2010/08/30

Mutilaciones (cuento)

A Carlos Bellatín, el Chino;
y Juan Carlos Gómez Boza, el Búho,
con afecto, cervezas y amistad.

Cuando empecé a crecer y a tomar conciencia de sus actos, papá me había dicho, con bastantes resquemores, que el tío Julio estaba «enfermo de la mente». Sería por eso que conversaba con los focos del comedor o, por las noches, bajaba la palanca de la electricidad dejándonos a oscuras y averiando, en más de una oportunidad, el viejo refrigerador de la abuela.

En sus momentos más complicados, se transformaba en un personaje inefable e intratable. Por suerte, estos episodios eran bastante infrecuentes. Y, a su vez, el tío Julio nos resultaba perspicaz y bromista en sus instantes de lucidez extrema.

En año nuevo salía, ocultando un vaso en los bolsillos, a tomar sus buenas cervezas con los vecinos de al frente de la casa, y por las mañanas encendía el televisor a todo volumen en el canal en donde transmitían un programa de ejercicios aeróbicos:
–Tío Julio, baja un poco el volumen –le reclamábamos, bostezando.
–Ellas me lo piden, las chicas lo piden –reponía él señalando a las esculturales mujeres de la pantalla chica–. Siempre me dicen: Julio, ¡te estamos siguiendo!

Cuando la abuela nos dejó yo lo vi llorar como un niño. Mas, al poco rato se repuso. Parecía otra persona, mudó su comportamiento como aquellos eximios actores de cine, y hasta encontró un buen pretexto para fumigar las penas:
–La mamá María está de viaje –nos informó a todos con aquel convencimiento con el que se deberían de decir las grandes verdades. Era (lo sigue siendo hasta el día de hoy) la mejor forma de soportar su desaparición. Y a todos nos gustó hacernos a la idea de que la abuela no estaba muerta. Después de todo, estar «enfermo de la mente» no era del todo malo, ¿verdad?

* * * *

Alguna vez, aburrido de sus ataques de esquizofrenia, llegué a espetarle una propuesta que me hacía recordar a la abuela:
–¿Y tú nunca piensas en irte de viaje, tío?
–Bien podría hacerlo: ya he cumplido, me he roto el lomo por la familia. Tengo millones en el banco y ustedes disponen de mi dinero como les da la gana.
–Bueno fuera, tío, bueno fuera...

–¿Sabes un gran secreto, Vicente? –me dijo una tarde en la huerta.
–Dímelo, tío.
–En esta casa, ¡nuestra casa!, he aprendido cómo es el mundo.
–¿Y cómo es el mundo? –indagué con afanoso interés.
–Es un poco más o menos así –me dijo y se agachó para arrancar una margarita–. Así empezamos: nos arrancan de buenas a primeras... y, poco a poco, nos vamos deteriorando... Al final quedamos de esta manera: una mutilación, una maldita mutilación, ¿comprendes?

Y me entregó la margarita sin pétalos. No sé por qué todavía la tengo guardada. La encontré reseca entre mis cosas, justo ahora que él decidió “irse de viaje”.

Dicen que salió de casa hace seis tardes, aunque podría jurar que no lo veo hace sólo cinco días. Vestía un pantalón café, sus raídos mocasines y la camisa de franela que le gustaba ponerse cuando lo llevaban al peluquero del centro de la ciudad.

Quisiera pensar que anda vagando por ahí. Que no se ha cruzado con ningún malhechor, ni mucho menos que haya retado a algún veloz microbús en las grandes avenidas.

–¿Qué será del loquito? –le escuché murmurar a mi vecina con cierta malicia cuando entraba a la bodega del barrio a comprar pan.
–¡A usted que mierda le importa! –le dije furioso y me quedé sin panes para el desayuno.

Yo sé que está loco, o «enfermo de la mente», como dice mi papá con cierto decoro. Pero cómo odio que los chismosos se llenen la boca comentando sobre su enfermedad, o fabricando motivos que supuestamente lo llevaron al desvarío: el sexo, las drogas, la brujería...

Ahora que camino por las calles de la ciudad pegando su foto en las esquinas concurridas y en los paraderos de autobuses, me doy cuenta de que, gracias a él y a su mutilada margarita, aprendí en casa cómo es el mundo.

Aguardo por las noches, mirando de reojo por la ventana que da a la avenida y sueño con ver asomar su silueta. Sé que se aparecerá de pronto y me dirá que el mundo no era así:
–Es peor, Vicente, es peor –concluirá con sabiduría.
–Sí –asentiré–. Pero yo no estoy loco, tío. A mí nunca me han hecho convulsionar a punta de electroshocks, ni tengo un par de hijos ingratos que nunca me visitan. Tampoco tengo esposa, cosa que agradezco pues, ¿quién dice que no me hubiera dejado por acostarse con un psiquiatra? La vida es una mentira, tío Julio, y me gustaría estar loco para no saberlo.
–A mí también –y se irá a conversar con algún foco o a dejarnos sin luz para echar a perder los artefactos de su madre, mi abuela viajera.

La Pampilla, 20 de agosto de 2010.

Este cuento aparece en la edición de
Setiembre del Proyecto Sherezade


2010/08/24

El Twitter, según Andrés Calamaro


Cuando aún no está completamente confirmada su presencia en Arequipa, Calamaro habló fuerte y claro sobre la mayoría de usuarios del Twitter (él mismo aclara que hay excepciones, pero, a su entender, muy pocas):
Twitter idiota

¡Qué despreciable "democracia", y qué mal entendida claro que libertad de expresión, no es expresión de libertad! Qué pérdida de tiempo escribir para hijos de Homero Simpson y doña Rosa (doña Rosa de Neustad), tolerar resentimiento, conceptos infantiles, progresía aborregada, ideologías desaparecidas... extinguidas hace ya tiempo. Participar en un coro de subnormales generadores de concepto light, qué asco de post modernismo (perdón si me río) ...Perder media hora por día para comprobar lo que nací sabiendo ...siempre hay excepciones: gente excepcional, pero ... ¿qué hago metido en el medio de la República de los Culoblandos?
En el décimo aniversario de aquel Salmón revolucionario, hace dos días estaba grabando cantos con mi brother Mario Breuer, al día siguiente escribíamos una canción con Cachorro en Saavedra, barrio calamar con espíritu polaco en las esquinas, hoy mandamos otra canción para mezclar en Madrid. A fin de mes On the road again, de Londontown al Razzmatazz, Madrid, Vigo, Bilbao y Donosti, para qué necesito recordar que vivimos rodeados de reaccionarios sin huevos si lo sabemos de sobra pudiendo celebrar mis treinta años en la aristocracia rockera, en la poesía de los márgenes: ¡qué lastimado estaría mi pudor si resulto ser la cara amable del termo Twitter! 140 caracteres pueden metérselos profundo en el medio del ojete, me importa tres pepinos perder un segundo más en el rebaño de boludos con blackberry, o lo que es peor... conectados a la nada a cambio de demostrar que son infantiles, consecuencias de sangrientos años que deterioraron los mínimos gramos de dignidad… caretas, mis enemigos...

