2007/01/22

Hermano Cerdo #11


Acaba de aparecer la primera entrega del 2007 de la Revista Literaria mexicana HermanoCerdo. Hay un texto mío, los que quieran ir al sumario, pueden hacer clic aquí.

2007/01/17

¿Pena de muerte, señor presidente? (*)

¿Pena de muerte, señor presidente? No. Y, no se haga el sueco, porque usted lo sabe: ésta no es sino otra muestra más de su consabida gimnasia actoral, de su pirotecnia populista, de su ilusionismo galopante.
Le ha sentado mal la amnistía colectiva, y a nosotros, los estafados, nos quedan poco más de cuatro año de cólicos recurrentes: esos que llevan su semblante de embustero redomado. Basta de cuentos, por favor. ¿Acaso Federico Danton fue vacunado contra la rubéola? ¿Acaso desapareció el carné del partido y se convocaron a los mejores? ¿Fue el examen a los profesores otra de las elucubraciones itinerantes de los compañeros para lucrar y amañar resultados?
Si en verdad usted cree en la pena de muerte, entonces que los malos mandatarios sean los encargados de probar el filo de las guillotinas. Nos hicieron cholitos otra vez, ésa es la única pena posible. La embriagadora pena que nos horada y nos acusa como pueblo que no se cansa de autoflagelarse. Para esta pena no hay vacuna ni cura… lo saben usted, Fujimori y todos los que exigen una nueva oportunidad para volver a equivocarse a costa nuestra.
(*)Texto editado en la sección Cartas de los lectores del diario La República (17/01/2007):

2007/01/04

La Revista AXOLOTL

Con un nombre sacado del venero cortazariano, la revista AXOLOTL de Argentina ofrece narrativa, poesía e imagen. También convoca al II Certamen Axolotl en los géneros de Cuento y Poesía. En la primera versión de dicho certamen 3:15 p.m. obtuvo una de las menciones.

2006/11/09

VOLVER

Me vas a hacer llorar, y los fantasmas no lloran...
Carmen Maura en Volver


Pues yo no soy un fantasma y puedo Volver a llorar y emocionarme como el que más con última película del ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Artes. El tango que le da nombre a película –que muchos lo habrán escuchado de labios de Gardel– es, para mí, el detonante de la historia (o uno de los detonantes, como en el caso de la canción, en vivo, de Caetano Veloso en HABLE CON ELLA).
¡Volver a Almodóvar siempre será una experiencia fascinante!

2006/11/03

¿Aguantaré, doña Anselma?

"Doña Anselma era una vieja frutera serrana que, desde que llegué a parar aquí injustamente, había profesado un inexplicable cariño por mí..."

Léelo todo haciendo clic aquí.

2006/10/18

HermanoCerdo # 8

He publicado, en la octava entrega de HermanoCerdo, el relato Mi primera flaca.


Nadie pensó que HermanoCerdo llegaría al número ocho; tampoco nadie pensó que Rocky tendría una secuela número seis; mucho menos era de imaginarse que un coreano sería el Secretario General de la Organización de la Naciones Unidas (o miembro de nuestro consejo honorario). ¿Qué sigue? ¿Un Papa polaco? Últimamente los coreanos han dado mucho de qué hablar, y además, Philip Roth no ganó el premio Nobel de literatura. En HermanoCerdo, México, decimos: hay algo en Suecia que huele a podrido. Este número de HermanoCerdo se publica bajo protesta.
Nos sentimos muy orgullosos de este número ocho, y para demostrarlo hemos tenido encuentros sexuales con extraños en los ascensores. Tenemos un par de historias inéditas: "Viva la Tropicana" de Leonard Michaels, un maestro desconocido en Hispanoamérica, y "Eeldrop y Appleplex"; aparentemente el único texto de ficción escrito por T.S. Eliot y hasta hora inédito en español. A pesar de que es un número de lujo, tuvimos que prescindir del maestro Javier G.Cozzolino, escritor argento, pues no pudimos reunir los 500 dólares que nos exigía a cambio de una entrega más. HermanoCerdo está en quiebra.
Incluimos una crónica de Abril Olmos Loya sobre el Chicago de Saul Bellow: un recorrido por los bajos fondos puertorriqueños, salsa y estadísticas de bateo. También ficción de Eduardo Varas, J.S.de Monfort, Orlando Mazeyra, José Luis Justes Amador, viejo sabio. Nuestra sección en portugués dirigida por Edgardo Dieleke presenta "Contradança" de Paloma Vidal.
HermanoCerdo Internacional también estrena página donde pueden descargarse el número actual y los anteriores, artículos e historias selectas, así como las biografías de los miembros de la conspiración porcina.
Los editores

2006/09/21

La muerte siempre está

La muerte es, para mí, una de esas obsesiones tenaces que sabes que, hagas lo que hagas (y como Reyna a Maradona en 1985), siempre van a estar soplando tu nuca. Y, en cierto sentido, estoy agradecido por eso. Sólo quien valora la vida tiene miedo de morir.

