2010/10/08

Mario Vargas Llosa o el peligroso antídoto contra la Realidad

«El Perú soy yo, aunque a algunos peruanos no les guste. Yo le puedo agradecer a mi país, lo que yo soy: un escritor. Yo soy el Perú y lo que yo escribo es el Perú también

Mario Vargas Llosa, Premio Nóbel de Literatura 2010

«Afortunadamente, la obra de Vargas Llosa está netamente situada a la izquierda de su autor.»

Mario Benedetti

En la foto: Saramago y Vargas Llosa: los emisarios del demonio

Corría el año dos mil. Todo era algoritmos, geometría computacional, matemáticas discretas (todavía me sigo preguntando, con pretenciosa malicia, ¿cómo serán las indiscretas?), y tenía pendiente un trabajo particularmente aterrador: programar un compilador informático. Ese fue uno de los tantos encargos universitarios que nunca hice; porque, aparte de ser un estudiante mediocre, se me ocurrió, de buenas a primeras, escapar de esa vida plana y absurda que nada tenía que ver conmigo. Esa existencia que, día a día, me condenaba a ser poco menos que una posma, un individuo derrotado, aplastado por sus circunstancias y sus malas elecciones.

La desazón se intensificaba y se hacía más patente cuando recordaba que me había convertido en la antípoda de aquella «persona-personaje» de brazos alzados ante una lluvia de papel picado que descubrí en las páginas de El pez en el agua, un libro en donde la realidad y la ficción se conjuntan e hibridan con maestría única, dando paso a un testimonio lúcido y descarnado de un escritor que ejerció su oficio –que hoy, a sus 74 años, lo sigue ejerciendo con una vitalidad encomiable– con fe e insania arrolladoras.

Tengo bien forrado, y lleno de anotaciones, ese ejemplar de La Casa Verde que adquirí cerca del Parque Duhamel por poco más de cinco soles. Mientras leía esas páginas fui descubriendo que mi vida era ésa y ninguna otra: la Mangachería se me antojaba como un lugar formidable para tomar unas buenas cervezas antes de irse de putas, y, sin duda, Los Inconquistables podrían ser mis amigos (los mejores que he conocido).

No sólo me enamoré de Bonifacia, pude ser tan salvaje y rebelde como el Jaguar y tan insobornable y recto como el teniente Gamboa… tan idealista y obcecado indagador de la realidad nacional como Santiago Zavala… tan delirante como Pedro Camacho. Pero éste –el mundo que empezaba a conocer, el mundo alterno que nos brinda la lectura de ficciones tan imprescindibles como las vargasllosianas– no es un pasatiempo inocuo o «solamente entretenido». Y el que afirme eso nunca ha leído como hay que hacerlo (como yo siempre he leído a Mario Vargas Llosa): ¡con rabioso fervor!

Llegó el momento en que con los libros no me bastaba. Necesitaba algo más: quería vivir como los «perros» que pasaban semanas enteras encerrados en el Leoncio Prado. Así, arrojado por el exabrupto y las ganas de vivir me lancé por entero a la noche arequipeña, pues ansiaba conocer a mi propia Pies Dorados. Karicia, de alguna manera, llegó a colmar mis expectativas. Digo «de alguna manera» porque la realidad, la propia y la ajena, debe estar colmada de añadidos –mentiras, sueños, excesos– y omisiones para llegar a ser edificante. O, al menos, intentar serlo.

Los excesos vinieron solos y me hicieron pasar muy malos ratos (que, a pesar de todo y como corresponde, siempre se recuerdan con prudente nostalgia).

Llegué, trémulo y en calidad de pecador irredento, un domingo por la tarde a la Iglesia de los padres capuchinos. Dispuesto a confesarme y a pedirle al padre Julio Carpignano que intercediera por mí; que me disculpara con el que «Todo lo puede», porque hay que ser lo bastante imbécil como para creer que la vida real podía ser como la ficción. En suma, venía a ponerme de rodillas y, pusilánime, pedir una nueva oportunidad (otra más).

–¿Qué has estado haciendo con tu vida, hijo? –me preguntó aquel padre barbado de origen italiano.

–Leo mucho a Vargas Llosa y a Saramago –le respondí.

–¡Ah, los emisarios del demonio! –concluyó él, con un gesto de absoluta reprobación–. No debes leer, ¡no los debes leer!

Al mirarlo, creí –craso error– liberarme para siempre de las ataduras de la religión.

Mario Vargas Llosa siempre dejó en claro que la censura acarrea peores males que los que pretende combatir. Y me pongo como ejemplo porque soy lo que tengo más a la mano y porque vivimos en una sociedad que –de una manera más edulcorada– te dice lo mismo que me decía el padre Julio. Por suerte, no le hice caso y jamás volví a confesarme. Lo que sí hice fue leer y releer toda esa profusa obra de uno de los más célebres emisarios del demonio, que empezó con Los Jefes (siempre vuelvo a la ternura e inocencia del primer amor en el cuento «Día domingo») y termina, por ahora, en El sueño del celta.

Mientras Estocolmo espera al novelista más brillante que ha conocido el Perú, yo espero, con lápiz y papel, su nueva novela. Este premio colosal no le aumenta ni le resta nada a su obra. Pues fuimos los lectores los que con placer y gratitud lo declaramos el tótem de la narrativa nacional. Vargas Llosa alcanzó el parnaso hace mucho, pero la Academia Sueca vestirá de gala en diciembre para reconocer de una vez por todas al hombre metódico, trabajador y comprometido, «terco como buen arequipeño», que no se cansó de darle bofetadas a la realidad para demostrarnos que, en cuestiones literarias (y en otras yerbas), sólo los insubordinados, los pertinaces sin parangón, son los que, zancadillas de por medio, llegan a la cima, que no es un ni mil premios, sino: la libertad.

Hoy hay jarana en La Casa Verde. Aunque no lo podemos confirmar, se dice que don Anselmo ha murmurado que la casa paga y que todos estamos invitados: desde el Jaguar hasta el Poeta, pasando por Lituma, don Rigoberto, Fonchito, Koke, Pantaleón Pantoja, Zavalita, la tía Julia, Mascarita, Pichulita Cuéllar, Alejandro Mayta, doña Lucrecia, Ambrosio y, por supuesto, la Pies Dorados.

Antes de terminar, vale traer a cuento estas palabras de ese lector lúcido y omnívoro que es el periodista y escritor César Hildebrandt: «Básicamente creo que mi respeto por el valor literario de Vargas Llosa no se ha movido un milímetro. Sigo creyendo que sus tres primeras novelas son las mejores que se han escrito en el Perú, pero largamente. Incluyo en esta comparación personal y arbitraria a Arguedas y a Alegría. Todo lo que ha pasado después será dentro de muchos años, cuando todos estemos debidamente enterrados, anécdota, cosa menor. Mario es el mejor novelista que ha parido este país de tan pocos novelistas. Es un fenómeno».

Ahora te digo, Mario (porque estoy tan emocionado que me permito tutearte): los peruanos hicimos bien, hace una punta de años, cuando no te escogimos como nuestro presidente. Acertamos como pocas veces porque, ayer, hoy y siempre, te elegimos como nuestro NOVELISTA (sí, con mayúsculas, ¡MAESTRO!). Y eso la posteridad lo agradece.

Arequipa, 07 de octubre de 2010.
Publicado hoy en el diario El Pueblo de Arequipa
y en el blog de escritor Gabriel Ruiz Ortega.

2010/10/07

Mario Vargas Llosa ya es NOBEL DE LITERATURA

El escritor peruano Mario Vargas Llosa ganó hoy el Premio Nobel de Literatura 2010 por su "cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo", según la explicación de la Academia Sueca.
El escritor arequipeño está en Nueva York, donde da clases en la Universidad de Princeton.

"Se había levantado a las cinco de la mañana para presentar una clase, cuando recibió nuestra llamada a las siete menos cuarto, mientras trabajaba intensamente", dijo Englund.

Hoy hay jarana en La Casa Verde, don Anselmo dice que la casa paga y todos estamos invitados: desde el Jaguar hasta el Poeta, pasando por Lituma, don Rigoberto, Fonchito, Koke, Zavalita y, desde luego, la tía Julia, Mascarita, Pichulita Cuéllar, Pantaleón Pantoja, Alejandro Mayta y, por supuesto, la Pies Dorados.

Mario Vargas Llosa: el magnífico asesino

Vargas Llosa estampa su firma en García Márquez: historia de un deicidio

«Gamboa ríe. Deja de caminar, queda en el centro del aula. Tiene los brazos cruzados, los músculos se insinúan bajo la camisa crema y sus ojos abarcan de una mirada todo el conjunto, como en las campañas, cuando lanza a su compañía entre el fango y la hace rampar sobre la hierba o los pedruscos con un simple movimiento de la mano o un pitazo cortante: los cadetes a sus órdenes se enorgullecen al ver la exasperación de los oficiales y cadetes de las otras compañías, que siempre terminan cercados, emboscados, pulverizados. Cuando Gamboa, con el casco reluciendo en la mañana, apunta con el dedo una alta tapia de adobes y exclama (sereno, impávido ante el enemigo invisible que ocupa las cumbres y los desfiladeros vecinos y aun la lengua de playa en que se asientan los acantilados): "¡Crúcenla pájaros!", los cadetes de la primera compañía arrancan como bólidos, las bayonetas caladas apuntando al cielo y los corazones henchidos de un coraje ilimitado, atraviesan las chacras pisoteando con ferocidad los sembríos –¡ah, si fueran cabezas de chilenos o ecuatorianos, ah, si bajo las suelas de los botines saltara la sangre, si murieran!».

