2011/07/25

En Micrópolis (entrevista)

Orlando Mazeyra en Micrópolis from micropolis2008 on Vimeo.

2011/07/11

El maleficio de la Copa América


Por Orlando Mazeyra Guillén
Publicado en el diario El Pueblo, lunes 11 de julio de 2011.




Actualización: 7 de octubre de 2017.

Al repasar la historia veremos que los campeones de América no logran repetir el plato en la Copa del Mundo inmediata. ¿Azar o maleficio? Pero no todo queda ahí: algunos campeones de América ni siquiera llegaron a clasificar a la cita mundialista más próxima; y, si lo hicieron, entonces sufrieron tremendos descalabros (por citar uno de muchos ejemplos: Argentina en Suecia 1958). ¿Alzar la Copa América se convierte, para el país que la gana, en una rémora maléfica a la hora de disputar el Mundial de Fútbol? La historia dice que sí.
Si hacemos una apurada revisión de la historia, descubriremos que este torneo se remonta al año 1916, cuando por primera vez Argentina organizó el Campeonato Sudamericano de Naciones que ganaron sus vecinos, los uruguayos. Hay que recordar, también, que a lo largo de su vida esta justa ha sufrido muchas modificaciones y recién pasó a llamarse oficialmente "Copa América" en el año 1975. O sea, que se podría decir, sin temor a equivocarnos, que Perú fue el primer ganador de la "Copa América" pues, ese año el equipo incaico derrotó, con gol del Cholo Sotil, al equipo colombiano en un intenso partido extra que se jugó en Caracas.
En cuestión de coronas, más de la mitad del palmarés es abarcada por los del Río de La Plata: los uruguayos la ganaron 15 veces y los argentinos levantaron la copa en catorce ocasiones. Tercero, y algo rezagado, aparece Brasil con casi la mitad de conquistas: ocho. Perú, Paraguay y Chile campeonaron en dos oportunidades. Cierran el pelotón, bolivianos y colombianos con una solitaria conquista. Los países sudamericanos que no han ganado la copa son Ecuador y Venezuela.
Aunque no todo es color de rosa, pues en las últimas décadas este torneo se ha visto mermado a causa de motivos que –para los amantes de los eufemismos– podríamos llamar extra futbolísticos. Si me apuran, me atrevo a decir que talvez la última gran Copa América fue la de 1995, cuando Uruguay hizo valer su condición de local en un abarrotado Estadio Centenario de Montevideo, derrotando por definición de penales a Brasil. En 1997, el anfitrión Bolivia, tuvo que sacar adelante una Copa donde sólo algunos países llevaron a algunas de sus figuras (tal vez desde ahí se puede avizorar un soterrado desdén por la altura y sus inconvenientes que están tan de moda por estos días). Y así, la vieja y querida Copa América, empezó el lento –¿irreversible?– camino hacia su devaluación. En 1999, el fantasma de la altura altiplánica ya no estaba, y en Paraguay las cosas mejoraron en algo, Ronaldo y Brasil brillaron. Ya en este siglo, el año 2001, el anfitrión era el país de García Márquez y la Copa América fue una verdadera caricatura: Argentina renunció a participar (Canadá también rechazó una invitación de la CONMEBOL). Lo cierto es que pocos querían ir a Colombia por temor a las FARC. Muchos seleccionados asistieron con equipos alternos. Ganar la Copa América dejaba de ser un inapreciable anhelo para los futbolistas del continente, había otras prioridades… Además, Europa y sus millonarias ligas empezaron a poner trabas, ya no querían ceder a sus futbolistas. El año 2004, Perú fue el anfitrión, y Brasil, menospreciando el torneo, asistió con un equipo alterno, aunque a pesar de eso le alcanzó para derrotar por penales a Argentina en una animada final jugada en el estadio Nacional de Lima (Brasil, como campeón de América, no pudo retener el título perdiendo ante la Francia del genial Zidane). En Venezuela 2007, argentinos y brasileros repitieron la final. El scratch le metió 3 a la Argentina (Brasil fue eliminado por Holanda en Sudáfrica).
En 2011 la Copa América se jugó en Argentina y campeonó la celeste uruguaya que en el mundial de Brasil 2014 se descalabró en la primera ronda.
Las dos últimas ediciones tuvieron al mismo Campeón: Chile. En el 2015 el campeón fue el anfitrión y en 2016 se celebró la Copa América Centenario. En ambas finales los mapochos le ganaron a Argentina por penales.
El maleficio podría cumplirse porque Chile podría quedarse sin asistir a la Copa Mundial Rusia 2018.

