2011/08/27

JORGE CARDEÑA: «TODAVÍA ME SUEÑO CON EL COLEGIO»

JORGE CARDEÑA: «TODAVÍA ME SUEÑO CON EL COLEGIO»

Quería ponerme al día,
todos mis años de timidez,
De huevón quedado
Comenzaron a disiparse…

Alberto Fuguet, Missing (una investigación)

Está convencido, entre otras cosas, de que crecimos en un entorno salvaje, una auténtica jungla de sillar (y de cemento). Jura y rejura que Sergio Rivera está “loco” y que el Perú clasificará al mundial de Brasil 2014 (¿quién es el loco entonces, señor fiscal?). Todavía se sueña con el colegio y, en un momento difícil, supo, gracias al profesor de literatura, que los maestros de verdad están más allá del recinto escolar. O algo así.

Jorge Cardeña es un compañero de la promoción a quien muchos podrían considerar un “missing”, una figurita recontra difícil del Álbum Sui Géneris 1997. Ahora es fiscal, está felizmente casado y sigue siendo, por supuesto, un fervoroso hincha del F.B.C. Melgar…

Es, también y sin ápice de duda, otro más del extenso clan de la 1997 que podría hacer suyas las célebres palabras de Fito: “cuando me fui, no me alejé”. Acerquémonos un toque al popular “Tinelli”.

_____

Me encuentro con Jorge Cardeña un viernes por la noche, en el pasaje de la Catedral. Él luce impecable, yo muy informal. Nos demoramos algo en escoger un local (en donde él pueda fumar plácidamente) y, cuando recién nos estamos acomodando, quien rompe los fuegos es él:

–Orlando, ¿fuiste al partido contra el Inti Gas?

–No, Jorge, no fui. Justamente de eso te quería hablar. Contigo sólo me encuentro en situaciones difíciles, desazones, nos encontramos saliendo del estadio, puteando en la tribuna porque el Melgar pierde… pero nunca te he encontrado en un almuerzo de promo, parece que luego de terminar el colegio te esfumaste…

–Sí, ¿no?

–¿Hay alguna razón honesta, sincera, que salga de verdad del corazón, con la que nos puedas explicar por qué nunca quisiste volver a ver a la gente de la promo?

–Mira, no quizás la principal, pero una razón subsidiaria, es el tema de los estudios, del trabajo. Pero quizás una de las principales razones fue porque no me sentía “parte de”, no me sentía parte de la promoción. En el colegio, como tú bien sabes, me juntaba con Hernán Palo, Juan Carlos Castro, Wilber Villena, con Cristian Villón, pero cuando acabamos el cole, cada uno se fue por su lado. Entonces, ya pues, el grupo que habíamos formado en el colegio se desintegró, por así decirlo, pero no por malas razones, sino por cuestiones propias de la vida. Evidentemente, no tenía la afinidad que tenía con ellos con el resto de la promoción.

–Digamos que tus vínculos eran muy escasos: Cristian Villón, Hernán Palo, Juan Carlos Castro, Wilber Villena… se contaban con los dedos de la mano

–Exactamente. Lo cual no significa que con el resto me haya llevado mal porque todo el mundo sabe eso, nunca me he llevado mal con nadie.

–¿Y no buscaste afianzar vínculos al menos con ellos después del colegio?

–No, porque ya entré a la universidad y es como un nuevo mundo. Era otro inicio, un comienzo, una nueva vida. Otro grupo de amigos con quienes nunca llegué a tener la afinidad que tuve con los patas del cole…

–También la universidad se presentaba como la oportunidad para cerrar un capítulo, ¿no?

–Claro, también.

–Y, desde tu perspectiva, un mal capítulo…

–¡No, no un mal capítulo! Al contrario, yo siempre puedo decirlo, lo digo: la mejor época que he vivido ha sido la época del colegio: más que la universidad, más que el trabajo… ¡No! Yo no he salido del colegio resentido (como de repente yo sé que algunas personas creo que sí lo han vivido, ¿no?). Yo no al menos, en absoluto. Yo vivo, como creo que casi todos, recontra orgulloso del colegio en que he estudiado y cada vez que puedo lo menciono. Es más, hasta el día de hoy, no sé si les pasará a algunos, ¡me sueño con el colegio!

–¿Cómo es eso de que te sueñas con el colegio?

–¡Me sueño que estoy en la clase! Me sueño que estoy con la promoción, me sueño que estoy en el recreo, o de repente me sueño que estoy en clases de la universidad pero con los ambientes físicos del colegio. Sí, eso me pasa con relativa frecuencia.

–Eso de soñarse todavía con el colegio como que emociona un poco. Estamos hablando, pues, de “los años maravillosos”. ¿Qué recuerdos guardas del cole?

–Guardo lindos recuerdos del colegio. Recuerdo cuando compartimos clase en 2do. “A” que creo que fue la peor de ese año, estábamos con Palomino Merma, con ese profesor de literatura que tenía un bigotito, que pateaba las paredes y era medio loco. Me acuerdo inclusive, clarito, las cosas que tú hiciste ese año…

–¿Cómo por ejemplo?

–Me acuerdo que en algunas clases hiciste sonidos onomatopéyicos referentes a gases.

–O sea, hablamos de ruidos de pedos.

–Sí en plena clase de literatura. Me acuerdo también de los últimos años de secundaria, por ejemplo de Patricio Torres haciéndole la vida a cuadros al profesor Chocano.

–¿Tu gran amigo del colegio?

–Hernán, ¡claro!

–¿Por qué?

–Aunque sería injusto nombrar solamente a Hernán, también agregaría a Juan Carlos Castro. Si no recuerdo mal, en los últimos años, Juan Carlos se sentaba detrás de mí, delante Renzo y a mi costado De Olazábal. En Hernán y Juan Carlos notaba ciertas características parecidas a las mías.

–Un poco introvertidos…

–Quizá.

–Perfil bajo…

–Sí.

–Estudiosos…

–Claro, aunque yo tengo que reconocer que, en el colegio, no he sido súper estudioso, siempre fui de la mitad para abajo…

–Quizá esto cambió en la universidad, Jorge.

–Sí, en la Universidad he sido el Carlos Bellatín de mi promoción. En la U terminé en el segundo puesto de mi promoción. Pero yo digo una cosa y nadie me cree: yo he sentido siempre que más presión y más exigencia hubo en el colegio.

–Y más competencia…

–¡Uf! En el cole había monstruos. La universidad en ese sentido ha sido mucho más blandengue…

–En esas aulas de derecho conociste a la que es tu actual esposa…

–No, no, no. Yo con mi primera enamorada empecé de cachimbo y estuvimos ocho años.

–¡Ocho años!, eso ya es matriqui…

–Sí, pero no se concretó…

–Para alimentar el morbo, ¿por qué no se concretó?

–(Ríe de buena gana) Simplemente y como suele pasar en toda relación que es tan larga, o en algunas, se vuelve una cuestión monótona, prácticamente parecía la agenda del colegio, ¡yo lo viví!, y nos dimos cuenta de que lo único que nos unía era la costumbre. Cada uno decidió tomar su camino de forma convenida. Ahora ella está casada, tiene sus hijos y creo que le va bien…

–O sea, todo quedó en buenos términos…

–Sí. Obviamente que no soy su amigo y ella tampoco.

