2006/07/25

Bryce y Morote: el plagio.

Yo me cuento entre los (lamentablemente) poquísimos peruanos que han tenido la suerte de leer un par de libros del escritor Herbert Morote. Y justamente descubrí a Morote leyendo un artículo de Bryce, en donde, entre otras cosas, el autor de Un mundo para Julius afirma lo siguiente: "un libro que debiera ser lectura obligatoria no sólo para los peruanos, sino también para todos aquellos que pretendan entrar sin anteojeras ni tapujos en las mil y una falsificaciones de la realidad peruana. Herbert Morote no pretende hacer un estudio histórico del Perú, sino revisar una tras otra todas las mentiras que los propios peruanos han ido transmitiendo de generación en generación hasta matar una patria en la que el autor pretendió hace poco volver a vivir".
El libro al que se refiere elogiosamente ABE se llama Réquiem por Perú, mi patria, un ensayo que yo, como lector profano, humildemente también me atrevo a recomendarles a todos.
En verdad, me apena mucho lo sucedido entre estos dos buenos amigos, y lo lamento sobre todo por ABE, quien, luego de prácticamente aceptar el plagio en una carta aparecida en el diario El Comercio (“Lamento mucho que, debido a la excepcional extensión del artículo que publiqué el 25.06.06, no se haya publicado la nota en que debí agradecer al señor Herbert Morote el manuscrito que me envió desde España, titulado Pero... ¿tiene el Perú salvación?, en el que se aborda extensamente el tema de la educación, y que me fue de gran utilidad en la redacción de mi artículo”), ahora parece desdecirse.
Está claro que la exigua obra de Morote no goza de la fama y el reconocimiento que sí tiene la de Bryce; sin embargo estoy seguro de que lo que hace Morote no tiene nada que ver con un ardid publicitario, pues es lo que menos le interesa. Además hay que recordar que, a pesar de haber publicado muy poco, Morote ya cuenta con un par de premios internacionales (y sé que un premio no garantiza nada, pero si son premios serios pueden ser, como en este caso en particular, un buen referente): XXIX PREMIO DE ENSAYO CIUDAD DE IRÚN 1997 (por el ensayo VARGAS LLOSA, TAL CUAL) y Premio al Teatro Ciudad de San Sebastián, año 2003 (por la obra teatral LA GUÍA DEL HERMITAGE).
Me parece pertinente el contar que luego de leer el ensayo sobre Vargas Llosa le envié una furiosa carta a Morote, la cual él se dignó responder. Acá unos fragmentos que me parecen muy interesantes:
YO TAMBIÉN ADMIRO A VARGAS LLOSA, COMO LITERATO, ES LO MEJOR QUE HA DADO EL PERÚ, CREO QUE ESTO LO HE DEJADO BIEN CLARO EN MI ENSAYO. ADEMÁS LE QUIERO DECIR QUE EL PRIMER LIBRO QUE RECIBÍ SE LO ENVIÉ A MARIO, Y LE DIJE QUE ÉL ME OBLIGÓ A ESCRIBIRLO, AHORA, MARIO, COMO POLÍTICO O PERSONA, QUE ENTIENDA DE QUÉ VA LA VIDA, ESO ES OTRA COSA. LE FALTA ALGO QUE SE LLAMA SOLIDARIDAD, Y ESO LE FALTA TAMBIÉN A LOS PERUANOS (…) YO CREO QUE UNO DEBE VIVIR SIN RENCORES, MENOS CONTRA AQUELLOS QUE UNO HA CREADO POR RAZONES DE MARKETING O POR OTRA COSA. SER IDEALISTA, GENEROSO Y VALIENTE ES ACEPTAR LOS CAMBIOS, Y ACEPTAR LOS PROPIOS ERRORES, REÍRSE DE UNO ES MARAVILLOSO. MARIO NO SE RÍE NUNCA DE ÉL, SU EGO SE LO IMPIDE. LOS RENCORES SÓLO REPOSAN EN ALMAS MEZQUINAS. HAY QUE VIVIR ACEPTANDO A LOS DEMÁS, ESO NO QUIERE DECIR ACATANDO SUS ÓRDENES. LA VALENTÍA SE DEMUESTRA EN LA PROTESTA ANTE EL PODEROSO SEA ESTE POLÍTICO O FAMOSO. SEA FUJIMORI O VARGAS LLOSA”.
Aunque le importe a nadie, lo diré: yo soy un ciego admirador del arequipeño universal, pero también admiro, por distintos motivos, a Bryce y a Morote. En el caso particular de Herbert Morote, creo que no es nada fácil atreverse a decir con tanta dureza lo que uno piensa del Perú o de un escritor consagrado: el libro en donde habla del Perú me dolió tanto como el otro, en el que habla del Vargas Llosa ‘persona’ (dejando, o pretendiendo dejar, al ‘escritor’ de lado).
No sé si se puede separar claramente al escritor del ser humano de a pie, y tampoco sé si Morote logró hacerlo con acierto. Pero, reitero, sí estoy convencido de que Morote ha denunciado a Bryce por ser más amigo de la verdad que amigo de sus amigos.
Los seguiré leyendo atentamente a los tres… creyendo conocerles un poco más gracias a sus ensayos o novelas… y talvez será un vano intento, pues sólo conoceré a los ‘creadores’ y nunca llegaré a descubrir a los bípedos en sus aspectos más pedestres: “Hay perfectos hijos de puta que son grandes escritores”, ha dejado dicho Arturo Pérez-Reverte.
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Nota: Este post aparece, retaceado, en Perú21 y en Caretas 1936.

2006/07/16

¿Conoces a Marcial Mena?

"Dejé de divertirme cuando descubrí la diferencia entre escribir bien y mal, y luego hice un descubrimiento más alarmante aún: la diferencia entre escribir bien y el verdadero arte. Una diferencia sutil, pero feroz. Después de eso, cayó el látigo ."
Truman Capote
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Quienes no conozcan a Marcial Mena, y quieran hacerlo, pueden echar un vistazo aquí.

2006/07/03

Rotito

El coloquio de los perros es una revista española que lleva el nombre de una novela cervantina. Está en la red desde el año 2000 y publica narrativa, poesía e imperdibles entrevistas y reportajes (recomiendo la entrevista a Enrique Vila-Matas y, también, "Aprender regresando", donde se aborda la presentación de la última película de Almodóvar: VOLVER).
En su último número aparece ROTITO, un microrrelato que escribí hace un par de meses, lo pueden leer haciendo clic aquí.

