad como una anormalidad, ¿tú lo ves así?
No, definitivamente que no.

Pero tampoco lo ves como una libre elección sino como algo congénito.

Sí, algo congénito. Una naturaleza, una orientación y así es.

¿Y un homosexual puede ser Hermano?

Existen, no sé si Hermanos, pero sí hay homosexuales que son sacerdotes. ¿Por qué? Porque el homosexual también puede hacer voto de castidad. Hay un gran escritor llamado Henry Nouwen, un cura que era homosexual. Es muy importante el trabajar la sexualidad en la etapa de formación.

¿Qué mujer te parece hermosa?

Vanessa Saba.

¿Con qué mujer te hubiese gustado tener relaciones, que sea tu esposa?
(…) No, no se me ocurre.

¿Por qué no quieres responder eso? ¿Estaría mal?

No, no estaría mal. Sino que no se me ocurre, o se me ocurren muchas (sonríe). Pero no, un nombre en específico, no.

¿Qué película recomendarías?

Una argentina que se llama Un lugar en el mundo. Cuenta la historia de una pareja de esposos que se va con su hijo de la ciudad, que huyeron de la dictadura argentina y se van al campo, a la sierra argentina a vivir. E intentan hacer algo por ese pueblo pero luego caen en la cuenta de que su hijo necesita la formación del sistema y la madre y el hijo vuelven a la capital y el padre persiste en su lucha.

¿Qué es lo mejor que le puede pasar a una persona?

Lo mejor que le puede pasar a una persona es descubrir el amor, sentirse amado y saber que puede amar.

¿A ti quién te ama?

Ufffffff… yo siento que muchas personas. Porque hay muchos tipos de amor, ¿no? Y yo sí me siento muy amado.

¿Te emocionas? ¿Hay cosas que te conmueven hasta las lágrimas?

Me sensibiliza la pobreza.

¿Eres de llorar cuando dejas algo? ¿Qué despedidas son las que más te han costado?

No, no soy de llorar. Me costó muchísimo irme de El Zapallal, y me costó porque no me despedí, y eso es algo malo, hay que saber despedirse. Después de 9 meses recién volví para despe…(sic), ¡para saludar a la gente! Quise evitar la emoción, el dolor, pero los demás tienen derecho a despedirse.

A pasado el tiempo, ¿no? ¿Ves a la gente de la promo muy cambiada?

Hace un par de años estuve en un almuerzo de promoción y vi a la gente muy madura, como muy centrada en lo que hace y en lo que quiere. Y eso me dio gusto.

Pero, en líneas generales, y sin afán de ser polémico o hiriente, ¿no sientes que el grueso de la promoción sigue llevando una vida liviana, frívola?

No sé si se le puede llamar frivolidad. Creo más bien que la gente se divierte, la pasa bien, y si yo no fuera Hermano, igualito, la pasaría igual. No los juzgo, y está bien divertirse. Pero en algún momento, poco a poco se van a ir dando cuenta de que hay cosas más importantes que eso. Y para mí la diversión no es una frivolidad, simplemente es un momento que hay que vivirlo. Ahora, si más adelante quieren hacer un compromiso de verdad y siguen así, eso sí sería triste, porque no trascenderían. Una cosa es llevar una vida vacía y otra es tener vacíos en la vida.

¿El fútbol te parece una gran pérdida de tiempo?

No me gusta el fútbol, ni ver partidos ni jugarlo, pero es un deporte y ningún deporte es una pérdida de tiempo.

¿Qué deporte practicas?
Ping pong, nada más.

Fabio, eres seguramente alguien negado para los deportes. Siempre fuiste lerdo.

Sí, porque tenía y tengo el pie plano. Ahora es distinto: antes me fatigaba, ahora tengo mejor resistencia física. No soy de correr tampoco, pero no tengo problemas de cansancio.

¿Qué cosas te hacen sentirte vivo, lleno de vida?

Dar clases, hacer pastoral con los alumnos. Pero lo que más me llena es conversar con mis alumnos, entrevista personal, así se le llama. Escucharlos. Y yo me quedaría con eso.

¿Los analizas? ¿No eres una especie de un psicólogo?

Yo creo que el error del psicólogo es querer analizar a la gente. Y creo que en un maestro no es importante ser psicólogo. Es importante el descubrir lo valioso que tiene cada chico, cada muchacho y ayudarlos a que ellos lo descubran. Analizar y etiquetar es un trabajo para un psicólogo y al final está bien, es un diagnóstico, pero eso no me parece agradable.

¿Qué le dirías tú a una prostituta?

¡Uffff! Muchas veces he pensado en trabajar con prostitutas, pero me faltan huevos porque tú sabes que la zona de 28 de julio, Gamarra, del centro de Lima, es movida, no tanto por las prostitutas sino por los cafichos que son violentos y peligrosos.

¿Y por qué quisieras incursionar en ese mundo?

Porque son personas que –hablo de las prostitutas pobres, las que lo hacen por verdadera necesidad– necesitan alguien que las escuche y que les dé la mano de una manera desinteresada y sincera, alguien que les devuelva la confianza, la conciencia de que pueden cambiar. Hay muchas mafias donde esas mujeres están esclavizadas y en donde les pagan sólo con Terokal, sólo con droga, es decir que ni siquiera ejerciendo la prostitución van a ‘salir adelante’...

¿No somos todos esclavos del dinero?

Pero somos esclavos porque lo necesitamos.

¿Es el colegio la mejor etapa de la vida?

Definitivamente.

¿Ser Hermano no es ser un tipo aburrido?

No, al contrario. Si eres aburrido no vas a hacer nada, no vas a interactuar con tus alumnos.

¿Qué es el pecado?

Es la negación del amor.

¿Por qué pecamos?

Porque no sabemos amar, porque somos egoístas: "Quiero todo para mí, quiero sentirme bien solo yo".

¿Eres muy autocrítico?
Sí, y lo que me más me cuesta –y siempre me lo han dicho– lo del dinero, lo de la tacañería. Soy tacaño con un dinero que no es mío. Soy muy meticuloso con el dinero, lo cual también se puede transformar en una esclavitud, entonces es un tema que todavía lo tengo que trabajar.

¿Qué lugar o ciudad, escogerías para juntar a toda la gente de la promo y estar en mancha por un día?

Un lugar donde nos sintamos libres. Puede ser Mejía, me acuerdo mucho de esos viajes, los paseos a Mejía que eran excelentes.

Fabio, yo recuerdo mucho los viajes de retorno, a toda la gente, por la noche, de Mejía a Arequipa, y en la penumbra del microbús ojeando furtivamente las desnudas de las revistas Playboy que llevaba el Morbus, ¿te acuerdas? ¿Qué piensas tú de la pornografía?
También me acuerdo que yo con el Alex Apaza, con el Morbus mismo, mirábamos y yo tenía mis propias Playboys y Penthouses.

¿Pero las escondías?

Sí, claro.

En tornoa eso, el Sergio era un loco, ¿no?

Ja ja ja (ríe fuerte). Un quemado, sí. Atolondrado, ja ja ja.

¿Qué importante es la risa, no?

Es la mejor terapia y por eso me encanta ver el Chavo, porque me gusta reírme de estupideces, de tonterías. Y reírme a carcajadas. Soy una persona de fácil risa, y aunque mi risa parezca estúpida, yo soy así.

¿Qué les dirías a los amigos de la promoción?

Simplemente que aprecien todo lo que tienen, que se den o que nos demos cuenta todos de que tenemos un potencial muy grande que se llama Amor y que podemos hacer mucho bien a tanta gente, comenzando por nuestras familias, y que no desperdiciemos nuestras vidas.

¿Qué significa desperdiciar la vida?
El vivir con egoísmo.

¿Si uno no es Hermano o no es cura, tiene que decantarse por una vida de pareja?