Fragmento de La ciudad y los perros.
I
Una chica, al verlo a poco menos de un par de metros, se queda corta, casi paralizada. No tiene el valor suficiente como para acercarse y pedirle un autógrafo. Entonces ella, con una mirada cómplice acompañada de una poco sutil seña, envía a su solícito enamorado. «Yo no firmo piratería», responde de manera tajante y devuelve intacto un ejemplar de Travesuras de la niña mala que debe de costar algo más de diez Nuevos Soles y es idéntico al que yo tengo en mi recámara.
Es Mario Vargas Llosa, que ha llegado otra vez a su ciudad natal, no para combatir la piratería denegando firmas, sino para hacerla –casi, simbólicamente– innecesaria inaugurando la Biblioteca Regional que lleva su nombre tan celebrado y, a la vez, tan mentado aquí, allá y acullá.
Me conmueve la decepción de la muchacha, pues yo podría haber estado (estoy) en su lugar: soy un hijo de piratería libresca, musical y cinemera (por cierto, no lo digo con orgullo; aunque tampoco con vergüenza). Pero, no hay tiempo que perder en divagaciones de esta índole, pues traigo conmigo un ejemplar histórico y, obviamente, original (García Márquez: historia de un deicidio). Trato de abrirme paso entre los libros estirados y abiertos de par en par, los bolígrafos que buscan llegar a sus ancianas manos y, por supuesto, las ganas desenfrenadas de poder alcanzar al novelista más talentoso que hayan conocido estas tierras.
«Es un libro muy importante para mí», le digo, ganado por la chismografía, con un vago afán provocador, y lo abro precisamente en donde aparecen los apellidos del genio literario de Aracataca: GARCÍA MÁRQUEZ. «Este es un libro muy especial», apostilla él, con una media sonrisa, algo forzada, que tal vez esconde la verdadera historia del puñetazo más famoso y amarillista de la literatura universal (¿cuál de los dos se animará a concluir sus memorias?, pues sabemos que el peruano ventiló buena parte de su vida en El pez en el agua y, por su parte, el colombiano publicó un delicioso mamotreto con bajo el título Vivir para contarla; pero ambos escamotearon esa etapa de amistad y admiración compartida: fines de los años 60 e inicios de los 70).
Mientras termina de estampar sus iniciales, lo miro a los ojos, trato de escrudiñarlo sin éxito. Es un hombre imponente. Estoy sumido en el estimulante convencimiento de que estoy con el sujeto que me abrió las puertas de la narrativa con sus libros; en otras palabras, me cambió la vida: «Don Mario, ¿cómo se hace para llegar tan lejos?». El ya está cansado de esa y otras interrogantes que rayan en el lugar común. Pero cumple su libreto, casi puedo adivinar su respuesta: «Trabajo, más trabajo, ¡mucho esfuerzo!». Es así como se forjó, emulando a Flaubert, trabajando obsesivamente, leyendo con lápiz y papel a William Faulkner: el genio no nace, se hace. Vargas Llosa es una muestra palpable de lo que pueden lograr la dedicación, la pasión y la testarudez entendida de la mejor manera: «Es usted un maestro». Termino con otro lugar común, con otra verdad grande como la flamante Biblioteca Regional. Darle su nombre a una biblioteca y hacer de este ambiente un punto de encuentro de lectores y escritores debe ser la mejor manera de rendirle un homenaje a un artista de pluma infatigable que ya anuncia la inminente aparición de su último esfuerzo de galeote, seguramente para fines de año: El sueño del celta.

II

«Abrió los ojos a las cuatro de la madrugada y pensó: “Hoy comienzas a cambiar el mundo, Florita”. No la abrumaba la perspectiva de poner en marcha la maquinaria que al cabo de unos años transformaría a la humanidad, desapareciendo la injusticia». El comienzo de El paraíso en la otra esquina (2003), es, para este prescindible lector, una invitación a imaginar el instante en que Vargas Llosa se dijo a sí mismo, con una convicción a la altura de su talento: hoy comienzas a cambiar la literatura (que es una forma virtual de cambiar el mundo, nuestro mundo, fabricando uno paralelo que fisgonee sin pudores lo mejor y lo peor que llevamos en las entrañas). Y lo hizo añadiendo ingredientes capitales: su resentimiento, su nostalgia, su crítica. Muy a su manera –heredero de Faulkner, Flaubert y, a veces a pesar suyo, de Sartre– es un continuador de primer orden de «la tradición de ese invisible linaje de contadores ambulantes de historias», pues la literatura, el oficio mismo ancestral de contar relatos, desboca su corazón «con más fuerza que lo hayan hecho nunca el miedo o el amor» (El hablador, 1987).
Este domingo 28 de marzo, el novelista mayor de las letras peruanas cumple 74 años y el mejor regalo que puede ofrecerle un diletante disfrazado de escribidor, es este farragoso colage que alterna entre la anécdota, la rendida admiración, las citas librescas y, cómo no, sus discursos más incandescentes en donde nos anunciaba que él es un aguafiestas por definición: «la literatura es fuego, que ella significa inconformismo y rebelión, que la razón del ser del escritor es la protesta, la contradicción y la crítica. Explicarles que no hay término medio: que la sociedad suprime para siempre esa facultad humana que es la creación artística y elimina de una vez por todas a ese perturbador social que es el escritor o admite la literatura en su seno y en ese caso no tiene más remedio que aceptar un perpetuo torrente de agresiones, de ironías, de sátiras, que irán de lo adjetivo a lo esencial, de lo pasajero a lo permanente, del vértice a la base de la pirámide social. Las cosas son así y no hay escapatoria: el escritor ha sido, es y seguirá siendo un descontento. Nadie que esté satisfecho es capaz de escribir, nadie que esté de acuerdo, reconciliado con la realidad, cometería el ambicioso desatino de inventar realidades verbales. La vocación literaria nace del desacuerdo de un hombre con el mundo, de la intuición de deficiencias, vacíos y escorias a su alrededor. La literatura es una forma de insurrección permanente y ella no admite las camisas de fuerza. Todas las tentativas destinadas a doblegar su naturaleza airada, díscola, fracasarán. La literatura puede morir pero no será nunca conformista» (Caracas, 1967).

Permítame, don Mario, caer en el indecoroso acto de convencerme de que, sin piratería, sus libros jamás habrían de llegar a mis manos. En suma: la llama -el fuego que es la literatura-, sin herramientas ni medios adecuados, jamás habría de encenderse. No hubiera podido ser lo poco que soy. Eso, a usted, debe importarle nada; mi confesión no debe moverle siquiera un pelo de su nívea cabellera. Pero a mí sí me importa tanto como lo que cada uno de sus libros y relatos me enseñaron, me hicieron un subersivo de la realidad, me pusieron contra todos, contra mí mismo, «contra Dios, contra la creación de Dios que es la realidad. Escribir es una tentativa de corrección, cambio o abolición de la realidad real, de su sustitución por la realidad ficticia que el novelista crea. Este es un disidente: crea vida ilusoria, crea mundos verbales, porque no acepta la vida y el mundo tal como son (o como cree que son). La raíz de su vocación es un sentimiento de insatisfacción contra la vida: cada novela es un deicidio secreto, un asesinato simbólico de la realidad». Escribir como único –válido, legítimo, irrenunciable– homenaje al hijo más pródigo de Arequipa, aquél que nació en el Boulevard Parra, y deambuló por el mundo haciendo de su historia, muchas historias. Escribir como si se nos fuera la vida en ello, aun a riesgo de que no seamos tan magníficos y memorables asesinos como Mario Vargas Llosa.

Arequipa, 28 de marzo de 2010.
Publicado hoy en el diario El Pueblo de Arequipa

2010/10/05

Una pregunta a Carlos Fuentes: el Cuento vs. la Novela

En la Feria del Libro Arequipa 2010, y ante un auditorio escaso, me llamaron, entre otras cosas, “escritor compulsivo” y matizaron esto indicando que ésa debía ser la causa de mis altibajos (no emocionales, sino narrativos).
También se dijo por ahí que, La prosperidad reclusa, anuncia a un novelista.
Nunca he escrito una novela (ni siquiera la he iniciado). A lo mucho tengo por ahí un cuento largo. Pero, gracias a las Entrevistas Digitales de el diario El País de Madrid, le pude preguntar al notable escritor mexicano Carlos Fuentes acerca del mito de la diferencia entre el cuento y la novela.

¿Qué opina del mito que dice que escribir cuentos es más complicado que hacer novelas?

Carlos Fuentes: "Es una realidad. En una novela uno puede meter cualquier género. En un cuento, como un poema, tiene una metodología y hay que tener brevedad y acabar con una sorpresa. Una novela es un trasatlántico y un cuento un barquito cerca de la costa".

Por otro lado, el concierto de Andrés Calamaro en nuestra ciudad -hoy confirmado en su portal oficial Calamaro.com- ya es un hecho. Será el sábado 13 de noviembre en el Jardín de la Cerveza Arequipeña.

Estoy colgando canciones de su nuevo álbum On the rock y también las mejores de su repertorio:


Calamaro confirma conciertos en el Perú (www.calamaro.com)

2010/10/01

Las extrañas cartas para Nicolás

Aunque, como el maestro Juan Carlos Onetti, «me estoy acostumbrando a ser un perdedor sistemático, a ser un permanente segundón», comparto con los muchos lectores de Siete Esquinas este cuento breve que quedó finalista en el último Concurso de El Búho.

A Guillermo Giacosa.