–¿Terminaron en qué año?

–2006.

–¿Ahí conoces a la que es tu esposa?

–No, entré a trabajar a la fiscalía, conocí a una chica, enamoramos dos años y luego conocí a mi actual esposa.

–Que se llama…

–Mayra

–¿Te casaste con ella, cuándo?

–En febrero de este año.

–¿Por qué elegiste el derecho, sientes que es tu vocación?

–Elegí el derecho porque odio los números. Y la consideré una carrera fuerte, de peso.

–¿Pero no eras un convencido?

–Ah, ¡no, no, no! Yo me acuerdo que le pedí a mi abuelo un consejo, le dije: ¿qué me sugieres que estudie? Y fue uno de los mejores consejos que él me pudo dar. Pero ahora sí estoy enamorado de mi profesión: me ha dado muchas cosas.

–¿Te gustaría ser docente?

–Ése es mi sueño: hasta pagaría por eso, lo haría gratis.

–¿Quién es tu referente como maestro?

–Pedro Torres Fortón.

–¿Por qué?

–Porque lo veía como una persona equilibrada, estable emocionalmente, sabia en el sentido de que tenía mucha experiencia de vida, una persona muy noble, muy lúcida. Y es más, te voy a contar algo que nadie sabe de la promoción: cuando terminé con mi primera enamorada me sentía muy abatido, ¡eran ocho años de relación! Y una de las primeras personas a las que recurrí por un consejo, fue a él, y después de tantos años de haber dejado el colegio… Conseguí su teléfono, le pedí conversar con él, se acordó de mí, seguramente de nombre porque no creo que de cara… Nos encontramos y conversé con él. Me dio excelentes consejos y me hizo sentir muy bien. Todo esto esto ratificó lo que pensaba de él. Es una gran persona.

–Y un maestro de verdad, aquel que lo es más allá de las aulas…

–¡Exactamente! No me evadió ni pretextó nada. Fue muy afable. El mismo día que lo llamé fue el mismo día que nos encontramos en la noche. ¡Me ayudó bastante!

–Como abogado debes ser buen lector…

–Sí me gusta leer, pero mis gustos son extremadamente comerciales, los best sellers: Dan Brown, Agatha Christie, novelas policiales. Aunque también he leído a Sábato: El túnel.

–¿Vargas Llosa?

–No me gusta.

–Por sus temas…

–Exactamente.

–¿Quizá porque eres muy “puritano”?

–Sí.

–¿Eres católico?

–Sí, pero muy practicante no soy.

–No eres de ir a misa los domingos.

–¡No, no!

–¿Te confiesas?

–Después de salir del colegio me confesé casi diez años después: en el 2006.

–Que fue precisamente cuando terminaste con tu primera enamorada, Jorge, ¿Porque te sentías muy mal?

–Sí, me sentía mal, muy triste.

–Te acercaste a Dios a raíz de eso.

–Claro, ésa fue la razón.

–Recién en los momentos difíciles nos acordamos de Dios, ¿no?

–Sí, exactamente.

–¿Y lo encontraste?

–Creo que no. Pero de repente fue porque no fui paciente, me faltó ser más paciente. Ser un poco más comprometido.

–Eso quiere decir que, en resumidas cuentas, podrías ser un no creyente…

–Podría ser…

–Eres lo que se llama “católico tradicional”

–Debo reconocer que recurro a Dios en los momentos más difíciles. Me acuerdo de Él permanentemente y le agradezco todo lo que me ha dado, sin embargo, en buena cuenta rezo cuando las papas queman… En resumen: mi credo radica en que Dios es lo más grande y que todo lo que tenemos se lo debemos a él.

–En el cole éramos un grupo muy futbolero en todo el sentido de la palabra: la práctica y la afición, más allá del talento… Había una mancha del Melgar: Tú, el Negro Pinto...

–El Renzo Carpio

–¿Qué representa el fútbol en tu vida?

–El fútbol, cuando estaba en el colegio y en los primeros años de la universidad, representaba una gran afición, mi afición por excelencia. Es más: un tiempo me compraba todos los días el Líbero, escuchaba los programas de radio, sabía hasta la edad que tenía el volante izquierdo del Melgar, ¡todo, todo, todo! Pero… ya cuando empecé a trabajar y tuve otro tuve otro otro tipo de responsabilidades…

–Empezó a declinar…

–Sí, empezó a declinar. Ahora, mi amor, mi afición por el fútbol se reduce al Melgar (a que gane los partidos) y a la selección peruana. Ya no estoy pegado a los programas de radio o TV, salvo que gane el Melgar, ahí sí me veo todos los programas deportivos… Si no gana el Melgar no quiero ver ninguno y, bueno, no soy tampoco aquél que cuando va a jugar el Barcelona con el Real Madrid quiere verlo sí o sí, no, ya no.

–Ya no hay tampoco esa afición por la Argentina de Maradona que teníamos en el colegio…

–¡Claro! O, para mí, Sergio Goycochea en Italia 1990.

–Yo creo, Jorge, que para los que hemos mamado fútbol en los 90, Goycochea ha sido, en el puesto de arquero ha sido el gran referente…

–¡Es que tenía mística!

–Maradona sigue siendo el ídolo por excelencia. ¿Qué es para ti Maradona?

–Para mí Maradona es el mejor jugador de todos los tiempos. Y a mí Pelé me llega…

–…al huevo…

–Sí, a mí Pelé me llega. No tiene en nada esa mística de Maradona. Pero no puedo olvidar la gran decepción de Estados Unidos 1994, cuando me enteré que iba a jugar el mundial, me alegré. Pero cuando se dio lo del doping me dio bastante pena.

–Yo me puse a llorar, Jorge. El Veco lloró en la transmisión…

–Sí, yo lo entiendo. No sé si yo lloré también, pero lo entiendo. ¡Qué gran momento ese golazo a Grecia en el partido del debut!


–Tienes un vicio: el cigarrillo. Fumas mucho.

–Sí.

–¿Cuántos diarios?

–Cuatro o cinco. En los días más fregados, habré llegado a fumar diez cigarros.

–¿Qué esperas de aquí en más de la vida?

–¿Qué espero? Tener hijos, formar una familia. Tratar de mantener lo poquito que he conseguido. Hablar con mis hijos: contarles las escasas experiencias que pueda tener, aconsejarles, ayudarles.

–¿Tener hijos porque es parte de la vida o porque lo sientes?

–Porque lo siento. Me gustaría compartir, como te dije, mis experiencias: enseñarle las cosas que a mí me parecen buenas. Una de las cosas más dulces que yo acaricio es llevar al parque a mi hijo, jugar a la pelota con él: cosas que mi padre ha hecho conmigo, cosas que recuerdo con mucha intensidad.

–¿Quién es la persona qué más ha marcado la vida de Jorge Cardeña?