No, de ninguna manera. Yo creo incluso que hay gente que tiene que aceptar que no está llamada para tener una vida matrimonial, ni para nada, ¿no?

¿Y eso cuesta porque es doloroso, no?
Sí, pero es maduro también. Hay muchísima gente que nunca debió casarse y nunca debió tener hijos.

Yo creo, Fabio, que nos casamos sin pensarlo mucho, no somos conscientes de lo que eso conlleva, de tener hijos y todas esas cosas alrededor del matrimonio. Se toma muy a la ligera...

¡O porque hay que hacerlo! O por asegurar tu descendencia, así es el sistema.

Entonces el sistema es un hijo de puta

Sí, sí, sí. Pero también hay maneras de ser feliz sin casarse.

Alguien que no te ha tratado mucho y se queda con el recuerdo de ti del año 1997, a primera vista diría que eras un gil, un pata medio tonto, torpe; y ahora uno que te ve hecho un Hermano y dando este paso de dar tu vida a Dios, una cosa a la vez tan estimulante y a la vez tan peligrosa, ¿qué es educar? Savater dice, por ejemplo, que educar es seleccionar de entre todo lo que hemos aprendido lo que creemos que hay que compartir, ¿para ti qué es educar?
Educar es acompañar. Acompañar a esa persona que está creciendo y que está descubriendo sus dimensiones como persona, sus potencialidades. Educar es ayudar a descubrir toda la grandiosidad de su ser y descubriendo tu grandiosidad puedes defenderte ante la adversidad.

Yo creo que tú eres muy consciente de que eres uno de los pocos patas de la promoción que trasciende o intenta trascender, no quiero que apeles a la falsa modestia sino que lo reconozcas.

Yo siento que sí, si no no sería Hermano. Trascender qué es: es decidir entregar lo mejor de mí mismo a los demás. Decir: yo quiero entregar lo mejor de mí a los demás. ¿Cómo? Eso ya es otra cosa.

¿Una frase que recuerdes siempre?
Si no vives para servir, no sirves para vivir. Otra muy simple: Ama a los demás como a ti mismo.

¿Dónde quisieras morir?
En Arequipa.

¿En qué país te hubiese gustado nacer dejando de lado el Perú?
En Argentina, me gustó mucho la cultura argentina.

¿Y el fútbol argentino es el mejor?
Ah, pero el fútbol argentino ni me interesaba. En el fútbol yo soy cero.

¿Una afición?
Pucha, que tenía muchas aficiones que he perdido: me gustaba coleccionar llaveros, cajetillas de cigarros, botellas de gaseosa, etiquetas de ropa, estampillas, filatelia, pero ya perdí esas aficiones a medida que me quedé sin tiempo.

¿Música?
Me encanta Fito Páez, para mí es el mejor. Sui Géneris y Andrés Calamaro.

¡Andrés Calamaro es un genio!
Un maestro, un poeta popular. Y Fito Paéz también, yo puedo escuchar a Fito Páez tocando tambor pero igual será espectacular.

Fabio, me haces acordar que Fito habla de la realidad del ser humano, por ejemplo, en AL LADO DEL CAMINO, cuando dice “vivir atormentado de sentido, creo que ésa sí es la parte más pesada”. O sea, imaginate, atormentado de sentido.

Se refiere creo que uno se pregunta para qué vive, encontrarle un sentido a la vida.

Me gusta abrir los ojos y estar vivo: tener que vérmelas con la resaca”, ¿no crees que la vida es como una gran resaca, una resaca que no termina? Y Calamaro, puta, con ésa que le gusta tanto al Pampa: “Voy a salir a caminar solito, sentarme en un parque a fumar un porrito y mirar a las palomas comer el pan que la gente les tira”. Calamaro ha tenido una vida muy agitada…

Igual que Fito, yo creo que por eso se iluminaron y les salieron esas grandes canciones.

¿No crees que las caídas, los vicios, el tocar fondo nos hace más humanos?

Lo hace más humano a uno sólo si le permite conocerse, comprenderse más. Sólo si tocar fondo les ayuda a comprender su vida. Las personas que tocan fondo son las que más comprenden a los demás.

Fabio, y de Calamaro qué canción más te gusta

La parte de adelante”.


Soy vulnerable a tu lado más amable
so
y carcelero de tu lado más groseroso
y el soldado de tu lado más malvado
y el arquitecto de tus lados incorrectos
soy propietario de tu lado más caliente
soy dirigente de tu parte más urgente
soy artesano de tu lado más humano
y el comandante de tu parte de adelante
soy inocente de tu lado más culpable
pero el culpable de tu lado más caliente
soy el custodio de tus ráfagas de odio
y el comandante de tu parte de adelante
perdiendo imagen a tu lado estoy mi vida
mañana será un nuevo punto de partida
soy vagabundo de tu lado más profundo
por un segundo de tu cuerpo doy el mundo
que más quisiera que pasar la vida entera
como estudiante el día de la primavera
siempre viajando en un asiento de primera
el comandante de tu balsa de madera
que más quisiera que pasar la vida entera
como estudiante el día de la primavera
siempre viajando en un asiento de primera
el carpintero de tu balsa de madera
Soy el soldado de tu lado malvado
y el comandante de tu parte de adelante
perdiendo imagen a tu lado estoy mi vida
mañana será un nuevo punto de partida
soy vagabundo de tu lado profundo
por un segundo de tu cuerpo doy el mundo
que más quisiera que pasar la vida entera
como estudiante el día de la primavera
siempre viajando en un asiento de primera
el comandante de tu balsa de madera
que más quisiera que pasar la vida entera
como estudiante el día de la primavera
siempre viajando en un asiento de primera
el carpintero de tu balsa de madera
Soy el soldado de tu lado malvado
y el comandante de tu parte de adelante
Soy el soldado de tu lado malvado
y el comandantesólo estoy sólo y estoy buscando
es a alguien que me está esperando
que me entienda y si no me entiende
alguien que me comprende
alguien a alguien para recordar
de memoria cuando estoy de viaje
cuando estoy muy lejos y
soy un vagabundo y camino bastante
alrededor del mundo
pero quiero volver a mi casaa alguna casa
para encontrar a esa princesa vampira
que respira, que respira y me mira.


Fabio, pero esa canción en su título mismo y en su letra tiene una carga muy erótica, está impregnada de sexualidad, ¿no es un contrasentido en tu caso?

Ah, no, sí me gusta, me gusta igual.

Pero las canciones que nos gustan representan algo para nosotros, no será que quizá con LA PARTE DE ADELANTE quieres vivir en la mentira, cosas que no puedes vivir en la realidad.


No, no creas. No sé, me gusta como me puede gustar la pintura de un desnudo, una novela erótica. Me gusta y aprecio la sensualidad, y aprecio mucho la capacidad del artista de transmitir esa sensualidad. Y El Salmón también me encanta.

Quiero arreglar todo lo que hice mal: todo lo que escondí hasta de mí, debo contar lo que yo solo sé…” Cómo nos cuesta contar lo doloroso, nos cuesta despojarnos de lo que duele…

Es un himno para todo el que va contracorriente.

En Paloma dice: “quiero llevarte conmigo y no voy a ninguna parte”. Eso le pasa a menudo a los que nos enamoramos.

El problema es cuando confundimos el amor con un sentimiento de pertenencia que encadena, que acorrala. Eso no es amor, el amor siempre es libre, no encarcela .Quizá ése es el gran problema: adueñarse o querer que la otra persona se adueñe de nosotros. Esas ideas van evolucionando con el tiempo, en las mismas experiencias. Las personas que no evolucionan son precisamente las que fracasan.