2010/08/16

A veces es peor el remedio que la enfermedad



Palabras

A veces es peor el remedio que la enfermedad.
Casi siempre mejor no decir nada,
hay demasiadas palabras que se usan así nomás.
Lo que querés oír, te lo inventás y lo tenés.
La música es de aquellos que la quieren escuchar
y de nadie más.
Es benigna y la mierda que tenés en la cabeza
tiene que ser muy digna,
porque si no te sobra entre las armonías.

Algunas palabras las invento yo,
otras las trajo el tito Bob Dylan
por eso no miento, no importa tanto la verdad,
es la realidad.
Es la basura que junta tu cabeza mientras hablás,
aunque no los escuches sé que ladran, Sancho,
pero no tienen autoridad.

Pero tengo el ancho de espadas y el de bastos también
y un turquito en la neblina no me dice
cuando desafina la Orquesta Winnograd,
tengan piedad con el 4 de copas
y bodas de plata con la farlopa
tengo vestuarios, rompí los horarios en mil pedazos.

Conozco el caso de "Blableta Fracaseta"
especialmente en la República Anfetamina
Acá siempre se opina con ventilador prendido
y que marrón salpiqué,
y te cubrís de marrón de marrón
y te cubrís de marrón de marrón...

2010/08/01

Diario de lectura: La prosperidad reclusa


Por Bladimiro Centeno Herrera*

La narrativa peruana se encuentra en una permanente exploración temática, estilística y textual. El desencanto, la introspección dolorosa y la búsqueda de nuevas formas de expresividad descarnada son los rasgos que caracterizan el cuento moderno.
La narrativa provinciana, a pesar de los prejuicios con los cuales se estiman sus logros, profundiza este signo espiritual que identifica a las nuevas generaciones de escritores e intelectuales. En algunos casos produce una vuelta de tuerca a esta visión del mundo que ha perdido la razón de su condición humana.
Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, 1980) profundiza esta perspectiva estética y nos presenta un mundo en el cual los personajes están condenados a una irremediable frustración y vacío. El pesimismo y la pérdida del sentido de la vida estallan ante el menor intento por dar forma a sus destinos.
El libro La prosperidad reclusa (Cascahuesos, 2009) está constituido por veintitrés cuentos breves forjados con el mismo propósito de indagar la condición humana en un contexto de la crisis universal.
Impulsa los cuentos el mismo espíritu desgarrado por el absurdo de la vida. Vacíos es el cuento más breve, de tono poético, en el cual el personaje, adicto a los fármacos, trata de escapar de su locura. La dulce espera nos presenta a la hija de una prostituta latinoamericana embarcada a la eterna espera de que su madre se libere de su destino oprobioso en Europa. En Tras la puerta, un esquizofrénico, convertido en una especie de conejillo de indias, contempla cómo los tratamientos psicológicos mejor intencionados terminan degradando su condición humana, porque la raíz de su locura no está en su ser sino en el mundo externo.
La incertidumbre es otro matiz que reviste el universo narrativo de Mazeyra. En Ganas de ti, Matías, un adolescente en pleno proceso de aprendizaje amatorio, descubre la faceta homosexual de su mentor. En La prosperidad reclusa (título homónimo del libro), un recluso por burrier establece una relación muy singular con Nepomuceno, otro recluso que, en su aparente impasibilidad, revela haber jugado en el pasado con los brazos del infierno.
La idea de la muerte intensifica el tono sombrío del libro. En El faquir y la equilibrista, el recepcionista de un hotel termina sirviendo como modelo a una artista plástica, quien, ante su creciente insistencia amorosa, le revela una verdad que lo obliga a construir una cama de clavos con el fin de ahuyentar la muerte que ronda a la artista.
En Cuando ya no tengas secretos, un estudiante universitario que satisfacía sus obsesiones sexuales hurtando el cuaderno de sus compañeras de estudio, termina (en una de las visitas a una casa de citas) descubriendo el otro secreto desgarrador que practicaba una de sus compañeras de estudio y terminan ligados por las mismas impurezas del mundo.
Las tribulaciones son permanentes en los personajes. En La entrevista, un indeciso buscador de trabajos, aguarda en la sala de espera la entrevista de su vida con Dios, pero (por la misma razón de su indecisión) termina expulsado de la sala hacia la vida real. En Patada al tablero, el sueño imposible de una vida lésbica termina desintegrando la personalidad de la autora de una improbable carta, en la cual se pone de manifiesto un mosaico de espejismos y frustraciones.
Los impulsos incestuosos forman parte de los vacíos vitales en el libro. En Colección de Souvenirs, dos hermanos, unidos por un accidente en el cual ella queda semiparalítica y él con dificultades mentales, terminan envejeciendo juntos en la misma casa paterna, con deseos incestuosos que el hermano apenas logra sublimarlos en una colección de perchas robadas. En ¿Y si tu voz me hiciera falta?, Orlando, enamorado de su prima Lucero, la más bella del barrio, sufre una locura interminable a raíz de la muerte de ella como producto de una violación y consume diversas drogas para reducir su locura que paradójicamente termina intensificando su terror ante vida.
Confesiones desde el infierno parece cumplir la noción de que el sexo prohibido conduce a la locura. En este texto, una monja privada de todas las experiencias amatorias en el Convento de Santa Catalina pone de manifiesto sus desvaríos sexuales ante la imposibilidad de una vida sexual más espontánea.
La frustración de la escritura narrativa no queda al margen. En Esperanza capital, un personaje homónimo al autor, después de varias frustraciones como escritor y lidiar contra las vanidades humanas, termina profesando la religión evangélica. En Pánico en La Punta, un aprendiz de escritor trata de suprimir su pánico al fracaso mediante las drogas que no hacen más que intensificar su incertidumbre.
Y el único modo de procesar estas frustraciones es a través del juego con los fantasmas que intervienen en los cuentos Autorretrato de una ilusión y El crepúsculo nunca viene solo.
La mujer como personaje fundamental aparece en La felicidad está en algún lugar del mundo que se llama Micaela. En él, ella es una fanática de las películas de Almodóvar que, tras su crisis existencial, acompaña a un camionero hasta la capital del Perú, donde termina igual sin objetivos ni perspectivas de vida.
Completan el libro varios cuentos que presentan mundos frustrantes para el mismo lector. Un aprendiz de escritor que imagina una pederastia como una forma de luchar contras las fuerzas del tánato se presenta en “Trayectos”. En “Un café en el Capriccio”, otro escritor trata de acceder al verdadero amor de su pretendida mientras mantiene el absurdo vinculo amatorio con la madre de ella.
Concluye el libro con dos cuentos en los cuales los personajes están condenados a la perplejidad. En Humor de sentido –anticuento–, un ex jugador trata de reconstruir un vida dentro de un perfil familiar que no tiene otro sentido que un humor negro. En Confesiones de plaza, un parroquiano de las casas de cita se enamora de una prostituta, convive con ella con todas licencias que le permite el caso, hasta que ella pretende procrear un hijo conduciendo al hombre a una visión perpleja de la vida.
Este es el universo narrativo que nos presenta Orlando Mazeyra, éste el absurdo que experimentan los personajes, este el espíritu pesimista con el cual visiona la vida el escritor arequipeño, como una forma de apertura a otras zonas oscuras de la condición humana.