Empecé a dejar sobres cerrados en las bancas de casi todas las iglesias de Arequipa desde la tarde en que me diagnosticaron esa innombrable enfermedad. Aunque decir «diagnosticaron» no sería preciso, porque nadie lo hizo. Así que desestime esa afirmación, pues se trató simplemente de un examen de sangre al que siempre me resistí: ahora, usted y los aquí presentes entenderán el por qué de mi reticencia. Pero no nos vayamos por las ramas, pues su interrogante iba dirigida al origen de esas «extrañas cartas», como las llama con cierto asco. Y le confieso que, al oírlo, sentí un vago escozor que podría ser síntoma de mi extraviada vergüenza o, acaso, otra alerta del inexorable avance de la enfermedad.
Sí, ya lo sé. No me apure, porque me pone nervioso. Nos casamos hace siete años y nos iba relativamente bien. Alquilamos un cuartito por Umacollo y empezamos a «intentar». Ese verbo se volvió la palabra recurrente de nuestras noches, luego del noticiero de las diez. Ella quería ser mamá a toda costa, pero tenía un problema hormonal, algo que tiene que ver con la prolactina, ¿me entiende? Podríamos llamar al doctor Lopera, su ginecólogo, para que se lo explique mejor...

Para leerlo todo, clic acá: Las extrañas cartas para Nicolás

2010/09/28

Mi viejo y Los Rodríguez: oxímoron privado 28/09

Hace 64 años, nació mi viejo. Y, hace 20, aparecieron Los Rodríguez.
Mi mamá, en su adolescencia, aparte de estudiar, no hizo otra cosa interesante (tuvo una juventud muy "retraída", para utilizar un adjetivo de mi papá).
Mi papá, en cambio, no fue un alumno destacado, seguramente por eso se dio tiempo para tirarse la pera -Colegio La Salle, por supuesto- con uno de sus hermanos... tiempo para enamorarse varias veces... y para escuchar mucha, muchísima música.
En fin, si algo de música escucho (Calamaro, Fito, Charly, Daniel F, Mar de Copas, etcétera) se lo debo a mi viejo. Y, si escribo, también.
El 28 de septiembre es un día importante. Este texto, encontrado en Efe Eme, va como homenaje a mi papá biológico y a mi cuasi papá musical. No tienen comparación, es cierto. O quizá sí, lo cual sería, desde ya, una falta de respeto. Algo en lo que soy experto. Pero no es la intención. Feliz día a mi viejo... y te estamos esperando, Andrés.
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A Los Rodríguez hay que agradecerles que airearan un ambiente con olor a rancio, que despacharan tres discos de estudio de los que hoy, de tan imponentes como son, cuesta seleccionar el mejor. Y a Calamaro hay que estarle infinitamente agradecido por implantar un modelo de estrella del rock completamente disparatada, endiabladamente creativa y fumeta, tan distinta a las que conocíamos por aquí

Hoy hace justo veinte años que Andrés Calamaro aterrizaba en Madrid para fundar Los Rodríguez. Nadie imaginaba entonces que aquel grupo pondría patas arriba el rock español y que Calamaro acabaría por ser la figura esencial sobre la que pivotaría el rock en español. Recordamos a Calamaro y la grandeza de Los Rodríguez con este breve texto-homenaje de Juan Puchades.
El 28 de septiembre de 1990, Andrés Calamaro llegaba a Madrid con la intención de probar fortuna, de pasar una temporada en la capital, de intentarlo en un nuevo país y con un nuevo proyecto. Venía con poco equipaje, una maleta y un teclado, la historia (Raíces, Los Abuelos de la Nada, cuatro discos en solitario), de poco servía ahora. En Barajas le esperaban dos ex componentes de Tequila, Ariel Rot y Julián Infante. Al segundo lo conocía poco, de un encuentro años atrás en Buenos Aires, pero fue quien metió en el cuerpo de Ariel el bicho de dar forma a un nuevo grupo, y éste pensó que Andrés sería pieza clave para ese proyecto, pues hacía tiempo que venían trabajando juntos en Argentina, con Ariel integrado en la banda de Calamaro y como coproductor de sus dos últimos discos, “Por mirarte” y “Nadie sale vivo de aquí”.
En Madrid, aquel mismo día, nacían Los Rodríguez, con el rotundo Germán Vilella en la batería y con la siempre cambiante plaza de bajista (ocupada en el tiempo por el propio Calamaro, Guillermo Martín, Daniel Zamora, Candy Caramelo y, de nuevo y hasta el final, Daniel Zamora). Aunque les costó tres discos (dos de estudio y, entremedias, un directo) y tres años hacerse oír más allá del circuito de los entendidos, desde el primer momento fueron la necesaria patada en la boca del rock español del momento, el revulsivo imprescindible en el momento preciso. Con muchos de los nombres surgidos de la movida instalados en el éxito, la autocomplacencia, la rutina y los conciertos financiados (e inflados en su caché) en verano por los ayuntamientos (ese modelo que ahora mismo agoniza y que, algunos de aquellos mismos, pretenden apurar hasta el último estertor), Los Rodríguez nos hicieron creer de nuevo en el rock español. Frente a tanta abulia (de la que habría que eximir a los siempre creativos Radio Futura y a los por entonces jóvenes Ronaldos), Los Rodríguez trajeron ideas nuevas y renovadoras, canciones incontestables y, como ya hicieran Tequila y Moris doce años antes, ese sentido musical y poético tan propio del rock argentino inyectado en una solución musical desclasada que, desde el clasicismo de la escuela stone, se antojaba inédita.
A Los Rodríguez hay que agradecerles que abrieran la ventana y airearan un ambiente con olor a rancio, que despacharan tres discos de estudio de los que hoy, de tan imponentes como son, cuesta seleccionar el mejor. Y a Calamaro hay que estarle infinitamente agradecido por implantar un modelo de estrella del rock completamente disparatada y fumeta, endiabladamente creativa, tan distinta a las que conocíamos por aquí, abierta a colaborar con los demás, espontáneo, franco y generoso en sus opiniones. Además, nos brindó la oportunidad de verlo en un momento irrepetible, cuando estaba hilvanando todo un discurso propio y posicionándose, poco a poco, en la estratosfera. Claro, que el éxito a Los Rodríguez sólo les llegó cuando giraron con Sabina en 1996, con el grupo ya roto; y las grandes ventas los saludaron con el álbum de despedida. Bonita moraleja de cómo se escribe la historia del rock en este país tan cabroncete.
Tras Los Rodríguez, Calamaro se alejó del sonido del grupo con el imbatible y sofisticado “Alta suciedad”, y se fue en vida (o hecho pedazos) y directo al Olimpo del Rock con “Honestidad brutal” y “El salmón”, en un pulso creativo consigo mismo, pues ya no tenía rival con el que medirse: nadie escribía como él, nadie levantaba discos como aquellos, nadie tenía esa voz, sus directos (hasta que los abandonó) eran algo muy serio. Para entonces, pertrechado con su doble nacionalidad, tenía un pie en Argentina y otro en España. En ambos países éramos espectadores privilegiados de cómo se gestaba la mayor leyenda del rock en nuestro idioma, el único creador que podía tutearse con cualquiera en cualquier rincón del globo. Era lo nunca visto y merecía la pena seguir su carrera de cerca. Pero en el camino se aceleró demasiado y tuvo que echar el freno, poner sus asuntos en orden. Formatear el disco duro. Atrás dejaba cientos de grabaciones, o miles, poco importa, mientras recuperaba el camino, con Javier Limón o con Litto Nebbia como directores artísticos. Para deleite de sus nuevos y jóvenes seguidores, que en su mayoría nunca lo habían visto en directo, regresó a los escenarios como el que vuelve victorioso tras larga batalla. Al final, después de más de un lustro de probar, investigar y romper todos los convencionalismos compositores-grabadores, incluso se reconcilió con los discos posibles, y ahí sigue. Han sido veinte años que se han pasado volando (“veinte años no es nada”, cantaba Gardel). Veinte que ya forman parte de la Gran Historia del Rock en Español, con capítulo de gala.
Es Andrés Calamaro, el músico más influyente (la suya es música admirada por los músicos) de las dos últimas décadas, sobre el que ha pivotado, en gran medida, mucho del rock facturado en los últimos once años, a unos gusta, a otros deja indiferentes, incluso hay quienes lo detestan. Sin embargo, otros hace tiempo que podemos decir que no tuvimos el placer de haber conocido ni a Picasso ni a Dylan, pero sí el honor de compartir algunos momentos (y arrastrar decenas de canciones pegadas a la memoria) con Andrés Calamaro. Que vengan veinte más, ahora que va a por sus cincuenta. La diversión y el arte están asegurados.

2010/09/16

Estaremos en la FIL AREQUIPA: sábado 18 a las 5 p.m.



Este sábado 18 de setiembre a las 5 p.m. estaremos, en el Auditorio Oswaldo Reynoso de la Feria del Libro Arequipa 2010 (Parque Libertad de Expresión, Umacollo), junto a Willard Díaz, Jorge Monteza y Alexander Campos conversando sobre mi segundo libro de relatos.

Todos están cordialmente invitados.

