«Salieron, y si en Dahlmann no había esperanza, tampoco había temor. Sintió, al atravesar el umbral, que morir en una pelea a cuchillo, a cielo abierto y acometiendo, hubiera sido una liberación para él, una felicidad y una fiesta, en la primera noche del sanatorio, cuando le clavaron la aguja. Sintió que si él, entonces, hubiera podido elegir o soñar su muerte, ésta es la muerte que hubiera elegido o soñado» (Jorge Luis Borges, El Sur).
2009/07/24
2009/07/16
Mi ídolo es lo más alto de América

Juan Sebastián Verón es uno de mis máximos ídolos de mi primera juventud. Todavía recuerdo con emoción cuando ATV empezaba a transmitir con el 'flaco' Barnechea el clásico del domingo del fútbol argentino y podía ver a ese Boca de antología con Maradona, Caniggia,Verón, el 'Kili' y Martín Palermo (otro hincha pincharata).
El Zidane sudamericano de la pelada brillante y del semblante pícaro es un icono inobjetable del fútbol argentino: el talento congénito, el pase preciso y la sapiencia de los predestinados.
Al ver a uno de mis referentes silenciando el estadio Mineirao y levantando el título más importante del fútbol mundial a nivel de clubes, pienso que a algunos el destino les depara una sola palabra: GLORIA.
¡Viva Verón, viva el fútbol argentino!
2009/07/14
La hora del lobo

Quisiera hacerle una pregunta. Escuche: ¿no es cierto, que una mujer que vive mucho tiempo con un hombre acaba, con los años, pareciéndose a él? Quiero decir, que lo ama y trata de pensar como él. Y ver todo como él. Dicen, que las personas cambian. ¿Qué es lo que puedo empezar a ver en los otros? ¿Qué es, después de todo, lo que ellos buscan? Si no le hubiera amado tanto y me hubiera preocupado menos por sus cosas, ¿acaso le habría protegido mejor? O será quizá, que no le amé suficiente como para sentir celos. Será por eso que esos caníbales, como los llamaba, nos han causado tanta aflicción. Yo creía estar muy cerca de él. Y él decía que se sentía cerca de mí. Y eso fue definitivo. Si me hubiera quedado con él... Pienso siempre en estas cosas. Me hago preguntas. A veces, no sé qué hacer… y me quedo callada.
2009/07/07
2009/07/03
Los abrazos rotos

2009/06/25
Adiós al barrio

José Antonio: alguien que se detenga en cada una de tus obras, ¿te vería más como poeta o como narrador? ¿Quizá prefieres ser un escritor a secas?
¿Crees que el barrio es el único reducto donde fuimos verdaderamentefelices? ¿Qué representa el (tu) barrio para ti?
Si un lector te confiesa que todavía no ha leído ninguna de tuslibros: ¿por cuál le recomendarías que empiece y por qué?
¿Tú crees que se aprende a escribir? ¿Acaso serías capaz de dirigir un taller para escritores?
¿Cómo crees que se ha comportado la crítica respecto a tu obra?
¿Cuáles han sido las últimas películas que viste y, a su vez, el libro que estás leyendo?
Si mañana te dijeran que, a partir de mañana, sólo podrás vivir si nolees ni escribes libros, ¿qué harías?
Al escribir ADIÓS AL BARRIO, ¿volviste al barrio o lo cambiaste para siempre?
Dime un buen lugar para morir (o para dejar de escribir)…
2009/06/11
ESPOSA Y AMANTE
En una entrevista con Joaquín Soler, el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti confesaba que para escribir carecía de disciplina, sistema o método. El decía: “Yo no puedo ir a sentarme a la máquina de escribir, o sentarme con el lápiz, de tal hora a tal hora. Me es imposible hacerlo. Yo tengo arranques, ganas de escribir de un momento a otro, y de ahí viene la confusión porque tal cosa va a la libreta número 7, otra es un recorte de papel, a lo mejor un papel que me llevé de la confitería y después todo eso es un embrollo, ¿no? Además muchas veces me pregunto si yo escribí esto, o cómo juega esto otro dentro de la novela”.