¿Qué temor te abruma, te paraliza?
Todavía lo estoy trabajando, poco a poco lo voy superando. Pero es el temor a envejecer. Todavía me da miedo, soy consciente de que tengo que seguir trabajándolo. Todavía siento que detesto mis cumpleaños, envejecer, el paso de los días. El envejecer es el acercarse a la muerte.

¿Jode, no?
Jode, sí. Pero de pronto empecé a aceptar que es nuestra naturaleza y que vamos hacía allá. No hay que renegar.

Recuerdo que al primero que entrevisté fue al Leonel y que me dijo “Prefiero que nadie descubra lo que soy, porque se puede encontrar con un niño tierno o con el monstruo de Armendáriz”. El Zayvo que también incidió en el paso del tiempo,LA MADUREZ y el Sergio que lanzó una idea magnífica: “ME PUEDEN ACUSAR DE LO QUE SEA, MENOS DE NO HABERLO INTENTADO. ME LA HE JUGADO ENTERO POR CONSEGUIR MIS SUEÑOS”. Tú qué dirías de ti, ¿quién es Fabio Galdos? ¿Qué se puede decir de Fabio Galdos con Honestidad, con la Honestidad Brutal de Calamaro?

¿Quién soy yo? Pienso que soy... una persona que lucha por amar y que no le importa si se equivoca o no en la elección de ser Hermano. Sólo pienso en que quiero vivir mi vida con amor y que la persona que se encuentre conmigo se sienta amada. Y soy consciente de que no todas las personas aman, pero que ésa persona se vaya mejor de lo que vino. Mi vida es servir a los demás, pero servir con amor y pasión. Eh… ¿y quién soy, cómo soy? No sé, es un poco difícil.

¿Eres un hombre con muchas interrogantes?
Sí, yo creo que sí. Y al menos también me puedo resumir como un hombre sencillo.

Un hombre de angustias…
Sí, porque el hecho de llevar una vida con ideales, te angustia, sí. Pero todos tenemos angustias.

¿Qué pondrías en tu epitafio?
Aquí descansa un hombre que vivió y amó, así de simple. Y si me muero ahorita, me muero contento, tranquilo.

¿Pero qué te falta hacer?
No sé. ¿Qué es la vida? ¿Angustiarme de qué? ¿Hacer qué mas? Mientras viva hago todo lo que pueda, pero si no lo hago yo confío en que lo hará otro. Aunque también se que nadie hace las cosas como las hago yo. Me encanta saber que soy único. Todos somos únicos. Nadie canta como tú, nadie escribe como tú, ¡nadie ama como tú! ¡Nadie, nadie!

¿Envidias?
Sí, a veces.

¿Envidias quizás otras vidas que te hubiese gustado vivir?
Envidio otras vidas pero en otros momentos. Ahora no. Si no me quedara otra ahí sí envidiaría.

Si Fabio Galdos no fuera Hermano, ¿qué sería?
Definitivamente profesor, es mi esencia, es mi lugar en el mundo.

¿La edad perfecta?
Los 21 años.

¿Algún momento epifánico en que sentiste que descubriste una verdad?
Justamente de lo que ya hablamos, cuando descubrí de que si en mi vida no amo entonces no sirvo para nada. Y no puedo desperdiciar mi vida viviendo sin amar. Y doy amor porque he recibido mucho amor.

¿Vale la pena vivir?
Sí, porque yo creo que es un regalo de Dios que hay que aceptarlo tal como viene y hacer de ese regalo algo hermoso. Depende de nosotros hacerlo lindo o estropearlo, es nuestra libertad.

¿Qué cosas positivas tenía el Fabio de quinto de media que ya no están?

Era más audaz, menos flojo. Más vital, me gustaba más meterme en cosas nuevas, era menos calculador. Ahora siento que pasan los años, ando con más cuidado. Ahora me siento más fuerte y con capacidad de dar fortaleza a los demás.

Al comenzar la entrevista me decías si algunas preguntas impropias que te hiciera se podrían borrarse... con sinceridad a qué te referías.

Lo que siempre me preguntas, pues.

¿Si eres virgen?
Ajá. Y te decía si me lo preguntabas, que no aparezca eso.

¿Es tu intimidad?
Sí, y porque se puede prestar a muchas cosas que de repente la gente no va a entender.

¿Qué cosa te hubiese gustado que te pregunte y no te he preguntado?
Ah… mira que me has hecho un montón de preguntas…

(una llamada de su viejo interrumpe)

Te está llamando tu papá y le dices “papito” a cada rato, ¿no te parece que ya estás muy grande como para decirle “papito” a tu viejo?

Hay una palabra muy importante para mí que es la ternura, y que es un derivado del amor. Lo que el hombre pierde por el sistema, o a medida que va creciendo, es la ternura. Y yo sí me considero una persona muy tierna, yo creo que lo mejor que le puedo dar a los demás es la ternura. Yo a mis alumnos, mis alumnas, a los profesores, siempre les hablo con mucho cariño, con mucha ternura, y no es melosidad, les digo “papachos”, “mamacha”, “mamita linda”. Me encanta tratar a las personas con diminutivo afectivo y ser cariñoso. No es alfo forzado, es espontáneo.

Eres uno de los pocos amigos que su vida, su coherencia me resulta admirable. Y me siento orgulloso de ser tu amigo.

Ah, y ahora que me dices eso, no preguntaste a quiénes recuerdo más, así como grupo… y recuerdo mucho al Beto Borda, Pablo Cuadros, Gerald Peralta, Juan Carlos Castro, Chalo Pampa, Alex Apaza, Aldo, Sergio, a ti… Yo me acuerdo mucho y seguro tú no te acuerdas que conversamos mucho, tú y yo, en nuestro Retiro Espiritual de Quinto: nos dijeron: “conversen de a dos” y conversé contigo. Tú en ese momento me dijiste que tú querías ser periodista deportivo, quizá no te acuerdes bien y yo no sé si en ese momento te confesé que quería ser Hermano.

No lo recuerdo.

Pero yo sí me acuerdo mucho de esa conversación que fue en la Casa de la Juventud, me dijiste que querías ser periodista deportivo y todas esas vainas.

Sí, uno más de mis proyectos abortados.

Sí. Y a la promo le digo nuevamente, a todos: vivan con intensidad su vida, el momento. ¡Disfruten! Descubran lo más grandioso que tienen, vean lo positivo y no lo negativo. ¡Vivan bien!

Qué difícil vivir bien, Fabio. Dicen que la ética consiste en vivir bien, pero qué jodido es decir “vive con intensidad” cuando creemos que la intensidad radica en embalarse en tragos.

Claro.

Creemos que vivir con intensidad es llenarte de alcohol, meterte drogas, sexo, salir de noche, ser nocturno. Así entendemos la intensidad, Fabio, la malentendemos. O sea creemos que estar sentados leyendo un buen libro o viendo una bonita película o conversando como ahora, simplemente dialogando, una conversación de sobremesa…

O caminar solo: eso sí, sin necesidad de fumar un porrito, de respirar el aire.

Yo me acuerdo de Belleza Americana: “hay tanta belleza que no la puedo soportar”

Esa película me encanta, y la trabajo siempre con los muchachos, con los chicos, porque es espectacular. Cada personaje es todo un mundo con el cual nos podemos identificar.

Es un mural de la sociedad norteamericana o si somos más abarcadores, es un mural de la sociedad contempoeránea: somos anormales y nunca vamos a ser como los demás.