2010/09/10

Para una sociología del genio



El fútbol en la Argentina, hoy mercancía fundamental de la industria del tiempo libre, es uno de los espacios masivos por excelencia donde se desplazan los conflictos sociales. Si bien el fútbol no es un reflejo directo de lo que pasa en la sociedad, sí constituye una arena simbólica de importante densidad significativa donde interpretar nuestra cultura. Se supone que es en las canchas donde las penurias cotidianas pueden amortiguarse con el disfrute de un juego que apela a sensaciones colectivas. Esa fue la intención básica y la función fundamental del deporte moderno, desde sus orígenes, en nuestras sociedades: contener, cohesionar, y porqué no adormecer todo intento de resistencia o rebelión en la vida cotidiana (recordemos que despuntó con el auge del anarquismo social). Fue también estrategia político-ideológica de aquellos empresarios que con sus empleados-obreros, armaron su equipito para distraer a sus trabajadores, pero también para alejarlos de la vida licenciosa en las tabernas, y mantenerlos en estado saludable para que puedan rendir productivamente en la fábrica. Es en el contexto del modelo agroexportador entre 1880-1930 que nuestro fútbol argentino, como en la economía y la política, también dominado por el estilo inglés, era una práctica amateur. Luego, los jugadores serán “trabajadores” del fútbol y tendrán sus sindicatos, y pelearán por sus condiciones de trabajo. De ahí que la gran huelga de jugadores durante los primeros años del peronismo, en 1949, nos impidiera participar en el mundial en Brasil del 50 y, como consecuencia de aquella, por la emigración de jugadores a otros destinos, no participaremos en el mundial de Suiza del 54. Dos mundiales sin participación de la Argentina producto de la lucha sindical de los futbolistas. El fútbol entró, de ahí en más, al mundo del profesionalismo, y todo será distinto. Pero este profesionalismo ascendente, no pudo neutralizar del todo la picardía y las astucia de la gambeta que caracteriza el juego en el sur. En nuestro país también se expresan rebeliones y resistencias en nuestros “criollos circos romanos”. Por caso remontémonos a los inicios. Fue recién en 1913 cuando un equipo argentino (Racing Club), integrado por jugadores criollos e inmigrantes españoles e italianos, ninguno de origen inglés, saldrá campeón de la primera división, destronando al invencible Alumni, referente del juego-máquina de los ingleses de los hermanos Brown. Se inicia allí lo que se denomina la refundación criolla del fútbol argentino; ya que la primera fundación fue británica, hacia fines del siglo XIX. Los nuestros, nacionales, serán jugadores que aprenderán este deporte en los baldíos y potreros, y no en las escuelas con pizarrones como lo hicieron los ingleses. Nuestro “potrero sudamericano” hará emerger a un tipo social paradigmático, que desarrollará las habilidades propias de nuestro fútbol: “el pibe criollo del potrero”. Desde aquella época se produce una suerte de independencia- relativa de estilo de nuestro fútbol respecto del inglés. El baldío será la patria y el tango su música. Entre esos descampados y la escuela pública, empezarán a socializarse y a argentinizarse los niños marginados de estas tierras.Maradona, a diferencia de otros grandes jugadores que tuvo la historia del fútbol argentino, se convirtió en un ídolo popular que excedió la geografía argentina para ser “tomado” como tal por la gente amante y no amante del fútbol en todo el mundo. El estilo-símbolo Maradona se asentó en lo siguiente. Por una parte su estilo de juego marcadamente sudamericano, con individualidades perfectamente catalogables como artísticas, se destacaron a contrapelo de una tendencia general del fútbol del Cono sur a imitar esquemas y estilos de juego europeos, más eficientistas, más especulativos que, en definitiva, buscan mayor rentabilidad con la menor pérdida de tiempo e “irracionalidades” posibles.
El juego
Maradona combinó el coraje, la inteligencia, el placer por deleitar y deleitarse y sobre todo una complicidad absoluta con la gente en las tribunas. La picardía popular, el engaño y la astucia para con el contrario, en definitiva, un estilo y un criterio de juego bien de potrero, suburbano y de barrio, fue re-presentado por Maradona en la cancha. Esa forma y contenido en su fútbol, no pudo ser vigilada, controlada, cambiada, por las reglas institucionales del deporte. ¿Por qué? Si tenemos en cuenta que el fútbol cuanto práctica deportiva informa sobre destrezas corporales y su domesticación para materializar estrategias rentables, en goles por ejemplo, y que el “autorizado para “hablar” es el director técnico, Maradona, devolvió “al centro del juego” al jugador, retorna la posibilidad de que aquél pase sobre éste, y superar al director técnico, (división técnica establecida entre el trabajador que juega y pone su cuerpo (fuerza de trabajo) y el director que ordena, selecciona y excluye, que tiene el poder, cambia los estilos y moldea a los que les gusta mucho lucirse con “jueguitos”). Maradona “habla” y dice cosas no autorizadas por la “normatividad” del campo del fútbol. Rompe con el “silencio” de los deportistas. Su origen de clase siempre se terminó colando en su vida de éxitos y fracasos, de declaraciones y reacciones de ira. Un diego contradictorio, tal como la misma sociedad que lo parió. Por ello, todavía hay esperanzas de que “el juego” no se pierda. Mientras aparezcan sus sucesores fieles al campito, más allá del corsé al que están sometidos por las grandes empresas que dominan el negocio del fútbol. Todavía pueden divisarse algunos potreros en el gran Mendoza, secos y con champas dispersas en Las Heras, costeando los barrios del oeste del piedemonte godoycruceño, o en el mismo Guaymallén, donde quedan algunos baldíos que resisten la instalación de un complejo privado. Es allí donde los niños, a cuero pelado en verano, patean y patean la pelota barata del supermercado. Es allí donde muchos clubes van a buscarlos para detectar los talentos, que luego nos harán deleitar desde las tribunas del juego lírico, de la gambeta traviesa e irrespetuosa, o del caño atrevido. Luego serán moldeados por la industria del deporte, los pesarán y los medirán, le ofrecerán un futuro promisorio y fantasías de salvación. Los semidioses de barrio, a esta hora, están payaneando su destino. Esos malditos carasucias.Un dato de clase: la gran mayoría, entre el 75% y 85% de los resultados de las encuestas en diarios digitales del país dicen que la “gente on line”, moderna y tecnológica, no lo quiere a Maradona. ¿Podría ser de otra manera? Con tipos como Maradona la cosa es siempre igual: dividen aguas, no admiten términos medios: lo dejás o lo tomás, lo amás o lo odiás. Pero nunca podrán negar que el pibe de Fiorito es referente indiscutible del mejor fútbol mundial, símbolo de rebeldía globalizada que genera adhesiones cuasireligiosas, desde Pakistán a Georgia, Senegal y México. El barrilete cósmico se agita, toca el cielo y lo penetra hasta confundirse con el mismísimo dios. Nuestra argentinidad al palo renace. Diego es droga tranquilizadora para las almas en pena que rehúyen al fútbol en el país del fin del mundo. Catastróficos y humanos, argentinos de pura sangre, mosto reposado para el mejor vino de consumo interno. El elixir del olvido. La pata de conejo. La cintita roja para la ojeadura nacional. Un diego vale más que diez dólares americanos. Solo aquí, en nuestra vapuleada nación, sube el diego más que el merval y el euro. Crack financiero allá y recuperación simbólica acá. Una lágrima en el desierto que reproduce mares de emoción. Maradona es patria popular y antiimperialismo vivo en un tipo común que vengó, en la ficción, a nuestros pibes de Malvinas, frente a los ingleses invasores –a los ingleses Dios los ayudó siempre-. El poeta de la zurda subió de los infiernos y arrastra tormentas de pasión. Contradictorio, gordito, morocho y de origen descamisado. Un recienvenido para el cipayismo oligárquico que se obnubiló más con Beckam o Batistuta: gringos de allá y de aquí. Racismo de clase y estético de gente como uno.Como muy bien lo representa Carlos Sorín en su film “El camino de San Diego”, todo mito representa un paradigma de sentido y orientación colectiva, construido por el imaginario social, en base a algún acontecimiento. El mito, no representa un reflejo mecánico de “lo real”, ya que éste se constituye más como “mediación simbólica” de la realidad que representación directa de la misma. Es a través del mito que nos identificamos, representamos y fundamentalmente nos comunicamos. Es un atributo de la especie humana esta capacidad de simbolización de la realidad, y no de otras especies. Por lo tanto, contra aquellas posiciones positivistas del conocimiento que niegan el carácter profundo del mito o minusvaloran estas formas culturales, debemos reconocer y afirmar que el mito, a la vez que integra, orienta, construye y proyecta a una sociedad o cultura determinadas. No obstante, todo mito no es sostenido desde las ideas puramente, sino además, a través de la materialidad de prácticas concretas, donde el mismo es refrendado en el tiempo, de generación en generación. El mito entonces tiene un carácter profundamente material y simbólico, y son las prácticas rituales las que permiten su durabilidad y vigencia, adaptando la referencia simbólica del pasado a sus contextos culturales presentes, a su momento histórico. Hoy el mito renace, para la mayoría de los que funden paganismo y creencias oficiales en su cuenta espiritual, en su banco que no quiebra, en su fábrica de fantasías. Bienvenido Diego, el mejor opio para nuestro pueblo desencantado. Tu reino es de este mundo. Las clases medias y altas en este país siempre quisieron ser europeas. Tal vez por ello, en el fondo del patio, tengamos a miles de inmigrantes bolivianos que explotamos como sociedad, otros tantos peruanos y paraguayos; y millones de “cabecitas negras” que contrastan con las ciudadelas de la prosperidad. Abarrotadas de shoppings, de glamour, restaurantes raros y vestuarios exóticos, de un patrimonio sólido de arte y cultura, de escritores consagrados, de campos que generan una inmensa riqueza. Sin embargo, no tienen alfombra suficiente para esconder las cenizas, lo que no gusta que sea visto. Maradona insiste con estar arriba de la alfombra. Maradona pertenece a ese “otro mundo”, un recienvenido para muchos que no sueltan más reflexión que decir: - es un negro con plata-, o –quedó loco por la merca-, -fue un ídolo como jugador, pero mejor que no hable-. Otros, para rematar, cierran con sus lúcidas palabras: -es un resentido y lo será toda su vida-.El diego es un tipo contradictorio, ¿quién no?, en eso coincidirán muchos. Pero a partir de sus contradicciones ha optado por no callar y decir las cosas que dice desde su condición u origen de clase, así como de los intereses que lo rodearon en distintas etapas de su vida. No ha sido, todavía, sometido al discurso dominante del establishment que le impone no solo una vida ordenada, sino discursos ordenados, reacciones ordenadas, movimientos ordenados, pero que fundamentalmente le pide “el “silencio de los deportistas”. Podría haberlo hecho y no lo hizo, por innumerables circunstancias. Muchos otros, ligados a las artes, hicieron lo contrario: el premiado escritor Mario Vargas Llosa se transformó en un acérrimo intelectual del liberalismo de derecha peruano compitiendo como candidato a presidente en 1990, cuando antes admiró a la Cuba revolucionaria. El mismo Rubén Blades, que relataba en sus canciones la vida de los guapos con su tumbao al caminar, también devino en un pensador antipopular, presentándose como candidato a presidente en 1994 en Panamá, su tierra natal, por un movimiento liberal, además de ser un ferviente antitorrijista. Ernesto Sábato, Presidente de la CONADEP y escritor del nunca más, el cual le permitió el exacto marketing para que millones lo leyeran en la era democrática en la Argentina, fue a saludar y a felicitar al propio General Videla cuando hizo el golpe de Estado del 76. Sí, Maradona estuvo con Alfonsín en la Rosada y con Menem y con Kirchner. Siempre invitado por el poder político para la foto. Pero él hoy está con Fidel Castro y Hugo Chávez, con Evo Morales y Néstor Correa. Con la causa de las Abuelas. Amigo de Manu Chao, Emir Kusturika, Charly García, Calamaro, Joaquín Sabina, entre otros, “el diego” se rodea de tipos inquietos, reflexivos y disidentes en el cine, el arte, la política, el deporte y la música. El diego es disidente, hace años que asumió ese rol, y por ello no le perdonarán nunca algunas denuncias y declaraciones a boca de jarro que incomodan y molestan.En su vida, plagada de flashes y escandaletes, siempre tuvo una posición bastante clara: antiimperialismo americano, procuba de Fidel, anti-FIFA, pro-sindicalismo de los jugadores, pro-populista latinoamericano y eterno admirador del Che Guevara. ¿Por qué molesta tanto que un ex deportista opine y participe de la política, en este caso internacional? Creo que primero por un prejuicio social respecto de quienes “saben” y quienes “no saben” sobre un tema. El “conocimiento” le pertenecería, según esta opinión, a los especialistas que estudiaron y no a un gordito fiestero que lo único que hizo fue jugar bien al fútbol. Segundo, porque no adopta las posiciones que el establishment espera y promueve que adopte. Es decir, que se llame al orden con sus palabras, o se llame a silencio sobre ciertos temas. Y el tercero, agregaría, por el miedo que genera que un tipo tan popular asuma posiciones contra el poder. En definitiva, miedo a las identificaciones que genera en las clases populares.