–Mi papá.

–¿Por qué?

–Porque siempre me ha aconsejado, orientado, siempre me ha escuchado. Sobre todo por los principios y valores: mi padre y mi abuelo materno.

–¿Qué te gusta hacer cuando tienes nada que hacer?

–El cine, me encanta el cine. ¡Saquemos al Melgar! Si el Melgar no existiera, yo diría que es el cine. Puedo ver películas cuatro, cinco, seis, siete veces y no me canso de verlas.

–Por ejemplo, películas que hayas visto esa cantidad de veces…

El ciudadano Kane de Orson Welles y una película, ya más comercial, pero que me resulta muy inspiradora es Rocky. Pero El ciudadano Kane la vi en uno de esos cineclubs que había en la Universidad. Y siempre la recomiendo. Era una persona que lo tenía todo…

–Pero, al final, no tenía nada…

–Claro, una persona que obtuvo todo lo que quería desde el punto de vista social, materialista, pero todo le era insuficiente…

–¿La vida no es acaso una eterna insatisfacción?

–Yo pienso que sí.

–¿Cómo intentas acercarte a la felicidad?

–Haciendo cosas que no hice. En el camino uno comete muchos errores y entonces llega un momento en que se da cuenta de eso: miramos hacia atrás y tratamos de corregir todo lo mal hecho.

–Algo que harías, algo que dejaste de hacer en el cole.

–Si regresara al cole evitaría cerrarme tanto. Me abriría más a la gente. Pero, como te dije antes: del colegio, los recuerdos los mejores. A tal punto que me sueño con el cole, y no sé qué diagnóstico me daría un sicólogo.

–Si Dios, como el genio a Aladino, te concede tres deseos, ¿qué pedirías?

–Que cure a mi madre, pues está enferma. Mi segundo deseo involucraría alcanzar mis metas profesionalmente hablando. Y mi tercer deseo: que el F.B.C. Melgar campeone en la Copa Libertadores. (Ríe) Sueño con estar entrando al Monumental Arequipa y… ya, me conformo con que juegue la Copa Libertadores…

–¿Un mensaje a los amigos que no te ven hace tiempo?

–Primero, agradecerte por la atención que me has dispensado. Soy yo quien te agradece por esta oportunidad de comentar un poco y recordar qué es lo que he hecho en todo este tiempo. Un mensaje a la promoción: felicitarlos, definitivamente felicitarlos porque mantienen y conservan ese lazo, ese vínculo que estoy seguro que se mantendrá por siempre.

–Pero, Jorge, esta entrevista tiene que lograr algo: comprometerte a que el próximo año asistas a tu primer almuerzo de promoción

–(Ríe) Me comprometo.

–Sin ánimo de sacar chispas. Ya hablamos de los buenos amigos. ¿Los antipáticos?

–Eh, yo entiendo que era la edad, ¿no? Bueno, no me llevaba muy bien con Manuel Polanco, no podría decirle antipático, nunca me ha hecho nada ni yo nunca le he hecho nada, no le tengo ningún tipo de rencor ni rencilla, en absoluto, es más le guardo aprecio como al resto, pero en ese momento no me caía mucho como Marín Medina también.

–Alguien admirable, en esa etapa…

–En esa etapa admiraba a los primeros puestos: Carlos Bellatín, Hernán Palo, Wilber Villena.

–Tú querías estar con ellos…

–Sí, me hubiese gustado tener mejor fortuna en los estudios en el colegio…

–¿Por qué te decían “Tinelli”?

–(Ríe) Tinelli, pues, fue un apodo que me pusiste tú.

–¿Fui yo quien te puso Tinelli? No lo recuerdo, en verdad...

–Sí.

–¿Y por qué lo hice?

–Porque Tinelli es cabezón.

–Pero, en todo caso, el Marín hubiera sido Tinelli.

–No me molestaba, ah…

–Bromas del colegio que recuerdes…

–Cuando no habían profes en el aula: se tiraban las tizas, pan seco que era como una piedra y se puso se moda coger la franela con la que se limpiaba el escritorio del profesor. Y esta franela la llenaban de escupitajos… Yo tiré la franela con destino al Cristian Villón, pero con tan mala suerte que le cayó al Cristian Fernández Zegarra que tenía la fama de sicario. Toda la clase enmudeció y yo pensé en la muerte mientras él se acercaba a mi sitio. Justo cuando estaba a un metro de mi escritorio entró el profesor… Una cosa que yo no hice pero que siempre me acuerdo fue cuando lo metieron a Jorge de Olazábal a la funda del televisor e inclusive lloró.

–Hubieron muchos excesos…

–Sí, demasiados excesos (exclama conmovido). Creo que se nos pasaba la mano.

–Existe también la leyenda de “La jaula de las locas”

–Sí, sé que a algunos compañeros se los molestaba y se decía de ellos que eran gays.

–Eres homofóbico.

–Depende del concepto que tengas de homofóbico. Si es una persona que no le gusta relacionarse con los gays o que de repente los ve mal, entonces sí.

–¿Qué recuerdo de tu vida te lleva a las lágrimas?

–Cuando ingresé de fiscal: recordar el esfuerzo que significó eso para mí representó, en términos futbolísticos, ingresar a la Primera División: fue como ganar la Copa Perú.

–¿Cuándo fue eso?

–El año pasado.

–¿A qué abogado peruano admiras?

–A Alberto Borea.

–Del extranjero

–Luis Jiménez de Asúa, presidente en el exilio de España, y al argentino Eugenio Raúl Zaffaroni.

–¿Hay solución para la corrupción en el poder judicial?

–Es una cuestión de cultura de todos los peruanos. Pero yo al menos si en algún momento me vería en la posibilidad de cometer un acto de corrupción sentiría que traiciono lo que he podido aprender en la Universidad, y no me refiero a temas académicos, me refiero a temas éticos: valores y principios. Eso y el colegio. Para mí, hay que estar bien con Dios y con la conciencia. Eso para mí es lo más importante.

–¿Qué personaje de la historia de hubiese gustado conocer?

–Mariano Melgar.

–¿Por qué?

–Mira, no conozco a exactitud su vida pero…

–Fue una vida intensa, de novela

–Un idealista, un soñador, alguien que murió por sus ideales y principios, por amor…

–Como se debe morir, ¿no?

–Sí: Mariano Melgar.

–¿Quién no debió nacer?

–Hitler: por el Holocausto.

–Si no hubieras nacido en el Perú, ¿en dónde?

–Me hubiese gustado nacer en Argentina…

–¿Por?

–No sé, es algo que nunca me he explicado: siento cariño por ese país, afinidad, un sentimiento especial que nació en el colegio, pero no sé por qué. Y donde nunca me hubiera gustado nacer, obviamente en Chile.

–Después de esta Copa América, vas a seguir con furor la Eliminatoria Sudamericana.

–Sí, claro. Esta Copa América nos ha ilusionado. Luego del cuarto gol de Guerrero contra Venezuela, yo me arrodillé frente al televisor y estiré la manos: ¡me emocioné! Y se me salieron las lágrimas viendo al Loco Vargas recibiendo su medalla.