No sé cómo hacerlo -talvez este relato sirva en algo-, pero hay muchas cosas que tengo que agradecerle a la vida, y, a su vez, tengo muchas cosas que agradecerle a la muerte (a mis pequeñas muertes personales y a las grandes muertes ajenas). Vida y muerte: de ambas aprendo… y a ambas estoy atado desde que nací (¿y hasta que me muera?).

Intuyo, como en el relato que es motivo de este post, que la muerte nunca es buena: es fría y oscura, es invierno eterno que entumece músculos y es, también, aura ponzoñosa que, en realidad, nos mata a todos. De a poquitos o de a pocazos, pero nos mata a todos. Porque la muerte de tu padre te mata un tanto, la muerte de tu abuela te agota otro poco y así sucesivamente… hasta que la muerte grande –la definitiva– disuelve a las pequeñas… para morir con ellas.
¿Hay que temerle a la muerte? Desde luego. Hay que temerle amando a su contracara -la vida, la que nos permite ser conscientes de nuestra finitud-; hay que temerle con un temor que, en el fondo, abrigue una esperanza. La esperanza de que también ella sea buena como esa suerte de sediciosa ingravidez que desvanece los sentidos... tan buena como esa sensación que me empujó a escribir LA MUERTE SIEMPRE ESTÁ, relato dedicado a María Jesús, mi abuela.
Lee el relato haciendo clic aquí.

2006/09/15

SE ARRIENDA: Bienvenidos a la cordura

El pasado es un país extranjero.
Allí hacen las cosas de otro modo

L.P. Hartley




Luego de saborear como el que más la victoria de Coronel Bolognesi sobre el Colo Colo de Chile (por la Copa Sudamericana, en el estadio Jorge Basadre de Tacna), decidí conseguir el primer largometraje del escritor chileno Alberto Fuguet. Antes ya había visto –más de cinco veces, solo y acompañado– Tinta roja (dirigida por Pancho Lombardi, tacneño hincha del ‘Bolo’) y leído la novela en cuestión.

No he visto película latinoamericana que esté en tanta consonancia con Escribes.

Gastón Fernández no quiere ser escritor. Es compositor: un artista que, soñando y soñando, se quedó en sueños (ensueños). El personaje es el típico joven clasemediero con debilidades artísticas, quien, en primera instancia, recibe el apoyo familiar (paterno, para ser específicos). Un apoyo que con el tiempo se va desgastando porque Gastón no produce, y para pertenecer al sistema hay que producir (dinero, obviamente, otra cosa no sirve… como no sirve lo que no tiene precio, lo que no puede arrendarse o subastarse).
El problema es que Gastón se ha hecho viejo, quizá sin darse cuenta. Lo peor de todo es que no hay el menor asomo de coherencia entre su vanidad y su realidad (y no es bueno “pasarse la realidad por la raja”, como dijeron sus camaradas, aquellos que supieron ingresar al sistema en el momento correcto… porque no se puede vivir “haciendo poemitas o vendiendo artesanías”).

La repelencia es recíproca: de él hacia el Sistema y del Sistema hacia a él. Pero todo tiene un tiempo límite. Es hora de insertarse, de pedir disculpas agachando la cabeza, de acceder a él.
Ya no podía ser siendo el inútil de la familia y su padre le dio el empujón necesario. Gastón entró al negocio familiar (arriendos, una inmobiliaria que pertenece a su progenitor). Empezó a arrendar casas, habitaciones, departamentos… y, sin darse cuenta, empezó, también, a arrendar su esencia, sus convicciones e ideales.
Para sentirnos menos mal, o para adormecer al abogio con coartadas eficaces, hay que buscar a alguien que esté peor que nosotros. Escapar -gracias a otros- de nosotros mismos y de la puntillosa retrospección es un medida estimable. Eso hizo Gastón. Arrendó su insatisfacción. El pretexto perfecto: una confesión de uno de sus clientes que tuvo un padre desquiciado que casi lo mata a punta de balazos.
Gastón descubrió que tenía un buen padre y quiso empezar de cero. ¿Arrendando? Talvez.
La batalla, en este caso, la ganó la cordura, pues, como dice Hildebrandt, “La cordura gana casi siempre por unanimidad. Consiste en un adiestramiento del olvido. O sea, debes olvidar que el mundo podría cambiar, que no fue siempre este hervor de hormigas adictas a las figuritas. Debes olvidar tu cólera e integrarte. Y por último, debes olvidar que has olvidado.”
Gastón Fernández debe empezar por olvidarse de su pasado… ese país extranjero que lo acusa, lo seduce y también lo ensalza; porque está impregnado de ese odio afectuoso que nadie podrá arrendar.

2006/09/04

Travesuras de la niña mala



La reseña que hizo Johnny Zeballos acerca de la última novela de Mario Vargas Llosa, la leí en El Hablador hace una semana y, hasta hoy -que acabo de leer el blog de Gustavo Faverón-, me estuvo dando vueltas por la cabeza. Para liberarnos de algo, a veces no nos queda otra cosa que escribir... una buena oportunidad para volver a postear.
Luego de leer los más de diez extensos párrafos, me sentí decepcionado y hasta quizá estafado (porque no encontré nada de lo que mi lectura personal me dejó; seguramente yo estaba pidiendo demasiado y hacía mal en desestimar una crítica por el simple hecho de no estar en sintonía con, digamos, mi ‘reseña privada’).
A mitad de la reseña me topé con algunas afirmaciones (“en Travesuras de la niña mala, el notable escritor parece rivalizar con Alfredo Bryce Echenique”) que me llevaron a preguntarme si acaso el autor de la misma había leído cabalmente la novela de Vargas Llosa. Me pareció que no. En todo caso, la había leído mal.