Marcelo Padilla

2010/08/30

Mutilaciones (cuento)

A Carlos Bellatín, el Chino;
y Juan Carlos Gómez Boza, el Búho,
con afecto, cervezas y amistad.

Cuando empecé a crecer y a tomar conciencia de sus actos, papá me había dicho, con bastantes resquemores, que el tío Julio estaba «enfermo de la mente». Sería por eso que conversaba con los focos del comedor o, por las noches, bajaba la palanca de la electricidad dejándonos a oscuras y averiando, en más de una oportunidad, el viejo refrigerador de la abuela.

En sus momentos más complicados, se transformaba en un personaje inefable e intratable. Por suerte, estos episodios eran bastante infrecuentes. Y, a su vez, el tío Julio nos resultaba perspicaz y bromista en sus instantes de lucidez extrema.

En año nuevo salía, ocultando un vaso en los bolsillos, a tomar sus buenas cervezas con los vecinos de al frente de la casa, y por las mañanas encendía el televisor a todo volumen en el canal en donde transmitían un programa de ejercicios aeróbicos:
–Tío Julio, baja un poco el volumen –le reclamábamos, bostezando.
–Ellas me lo piden, las chicas lo piden –reponía él señalando a las esculturales mujeres de la pantalla chica–. Siempre me dicen: Julio, ¡te estamos siguiendo!

Cuando la abuela nos dejó yo lo vi llorar como un niño. Mas, al poco rato se repuso. Parecía otra persona, mudó su comportamiento como aquellos eximios actores de cine, y hasta encontró un buen pretexto para fumigar las penas:
–La mamá María está de viaje –nos informó a todos con aquel convencimiento con el que se deberían de decir las grandes verdades. Era (lo sigue siendo hasta el día de hoy) la mejor forma de soportar su desaparición. Y a todos nos gustó hacernos a la idea de que la abuela no estaba muerta. Después de todo, estar «enfermo de la mente» no era del todo malo, ¿verdad?

* * * *

Alguna vez, aburrido de sus ataques de esquizofrenia, llegué a espetarle una propuesta que me hacía recordar a la abuela:
–¿Y tú nunca piensas en irte de viaje, tío?
–Bien podría hacerlo: ya he cumplido, me he roto el lomo por la familia. Tengo millones en el banco y ustedes disponen de mi dinero como les da la gana.
–Bueno fuera, tío, bueno fuera...

–¿Sabes un gran secreto, Vicente? –me dijo una tarde en la huerta.
–Dímelo, tío.
–En esta casa, ¡nuestra casa!, he aprendido cómo es el mundo.
–¿Y cómo es el mundo? –indagué con afanoso interés.
–Es un poco más o menos así –me dijo y se agachó para arrancar una margarita–. Así empezamos: nos arrancan de buenas a primeras... y, poco a poco, nos vamos deteriorando... Al final quedamos de esta manera: una mutilación, una maldita mutilación, ¿comprendes?

Y me entregó la margarita sin pétalos. No sé por qué todavía la tengo guardada. La encontré reseca entre mis cosas, justo ahora que él decidió “irse de viaje”.

Dicen que salió de casa hace seis tardes, aunque podría jurar que no lo veo hace sólo cinco días. Vestía un pantalón café, sus raídos mocasines y la camisa de franela que le gustaba ponerse cuando lo llevaban al peluquero del centro de la ciudad.

Quisiera pensar que anda vagando por ahí. Que no se ha cruzado con ningún malhechor, ni mucho menos que haya retado a algún veloz microbús en las grandes avenidas.

–¿Qué será del loquito? –le escuché murmurar a mi vecina con cierta malicia cuando entraba a la bodega del barrio a comprar pan.
–¡A usted que mierda le importa! –le dije furioso y me quedé sin panes para el desayuno.

Yo sé que está loco, o «enfermo de la mente», como dice mi papá con cierto decoro. Pero cómo odio que los chismosos se llenen la boca comentando sobre su enfermedad, o fabricando motivos que supuestamente lo llevaron al desvarío: el sexo, las drogas, la brujería...

Ahora que camino por las calles de la ciudad pegando su foto en las esquinas concurridas y en los paraderos de autobuses, me doy cuenta de que, gracias a él y a su mutilada margarita, aprendí en casa cómo es el mundo.

Aguardo por las noches, mirando de reojo por la ventana que da a la avenida y sueño con ver asomar su silueta. Sé que se aparecerá de pronto y me dirá que el mundo no era así:
–Es peor, Vicente, es peor –concluirá con sabiduría.
–Sí –asentiré–. Pero yo no estoy loco, tío. A mí nunca me han hecho convulsionar a punta de electroshocks, ni tengo un par de hijos ingratos que nunca me visitan. Tampoco tengo esposa, cosa que agradezco pues, ¿quién dice que no me hubiera dejado por acostarse con un psiquiatra? La vida es una mentira, tío Julio, y me gustaría estar loco para no saberlo.
–A mí también –y se irá a conversar con algún foco o a dejarnos sin luz para echar a perder los artefactos de su madre, mi abuela viajera.

La Pampilla, 20 de agosto de 2010.

Este cuento aparece en la edición de
Setiembre del Proyecto Sherezade


2010/08/24

El Twitter, según Andrés Calamaro


Cuando aún no está completamente confirmada su presencia en Arequipa, Calamaro habló fuerte y claro sobre la mayoría de usuarios del Twitter (él mismo aclara que hay excepciones, pero, a su entender, muy pocas):
Twitter idiota

¡Qué despreciable "democracia", y qué mal entendida claro que libertad de expresión, no es expresión de libertad! Qué pérdida de tiempo escribir para hijos de Homero Simpson y doña Rosa (doña Rosa de Neustad), tolerar resentimiento, conceptos infantiles, progresía aborregada, ideologías desaparecidas... extinguidas hace ya tiempo. Participar en un coro de subnormales generadores de concepto light, qué asco de post modernismo (perdón si me río) ...Perder media hora por día para comprobar lo que nací sabiendo ...siempre hay excepciones: gente excepcional, pero ... ¿qué hago metido en el medio de la República de los Culoblandos?
En el décimo aniversario de aquel Salmón revolucionario, hace dos días estaba grabando cantos con mi brother Mario Breuer, al día siguiente escribíamos una canción con Cachorro en Saavedra, barrio calamar con espíritu polaco en las esquinas, hoy mandamos otra canción para mezclar en Madrid. A fin de mes On the road again, de Londontown al Razzmatazz, Madrid, Vigo, Bilbao y Donosti, para qué necesito recordar que vivimos rodeados de reaccionarios sin huevos si lo sabemos de sobra pudiendo celebrar mis treinta años en la aristocracia rockera, en la poesía de los márgenes: ¡qué lastimado estaría mi pudor si resulto ser la cara amable del termo Twitter! 140 caracteres pueden metérselos profundo en el medio del ojete, me importa tres pepinos perder un segundo más en el rebaño de boludos con blackberry, o lo que es peor... conectados a la nada a cambio de demostrar que son infantiles, consecuencias de sangrientos años que deterioraron los mínimos gramos de dignidad… caretas, mis enemigos...

2010/08/16

A veces es peor el remedio que la enfermedad



Palabras

A veces es peor el remedio que la enfermedad.
Casi siempre mejor no decir nada,
hay demasiadas palabras que se usan así nomás.
Lo que querés oír, te lo inventás y lo tenés.
La música es de aquellos que la quieren escuchar
y de nadie más.
Es benigna y la mierda que tenés en la cabeza
tiene que ser muy digna,
porque si no te sobra entre las armonías.