2006/06/18

Continuidad en Febrero

A Johanna... que, en Agosto, me sacó de Febrero.
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“¿Cómo rompo la monotonía?”, me preguntó un viejo amigo después de leer mi relato Continuidad en Febrero. De inmediato, le dije la verdad: lamentablemente no tenía una respuesta para su pregunta.
Voy a ver el partido de básquet –agregó antes de irse–. Y a buscar un lápiz para tachar el 30 febrero en el almanaque”.

Bueno, el cuento lo hice para Johanna, y recién aparecerá en el portal de El Proyecto Sherezade el 1 de Julio. Pero los que quieran leerlo (y, de paso, tachar el 30 de febrero en el almanaque), ya pueden hacerlo.

El día que escribí Continuidad en Febrero anduve sumergido en la lectura de dos historias de distinta factura: La segunda juventud de Luis Loayza y Casa Tomada de Julio Cortázar. Recomiendo ambos relatos que nada tienen que ver con el mío que, me parece, nace de mi aversión a la monotonía, de mi rechazo a una vida uniforme y sin sobresaltos. Marcus Riga tenía (¡tal vez sigue teniendo!) una vida como la de muchos seres humanos: predecible y aburrida hasta la exasperación (un almanaque tuvo que sacudirlo y, por un día, redimirlo de esa rutina embrutecedora). En el fondo, lo detesto visceralmente porque él y sus almanaques tienen mucho de mí.
© Orlando Mazeyra Guillén, 2006.

2006/06/10

CervantesVirtual.com renueva su diseño

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, que dirige el autor de Travesuras de la niña mala, ahora luce una nuevo diseño que permite navegar en dicho portal con mayor comodidad :

“El Patronato de la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, que preside el Mario Vargas Llosa, se reunió en Madrid para revisar la marcha de las actuaciones previstas para este ejercicio y proponer nuevas iniciativas para el resto del año. El encuentro fue presidido por Vargas Llosa, quien inició su intervención recordando la vocación de servicio público de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, que facilita el acceso a sus contenidos de forma gratuita, y se mostró convencido de que cervantesvirtual.com contribuye, mediante la difusión de la cultura, al desarrollo de la sociedad. Señaló además que la Biblioteca se ha convertido, en sus siete años de existencia, en una herramienta de referencia para avanzar en la Sociedad de la Información, especialmente en lo que se refiere al ámbito de las bibliotecas digitales. Vargas Llosa señaló que la consolidación de la dimensión iberoamericana del portal debe ser un asunto prioritario para la Fundación. Con esta finalidad, acometerá, entre otras actividades, planes que favorezcan la creación del Espacio Iberoamericano del Conocimiento, iniciativa liderada por la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), con la que la Fundación ha firmado recientemente un convenio de colaboración. El Presidente de la Fundación destacó que la institución seguirá los avances que experimente el proyecto de creación de una Biblioteca Digital Europea, y trabajará para facilitar la participación en dicha iniciativa de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes."

En dicho portal he publicado dos microrrelatos: ¿Y ahora qué mierda quiere? y Peor es Nada, además de un ensayículo titulado El motor del progreso universal .

2006/06/06

Si yo fuera Alan García

Yo me pregunto, ¿qué cara tendrá un presidente en presencia del Gran Juez, Aquel que todo lo sabe y al que no se le puede engañar? Digamos, si yo fuese Alan García (1985-1990), ¿cómo podría justificar la inmensa desilusión que llevé a todos los hogares del Perú después de haber sido elegido, por amplia mayoría? Esperaban que pacificase el país y llevase a cabo el primer gobierno aprista, retardado decenas de años a fuerza de golpes militares. Esa injusticia costó la vida a muchos partidarios del único partido organizado de este siglo, cercano al pueblo y, en su tiempo, con luz ideológica propia.
Cómo podré dar la cara después de que toda la nación, apristas o no, creyó en mí, en mi entusiamo, mi juventud, en mis ademanes simpáticos y criollos que enloquecieron a las masas y dio esperanzas a los más recalcitrantes pesimistas. Toda esta euforia duró pocos meses, después me volví loco (quizá siempre lo fui). Loco como un caballo desbocado acabé llevando entre mis patas a mi Patria moribunda, y a miles y miles de compatriotas que murieron de hambre por mi culpa.
Además, entregué a esos mismos militares que antes odiaba el control de la lucha antiguerrillera, sabiendo que el asunto es económico y político, no militar.
Mientras se derrumbaba el país, yo no sólo cantaba rancheras en la Plaza Garibaldi de la Ciudad de México, sino que hacía crecer mi fortuna y las de mis “compañeros”. Qué cara tendré cuando se toque el tema del vandalismo y rapiña lujuriosamente extendida en los últimos años de mi régimen cuando los robos de los jefes de las instituciones públicas eran imitados por sus subordinados hasta extremos insospechados. En las últimas semanas, sabiendo que no volveríamos al poder, nos llevamos todo, literalmente todo, desde computadoras hasta papel higiénico, pasando por puertas, bisagras, escritorios, sillas, cuadros, etc. (sólo un etcétera por pudor).
Nuestros robos y malversaciones fueron indescriptibles. No puedo exagerar, hay cientos de miles de testigos. Yo, Alan García, ¿podré mantener ante “El de la Buena Memoria” la misma actitud arrogante y desfachatada que tuve cuando para evadir la responsabilidad de mi indescriptible fracaso económico, eché la culpa a las entidades financieras, e igual que otro famoso sinvergüenza, el presidente mexicano José López Portillo, ordené la expropiación de los bancos, las compañías de seguros y el cierre de las casas de cambio? ¿Fue una expropiación legal?, ¿se llevó a cabo?, ¿tenía gente preparada para manejar esas empresas?, y lo más importante, ¿solucionó mi fracaso administrativo?