–¿Vamos a Brasil 2014?

–Yo creo que sí.

–¿Por qué?

–Tengo ese presentimiento y siempre he soñado con que Markarián sea el entrenador de la selección a consecuencia del campañón con Cristal en la Copa Libertadores de 1997. Todavía recuerdo a muchos en las clases del colegio con sus walkmans escuchando en plena clase el partido contra el Bolívar de La Paz, en plena clase con la profesora Hilda Murillo, de inglés, que me dejó grabado un pedido que nos hizo a todos: “yo les pido una cosa: nunca hagan llorar a una mujer”. Luego comprendí que no es posible y que nos pedía mucho…

–Frases para el bronce: de un pensador, de tu viejo, no sé…

–Yo tengo dos: “nuestro mayor éxito no está en nunca caer, sino en levantarnos cada vez que caemos”. Y la segunda: “querer es poder”.

–¿Este año descendemos de categoría?

–Te puedo decir simplemente que no quiero que descendamos, no quiero que el Melgar baje de categoría.

–Pero está bien jodido.

–Sí, está bien difícil. Y a veces me imagino estando en el estadio en el partido definitorio y me imagino comiéndome la uñas y también me imagino sentado, llorando…

–Ahí se van a ver a los verdaderos hinchas…

–¡Seguro!

–Tu principal defecto.

–El egoismo.

–Tu virtud.

–La perserverancia.

–Piensas a menudo en la muerte...

–Sí, a raíz del cigarrillo.

–¿Qué te gustaría que dijera tu epitafio?

–“Cayo 100 veces… y se levantó 101”.




Jorge Cardeña recuerda el cole from Orlando Mazeyra on Vimeo.


2011/08/22

El sentido del arte

Entiendo que las ideas o experiencias que nos educan –las que valen la pena de ser retransmitidas– son las que encontramos en aquellas lecturas que nos liberan y hacen de nosotros, otros, y en donde todos los otros, pese a su lejanía y excentricidad, caben en nosotros. Todos, como Simone de Beauvoir, somos conscientes de que no se vive más que una sola vida, pero a veces –por simpatía, desdén, amor, espanto, curiosidad, asco, atracción, odio o una mera necesidad vital– es posible salir de la propia piel y adentrarnos en La vida de los otros, como Gerd Wiesler, aquel capitán informante de la República democrática alemana que practicaba el 'chuponeo' para espiar, día a día, la vida de sus compatriotas sin saber que, por azar o destino, su vil oficio lo iba a llevar a una inevitable introspección que, antes que redimirlo, lo iba a ser merecedor de una Sonata para un hombre bueno.

Pensar que una sonata, una película o una novela pueden redimir a los rufianes y corregir a los pobres diablos es, sin duda, pretender darle alguna utilidad al arte. Paul Auster al recibir el premio Príncipe de Asturias se cuestionaba al respecto, y él mismo intentaba proyectar una respuesta: "¿Qué sentido tiene el arte, y en particular el arte de narrar, en lo que llamamos mundo real? Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista práctico. (…) Un libro nunca ha impedido que la bala penetre en el cuerpo de la víctima. Un libro nunca ha evitado que una bomba caiga sobre civiles inocentes en el fragor de una guerra. Hay quien cree que una apreciación entusiasta del arte puede hacernos realmente mejores: más justos, más decentes, más sensibles, más comprensivos. Y quizá sea cierto; en algunos casos, raros y aislados. Pero no olvidemos que Hitler empezó siendo artista. Los tiranos y dictadores leen novelas. Los asesinos leen literatura en la cárcel. ¿Y quién puede decir que no disfrutan de los libros tanto como el que más? ".

Quizá Paul Auster acierta y lo único que nos queda, a los que quisiéramos contradecirlo, es agachar la cabeza y reconocer que la literatura no puede cambiar al mundo y que cada día que pasa el compromiso sartreano se empolva un poco más en la galería de grandes recuerdos del siglo XX. Y es cierto, también, que La Náusea no sirve de nada ante un niño que se muere de hambre; pero me parece que aún sirve para abrir jaulas e invitarnos a agitar las alas, que no es otra cosa que desmontar los moldes más rígidos de nuestro pensamiento para que éste se estire en todas las direcciones como le sea posible.

2011/08/11

El Chevrolet verdolaga


"Si no duele, no vale"
Alberto Fuguet

De un tiempo a esta parte tengo mucho apetito.

—Es la ansiedad —le aclara su madre—. Cuando uno está ansioso le aumenta el apetito. ¿Por qué no recoges la ropa de los cordeles para que te relajes un poco?

—Está bien.

—Pero no toda la ropa: deja oreando las medias y los calzones. Lo demás lo dejas en el cuarto de planchado.

El cuarto de planchado estaba en el último piso de la casa. Ahora, que no había sirvienta, esa pieza luce vacía.

Ezequiel lleva seis meses angustiado, buscando un nuevo trabajo y tratando de escribir sus memorias. El siquiatra le ha recetado un ineficaz antidepresivo con nombre de ópera de Verdi: Traviata. Toma una cápsula en las noches acompañada de un hipnótico que lo ayuda a dormir poco y mal.

Lee todo mi cuento en:El Chevrolet verdolaga/ Orlando Mazeyra Guillén
http://camilofernande.blogspot.com/2011/08/el-chevrolet-verdolaga-orlando-mazeyra.html




Los 50 años de LOS INOCENTES

2011/08/02

Ernest Hemingway


Por Ernest Hemingway

Carente de toda habilidad para pronunciar discursos y sin ningún dominio de la oratoria o la retórica, agradezco a los administradores de la generosidad de Alfred Nobel por este Premio.
Ningún escritor que conoce a los grandes escritores que no recibieron el Premio puede aceptarlo a no ser que sea con humildad. No es necesario hacer una lista de estos escritores. Todos los aquí presentes pueden hacer su propia lista de acuerdo a su conocimiento y conciencia.
Me resultaría imposible pedir al Embajador de mi país que lea un discurso en el cual un escritor diga todas las cosas que están en su corazón. Las cosas que un hombre escribe pueden no ser inmediatamente perceptibles, y en esto algunas veces es afortunado; pero eventualmente se vuelven claras y por éstas y por el grado de alquimia que posea, perdurará o será olvidado.
Escribir al mejor nivel, es una vida solitaria. Organizaciones para escritores mitigan la soledad del escritor, pero dudo que mejoren su escritura. Crece en estatura pública a medida que se despoja de su soledad y a menudo su trabajo se deteriora. Debido a que realiza su trabajo en soledad y, si es un escritor suficientemente bueno, cada día deberá enfrentarse a la eternidad o a su ausencia.
Cada libro, para un escritor auténtico, deberá ser un nuevo comienzo donde intentará nuevamente alcanzar algo que está más allá de su alcance. Siempre deberá intentar lograr algo que nunca ha sido hecho o que otros han intentado y han fracasado. Entonces algunas veces -con gran suerte- tendrá éxito.
Cuán fácil resultaría escribir literatura si tan sólo fuera necesario escribir de otra manera lo que ya ha sido bien escrito. Debido a que hemos tenido tantos buenos escritores en el pasado es que un escritor se ve forzado a ir más allá de sus límites, allá donde nadie puede ayudarlo.
Como escritor he hablado demasiado. Un escritor debe escribir lo que tiene que decir y no decirlo. Nuevamente se los agradezco.