Si Zeballos, en primer lugar, hubiera prescindido del autor, su crítica sería distinta a la resultante, que miente, Pero miente mal, porque aborda cualquier novela menos Travesuras de la niña mala.
Soy realista, en mis novelas trato siempre de mentir con conocimiento de causa”, dice el narrador –alter ego de MVLL- de Historia de Mayta. Y creo que eso lo podría suscribir cualquier buen crítico o reseñista, porque la crítica, si es audaz y atrevida (y más allá de su rigor y academicismo), también miente, porque da una visión singular, sesgada, única; en donde también están inmersos los prejuicios, las aversiones, las fobias, pasiones y desencantos del crítico.
La crítica puede ser valiosísima para adentrarse en el mundo y las maneras de un autor, y, a veces, un ensayo crítico constituye en sí mismo una obra de creación. Ni más ni menos que una gran novela o un gran poema”, nos dice MVLL en Cartas a un joven novelista.

Quizá pido mucho y, a su vez, confundo la reseña con la crítica erudita. En realidad, no pido nada: exijo que un reseñista mienta –está en su pleno derecho– con conocimiento de causa. Hablo de argumentos certeros e inferencias edificantes, y no de píldoras para el bostezo y la repulsa.
Yo no soy un crítico, ni cuento con las armas para serlo, pero, a mi manera y para vindicar un libro que he disfrutado de principio a fin, puedo decir que en Travesuras de la niña mala, Vargas Llosa se sirve de una historia de amor para explorar la naturaleza de la ficción y para dar cuenta, subrepticiamente, de sus razones e inseguridades literarias (hablo de lo que lo ha llevado a dedicar toda una vida a la invención de historias): “vivir en esa ficción le daba razones para sentirse más segura, menos amenazada, que vivir en la verdad. Para todo el mundo es más difícil vivir en la verdad que en la mentira (…) todos quienes viven buena parte de su vida encerrados en fantasías que construyen para abolir la vida verdadera, saben y no saben lo que están haciendo”.
Esta novela, más allá de dejarme un testimonio ondulante acerca de la peripatética e insufrible aventura amorosa de Ricardo Somocurcio con su niña mala, me permite comprender que toda una vida no basta para develar de dónde nace, por qué lo hace, y hacia dónde va la voluntad de crear; me da, también, nuevas señas para reinterpretar o mirar de otra manera, libros como El pez en el agua; para entender que apuestas desbocadas por la trashumancia y el cosmopolitismo hacen de los apátridas a rajatabla una especie de seres etéreos, porque están y no están, pues ya no pertenecen a ningún lado: “allá [en Europa] , he terminado por convertirme en un ser sin raíces, en un fantasma. Nunca seré un francés [o un español], aunque tenga un pasaporte que diga que lo soy. Allá seré siempre un métèque. Y he dejado de ser peruano, porque aquí [en Lima] me siento todavía más extranjero que en París”.
Ricardo Somocurcio es, como el autor de la novela, más que un individuo libre, un alma sensible. Envidio mucho esa sensibilidad que muchas veces nos hace falta para poder comprender o reseñar una novela. A veces contamos con muchas armas, pero no con el calibre imprescindible.

2006/08/12

La talega




Ese anciano de mirada perdida siempre camina arrastrando una pesada talega color cereza. Los cuentistas del vecindario dicen que adentro lleva tres enormes espejos. Dos de ellos ya están rotos: el primero lo rompió cuando descubrió su primera arruga; y el segundo fue a parar al suelo cuando contempló su primera cana. El tercer espejo sigue intacto… algunos arguyen que su avanzada ceguera le impide dar cuenta del último espejo. Yo creo que se romperá cuando el viejo esté cara a cara con la Muerte.
___
Este microrrelato también lo publiqué en Gambito de peón del escritor Ricardo Sumalavia.
© Orlando Mazeyra Guillén, 2006.

2006/07/25

Bryce y Morote: el plagio.