* Bladimiro Centeno Herrera (Yunguyo, 1970). Estudió Literatura en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. Actualmente es docente de la Universidad Nacional del Altiplano de Puno. Comentarista de la nueva producción literaria que va apareciendo en la nueva hornada de escritores. En 1995, ganó el segundo premio denominado Concurso Nacional de Cuento y Poesía, organizado por la Municipalidad de Paucarpata de la ciudad de Arequipa. Tiene en su haber literario publicado los siguientes libros: El imaginario de la palabra (2003), donde reúne varios artículos de crítica literaria, algunos de los cuales han aparecido en diversas revistas literarias.

2010/07/28

Yo me vengo reinventando y lo tengo que hacer porque me lo exige mi cabeza

Escribe Daniel Arcucci

Quizás ahora sí sea posible hablar y escribir acerca del futuro de Maradona -esa persona, no ese personaje- sin escuchar o recibir comentarios del tipo "¡¿Y a mí qué me importa el futuro de Maradona?! ¡Yo quiero un DT!" , generalmente escrito en mayúsculas, como para reafirmar que si se estuviera conversando sería a los gritos.

Ya está. Maradona ya no es el DT. El mito sigue y el hombre queda.

Y como durante los 630 días que duró este ciclo (parecen años) de esa tríada ya nos hemos ocupado lo suficiente del mito y del DT, bueno será ocuparse de lo que puede pasar ahora con el hombre, que quizás a alguno aún le importe.

Planteado de otro modo, si asumiendo como técnico del seleccionado Diego ponía en riesgo el mito Maradona, ¿qué riesgo asume el hombre ahora que ya ha dejado ese lugar, el más terrenal de los oficios futboleros?

En ese sinfín de frases memorables (no todas para aplaudir, claro) que es su vida casi siempre pública, se ofrece como oportuna respuesta a aquella pregunta una que pronunció no hace mucho, el día de su primera conferencia de prensa en Pretoria: "Yo me vengo reinventando y lo tengo que hacer porque me lo exige mi cabeza" , dijo entonces, y es lo que podría repetirse a sí mismo ahora.

Sí que era crucial el desafío que asumía. El más crucial de su carrera, porque los anteriores los había afrontado con el talento contrastado en pantalones cortos y botines y éste debía afrontarlo con un talento por verse en incómodo traje y zapatos. Y porque en su vida de "blancos" y "negros" no iba a dejarse lugar -ni se lo iban a dejar- para los "grises" . Su balance más íntimo y en caliente, todavía con los pies en Sudáfrica, fue una confesión y un indicio: "Lo que más me duele es que los sigo desilusionando" , les dijo a los que más quiere.

El Maradona DT se autodestruyó estratégicamente: primero, en el momento decisivo del Mundial, cuando llevó su teoría jugadorista al extremo de la ceguera; después, ya en Buenos Aires, cuando movió todas las piezas de manera sorprendentemente equivocada para entregarse al jaque mate. Si esto último lo hizo inconscientemente, para que la partida terminara como terminó, es meterse en pretenciosas honduras.

El Maradona hombre, mientras tanto, necesita consolidar su reconstrucción. Y para esto quizá sirva una frase más elemental, pero bienintencionada, de Fernando Signorini, al fin y al cabo una de las llaves de su salida: "En estas condiciones, lo mejor que le podía pasar a Diego era que todo esto se terminara" . Ojalá.

2010/07/12

Y ahora... a soñar con Brasil 2014

‎"¿Será verdad que estoy metiendo un gol en la final de un mundial o, acaso, se trata de otro sueño? Es el temor a que tu madre te despierte..."
(Jorge Valdano, campeón del mundo 1986).
"Dani Jarque, siempre con nosotros", un genio hasta para las dedicatorias.