Todas las respuestas son negativas. Lo único positivo, más que positivo, extraordinario, fue que obligué a Mario Vargas Llosa a lanzarse a la política en un acto desesperado para llenar el vacío de liderazgo en los partidos opositores.
Yo, Alan, que los primeros meses saludaba al pueblo desde los balcones de palacio con mi pañuelo blanco. No con el pañuelo del Jefe Víctor Raúl ni con el de Pavarotti, sino con el de aficionado que pide que al toro del pueblo le corten las orejas y el rabo.
Sí, yo, Alan, alias “Caballo Loco”, que quebranté la unidad del partido aprista. Que no paré la masacre de los presos políticos en Lurigancho y en el Frontón. Que no cumplí ninguna de mis promesas de gobierno.
Que dejé a los narcotraficantes apoderarse de nuestra montaña, de nuestras fuerzas armadas y de nuestros campesinos. ¿Qué diablos puedo decir ante los hechos?
Yo, “el compañero Alan”, que en el discurso inaugural de mi mandato presidencial prometí acabar con la corrupción, que al día siguiente destituí indiscriminadamente a jefes y oficiales de la Guardia Civil, que los sustituí con personas de mi confianza, que no contento con esto hasta cambié el nombre a las fuerzas policiales para que no quede una pizca de los antiguos “Caballeros de la Ley” ni del lema “El Honor es mi Divisa”, que todo eso fue para crear una fuerza organizada de extorsión, represión y crimen. Yo, que dejé finalmente a la ciudadanía sin protección y con mayor peligro que antes. Y a las instituciones policiales desprestigiadas para siempre. ¿Me pondré atrevido ante el Señor y seré capaz de negar todo? Sería mucho concha.

Yo, Alan García, hice mucho más daño. No tuve el menor sentido común para tratar el pago de la deuda externa. Demagógicamente declaré que no la pagaría, y en todo caso los pagos no serían mayores al 10% de nuestras exportaciones. Yo, que no me senté a negociar con mis deudores, que no les presenté un plan dilatorio que pudiera ser tragado de alguna manera por la banca extranjera. En vez de decirles: “el cheque está en el correo”, “mañana se lo pago”, o indicarles cortésmente: “quisiera pagarles pero no puedo”, “con todo respeto es imposible
por el momento”. No, yo que no tuve la menor idea de cómo funciona la política y finanzas internacionales, me puse como un matón de barrio. Fui más insolente y descomedido con sus representantes en privado que en público, gané no sólo enemigos institucionales. El resultado fue trágico, todos nos cortaron el crédito y nuestro país terminó pagando un 50% más de lo que dije. ¡Qué imbécil fui!
Repito, si yo fuese Alan García qué cara pondría ante la Verdad. Si además, junto al Juez Supremo veo al fundador del partido, Víctor Raúl Haya de la Torre, ¿qué le diré, cómo me justificaré? ¿Qué muecas deformarán mi rostro cuando tenga que dar cuenta de tantas irresponsables decisiones, que causaron un desconcierto generalizado entre todos los que vivían en el Perú o los que tenían algo que ver con él? ¿No fui yo, el que convertí la inflación en un reto para las calculadoras, que tenían que absorber tres ceros cada pocos meses?
Cualquier intento de respuesta es inútil, cualquier refutación es innecesaria. El asunto es muy privado, es de Alan García y el Juez, nadie más. Así está de seria la cosa. Claro, él debe estar feliz por ahora, la Justicia Peruana no le culpó ni le culpará, y para hacer lo que hizo del Perú, se nota que no creyó nunca en la Otra Justicia. O, quizás Alan, aventurero irresponsable, cree que el Señor es como el pueblo peruano: amnésico.
Hay cada desalmado...
Herbert Morote, Réquiem por Perú, mi patria


2006/06/04

¡Perú, hoy me dueles en el pecho!

¡Perú, hoy me dueles en el pecho!
País miseria.
País mierda.
País cloaca.
País fracaso.

¡Perú, hoy me dueles en el pecho!
País Fujimori.
País Odría.
País Montesinos.
País García.

¡Perú, hoy me dueles en el pecho!
País amnesia.
País tortura.
País suicida.
País mentira.

¿Por qué me dueles tanto?
¿Por qué tanto gobernante espanto?
¿Hasta cuándo persistir en el quebranto?
¿Por qué darle tu cuerpo al que te ha vejado tanto?

Perú… ya no me dueles…
porque el Apra nunca muere,
pero la dignidad sí muere.

2006/06/02

Evitable: cuando votar es un desvarío

“…me caracterizo por recordar preferentemente los hechos malos y, así, casi podría decir que ‘todo tiempo pasado fue peor’, si no fuera porque el presente me parece tan horrible como el pasado; recuerdo tantas calamidades, tantos rostros cínicos y crueles, tantas malas acciones, que la memoria es para mí como la temerosa luz que alumbra un sórdido museo de la vergüenza.”
Ernesto Sábato, El Túnel
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En alguna oportunidad leí una genial frase de Bertrand Russell: “la historia del mundo es la suma de aquello que hubiera sido evitable”. Hoy, a la luz (o, mejor dicho, en las tinieblas) de nuestra coyuntura política pienso que todo esto hubiera sido evitable. Pero, lástima, estamos en el patíbulo nuevamente y ya no hay vuelta atrás (¿esperaremos otros cinco años para volver a equivocarnos?).
Evitable. Tenemos la guillotina sobre nuestra nuca. Sólo falta la elección final: hay dos despeñaderos posibles, ¿hacia cuál de los dos nos precipitaremos? ¿Hacia el abismo ya conocido de la corrupción galopante, los costales henchidos de Intis, las interminables colas y los reiterados balconazos? ¿O, como de costumbre, nos lanzaremos a ese vacío desconocido que, por ser nuevo, pasa de inmediato a ser ciegamente esperanzador?
A mi entender, el editorial de Caretas 1927 titulado sugerentemente "NO SUICIDARSE", no se equivoca al sentenciar que el voto en blanco es –si cabe el término– un acto pilatesco: compatriotas si quieren joderse, ¡jódanse!; pero yo me lavo las manos: no escojo a ninguno de estos dos mamarrachos.
Cito acá los párrafos iniciales de dicho editorial:

Hay varias formas de pegarse un tiro en una encrucijada histórica como ésta: votar en blanco, viciar el voto, irse de paseo o sufragar mal.
Sin embargo, algunos de esos 2.6 millones de ciudadanos de derecha o de izquierda cuyos candidatos se quedaron en la primera vuelta, aun ahora, exquisitos como son, creen resguardar convicciones sacrosantas absteniéndose de elegir al “menos malo” en la segunda.
Con esa actitud están jugando a la ruleta rusa y promoviendo un mal peor.
Parecen olvidar que en esta combi nacional todos somos pasajeros –aun quienes viven en el exterior, ya que tienen parientes al fondo del pasillo–, y negarse a participar en la conducción del vehículo es una forma de suicidio.