2011/07/11

El maleficio de la Copa América


Por Orlando Mazeyra Guillén
Publicado en el diario El Pueblo, lunes 11 de julio de 2011.




Actualización: 7 de octubre de 2017.

Al repasar la historia veremos que los campeones de América no logran repetir el plato en la Copa del Mundo inmediata. ¿Azar o maleficio? Pero no todo queda ahí: algunos campeones de América ni siquiera llegaron a clasificar a la cita mundialista más próxima; y, si lo hicieron, entonces sufrieron tremendos descalabros (por citar uno de muchos ejemplos: Argentina en Suecia 1958). ¿Alzar la Copa América se convierte, para el país que la gana, en una rémora maléfica a la hora de disputar el Mundial de Fútbol? La historia dice que sí.
Si hacemos una apurada revisión de la historia, descubriremos que este torneo se remonta al año 1916, cuando por primera vez Argentina organizó el Campeonato Sudamericano de Naciones que ganaron sus vecinos, los uruguayos. Hay que recordar, también, que a lo largo de su vida esta justa ha sufrido muchas modificaciones y recién pasó a llamarse oficialmente "Copa América" en el año 1975. O sea, que se podría decir, sin temor a equivocarnos, que Perú fue el primer ganador de la "Copa América" pues, ese año el equipo incaico derrotó, con gol del Cholo Sotil, al equipo colombiano en un intenso partido extra que se jugó en Caracas.
En cuestión de coronas, más de la mitad del palmarés es abarcada por los del Río de La Plata: los uruguayos la ganaron 15 veces y los argentinos levantaron la copa en catorce ocasiones. Tercero, y algo rezagado, aparece Brasil con casi la mitad de conquistas: ocho. Perú, Paraguay y Chile campeonaron en dos oportunidades. Cierran el pelotón, bolivianos y colombianos con una solitaria conquista. Los países sudamericanos que no han ganado la copa son Ecuador y Venezuela.
Aunque no todo es color de rosa, pues en las últimas décadas este torneo se ha visto mermado a causa de motivos que –para los amantes de los eufemismos– podríamos llamar extra futbolísticos. Si me apuran, me atrevo a decir que talvez la última gran Copa América fue la de 1995, cuando Uruguay hizo valer su condición de local en un abarrotado Estadio Centenario de Montevideo, derrotando por definición de penales a Brasil. En 1997, el anfitrión Bolivia, tuvo que sacar adelante una Copa donde sólo algunos países llevaron a algunas de sus figuras (tal vez desde ahí se puede avizorar un soterrado desdén por la altura y sus inconvenientes que están tan de moda por estos días). Y así, la vieja y querida Copa América, empezó el lento –¿irreversible?– camino hacia su devaluación. En 1999, el fantasma de la altura altiplánica ya no estaba, y en Paraguay las cosas mejoraron en algo, Ronaldo y Brasil brillaron. Ya en este siglo, el año 2001, el anfitrión era el país de García Márquez y la Copa América fue una verdadera caricatura: Argentina renunció a participar (Canadá también rechazó una invitación de la CONMEBOL). Lo cierto es que pocos querían ir a Colombia por temor a las FARC. Muchos seleccionados asistieron con equipos alternos. Ganar la Copa América dejaba de ser un inapreciable anhelo para los futbolistas del continente, había otras prioridades… Además, Europa y sus millonarias ligas empezaron a poner trabas, ya no querían ceder a sus futbolistas. El año 2004, Perú fue el anfitrión, y Brasil, menospreciando el torneo, asistió con un equipo alterno, aunque a pesar de eso le alcanzó para derrotar por penales a Argentina en una animada final jugada en el estadio Nacional de Lima (Brasil, como campeón de América, no pudo retener el título perdiendo ante la Francia del genial Zidane). En Venezuela 2007, argentinos y brasileros repitieron la final. El scratch le metió 3 a la Argentina (Brasil fue eliminado por Holanda en Sudáfrica).
En 2011 la Copa América se jugó en Argentina y campeonó la celeste uruguaya que en el mundial de Brasil 2014 se descalabró en la primera ronda.
Las dos últimas ediciones tuvieron al mismo Campeón: Chile. En el 2015 el campeón fue el anfitrión y en 2016 se celebró la Copa América Centenario. En ambas finales los mapochos le ganaron a Argentina por penales.
El maleficio podría cumplirse porque Chile podría quedarse sin asistir a la Copa Mundial Rusia 2018.