Exhumando un maleficio que hasta la fecha nadie puede conjurar
Un año antes de la primera copa del mundo, en 1929, el torneo sudamericano se organiza en Argentina y el local levanta la Copa. Sin embargo, Uruguay (que quedó tercero en el sudamericano) ganó, en Montevideo, la copa del mundo dejando al Campeón de América en el segundo lugar (los charrúas golearon 4 a 2 a los gauchos).
En 1937, el sudamericano se realizó también en Argentina y el local se quedó con la Copa. No obstante, Argentina no quiso participar en el mundial de Francia 1938. En 1949, Brasil organiza el torneo y lo gana… Pero todos sabemos lo que pasó el año siguiente en el mundial que los brasileros organizaron para ganarlo: el scratch quedó segundo en el mítico Maracanazo, perdiendo ante los uruguayos 2-1 (los goles celestes fueron de Schiaffino y Ghiggia). En 1953, el sudamericano se realiza en el Perú. Paraguay queda primero dejando en el segundo lugar a los subcampeones mundiales: Brasil. Sin embargo, sólo los cariocas clasificarían al mundial de Suiza 1954 dejando eliminado precisamente al campeón de América: Paraguay. En 1957, en el Perú, Argentina campeona relegando al segundo puesto a Brasil. En Sucia 1958, Argentina que llegaba como un gran favorito tuvo uno de los mayores descalabros de su historia: quedando colero del grupo A (al final ocupó el puesto 13 de un total de 16 equipos). En 1959, Argentina derrota a Brasil otra vez, pero Brasil repetiría en Chile 1962 (ganando su segunda copa del mundo). Argentina, en dicho mundial, se quedó en la primera fase ganando apenas un sólo partido (ocupó al final el puesto 10 de un total de 16 equipos). 1963, en Bolivia se disputa por primera vez un sudamericano y lo gana el anfitrión. Bolivia alza la copa dejando en el segundo puesto a Paraguay. Ironías del destino: ni el campeón ni el subcampeón clasificaron a Inglaterra 1966.
En 1967, en Uruguay campeona el local ganándole a Argentina. Empero, en México 1970 campeona Brasil derrotando en semifinales precisamente a Uruguay (3-1).
En el año 1975, el Perú campeona ganándole la final a Colombia. Lamentablemente en el mundial inmediato, en 1978, campeona Argentina que le hizo 6 al Perú, el 21 de junio de 1978 (dos goles de Mario Alberto Kempes, además marcaron Tarantini, Luque, Houseman). Esta goleada le dio el pase a la final a los gauchos, que vencieron en la final al equipo holandés.
En 1979, campeona Paraguay ganándole a Chile pero… de nuevo el maleficio: el campeón de la Copa América ni siquiera pudo clasificar a la Copa del Mundo de 1982. Al mundial español fueron Argentina, Brasil, Perú y el subcampeón de la Copa América: Chile, que quedó invicto en la clasificación dejando fuera de camino precisamente a Paraguay.
En 1983, Uruguay campeona dando cuenta de Brasil. Pero fue la Argentina de Diego Armando Maradona la que ganó el mundial de México 1986 dejando precisamente fuera del mundial a los uruguayos (campeones de América) en octavos de final. En aquella oportunidad, Argentina ganó 1 a 0 con Gol de Pasculli. El Uruguay de Francescoli quedaría en el puesto 16.
En 1989, en Brasil campeona el equipo de Bebeto y Romario… sin embargo, el año siguiente en Turín (Italia), Argentina lo dejó afuera en octavos. (un pase excepcional de Maradona, regateo y gol de Claudio Paul Caniggia). Argentina llegó a ser subcampeón en Italia 1990. Brasil quedó en el puesto nueve. En 1993, en Ecuador, Argentina campeona ganándole la final a México. Huelga decir que en 1994, en Estados Unidos, todos sabemos que el maleficio de la Copa América le pasó factura a los albicelestes, pues los dirigidos por Alfio Basile se quedaron en octavos de final, perdiendo contra la Rumania de Hagi y compañía (2-3). Campeonaría un Brasil muy esquemático y la Argentina quedaría relegada al puesto diez. En 1997, Brasil le gana la copa América al local: Bolivia. Sin embargo al año siguiente Zidane les quita el título del mundo en la final de la Copa del mundo (0-2). El año 2001, en Colombia, la final la gana el equipo cafetero: Colombia vence a México por la mínima diferencia. En dicha Copa América, Brasil cumple un papelón perdiendo en cuartos de final contra Honduras (0-2). Pero, al año siguiente, ganaría la Copa del Mundo de Corea-Japón 2002. Y de vuelta el maldito maleficio copero: el equipo colombiano ni siquiera pudo clasificar a la Copa del Mundo (quedando en el sexto puesto en la eliminatoria mundialista sudamericana). En el año 2004, la Copa América se realiza en el Perú y Brasil (campeón vigente del mundo por ese entonces) le gana la final a Argentina por penales. ¿Mal presagio para los cariocas? Por supuesto, en Alemania 2006, otra vez la bestia negra del scratch: Francia los mandaría a casa con un centrazo de Zinedine Zidane que conectó Henry. Brasil quedaría en el quinto puesto y Argentina (subcampeón de América) en el Sexto. Por último, el año 2007, en Venezuela, Brasil vapulea a la Argentina 3-0. ¿Pudieron por fin los pentacampeones del mundo romper el maleficio de la Copa América? Todos sabemos que no, pues en Sudáfrica 2010 los cariocas se despiden por las patas de los caballos perdiendo contra Holanda (1-2). Argentina (subcampeón de América) quedó en quinto puesto, superando a Brasil que quedó sexto.
¿Podrá el campeón de la Copa América 2016 romper el maleficio? Primero, que clasifique. O digo mejor: esperemos que se quede en la puerta.
© Orlando Mazeyra Guillén, 2011.

2011/07/10

La Copa América... y Juan Román Riquelme


Román no es "pecho frío". Acá un testimonio genuino.

2011/07/02

El Infierno interior

Por Carlos Rivera

"Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara."

Jorge Luis Borges


Hastiado Gustave Flaubert, y para que se develara quién era Madame Bovary, éste respondió: (Madame Bovary, c'est moi) “la Bovary soy yo”. Y es que ese gran personaje de la literatura universal se convirtió en su sangre y su alma (si ésta existe). La novela fue mas allá de la ficción y causó escándalos en la sociedad francesa siendo procesado en 1856 por “ofensas a la moral y a la religión” creyendo los acusadores, desde sus ignorancias y prejuicios, que la obra alteraría las buenas costumbres. De hecho, los personajes de la novela en su mayoría fueron extraídos de las vivencias personales y de escenarios reales, producto de una investigación obsesiva por encontrar arquetipos para su novela. Pero la literatura es una gran mentira hecha con trozos de la realidad y cuando estos hechos constituyen el corpus literario, ya pertenece a la dimensión del arte. Partiendo de esta breve reflexión que nos pretexta el libro del escritor Orlando Mazeyra Guillén, podremos ensayar algunas consideraciones preliminares acerca de La prosperidad reclusa.

Cada uno de los personajes del libro enfrenta distintas vicisitudes de la vida, pero no desde la periferia de las cotidianidades de personas felices y dignas de imitarse para olvidarse de las desventuras, sino desde los suburbios de la conciencia, es decir desde el infierno que todos llevamos dentro. El autor no intenta crear ambientes, paisajes sociales ni paradisíacos, sino atmósferas, sensaciones, exorcismos. Orlando Mazeyra escogió el infierno para deslizarse por sus recovecos y darles temáticas comunes como el amor, el trabajo, la ilusión, el amor filial, el sexo, la locura y la perversión. Cosa curiosa, los cuentos hablan implícitamente de la prosperidad, pero no entendida desde elucubraciones sociológicas, sino desde la vertiente de un grito, un delirio hacia la vida o a la libertad y a las cosas de este mundo. Es decir, la prosperidad como una utopía personal hecha a medida del individuo.


Las huellas inmediatas a las que nos remite el libro, son Los Inocentes de Reynoso, ese delirio poético callejero de una sórdida Lima. O la salvaje collera de Matacabros de Sergio Galarza, y la violenta narración de Rilo en Contraeltrafico. Sin dejar de lado, desde luego, los solitarios y abyectos personajes de Julio Ramón Ribeyro. Claro que también asoman los ecos de Bukowski, Henry Miller, Mario Vargas Llosa y Sartre.
El plus de Orlando Mazeyra a la literatura (al menos en esta obra que leí) es la música, que le da cadencia a las historias, aunada a una perspectiva visual cinematográfica que parecieran escenas de un film con un protagonista central, un guión inconcluso y un escritor omnisciente que alimenta a su antojo las peripecias de los miserables personajes para lograr un desenlace a modo de flashback. Esto da pie, a su vez, a que al menos, en esos viajes oníricos, tengamos un acercamiento a lo total (lo visual, literario y musical).
El autor a través de la obra expresa su desencanto, su rabia, sus delirios existenciales y para arroparle de belleza literaria recurre a una poética personal donde las palabras son un festín de frases que, desde luego, pretenden una estética original. Avizoramos que en algún momento se constituirá de manera sólida en una obra mayor o quizás una novela. En este libro que comentamos, vemos un excelente comienzo hacia ese sendero.