Yo me cuento entre los (lamentablemente) poquísimos peruanos que han tenido la suerte de leer un par de libros del escritor Herbert Morote. Y justamente descubrí a Morote leyendo un artículo de Bryce, en donde, entre otras cosas, el autor de Un mundo para Julius afirma lo siguiente: "un libro que debiera ser lectura obligatoria no sólo para los peruanos, sino también para todos aquellos que pretendan entrar sin anteojeras ni tapujos en las mil y una falsificaciones de la realidad peruana. Herbert Morote no pretende hacer un estudio histórico del Perú, sino revisar una tras otra todas las mentiras que los propios peruanos han ido transmitiendo de generación en generación hasta matar una patria en la que el autor pretendió hace poco volver a vivir".
El libro al que se refiere elogiosamente ABE se llama Réquiem por Perú, mi patria, un ensayo que yo, como lector profano, humildemente también me atrevo a recomendarles a todos.
En verdad, me apena mucho lo sucedido entre estos dos buenos amigos, y lo lamento sobre todo por ABE, quien, luego de prácticamente aceptar el plagio en una carta aparecida en el diario El Comercio (“Lamento mucho que, debido a la excepcional extensión del artículo que publiqué el 25.06.06, no se haya publicado la nota en que debí agradecer al señor Herbert Morote el manuscrito que me envió desde España, titulado Pero... ¿tiene el Perú salvación?, en el que se aborda extensamente el tema de la educación, y que me fue de gran utilidad en la redacción de mi artículo”), ahora parece desdecirse.
Está claro que la exigua obra de Morote no goza de la fama y el reconocimiento que sí tiene la de Bryce; sin embargo estoy seguro de que lo que hace Morote no tiene nada que ver con un ardid publicitario, pues es lo que menos le interesa. Además hay que recordar que, a pesar de haber publicado muy poco, Morote ya cuenta con un par de premios internacionales (y sé que un premio no garantiza nada, pero si son premios serios pueden ser, como en este caso en particular, un buen referente): XXIX PREMIO DE ENSAYO CIUDAD DE IRÚN 1997 (por el ensayo VARGAS LLOSA, TAL CUAL) y Premio al Teatro Ciudad de San Sebastián, año 2003 (por la obra teatral LA GUÍA DEL HERMITAGE).
Me parece pertinente el contar que luego de leer el ensayo sobre Vargas Llosa le envié una furiosa carta a Morote, la cual él se dignó responder. Acá unos fragmentos que me parecen muy interesantes:
YO TAMBIÉN ADMIRO A VARGAS LLOSA, COMO LITERATO, ES LO MEJOR QUE HA DADO EL PERÚ, CREO QUE ESTO LO HE DEJADO BIEN CLARO EN MI ENSAYO. ADEMÁS LE QUIERO DECIR QUE EL PRIMER LIBRO QUE RECIBÍ SE LO ENVIÉ A MARIO, Y LE DIJE QUE ÉL ME OBLIGÓ A ESCRIBIRLO, AHORA, MARIO, COMO POLÍTICO O PERSONA, QUE ENTIENDA DE QUÉ VA LA VIDA, ESO ES OTRA COSA. LE FALTA ALGO QUE SE LLAMA SOLIDARIDAD, Y ESO LE FALTA TAMBIÉN A LOS PERUANOS (…) YO CREO QUE UNO DEBE VIVIR SIN RENCORES, MENOS CONTRA AQUELLOS QUE UNO HA CREADO POR RAZONES DE MARKETING O POR OTRA COSA. SER IDEALISTA, GENEROSO Y VALIENTE ES ACEPTAR LOS CAMBIOS, Y ACEPTAR LOS PROPIOS ERRORES, REÍRSE DE UNO ES MARAVILLOSO. MARIO NO SE RÍE NUNCA DE ÉL, SU EGO SE LO IMPIDE. LOS RENCORES SÓLO REPOSAN EN ALMAS MEZQUINAS. HAY QUE VIVIR ACEPTANDO A LOS DEMÁS, ESO NO QUIERE DECIR ACATANDO SUS ÓRDENES. LA VALENTÍA SE DEMUESTRA EN LA PROTESTA ANTE EL PODEROSO SEA ESTE POLÍTICO O FAMOSO. SEA FUJIMORI O VARGAS LLOSA”.
Aunque le importe a nadie, lo diré: yo soy un ciego admirador del arequipeño universal, pero también admiro, por distintos motivos, a Bryce y a Morote. En el caso particular de Herbert Morote, creo que no es nada fácil atreverse a decir con tanta dureza lo que uno piensa del Perú o de un escritor consagrado: el libro en donde habla del Perú me dolió tanto como el otro, en el que habla del Vargas Llosa ‘persona’ (dejando, o pretendiendo dejar, al ‘escritor’ de lado).
No sé si se puede separar claramente al escritor del ser humano de a pie, y tampoco sé si Morote logró hacerlo con acierto. Pero, reitero, sí estoy convencido de que Morote ha denunciado a Bryce por ser más amigo de la verdad que amigo de sus amigos.
Los seguiré leyendo atentamente a los tres… creyendo conocerles un poco más gracias a sus ensayos o novelas… y talvez será un vano intento, pues sólo conoceré a los ‘creadores’ y nunca llegaré a descubrir a los bípedos en sus aspectos más pedestres: “Hay perfectos hijos de puta que son grandes escritores”, ha dejado dicho Arturo Pérez-Reverte.
___
Nota: Este post aparece, retaceado, en Perú21 y en Caretas 1936.

2006/07/16

¿Conoces a Marcial Mena?

"Dejé de divertirme cuando descubrí la diferencia entre escribir bien y mal, y luego hice un descubrimiento más alarmante aún: la diferencia entre escribir bien y el verdadero arte. Una diferencia sutil, pero feroz. Después de eso, cayó el látigo ."
Truman Capote
__


Quienes no conozcan a Marcial Mena, y quieran hacerlo, pueden echar un vistazo aquí.