Exhumando un maleficio que hasta la fecha nadie puede conjurar
Un año antes de la primera copa del mundo, en 1929, el torneo sudamericano se organiza en Argentina y el local levanta la Copa. Sin embargo, Uruguay (que quedó tercero en el sudamericano) ganó, en Montevideo, la copa del mundo dejando al Campeón de América en el segundo lugar (los charrúas golearon 4 a 2 a los gauchos).
En 1937, el sudamericano se realizó también en Argentina y el local se quedó con la Copa. No obstante, Argentina no quiso participar en el mundial de Francia 1938. En 1949, Brasil organiza el torneo y lo gana… Pero todos sabemos lo que pasó el año siguiente en el mundial que los brasileros organizaron para ganarlo: el scratch quedó segundo en el mítico Maracanazo, perdiendo ante los uruguayos 2-1 (los goles celestes fueron de Schiaffino y Ghiggia). En 1953, el sudamericano se realiza en el Perú. Paraguay queda primero dejando en el segundo lugar a los subcampeones mundiales: Brasil. Sin embargo, sólo los cariocas clasificarían al mundial de Suiza 1954 dejando eliminado precisamente al campeón de América: Paraguay. En 1957, en el Perú, Argentina campeona relegando al segundo puesto a Brasil. En Sucia 1958, Argentina que llegaba como un gran favorito tuvo uno de los mayores descalabros de su historia: quedando colero del grupo A (al final ocupó el puesto 13 de un total de 16 equipos). En 1959, Argentina derrota a Brasil otra vez, pero Brasil repetiría en Chile 1962 (ganando su segunda copa del mundo). Argentina, en dicho mundial, se quedó en la primera fase ganando apenas un sólo partido (ocupó al final el puesto 10 de un total de 16 equipos). 1963, en Bolivia se disputa por primera vez un sudamericano y lo gana el anfitrión. Bolivia alza la copa dejando en el segundo puesto a Paraguay. Ironías del destino: ni el campeón ni el subcampeón clasificaron a Inglaterra 1966.
En 1967, en Uruguay campeona el local ganándole a Argentina. Empero, en México 1970 campeona Brasil derrotando en semifinales precisamente a Uruguay (3-1).
En el año 1975, el Perú campeona ganándole la final a Colombia. Lamentablemente en el mundial inmediato, en 1978, campeona Argentina que le hizo 6 al Perú, el 21 de junio de 1978 (dos goles de Mario Alberto Kempes, además marcaron Tarantini, Luque, Houseman). Esta goleada le dio el pase a la final a los gauchos, que vencieron en la final al equipo holandés.
En 1979, campeona Paraguay ganándole a Chile pero… de nuevo el maleficio: el campeón de la Copa América ni siquiera pudo clasificar a la Copa del Mundo de 1982. Al mundial español fueron Argentina, Brasil, Perú y el subcampeón de la Copa América: Chile, que quedó invicto en la clasificación dejando fuera de camino precisamente a Paraguay.
En 1983, Uruguay campeona dando cuenta de Brasil. Pero fue la Argentina de Diego Armando Maradona la que ganó el mundial de México 1986 dejando precisamente fuera del mundial a los uruguayos (campeones de América) en octavos de final. En aquella oportunidad, Argentina ganó 1 a 0 con Gol de Pasculli. El Uruguay de Francescoli quedaría en el puesto 16.
En 1989, en Brasil campeona el equipo de Bebeto y Romario… sin embargo, el año siguiente en Turín (Italia), Argentina lo dejó afuera en octavos. (un pase excepcional de Maradona, regateo y gol de Claudio Paul Caniggia). Argentina llegó a ser subcampeón en Italia 1990. Brasil quedó en el puesto nueve. En 1993, en Ecuador, Argentina campeona ganándole la final a México. Huelga decir que en 1994, en Estados Unidos, todos sabemos que el maleficio de la Copa América le pasó factura a los albicelestes, pues los dirigidos por Alfio Basile se quedaron en octavos de final, perdiendo contra la Rumania de Hagi y compañía (2-3). Campeonaría un Brasil muy esquemático y la Argentina quedaría relegada al puesto diez. En 1997, Brasil le gana la copa América al local: Bolivia. Sin embargo al año siguiente Zidane les quita el título del mundo en la final de la Copa del mundo (0-2). El año 2001, en Colombia, la final la gana el equipo cafetero: Colombia vence a México por la mínima diferencia. En dicha Copa América, Brasil cumple un papelón perdiendo en cuartos de final contra Honduras (0-2). Pero, al año siguiente, ganaría la Copa del Mundo de Corea-Japón 2002. Y de vuelta el maldito maleficio copero: el equipo colombiano ni siquiera pudo clasificar a la Copa del Mundo (quedando en el sexto puesto en la eliminatoria mundialista sudamericana). En el año 2004, la Copa América se realiza en el Perú y Brasil (campeón vigente del mundo por ese entonces) le gana la final a Argentina por penales. ¿Mal presagio para los cariocas? Por supuesto, en Alemania 2006, otra vez la bestia negra del scratch: Francia los mandaría a casa con un centrazo de Zinedine Zidane que conectó Henry. Brasil quedaría en el quinto puesto y Argentina (subcampeón de América) en el Sexto. Por último, el año 2007, en Venezuela, Brasil vapulea a la Argentina 3-0. ¿Pudieron por fin los pentacampeones del mundo romper el maleficio de la Copa América? Todos sabemos que no, pues en Sudáfrica 2010 los cariocas se despiden por las patas de los caballos perdiendo contra Holanda (1-2). Argentina (subcampeón de América) quedó en quinto puesto, superando a Brasil que quedó sexto.
¿Podrá el campeón de la Copa América 2016 romper el maleficio? Primero, que clasifique. O digo mejor: esperemos que se quede en la puerta.
© Orlando Mazeyra Guillén, 2011.

2011/07/02

El Infierno interior

Por Carlos Rivera

"Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara."

Jorge Luis Borges


Hastiado Gustave Flaubert, y para que se develara quién era Madame Bovary, éste respondió: (Madame Bovary, c'est moi) “la Bovary soy yo”. Y es que ese gran personaje de la literatura universal se convirtió en su sangre y su alma (si ésta existe). La novela fue mas allá de la ficción y causó escándalos en la sociedad francesa siendo procesado en 1856 por “ofensas a la moral y a la religión” creyendo los acusadores, desde sus ignorancias y prejuicios, que la obra alteraría las buenas costumbres. De hecho, los personajes de la novela en su mayoría fueron extraídos de las vivencias personales y de escenarios reales, producto de una investigación obsesiva por encontrar arquetipos para su novela. Pero la literatura es una gran mentira hecha con trozos de la realidad y cuando estos hechos constituyen el corpus literario, ya pertenece a la dimensión del arte. Partiendo de esta breve reflexión que nos pretexta el libro del escritor Orlando Mazeyra Guillén, podremos ensayar algunas consideraciones preliminares acerca de La prosperidad reclusa.

Cada uno de los personajes del libro enfrenta distintas vicisitudes de la vida, pero no desde la periferia de las cotidianidades de personas felices y dignas de imitarse para olvidarse de las desventuras, sino desde los suburbios de la conciencia, es decir desde el infierno que todos llevamos dentro. El autor no intenta crear ambientes, paisajes sociales ni paradisíacos, sino atmósferas, sensaciones, exorcismos. Orlando Mazeyra escogió el infierno para deslizarse por sus recovecos y darles temáticas comunes como el amor, el trabajo, la ilusión, el amor filial, el sexo, la locura y la perversión. Cosa curiosa, los cuentos hablan implícitamente de la prosperidad, pero no entendida desde elucubraciones sociológicas, sino desde la vertiente de un grito, un delirio hacia la vida o a la libertad y a las cosas de este mundo. Es decir, la prosperidad como una utopía personal hecha a medida del individuo.


Las huellas inmediatas a las que nos remite el libro, son Los Inocentes de Reynoso, ese delirio poético callejero de una sórdida Lima. O la salvaje collera de Matacabros de Sergio Galarza, y la violenta narración de Rilo en Contraeltrafico. Sin dejar de lado, desde luego, los solitarios y abyectos personajes de Julio Ramón Ribeyro. Claro que también asoman los ecos de Bukowski, Henry Miller, Mario Vargas Llosa y Sartre.
El plus de Orlando Mazeyra a la literatura (al menos en esta obra que leí) es la música, que le da cadencia a las historias, aunada a una perspectiva visual cinematográfica que parecieran escenas de un film con un protagonista central, un guión inconcluso y un escritor omnisciente que alimenta a su antojo las peripecias de los miserables personajes para lograr un desenlace a modo de flashback. Esto da pie, a su vez, a que al menos, en esos viajes oníricos, tengamos un acercamiento a lo total (lo visual, literario y musical).
El autor a través de la obra expresa su desencanto, su rabia, sus delirios existenciales y para arroparle de belleza literaria recurre a una poética personal donde las palabras son un festín de frases que, desde luego, pretenden una estética original. Avizoramos que en algún momento se constituirá de manera sólida en una obra mayor o quizás una novela. En este libro que comentamos, vemos un excelente comienzo hacia ese sendero.