Dentro de los cuentos que componen el libro, a juicio personal, considero el más logrado, “Tras la puerta”, que sintetiza toda esa poética a la que nos referimos anteriormente, donde el personaje Obdulio transita ese pedazo de su existencia entre un enfrentamiento con su génesis patológica, la búsqueda de la verdad y de sus encuentros y desencuentros con sus tormentos esquizofrénicos y las curaciones a las que es sometido por los especialistas. En esas misceláneas pasadas, y hechos presentes trasunta una añoranza filial, una búsqueda infinita por un poco de comprensión (¿o tal vez una prosperidad sentimental?) que consuela con el apego hacia su madre (o acaso un ideal de ella). Al final, no hay nada revelador, sólo la presencia rotunda, dolorosa y temeraria de su progenitor como parte de su ser que lo acompañará por doquier en los avatares de su existencia. El cuento no gana por K.O. sino por perplejidad.

Los representantes de la actual literatura arequipeña, hace tiempo que han dejado las temáticas comunes y tradicionalistas. Los nuevos escritores jóvenes como Orlando Mazeyra Guillén hacen caso omiso de este canon sagrado del cual algunos todavía creen imperecedero. Porque esta nueva (aún no me atrevo a llamarla generación) pléyade de escritores no tiene miedo de escribir de putas, violencia, drogas, amores, sexo o de algunas pasiones bizarras que giran en su entorno social y cultural. El escritor arequipeño posmoderno es menos timorato, más poético y más trasgresor.
Consideramos por ello que el autor de este conjunto de cuentos escribe sin miedos, ni ataduras o complejos, enfrenta las historias y las plasma con todo su arte. Por momentos parece autobiográfico, representándose a sí mismo, en cada uno de los seres que desfilan en La Prosperidad reclusa. El autor parece dejarnos alguna huella evidente del por qué de su escritura en el segundo cuento del libro: “La dulce espera” (aunque tal vez la presunción podría ser atrevida):

Cuando empiezo a escribir siempre lanzo un bumerán que retorna y se parte en mi crisma. Son las migrañas nocturnas, o algo más que eso: una punzada en los ojos, de atrás hacia adelante y de adelante hacia la nuca, un vértigo que me acomete cuando trato de recordar a papá.”

Entonces, para finalizar y volviendo a la declaración de Flaubert con respecto a Madame Bovary, es que se puede colegir que La prosperidad reclusa es la expresión de un infierno interior del autor. Las lágrimas, sueños, y perversiones plasmadas en un elevado trabajo hecho con un amor visceral por la literatura. Es la simbiosis poética de la vida y las palabras.

Fuente: http://www.letras.s5.com/omg020711.html


2011/06/15

Es posible contar un montón de mentiras, diciendo sólo la verdad



Este hombre tomó a una nación destruida.
Recuperó su economía, y le devolvió el orgullo a su pueblo.
En sus cuatro primeros años de gobierno, el número de desempleados cayó de 6 millones a 900 mil personas.
Este hombre hizo que el Producto Bruto Interno (PBI) creciera 102% y duplicó la renta per cápita.
Aumentó las ganancias de las empresas de 175 millones a 5 mil millones de marcos.
Y redujo la hiperinflación a un máximo de 25% anual.
Este hombre adoraba la música y la pintura, y cuando era joven, imaginaba seguir una carrera artística.
Es posible contar un montón de mentiras, diciendo sólo la verdad. Por eso, es necesario tener mucho cuidado con la información del periódico que usted recibe.
UNA LECCIÓN PARA LA "GRAN PRENSA" PERUANA.


2011/06/13

El optimista del gol se llevó el arco de La Bombonera


Algunos mezquinos suelen recordar a Martín Palermo por los tres penales marrados contra Colombia en la Copa América Paraguay 1999 (olvidando, quizá deliberadamente, los "huevos" que hay que tener para patear tres penales en un mismo partido). Otros, el año pasado, no entendían cómo Maradona lo había llevado al mundial de fútbol Sudáfrica 2010.
Martín Palermo, hincha de Estudiantes de la Plata (como Ernesto Sábato), es el máximo artillero de la historia del club más tradicional de Argentina: Boca Juniors.
El regalo que le dieron el día de su último partido en el estadio xeneize: ¡el arco de la Bombonera!
Argentina, siempre lo he sostenido, es el país donde el fútbol se vive como una auténtica religión, un pasión que capaz de horadar a toda la nación gaucha.
Bautizado por el “Virrey” Carlos Bianchi como el “optimista del gol”, este larguirucho delantero pasó a la historia del fútbol mundial.
Sé que las comparaciones son odiosas. Pero hace pocos días los brasileros despidieron a Ronaldo (sí, al que marcó más goles en los mundiales de fútbol); si cotejan la despedida del “fenómeno” Ronaldo con el “titán” Palermo comprenderán por qué la Argentina es la tierra de las hinchadas más palpitantes del mundo. Entenderán quizá por qué estás despedidas, como la del más grande (¡Maradó!) me mueven hasta las lágrimas. Y entenderán por qué Martín Palermo es también conocido como “el hombre que hace llover”.
Larga vida al ¡GOLEADOR! Larga vida al fútbol argentino que es PASIÓN.





2011/06/11

Exhumando relatos: ¿CONOCES A MARCIAL MENA?


Sólo una pregunta (para comenzar bien y no irme por las tangentes como suelo hacerlo casi siempre): ¿conoces a Marcial Mena? Yo intuyo que sí: Marcial es un joven solitario, un tipo real, un sujeto que está hastiado de esa maldita indecisión congénita que lo ha catapultado al inextricable dédalo del fracaso.

Él está harto de ser un manojo de titubeos; pero, sobre todo, Marcial está extenuado de vivir rodeado de jóvenes desalentadores que lo tildan de ser un mero «idealista». Sus amigos lo llaman soñador, necio, iluso o simplemente despistado, por el simple hecho de que él está peligrosamente convencido de que los jóvenes de su pasiva generación son los únicos que pueden –¡y deben!– cambiar el mortal rumbo que sigue su vergonzoso y desorientado país tercermundista ("¡país que no vale un carajo!", como suele disparar su abuelo Orlando cada vez que la selección nacional muerde polvo de la derrota).