Algunas palabras las invento yo,
otras las trajo el tito Bob Dylan
por eso no miento, no importa tanto la verdad,
es la realidad.
Es la basura que junta tu cabeza mientras hablás,
aunque no los escuches sé que ladran, Sancho,
pero no tienen autoridad.

Pero tengo el ancho de espadas y el de bastos también
y un turquito en la neblina no me dice
cuando desafina la Orquesta Winnograd,
tengan piedad con el 4 de copas
y bodas de plata con la farlopa
tengo vestuarios, rompí los horarios en mil pedazos.

Conozco el caso de "Blableta Fracaseta"
especialmente en la República Anfetamina
Acá siempre se opina con ventilador prendido
y que marrón salpiqué,
y te cubrís de marrón de marrón
y te cubrís de marrón de marrón...

2010/08/01

Diario de lectura: La prosperidad reclusa


Por Bladimiro Centeno Herrera*

La narrativa peruana se encuentra en una permanente exploración temática, estilística y textual. El desencanto, la introspección dolorosa y la búsqueda de nuevas formas de expresividad descarnada son los rasgos que caracterizan el cuento moderno.
La narrativa provinciana, a pesar de los prejuicios con los cuales se estiman sus logros, profundiza este signo espiritual que identifica a las nuevas generaciones de escritores e intelectuales. En algunos casos produce una vuelta de tuerca a esta visión del mundo que ha perdido la razón de su condición humana.
Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, 1980) profundiza esta perspectiva estética y nos presenta un mundo en el cual los personajes están condenados a una irremediable frustración y vacío. El pesimismo y la pérdida del sentido de la vida estallan ante el menor intento por dar forma a sus destinos.
El libro La prosperidad reclusa (Cascahuesos, 2009) está constituido por veintitrés cuentos breves forjados con el mismo propósito de indagar la condición humana en un contexto de la crisis universal.
Impulsa los cuentos el mismo espíritu desgarrado por el absurdo de la vida. Vacíos es el cuento más breve, de tono poético, en el cual el personaje, adicto a los fármacos, trata de escapar de su locura. La dulce espera nos presenta a la hija de una prostituta latinoamericana embarcada a la eterna espera de que su madre se libere de su destino oprobioso en Europa. En Tras la puerta, un esquizofrénico, convertido en una especie de conejillo de indias, contempla cómo los tratamientos psicológicos mejor intencionados terminan degradando su condición humana, porque la raíz de su locura no está en su ser sino en el mundo externo.
La incertidumbre es otro matiz que reviste el universo narrativo de Mazeyra. En Ganas de ti, Matías, un adolescente en pleno proceso de aprendizaje amatorio, descubre la faceta homosexual de su mentor. En La prosperidad reclusa (título homónimo del libro), un recluso por burrier establece una relación muy singular con Nepomuceno, otro recluso que, en su aparente impasibilidad, revela haber jugado en el pasado con los brazos del infierno.
La idea de la muerte intensifica el tono sombrío del libro. En El faquir y la equilibrista, el recepcionista de un hotel termina sirviendo como modelo a una artista plástica, quien, ante su creciente insistencia amorosa, le revela una verdad que lo obliga a construir una cama de clavos con el fin de ahuyentar la muerte que ronda a la artista.
En Cuando ya no tengas secretos, un estudiante universitario que satisfacía sus obsesiones sexuales hurtando el cuaderno de sus compañeras de estudio, termina (en una de las visitas a una casa de citas) descubriendo el otro secreto desgarrador que practicaba una de sus compañeras de estudio y terminan ligados por las mismas impurezas del mundo.
Las tribulaciones son permanentes en los personajes. En La entrevista, un indeciso buscador de trabajos, aguarda en la sala de espera la entrevista de su vida con Dios, pero (por la misma razón de su indecisión) termina expulsado de la sala hacia la vida real. En Patada al tablero, el sueño imposible de una vida lésbica termina desintegrando la personalidad de la autora de una improbable carta, en la cual se pone de manifiesto un mosaico de espejismos y frustraciones.
Los impulsos incestuosos forman parte de los vacíos vitales en el libro. En Colección de Souvenirs, dos hermanos, unidos por un accidente en el cual ella queda semiparalítica y él con dificultades mentales, terminan envejeciendo juntos en la misma casa paterna, con deseos incestuosos que el hermano apenas logra sublimarlos en una colección de perchas robadas. En ¿Y si tu voz me hiciera falta?, Orlando, enamorado de su prima Lucero, la más bella del barrio, sufre una locura interminable a raíz de la muerte de ella como producto de una violación y consume diversas drogas para reducir su locura que paradójicamente termina intensificando su terror ante vida.
Confesiones desde el infierno parece cumplir la noción de que el sexo prohibido conduce a la locura. En este texto, una monja privada de todas las experiencias amatorias en el Convento de Santa Catalina pone de manifiesto sus desvaríos sexuales ante la imposibilidad de una vida sexual más espontánea.
La frustración de la escritura narrativa no queda al margen. En Esperanza capital, un personaje homónimo al autor, después de varias frustraciones como escritor y lidiar contra las vanidades humanas, termina profesando la religión evangélica. En Pánico en La Punta, un aprendiz de escritor trata de suprimir su pánico al fracaso mediante las drogas que no hacen más que intensificar su incertidumbre.
Y el único modo de procesar estas frustraciones es a través del juego con los fantasmas que intervienen en los cuentos Autorretrato de una ilusión y El crepúsculo nunca viene solo.
La mujer como personaje fundamental aparece en La felicidad está en algún lugar del mundo que se llama Micaela. En él, ella es una fanática de las películas de Almodóvar que, tras su crisis existencial, acompaña a un camionero hasta la capital del Perú, donde termina igual sin objetivos ni perspectivas de vida.
Completan el libro varios cuentos que presentan mundos frustrantes para el mismo lector. Un aprendiz de escritor que imagina una pederastia como una forma de luchar contras las fuerzas del tánato se presenta en “Trayectos”. En “Un café en el Capriccio”, otro escritor trata de acceder al verdadero amor de su pretendida mientras mantiene el absurdo vinculo amatorio con la madre de ella.
Concluye el libro con dos cuentos en los cuales los personajes están condenados a la perplejidad. En Humor de sentido –anticuento–, un ex jugador trata de reconstruir un vida dentro de un perfil familiar que no tiene otro sentido que un humor negro. En Confesiones de plaza, un parroquiano de las casas de cita se enamora de una prostituta, convive con ella con todas licencias que le permite el caso, hasta que ella pretende procrear un hijo conduciendo al hombre a una visión perpleja de la vida.
Este es el universo narrativo que nos presenta Orlando Mazeyra, éste el absurdo que experimentan los personajes, este el espíritu pesimista con el cual visiona la vida el escritor arequipeño, como una forma de apertura a otras zonas oscuras de la condición humana.

* Bladimiro Centeno Herrera (Yunguyo, 1970). Estudió Literatura en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. Actualmente es docente de la Universidad Nacional del Altiplano de Puno. Comentarista de la nueva producción literaria que va apareciendo en la nueva hornada de escritores. En 1995, ganó el segundo premio denominado Concurso Nacional de Cuento y Poesía, organizado por la Municipalidad de Paucarpata de la ciudad de Arequipa. Tiene en su haber literario publicado los siguientes libros: El imaginario de la palabra (2003), donde reúne varios artículos de crítica literaria, algunos de los cuales han aparecido en diversas revistas literarias.

2010/07/28

Yo me vengo reinventando y lo tengo que hacer porque me lo exige mi cabeza

Escribe Daniel Arcucci

Quizás ahora sí sea posible hablar y escribir acerca del futuro de Maradona -esa persona, no ese personaje- sin escuchar o recibir comentarios del tipo "¡¿Y a mí qué me importa el futuro de Maradona?! ¡Yo quiero un DT!" , generalmente escrito en mayúsculas, como para reafirmar que si se estuviera conversando sería a los gritos.

Ya está. Maradona ya no es el DT. El mito sigue y el hombre queda.

Y como durante los 630 días que duró este ciclo (parecen años) de esa tríada ya nos hemos ocupado lo suficiente del mito y del DT, bueno será ocuparse de lo que puede pasar ahora con el hombre, que quizás a alguno aún le importe.

Planteado de otro modo, si asumiendo como técnico del seleccionado Diego ponía en riesgo el mito Maradona, ¿qué riesgo asume el hombre ahora que ya ha dejado ese lugar, el más terrenal de los oficios futboleros?

En ese sinfín de frases memorables (no todas para aplaudir, claro) que es su vida casi siempre pública, se ofrece como oportuna respuesta a aquella pregunta una que pronunció no hace mucho, el día de su primera conferencia de prensa en Pretoria: "Yo me vengo reinventando y lo tengo que hacer porque me lo exige mi cabeza" , dijo entonces, y es lo que podría repetirse a sí mismo ahora.

Sí que era crucial el desafío que asumía. El más crucial de su carrera, porque los anteriores los había afrontado con el talento contrastado en pantalones cortos y botines y éste debía afrontarlo con un talento por verse en incómodo traje y zapatos. Y porque en su vida de "blancos" y "negros" no iba a dejarse lugar -ni se lo iban a dejar- para los "grises" . Su balance más íntimo y en caliente, todavía con los pies en Sudáfrica, fue una confesión y un indicio: "Lo que más me duele es que los sigo desilusionando" , les dijo a los que más quiere.

El Maradona DT se autodestruyó estratégicamente: primero, en el momento decisivo del Mundial, cuando llevó su teoría jugadorista al extremo de la ceguera; después, ya en Buenos Aires, cuando movió todas las piezas de manera sorprendentemente equivocada para entregarse al jaque mate. Si esto último lo hizo inconscientemente, para que la partida terminara como terminó, es meterse en pretenciosas honduras.