Se acabó el Mundial y habrá que esperar otros cuatro años. Brasil 2014 es la próxima cita (y aunque parezca broma, soy tan imbécil como para soñar con el Perú en el Mundial. Fútbol, pues: "ladrón de mi cerebro").
Y, sí, hay que reconocerlo. Aunque joda (¡y cómo jode, cabrones!). Robben la tuvo dos veces, por favor, que no le dejen volver a Holanda. ¿Cuándo vas a desahuevarte, Holanda? ¿La tercera no era la vencida?
Esta 'naranja mecánica' capaz de tumbar a Brasil, no pudo matar a España. Insisto: por culpa del maldito Robben y de Casillas (un buen portero, no el mejor del mundo, que tiene mucha fortuna; mejores fueron el nigeriano Vincent Enyeamá y, claro, Ricardo, el notable guardameta portugués).
Esta España, juega mejor, pero -estoy seguro, no me cabe la menor duda- no hubiera podido con el sólido bloque posterior de Brasil.
No me gustó que la prensa española tratara tan mal a Maradona. Está claro que así como le temían a Brasil, también veían a Argentina como un problema. Por eso cuando Alemania apabulló a una irreconocible selección albiceleste, el consenso de los especialistas españoles era: "zafamos, a los alemanes sí les ganamos". Claro, ya lo habían hecho en la final de la Eurocopa, con gol de un Niño Torres que, ¡ay!, fue lo más bajo del equipo de Vicente del Bosque.
Una pena también por Robin Van Persie, quien, en la previa, había confesado su admiración por el más grande futbolista de la historia: "El video de Maradona levantando el trofeo y llorando, me obsesiona. No les puedo decir cuántas veces he visto esa grabación", dijo el delantero holandés.
La inspiración del ariete naranja era la foto de Maradona que todavía no podrá reemplazar por la suya: "Pero desde entonces, siempre quise jugar una final de Mundial, incluso cuando era un niño. De hecho ahora tengo una imagen grande de Maradona en una de las paredes de mi casa. Es una foto increíble en la que él sostiene la Copa del Mundo". Y, claro, nunca estuvo en mejores manos. Que la sigan mamando los anti-Maradona.
En la previa, sabía que Villa es un goleador nato y no quería que marcara más (hubiera sido el goleador del mundial). No lo hizo, por suerte. También intuía que el único capaz de hacer una jugada 'maradoniana' era el pelado con pinta de oficinista (como lo llama César Luis Menotti). Tampoco la hizo. Pero, jode decirlo, jode mucho. Es el mejor del mundo. Será por eso que Messi funciona tan espléndidamente en el Barcelona. Con este ingenioso hidalgo cualquiera puede brillar.
España no es la mejor selección del mundo, ha ganado el Mundial, pero no es la mejor. El autor del gol sí, no hay duda, es el más grande. Y los grandes aparecen en los mundiales. Zidane, maestro de maestros, ya te tomaron la posta. Acá hay talento, demasiado. Y la dedicatoria lo hace más grande que toda España.


¿Quiénes fueron los mejores?


Mejor arquero: Ricardo (Portugal), nunca voy a olvidar sus lágrimas.
Mejor defensa: Lucio (Brasil), el gran capitán, un guerrero de primera fila.
Mejor volante: A.I. (el mejor futbolista del mundo, digno heredero del 'monje' Zinedine Zidane).
Mejor delantero: De lejos, Diego Forlán, un mercenario del gol.
Mejor entrenador: Gerardo 'El Tata' Martino.



Maradona en Oxford, sí, con toga. En 1995, una universidad de la mismísima Inglaterra le otorgó el título de "Master Inspirator", por considerarlo un "maestro inspirador de los que todavía sueñan". ¿No lo creen? Pregúntenmelo a mí o mejor a Van Persie. Diego: YO SUEÑO.

2010/06/22

La leyenda continúa... que México la sufra


Maradona dijo que tenía 23 titulares (23 fieras, en sus propias palabras) y lo demostró en la cancha. El Genio ya hizo jugar a todos, exceptuando al defensa Ariel Garcé y a los dos arqueros suplentes de Sergio Romero.
La mezquina propuesta griega, ante el equipo B de Argentina, resistió, a punta de golpazos a Messi y compañía, hasta muy entrada la segunda etapa. Messi, la pisa, prueba, encara, la tira palo y no entra. México espera los goles de Messi.
Párrafo aparte para esa leyenda llamada MARTÍN PALERMO: el goleador de Boca Juniors disputa su primer mundial a los 36 años y metió el segundo gol. El gran campeón de la Libertadores y ariete del equipo más popular de Argentina ha vuelto a hacer historia. "Esto es impagable", ha dicho el hombre-récord. Lo mismo le decimos a él.
La leyenda continúa... que la sufra México. AMÉN.


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Actualización (23 de Junio, artículo de J.P. Varsky).
EL HOMBRE QUE HACE LLOVER: "Messi tenía 11 años cuando vio a Palermo errar tres penales en el mismo partido, contra Colombia, en la Copa América 99. En el último partido profesional de Maradona, anotó el gol del triunfo ante River con su cabeza platinada. Podríamos contar 22 cuentos. Todos sus compañeros tienen un episodio compartido con el hombre que hace llover".

http://www.canchallena.com/1277764-traeme-a-martin

2010/06/18

José Saramago (1922-2010)