Para evadir a esa indiferencia desdeñosa que cree que todos muestran hacia él, Marcial decidió aislarse del mundo, pues alejarse de los demás significaba para él la mejor manera de apartarse de la agobiante incomprensión y del severo rechazo. Nunca imaginó que el remedio iba resultar siendo peor que la enfermedad, porque, en su soledad extrema, él ha cultivado una siniestra compañera: la frustración; pero Marcial intenta huir de ese sentimiento, oscuro y corrosivo, que le carcome a cuentagotas el escaso ego que aún se insinúa en su más recóndito interior.

Pero, ¿por qué razón se siente frustrado? ¿Cuál es su verdadero problema? Marcial sabe muy bien que todo este embrollo empezó hace varios años, cuando un día se sintió inflamado con la ilusión de llegar a ser un reconocido periodista; pero su propia indecisión, añadida a la enorme cuota de pesimismo que le inyectó su entorno íntimo, le hicieron estrangular a esa vocación que él veía como el único medio que lo podría llevar a alcanzar esa ansiada felicidad que todo ser humano persigue.

Marcial inmoló a su vocación más genuina: el periodismo ("carrerucha para acribillarse de hambre", diría su madre antes de dibujar una elocuente mueca); se dejó llevar por esos intereses metálicos que le impone un mundo consumista… y eligió como nueva aspiración a la rutilante y vertiginosa ingeniería informática.

Él está a punto de ser un flamante ingeniero informático, pero cada vez que explora su interior –cosa que lamentablemente hace muy a menudo–, siente ese obstinado vacío que, opresivo, lo somete y que lo obliga a chapotear en el hediondo fango de sus ingratos recuerdos y sueños marchitos.

Un día de esos (o mejor dicho, un día de aquéllos), Marcial, solo, ensimismado, siente unas desenfrenadas ganas de escribir. Esta actividad, que lo convierte en una especie de reo de la pluma y el papel, lo empieza cautivar. Él cree haber encontrado una nueva pasión, muy parecida pero más intensa y cautivante que la anterior. Marcial escribe, escribe y no para de escribir… Pero, poco a poco, va descubriendo la siempre truculenta realidad: Marcial no sirve para esos complejos menesteres.

Fue la tradicional Semana Santa mistiana, el breve periodo en el que Marcial quiso entregarse por completo a la insaciable creación literaria. Pero su falta de talento y su anémica imaginación lo llevaron a evocar los pasajes más recordados de su somnolienta vida: su solitaria infancia en Pucallpa, su etapa escolar en Colegio San Jerónimo y su todavía inconclusa vida universitaria. Él trató de amalgamar recuerdos pero, debido a su impericia, no pudo evitar salirse siempre del contexto: sus narraciones –al menos para mí– se ven desafortunadamente invadidas por percepciones superficiales y por un costumbrismo enfermizo que alcanza cotas intolerables.

En algún momento –momento que, para ser honestos, ni él ni yo recordamos con certeza–, Marcial percibió que sus narraciones eran turbias, aburridas y poco descriptivas; esto fue achatando de a pocos sus deseos de escribir. Y, después de casi una semana de trabajo intermitente, él dejó de escribir… dejó de escribir para nunca más volverlo a hacer.

¿Fracasó? Sí, pero no. ¿Cómo así? Con todas sus limitaciones de por medio, Marcial elaboró una obra rara, una obra distinta. Él cree haber escrito una novela mediocre ("una novela a la altura de su autor", como alguna vez sentenció él mismo después de apurar nerviosamente un vaso de cerveza en el bar La Ramadita); pero lo cierto es que cualquier lector medianamente avispado puede percatarse al instante de que lo suyo no es novela por ningún lado… son simples anécdotas empapadas con una pizca de ficción, relatos entrelazados, recuerdos rebuscados, memorias distorsionadas…

La primera vez que terminé de revisar sus manuscritos, apagué el velador de mi mesa de noche preguntándome "¿conoces a Marcial Mena?". Llegué, en medio de la oscuridad de mi tibia alcoba, a una conclusión apurada (que es un símil de la conclusión a la que llego cada vez que Marcial merodea mis pensamientos): no lo conozco y a veces estimo que nadie lo conoce. Valgan verdades: ¡juraría que ni él mismo se conoce en absoluto!

Antes de terminar, agrego una sola cosa: cierta mañana dominical, saliendo de la parroquia del vecindario, Lucrecia, la extraña novia de Marcial, se me acercó discretamente para ponerme al tanto de que una buena cantidad de los manuscritos de su novio andaban dispersos por toda la ciudad: «Ni siquiera el propio Marcial sabe quién demonios sacó tantas copias». Por suerte, mi mala conciencia alcanzó a permitirme un gesto de moderada sorpresa. «Incluso, y aunque parezca mentira: ¡están apareciendo algunos de sus relatos en algunos periódicos e internet!», agregó muy ofuscada. Debe ser cierto, porque de no ser así, tú, amigo lector, no estarías leyendo estas líneas… Y ya que no te conozco (y aún a sabiendas de que tu respuesta es bastante obvia), cumplo con formularte la misma pregunta que les hago a todos los que se animan a revisar sus manuscritos: ¿acaso tú conoces a Marcial Mena?

Si encuentras a alguien que lo conozca, llámenlo: díganle que ya no escriba, que lo mejor que puede hacer es dejarse vencer por la hoja en blanco… porque dejarse llevar –escribir, escribir, escribir– sería volver a caer en la tentación del fracaso.

Yo, antes que verlo escribiendo, prefiero saberlo muerto… y tú sabes que no exagero.

M.M.

2011/06/07

¡Viva el Perú, carajo!

Por Guillermo Giacosa

No pondré nombres porque el discurso y las preocupaciones eran las mismas. Todas sus preocupaciones recorrían idéntico camino y las resumiría en un par de frases engañosas pero, a fuer de repetidas, reveladoras: “la gente quiere saber”, “el pueblo peruano quiere saber”. ¿Qué es lo que la gente o el pueblo peruano querían saber, según estos aguerridos periodistas, repentinamente devenidos en los representantes naturales de lo que realmente interesa al grueso de la población?
Pues el nombre del futuro primer ministro, el nombre del futuro ministro de economía o qué iban hacer para que la Bolsa no reaccionara negativamente. También querían que les dijeran que los TLC se iban a respetar, que las líneas maestras de la economía no se alterarían, en realidad querían que les dijeran que todo iba e ser como antes y que las elecciones sólo habían sido la parte coral del sainete democrático que reclama este acto. Querían que les dijeran que Ollanta era solo un espejismo y que mañana todo seguiría igual. Bajo la consigna, lógica pero falaz, de que no hay que detener el crecimiento económico, se arrogaban la representatividad del pueblo, mutaban en la gente de todos los días, de la que suda para llegar a fin de mes entregando porciones de su humanidad y querían una respuesta. Nunca escuché tantas veces invocar la gente y nunca estuve tan seguro que sustituían la gente por el nosotros, sin intuir que entre ellos y la gente que invocaban hay un abismo de privilegios que sin ser injustos deforman la percepción de la realidad.
¿Alguien, en su sano juicio, cree que a la multitud reunida en la Plaza 2 de Mayo le interesaban los nombres de los futuros ministros, o la actitud ante los TLC, etc.? En ese día, al menos, no. Esa multitud, que cumplió con la tarea histórica de impedir que se repita la dictadura, sólo quería festejar, quería sentir que la manipulación a la que son sometidos a diario tiene un límite y que ellos habían sabido trazarlo al desoír la incalificable campaña mediática contra su candidato.
_____
Comparto desde el muro de Facebook del escritor Selenco Vega la nueva versión del cuento de Tito Monterroso:

Parece que Vargas Llosa está cobrándose todas las deudas pendientes. El año pasado fue el Nobel. Hoy, como dice El Útero de Marita, se la cobró a Fujimori, luego de veinte años. Augusto Monterroso lo habría dicho así: "Y cuando despertó (el Chino en la DIROES) Mario Vargas Llosa todavía estaba allí".



2011/05/31

Todavía tengo un sueño




Por Orlando Mazeyra Guillén

«¡Vas a ser periodista, carajo! Periodista: el cuarto poder…
y a veces somos el primero, porque en este país la gente se caga de miedo.»

Tinta roja de Francisco Lombardi
(basada en la novela homónima de Alberto Fuguet).

Hace cinco años, cuando la consabida amnesia colectiva del pueblo peruano, aunada a una atosigante campaña del «miedo» que hoy vuelve a estar en boga, le dio una nueva oportunidad a Alan García Pérez, me juré no volver a entonar el Himno Nacional hasta el 28 de julio de 2011, fecha en la que supuestamente nuevos y buenos vientos soplarían en nuestro país y, así, harían hondear hacia otras direcciones ese pendón bicolor que nos recuerda a Grau, Bolognesi, Cáceres, Quiñones y a tantos otros peruanos de excepción.
Hoy, en el cierre de una incandescente segunda vuelta electoral, en que la dictadura informativa de un gran número de medios capitalinos de prensa escrita, radial y televisiva que, paradójicamente, luchan porque las libertades (éstas encorsetadas y hechas a la medida de los intereses de aquéllos) no se pongan en riesgo ante una posible (temida, aborrecida, vilipendiada) victoria del candidato de Gana Perú, Ollanta Humala Tasso, soy presa de un escepticismo lacerante y un mar de dudas y lamentos: ¿acaso volveremos a tener la oportunidad de decir con convicción y con algún atisbo de esperanza «¡somos libres, seámoslo siempre!»? Libres de la rapiña aprista y de la corrupta dinastía fujimorista, partidos que, codo a codo –audios, vídeos y tropelías de por medio–, engañifa tras engañifa, se han convertido en unos repulsivos hermanos siameses que defecan sobre el pueblo peruano, a vista y paciencia de la «prensa libre».
En el Perú, la democracia parece ser una entelequia, un ejercicio macabro en el que nos resistimos a tocar fondo: «siempre se puede caer más», parece ser el martillazo de la conciencia nacional. Son estas situaciones las que aprovechan los extremistas o malintencionados para ponerla en entredicho: ¿Democracia? ¿La voz del pueblo es la voz de Dios? Entonces Dios no existe o, con el respeto que se merecen mis compatriotas, el infierno se llama Perú.
Con las dos opciones que tenemos a la mano no hay dilema. Y si lo hay, pues éste se reduce al escarceo hamletiano: ser o no ser. ¿Ser o no ser democráticos? He ahí el dilema. Erich Fromm nos dice: «No debemos confiar en que nadie nos salve, sino conocer bien el hecho de que las elecciones erróneas nos hacen incapaces de salvarnos».
Una decisión errónea, soliviantada por prejuicios y miedos que nos pueden llevar a la ceguera absoluta que reivindique a un régimen totalitario, nos hará incapaces de salvar la democracia… o lo que, a estas alturas, queda de ella.
Yo no creo en mesías, caudillos fugaces, ni autócratas militaristas como Hugo Chávez Frías. Sé, como todos, que Ollanta Humala, con su discurso (ahora bastante moderado) que muchos, llevados por el lugar común, catalogan de «estatista» y «populista», no nos garantiza ninguna prosperidad inclusiva. Sin embargo, tengo que elegir y, por un acto de asepsia elemental, quiero creer que apostará por ella, por la vía democrática, tal como lo indica su «Compromiso con el pueblo peruano», emulando al modelo brasileño del ex presidente Lula y, asimismo, tomando ancha distancia del sistema que está desmoronando a Venezuela.
En la vereda de enfrente, en cambio, tenemos, personificando un haraquiri masivo, a la hija del reo Kenya Fujimori, condenado a 25 años de cárcel por ser autor mediato de una ola de crímenes de lesa humanidad como los baños de sangre de Barrios Altos y La Cantuta; quien, ya el 5 de abril de 1992, nos dio el primer indicio que iría colmando deprisa su prontuario: implantó una dictadura funesta que con cada muerto, con cada mujer esterilizada con la venia de Juan Luis Cipriani, con cada canal o periódico comprado en la tristemente célebre sala del SIN, nos dio cuenta de un ser envilecido que no sólo no creía en la democracia ni en los Derechos Humanos –martirizó sistemáticamente y estuvo a un paso de llevar a la locura a su propia mujer, Susana Higuchi–, sino que buscó erradicarla gracias al retorcido concurso de un personaje no menos truculento y ramplón: Vladimiro Lenin Montesinos Torres.
Votar por Ollanta Humala, con ciertos y comprensibles resquemores, significa dejar atrás y para siempre el pasado tenebroso del fujimontesinismo. Debemos fumigar de una vez por todas del escenario político peruano a una pantomima de partido –que cambia de ropaje en cada elección: Cambio 90, Nueva Mayoría, Perú 2000, Sí cumple, Fuerza 2011, etcétera– en donde, ahora, la hija oficia de dócil testaferra, pues presta su nombre en una pretensión que en realidad no es de otra persona que su padre –“¡chino, chino, chino!”, escupe excitada la fanaticada delirante que, como el barrabrava o el ebrio empedernido, parece haber anulado cualquier esbozo de razón–, aquel que luego que escapar entre gallos y medianoche, y renunciando vía fax, tuvo el cuero suficiente como para presentarse como un inaudito candidato al senado japonés.
Antes de elegir, el peruano de a pie debe recordar a los medios de comunicación sumisos o con bozal, la prensa amarilla, la televisión cautiva que estupidizaba al país convirtiendo en íconos a Magaly Medina (quien nació con la dictadura y persiste todavía) y a Laura Bozzo (que nadie olvide «Laura en América», programa hediondo en donde se llegó al extremo de ofrecer unos cuantos dólares si se era capaz de lamer axilas sudorosas; dinero de la mafia en componenda con la familia Crousillat).
Debemos también revisar el informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) y desempolvar los viejos psicosociales apristas que sirvieron para que el temor le ganara a la cordura y se elija a un advenedizo, rechazando así a un peruano honesto; el mismo temor que nos hizo volver a darle la primera magistratura al líder del partido aprista.
Alberto Fujimori ha sido uno de los muchos asesinos de la ilusión que, rodeándose de escorias y oportunistas, se ha burlado de las esperanzas de nuestro pueblo. Sin embargo, a contrapelo de unas encuestas de dudosa veracidad, hay que seguir soñando, eso sí, con los pies bien puestos sobre esta tierra que no pocos amamos.
Hace casi cincuenta años un afroamericano intachable pasó a la posteridad con un discurso que se resume en cuatro palabras «Yo tengo un sueño». Soñemos entonces con un país donde la prensa anteponga la verdad sobre la infamia, con un pueblo que abrace a la dignidad y a la memoria, antes que a un «modelo económico» o pantomimas ideológicas enarboladas por chuscos nietos de referentes intelectuales o escribidores desquiciados por el exceso de sicotrópicos. Otro país es posible: aquél en el que nuestros hijos nos juzguen por nuestra estatura moral antes que por el tamaño de nuestras billeteras.
La política y todo lo que vincula al poder sirve para ventilar lo mejor y lo peor de los seres humanos. ¿Tan poca cosa somos? Yo me resisto a creerlo. Votemos por una posibilidad y, de paso, extirpemos las reminiscencias de un pasado nefando.
Yo tengo un sueño, pero para hacerlo realidad necesito el concurso de los peruanos honestos y bienpensantes. Porque la democracia más genuina viene del pueblo y debe dirigirse a éste, yo todavía sueño que este 28 de julio, henchidos de emoción, podamos decir «Somos libres, seámoslo siempre». Que así sea, peruanos.