Vargas Llosa, adoptaba (y sigue adoptando) la postura de un oficinista, se sienta a escribir, todos los días, de tal hora a tal hora.
La vieja y consabida anécdota literaria dice que en un hotelucho de San Francisco, en donde discutieron el uruguayo y el peruano. Onetti le dijo: “Mira, Mario, lo que pasa es que tú con la literatura tienes una relación conyugal, tienes que cumplir todos los días y de tal hora a tal hora; y para mí, en cambio, es una relación con una amante, cuando tengo deseos de escribir entonces escribo: loca, absurdamente”.
Dos opciones distintas, opuestas, pero ambas con resultados sobresalientes.
Yo, en cambio, humildemente confieso que soy un oficinista por deformación profesional. Aunque carezco de profesión: porque soy analista de sistemas, pero no soy ingeniero ni deseo serlo. Así como tampoco soy escritor, pero sí quiero serlo (y a veces creo serlo). Oficinista a regañadientes tengo que fingir que ‘trabajo’ mientras escribo. O lo que es peor: hacer ambas cosas a la vez. La idea que da pie a la construcción de cuentos es repentina, viene de un momento a otro como un movimiento telúrico, muy similar al caso de Onetti: entonces la literatura es, todavía y muy a mi pesar, mi amante. Pero aspiro a que pronto –y para siempre– sea mi mujer.
2009/06/07
2009/05/17
Réquiem con el alma
Mario, quiero contarte que hoy creí estar en el cielo (acaso, por jugarreta que el destino les depara a los escépticos, ¿ya estarás por ahí tomando mate y recitándole algunos inéditos premeditados a Jesucristo, Marx y Freud?). A orillas del Titicaca hay un pueblito llamado Pomata, una suerte de antesala al infinito donde la mano del hombre resulta siendo un agobio futurista que haría las delicias de Verne y compañía; una válvula de escape en estado basal plagada de ambientes que –al igual que tus poemas– podrían sensibilizar a un hombre de piedra o de hojalata. Estuve durante horas frente a un mar dormido, tan quieto como ahora debe andar tu cuerpo, maestro (tu palabra, en cambio, está más viva que nunca y, como sólo acontece con los predestinados, decidió sobrevivirte desde que garrapateaste tus primeros borradores).
¿Que por qué le escribo a un muerto? No lo sé, sólo me dejo llevar por ese mismo impulso que me invita a releer con devoción tus cuentos y poemas.
Hace tanto tiempo quería escribirte una extensa misiva a puño y letra –así como lo hice con Ernesto Sábato cuando le dije que yo era Juan Pablo Castel y que no estaba loco, ¡ese túnel existía, y aun existe!– pero no encontré tu dirección postal en la guía telefónica de Uruguay.
Fue sabia tu decisión de borrarte de las páginas blancas de ese mapa para impertinentes, porque te hubiera telefoneado tantas veces que mejor lo olvidamos. Ahora ya sé que nunca podré hablar contigo y que la carta en donde te confiaba que la búsqueda de un retazo de felicidad en (y mediante) la literatura es la quimérica razón de mi existencia. A propósito de eso: ahora que ya cerraste el paréntesis sabrás si la existencia tiene algún sentido, poeta.
Lo que no sabes es que justamente hoy, en la sierra peruana, un escribidor confundido empezó a leer Memorias de Adriano y recordó a ese uruguayo moribundo que, ¡pésima ironía!, lo había sacudido con Réquiem con tostadas: “he llegado a la edad en que la vida, para cualquier hombre, es una derrota aceptada. Decir que mis días están contados no tiene sentido; así fue siempre; así es para todos”.
Así es para todos, Mario. Pero no todos podrán escribir un diario existencialista como La tregua, o poemas de la envergadura Hagamos un trato o Te quiero. No todos pertenecemos a esa extraña estirpe que, jugando en serio con las palabras, suele cambiar la vida de las personas.