Y si hablamos de vivir con intensidad me refiero a sentirse vivo con los cinco sentidos, conectados con el mundo, conectados con nosotros mismo, es tan complejo pero… es también tan grandioso…

Fabio, vivir intensamente puede ser también escuchar a todo volumen “La parte de adelante” mientras imaginamos a una rubia hot que nos hace un felatio…

J a ja ja. Puede ser, Orlando… puede ser…

2008/11/28

DIOSES: idealizando a partir de nuestras carencias


Todavía recuerdo la larga cola que tuve que hacer un fin de semana perdido en el tiempo para poder adquirir un boleto para Días de Santiago, la primera película de Josué Méndez. Mi siempre vigente ingenuidad afloró una vez más y me hizo creer que la gente quería apostar por el cine peruano. Me equivoqué: todos terminaron dirigiéndose a la sala en donde estrenaban La Terminal, filme en donde el rol principal corría a cargo del multipremiado Tom Hanks.
Fuimos muy pocos –con los dedos de las manos me alcanzó para contarlos– los que degustamos de aquella película que lanzó a la fama a Pietro Sibille y le dio un espaldarazo al joven cineasta limeño (que escribió el guión de Dioses gracias a Cinefondation, el programa residencial del Festival de Cine de Cannes). Todavía puedo sentir el vértigo de las escenas finales y la turbación con la que regresé apresurado a mi casa tomando notas mentales, tratando de comprender o imaginar lo que le pasaría a Santiago, y, a través de él, de lo que le pasaría a mi país. Tarea equívoca, si es que no estúpida como mi desbordada empatía con las paranoias y el franco proceso autodestructivo del personaje central.
Y ahora, por fin llegó Dioses. O digo mejor: llegaron “los” Dioses. Los Dioses de Asia, el rincón elitista del verano limeño… para presentar una historia incestuosa en donde Diego, el hermano menor (Sergio Gjurinovic), desea a Andrea, su propia hermana (Anahí de Cárdenas). Este vendría a ser el gatillo del segundo largometraje de Méndez que me trae a la cabeza el también segundo capítulo de La tía Julia y el escribidor que aborda una historia que tiene el mismo germen y termina con esa pregunta ensamblada por el morbo que carcome al fisgón (sea lector o cinéfilo): ¿estallaría el escándalo o un pudoroso velo de disimulación y orgullo pisoteado ocultaría para siempre esa tragedia?
La tentativa de Josué Méndez de mostrar cómo es la clase alta peruana podría ser fallida o hasta cierto punto maniquea, sobre todo cuando él, generalizando, le lanza adjetivos que calzan en el lugar común: "patética, vacía e ignorante". La película seguramente no muestra cómo es la clase alta peruana, lo que sí hace es componer una efectiva historia que se enmarca dentro de la burguesía más privilegiada del país. Ahí es donde uno se ve doblegado por sentimientos contrapuestos: asco y atracción. Porque es una historia que habla del poder, de las garantías y anchos espacios que cubre (y que nunca cubrirá) el dinero. Y, creo que a todos, el poder nos produce sensaciones dispares: la crítica y la fascinación, en donde sí acierta Méndez cuando él mismo se confiesa: "Yo sin venir de clase alta acabé en ese colegio y me crié con esos chicos privilegiados, lo que me hizo crecer con contradicciones. Por un lado criticándolos y por otro fascinado por sus vidas".
Hay dosis de crítica y, por otro lado, rendidas muestras de fascinación de la que todos somos partícipes. Vemos, por ejemplo, cómo Agustín, un prototípico pituco limeño (Edgar Saba), se enamora de Elisa, una chola de la clase baja que oculta sus raíces (rotunda y sensual Maricielo Effio). Y es Elisa quien acaudala nuestra fascinación por ese mundo de ostentación y abundancia: cuando ensaya, frente al espejo, la pose, la forma de hablar de las pitucas. Cuando juega a jugar y procura recrear su personaje en la intimidad, nos vemos ante un juego de espejos en donde la impostura es el escape a los complejos y miserias del que se siente inferior. Pero luego vemos que los espejos no sólo acusan al pobre lo hacen, a su vez, con el rico. Diego también empezará a actuar, fingir, hacer como que no pasa nada, todo anda bien: el chico que se templó de su hermana no está más, desapareció o se esconde detrás de una falsa sonrisa. Pero el espejo es igual para todos. Al final, no importa ser cholo o gringo, tener plata o ser un misio: todos somos iguales frente al espejo: uno solo no puede escapar ante sus miserias y secretos más inconfesables. Ante el espejo, en resumidas cuentas, se refleja ese juez incorruptible que es la conciencia.
La pesadillas de la pobre Elisa conmueven y nos señalan a todos, como lo hace, pero de una manera indeseable, la típica escena del chico bien que, llevado por las trepidantes hormonas, toquetea a la empleada (en estos casos, la platea siempre termina celebrando la ‘picardía’ del muchacho, cosa que nos denuncia como alegres cómplices de este espanto que es pan de cada día en el Perú).
La servidumbre encuentra en su lengua nativa (el quechua) su propio reducto para poder manifestar sin temores su sentir –sus críticas furtivas– frente al patrón, el amo que si no duerme, bebe y si no bebe, duerme.
Hay un también en Dioses una actualización de la temática de No se lo digas a nadie que, en palabras de Mario Vargas Llosa, describe con desenvoltura y desde dentro la filosofía desencantada, nihilista y sensual de la nueva (de)generación.
A Andrea tanta sensualidad y nihilismo no le hizo mucho bien. Termina embarazada. ¿De su hermano? No. ¿De quién? De todos: es decir, de nadie. Abortar ya no es la salida, ha pasado mucho tiempo. No queda otra cosa que hablar de ‘esa nota’ con su progenitor, que lo decide de un tiro: ella se irá del país por un buen tiempo y tendrá a la criatura que luego él mismo reconocerá con la complicidad de Elisa, quien aceptará ser parte fundamental de la mentira: la falsa maternidad tiene un precio, el ansiado matrimonio. El viejo manda a la hija a Miami y ella, inquietada por la incertidumbre que se cierne sobre su vida le pregunta: ¿Cómo voy a vivir allá? La respuesta del padre es terminante: igual que acá.
Luego vemos al abuelo en una postal irreprochable de la clasa alta capitalina: él, solo, en su espaciosa casa de playa, con el vaso de whisky, perdiendo la mirada en el horizonte, allá donde el mar y el cielo se encuentran mientras la tarde se alimenta de sus deseos y carencias. Aparece la servidumbre, la empleada que lo escucha en silencio sin asentir ni disentir, simplemente cumpliendo su misión: recibir órdenes sin opinar. El abuelo imaginando el futuro del nieto mientras su hijo, confuso y angustiado, huye de casa y se va a El Agustino, para refugiarse en el hogar de una de sus sirvientas, encontrándose cara a cara con su propio país, con esa cosa molesta que no le mostraron porque enferma, abruma: la pobreza. Talvez eso lo sensibilizó, como comentará después una vieja pituca al saber que piensa estudiar letras o sociología… Y hay mucha sociología cuando vemos a Elisa volver a casa, su barrio populoso, su esquina, a contarle a su gente que se casa en París para sorpresa de todos. Su madre intuye algo pero comparte la alegría de su hija. Le pide que le cuente la buena nueva a la abuela. Elisa sube las gradas y entra al cuarto de su abuela: la encuentra durmiendo en medio de su miseria, Elisa la arropa con su silencio y una lástima extraña, peligrosa. La abuela durmiendo es una metáfora de ese Perú que duerme, sueña, pero no ve el progreso del que muchos hablan, está de espaldas a la realidad de los Dioses.
Dioses habla del poder y de cómo combatimos su ausencia para acariciarlo o acercarnos un poco más, hasta donde podamos (o hasta donde nos deje la policía). Habla de los ricos y los pobres, habla de las carencias de todos. Por eso Agustín piensa al nieto distinto a los hijos que no son más que proyectos fallidos (una madre prematura y un futuro sociólogo), dos vidas desperdiciadas. El nieto, en su imaginación, será distinto: lo piensa ingeniero metalúrgico. Hasta lo bautiza, idealizando hasta el infinito: Gianluca, le llama y ya lo ve al mando de alguna fundición mientras su propia vida –que él cree ordenada y exitosa– se le escapa de las manos, va a la deriva. Talvez de eso están hechos los Dioses: pantallas, ensueños, apariencias… carencias y nada más.