Dentro de los cuentos que componen el libro, a juicio personal, considero el más logrado, “Tras la puerta”, que sintetiza toda esa poética a la que nos referimos anteriormente, donde el personaje Obdulio transita ese pedazo de su existencia entre un enfrentamiento con su génesis patológica, la búsqueda de la verdad y de sus encuentros y desencuentros con sus tormentos esquizofrénicos y las curaciones a las que es sometido por los especialistas. En esas misceláneas pasadas, y hechos presentes trasunta una añoranza filial, una búsqueda infinita por un poco de comprensión (¿o tal vez una prosperidad sentimental?) que consuela con el apego hacia su madre (o acaso un ideal de ella). Al final, no hay nada revelador, sólo la presencia rotunda, dolorosa y temeraria de su progenitor como parte de su ser que lo acompañará por doquier en los avatares de su existencia. El cuento no gana por K.O. sino por perplejidad.

Los representantes de la actual literatura arequipeña, hace tiempo que han dejado las temáticas comunes y tradicionalistas. Los nuevos escritores jóvenes como Orlando Mazeyra Guillén hacen caso omiso de este canon sagrado del cual algunos todavía creen imperecedero. Porque esta nueva (aún no me atrevo a llamarla generación) pléyade de escritores no tiene miedo de escribir de putas, violencia, drogas, amores, sexo o de algunas pasiones bizarras que giran en su entorno social y cultural. El escritor arequipeño posmoderno es menos timorato, más poético y más trasgresor.
Consideramos por ello que el autor de este conjunto de cuentos escribe sin miedos, ni ataduras o complejos, enfrenta las historias y las plasma con todo su arte. Por momentos parece autobiográfico, representándose a sí mismo, en cada uno de los seres que desfilan en La Prosperidad reclusa. El autor parece dejarnos alguna huella evidente del por qué de su escritura en el segundo cuento del libro: “La dulce espera” (aunque tal vez la presunción podría ser atrevida):

Cuando empiezo a escribir siempre lanzo un bumerán que retorna y se parte en mi crisma. Son las migrañas nocturnas, o algo más que eso: una punzada en los ojos, de atrás hacia adelante y de adelante hacia la nuca, un vértigo que me acomete cuando trato de recordar a papá.”

Entonces, para finalizar y volviendo a la declaración de Flaubert con respecto a Madame Bovary, es que se puede colegir que La prosperidad reclusa es la expresión de un infierno interior del autor. Las lágrimas, sueños, y perversiones plasmadas en un elevado trabajo hecho con un amor visceral por la literatura. Es la simbiosis poética de la vida y las palabras.

Fuente: http://www.letras.s5.com/omg020711.html


2011/06/15

Es posible contar un montón de mentiras, diciendo sólo la verdad



Este hombre tomó a una nación destruida.
Recuperó su economía, y le devolvió el orgullo a su pueblo.
En sus cuatro primeros años de gobierno, el número de desempleados cayó de 6 millones a 900 mil personas.
Este hombre hizo que el Producto Bruto Interno (PBI) creciera 102% y duplicó la renta per cápita.
Aumentó las ganancias de las empresas de 175 millones a 5 mil millones de marcos.
Y redujo la hiperinflación a un máximo de 25% anual.
Este hombre adoraba la música y la pintura, y cuando era joven, imaginaba seguir una carrera artística.
Es posible contar un montón de mentiras, diciendo sólo la verdad. Por eso, es necesario tener mucho cuidado con la información del periódico que usted recibe.
UNA LECCIÓN PARA LA "GRAN PRENSA" PERUANA.


2011/06/13

El optimista del gol se llevó el arco de La Bombonera


Algunos mezquinos suelen recordar a Martín Palermo por los tres penales marrados contra Colombia en la Copa América Paraguay 1999 (olvidando, quizá deliberadamente, los "huevos" que hay que tener para patear tres penales en un mismo partido). Otros, el año pasado, no entendían cómo Maradona lo había llevado al mundial de fútbol Sudáfrica 2010.
Martín Palermo, hincha de Estudiantes de la Plata (como Ernesto Sábato), es el máximo artillero de la historia del club más tradicional de Argentina: Boca Juniors.
El regalo que le dieron el día de su último partido en el estadio xeneize: ¡el arco de la Bombonera!
Argentina, siempre lo he sostenido, es el país donde el fútbol se vive como una auténtica religión, un pasión que capaz de horadar a toda la nación gaucha.
Bautizado por el “Virrey” Carlos Bianchi como el “optimista del gol”, este larguirucho delantero pasó a la historia del fútbol mundial.
Sé que las comparaciones son odiosas. Pero hace pocos días los brasileros despidieron a Ronaldo (sí, al que marcó más goles en los mundiales de fútbol); si cotejan la despedida del “fenómeno” Ronaldo con el “titán” Palermo comprenderán por qué la Argentina es la tierra de las hinchadas más palpitantes del mundo. Entenderán quizá por qué estás despedidas, como la del más grande (¡Maradó!) me mueven hasta las lágrimas. Y entenderán por qué Martín Palermo es también conocido como “el hombre que hace llover”.
Larga vida al ¡GOLEADOR! Larga vida al fútbol argentino que es PASIÓN.





2011/06/11

Exhumando relatos: ¿CONOCES A MARCIAL MENA?


Sólo una pregunta (para comenzar bien y no irme por las tangentes como suelo hacerlo casi siempre): ¿conoces a Marcial Mena? Yo intuyo que sí: Marcial es un joven solitario, un tipo real, un sujeto que está hastiado de esa maldita indecisión congénita que lo ha catapultado al inextricable dédalo del fracaso.

Él está harto de ser un manojo de titubeos; pero, sobre todo, Marcial está extenuado de vivir rodeado de jóvenes desalentadores que lo tildan de ser un mero «idealista». Sus amigos lo llaman soñador, necio, iluso o simplemente despistado, por el simple hecho de que él está peligrosamente convencido de que los jóvenes de su pasiva generación son los únicos que pueden –¡y deben!– cambiar el mortal rumbo que sigue su vergonzoso y desorientado país tercermundista ("¡país que no vale un carajo!", como suele disparar su abuelo Orlando cada vez que la selección nacional muerde polvo de la derrota).

Para evadir a esa indiferencia desdeñosa que cree que todos muestran hacia él, Marcial decidió aislarse del mundo, pues alejarse de los demás significaba para él la mejor manera de apartarse de la agobiante incomprensión y del severo rechazo. Nunca imaginó que el remedio iba resultar siendo peor que la enfermedad, porque, en su soledad extrema, él ha cultivado una siniestra compañera: la frustración; pero Marcial intenta huir de ese sentimiento, oscuro y corrosivo, que le carcome a cuentagotas el escaso ego que aún se insinúa en su más recóndito interior.

Pero, ¿por qué razón se siente frustrado? ¿Cuál es su verdadero problema? Marcial sabe muy bien que todo este embrollo empezó hace varios años, cuando un día se sintió inflamado con la ilusión de llegar a ser un reconocido periodista; pero su propia indecisión, añadida a la enorme cuota de pesimismo que le inyectó su entorno íntimo, le hicieron estrangular a esa vocación que él veía como el único medio que lo podría llevar a alcanzar esa ansiada felicidad que todo ser humano persigue.