¿Algo más, Mario? El mal de altura, también llamado soroche por estos lares quechuas, es un perfecto coqueteo con la muerte. Cuando sientes los amagues del vahído, dudas, mientras luchas por una bocanada de aire quieres creer en Alguien superior que, aparte de salvarte del inminente trompicón, pueda tenderle la mano simbólica al Hombre para borrar lo que hizo la otra mano (la siniestra, la que nos deshumanizó a punta de canalladas que hoy todos llaman noticias). Que yo también sufra un mal gástrico crónico no es sólo una anécdota que no viene a cuento: tómalo como una argucia que me hace sentirme más cerca a ti, hermano.
Hace mucho tiempo un amigo poeta me invitó a ver Vivir, una película de Kurosawa que me hizo prometerme con fervor escribir algo digno de recordarse antes de cerrar el paréntesis. Podrás darte cuenta que, por pereza o falta de talento, estoy haciendo bien poco (dame el beneficio de la duda, ten en cuenta que tengo un padre que habla con nadie en el excusado y que esta misma tarde se dijo a sí mismo “Me da pena mi hijo”… y no hablaba de mí, Mario. A veces creo estar muerto, aunque, de ser así, ya sabría si en verdad La muerte es una joda).
Volvía de Pomata a esta civilización en donde el desasosiego prefabricado y las gripes de laboratorios porcinos ofician de titiriteros duchos y, de pronto, la radio lo informó fríamente: Mario Benedetti ha muerto. Punto aparte.
El locutor deslizó una escueta biografía que no decía nada de ti, pero delataba mucho del mal tiempo que vivimos. Un flashback, a manera de pararrayos contra la nada, me sacó del mazazo de saberte muerto: una madrugada de año nuevo, en La Punta, Camaná, ríos de licor y mares de poesía. El Búho –un viejo amigo– recitando Táctica y estrategia antes de dar cuenta de una botella de cerveza bebida del pico. Entonces vivir otra vez valía la pena y salud por Benedetti, ese uruguayo universal al que todos debemos recordar cuando nos quedamos inmóviles al borde del camino, cuando congelamos el júbilo, cuando queremos con desgana, cuando nos llenamos de calma.
Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia, este réquiem lo escribí con el alma, es cierto que debí hablar de ti y sólo hablé de mí hasta la impudicia; pero hablé de mí pensando en ti (táctica y estrategia, escritor): NO TE SALVES AHORA NI NUNCA. NO TE SALVES.
2009/05/11
El ateo sexual... también en La Salle (*)

2009/04/15
Un pez sacado del agua...
En el blog El Salmón (crónicas sobre peces sacados del agua y sobre peces en el agua) aparece una crónica gris que quiere llegar a ser roja. Empieza así:La vida es un continuo aprendizaje, dicen los que saben. Y yo, que no sé nada, desconfío (mi experiencia lo hace obstinadamente), porque no aprendo: me desprendo (de ideas, afectos, pulsiones y sensaciones de toda estofa, que un día iluminaron mi presente y me anunciaron un futuro que guardaba cierta simetría con mis sueños, ¡tamaño disparate!). Si algo me ha enseñado la vida es que hay cosas que pasan, cosas que pesan, y nos hacen más duros, gélidos –quiero decir indolentes–, porque en realidad nos endurecen el corazón, el sexo, las manos, la piernas o el semblante que le mostramos a esa realidad que siempre se las ingenia para sacarnos la vuelta (“la muerte es una amante despechada, que juega sucio y no sabe perder”).
Camino por la Plaza de Armas tratando de olvidarme de mí mismo y pienso que hay gente con caries, migrañas, pies planos, várices, escoliosis, cáncer o sida. Y habemos otros que –aparte de la gastritis crónica producto de la ansiedad, el alcohol y las caparinas– estamos enfermos del corazón. ¿Alguna cardiopatía?, preguntará el especialista. No, ¡qué va! Hablo de cosas más profundas que ningún bisturí podrá siquiera rozar simplemente porque no están dentro de mí, sino “lejos, en el centro de la tierra: las raíces del amor donde estaban quedarán”.