2006/07/03

Rotito

El coloquio de los perros es una revista española que lleva el nombre de una novela cervantina. Está en la red desde el año 2000 y publica narrativa, poesía e imperdibles entrevistas y reportajes (recomiendo la entrevista a Enrique Vila-Matas y, también, "Aprender regresando", donde se aborda la presentación de la última película de Almodóvar: VOLVER).
En su último número aparece ROTITO, un microrrelato que escribí hace un par de meses, lo pueden leer haciendo clic aquí.

2006/06/18

Continuidad en Febrero

A Johanna... que, en Agosto, me sacó de Febrero.
___



“¿Cómo rompo la monotonía?”, me preguntó un viejo amigo después de leer mi relato Continuidad en Febrero. De inmediato, le dije la verdad: lamentablemente no tenía una respuesta para su pregunta.
Voy a ver el partido de básquet –agregó antes de irse–. Y a buscar un lápiz para tachar el 30 febrero en el almanaque”.

Bueno, el cuento lo hice para Johanna, y recién aparecerá en el portal de El Proyecto Sherezade el 1 de Julio. Pero los que quieran leerlo (y, de paso, tachar el 30 de febrero en el almanaque), ya pueden hacerlo.

El día que escribí Continuidad en Febrero anduve sumergido en la lectura de dos historias de distinta factura: La segunda juventud de Luis Loayza y Casa Tomada de Julio Cortázar. Recomiendo ambos relatos que nada tienen que ver con el mío que, me parece, nace de mi aversión a la monotonía, de mi rechazo a una vida uniforme y sin sobresaltos. Marcus Riga tenía (¡tal vez sigue teniendo!) una vida como la de muchos seres humanos: predecible y aburrida hasta la exasperación (un almanaque tuvo que sacudirlo y, por un día, redimirlo de esa rutina embrutecedora). En el fondo, lo detesto visceralmente porque él y sus almanaques tienen mucho de mí.
© Orlando Mazeyra Guillén, 2006.

2006/06/10

CervantesVirtual.com renueva su diseño

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, que dirige el autor de Travesuras de la niña mala, ahora luce una nuevo diseño que permite navegar en dicho portal con mayor comodidad :

“El Patronato de la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, que preside el Mario Vargas Llosa, se reunió en Madrid para revisar la marcha de las actuaciones previstas para este ejercicio y proponer nuevas iniciativas para el resto del año. El encuentro fue presidido por Vargas Llosa, quien inició su intervención recordando la vocación de servicio público de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, que facilita el acceso a sus contenidos de forma gratuita, y se mostró convencido de que cervantesvirtual.com contribuye, mediante la difusión de la cultura, al desarrollo de la sociedad. Señaló además que la Biblioteca se ha convertido, en sus siete años de existencia, en una herramienta de referencia para avanzar en la Sociedad de la Información, especialmente en lo que se refiere al ámbito de las bibliotecas digitales. Vargas Llosa señaló que la consolidación de la dimensión iberoamericana del portal debe ser un asunto prioritario para la Fundación. Con esta finalidad, acometerá, entre otras actividades, planes que favorezcan la creación del Espacio Iberoamericano del Conocimiento, iniciativa liderada por la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), con la que la Fundación ha firmado recientemente un convenio de colaboración. El Presidente de la Fundación destacó que la institución seguirá los avances que experimente el proyecto de creación de una Biblioteca Digital Europea, y trabajará para facilitar la participación en dicha iniciativa de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes."

En dicho portal he publicado dos microrrelatos: ¿Y ahora qué mierda quiere? y Peor es Nada, además de un ensayículo titulado El motor del progreso universal .

2006/06/06

Si yo fuera Alan García

Yo me pregunto, ¿qué cara tendrá un presidente en presencia del Gran Juez, Aquel que todo lo sabe y al que no se le puede engañar? Digamos, si yo fuese Alan García (1985-1990), ¿cómo podría justificar la inmensa desilusión que llevé a todos los hogares del Perú después de haber sido elegido, por amplia mayoría? Esperaban que pacificase el país y llevase a cabo el primer gobierno aprista, retardado decenas de años a fuerza de golpes militares. Esa injusticia costó la vida a muchos partidarios del único partido organizado de este siglo, cercano al pueblo y, en su tiempo, con luz ideológica propia.
Cómo podré dar la cara después de que toda la nación, apristas o no, creyó en mí, en mi entusiamo, mi juventud, en mis ademanes simpáticos y criollos que enloquecieron a las masas y dio esperanzas a los más recalcitrantes pesimistas. Toda esta euforia duró pocos meses, después me volví loco (quizá siempre lo fui). Loco como un caballo desbocado acabé llevando entre mis patas a mi Patria moribunda, y a miles y miles de compatriotas que murieron de hambre por mi culpa.
Además, entregué a esos mismos militares que antes odiaba el control de la lucha antiguerrillera, sabiendo que el asunto es económico y político, no militar.
Mientras se derrumbaba el país, yo no sólo cantaba rancheras en la Plaza Garibaldi de la Ciudad de México, sino que hacía crecer mi fortuna y las de mis “compañeros”. Qué cara tendré cuando se toque el tema del vandalismo y rapiña lujuriosamente extendida en los últimos años de mi régimen cuando los robos de los jefes de las instituciones públicas eran imitados por sus subordinados hasta extremos insospechados. En las últimas semanas, sabiendo que no volveríamos al poder, nos llevamos todo, literalmente todo, desde computadoras hasta papel higiénico, pasando por puertas, bisagras, escritorios, sillas, cuadros, etc. (sólo un etcétera por pudor).
Nuestros robos y malversaciones fueron indescriptibles. No puedo exagerar, hay cientos de miles de testigos. Yo, Alan García, ¿podré mantener ante “El de la Buena Memoria” la misma actitud arrogante y desfachatada que tuve cuando para evadir la responsabilidad de mi indescriptible fracaso económico, eché la culpa a las entidades financieras, e igual que otro famoso sinvergüenza, el presidente mexicano José López Portillo, ordené la expropiación de los bancos, las compañías de seguros y el cierre de las casas de cambio? ¿Fue una expropiación legal?, ¿se llevó a cabo?, ¿tenía gente preparada para manejar esas empresas?, y lo más importante, ¿solucionó mi fracaso administrativo?