Orlando Mazeyra Guillén
31 de mayo de 2011

Mario Vargas Llosa renuncia a seguir escribiendo para El Comercio

Madrid, 31 de mayo de 2011.

Sr. D. Fran­cisco Miró Que­sada Rada
Director Dia­rio El Comer­cio
Lima, Perú


Señor Direc­tor:

He pedido al dia­rio El País que a par­tir de hoy cese de enviar mis cola­bo­ra­cio­nes a El Comer­cio. Desde que un puñado de accio­nis­tas, enca­be­za­dos por la señora Martha Meier Miró Que­sada, tomó el con­trol de ese dia­rio y del grupo de cana­les de tele­vi­sión y perió­di­cos de que es pro­pie­ta­rio, el perió­dico se ha con­ver­tido en una máquina pro­pa­gan­dís­tica de la can­di­da­tura de Keiko Fuji­mori que, en su afán de impe­dir por todos los medios la vic­to­ria de Ollanta Humala, viola a dia­rio las más ele­men­ta­les nocio­nes de la obje­ti­vi­dad y de la ética perio­dís­tica: silen­cia y mani­pula la infor­ma­ción, deforma los hechos, abre sus pági­nas a las men­ti­ras y calum­nias que pue­dan dañar al adver­sa­rio, a la vez que en todo el grupo de medios se des­pide o inti­mida a los perio­dis­tas inde­pen­dien­tes, y se recu­rre a las insi­dias y gol­pes bajos de los peo­res pas­qui­nes que viven del ama­ri­llismo y el escán­dalo. No puedo per­mi­tir que mi columna “Pie­dra de Toque” siga apa­re­ciendo en esa cari­ca­tura de lo que debe ser un órgano de expre­sión genui­na­mente libre, plu­ra­lista y democrático.

Al apar­tarme por segunda vez, y de manera defi­ni­tiva, de El Comer­cio, puedo dejar de recor­dar a ese demó­crata cabal, hom­bre de bien y amigo que­ri­dí­simo que fue Luis Miró Que­sada Gar­land, y el estu­por y la tris­teza con que habría visto los nive­les de abyec­ción a que han lle­vado la señora Meier Miró Que­sada y sus cóm­pli­ces al perió­dico que alguna vez fue suyo y al que honró con su decen­cia y sus artículos.

Aten­ta­mente,
Mario Var­gas Llosa


2011/05/27

Humala remonta y logra empatar

ABRAN LOS OJOS: Humala remonta y logra empatar. La "gran prensa" está nerviosa. Nadie puede hacer hoy predicciones creíbles. Puno estalló: el gobierno aprista apuesta criminalmente por el caos. Por favor, amigo, amiga, joven, señor, señora, señorita. COMPRE "Hildebrandt en sus trece", infórmese y haga patria.
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ENCUESTA NACIONAL URBANA – RURAL
INTENCIÓN DE VOTO PRESIDENCIAL 2011
SEGUNDA VUELTA
Simulación con cédula similar a la que se usara el día 5 de junio, recogida de manera secreta

CANDIDATO Emitidos Válidos
Keiko Fujimori 44.2 50.3
Ollanta Humala 43.7 49.7
Blanco / viciado 12.1
Total % 100.0 100.0
Base ponderada 1,800 1 ,583


FICHA TÉCNICA
•Título del estudio: Encuesta de Opinión Mayo 2011.
•Objetivos del Estudio: Intención de voto elecciones presidenciales 2011.
•Encuestadora: Pontificia Universidad Católica del Perú
•Nº de registro: 0108-REE/JNE
•Universo o población objetivo: Hombres y mujeres de 18 años o más, habitantes de 19 regiones del país (ver detalle de provincias y distritos en lista adjunta).
•Tamaño de la muestra: 1800 personas entrevistadas.
•Error y nivel de confianza estimados: ± 2,31% con un nivel de confianza del 95%,
asumiendo 50%-50% de heterogeneidad, bajo el supuesto de muestreo aleatorio simple.
•Cobertura: 146 distritos en 40 provincias pertenecientes a 19 regiones del país.
•Nivel de representatividad: Las provincias donde se realizaron las entrevistas concentran aproximadamente el 69% de la población nacional de 18 o más años en el Perú.
•Procedimiento de muestreo: Se realizó una muestra probabilística polietápica de
conglomerados, estratificada según región y ámbito rural y urbano. En cada estrato se seleccionó una muestra simple al azar de manzanas por computadora, posteriormente se realizó una muestra sistemática de viviendas en cada manzana seleccionada y se aplicaron cuotas de sexo y edad para la selección de personas al interior de las viviendas.
En zonas urbanas, en una primera etapa se realizó una selección por computadora de
manzanas; en la segunda etapa se realizó una selección de viviendas mediante muestreo sistemático. En zonas rurales se realizó una selección aleatoria de centros poblados con menos de 200 viviendas, ubicados a proximidad de carreteras en un radio no mayor a un día de distancia (ida y vuelta) de las ciudades principales o capitales de las provincias seleccionadas. Posteriormente en cada centro poblado escogido se realizó una selección de viviendas mediante el método de rutas aleatorias. Dentro de Lima se estratificó la muestra de acuerdo con grandes zonas de la ciudad (cono norte, cono este, cono sur, centro, cono oeste-suroeste).
•Marco muestral y fuentes secundarias: En el caso de las zonas urbanas del país, la selección de manzanas se realizó utilizando como marco muestral la cartografía digital del INEI del 2007. En el caso de las zonas rurales se usó la cartografía de centros poblados del INEI 2002 y 2007.