Marcial inmoló a su vocación más genuina: el periodismo ("carrerucha para acribillarse de hambre", diría su madre antes de dibujar una elocuente mueca); se dejó llevar por esos intereses metálicos que le impone un mundo consumista… y eligió como nueva aspiración a la rutilante y vertiginosa ingeniería informática.

Él está a punto de ser un flamante ingeniero informático, pero cada vez que explora su interior –cosa que lamentablemente hace muy a menudo–, siente ese obstinado vacío que, opresivo, lo somete y que lo obliga a chapotear en el hediondo fango de sus ingratos recuerdos y sueños marchitos.

Un día de esos (o mejor dicho, un día de aquéllos), Marcial, solo, ensimismado, siente unas desenfrenadas ganas de escribir. Esta actividad, que lo convierte en una especie de reo de la pluma y el papel, lo empieza cautivar. Él cree haber encontrado una nueva pasión, muy parecida pero más intensa y cautivante que la anterior. Marcial escribe, escribe y no para de escribir… Pero, poco a poco, va descubriendo la siempre truculenta realidad: Marcial no sirve para esos complejos menesteres.

Fue la tradicional Semana Santa mistiana, el breve periodo en el que Marcial quiso entregarse por completo a la insaciable creación literaria. Pero su falta de talento y su anémica imaginación lo llevaron a evocar los pasajes más recordados de su somnolienta vida: su solitaria infancia en Pucallpa, su etapa escolar en Colegio San Jerónimo y su todavía inconclusa vida universitaria. Él trató de amalgamar recuerdos pero, debido a su impericia, no pudo evitar salirse siempre del contexto: sus narraciones –al menos para mí– se ven desafortunadamente invadidas por percepciones superficiales y por un costumbrismo enfermizo que alcanza cotas intolerables.

En algún momento –momento que, para ser honestos, ni él ni yo recordamos con certeza–, Marcial percibió que sus narraciones eran turbias, aburridas y poco descriptivas; esto fue achatando de a pocos sus deseos de escribir. Y, después de casi una semana de trabajo intermitente, él dejó de escribir… dejó de escribir para nunca más volverlo a hacer.

¿Fracasó? Sí, pero no. ¿Cómo así? Con todas sus limitaciones de por medio, Marcial elaboró una obra rara, una obra distinta. Él cree haber escrito una novela mediocre ("una novela a la altura de su autor", como alguna vez sentenció él mismo después de apurar nerviosamente un vaso de cerveza en el bar La Ramadita); pero lo cierto es que cualquier lector medianamente avispado puede percatarse al instante de que lo suyo no es novela por ningún lado… son simples anécdotas empapadas con una pizca de ficción, relatos entrelazados, recuerdos rebuscados, memorias distorsionadas…

La primera vez que terminé de revisar sus manuscritos, apagué el velador de mi mesa de noche preguntándome "¿conoces a Marcial Mena?". Llegué, en medio de la oscuridad de mi tibia alcoba, a una conclusión apurada (que es un símil de la conclusión a la que llego cada vez que Marcial merodea mis pensamientos): no lo conozco y a veces estimo que nadie lo conoce. Valgan verdades: ¡juraría que ni él mismo se conoce en absoluto!

Antes de terminar, agrego una sola cosa: cierta mañana dominical, saliendo de la parroquia del vecindario, Lucrecia, la extraña novia de Marcial, se me acercó discretamente para ponerme al tanto de que una buena cantidad de los manuscritos de su novio andaban dispersos por toda la ciudad: «Ni siquiera el propio Marcial sabe quién demonios sacó tantas copias». Por suerte, mi mala conciencia alcanzó a permitirme un gesto de moderada sorpresa. «Incluso, y aunque parezca mentira: ¡están apareciendo algunos de sus relatos en algunos periódicos e internet!», agregó muy ofuscada. Debe ser cierto, porque de no ser así, tú, amigo lector, no estarías leyendo estas líneas… Y ya que no te conozco (y aún a sabiendas de que tu respuesta es bastante obvia), cumplo con formularte la misma pregunta que les hago a todos los que se animan a revisar sus manuscritos: ¿acaso tú conoces a Marcial Mena?

Si encuentras a alguien que lo conozca, llámenlo: díganle que ya no escriba, que lo mejor que puede hacer es dejarse vencer por la hoja en blanco… porque dejarse llevar –escribir, escribir, escribir– sería volver a caer en la tentación del fracaso.

Yo, antes que verlo escribiendo, prefiero saberlo muerto… y tú sabes que no exagero.

M.M.

2011/06/07

¡Viva el Perú, carajo!

Por Guillermo Giacosa

No pondré nombres porque el discurso y las preocupaciones eran las mismas. Todas sus preocupaciones recorrían idéntico camino y las resumiría en un par de frases engañosas pero, a fuer de repetidas, reveladoras: “la gente quiere saber”, “el pueblo peruano quiere saber”. ¿Qué es lo que la gente o el pueblo peruano querían saber, según estos aguerridos periodistas, repentinamente devenidos en los representantes naturales de lo que realmente interesa al grueso de la población?
Pues el nombre del futuro primer ministro, el nombre del futuro ministro de economía o qué iban hacer para que la Bolsa no reaccionara negativamente. También querían que les dijeran que los TLC se iban a respetar, que las líneas maestras de la economía no se alterarían, en realidad querían que les dijeran que todo iba e ser como antes y que las elecciones sólo habían sido la parte coral del sainete democrático que reclama este acto. Querían que les dijeran que Ollanta era solo un espejismo y que mañana todo seguiría igual. Bajo la consigna, lógica pero falaz, de que no hay que detener el crecimiento económico, se arrogaban la representatividad del pueblo, mutaban en la gente de todos los días, de la que suda para llegar a fin de mes entregando porciones de su humanidad y querían una respuesta. Nunca escuché tantas veces invocar la gente y nunca estuve tan seguro que sustituían la gente por el nosotros, sin intuir que entre ellos y la gente que invocaban hay un abismo de privilegios que sin ser injustos deforman la percepción de la realidad.
¿Alguien, en su sano juicio, cree que a la multitud reunida en la Plaza 2 de Mayo le interesaban los nombres de los futuros ministros, o la actitud ante los TLC, etc.? En ese día, al menos, no. Esa multitud, que cumplió con la tarea histórica de impedir que se repita la dictadura, sólo quería festejar, quería sentir que la manipulación a la que son sometidos a diario tiene un límite y que ellos habían sabido trazarlo al desoír la incalificable campaña mediática contra su candidato.
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Comparto desde el muro de Facebook del escritor Selenco Vega la nueva versión del cuento de Tito Monterroso:

Parece que Vargas Llosa está cobrándose todas las deudas pendientes. El año pasado fue el Nobel. Hoy, como dice El Útero de Marita, se la cobró a Fujimori, luego de veinte años. Augusto Monterroso lo habría dicho así: "Y cuando despertó (el Chino en la DIROES) Mario Vargas Llosa todavía estaba allí".