2009/04/07
7 de abril de 2009: LA JUSTICIA HABLÓ (que el asco no meta su cuchara)
Pero no todo es color de rosa, hoy más que nunca tenemos que estar atentos: nadie puede descartar que más pronto que tarde el aprismo metería su cuchara, como suele ser su costumbre. Alan García ya lo ha dejado en claro en uno de sus raptos de sinceramiento alevoso: él decidirá (como ya lo hizo en 1990) quién será su sucesor. Es más que probable que el líder del Apra le allane el camino a la hija del sátrapa y –toquemos madera con todos los nudillos de pies y manos– le regale el indulto a su padre antes de retirarse para siempre de Palacio de Gobierno. Gesto inequívoco de la más cínica simpatía… si no pregúntenle al autor de Conversación en La Catedral, que hoy preside la comisión del Museo de la Memoria.
Contrario a lo que parece, esto no ha acabado: recién empieza. La historia tiene giros azarosos y puntos de inflexión que son casi siempre insospechados y en donde el derrotado, luego de supercherías y reveses propios del realismo mágico, resulta siendo el vencedor (para muestra un botón macondiano: Alan García, ayer asilado político en la tierra de García Márquez, hoy es el presidente del Perú).
Prohibido olvidar: hace 17 años, Kenya Fujimori instauró la dictadura más hedionda de nuestra historia republicana; hoy, esta pena (de muerte, por la edad del ex-aspirante al senado japonés), puede servirle como espaldarazo definitivo a su hija Keiko que pretende ser la primera presidenta del Perú (las elecciones la han puesto a la cabeza en la encuestas limeñas y, además, como virtual ganadora en una posible segunda vuelta con Ollanta Humala).
Lo que viene de aquí en más es esa guerra sucia y encarnizada, plagada de supuestos mesías, outsiders y payasos de diversa laya, que es, por definición, toda contienda electoral en nuestro país. ¿Los candidatos? Por ahora bosquejemos una terna del espanto: Keiko Sofía Fujimori Higuchi, Ollanta Humala Tasso y posiblemente Jaime Bayly Letts. ¿Alguien más? Mejor no seguir porque en esta lista la escoria se confunde con la falsa izquierda y, por si fuera poco, asoman ribetes cómicos y, cuándo no, disforzados e hipócritas a más no poder.
El recurso del gobierno de turno –utilizado en su momento para ensuciar al Fredemo y tumbarse a Vargas Llosa– será educar al electarado (sic) en la cultura del terror (se le podría llamar terrorismo periodístico, sin querer sonar aparatosos): no votar por quien representa el cambio, no votar por los que prometan que los crímenes de Cayara, Accomarca y El Frontón no quedarán impunes.
Lo sabemos todos: en política la escuela del terror da cuantiosos resultados; es por eso que hoy estamos embarcados en ese socarrón “cambio responsable” que enarbola este aprismo de petroaudios y ratas gordas, cleptómanas y soberbias que le siguen regalando el país a los chilenos.
Los libros de historia (la oficial, la que todos deberán leer y aprender) dirán que el 7 de abril del 2009 la justicia habló y nos dio un respiro en esta ciénaga de la sordidez y la inmundicia. Ojalá, pues, que el 28 de julio de 2011 todos juntos ratifiquemos el cambio y no repitamos errores del pasado. Mejor que mejor si no precisamos de taparnos la nariz cuando acudamos a las urnas.
Ojalá erradiquemos al electarado y lo convirtamos por fin y para siempre en ELECTORADO. Hoy festejamos que Kenya Fujimori morirá en prisión. Ojalá pronto logremos que otros lo acompañen.
Porque sólo los imbéciles y los fanáticos enceguecidos vieron en Fujimori a nuestro Chinochet. Y esos son los mismos que seguramente verán en Keiko a nuestra Michelle Bachelet en versión peruano-nipona. No queremos a Kenyi colocando sus posaderas sobre una curul del congreso. Por favor, que nos dejen de gobernar el asco y la verguenza.
¡LA JUSTICIA HABLÓ! INSISTO: NO NOS SIGAMOS EQUIVOCANDO.