Suscribo todo lo expresado hasta el cuarto párrafo; pero ahí me detengo, cavilo, y pienso que las líneas posteriores hubieran sido evitables. Se dice que Humala representa un “chavismo sin petróleo”. Sin embargo, no se dice nada sobre lo que representa Alan García. ¿Acaso un ladrón más curtido y mejor entrenado por la escuela de la experiencia? ¿O quizá un violador de derechos humanos que nunca mostró el más remoto asomo de mea culpa al respecto? Seamos simples, sinteticemos lo que A.G.P. representa en dos palabras: el engañamuchachos.

Evitable. Cuando, en otro párrafo, leo “desquiciado megalómano” pienso que se refieren al personaje en cuestión, pero no; me equivoqué: hablan de Simón Gorila (Hugo Chávez). Y me pregunto si era necesario que CARETAS nos recuerde de una manera tan burda (¿chavista?) que el presidente de Venezuela es y será un gorila. Me pregunto también si ¿acaso es necesario aclarar que todo lo que dijo Chávez acerca del líder del Apra es patéticamente cierto? ¿No es una verdad como una catedral que García Pérez es un ladrón de cuatro esquinas y un corrupto de siete suelas? Por favor, no nos fijemos en el mensajero sino en el mensaje. No hace falta ser chavista, castrista o evo-moralista para decir “Dios libre al Perú de un bandido como éste”; sólo basta tener una pizca de memoria y dos dedos de frente.
A estas alturas alguien me acusará de humalista, y caerá en un error grosero. ¿Cuántos de los que el domingo votarán por García Pérez son en realidad apristas? ¿Desde cuándo Vargas Llosa, Flores Nano, Rey Rey, Martha Chávez, García Belaúnde son militantes del partido de la estrella? Ahí tienen la respuesta. Será, como dicen, el voto del miedo… del miedo a lo desconocido… del miedo al cambio.
Confieso que detesto la imagen del cachaco (del militarote, diría Vargas Llosa), y estoy convencido de que los militares jodieron a mi país. Pero en una encrucijada como ésta tendré que hacer de tripas corazón y optar por el verdadero mal menor.
Optar esta semana por Humala sería un desvarío histórico descomunal”, concluye CARETAS y nunca como ahora toma partido por la agrupación política fundada por Haya de la Torre. Siento que es de elemental honestidad el hecho de matizar un poco dicha sentencia. Votar por cualquiera de los dos candidatos en cuestión constituye una especie de desvarío, de frenesí. El simple hecho de ser peruanos nos expone a vivir al borde del desvarío y de eso somos conscientes todos los que queremos un cambio, un cambio de verdad, no una caricatura de democracia.

Hace cinco años me equivoqué. Voté por un advenedizo Alejandro Toledo (y lo digo porque ya casi nadie se acuerda de que votó por nuestro actual mandatario). Me equivoqué, lo sé, pero tengo la tranquila certeza de que me hubiera equivocado el doble si votaba por García Pérez (o peor aún: si votaba en blanco). ¿Me dejo entender? Espero que así sea.

Ahora, yo votaré por Ollanta Humala. Mi memoria me impide votar por Alan García. Llevar otra vez a ese sujeto a Palacio de Gobierno sería el tiro de gracia para nuestra moribunda dignidad nacional. Si García vuelve a alzarse como presidente del Perú nuestra bandera quedará percudida para siempre y no habría “lavado de bandera” o revuelta popular que nos la devuelva. Porque no hay desvarío peor que el desvarío de la memoria.
Juan Pablo Castel, aquel mítico personaje de Sábato, sabía muy bien de desvaríos. De esos desvaríos que atenazan al peruano de a pie, a todos aquellos compatriotas para quienes la democracia es una palabra inasible, para aquellos a quienes el presente (democrático) es tan horrible como el pasado, para quienes por suerte todavía recuerdan tantas calamidades, tantos rostros cínicos y crueles, tantas malas acciones… porque la memoria es, para nosotros los peruanos, como la temerosa luz que alumbra un sórdido museo de la vergüenza.
Yo votaré por Ollanta Humala porque sé que si mañana Fujimori viene a pedirle disculpas a mi pueblo y, acto seguido, a reclamar una nueva oportunidad, se la negaré de saque y sin titubear un instante.
Votar por Humala será, no lo niego, un desvarío, pero un desvarío digno. Porque los cínicos y crueles como Fujimori, Montesinos y García sólo nos deben servir para documentar nuestro pasado tenebroso. Para que se pudran juntos en el sórdido museo de la vergüenza. Y para acudir a ellos cada vez que la memoria lo requiera tanto o más como este 4 de junio.

© Orlando Mazeyra Guillén, 2006.

2006/06/01

Obra de Arte

"Todas las obras de arte deben empezar por el final."
Edgar Allan Poe
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Tus gafas multifocales, hechas pedazos, decoran el suelo de una manera vulgar (tan vulgar e insulsa que, por un momento, me relajo… me llego a excitar olvidándome de cuanto necesito olvidar). Un ramal carmesí baja apurado de tu pecho y se bifurca, se alarga en varias direcciones: sobre el parqué, debajo de la pianola, y empieza a confundirse con el rojo intenso de la raída alfombra que se extiende debajo de tu delgadas piernas de balletista virgen.
Tus ojos, abiertos, parecen apuntar hacia un cielo estrellado que ese techo barroco te niega tajantemente. Las pupilas inflamadas, a punto de estallar, como las venas de tus sienes. Una boca regular, discreta, que apenas se atreve a mostrar la hilera superior de tus dientes de cebra circense. Una lengua tersa, perfecta, como la de un recién nacido que llora en los brazos de la matrona.
Todavía sostengo con firmeza el revólver: un humo ralo que se desvanece con precocidad, el gatillo tibio y el tambor vacío, caliente e indiferente. La imagen de tu cara, de tu terror infinito antes del estruendo, permanece fresca e incorruptible. Una sola bala. Un solo destino. Un corazón perforado y un pulso agotado.
Ahora, antes de huir al monte y perderme por un par de semanas (o talvez más), es cuando quiero recordar el por qué decidí ajusticiarte. Trato de recordar por qué te elegí a ti. ¿Me gustó tu casa?, ¿tu eterna sonrisa?, ¿tu fama?, ¿o lo que me llevó hacia ti fue ese nuevo reto: el matar a alguien cercano, a alguien cuya sangre también es mía?
Siento una chicharra que apura mi partida. Me quito los guantes, envuelvo el revólver en un pañuelo y me despido de ti:
–¡Gracias papá, me ayudaste demasiado!
Me lavo el rostro y que quito el delantal que utilizo cada vez que pinto. Saco la acuarela al patio y pienso en un buen nombre. “Mi última visita a papá”, me gusta mucho, aunque también podría ser “La bala que le regalé a mi viejo”. No sería mala idea llamarlo por la noche para que él me dé su valiosa opinión.
13 de Marzo de 2006.
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Imagen: Muerte de Marat (1793) de Jacques Louis David.