Tienes noventa años. Estás vieja, dolorida. Me dices que fuiste la muchacha más hermosa de tu tiempo ―y yo lo creo. No sabes leer. Tienes las manos gruesas y deformadas, los pies como acortezados. Cargaste en la cabeza toneladas de leña y de haces, albuferas de agua. Viste nacer el sol todos los días. Con el pan que has amasado podría hacerse un banquete universal. Criaste personas y ganado, metiste a los lechones en tu cama cuando el frío amenazaba con helarlos. Me contaste historias de apariciones y hombres-lobo, viejas cuestiones de familia, un crimen de muerte. Viga maestra de tu casa, fuego de tu hogar ―siete veces quedaste grávida, siete veces pariste. No sabes nada del mundo. No entiendes de política, ni de economía, ni de literatura, ni de filosofía, ni de religión. Heredaste unos cientos de palabras prácticas, un vocabulario elemental. Con eso viviste y vas viviendo. Eres sensible a las catástrofes y también a los casos de la calle, a las bodas de las princesas y al robo de los conejos de la vecina. Tienes grandes odios por motivos de los que ya ni el recuerdo te queda, y grandes dedicaciones que se asientan en nada. Vives. Para ti, la palabra Vietnam es sólo un sonido bárbaro que nada tiene que ver con tu círculo vital de legua y media de radio. De hambres, sabes algo: viste ya una bandera negra izada en la torre de la iglesia. (¿Me lo contaste tú, o habré soñado que lo contabas?) Llevas contigo tu pequeño capullo de intereses. Y, sin embargo, tienes ojos claros y eres alegre. Tu risa es como un cohete de colores. Nunca he visto reír a nadie como a ti. Te tengo delante, y no te entiendo. Soy de tu carne y de tu sangre, pero no te entiendo. Viniste a este mundo y no te has preocupado por saber qué es el mundo. Llegas al final de tu vida, y el mundo es aún para ti lo que era cuando naciste: una interrogación, un misterio inaccesible, algo que no forma parte de tu herencia: quinientas palabras, huerto al que en cinco minutos se da la vuelta, una casa de tejas y el suelo de tierra apisonada. Aprieto tu mano callosa, paso mi mano por tu rostro arrugado y por tu cabello blanco que resistió el peso de las cargas ―y sigo sin entender. Fuiste hermosa, dices, y veo muy bien que eres inteligente. ¿Por qué te han robado, pues, el mundo? ¿Quién te lo robó? Pero quizá de esto entienda yo, y te diría cómo, y por qué, y cuándo, si supiera elegir entre mis innumerables palabras las que tú podrías comprender. Ya no vale la pena. El mundo continuará sin ti ―y sin mí también. No nos habremos dicho el uno al otro lo que más importa. ¿Realmente no nos lo habremos dicho? No te habré dado yo, porque mis palabras no eran las tuyas, el mundo que te era debido. Me quedo con esa culpa de la que me acusas ―y eso es aún peor. Pero, por qué, abuela, por qué te sientas al umbral de tu puerta, abierta hacia la noche estrellada e inmensa, hacia el cielo del que nada sabes y por el que nunca viajarás, hacia el silencio de los campos y de los árboles en sombra, y dices, con la tranquila serenidad de tus noventa años y el fuego de tu adolescencia nunca perdida: «¡El mundo es tan bonito, y me da tanta tristeza morir!».
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La foto de la Capilla Ardiente de Saramago la saqué del diario El País de Madrid.

Donde hay que estar

Escribe: Claudio Paul Caniggia

Hay delanteros que cuando tienen que venir, pican, y cuando tienen que picar, vienen. Otros se quedan entre los centrales cuando tienen que desmarcarse y cuando es necesario que se anticipen no lo hacen. Van al primer palo cuando tienen que quedarse en el segundo. Van al segundo cuando tienen que venir al primero. Les vas a dar un pase y se quedan por detrás de los delanteros en fuera de juego. Bajan a tocar, pero después les tiran cinco centros y nunca están en el área. Cuando los vemos, decimos: "Estos tipos se marcan solos".
El primer deber de un delantero no es hacer goles. Es estar. Su trabajo consiste en ir al lugar preciso en el momento preciso. Por eso, cuando terminó el partido de Argentina pensé: "Higuaín siempre estuvo donde tuvo que estar". Estuvo ahí. Donde tienen que estar los goleadores. Le centraron y apareció para conectar. Lo buscaron y se movió a la espalda de los defensores porque siempre maniobró a partir del pase. Siempre supo dar continuidad a la jugada anticipándose al pase, en complicidad con el compañero que llevaba la pelota.
A Higuaín solo le faltó una cosa. Me hubiera gustado que bajara a elaborar un poquito más en el medio, a participar más de la creación. Él lo puede hacer porque tiene condiciones técnicas para eso y, en el futuro, Argentina necesitará que sus atacantes se impliquen en otras funciones porque son demasiados como para dedicarse exclusivamente al gol. Lo mismo digo para Di María, a quien le pasa lo contrario que a Higuaín. A Di María le está costando física y mentalmente adaptarse a las exigencias tácticas de la selección. Ya no sólo le piden que desborde. Además, tiene que ayudar a tapar espacios por delante de Heinze. Este trabajo lo cumplió siguiendo a Lee Chung-Yong y a Yeom Ki-Hun. Pero le faltó lo más importante. Le faltó desbordar, y Argentina necesita que alguien abra la cancha por la izquierda, porque por la derecha no tiene con quien. Di María estuvo tímido para encarar y no se atrevió a terminar la jugada cuando tuvo una pelota para su pierna buena que debió rematar al segundo palo. Eligió dársela a Higuaín, que tenía un coreano encima. Se equivocó. Cuando Di María aparezca, Argentina jugará mucho mejor todavía.
Me gustó la entrada de Agüero porque es un jugador de partido grande. Agüero se retrató cuando le tiró ese centro de revés a Higuaín para el cuarto gol. Hizo la entrega técnicamente a lo grande, con el exterior del empeine. Así es Agüero. En la Liga puede parecer inconstante pero es técnicamente bárbaro y es descarado. Le da lo mismo jugar contra Brasil que contra cualquiera. Siempre hace la suya. Lo ves en la cancha. Se le nota en la cara. A Agüero no le cuesta entrar en el Mundial y creo que Maradona lo sabe mejor que nadie. Diego también sabe que a Messi le gusta estar con Agüero y que a Agüero le gusta estar con Messi. Juntos forman una pareja única en este torneo: son los únicos que tiran paredes entre cuatro defensas, en dos metros, te amagan para un lado, para el otro, te enganchan, te marean.

2010/06/17

Pipita, Pipita, Pipitaaaaaa


Aunque Gonzalo Higuaín nació en Francia, no tuvo la menor duda en elegir su nacionalidad para poder disputar una copa del mundo. Hoy el Pipita la embocó en tres ocasiones y, por el momento, es el goleador del torneo. Un jugador argentino no metía tres goles en un sólo partido desde las tres pepas de Gabriel Omar Batistuta contra Jamaica en el mundial francés.
Paso a paso, Maradona. El equipo otra vez se encontró con un gol temprano y se relajó demasiado. Al final de la primera mitad, los surcoreanos le metieron el primer gol del torneo a Sergio Romero y la victoria parcial de 2 a 1 no reflejaba lo que pasó en la cancha.
Segundo tiempo chato, hasta algo aburrido, hasta que entró el yerno de Maradona y apareció la gran sociedad entre Messi y el Kun. Desbarataron la defensa del rival y este 4-1 lo pone prácticamente en Octavos.
Ayer, hablábamos de España... y los españoles tienen eso: una buena liga. Ahí juegan Messi, el Pipita y el Kun. ¿Qué sería de los españoles sin el talento argentino?