El Maradona hombre, mientras tanto, necesita consolidar su reconstrucción. Y para esto quizá sirva una frase más elemental, pero bienintencionada, de Fernando Signorini, al fin y al cabo una de las llaves de su salida: "En estas condiciones, lo mejor que le podía pasar a Diego era que todo esto se terminara" . Ojalá.

2010/07/12

Y ahora... a soñar con Brasil 2014

‎"¿Será verdad que estoy metiendo un gol en la final de un mundial o, acaso, se trata de otro sueño? Es el temor a que tu madre te despierte..."
(Jorge Valdano, campeón del mundo 1986).
"Dani Jarque, siempre con nosotros", un genio hasta para las dedicatorias.

Se acabó el Mundial y habrá que esperar otros cuatro años. Brasil 2014 es la próxima cita (y aunque parezca broma, soy tan imbécil como para soñar con el Perú en el Mundial. Fútbol, pues: "ladrón de mi cerebro").
Y, sí, hay que reconocerlo. Aunque joda (¡y cómo jode, cabrones!). Robben la tuvo dos veces, por favor, que no le dejen volver a Holanda. ¿Cuándo vas a desahuevarte, Holanda? ¿La tercera no era la vencida?
Esta 'naranja mecánica' capaz de tumbar a Brasil, no pudo matar a España. Insisto: por culpa del maldito Robben y de Casillas (un buen portero, no el mejor del mundo, que tiene mucha fortuna; mejores fueron el nigeriano Vincent Enyeamá y, claro, Ricardo, el notable guardameta portugués).
Esta España, juega mejor, pero -estoy seguro, no me cabe la menor duda- no hubiera podido con el sólido bloque posterior de Brasil.
No me gustó que la prensa española tratara tan mal a Maradona. Está claro que así como le temían a Brasil, también veían a Argentina como un problema. Por eso cuando Alemania apabulló a una irreconocible selección albiceleste, el consenso de los especialistas españoles era: "zafamos, a los alemanes sí les ganamos". Claro, ya lo habían hecho en la final de la Eurocopa, con gol de un Niño Torres que, ¡ay!, fue lo más bajo del equipo de Vicente del Bosque.
Una pena también por Robin Van Persie, quien, en la previa, había confesado su admiración por el más grande futbolista de la historia: "El video de Maradona levantando el trofeo y llorando, me obsesiona. No les puedo decir cuántas veces he visto esa grabación", dijo el delantero holandés.
La inspiración del ariete naranja era la foto de Maradona que todavía no podrá reemplazar por la suya: "Pero desde entonces, siempre quise jugar una final de Mundial, incluso cuando era un niño. De hecho ahora tengo una imagen grande de Maradona en una de las paredes de mi casa. Es una foto increíble en la que él sostiene la Copa del Mundo". Y, claro, nunca estuvo en mejores manos. Que la sigan mamando los anti-Maradona.
En la previa, sabía que Villa es un goleador nato y no quería que marcara más (hubiera sido el goleador del mundial). No lo hizo, por suerte. También intuía que el único capaz de hacer una jugada 'maradoniana' era el pelado con pinta de oficinista (como lo llama César Luis Menotti). Tampoco la hizo. Pero, jode decirlo, jode mucho. Es el mejor del mundo. Será por eso que Messi funciona tan espléndidamente en el Barcelona. Con este ingenioso hidalgo cualquiera puede brillar.
España no es la mejor selección del mundo, ha ganado el Mundial, pero no es la mejor. El autor del gol sí, no hay duda, es el más grande. Y los grandes aparecen en los mundiales. Zidane, maestro de maestros, ya te tomaron la posta. Acá hay talento, demasiado. Y la dedicatoria lo hace más grande que toda España.


¿Quiénes fueron los mejores?


Mejor arquero: Ricardo (Portugal), nunca voy a olvidar sus lágrimas.
Mejor defensa: Lucio (Brasil), el gran capitán, un guerrero de primera fila.
Mejor volante: A.I. (el mejor futbolista del mundo, digno heredero del 'monje' Zinedine Zidane).
Mejor delantero: De lejos, Diego Forlán, un mercenario del gol.
Mejor entrenador: Gerardo 'El Tata' Martino.



Maradona en Oxford, sí, con toga. En 1995, una universidad de la mismísima Inglaterra le otorgó el título de "Master Inspirator", por considerarlo un "maestro inspirador de los que todavía sueñan". ¿No lo creen? Pregúntenmelo a mí o mejor a Van Persie. Diego: YO SUEÑO.

2010/06/22

La leyenda continúa... que México la sufra


Maradona dijo que tenía 23 titulares (23 fieras, en sus propias palabras) y lo demostró en la cancha. El Genio ya hizo jugar a todos, exceptuando al defensa Ariel Garcé y a los dos arqueros suplentes de Sergio Romero.
La mezquina propuesta griega, ante el equipo B de Argentina, resistió, a punta de golpazos a Messi y compañía, hasta muy entrada la segunda etapa. Messi, la pisa, prueba, encara, la tira palo y no entra. México espera los goles de Messi.
Párrafo aparte para esa leyenda llamada MARTÍN PALERMO: el goleador de Boca Juniors disputa su primer mundial a los 36 años y metió el segundo gol. El gran campeón de la Libertadores y ariete del equipo más popular de Argentina ha vuelto a hacer historia. "Esto es impagable", ha dicho el hombre-récord. Lo mismo le decimos a él.
La leyenda continúa... que la sufra México. AMÉN.


______
Actualización (23 de Junio, artículo de J.P. Varsky).
EL HOMBRE QUE HACE LLOVER: "Messi tenía 11 años cuando vio a Palermo errar tres penales en el mismo partido, contra Colombia, en la Copa América 99. En el último partido profesional de Maradona, anotó el gol del triunfo ante River con su cabeza platinada. Podríamos contar 22 cuentos. Todos sus compañeros tienen un episodio compartido con el hombre que hace llover".

http://www.canchallena.com/1277764-traeme-a-martin

2010/06/18

José Saramago (1922-2010)


Tienes noventa años. Estás vieja, dolorida. Me dices que fuiste la muchacha más hermosa de tu tiempo ―y yo lo creo. No sabes leer. Tienes las manos gruesas y deformadas, los pies como acortezados. Cargaste en la cabeza toneladas de leña y de haces, albuferas de agua. Viste nacer el sol todos los días. Con el pan que has amasado podría hacerse un banquete universal. Criaste personas y ganado, metiste a los lechones en tu cama cuando el frío amenazaba con helarlos. Me contaste historias de apariciones y hombres-lobo, viejas cuestiones de familia, un crimen de muerte. Viga maestra de tu casa, fuego de tu hogar ―siete veces quedaste grávida, siete veces pariste. No sabes nada del mundo. No entiendes de política, ni de economía, ni de literatura, ni de filosofía, ni de religión. Heredaste unos cientos de palabras prácticas, un vocabulario elemental. Con eso viviste y vas viviendo. Eres sensible a las catástrofes y también a los casos de la calle, a las bodas de las princesas y al robo de los conejos de la vecina. Tienes grandes odios por motivos de los que ya ni el recuerdo te queda, y grandes dedicaciones que se asientan en nada. Vives. Para ti, la palabra Vietnam es sólo un sonido bárbaro que nada tiene que ver con tu círculo vital de legua y media de radio. De hambres, sabes algo: viste ya una bandera negra izada en la torre de la iglesia. (¿Me lo contaste tú, o habré soñado que lo contabas?) Llevas contigo tu pequeño capullo de intereses. Y, sin embargo, tienes ojos claros y eres alegre. Tu risa es como un cohete de colores. Nunca he visto reír a nadie como a ti. Te tengo delante, y no te entiendo. Soy de tu carne y de tu sangre, pero no te entiendo. Viniste a este mundo y no te has preocupado por saber qué es el mundo. Llegas al final de tu vida, y el mundo es aún para ti lo que era cuando naciste: una interrogación, un misterio inaccesible, algo que no forma parte de tu herencia: quinientas palabras, huerto al que en cinco minutos se da la vuelta, una casa de tejas y el suelo de tierra apisonada. Aprieto tu mano callosa, paso mi mano por tu rostro arrugado y por tu cabello blanco que resistió el peso de las cargas ―y sigo sin entender. Fuiste hermosa, dices, y veo muy bien que eres inteligente. ¿Por qué te han robado, pues, el mundo? ¿Quién te lo robó? Pero quizá de esto entienda yo, y te diría cómo, y por qué, y cuándo, si supiera elegir entre mis innumerables palabras las que tú podrías comprender. Ya no vale la pena. El mundo continuará sin ti ―y sin mí también. No nos habremos dicho el uno al otro lo que más importa. ¿Realmente no nos lo habremos dicho? No te habré dado yo, porque mis palabras no eran las tuyas, el mundo que te era debido. Me quedo con esa culpa de la que me acusas ―y eso es aún peor. Pero, por qué, abuela, por qué te sientas al umbral de tu puerta, abierta hacia la noche estrellada e inmensa, hacia el cielo del que nada sabes y por el que nunca viajarás, hacia el silencio de los campos y de los árboles en sombra, y dices, con la tranquila serenidad de tus noventa años y el fuego de tu adolescencia nunca perdida: «¡El mundo es tan bonito, y me da tanta tristeza morir!».
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La foto de la Capilla Ardiente de Saramago la saqué del diario El País de Madrid.