2006/05/01

El Proyecto Sherezade


El Proyecto Sherezade de narrativa contemporánea surgió en 1996 como un espacio virtual para promover el intercambio de narraciones entre hispanohablantes mediante la publicación de cuentos inéditos y las opiniones de sus lectores. Desde entonces hemos seleccionado para publicar electrónicamente más de 150 cuentos de autores de 25 países.
Estos cuentos han alcanzado así una difusión impensable con el formato impreso, que tradicionalmente los relega a las últimas páginas del periódico dominical, a tiradas muy reducidas financiadas por entidades filantrópicas, o a antologías de autores consagrados. Creemos que la red hará por el cuento lo que la imprenta ha hecho por la novela, género cuyo éxito se debe en gran parte a que su extensión se adecua a la producción, comercialización y consumo en formato libro. La brevedad e inmediatez que el cuento ha heredado de sus orígenes orales lo hacen el género ideal para la publicación, distribución y lectura en la red.
Si desea participar en este proyecto envíenos su cuento. Los cuentos seleccionados aparecerán con el nombre y la dirección de correo electrónico de su autor, quien continúa siendo el dueño exclusivo del cuento que sólo cede temporalmente para su publicación en Proyecto Sherezade. También puede participar enviando comentarios a los cuentos.
No hay intereses comerciales relacionados con ningún aspecto de Proyecto Sherezade, que es posible gracias al trabajo desinteresado de cinco personas del medio académico y cultural que realizan la selección, edición e ilustración de los cuentos, así como de los cibernarradores y lectores que nos envían sus cuentos y comentarios desde los cinco continentes. Proyecto Sherezade está instalado en un servidor de la Universidad de Manitoba, Winnipeg, Canadá.

2006/04/09

Todo vale... Nada valen...

si continúo así: voy a morirme joven y sin identidad
Ska del éxodo… de un pueblo desechable,
donde la corrupción resulta excarcelable…
y usted y yo somos culpables…
ATTAQUE 77, Éxodo Ska
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–¿Ya viste las últimas encuestas? –te había preguntado tu hermana en la mañana–. Si sale ese cachaco no sé cómo hago pero como sea me voy del Perú. Hasta de sirvienta en Chile voy a estar mejor que con ese nazi de presidente.

El taxista acelera en el tramo final de la pendiente, se abre hacia la izquierda y deja atrás a una camioneta tapizada con coloridos anuncios que, alternando entre el rojo y el verde, te dicen: “Vota por el Flaco Eguren: marca el mapa de Unidad Nacional y escribe el número 1”. Las últimas reminiscencias de ese cerro colorado que le da nombre a tu distrito se extinguen mientras cruzas el Puente del Diablo y, de pronto, se erige ante ti la Cruz de Juan Pablo II: el chofer forma un puño cerrado con la mano derecha, se golpea el centro del pecho tres veces –cada golpe más fuerte que el anterior– y se persigna. Se percata de que observas sus movimientos con atención y te mira como diciéndote “¿y tú por qué no te haces la señal de la cruz?”; pero, por suerte, él es más cauto:
–Hace un año se murió.
–Sí… –respondes y tratas de evitar el tema porque en esta ciudad casi nadie entiende lo que es el agnosticismo; miras la fachada de la cevichería El Puente y recuerdas ese plato sabatino que tu gastritis crónica te impide comer desde hace un buen tiempo: Choritos a la Chalaca.
–Estos últimos días le ando pidiendo que nos proteja.
–¿De quiénes? –le preguntas acomodando tu corbata.
–De todos estos políticos cochinos y mentirosos.
–Ojalá lo escuche…
–Esta cruz la construyeron para la llegada del Papa –te dice como si tú no lo supieras–. ¡Cómo se pasa el tiempo, no hay vuelta que darle! Eso fue a mediados de los ochentas, tú todavía eras un chibolo…
–Yo tenía cuatro años, ¡cómo no me voy a acordar!, toda mi familia se congregó de madrugada en la avenida Pumacahua para verlo bajar del aeropuerto en el papamóvil –Y toda tu mente se desplaza al año 1985: el frío del alba mistiano, las masas de gente apostadas en las orillas de la avenida, la pista ornada con rosas y el Misti con el mejor semblante posible. Todos ansiosos, todos esperándolo. Todos con el absoluto convencimiento de estar a punto de ver a un hombre bueno y honorable, a alguien digno de ser admirado (y hasta venerado). Esa multitud tenía algo distinto, peculiar; estaba dotada de un alma colectiva: todos parecían sentir, pensar y obrar en torno a la imagen del Papa. ¿Qué político peruano podría lograr hoy ese tipo de aquiescencia colectiva? ¿Qué candidato presidencial estaba en condiciones de agolpar a las masas de una manera tan rotunda y espontánea? No había nadie, nadie en absoluto… y eso te jodía… te jodía sobre todo porque tú tampoco hacías nada para cambiarlo.
Léelo todo en Todo vale... Nada valen... .

2006/04/04

La Revista Voces

La Revista Voces de Madrid tiene como misión el proporcionar un medio adecuado para la difusión de obras de calidad escritas por autores noveles en lengua castellana.
En su número Nº LIII del mes de abril aparecen dos relatos míos. Los puedes leer visitando dicha página:

2006/04/01

Peor es nada

Publicado en la Biblioteca Cervantes Virtual
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Peor es nada es un microrrelato donde una verdad tácita desdice y afirma una extraña relación de pareja.
Lee la historia haciendo clic aquí: Peor es Nada

2006/03/25

¡LOURDES ESTÁ CASADA!