Todas las respuestas son negativas. Lo único positivo, más que positivo, extraordinario, fue que obligué a Mario Vargas Llosa a lanzarse a la política en un acto desesperado para llenar el vacío de liderazgo en los partidos opositores.
Yo, Alan, que los primeros meses saludaba al pueblo desde los balcones de palacio con mi pañuelo blanco. No con el pañuelo del Jefe Víctor Raúl ni con el de Pavarotti, sino con el de aficionado que pide que al toro del pueblo le corten las orejas y el rabo.
Sí, yo, Alan, alias “Caballo Loco”, que quebranté la unidad del partido aprista. Que no paré la masacre de los presos políticos en Lurigancho y en el Frontón. Que no cumplí ninguna de mis promesas de gobierno.
Que dejé a los narcotraficantes apoderarse de nuestra montaña, de nuestras fuerzas armadas y de nuestros campesinos. ¿Qué diablos puedo decir ante los hechos?
Yo, “el compañero Alan”, que en el discurso inaugural de mi mandato presidencial prometí acabar con la corrupción, que al día siguiente destituí indiscriminadamente a jefes y oficiales de la Guardia Civil, que los sustituí con personas de mi confianza, que no contento con esto hasta cambié el nombre a las fuerzas policiales para que no quede una pizca de los antiguos “Caballeros de la Ley” ni del lema “El Honor es mi Divisa”, que todo eso fue para crear una fuerza organizada de extorsión, represión y crimen. Yo, que dejé finalmente a la ciudadanía sin protección y con mayor peligro que antes. Y a las instituciones policiales desprestigiadas para siempre. ¿Me pondré atrevido ante el Señor y seré capaz de negar todo? Sería mucho concha.

Yo, Alan García, hice mucho más daño. No tuve el menor sentido común para tratar el pago de la deuda externa. Demagógicamente declaré que no la pagaría, y en todo caso los pagos no serían mayores al 10% de nuestras exportaciones. Yo, que no me senté a negociar con mis deudores, que no les presenté un plan dilatorio que pudiera ser tragado de alguna manera por la banca extranjera. En vez de decirles: “el cheque está en el correo”, “mañana se lo pago”, o indicarles cortésmente: “quisiera pagarles pero no puedo”, “con todo respeto es imposible
por el momento”. No, yo que no tuve la menor idea de cómo funciona la política y finanzas internacionales, me puse como un matón de barrio. Fui más insolente y descomedido con sus representantes en privado que en público, gané no sólo enemigos institucionales. El resultado fue trágico, todos nos cortaron el crédito y nuestro país terminó pagando un 50% más de lo que dije. ¡Qué imbécil fui!
Repito, si yo fuese Alan García qué cara pondría ante la Verdad. Si además, junto al Juez Supremo veo al fundador del partido, Víctor Raúl Haya de la Torre, ¿qué le diré, cómo me justificaré? ¿Qué muecas deformarán mi rostro cuando tenga que dar cuenta de tantas irresponsables decisiones, que causaron un desconcierto generalizado entre todos los que vivían en el Perú o los que tenían algo que ver con él? ¿No fui yo, el que convertí la inflación en un reto para las calculadoras, que tenían que absorber tres ceros cada pocos meses?
Cualquier intento de respuesta es inútil, cualquier refutación es innecesaria. El asunto es muy privado, es de Alan García y el Juez, nadie más. Así está de seria la cosa. Claro, él debe estar feliz por ahora, la Justicia Peruana no le culpó ni le culpará, y para hacer lo que hizo del Perú, se nota que no creyó nunca en la Otra Justicia. O, quizás Alan, aventurero irresponsable, cree que el Señor es como el pueblo peruano: amnésico.
Hay cada desalmado...
Herbert Morote, Réquiem por Perú, mi patria


2006/06/04

¡Perú, hoy me dueles en el pecho!