Donde hay que estar

Escribe: Claudio Paul Caniggia

Hay delanteros que cuando tienen que venir, pican, y cuando tienen que picar, vienen. Otros se quedan entre los centrales cuando tienen que desmarcarse y cuando es necesario que se anticipen no lo hacen. Van al primer palo cuando tienen que quedarse en el segundo. Van al segundo cuando tienen que venir al primero. Les vas a dar un pase y se quedan por detrás de los delanteros en fuera de juego. Bajan a tocar, pero después les tiran cinco centros y nunca están en el área. Cuando los vemos, decimos: "Estos tipos se marcan solos".
El primer deber de un delantero no es hacer goles. Es estar. Su trabajo consiste en ir al lugar preciso en el momento preciso. Por eso, cuando terminó el partido de Argentina pensé: "Higuaín siempre estuvo donde tuvo que estar". Estuvo ahí. Donde tienen que estar los goleadores. Le centraron y apareció para conectar. Lo buscaron y se movió a la espalda de los defensores porque siempre maniobró a partir del pase. Siempre supo dar continuidad a la jugada anticipándose al pase, en complicidad con el compañero que llevaba la pelota.
A Higuaín solo le faltó una cosa. Me hubiera gustado que bajara a elaborar un poquito más en el medio, a participar más de la creación. Él lo puede hacer porque tiene condiciones técnicas para eso y, en el futuro, Argentina necesitará que sus atacantes se impliquen en otras funciones porque son demasiados como para dedicarse exclusivamente al gol. Lo mismo digo para Di María, a quien le pasa lo contrario que a Higuaín. A Di María le está costando física y mentalmente adaptarse a las exigencias tácticas de la selección. Ya no sólo le piden que desborde. Además, tiene que ayudar a tapar espacios por delante de Heinze. Este trabajo lo cumplió siguiendo a Lee Chung-Yong y a Yeom Ki-Hun. Pero le faltó lo más importante. Le faltó desbordar, y Argentina necesita que alguien abra la cancha por la izquierda, porque por la derecha no tiene con quien. Di María estuvo tímido para encarar y no se atrevió a terminar la jugada cuando tuvo una pelota para su pierna buena que debió rematar al segundo palo. Eligió dársela a Higuaín, que tenía un coreano encima. Se equivocó. Cuando Di María aparezca, Argentina jugará mucho mejor todavía.
Me gustó la entrada de Agüero porque es un jugador de partido grande. Agüero se retrató cuando le tiró ese centro de revés a Higuaín para el cuarto gol. Hizo la entrega técnicamente a lo grande, con el exterior del empeine. Así es Agüero. En la Liga puede parecer inconstante pero es técnicamente bárbaro y es descarado. Le da lo mismo jugar contra Brasil que contra cualquiera. Siempre hace la suya. Lo ves en la cancha. Se le nota en la cara. A Agüero no le cuesta entrar en el Mundial y creo que Maradona lo sabe mejor que nadie. Diego también sabe que a Messi le gusta estar con Agüero y que a Agüero le gusta estar con Messi. Juntos forman una pareja única en este torneo: son los únicos que tiran paredes entre cuatro defensas, en dos metros, te amagan para un lado, para el otro, te enganchan, te marean.

2010/06/17

Pipita, Pipita, Pipitaaaaaa


Aunque Gonzalo Higuaín nació en Francia, no tuvo la menor duda en elegir su nacionalidad para poder disputar una copa del mundo. Hoy el Pipita la embocó en tres ocasiones y, por el momento, es el goleador del torneo. Un jugador argentino no metía tres goles en un sólo partido desde las tres pepas de Gabriel Omar Batistuta contra Jamaica en el mundial francés.
Paso a paso, Maradona. El equipo otra vez se encontró con un gol temprano y se relajó demasiado. Al final de la primera mitad, los surcoreanos le metieron el primer gol del torneo a Sergio Romero y la victoria parcial de 2 a 1 no reflejaba lo que pasó en la cancha.
Segundo tiempo chato, hasta algo aburrido, hasta que entró el yerno de Maradona y apareció la gran sociedad entre Messi y el Kun. Desbarataron la defensa del rival y este 4-1 lo pone prácticamente en Octavos.
Ayer, hablábamos de España... y los españoles tienen eso: una buena liga. Ahí juegan Messi, el Pipita y el Kun. ¿Qué sería de los españoles sin el talento argentino?

2010/06/16

Suiza-España: Cara y contracara


¿Quiere vivir el mundial? Venga y pase, pero luego no se arrepienta.
España se juraba el campeón (sin trono ni antecedente) y se desbarrancó ante una Suiza guerrera que vacunó en el momento exacto. Victoria épica que vendría a perpetuar el maleficio de los españoles en las Copas del Mundo.
Ahora, viene a cuento una reflexión de Andoni Zubizarreta (arquero español en más de un fracaso mundialista): "En este deporte 2 + 2 no siempre son 4...y eso, que hoy nos hace padecer a los españoles, es lo que convierte al fútbol en un juego maravilloso".
Y la prensa española que ya levantaba su primera copa y fustigó a Maradona, ahora que castigue de la misa forma a Vicente del Bosque.
Después de la batalla, todos somos generales. Diego Maradona lo dijo antes de arrancar el mundial:
Le preguntaron: ¿El equipo argentino es candidato a ganar la Copa del mundo Sudáfrica 2010?
Y el genio, respondió: “No, porque los candidatos nunca la ganan. Dejá que España sea candidato.”
Luego de eso se agarró ahí abajo (lo que le faltó a España).

2010/06/05

NO ME OLVIDÉ, ¡CÓMO PODRÍA!

Diego, yo sueño: www.nomeolvide.com

Por Orlando Mazeyra Guillén

Diego Armando Maradona Franco es más que una persona: es el resumen brutal –desproporcionado, afiebrado hasta el cataclismo emocional– de todas las variantes que podemos encontrar en la raza humana (anidan en su alma, engarzándose bajo el imperio de la contradicción, tanto el genio como el negado, el soberbio y el humilde, el coraje y el temor, el modelo a seguir y la imagen a descalificar sin miramientos. Maradona es arte y basura; salud y enfermedad; fe y desesperanza. Pero, el mejor jugador de toda la historia de los mundiales de fútbol, es, por sobre todas las cosas, uno de los personajes más auténticos que nos ha regalado el siglo XX).
El niño misérrimo de Villa Fiorito que con magia, destreza y un corazón sobrenatural, se transformó en un titán dentro del césped de juego y supo acceder a ese parnaso deportivo en donde todos los dioses dejaron de existir; porque sencillamente D10S pasó a ser él: hijo de Don Diego y la Tota, quienes lo aman, lo lloran y lo siguen sufriendo ahora que conduce los destinos del seleccionado argentino en Sudáfrica 2010.
NO ME OLVIDÉ, GENIO. Porque ni el Alzheimer más severo y malhadado me podría hacer olvidar esa final de Italia 1990 (que más parecía el coliseo romano en donde el público exultante quería ver al talento despedazado por los leones). Maradona le puso la cara a la derrota, no quitándose la medalla de plata como hacen los que no saben que ser segundo también es un mérito (y no un deshonor), sino con esa cuota tan suya de emotividad sin parangón: el rostro anegado en lágrimas –cuentan que el doctor Bilardo les pedía a sus dirigidos que lo cubrieran para que las tribunas, y sobre todo las cámaras, no vieran al astro compungido–; y yo, queriendo consolarlo, aunque sin éxito: la pantalla del televisor no me permitiría acceder a mi ídolo caído, que pronto se levantaría.
Porque ésa es la lección más importante que nos dictó Maradona: si te caes, después del trompicón más horrendo –aquel que, producto de los excesos y el desvarío, puede acabar con tu vida misma–, todavía puedes levantarte y seguir soñando (porque, entre otras cosas, «la pelota no se mancha» , como reza uno de sus aforismos más rotundos y celebrados).
Decía que Maradona lloraba, pues, por un segundo lugar que nunca cupo en el corazón de un ganador por mandato de estirpe. Y la mejor forma de estar a su lado era emulándolo: ¡llorando como lo que yo era: un niño!
«¿Por qué lloras, acaso tú eres argentino?», me preguntó mi viejo. Yo no supe qué responder. Corrí a mi habitación y me aferré a la almohada, jurándome ver a Maradona otra vez tocando el cielo con las manos. Es harto sabido que ello no sucedió en Estados Unidos 1994 y jamás volvería a suceder en otra cita mundialista.
Pero Maradona es Maradona. Lo cual quiere decir que si ya no puede entrar a la cancha con la cinta de capitán y con la mítica número 10 en la espalda, todavía se las ingenia para estar en los mundiales de otra manera: como un entrenador resistido, vilipendiado hasta el hartazgo por sus compatriotas (y «bancado a muerte» por sus eternos incondicionales). Su respuesta –aún siendo el descalabro de un corazón a mil pulsaciones por minuto– lo pinta de cuerpo entero: «Que la sigan mamando».
A veces juego a olvidarme, pero no puedo. Mi relación contigo es de un amor-odio tan genuino que puedo decirte: NO ME OLVIDÉ.
NO ME OLVIDÉ que me enseñaste a descubrir que los héroes sí existen: pero no son altos y apuestos como aquellos que inventan los yanquis. Pueden ser chatos y regordetes. Eso sí: premunidos de una magia hechicera, una gambeta atontadora y una zurda celestial que pisó los mejores estadios del planeta.
NO ME OLVIDÉ, Maradona, y por eso sigo contigo. Ver tu barba entrecana me hace ponerme cara a cara con mi propia vejez.
NO ME OLVIDÉ que eres mortal y que te tendrás que agotar como cualquiera de nosotros. Pero seguirás vivo porque todos te recordarán y habrán abuelos que dirán: ¡Yo vi jugar a Maradona!, y con esa frase basta porque, si sigo, la emoción embarga.
NO ME OLVIDÉ, MARADONA, ¡CÓMO PODRÍA, GENIO! Y, lo mejor de todo es que, como dice el video: yo sueño.