2008/11/19

Vacíos

No alcanzaba a reconocer esa avenida. Los colores de la noche se habían alimentado con mis desvaríos. Alcancé la puerta de una farmacia y pedí un tranquilizante. Me armé de valor y proseguí mi marcha viéndome asediado de gente que me reconocía.

Algún día encontraría la fachada del maldito teatro. El teatro de mi vida. Donde perdí la cordura de a pocos... mientras las boleterías se iban quedando vacías.

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Imagen: Retrato del doctor Gachet (Van Gogh)

2008/11/17

¿Por qué se entregó Rómulo León?


Alan García dice que lo de los petroaudios es un simple escandalete. ¡Todo un pelmazo! Él sabe muy bien que si uno quiere ponerle nombre a todo este desmadre, “Nido de ratas” sería la opción más pertinente. Y al parecer las ratas eligen –siguen eligiendo– el número 13 para realizar sus nuevos “faenones”. El Apra, como en los toros de Acho, tiene tardes de muy buenas faenas en donde el astado, el que siempre pierde, es el país, la gente que en una tarde afiebrada de decisiones desesperadas los puso en el poder creyendo que eran “el cambio responsable”. ¿Por qué se entregó León? ¿Quién ‘arregló’ su situación? ¿A quiénes ‘aceitó’ o ‘ablandó’ durante estos días? ¿Al propio presidente? Eso sólo lo saben el propio Rómulo, sus hijitos (énfasis en la actoral Luciana) y la cúpula del partido aprista. Aun así, nos siguen despertando mucha curiosidad los entresijos de esta historia truculenta que, salpicada de verdades y mentiras, no es otra cosa que la historia oficial del Perú… la que casi nunca llega a los libros de Historia que leen nuestros escolares.
No hay que ser muy malpensados para saber que esta larga espera, de más de un mes, es el resultado de un arreglo por debajo de la mesa. Es muy claro Augusto Álvarez Rodrich al afirmar que la entrega de León “es clave para identificar a los responsables del intento de establecer un red mafiosa en el país. Ojalá, nomás, que los 38 días que demoró en hacerlo no obedezcan a alguna negociación turbia”. Por otro lado Hildebrandt sabe (y saben los pesos pesados del Apra): León no hablará, “pero, si por alguna razón, hablara, el terremoto de Pisco quedaría como una leve sacudida. El problema de este gobierno no es Canaán ni es León. El problema de este gobierno es que un amplio sector del Apra ha vuelto a las andadas. Y con el doctor García a la cabeza”.
Estamos ante una puesta en escena planificada sin apresuramientos desde la cima del poder –la verdadera red mafiosa–, todo muy bien orquestado, no hay roles principales ni tampoco secundarios: insistimos en un nido de ratas que sólo se lanzarán del barco cuando éste se empiece a hundir (“el efecto Titanic”) o cuando el 2011 les diga: ¡basta a la porquería! Cuando creemos que nuestros gobernantes no pueden ser más corruptos, la realidad nos desmiente con un cabezazo en la sien. Creímos (o jugamos a creer) que los vladivideos eran el punto de partida, porque ya no se podía descender más. La vieja escuela aprista se viene con la fuerza de un tornado. Rómulo León, digámoslo sin dudarlo, es un peón más que toda esta caterva de ladrones que no van a parar la mano. Lo sabe García, lo sabe Hildebrandt, lo sabemos todos. Lo que no ignoramos es en dónde vamos a terminar…
Hoy más que nunca uno puede estar orgulloso de su memoria. Mi memoria me impidió votar por Alan García. Sabía que llevar otra vez a ese sujeto a Palacio de Gobierno sería el tiro de gracia para nuestra moribunda dignidad nacional. Estaba convencido de que si García volvía a alzarse como presidente del Perú nuestra bandera quedaría percudida para siempre y no habría “lavado de bandera” o revuelta popular que nos la devuelva. Porque no hay desvarío peor que el desvarío de la memoria. Juan Pablo Castel, aquel mítico personaje de Sábato, sabía muy bien de desvaríos. De esos desvaríos que atenazan al peruano de a pie, a todos aquellos compatriotas para quienes la democracia es una palabra inasible, para aquellos a quienes el presente (democrático) es tan horrible como el pasado, para quienes por suerte todavía recuerdan tantas calamidades, tantos rostros cínicos y crueles, tantas malas acciones… porque la memoria es, para nosotros los peruanos, como la temerosa luz que alumbra un sórdido museo de la vergüenza. Porque los cínicos y crueles como Fujimori, Montesinos y García sólo nos deben servir para documentar nuestro pasado tenebroso. Para que se pudran juntos en el sórdido museo de la vergüenza. Y para acudir a ellos cada vez que la memoria lo requiera tanto o más que el día de mañana, cuando Rómulo León resulte siendo un niño de teta al lado de otros (sus jefes, sus primos, sus progenitores y hermanos políticos… aquéllos con quienes maquinó esta farsa que es su entrega).
Desde el 28 de julio del 2006 no entono el Himno de mi país. No lo haré hasta que todos ellos se vayan, ¡ojalá para siempre!

Orlando Mazeyra Guillén
Publicado en El Pueblo, hoy

2008/11/14

PULP FICTION (o cómo hacer una película)



Antes de llegar a esta película, todavía no había visto absolutamente nada de Tarantino. La conseguí porque, en 1994, la habían premiado con la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Pulp fiction (traducida como Tiempos Violentos y que compitió con Forrest Gump por la mejor película del año en los premios Oscar), es un filme que sacude, pero no por estar impregnado de la violencia que anima a su título en español, sino porque los guionistas (Quentin Tarantino y Roger Avary) dan una clase magistral de cómo contar una historia o, digo mejor, cómo contarla cinematográficamente, explotando al máximo el libreto, con esos giros y saltos espacio-temporales que lo dejan a uno estupefacto (presa de sus propios flashbacks coyunturales).
Todo comienza y termina en el mismo lugar: una típica cafetería de cualquier bodrio taquillero yanqui. Suena aburrido. Nada que ver. La película funciona como una caja china, un gran contenedor de un trío de historias que se cruzan y descruzan (pero que también pueden ser vistas como películas independientes y en el orden que a uno mejor le plazca): “Vincent Vega (John Travolta) y la esposa de Marsellus Wallace (Uma Thurman)”, “El reloj de oro (Bruce Willis)” y “La situación con Bonnie (en esta parte –y como suele ocurrir en sus filmes– actúa el propio Tarantino, como esposo de Bonnie, una enfermera que no aguanta pulgas)”.
Párrafo aparte para un inolvidable y escéptico John Travolta que hace las veces de un gánster regordete y de un bailarín superdotado: la escena en donde baila descalzo con una impensada y exótica Uma Thurman es tan lograda –por algo los terminan premiando– que uno no se cansa de repetirla una y otra vez… hasta malograr el DVD (pirata) ajeno.
No podría elaborar un argumento digno, lo único que se intento alcanzar en estas breves líneas es un deseo de disfrute pleno y envolvente para aquél que todavía no haya tenido la suerte de haberla visto. Y los que ya la vieron, saben que –como casi siempre y en lo que más nos seduce– con una sola vez no basta. Además, que después de oír a Samuel L. Jackson predicando, en más de una oportunidad y con arma en mano, un fragmento bíblico inventado (o enriquecido por el talento del genial Tarantino), uno deja de ser el mismo:

El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por las injusticias de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel pastor que, en nombre de la caridad y de la buena voluntad, saque a los débiles del valle de la oscuridad, pues ése es el verdadero guardián de su hermano y el descubridor de los niños perdidos. Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquéllos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos. Y tú sabrás que mi nombre es Yavéh, cuando caiga mi venganza sobre ti”.
Los enemigos de los baños de sangre, de los disparos indeseados, las sodomizaciones más salvajes y hasta del la eficiencia del Señor Lobo (experto en resolver problemas), mejor cierren los ojos para obviar el sadismo y disfruten de una banda sonora que se resume en una palabra: ¡FORMIDABLE!