Para descargar la encuesta completa:
http://iop.pucp.edu.pe/index.php?option=com_content&view=detallesondeos&id=123

2011/05/25

Alfredo Bryce Echenique: "Escuchemos a Vargas Llosa"

Revisando cierta prensa nacional o escuchando de boca de algunos amigos muy bien enterados, muy fácilmente puedo llegar a la conclusión de que la ceguera, la envidia, la vanidad e incluso la estupidez, han puesto fin a la alegría de todos los peruanos por el reciente premio Nobel de Literatura otorgado tan merecidamente a Mario Vargas Llosa.
Y la razón es solo una y la misma de siempre: nuestro más grande escritor ha hablado y escrito muy claramente de los peligros que acarrearía el triunfo de Keiko Fujimori y el fujimontesinismo completo, o sea el retorno a un nada lejano pasado en el que un hombrezuelo fue capaz de torturar a su propia esposa, con la complicidad de su hija, hoy candidata, tiempo después huir cobardemente del Perú, renunciar ya desde muy lejos y por fax a la presidencia de la república. Y todo esto y muchísimo que más, que todos recordamos, qué duda cabe, para luego correr a refugiarse cobardemente en el Japón de sus orígenes.
Porque esto es lo que se nos vuelve a venir, queridos compatriotas, de ganar Keiko Fujimori. O sea que absolutamente nada tiene de extraño que Mario Vargas Llosa cabalgue de nuevo, valiente y muy claramente, en defensa de la libertad y de los derechos humanos. Como tampoco tiene nada de extraño que ese Torquemada “chicha”, que es el Cardenal Cipriani, para quien, por más que hoy oportunistamente lo niegue, los derechos humanos sí son una cojudez. Y una muy reverenda y tamaña cojudez.
Torquemadas y demás ilustradas o lustradas personas claman hoy amenazante y torpemente contra las diáfanas verdades que una vez más defiende, con un inmenso amor por su país –esté cerca o lejos de él– con ardor y fervor, tercamente, Mario Vargas Llosa. Escuchémoslo, por favor. Y sobre todo no dejemos que la ciega y fatal intolerancia se apodere de nuestras conciencias y de nuestro derecho a opinar.

Alfredo Bryce

2011/05/23

País de conejos suicidas

Escribe César Hildebrandt

Andy Riley es un múl­ti­ple artista bri­tá­nico que, entre otras muchas bellas cosas, ha creado unos per­tur­ba­do­res cone­ji­tos cuyo empeño mayor en la vida es morir. Esta mez­cla de inocen­cia cone­jil e incli­na­ción taná­tica me pro­duce un horror no exento de admi­ra­ción y, al mismo tiempo, el atrac­tivo hip­nó­tico y per­verso que sobre muchas per­so­nas ejer­cen los vacíos del abismo.

Los cone­ji­tos sui­ci­das de Riley me han hecho pen­sar, ade­más, en el Perú, que es un país que varias veces ha inten­tado matarse y que hoy está a punto de rein­ci­dir en tan inex­pli­ca­ble tarea.

Ese amor por la fata­li­dad es viejo en este viejo país.

Lo vimos cuando, desde aden­tro, mina­mos nues­tra con­fe­de­ra­ción con Boli­via. Estuvo pre­sente cuando deci­di­mos acom­pa­ñar a Boli­via, por honor, en una aven­tura bélica que sabía­mos que tenía­mos que per­der. Adqui­rió esplen­di­de­ces dege­ne­ra­das cuando el hijo del mayor trai­dor que estas tie­rras han parido —Mariano Igna­cio Prado— pudo ser, dos veces, pre­si­dente de la repú­blica. O, antes, cuando per­mi­ti­mos el saqueo del guano per­pe­trado por nues­tra oli­gar­quía y des­cui­da­mos el sur sali­trero por­que era más fácil cobrar impues­tos ridícu­los que extraer y pro­ce­sar esa riqueza. O cuando los Eche­ni­que y todos los que se le pare­cie­ron que­da­ron impu­nes. O cuando Drey­fus. O cuando suce­dió lo de los tre­nes inú­ti­les que enri­que­cie­ron a tanto sin­ver­güenza. O cuando depre­da­mos el mar hasta dejarlo exhausto. O cuando per­mi­ti­mos que todo se pusiera “en valor” y se ven­diera en nom­bre de un libe­ra­lismo que los libe­ra­les, cuando están en el poder, se encar­gan de no practicar.

O cuando le hici­mos la vida impo­si­ble a José Luis Bus­ta­mante y Rivero. O cuando sitia­mos al Apra hasta lograr que a Haya le pare­ciera bien comerse un cebi­che con Eudo­cio Ravi­nes. O cuando mata­mos a Heraud, exi­lia­mos a Rose, mal­tra­ta­mos a Basadre.

Y si quie­ren, más recien­te­mente: cuando per­mi­ti­mos que el país fuera un charco cha­po­teado por la pan­di­lla de Fuji­mori y la prensa fuera la puta con­ta­giante de la esquina mala.

Mata­mos al Perú y nos mata­mos con él cuando ele­gi­mos pre­si­dente por segunda vez a un hom­bre que había robado con denuedo durante cinco lar­gos años. Y nos mata­mos a lo Guyana, en man­cha, en ruma, cuando esta­mos a punto de reivin­di­car, para ver­güenza de nues­tros des­cen­dien­tes (espero), eso que Cotler ha lla­mado, como ento­mó­logo, “el lado más repul­sivo del Perú”.

¿Qué somos, qué es este país que ama­mos y detes­ta­mos a la vez? ¿Una tie­rra bal­día donde pre­va­le­cen los valo­res vio­len­tos de la horda? ¿O es que segui­mos siendo el país del oro y los escla­vos que decía Bolívar?

Un país no es un nom­bre ni una fron­tera y mucho menos una marca. Un país es una nación jun­tada por pro­pó­si­tos comu­nes y elevados.

No pode­mos unir­nos para ser menos, para degra­dar­nos, para per­der la dig­ni­dad. Para eso no hici­mos el Perú. Y, sin embargo, eso es lo que esta­mos haciendo, lo que podría­mos hacer, lo que la dere­cha anal­fa­beta desea que hagamos.