2010/06/16

Suiza-España: Cara y contracara


¿Quiere vivir el mundial? Venga y pase, pero luego no se arrepienta.
España se juraba el campeón (sin trono ni antecedente) y se desbarrancó ante una Suiza guerrera que vacunó en el momento exacto. Victoria épica que vendría a perpetuar el maleficio de los españoles en las Copas del Mundo.
Ahora, viene a cuento una reflexión de Andoni Zubizarreta (arquero español en más de un fracaso mundialista): "En este deporte 2 + 2 no siempre son 4...y eso, que hoy nos hace padecer a los españoles, es lo que convierte al fútbol en un juego maravilloso".
Y la prensa española que ya levantaba su primera copa y fustigó a Maradona, ahora que castigue de la misa forma a Vicente del Bosque.
Después de la batalla, todos somos generales. Diego Maradona lo dijo antes de arrancar el mundial:
Le preguntaron: ¿El equipo argentino es candidato a ganar la Copa del mundo Sudáfrica 2010?
Y el genio, respondió: “No, porque los candidatos nunca la ganan. Dejá que España sea candidato.”
Luego de eso se agarró ahí abajo (lo que le faltó a España).

2010/06/05

NO ME OLVIDÉ, ¡CÓMO PODRÍA!

Diego, yo sueño: www.nomeolvide.com

Por Orlando Mazeyra Guillén

Diego Armando Maradona Franco es más que una persona: es el resumen brutal –desproporcionado, afiebrado hasta el cataclismo emocional– de todas las variantes que podemos encontrar en la raza humana (anidan en su alma, engarzándose bajo el imperio de la contradicción, tanto el genio como el negado, el soberbio y el humilde, el coraje y el temor, el modelo a seguir y la imagen a descalificar sin miramientos. Maradona es arte y basura; salud y enfermedad; fe y desesperanza. Pero, el mejor jugador de toda la historia de los mundiales de fútbol, es, por sobre todas las cosas, uno de los personajes más auténticos que nos ha regalado el siglo XX).
El niño misérrimo de Villa Fiorito que con magia, destreza y un corazón sobrenatural, se transformó en un titán dentro del césped de juego y supo acceder a ese parnaso deportivo en donde todos los dioses dejaron de existir; porque sencillamente D10S pasó a ser él: hijo de Don Diego y la Tota, quienes lo aman, lo lloran y lo siguen sufriendo ahora que conduce los destinos del seleccionado argentino en Sudáfrica 2010.
NO ME OLVIDÉ, GENIO. Porque ni el Alzheimer más severo y malhadado me podría hacer olvidar esa final de Italia 1990 (que más parecía el coliseo romano en donde el público exultante quería ver al talento despedazado por los leones). Maradona le puso la cara a la derrota, no quitándose la medalla de plata como hacen los que no saben que ser segundo también es un mérito (y no un deshonor), sino con esa cuota tan suya de emotividad sin parangón: el rostro anegado en lágrimas –cuentan que el doctor Bilardo les pedía a sus dirigidos que lo cubrieran para que las tribunas, y sobre todo las cámaras, no vieran al astro compungido–; y yo, queriendo consolarlo, aunque sin éxito: la pantalla del televisor no me permitiría acceder a mi ídolo caído, que pronto se levantaría.
Porque ésa es la lección más importante que nos dictó Maradona: si te caes, después del trompicón más horrendo –aquel que, producto de los excesos y el desvarío, puede acabar con tu vida misma–, todavía puedes levantarte y seguir soñando (porque, entre otras cosas, «la pelota no se mancha» , como reza uno de sus aforismos más rotundos y celebrados).
Decía que Maradona lloraba, pues, por un segundo lugar que nunca cupo en el corazón de un ganador por mandato de estirpe. Y la mejor forma de estar a su lado era emulándolo: ¡llorando como lo que yo era: un niño!
«¿Por qué lloras, acaso tú eres argentino?», me preguntó mi viejo. Yo no supe qué responder. Corrí a mi habitación y me aferré a la almohada, jurándome ver a Maradona otra vez tocando el cielo con las manos. Es harto sabido que ello no sucedió en Estados Unidos 1994 y jamás volvería a suceder en otra cita mundialista.
Pero Maradona es Maradona. Lo cual quiere decir que si ya no puede entrar a la cancha con la cinta de capitán y con la mítica número 10 en la espalda, todavía se las ingenia para estar en los mundiales de otra manera: como un entrenador resistido, vilipendiado hasta el hartazgo por sus compatriotas (y «bancado a muerte» por sus eternos incondicionales). Su respuesta –aún siendo el descalabro de un corazón a mil pulsaciones por minuto– lo pinta de cuerpo entero: «Que la sigan mamando».
A veces juego a olvidarme, pero no puedo. Mi relación contigo es de un amor-odio tan genuino que puedo decirte: NO ME OLVIDÉ.
NO ME OLVIDÉ que me enseñaste a descubrir que los héroes sí existen: pero no son altos y apuestos como aquellos que inventan los yanquis. Pueden ser chatos y regordetes. Eso sí: premunidos de una magia hechicera, una gambeta atontadora y una zurda celestial que pisó los mejores estadios del planeta.
NO ME OLVIDÉ, Maradona, y por eso sigo contigo. Ver tu barba entrecana me hace ponerme cara a cara con mi propia vejez.
NO ME OLVIDÉ que eres mortal y que te tendrás que agotar como cualquiera de nosotros. Pero seguirás vivo porque todos te recordarán y habrán abuelos que dirán: ¡Yo vi jugar a Maradona!, y con esa frase basta porque, si sigo, la emoción embarga.
NO ME OLVIDÉ, MARADONA, ¡CÓMO PODRÍA, GENIO! Y, lo mejor de todo es que, como dice el video: yo sueño.