Orlando Mazeyra
Noviembre del 2008

2008/11/10

Zavalita deambula por Arequipa


"Si Alan vuelve… ¡viva Fujimori!"
(Graffiti de un baño público de Camaná, año 2001)
Es lunes por la mañana y el veranillo asoma por Arequipa. Te paras frente al puesto de periódicos y, luego de una fugaz revisión del acontecer noticioso, presientes que la rabia es cuento viejo –anodino y cansado de ser viejo–, y la desesperanza un eco sempiterno que castiga miradas y atropella sin querer queriendo como las combis asesinas. La corrupción corre tanto como la "C"... y como las malas noticias. No dormiste bien, Zavalita, pues no podrás negar que sigues teniendo pesadillas con los ‘petroaudios’, ¿verdad?
Mientras tomas la combi, piensas: ¿Y acá, al pie del Misti, pasa lo mismo? ¿La misma porquería? ¿Igualito que en Lima? Sí, Zavalita, en todo lo malo y nauseabundo sabemos competir, palmo a palmo, con la Ciudad de los Reyes (de la corruptela): el Perú estropeado, Arequipa estragada, la estrella del Apra seguía siendo la misma patraña, sólo que ahora edulcorada con aires modernistas, inéditos perros del hortelano, otorongos de la vieja escuela y arribistas con carné vitalicio que ponen los negocios a nombre de la empleada, el chofer o el mozo. ¡Para eso sí somos pilas, Zavalita! Y que Víctor Raúl se revuelque en su tumba y que los cholos no se quejen, porque la servidumbre ahora tiene nuevas plazas laborales: se buscan testaferros para ejercer la rapiña sin miramientos.
Nadie quiere cruzarse de brazos, Zavalita, pero, ¿qué quedaba por hacer? ¿Esperar hasta el 2011 para otra vez empezar desde cero? ¿Descubrir en el camino a los nuevos oportunistas? ¿Keikos y Kenjis o, acaso, Antauros y Ollantas? ¿Queremos, en un futuro próximo, ver desfilar a esas hediondas comparsas de majaderos y sobones como Carlos Raffo o algo de peor estofa como su propio jefe?
El Apra no era un partido, era una peste, Zavalita. La coartada perfecta para decir "quiero cambiar a mi país" cuando la verdad era que sólo querías cambiar el ancho de tu billetera. Pero, ¿y los demás partidos? ¿En dónde estaba la oposición, caramba? ¿Y en dónde estabas tú? ¿Escribiendo? Ojalá escribiendo algo que valga pena… y no andes escribiendo hasta el culo (como ahoritititita, Zavalita).
Y Vargas Llosa afirmando que "el Perú es el país que se jode cada día"; y miríadas de gentes atestando las embajadas de Estados Unidos, España y un largo etcétera que da vuelta a todo el planeta; y por un momento recuerdas el estado de emergencia en Tacna y, hace no mucho, los delirios mesiánicos del presidente regional de Puno que quiere separarse de la patria… y tú, Zavalita, mudo testigo de tanto zafarrancho, impotente y aburrido. Ya no buscas trabajo, ni siquiera intentas conseguirte otro país o una nueva ideología. Ya nada de eso vale la pena: sólo quieres esconderte de tanta porquería, ¿no es cierto? "El que puede, puede… y el que no puede, aplaude", murmura alguien por ahí. Seguramente está leyendo un diario. Y, sin saber por qué, recuerdas con rubor que hace una punta de años viste ese graffiti en un baño de Camaná: "Si Alan vuelve… ¡viva Fujimori!".
Talvez eso era, así se resumía el Perú: una mentira verdadera. Algunos le llaman doble moral, Zavalita.

2008/11/07

Yo creo en EL PADRINO


"Yo creo en América". Con esta sentencia –que todavía resuena en mi mente y, de pronto, se aleja lentamente como la cámara que enfoca su abatido rostro–, el enterrador Bonasera da inicio a, quizá, el film más fascinante de todos los tiempos.
El Padrino (The Godfather, 1972) de Francis Ford Coppola, película basada en la novela homónima de su compatriota Mario Puzo, es una obra total, tan redonda y lograda que linda esa sobrehumana perfección que nos deja sin palabras, pero, eso sí, con un tumulto de inquietantes ideas confundidas con sensaciones nuevas. Si escritores como Tolstói, García Márquez o Grass, han sido capaces de elaborar ficciones totales –esas que, como La Guerra y la paz, Cien años de soledad, El tambor de hojalata , consuman el deicidio del que nos habla, y quiere a su vez alcanzar, Vargas Llosa a través de toda su prolífica obra–, pues hay, también, cineastas que han llegado a esa meta.
"Yo creo en El Padrino", aclaro sin esperar mucho, en mi calidad de cinéfilo en ciernes; y, antes de creer en él, lo siento no sólo como padrino, sino en su diversidad de formas y contrastes: como padre, esposo, amigo, o simplemente como el abuelo que jugando con su nieto encontró la muerte más feliz del mundo.
Marlon Brando le dio vida a un personaje apoteósico, complejo, pero ante todo, descarnadamente humano. Anteriormente, ya había sacudido y deslumbrado (¿alumbrado?) mi extraña adolescencia con la –en ese momento, para mí– cataclísmica escena de la mantequilla en El último tango de Paris de Bernardo Bertolucci (que, cronológicamente, apareció un año después pero que yo vi primero).
Aunque, si bien es cierto que Don Corleone (Marlon Brando) es el personaje más formidable de la película, los demás no se quedan atrás (pues hasta parecen competir, palmo a palmo, con él, a través de las más de tres horas del largometraje). Sobre todo Michael Corleone, encarnado con inobjetable solvencia por Al Pacino, quien, a través de sus fisuras y virajes existenciales, nos agobia y embelesa en simultáneo, para dejarnos, al final, un mensaje aterradoramente convincente: no somos uno, somos muchos, y es por eso que nunca terminaremos de conocernos, ni de comprendernos en el fuero más íntimo. Michael, el sensible y correcto Michael, laureado héroe de guerra, renuncia a ser otro vulgar "personajillo" más, y se convierte en un sucesor que está a la altura de las siniestras coyunturas familiares.
Para intentar entender el giro azaroso que da la vida de Michael Corleone uno puede recurrir a Camus (pero, como es obvio, no bastará): " Entre la certidumbre que tengo de mi existencia y el contenido que trato de dar a esta seguridad hay un foso que nunca se llenará. Seré siempre extraño a mí mismo. En psicología, como en lógica, hay verdades pero no verdad ".
Es un largometraje incombustible, con verdades pero sin verdad. Es por eso que guardo la tranquila certeza de que nunca llegaré a vislumbar todos los mensajes (visibles o cifrados) que en cada escena nos dejan Don Corleone, Michael, Sonny, Fredo, Carlo, Tezzio, Tom Hagen, Clemenza y un largo etcétera que termina en la escena final pero se que alarga hasta perderse en mi propia experiencia vital.
Más de una vez he intentado detenerme en cada uno de los vericuetos y resquicios de esta película para estudiarlos con lupa, pero caí en la cuenta de que mi labor era tan inútil y arriesgada como el describir al más caótico de los fractales utilizando términos geométricos tradicionales: ¿quién de todos ellos fue más perverso y quién más humano?
Confieso que he esperado, casi sin querer, hasta los veintiséis años de mi vida para poder enfrentarme a una película que me la ha cambiado por completo, cosa que agradezco con fervor. No me arrepiento de haber aplazado por tanto tiempo mi cita con esta joya artística. Es cierto, ya estoy casi peinando alguna cana; pero es una buena edad para poder aceptar la muerte de Vito Antolini, quien, en el transcurso del filme, fue mi padre… y lo seguirá siendo hasta la última de todas mis muertes.
La muerte de Don Corleone fue también la mía. Y fue, además, una experiencia edificante y altamente recomendable, porque en medio de mi confusión y desasosiego de solitario espectador atribulado, supo dar paso a la más clamorosa resurrección que yo encontré de inmediato en Michael: el relevo perfecto, la singularidad máxima o la vuelta de tuerca precisa. Sé que estas palabras resultarán inútiles e innecesarias, pero, a partir de El Padrino, Francis Ford Coppola, Marlon Brando y Al Pacino se convirtieron en mis ilustres compañeros de ruta.
En fin, a El Padrino le debo algo tan brutalmente genuino que expresarlo en palabras a estas alturas ya me resulta inaceptable, casi un insulto de esos que crispan hasta al ser más manso de la comarca. Y es que el calibre de la deuda que he adquirido al ver esta película es tan visible y a la vez tan recóndito que no se puede asir ni mucho menos avizorar: sólo sentir, sólo espectar. Si alguna vez intento saldar esta deuda pendiente no haré otra que cosa que horadar (con el concurso de todos los sentidos) mi capacidad de entendimiento hasta rebasar cualquier límite imaginable; puesto que la deuda que he contraído al ver esta película es sólo arte, y entonces sólo con arte la podré cancelar (o, a lo mucho, alargar esta deuda hasta el infinito).
Orlando Mazeyra
(2006)