¡Lourdes está casada! Subrepticiamente, como afirmaría algún miope complaciente, pero bien casada, y hasta religada. Estamos ad portas de las elecciones presidenciales y, por fortuna, no son pocos los que han caído en la cuenta. Está casada con la plutocracia; Flores Nano es cónyuge de la insensible derecha que alberga a ese manojo de ricos que quieren eternizarse en el poder (y, así, ampliar la ancha franja que existe entre ellos y el pueblo ignorante… ignorante porque ignora lo que es progreso, bienestar social, justicia… y hasta ignora, ¡qué más da!, el significado de la palabra esperanza).

Humala tiene mujer y ambos, por notorias afinidades, han gestado un camino nefasto: el nacionalismo debería ser una razón rotunda para tacharlo de por vida, para desestimar de saque su propuesta con una arcada patriótica. Pero su demagogia encandila y cala profundo: sus maximalismos de progresista barato incendian una pradera que ya arde por culpa de las promesas incumplidas, la vergüenza ajena y la impotencia popular. Es comprensible: ¿quién no quisiera mandar a la hoguera a esa sarta de oportunistas, bribones y ladrones?

Alan es el árbol que creció torcido. Sus verborreas, mea culpas e histrionismos aquilatan la validez de esa frase que dice "la política es el arte de la mentira". García Pérez miente. Quiere encorsetar, corregir o al menos edulcorar sus desvaríos; pero es un juego. Es un actor talentoso que quiere volver a ser el director de reparto. Para el casting sólo hay un requisito: mostrar con beneplácito la credencial con la estrella roja. Y entre ellos, como antaño, se hará la repartija (un pésimo reparto, desde luego, porque la Casa del APRA no es ni será la Casa del Pueblo).

Ahí tenemos a la terna. Uno de ellos será nuestro futuro presidente. Seamos coherentes: si nuestra política está tan viciada, tan moralmente corrompida, entonces emitamos un voto acorde. Viciemos el voto. No creo que suene a disparate en el país de lo kafkiano: ¡estamos hartos, ya no queremos tener presidentes!

Borges, seguramente invadido por un optimismo desproporcionado, dejó dicho: "Quizá los hombres merezcamos algún día que no haya gobiernos". ¿Será posible?

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Imagen: el célebre Jesús Lora cercado por la sincera DERECHA, la IZQUIERDA apócrifa y el truculento RETROCESO... ¿Por quién votará? A su Derecha Flores Nano le muestra el dedito (¿se lo meterá a la boca?). A su falsa izquierda aparece Humala con la misma táctica que llevó a Fujimori al poder ("no a los partidos tradicionales... sí al salto al vacío"). Atrás, García Pérez, fiel imagen del búfalo que se abre camino como sea. La carrera hacia el poder de cada cinco años: Lo que menos importa es el pueblo.

2006/03/09

Jorge Eduardo Eielson

De no ser por Reynoso, yo, ignorante, no sabría quién es (no digo quién fue porque su literatura lo sobrevivirá) Jorge Eduardo Eielson (1924–2006). Todavía recuerdo como, yo, hundido en un silencio admirativo le escuché decir, “es que tenemos que entender qué es la poesía: ¡es la expresión de la belleza! Esa expresión de la belleza tú la puedes expresar a través de la palabra, de la música, los colores, a través de las formas. La belleza tú la puedes expresar por diferentes medios. Ése es el concepto que tiene Eielson, por eso cuando publica su primer libro le pone Poesía Escrita, porque él también hace poesía pintando.

Esta mañana, leyendo el blog de Gustavo Faverón, me entero de que Eielson ha fallecido en Italia. Acá, como el mejor tributo que se me ocurre darle, les entrego un fragmento de un libro que justamente me encontraba leyendo estos días.

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(...)


–¿Tienes algo que hacer mañana?

–Nada –contesté sorprendido.

–Siéntate entonces y juega, ocioso –mi tío ganaría siempre en tales juegos. Sus artimañas eran ya más viejas que la tierra y yo no podía competir con él. Podía, eso sí, borrarlo para siempre de mi existencia. Porque él podía jugar con la vida de los indios, apoderarse de sus tierras, juntar monedas de oro en un banco de provincia, emborracharse como un odre, insultar a todo el mundo, pero no podía jugar con las palabras, no podía afrontarme en esta partida de revancha en la que yo toda la vida habría de ganarle, aún después de muerto. Campas, amueshas o cashibos no podían subsistir fuera del cono de sombra que arrojaba mi tío, pero sus verdaderas vidas las compartían sólo con sus dioses. A ellos iban sus ofrendas de pájaros multicolores, sus olorosas joyas de semillas y dientes de mono, sus miserables muñecas de barro cocido, sus libaciones nocturnas bajo la luna llena. No hablaban mucho entre ellos, pero reían y cantaban siempre, chapoteando sobre sus propios excrementos devorados por los piojos y la tenia.

¿Qué sabes tú, Dogaresa, de tales santuarios humanos? ¿Los altares de San Pedro se enrojecen acaso cuando muere un cashibo en la selva del Perú? ¿Desaparece la sonrisa de La Gioconda? ¿Cae la torre de Pisa? ¿Venecia se hunde un poco más en el pantano que la espera desde hace siglos? Tu Gran Traje de Seda es el luto que yo te impuse para vivir a mi lado. Tú lo aceptaste. Lo arrastraste en las grandes ocasiones: ir al bistrot de la esquina y tomar un rouge y unas papas fritas, por ejemplo. Aceptar la invitación de un gordo insolente que te hacía la corte en mis propias barbas.