2010/05/28

Es cultural

1era. Fila, arriba (de izq. a der.): Gustavo Piñero (Entrenador de Arqueros), Héctor Enrique (Ayudante Técnico), Fernando Signorini (Preparador Físico), Gonzalo Higuaín, Walter Samuel, Ángel Di María, Diego Milito, Nicolás Burdisso, Ariel Garcé, Donato Villani (Médico) y Alejandro Mancuso (Ayudante Técnico).
2da. Fila, en el medio, (de izq. a der.): Marcelo Dalto (Auxiliar de Utilería), Javier Vilamitjana (Preparador Físico), Javier Pastore, Martín Demichelis, Jonás Gutiérrez, Mariano Andújar, Sergio Romero, Diego Pozo, Mario Bolatti, Martín Palermo, Juan Sebastián Verón, Luis García (Kinesiólogo) y Marcelo D´Andrea (Auxiliar).
3era. Fila, abajo, (de izq. a der,): Gabriel Heinze, Sergio Agüero, Javier Mascherano, Lionel Messi, Diego Maradona (Director Técnico), Carlos Tévez, Maximiliano Rodríguez, Nicolás Otamendi, Clemente Rodríguez y Mario De Estafano (Auxiliar Utilería).

2010/05/16

Dos lecturas opuestas y necesarias

Escribe: Alfredo Herrera Flores
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No hay mayores coincidencias entre los escritores Enrique Rosas Paravicino y Orlando Mazeyra Guillén, más bien hay muchas divergencias y oposiciones muy fáciles de reconocer. El cusqueño Rosas Paravicino (1948) y el arequipeño Mazeyra Guillén (1980) solo comparten el origen surandino, su clara pasión por la narrativa y la latente posibilidad de consolidarse como cabecillas, adalides, de sus respectivas generaciones literarias. Casi al mismo tiempo, han publicado dos interesantes libros, El ferrocarril invisible (Editorial San Marcos, 2009) y La prosperidad reclusa (Cascahuesos Editores, 2009), respectivamente.

1
Rosas Paravicino

Ya reconocido como uno de los narradores representativos de la literatura andina, o neoindigenista, de la generación del setenta, Enrique Rosas vuelve con este conjunto de relatos que, sin salirse del patrón temático y ambiental de sus anteriores libros, experimenta con personajes urbanos de un Cusco cuyo supuesto cosmopolitismo lo convierte en una urbe ambigua y desordenada.
La historia de una mujer rifada por su padre y que finalmente concreta su venganza contra él y el hombre que la tiene como su propiedad, envenenándolos a ambos al mismo tiempo, recuerda una historia real que muchos cusqueños aún la cuentan en conversaciones de club social o de cantina, así como la de un muchacho venido de un pueblo a la ciudad y que por su dotes de charanguista termina enredado en extraños amoríos con una extranjera, es también, ahora, historia de todos los días en el Cusco urbano.
En estas, y en la mayoría de los relatos, es la ciudad la que se convierte en la protagonista de las ficciones, una ciudad que no acaba de despercudirse de la influencia pueblerina de las ciudades de la sierra, cosa que además no es para nada negativo sino todo lo contrario, pero que, en el caso de este imán turístico, se encuentra en la histórica encrucijada de dar pasos definitivos para consolidarse como una ciudad moderna, en servicios y en actitud social.
Hay otros relatos que merecen atención en este libro y son los que de una u otra manera asumen el tema de la violencia interna que vivió el país, lo que además ya es una constante en la narrativa que se escribe en los principales focos culturales del país y que se ha trasladado a la narrativa limeña con fines más comerciales que literarios, políticos o sociales. Esas historias, con más peso de realidad que de ficción, con el paso del tiempo y la fragilidad de la memoria colectiva, parecen ser, más bien, una invención, una quimera, una buena mentira urdida por la ingeniosa creatividad de los artistas.
El relato que da título al libro, El ferrocarril invisible, es una excelente muestra de cómo se teje una historia sin dar muchos rodeos a la anécdota ni sacrificar el fino y alegórico uso del lenguaje, combinando también el sentimiento andino de los protagonistas en un ambiente urbano, con sus males y desarreglos, en el que no dejan de aparecer terceros personajes, como los turistas, tan desorientados como todos aquellos que se ven envueltos en la confusa y enigmática ruta del ferrocarril a Machu Picchu.

2
Mazeyra Guillén


El segundo libro de este joven narrador reúne 23 relatos con una personalísima carga de violencia urbana y reflexión existencialista, un tono que nos lleva directamente a poner atención más en el autor que en el trasfondo de sus historias.
En una ciudad como Arequipa, ya metropolitana y encaminada a un futuro de caos urbano propio de aquellas urbes que se han hecho ganar por el crecimiento demográfico y la necesidad de servicios, la soledad es más dramática, la frustración puede tener desenlaces fatales y el infortunio será una constante entre los jóvenes, Mazeyra logra retratar esas primeras manifestaciones de la desgracia humana, del naufragio personal y el desengaño social.
Lo personajes de La prosperidad reclusa, incluido el propio autor como tal en varias de las historias, están envueltos en dos redes casi imposibles de desenvolver, sus propias vidas y la vida de la ciudad, en la que finalmente son anónimos y excluidos. Esas dos tramas, como dos telarañas que se superponen, marcan el ritmo de la lectura y transmiten en el lector el pavor al fracaso.
Hay en el cuento que presta el título al conjunto, una reflexión del autor sobre la necesidad de salir, de escapar, de buscar un resquicio por donde escurrir el alma para no terminar abatido por el peso de la realidad, y sus personajes tienen en la literatura una esperanzadora rendija:
–¿Por qué lees tanto? –le pregunté el día anterior a su segundo intento de suicidio.
–Para salir de esta mierda –me dijo sin sacar los ojos de las páginas del libro.
–¿Volverás a intentarlo?
–Ya no –mintió mirándome de reojo, sabía muy bien que me refería al suicidio–. Estoy leyendo Los miserables. Me tomará al menos una semana terminar.”
Prosa dura y directa, humor sarcástico, ambiente sórdido, dudas existenciales, son algunos de los elementos que ha utilizado Mazeyra para ilustrarnos sobre ese drama humano se escurre por las páginas de este libro, a pesar de que en varios pasajes se nota aún la mano joven del autor, y que seguramente se irá afianzando mientras siga ensayando la mejor manera de retratarnos.

3
Epílogo

A pesar de que a primera vista pareciera que estos dos conjuntos de relatos van por caminos diferentes, finalmente se unen, por medio del lector, en un punto común: la encrucijada de la condición humana. A Rosas Paravicino hay que leerlo, ahora, en función del conjunto de su obra, mientras que a Mazeyra Guillén se le deberá poner debida atención porque de seguro nos sorprenderá con una obra también coherente y aleccionadora.