2008/11/03

Zayvo: "No me siento viejo, pero me doy cuenta de que ya estamos más viejos. La gente está más madura"

Reencuentro: esta vez no fuimos a ver películas 'infantiles'. Si le pongo la camisa celeste y la corbata roja, él sigue pareciendo el mismo de hace 10...

PARTE I

Antes de ir a ver a Calamaro, pacté una cita con alguien que no necesita presentación: Zayvo. Él está en Arequipa sólo por algunas semanas. Pronto regresará a Alemania.

Esta es la primera parte de una conversación que tiene un segundo encuentro el día de las brujas -que siempre le gana por goleada a la canción criolla- en formato visual (con sus gesticulaciones a lo Jim Carrey en ciernes).
Todavía recuerdo que, en un rapto de inocencia, hace algunos años acepté su propuesta de ir a ver La Era del Hielo en el cine que había en el Centro Comercial La Salle… todos tenemos pecados, Zayvo... Y, a veces, parece que el tiempo vuelve hacia atrás.

¿No te jode tener que irte de tu país a buscar chamba?
Bueno, hice unas prácticas allá (en Alemania), y me gustó mucho. Entonces mi plan es adquirir un poco más de experiencia afuera: uno o dos años, y luego venir al Perú, postular a puestos un poco más altos, ¿no?

Claro, lo cierto es que te vas de acá porque no encuentras oportunidades, ¿eso es verdad o no?

No, acá sí hay oportunidades. El Perú está creciendo un montón.

Eso lo dices porque eres aprista…
No, no es por eso. Es por lo que veo. He comprado El Comercio el domingo pasado y hay harta chamba.

Siempre hay ofertas de trabajo en El Comercio, pero lo que te digo es si en verdad plazas dignas para la gente joven.

Claro, acabo de hablar con un amigo de mi promoción de la universidad. Él está trabajando en Plaza Vea y me cuenta que el primer Plaza Vea en consumismo es el de La Molina (Lima) y el segundo, aunque no lo creas, es el de Arequipa. Eso quiere decir que sí hay poder adquisitivo.

La gente sí tiene un poco de dinero como para irse a Plaza Vea, es el mismo floro de Alan García diciendo que la gente tiene celulares, ¿pero acaso hay sueldos dignos? Si lo ves tan bien al Perú, ¿entonces por qué no te quedas acá?

También estoy buscando chamba acá. Lo que pasa es que cuando terminas un estudio allá, Alemania te la oportunidad de trabajar un año en ese país. Y a mí me gustaría aprovechar ese año, al menos, para mejorar mi alemán, mejorar mi inglés, para ganar experiencia y tener más currículo.
Tú, Zayvo, eres aprista.

¡No!
Pero tu familia sí.

Sí, mi familia sí.

¿Y tú, por qué no eres del Apra?

No sé. No lo sé, la verdad. Soy simpatizante, pero no estoy inscrito en el partido.

¿Qué piensas del gobierno actual?

Está tratando de hacer las cosas bien, aunque han aparecido cosas feas como esto de los petroaudios, pero la fórmula ya está dada. Lo único que tiene que hacer el gobierno es seguir los pasos que el Fondo Monetario Internacional ha dado.

¿No te parece un gobierno igual de corrupto que el de Fujimori?

En todos los gobiernos hay corrupción y eso es un gran problema no sólo del Perú, es un problema generalizado en toda Latinoamérica. También hay corrupción en Europa, sólo que es pequeña, no tiene las proporciones que tiene acá.

Hablando de Europa, ¿qué es lo que más te gusta de Alemania?

Poder pasear en bicicleta.

¿Ah, sí?
Tienes la pista, pero a los costados siempre hay un sector especial para los ciclistas, y eso me encanta.
¿Eso es algo que nunca podrías hacer acá?

Acá tenía mi bicicleta, pero el camino es empedrado y más de una vez se me ha reventado la llanta, y, como te dije, no hay camino para los ciclistas. Acá, tienes que estar atento al tráfico, a los imprudentes… Esa es la diferencia: allá, el peatón tiene la preferencia siempre. Los carros sí paran cuando cruzan, no es como acá que no respetan…

Entonces estás diciendo que el alemán respeta más las reglas

Ese es el punto. Es un país de reglas, siempre quieren estar en orden, no quieren tener registros malos en su vida ciudadana.

Quiere decir que preferirías vivir en Alemania que en el Perú

No.

¿Por qué?

Porque yo soy peruano, he nacido acá.

¿Y eso qué tiene que ver? Uno no tiene que vivir donde nació, sino donde uno elija. O hay cosas que te atan al Perú.

Acá, tengo a mi familia, a mis amigos, la comida. ¡Tú no sabes cómo se extraña la comida!

Entonces quieres vivir en Arequipa

No sé si en Arequipa o en Lima, donde caiga, pero en el Perú…

¿Y piensas en el matrimonio o nada que ver?

No, nada. Porque primero tengo que estar económicamente estable.

Estás aplazando algo: la pareja, el planear un futuro juntos…

Bueno, eso ya viene por añadidura.

¿Y si no llega?

Soy optimista.

Pero también a veces piensas eso.

Sí, pero es un pensamiento que trato de sacar de mi mente.

En el aspecto profesional, ¿cuál es tu anhelo?

Trabajar en una empresa alemana que vaya creciendo y ojalá necesite a alguien en el Perú. Y yo feliz de la vida.

¿Volverías a estudiar ingeniería industrial?

Sí.

Nómbrame a alguien de la promo que, si no es exitoso, está camino a serlo.

Creo que hay varios.
Por ejemplo…

El Caballo (Henry Guzmán), el De Olazábal, el Jean Pierre.

También podría ser el Carlos Cáceres…

¡Claro!

Y, ¡qué difícil es ser exitoso si eres profesor! ¿No, Zayvo?

Pero, por ejemplo, el Chino Bellatín es profesor.

Pero no lo has nombrado…

Ahora lo nombro entonces. Te estoy nombrado a la gente con la que más tengo contacto, con los que más chateo, pero con el Chino Bellatín he perdido un poco el contacto.