¡Perú, hoy me dueles en el pecho!
País miseria.
País mierda.
País cloaca.
País fracaso.

¡Perú, hoy me dueles en el pecho!
País Fujimori.
País Odría.
País Montesinos.
País García.

¡Perú, hoy me dueles en el pecho!
País amnesia.
País tortura.
País suicida.
País mentira.

¿Por qué me dueles tanto?
¿Por qué tanto gobernante espanto?
¿Hasta cuándo persistir en el quebranto?
¿Por qué darle tu cuerpo al que te ha vejado tanto?

Perú… ya no me dueles…
porque el Apra nunca muere,
pero la dignidad sí muere.

2006/06/02

Evitable: cuando votar es un desvarío

“…me caracterizo por recordar preferentemente los hechos malos y, así, casi podría decir que ‘todo tiempo pasado fue peor’, si no fuera porque el presente me parece tan horrible como el pasado; recuerdo tantas calamidades, tantos rostros cínicos y crueles, tantas malas acciones, que la memoria es para mí como la temerosa luz que alumbra un sórdido museo de la vergüenza.”
Ernesto Sábato, El Túnel
___



En alguna oportunidad leí una genial frase de Bertrand Russell: “la historia del mundo es la suma de aquello que hubiera sido evitable”. Hoy, a la luz (o, mejor dicho, en las tinieblas) de nuestra coyuntura política pienso que todo esto hubiera sido evitable. Pero, lástima, estamos en el patíbulo nuevamente y ya no hay vuelta atrás (¿esperaremos otros cinco años para volver a equivocarnos?).
Evitable. Tenemos la guillotina sobre nuestra nuca. Sólo falta la elección final: hay dos despeñaderos posibles, ¿hacia cuál de los dos nos precipitaremos? ¿Hacia el abismo ya conocido de la corrupción galopante, los costales henchidos de Intis, las interminables colas y los reiterados balconazos? ¿O, como de costumbre, nos lanzaremos a ese vacío desconocido que, por ser nuevo, pasa de inmediato a ser ciegamente esperanzador?
A mi entender, el editorial de Caretas 1927 titulado sugerentemente "NO SUICIDARSE", no se equivoca al sentenciar que el voto en blanco es –si cabe el término– un acto pilatesco: compatriotas si quieren joderse, ¡jódanse!; pero yo me lavo las manos: no escojo a ninguno de estos dos mamarrachos.
Cito acá los párrafos iniciales de dicho editorial:

Hay varias formas de pegarse un tiro en una encrucijada histórica como ésta: votar en blanco, viciar el voto, irse de paseo o sufragar mal.
Sin embargo, algunos de esos 2.6 millones de ciudadanos de derecha o de izquierda cuyos candidatos se quedaron en la primera vuelta, aun ahora, exquisitos como son, creen resguardar convicciones sacrosantas absteniéndose de elegir al “menos malo” en la segunda.
Con esa actitud están jugando a la ruleta rusa y promoviendo un mal peor.
Parecen olvidar que en esta combi nacional todos somos pasajeros –aun quienes viven en el exterior, ya que tienen parientes al fondo del pasillo–, y negarse a participar en la conducción del vehículo es una forma de suicidio.

Suscribo todo lo expresado hasta el cuarto párrafo; pero ahí me detengo, cavilo, y pienso que las líneas posteriores hubieran sido evitables. Se dice que Humala representa un “chavismo sin petróleo”. Sin embargo, no se dice nada sobre lo que representa Alan García. ¿Acaso un ladrón más curtido y mejor entrenado por la escuela de la experiencia? ¿O quizá un violador de derechos humanos que nunca mostró el más remoto asomo de mea culpa al respecto? Seamos simples, sinteticemos lo que A.G.P. representa en dos palabras: el engañamuchachos.

Evitable. Cuando, en otro párrafo, leo “desquiciado megalómano” pienso que se refieren al personaje en cuestión, pero no; me equivoqué: hablan de Simón Gorila (Hugo Chávez). Y me pregunto si era necesario que CARETAS nos recuerde de una manera tan burda (¿chavista?) que el presidente de Venezuela es y será un gorila. Me pregunto también si ¿acaso es necesario aclarar que todo lo que dijo Chávez acerca del líder del Apra es patéticamente cierto? ¿No es una verdad como una catedral que García Pérez es un ladrón de cuatro esquinas y un corrupto de siete suelas? Por favor, no nos fijemos en el mensajero sino en el mensaje. No hace falta ser chavista, castrista o evo-moralista para decir “Dios libre al Perú de un bandido como éste”; sólo basta tener una pizca de memoria y dos dedos de frente.
A estas alturas alguien me acusará de humalista, y caerá en un error grosero. ¿Cuántos de los que el domingo votarán por García Pérez son en realidad apristas? ¿Desde cuándo Vargas Llosa, Flores Nano, Rey Rey, Martha Chávez, García Belaúnde son militantes del partido de la estrella? Ahí tienen la respuesta. Será, como dicen, el voto del miedo… del miedo a lo desconocido… del miedo al cambio.
Confieso que detesto la imagen del cachaco (del militarote, diría Vargas Llosa), y estoy convencido de que los militares jodieron a mi país. Pero en una encrucijada como ésta tendré que hacer de tripas corazón y optar por el verdadero mal menor.
Optar esta semana por Humala sería un desvarío histórico descomunal”, concluye CARETAS y nunca como ahora toma partido por la agrupación política fundada por Haya de la Torre. Siento que es de elemental honestidad el hecho de matizar un poco dicha sentencia. Votar por cualquiera de los dos candidatos en cuestión constituye una especie de desvarío, de frenesí. El simple hecho de ser peruanos nos expone a vivir al borde del desvarío y de eso somos conscientes todos los que queremos un cambio, un cambio de verdad, no una caricatura de democracia.