Fuente: http://www.losandes.com.pe/Cultural/20100516/36095.html

2010/05/12

El arte es un cáncer o una mujer a medias



¿Qué es el arte, sino una manera de ver?
T. L. Berger

«¿Por qué nunca te quitas el sostén, Julita?», piensas ofuscado y el ciego arrebato de otras mañanas, aguijoneado por esa lasitud de casi una hora de tensa espera, te hace soltar la cámara fotográfica (con ésta ya van cinco, ¡todo tiene un límite, Mario!, cualquiera diría que, con el paso del tiempo, en vez de exposiciones fotográficas, podrías ir armando un ridiculoso anticuario de cámaras estragadas, todas ellas arrumadas por tu insensatez).

Llevas semanas y meses buscando la foto perfecta. Y lo haces afectado por maneras de paciente francotirador, desbocado por el corrosivo deseo de registrar para siempre (y para el mundo) el torso que decapita tu cordura: ¿por qué te desesperan tanto esos pechos morenos? Eres un fundamentalista de la espontaneidad en el arte de la fotografía, un desquiciado que cuando se obsesiona con algo se transforma en un monstruo, una humanidad pertinaz que no se detiene hasta conseguir lo que se propone.


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Este es el comienzo de mi último relato, El arte es un cáncer o una mujer a medias, aparecido en la edición de Mayo de Badosa.com para seguir leyendo clic AQUÍ.

2010/04/29

Nosotros, los que no llegamos



Esta noche -en verdad, horrenda noche- sigue transpirando fútbol.
No soy aliancista, pero el equipo de La Victoria había ilusionado incluso a los de otros veneros (sobre todo luego del partidazo que se jugó ante Estudiantes de La Plata, el campeón defensor de la Copa Libertadores de América). Pero un cachetazo -producto de una falla garrafal imperdonable en un partido de alta competencia- le puso un 0-1 que se asoma como irremontable.
Alianza padeció de ese mal que todos conocemos como fútbol peruano.
A pesar de que los colores sean ajenos -como en este caso- uno a veces quisiera que lo logren -que siquiera asomen por instancias decisivas-, que simplemente lo hagan por nosotros, los que nunca llegamos...
El himno del mundial Italia 1990, no sólo me remonta a la primera copa del mundo que viví con esa intensidad y paroxismos emocionales que sólo consigue el fútbol. Pero también es una canción preciosa, muy por encima de mamarrachos como el de Ricky Martin (sin duda, el peor que yo recuerde). Es una canción que nos hace recordar que los héroes sí existen: que por todos los zurdos limitados que nunca llegamos, por todos nosotros, hubo un titán rechoncho con espíritu de acero... Hubo una vez un futbolista argentino que hizo magia y llegó a lo más alto. Un semidios parido en una villa-miseria que, más pronto que tarde, nos recordó que era más humano de lo que muchos pensábamos.
No creo ser tan viejo, quizá exagero, pero -ahora que me preocupa lo que Maradona hará en la Copa- ya puedo decir que esos "eran otros tiempos, era otra la historia..."


2010/04/13

Antes que anochezca


Hace muchos años llegué a este libro -a las crudas y poéticas memorias del escritor cubano Reinaldo Arenas- gracias a la recomendable película de Julian Schnabel que relata la vida de este gran escritor nacido en Holguín en 1943 y que, luego de una vida de novela (y un poco más), se suicidó en Nueva York , el año 1990 (cuando era portador del virus del Sida).
Con este largometraje el talentosísimo Javier Bardem, encarnando a Arenas, despegó de una manera tan contundente que fue nominado por primera vez al premio Óscar. Luego vendría su consolidación en No es país para viejos de los hermanos Cohen.
Pero esa es otra historia.
Acá sólo unos retazos del libro de Arenas:

«Había empezado ya, como se verá más adelante, mi autobiografía en Cuba. La había titulado “Antes que anochezca”, pues la tenía que escribir antes de que llegara la noche ya que vivía prófugo en un bosque. Ahora la noche avanzaba de nuevo en forma más inminente. Era la noche de la muerte. Ahora sí tenía que terminar mi autobiografía antes de que anocheciera.
(…) Creo que la época más fecunda de mi creación fue la infancia; mi infancia fue el mundo de la creatividad. Para llenar aquella soledad tan profunda que sentía en medio del ruido, poblé todo aquel campo, bastante raquítico por cierto, de personajes y apariciones casi míticos y sobrenaturales. Uno de los personajes que veía con enorme claridad todas las noches era el de un viejo dándole vuelta a un aro, debajo de la inmensa mata de higuillos que crecía prodigiosamente frente a la casa. ¿Quién era aquel viejo? ¿Por qué le daba vueltas a aquel aro que parecía ser la rueda de una bicicleta? ¿Era el horror que me aguardaba? ¿El horror que aguarda a toda vida humana? ¿Era la muerte? La muerte siempre ha estado muy cerca de mí; ha sido siempre para mí una compañera tan fiel, que a veces lamento morirme porque entonces tal vez la muerte me abandone.

(…) La diferencia entre el sistema comunista y capitalista es que, aunque los dos nos dan una patada en el culo, en el comunista te la dan y tienes que aplaudir, y en el capitalista te la dan y uno puede gritar; yo vine aquí a gritar.»

Hoy, martes 13, en la Escuela de Literatura de la UNSA (4 P.M.)

Estaremos hoy, martes 13 de abril, en la Escuela de Literatura de la Universidad Nacional de San Agustín, a partir de las 4 de la tarde. Están todos cordialmente invitados para conversar y compartir libros (cualquier duda o consulta: mazeyra@gmail.com).
Se invita también a visitar y -colaborar- con el el taller
"Cuando ya no tengas secretos".

2010/04/06

La prosperidad reclusa: "crudo naturalismo"

"La prosperidad reclusa de Orlando Mazeyra". Artículo, Diario Noticias 5 Abril de 2010.
"(...) historias que retratan el espíritu juvenil de la delicada y compleja época que nos toca vivir: los problemas de anorexia, escarceos femeninos, infidelidades, descubrimiento sexual, rasgos obsesivos, depresiones sociales, angustias existenciales, la escritura, donde el alcohol y las drogas son estímulos pasajeros de temer".

Leer el artículo completo haciendo clic aquí.