A veces hasta comprar una baguette debajo del hotel, con tu Gran Traje de Seda y baja por la escalera crujiente y hedionda de orines y humedad. Pero sobre todo aceptar la invitación de un gordo insolente que te hacía la corte en mis propias barbas. Un viejo amigo mío, decía él. Un gordo con hijos, además. Pero con automóvil y cuenta en el banco. Una terrible cosa que sudaba en pleno invierno y se llamaba Giuliano. Es decir Giulia con ano. ¿No te conté nunca quién era Giuliano? ¿Quién había sido antes de convertirse en ese gordo vestido de azul con camisa blanca y zapatos lustrados? Todos los años Giuliano dejaba mujer e hijos en Lima y volaba a París o Roma absolutamente convencido de que yo podía ofrecerle todo cuanto poseía, y que –él lo sabía bien– no era sino tu cuerpo. Como ello no sucedía, me arrastraba siempre a Pigalle o a la Pissaggiata Archeologica. Giuliano bufaba e invitaba a diestra y siniestra. Las putas lo adoraban. Las cargaba en el coche y terminábamos en su hotel. Al día siguiente las despedía y me deslizaba a mí también un cheque “para que te comprara ropa, pobre muchacha, se ve que te quiere mucho”. ¡Como si tu Gran Traje de Seda no bastara! Y “estos artistas locos que no piensan en el mañana” se miraba en el espejo y yo me arqueaba de náuseas simulando que reía contento y feliz, y él se vestía de nuevo esta vez de marrón color mierda cagado por dentro y por fuera y me preguntaba cómo le quedaba esperando que le lamiera el culo y yo se lo lamía porque pagaba anticipado y decía: “¡Formidable!”, y él me invitaba a tomar a tomar desayuno sin dignidad de mi parte y sin el menor embarazo de la suya me preguntaba qué cosas hacía contigo en la cama y que cuántas veces te lo metía y si te gustaba chuparlo y si no me ponías cuernos de vez en cuando y si no habíamos probado el menaje-à-trois con otro hombre puesto que a mí me debería gustar y ella ni qué decir. Luego el pobre Giuliano me hablaba de sus millones y de su fábrica y edificios en construcción y de la santidad de Blanquita, su mujer, y de la fantástica inteligencia de Jhonny y Robertito, sus hijos, que ya estaban en la universidad y estudiaban química industrial e ingeniería eléctrica en los Estados Unidos, naturalmente.

Giuliano, Dogaresa, es decir tú con ano, con panza, con zapatos lustrados, con millones. Algo incurable. Giuliano, dueño de fábricas de helados y chocolates. De margarina y ladrillos. De puertas y ventanas. Pero, sobre todo de helados y chocolates. ¡Quién lo hubiera dicho! ¿Sabes tú que era hijo de un italiano y una chuncha? ¿Qué era casi analfabeto? ¿Qué apenas llegado a Lima de San Ramón “una dama de mucho nombre” se enamoró perdidamente de él? Era un muchacho muy guapo, entonces, Giuliano. Las mujeres se morían por él.

Jorge Eduardo Eielson, Cuerpo de Giulia-no

2006/03/01

Hablando de gordas...

Acabo de revisar un comentario que me llamó mucho la atención. Me lo envía gentilmente Lilith (mnemosina@elparnaso.com), y analiza mi narración Ella se sabe gorda:

Es interesante el contraste que le has dado a la historia entre el párrafo del principio, que tiene una nota de esperanza, y el del final, que termina en un quejido desanimado. Has captado perfectamente la amarga frustración, tan pocas veces comentada pero tantas veces sufrida, de aquellos que van de dieta en dieta y esfuerzo en esfuerzo, sabiendo que todo es inútil, ya sea por su propia falta de constancia y entusiasmo o por la inevitabilidad de su constitución.

”El texto se permite ser de lo más prosaico y, a la vez, tocar esa vena sensible que tantos tenemos en este medio que nos obliga a ser estéticamente muertos de hambre y nos culpabiliza si no lo conseguimos. Muy interesante.


2006/02/20

QUIPU: LITERATURA DESCENTRALIZADA




Antes que nada, le agradezco a Gustavo Faverón (GF) por haber dado un paso que estimo fundamental rumbo a la tan necesaria descentralización de nuestra literatura.

Que nuestra literatura es tan rica y variada como nuestra gastronomía es una verdad que nadie puede discutir. Tampoco se puede discutir otra verdad que –y lo digo con mucha pena y desazón– ha pasado a ser un dogma: si no escribes desde Lima o pensando en Lima estás condenado al, si cabe el término, ostracismo literario: al destierro (y en el mejor de los casos a la indiferencia) del circuito editorial capitalino. El escritor provinciano es (salvo raras excepciones), el réprobo por antonomasia en un oficio que ya es de réprobos; es la pluma que no tiene acceso a un tintero teñido de centralismo (la literatura lamentablemente tampoco puede mantenerse indemne de los vicios que dictan que EL PERÚ ES LIMA y que LIMA ES EL PERÚ).

La idea de GF de aprovechar, de exprimir al máximo las oportunidades que da la red de redes (internet) para difundir las elucubraciones de autores del interior del país (sin cerrarles la puerta a los autores de la capital), me parece inestimable.

Ojalá este novel proyecto tenga el éxito que se merece. Felicito nuevamente a GF, quien, sin estar en el país, pone su necesario aporte en busca del engrandecimiento de nuestras letras. Muchos de los que sí estamos acá deberíamos emularlo.

QUIPU: Literatura Descentralizada”, es el nombre del proyecto que busca publicar en soporte electrónico a autores “que, por uno u otro motivo, tengan dificultades de acceso a los medios masivos de comunicación o al circuito editorial”.

Los invito a leer un par de relatos míos recientemente aparecidos en QUIPU.
"Tendré que confiar en ella" (242 palabras):
"3:15 p.m." (992 palabras):