Hace cinco años me equivoqué. Voté por un advenedizo Alejandro Toledo (y lo digo porque ya casi nadie se acuerda de que votó por nuestro actual mandatario). Me equivoqué, lo sé, pero tengo la tranquila certeza de que me hubiera equivocado el doble si votaba por García Pérez (o peor aún: si votaba en blanco). ¿Me dejo entender? Espero que así sea.

Ahora, yo votaré por Ollanta Humala. Mi memoria me impide votar por Alan García. Llevar otra vez a ese sujeto a Palacio de Gobierno sería el tiro de gracia para nuestra moribunda dignidad nacional. Si García vuelve a alzarse como presidente del Perú nuestra bandera quedará percudida para siempre y no habría “lavado de bandera” o revuelta popular que nos la devuelva. Porque no hay desvarío peor que el desvarío de la memoria.
Juan Pablo Castel, aquel mítico personaje de Sábato, sabía muy bien de desvaríos. De esos desvaríos que atenazan al peruano de a pie, a todos aquellos compatriotas para quienes la democracia es una palabra inasible, para aquellos a quienes el presente (democrático) es tan horrible como el pasado, para quienes por suerte todavía recuerdan tantas calamidades, tantos rostros cínicos y crueles, tantas malas acciones… porque la memoria es, para nosotros los peruanos, como la temerosa luz que alumbra un sórdido museo de la vergüenza.
Yo votaré por Ollanta Humala porque sé que si mañana Fujimori viene a pedirle disculpas a mi pueblo y, acto seguido, a reclamar una nueva oportunidad, se la negaré de saque y sin titubear un instante.
Votar por Humala será, no lo niego, un desvarío, pero un desvarío digno. Porque los cínicos y crueles como Fujimori, Montesinos y García sólo nos deben servir para documentar nuestro pasado tenebroso. Para que se pudran juntos en el sórdido museo de la vergüenza. Y para acudir a ellos cada vez que la memoria lo requiera tanto o más como este 4 de junio.

© Orlando Mazeyra Guillén, 2006.

2006/06/01

Obra de Arte

"Todas las obras de arte deben empezar por el final."
Edgar Allan Poe
___



Tus gafas multifocales, hechas pedazos, decoran el suelo de una manera vulgar (tan vulgar e insulsa que, por un momento, me relajo… me llego a excitar olvidándome de cuanto necesito olvidar). Un ramal carmesí baja apurado de tu pecho y se bifurca, se alarga en varias direcciones: sobre el parqué, debajo de la pianola, y empieza a confundirse con el rojo intenso de la raída alfombra que se extiende debajo de tu delgadas piernas de balletista virgen.
Tus ojos, abiertos, parecen apuntar hacia un cielo estrellado que ese techo barroco te niega tajantemente. Las pupilas inflamadas, a punto de estallar, como las venas de tus sienes. Una boca regular, discreta, que apenas se atreve a mostrar la hilera superior de tus dientes de cebra circense. Una lengua tersa, perfecta, como la de un recién nacido que llora en los brazos de la matrona.
Todavía sostengo con firmeza el revólver: un humo ralo que se desvanece con precocidad, el gatillo tibio y el tambor vacío, caliente e indiferente. La imagen de tu cara, de tu terror infinito antes del estruendo, permanece fresca e incorruptible. Una sola bala. Un solo destino. Un corazón perforado y un pulso agotado.
Ahora, antes de huir al monte y perderme por un par de semanas (o talvez más), es cuando quiero recordar el por qué decidí ajusticiarte. Trato de recordar por qué te elegí a ti. ¿Me gustó tu casa?, ¿tu eterna sonrisa?, ¿tu fama?, ¿o lo que me llevó hacia ti fue ese nuevo reto: el matar a alguien cercano, a alguien cuya sangre también es mía?
Siento una chicharra que apura mi partida. Me quito los guantes, envuelvo el revólver en un pañuelo y me despido de ti:
–¡Gracias papá, me ayudaste demasiado!
Me lavo el rostro y que quito el delantal que utilizo cada vez que pinto. Saco la acuarela al patio y pienso en un buen nombre. “Mi última visita a papá”, me gusta mucho, aunque también podría ser “La bala que le regalé a mi viejo”. No sería mala idea llamarlo por la noche para que él me dé su valiosa opinión.
13 de Marzo de 2006.
___
Imagen: Muerte de Marat (1793) de Jacques Louis David.