2009/03/17
Se investiga

“Ahora que todos los negros son buenos y todos los maricones unos seres muy simpáticos, a ver si la sociedad ésta se reúne y decide de una vez que no todos los violadores somos mala gente… Siempre será mejor violar a una mujer y dejarla viva, que no violarla y matarla. Yo no sería capaz de matar a una mujer, no tendría estómago para ello. Pero violarlas, les aseguro que no me produce ningún remordimiento”.
2009/03/01
Patada al tablero en Badosa

2009/02/26
Trayectos (*)

Lamí su sexo una y otra vez, con raptos incontenibles de rabia, que al sentir el umbral de la excitación, se tornaba en fetichismo absoluto. De pronto, una vieja rancia con aires de monja de clausura abrió la puerta y se persignó espantada antes de lanzar un grito enloquecido. Acudí al fondo de mi alma para espetarle en la cara: ¡no es ninfómana, ella no es ninfómana, es sólo una mujer que sabe amar!
Follamos, follamos y follamos sin el permiso de la policía. Cuando llegaron ellos, nos encontraron como siempre: con los ojos cerrados, sintiendo la rigidez del suelo, felices de la vida. "Esta gente está enferma, hacer eso con una niña", musitó un gendarme y me sentí más sano que nunca. El amor era un trayecto que seguía aguardando. Un trayecto enrevesado en el que si había alguien que cometía un delito, éste era el de la benigna pasividad, un trayecto donde el timón del velero errabundo era mi cuaderno de bitácora, y el olor de su sexo el afrodisiaco que abría las puertas del cielo. O del infierno, qué se yo. El placer tiene un poco de ambos. Además, ver a Dios transformarse en el diablo ya era una alquimia tan cotidiana que seguramente por eso nadie podía comprendernos.
Cabía la posibilidad de ser sólo sexo. Sexo y nada más. ¿Y eso, en un mundo tan hipócrita, realmente importaba? La mendicidad moral de los demás revierte todos sus insultos. ¿Pederastia? ¿Con qué se come esa palabra, imbéciles?
La idea del sexo como única verdad se había presentando ante mí desde que conocí a Camila, una muchachita de apenas catorce abriles. Todavía no recuerdo sí leí Lolita antes o después de conocerla. Aunque a la luz de los hechos acontecidos, eso era lo de menos. Lo que de veras importaba era el nuevo trayecto: los juicios, las insidias y calumnias de gente que juzga, pero no vive. Un trayecto repleto de ignorantes que ahora me miran perplejos sin saber que, ella y yo, siempre estuvimos por encima del resto. A eso es a lo que yo llamo Arte. Ahí, donde finaliza el trayecto, logro ver a Nabokov persiguiendo mariposas, mientras los fisgones hacen su ridícula tarea: criticar y exhibir sus estúpidas anteojeras revestidas de cojudez ampulosa. Cosa tan ridícula como la imagen de ese viejo que resbala luego de capturar un insecto que finalmente escapa de la red: el trayecto, entonces, no termina nunca. "Ponte a escribir", parece decirme. Y aquí estoy, haciéndole caso. Prefiero esto a cazar mariposas.
2009/02/23
LOS ÓSCAR: La noche de Milk, La dama del perrito, El Guasón y la loquísima María Elena
La dama del perrito, el infatigable Harvey Milk y la loquísima María ElenaEl viernes mientras revisitábamos Río Místico –o mejor dicho la media hora final del filme–, le comentaba a Johanna que Sean Penn es un actorazo que nunca termina de conmoverme, cada vez que que lo veo me sorprende una vez más esa capacidad sobrenatural para meterse en la piel de sus personajes. El salvaje personaje de Río Místico (con el que Penn ganó su primer Óscar) ya quedó muy atrás. En el 2008, apareció Harvey Milk, que al parecer fue el primer hombre abiertamente gay que alcanzó un cargo público en Estados Unidos, un activista, un luchador por naturaleza que da lecciones de moral y, sobre todo, de libertad. Ver, desde el comienzo de la película, a Penn besándose con varios hombres o ligando al paso con desconocidos el día de su cumpleaños, ya nos anuncia un largometraje de homosexuales que sólo quieren una cosa: ser libres (como Dustin Lance, que armó el libreto y recibió su premio emocionadísimo).