2006/02/18

3:15

Es algo más que simple: que yo recuerde, me pasa todos los días y dura sólo un minuto, raras veces dos. Mi ojo izquierdo se trastorna justo a las tres y cuarto de la tarde. He hablado al respecto con infinidad de oculistas y ellos siempre, dibujando sonrisas incrédulas o musitando ñoñerías, han dudado de la veracidad de mi singular afirmación. Los más generosos me tildan de hipocondríaco; otros –hablo de los peores– me recomiendan sin el menor empacho a curanderas o loqueros y asocian lo mío a paranoias y delirios pasajeros. ¡Ya estoy harto de los escépticos de bata blanca!
En cierta ocasión, tuve a mal el tomar una previsible decisión: asistir a una nueva consulta médica exactamente a las tres de la tarde. De esta manera, un experto en la materia estaría a mi lado en la hora crucial.
-Ahora veo distinto, doctor –le informé señalando mi ojo izquierdo con ambos dedos índice. El consultorio era el más escueto de todos los que había pisado: apenas había un minúsculo reloj de pared escoltado por un par de diplomas del colegio médico. Eran, pues, las tres y quince.
-¿Cómo dice? –me preguntó acercando el oftalmoscopio… ya me sabía de memoria el nombre de ese aparato que no servía para nada que no fuera perder el tiempo.
-Con el izquierdo, doctor, el problema es con el ojo izquierdo. De mi ojo derecho no tengo quejas.
-¿Ve o no ve con el ojo izquierdo?
-Veo, pero veo cosas que no quisiera ver, ése es el inconveniente. Veo cosas que, ¡créamelo!, preferiría no ver.
-¿Qué ve?
Recién acababa de conocer al doctor Camargo. Apenas quince minutos atrás le había estrechado la mano por primera vez en toda mi vida –me lo recomendó mi primo Nemesio, decía que era de los mejores oftalmólogos de la ciudad –; pero con el ojo izquierdo veía muchas cosas ocultas, íntimas: la noche anterior, saliendo casi a escondidas de un prostíbulo de la avenida Ejército… corriendo hacia su auto… ¡Está muy asustado! El pobre no lo puede ocultar: tiene miedo de que alguien lo reconozca. Sube a un vehículo plomizo y, nervioso, se seca el sudor de la frente con su corbata cuadriculada. Mira hacia todos los lados y recién enciende el motor…
-Veo su canita al aire de anoche, doctor –le dije con la mayor naturalidad del mundo-. Eso es lo que veo: ayer usted se fue de putas.
Se sonrojó y empezó a sudar, pero esta vez no se secó la frente con la corbata (era la cuadriculada, la misma de ayer), sino con un pañuelo que sacó de uno de los cajones del escritorio.
-No sé de lo que me habla… –me dijo agachando la cabeza y regresando el pañuelo al cajón.
-¿Quiere que siga? –le pregunté.
Bastaba mirarlo para saber lo que el infeliz quería: que me retirase cuanto antes de su consultorio. Las imágenes, una tras otra, seguían desfilando por mi ojo izquierdo: tres jóvenes, seguramente sus hijos, todos lejos, muy lejos… una mujer con la cabeza rapada, el rostro desencajado y un cuerpo depauperado que reposa en una cama de sábanas rosadas: ¡era su esposa y estaba muy enferma!
-Los tres se fueron para siempre –le dije con mucha pena.
-¿Quiénes? –me preguntó pasmado.
-Sus hijos, doctor. No los volverá a ver.
-¡Qué sabe usted de mis hijos! –exclamó dibujando un mohín de desprecio-. ¡Loco! Está usted medio loco… y si no medio, entonces completamente.
Lo miré estudiando todos sus movimientos y quise decirle que el único loco era su hermano mayor (estaba atado a una camisa de fuerza en la habitación de un hospital que yo no alcanzaba a reconocer)… pero eso no venía al caso, además había cosas más importantes que decirle:
-Vaya a verla pronto, no pierda más el tiempo conmigo.
Me miró, pero esta vez ya no pasmado, ahora estaba totalmente aterrado. Se soltó la corbata y me preguntó:
-¿Qué carajos le pasa a usted?
-A mí nada pero a su mujer, en cambio, le está pasando de todo: va a morir esta noche. Ella ya lo presiente, por eso quiere verlo, quiere ver a sus hijos… Oiga, disculpe que me entrometa, pero me parece inaceptable: ¡su mujer está en las últimas y usted que se va de putas! Vaya, doctor, ¡vaya a verla ahora mismo! Despídase y dígale que ellos no volverán… No sea cobarde, ¡dígale la verdad!
-¿De qué verdad me habla, loco de mierda?
-De la verdad, la verdad más oculta… la verdad que su mujer se iba a llevar a la tumba: ella se acostaba con ese tipo alto, bigotón, el de la casa de rejas y el jardín de magnolias, creo que es su vecino.
Se paró deprisa de su asiento y me lanzó un bofetón tan fuerte que casi me tira al suelo.
-Creo que es su vecino, doctor… –fue lo último que le repetí.
-…También mi mejor amigo –me dijo y, como un poseso, salió corriendo del consultorio. ¿Hacia dónde? Eso sólo Dios lo sabe.
A los dos días pasé deliberadamente por el cementerio. Estaban enterrando a la esposa del oculista. Había muy poca gente, apenas un racimo de veinte personas. No estaban ni el doctor Camargo ni sus hijos… tampoco su vecino (el sujeto del mostacho, de las rejas y las magnolias). Mientras me preguntaba qué habría sido de ellos dos, me acerqué al cortejo fúnebre percatándome de que todos me miraban extrañados. Al poco rato, me di cuenta de que estaban esperando al párroco del cementerio para rezar el responso. El Padre Joaquín era célebre por su impuntualidad.
-¡Qué barbaridad, no llega el Padre! –exclamó una mujer que estaba casi a mi costado. Me miró, se abanicó el rostro y lo pensó bastante antes de preguntarme-: ¿Qué hora tiene usted, por favor?
-Las tres y diez –le dije muy angustiado, y salí casi corriendo del cementerio. No hubiera sido nada saludable el estar allí a las tres y cuarto.
08-II-2006

2006/01/23

Suspiro Surrealista

Publicado en Gambito de Peón
de Ricardo Sumalavia.
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Ayer franqueé ariscos ríos voladores de enardecidas aguas sólidas, y alcancé a auscultar una miríada de cebras violetas con cuernos de unicornio gallego.

En un sendero evanescente, me bramaron un millar de perros sofistas (que, de rato en rato, maullaban como anacondas astrales); y, más luego, me hicieron ceremoniosas venias unos gatos políglotas (que ladraban en silencio como los alacranes marinos del desierto de Atacama).

Arribé, extenuado, a un paraje locuaz en donde olí a nerviosas estatuas de sillar que, movedizas, inhalaban un viento pétreo; y se me aproximaron unos huracanes de olores amargos (y con sabores hirvientes): fui, allí, presa de un kilo de colores transparentes bañados en una oscuridad luminosa que provocó incipientes risas entre almas de hojalata y masas etéreas.

Y, con la ayuda de un tentáculo de alfil londinense, tomé presurosa nota de sucesos inextricables que devendrían en el otoño: Mayorías ricas y minorías pobres, ¡Liberales bermellones y Comunistas anémicos!, ¡Incas que invadirán Madrid y Aztecas que devastarán Barcelona!

Cuando sentí mi propia muerte, un cuervo níveo me masculló entre sollozos turgentes: “La América será para los americanos y no sólo para los de la buhardilla, sólo habrá armas de juguete… y panes de a verdad. Las fronteras serán de cartón y las manos estarán enlazadas...”
Yo, antes de despertar, lamí al cuervo con el ombligo de la oreja de mis caderas, y le dije: “Esto es una patraña, Odiseo: ¡es un suspiro surrealista!”.
© Orlando Mazeyra Guillén, 2006.