¿Qué profesor recuerdas, qué profe te marcó?

Martín Flor era y es un gran profesor. Te podía responder cualquier pregunta, era muy capaz en su materia.

¿Qué profe no supo cumplir su función?

El profesor de física, el profe Postigo. Le faltaba mucha personalidad, no se hacía respetar.

Como el profesor Vignes.

Claro, como el Vignes…

Pero, mira, de acuerdo a tu personalidad, si tú fueras profesor, estarías más cerca del Vignes que del Flor.

Puede ser, pero uno tiene que disfrazarse.
Zayvo, pero yo te sigo viendo niño, ¿hay algo de eso o no?
Sí.
¿A qué amigo le confiarías un secreto?

A cualquier amigo de la promo.
¿Pero quiénes son buenos amigos?
El Caballo (Guzmán), el Chaparro (De Olazábal). Hay varios: el Juan (Sánchez), el Renzo (Carpio)… Es difícil, al ser tantos es muy difícil nombrar sólo a algunos.
¿Grandes pérdidas en tu vida?
Mi abuelo, cuando estaba en quinto de secundaria y fue terrible porque yo era muy apegado a él, lo quería mucho. Nunca olvido cuando estábamos en primero de primaria, él venía por la calle y me compró un algodón de azúcar, me lo pasó por las rejas… luego los demás se acercaron y se amontonaron, todos le dijeron a mi abuelo, “señor, yo también quiero un algodón de azúcar” y mi abuelo le terminó comprando algodones a toda la promo.
La muerte de tu abuelo fue tu primera experiencia cercana con la muerte.
Sí, aunque yo ya sabía que se iba a morir. Él fumaba mucho, entonces ya estaba muy mal. También perdí a un tío joven que estuvo mal del estómago. Y la muerte de mi tía, en un año nuevo, en ese mismo auto estaba mi hermana.
Esa experiencia fue trágica.
Sí, ¡terrible! Mi hermana tuvo mucha suerte. Todavía hay secuelas, pero lo importante es que se salvó.
Seguramente a partir de la experiencia de tu abuelo piensas en no fumar o no tener ese tipo de vicios.
Detesto cuando alguien fuma a mi costado. Nunca me gustó el cigarro…
¿Pero el trago, sí?
De vez en cuando, sí. Nunca he sido el más borracho ni tampoco el más sano.
Pero nos gusta…

¿Bastante?
Ahora, ya no mucho. En las épocas de la universidad tomar era de ley, los viernes en Las Piedritas. Ahora ya no.
¿Por qué? ¿Ya estamos viejos?
No sé, son etapas que vas quemando.
¿Eres católico?
Sí.
¿Vas a misa?
No siempre, pero trato de ir a misa. Trato de rezar sin necesidad de ir a misa.
¿Y le rezas a los muertos, a los que se fueron?
Siempre me acuerdo del Hermano Barcenilla que nos decía: “no recen por los muertos, recen a los muertos” para que ellos nos ayuden.
¿Piensas en la muerte?
No, en morir no pienso. Pienso en vivir.
¿Por qué hay gente que no piensa en la muerte?
Porque le tienen miedo.
¿Te gustan las actividades culturales, asistes al cine, al teatro, lees libros de literatura?
La última novela que he leído completa The Time Traveler's Wife de Audrey Niffenegger.
¿Te gusta el cine alemán?
Sí, la diferencia del cine alemán es que sus finales son más realistas que los del cine americano.
¿Por qué los alemanes son del primer mundo?
Porque son más ordenados, más sinceros, más puntuales. Partiendo de ahí, puedes darte cuenta de que no pierden el tiempo, lo valoran. Y, justamente así como tienen cualidades también tienen defectos: se estresan cuando no tienen nada que hacer. No sé si eso es bueno o malo, depende cómo uno lo vea. Por un lado, es bueno, porque siempre quieren ocupar su tiempo, tienen hambre de cultura, les encanta viajar, son campeones mundiales de turismo. Pero, por otro lado, ¿cómo te vas a crear estrés por tener tiempo libre! Eso es lo que me gusta más de nuestra cultura.
El hecho de no hacer nada es peligroso, porque uno a veces es incapaz de pensar en sí mismo.
Seguramente.
Cuando piensas en ti, ¿cuál es el gran defecto que encuentras?
Creo que me distraigo muy fácilmente.
¿Cuántas veces te has enamorado?
¿Enamorado? Unas tres veces. Aunque la verdadera enamorada que he tenido es la que tengo ahora, las anteriores no fueron relaciones tan largas y no viví con ellas casi nada.
¿Alguna vez has probado drogas?
No.
¿No tienes curiosidad?
Tal vez galletitas de marihuana. Pero nada más. No es algo que me inquiete.
¿Esta experiencia europea te ha ayudado a madurar?
Sí… yo en Arequipa era muy engreído. No tendía ni mi cama, todo me lo hacían las empleadas, me cocinaba mi abuela, yo no hacía nada. Sólo estudiaba. Allá, tienes que asumir responsabilidades, ver todas tus cosas por ti mismo.
Los primeros días habrán sido muy duros.
Sí, terrible.
Has llorado, Zayvo.
No, no he llorado.
Sí, sí has llorado.

¿Estás poniendo palabras en mi boca? (sonríe). No, ¿cómo voy a llorar? Sí he estado triste… pero no he llorado.
Reconócelo.

Un par de veces se me quebró la voz pero no quise llorar, no quise que mi mamá sepa que quería llorar.

¿Qué te quita el sueño?
Ahorita, encontrar una buena chamba.
Y luego, ¿qué viene?
Conocer a alguien.
¿Te sientes viejo?
No me siento viejo, pero me doy cuenta de que ya estamos más viejos. La gente está más madura.
Si te digo: vámonos este fin con la mitad de la promo a pegarnos la bomba en Camaná, ¿vas?
Claro. Pero eso no va a pasar. Porque la gente va a decir: “nooo, ¡no puedo!, ya quedé con mi enamoradita”.
¿A qué persona admiras, Zayvo?
¿Tú a quién admiras?
Talvez nunca te has puesto a pensar en eso…
¿Qué dijeron los anteriores?
El Sergio admira al creador del LSD...
Ja ja ja (ríe).
¿Qué persona no debió nacer?

¿Uno de los días más felices de tu vida?
Un día me dijeron que salga de la clase y me asusté, pensé que había hecho algo malo, uno nunca sabe... Y el profe me dice: “felicitaciones, has ganado el concurso de composición por el Día de la Madre, eres el ganador a nivel de toda la secundaria”. Estábamos en segundo de media y me sentí muy bien. Ese día regresé a mi casa, pero mi mamá estaba de viaje, le conté a mi abuela y ella se puso a llorar. Justo en ese momento llamó mi mamá y mi abuela y mi mamá lloraban a la vez. Y yo les decía: ¿pero por qué lloran si debemos estar alegres? Fue algo especial: mi mamá no pudo asistir a la ceremonia por el Día de la Madre porque seguía de viaje.
¿A qué le temes?
Al fracaso, a la pobreza. No le deseo a nadie pasar penurias porque eso es fregado. Hubo una vez en que estaba montando bicicleta y me quedé botado en medio de un bosque, me moría de hambre, me dolían las piernas, en esos momentos extrañas las cosas más básicas: agua del caño, un pedazo de pan.

Cuando pasas por un momento difícil, ¿cuál es la primera persona que viene a tu mente?
Mi mamá, mi abuela. Mis papás se han divorciado desde que tengo uso de razón.
En tu caso te condiciona mucho el hecho de que por lo que tus padres se divorciaron tú, ahora, no quieras casarte o te muestres escéptico respecto al matrimonio.
Tienes toda la razón, yo creo que sí. Aunque ahora como que lo veo normal. Quien dice que no le afecta está mintiendo.