“Escribí unas líneas por si ustedes demostraban ser unos comunistas homosexuales”, mencionó Penn ironizando a los conservadores de la Academia que hace algunos años se negaron –¿a puro prejuicio? – a otorgarle el Óscar a la inolvidable Brokeback Mountain. “Ya es hora de los que votaron en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo piensen en la vergüenza que sentirán sus hijos”.
En Vicky, Cristina, Barcelona, Woody Allen le dio un papel tan rico a Penélope Cruz que ella no hizo más que tomar la posta de su actual pareja, Javier Bardem, y consagrarse como la mejor actriz de reparto y la primera mujer española en alcanzar un Óscar (Almodóvar lloró al enterarse y él se le dedicó el premio con especial a afecto, también a Fernando Trueba con quien Cruz dio sus primeros pininos en La bella época, en donde se la ve apenas como una niña, estamos hablando del año 1994, cuando ella tenía menos de 20 años).
2009/02/18
Maradona by Kusturica: Dios es el único ser que para reinar no tuvo ni siquiera necesidad de existir
En una de las tantas conversas entre el cineasta y el predestinado, el genio del fútbol mundial lanza una pregunta que viene a cuento“¿Sabés qué jugador podría haber sido de no haber tomado cocaína? Me queda el mal sabor de no saber quién hubiera sido”. Nadie lo sabrá jamás, Diego...
Fútbol, recuerdos, los grandes y los peores momentos del mejor jugador de fútbol de todos los tiempos (también hay espacio para la humorada con la célebre Iglesia Maradoniana). Viendo este gran documental me pude percatar de que Emir Kusturica no sólo es amigo del Diez; es, además, uno de sus incondicionales y se celebra.
¿Quieren saber lo que dice Emir Kusturica sobre Maradona?
"Si Andy Warhol estuviese vivo, sin duda habría puesto a Maradona entre sus serigrafías con Marilyn Monroe y Mao Tse-Tung". Sí, Emir, y es que la pelota no se mancha. Nunca.
Más, acá: Mi Cinema Paradiso.
2009/02/09
Mi propio CINEMA PARADISO


Las colaboraciones o sugerencias son siempre bienvenidas por esta vía o a mi correo electrónico: mazeyra@gmail.com
Empezamos ya con El color del dinero de Martín Scorsese, Leyenda Urbana (revisitando películas de terror) de Jamie Blanks y con la notable La familia Savage, película escrita y dirigida por Tamara Jenkins.
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2009/02/02
Un lugar en el mundo
Un lugar en el mundo de Adolfo Aristarain (1992)
2009/02/01
EL JUEGO VERDADERO

Volví a Arequipa para ultimar una crónica novelada sobre mi gran amistad con Edmundo de los Ríos. Al pisar el aeropuerto abrigué la esperanza de que en el fondo –y por esos azares del destino– fuera él quien, desde el más allá y cual cómplice perfecto, me hizo caer en alguno de esos juegos verdaderos y, así, me trajo de vuelta a casa para pulsear la ciudad blanca más negra, columpiándome entre la añoranza y el desconcierto: una ciudad nueva para un hombre viejo.
Un manojo de estudiantes de Literatura tuvieron la deferencia de organizarme una inmerecida recepción. Uno de ellos se ofreció gentilmente a alojarme en su departamento. Pero antes paseamos por el centro histórico, tomamos un café en San Francisco y conversamos de libros, cine y algo de política.José –así se llamaba el chico que me consideraba poco menos que un huésped ilustre– me preguntó varias veces sobre la amistad que mantuve con Edmundo. Le dije lo obvio: que nos conocimos en la redacción de Caretas y que a ambos nos gustaban nuestros buenos tragos. Seguimos dialogando animadamente en el taxi hasta arribar a Tahuaycani, el barrio en donde él vivía.
La habitación, aunque pequeña, era cómoda. Tenía baño, un televisor, una mesa ratona y un computador con conexión a internet: “Para que usted revise su correo cuando quiera”, me había indicado el muchacho antes de entregarme un manuscrito, “si quiere aburrirse puede leer alguno de mis cuentos, no son gran cosa, pero uno nunca sabe, ¿no?”. Accedí con un gesto paternal: “Tienes razón, José: uno nunca sabe”. Y se lo dije con una seriedad terminante, porque él ignoraba que yo no tengo, ni he tenido, un e-mail.
El chico me dio un tímido abrazo y me anunció que tenía una cita nocturna, le deseé suerte y me recosté sobre la cama. Lo sentí salir de la casa y, ¡ay!, también sentí el asomo del soroche. Los años no pasan en vano, pensé, y, cuando me aprestaba a hojear el primer relato, una mujer entró intempestivamente a mi habitación.Me estiró la mano antes de preguntarme si acaso yo era lo que soy: ¿Es usted el escritor? Asentí sintiéndome ridículo. Ella se llevó las manos al rostro y empezó a llorar desesperadamente. Sin saber qué hacer, le alcancé mi pañuelo, pero ella seguía echando lágrimas. ¿Qué le pasa, señora? No respondía nada, pero era un hecho que le pasaba todo. De pronto, se sentó en la orilla de la cama y me miró, lívida: “es el José, es mi José, anda perdido mi hijo, no sé cómo ayudarlo”.
Sentí un nudo en la garganta, mirarla a los ojos era como saltar al vacío. “No entiendo, ¿quiere decirme que él se droga?”. Me miró desafiante: “Eso jamás, señor… Para ser escritor es usted bastante despistado”. Es verdad, lo admití, pero ¿qué es lo que tiene su hijo?
–¡Quiere volverse escritor! –me espetó como culpándome de ese delito. Y dijo “volverse”, verbo traicionero que me hizo caer en la cuenta de que yo, a pesar de mis cinco novelas y de aquel malhadado libro de cuentos iniciático, todavía no me había vuelto escritor. El oficio ahora se presentaba ante mí como una tuerca que nunca terminaba de girar. Me faltaba otra vuelta de tuerca para volverme, por fin, escritor. Ella lloraba por fuera y yo lo empecé a hacer por adentro, por donde nadie mira, por donde anidan las fantasías del artista… del artista que siempre quise ser.
–Yo también –le dije muy suelto de huesos pero a la vez fascinado por la confesión–: Quiero volverme escritor y, si usted me lo permite, puedo ayudar a José.
–¿Me lo jura?
–No necesito jurarle nada: acabo de leer sus cuentos –mentí magistralmente–. En todos ellos no he encontrado más que talento. Su hijo ya es un escritor, sólo le falta un empujón y para eso estoy acá, señora…
–María José –me dijo su nombre con un semblante mudado–. Pero no me mienta, ¿en verdad le parece tan bueno?
–Sin duda alguna –afirmé–, pero nos falta una cosa…Ella dibujó el gesto más interrogativo que haya visto en mi vida. La tomé de las manos y, lentamente, la puse de pie. Ella se ruborizó ante mi mirada. Hubo un cambio repentino, me tuteó: “tus ojos son casi verdes”. Empecé a pasear mis manos por su cintura, afirmé su cuerpo contra el mío y subí hasta sus pechos, sintiéndolos, sopesándolos, anhelante: “ojos casi verdes para pechos casi firmes”.
–¿Qué nos está pasando? –se preguntó, turbada, mientras yo le desabotonaba la blusa.
–¿Alguna vez has jugado Rayuela, María José? –respondí a su pregunta con otra.
–Sí –asintió–, cuando era muy niña.
Jugamos Rayuela desnudos en su patio, y después se entregó a mí sin reparos. No tuve que decirle “ven a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará”. Y no se lo dije simplemente porque no hicimos el amor, sólo jugamos un juego: jugamos a ser desconocidos, a volvernos amantes fugaces, un escritor y una madre, una pareja itinerante. Un juego verdadero que hasta el día de hoy, a ella a mí (y al propio José) nos sigue sorprendiendo.
© Orlando Mazeyra Guillén