¿Y saben qué? Pocas veces he sen­tido ver­güenza de ser perio­dista. Ahora sí. Algún día alguien de los suyos les enros­trará tan­tas infa­mias. Espero vivir para verlo.

2011/05/15

Al lado del camino, o "La pelota no se mancha"

A PROPÓSITO DE FITO PÁEZ EN AREQUIPA EL 02 DE JULIO
Cuando irrumpen las imágenes de Arantes do Nascimento (alias Pelé) y el mafioso (jugador de waterpolo) Joao Havelange, se siente un placer orgásmico (ambos emblemas de esa FIFA corrupta y mercenaria).
Y el beso a Caniggia luego de un golazo, me hizo recordar los fines de los noventa, siguiendo el "Clásico del Domingo" por ATV. Maradona, Caniggia, Kili González y la Brujita Verón... Fútbol de verdad. El fútbol es Maradona. ¿Alguien lo duda?


2011/05/07

La hora de la verdad


Piedra de toque
Aunque no soy creyente, tengo muchos amigos católicos, sacerdotes y laicos, y un gran respeto por quienes tratan de vivir de acuerdo con sus convicciones religiosas. El cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima, en cambio, me parece representar la peor tradición de la Iglesia, la autoritaria y oscurantista, la del Index, Torquemada, la Inquisición y las parrillas para el hereje y el apóstata, y su reciente autodefensa, Los irrenunciables derechos humanos, publicada el 1 de mayo en Lima, justifica todas las críticas que en nombre de la democracia y los derechos humanos recibe con frecuencia y, principalmente, de los sectores católicos más liberales.

En su texto, desmiente que dijera jamás que "los derechos humanos son una cojudez" (palabrota peruana equivalente a la española gilipollez) y afirma que, en realidad, a quien aplicó tal grosería fue sólo a la Coordinadora de Derechos Humanos, una institución dirigida por una ex religiosa española, Pilar Coll, que durante los años de las grandes matanzas perpetradas por la dictadura fujimorista llevó a cabo una admirable campaña de denuncia de los crímenes, torturas y desapariciones que se cometían con el pretexto de la lucha contra Sendero Luminoso. (La Comisión de la Verdad, que presidió el ex rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Salomón Lerner, ha documentado estas atrocidades).

El cardenal Cipriani desmiente, además, que durante la dictadura hubiera guardado silencio frente a uno de los crímenes colectivos más abyectos cometidos por Fujimori y sus cómplices: la esterilización, mediante engaños, de unas 300.000 campesinas a las que, por orden del dictador, los equipos del Ministerio de Salud ligaron las trompas o castraron, asegurándoles que se trataba de simples vacunas o de una medida que sólo temporalmente les impediría concebir. ¿Cómo es que nadie se enteró en el Perú de que el arzobispo había encontrado reprobables estos atropellos? Porque en vez de protestar públicamente ¡se limitó a hacerlo en privado, es decir, susurrando con discreción su protesta en el pabellón de la oreja del dictador!

El cardenal no suele ser tan discreto cuando se trata de protestar contra los preservativos y no se diga el aborto, o, para el caso, contra quienes en esta segunda vuelta de las elecciones peruanas apoyamos a Ollanta Humala. Por ejemplo, por haberlo hecho yo, me ha amonestado de manera estentórea y nada menos que desde el púlpito de la catedral de Lima, durante un oficio. Me ha pedido "más seriedad" y ha clamado que cómo me atrevo a dar consejos por quién votar a los peruanos. El cardenal está nervioso y olvida que todavía hay libertad en el Perú y que cualquier ciudadano puede opinar sobre política sin pedirle permiso a él ni a nadie. (Claro que las cosas cambiarán si sale elegida la señora Fujimori, la candidata a la que él bendecía en aquel mismo oficio en el que me prohibía opinar).

No sólo el arzobispo de Lima se excede en estos días de campaña y guerra sucia en el Perú. Una connotada fujimorista, también del Opus Dei, como monseñor Cipriani, Martha Chávez, ha amenazado públicamente al presidente del Poder Judicial, el doctor César San Martín, eminente jurista que presidió el Tribunal que condenó a 25 años de cárcel a Fujimori por crímenes contra los derechos humanos, con esta frase profética: "Tendrá que responder en su momento".

Pero acaso lo más inquietante sean los intentos de purgar a los medios de comunicación, principalmente los canales de televisión, de periodistas independientes y probos, que se resisten a convertirse en propagandistas de la candidatura de la hija del ex dictador. El caso más sonado ha sido el de Patricia Montero, productora general, y José Jara, productor de un noticiero, ambos del Canal N, despedidos, según ha denunciado la primera de ellos, porque los directivos estimaron que habían "humanizado" al candidato Humala en los boletines (¿pretendían que lo animalizaran, más bien?). Estos despidos han provocado una verdadera tempestad de críticas, entre ellas de los más prestigiosos periodistas del propio Canal N, en defensa de sus colegas, y amenazas de renuncias masivas en caso de que continúe la caza de brujas. Lo cual parece haber paralizado por el momento el despido de la prestigiosa y experimentada periodista del Canal 4, Laura Puertas, a quien se reprocha también, por lo visto, padecer de total ineptitud para el servilismo.

Finalmente, una denuncia publicada el miércoles 4 de mayo en el diario La Primera, que dirige César Lévano, precisa que el gobierno, apoyado por empresarios mineros, habría encargado a los servicios de inteligencia del Estado un Plan Sábana, destinado a destruir la campaña de Ollanta Humala con los métodos delictuosos -espionaje telefónico, operaciones calumniosas y escandalosas filtradas a la prensa para minar su prestigio y el de su entorno familiar utilizando mercenarios y provocadores- con que, en 1990, el gobierno conspiró contra mí cuando yo fui candidato a la Presidencia. La denuncia proviene, al parecer, de militares y civiles del servicio de inteligencia indignados de que se los utilice para fines políticos ajenos a su misión específica.

Todo esto merece una reflexión. Si estas cosas comienzan a ocurrir ahora, en plena campaña electoral, ¿no es fácil imaginar lo que sucedería en el caso de que la señora Fujimori ganara las elecciones y la dictadura fuji-montesinista recuperara el poder oleada y sacramentada por los votos de los peruanos? Los periodistas decentes y responsables expulsados de sus puestos no serían cinco (también han sido despedidos tres de Radio Líder, Arequipa) sino decenas, y las radios, los canales y los periódicos convertidos, como lo estuvieron durante los ocho años de oprobio que vivió el Perú, en órganos de propaganda encargados de justificar todas las tropelías y tráficos del poder y de cubrir de injurias y calumnias a sus críticos. No sólo el doctor César San Martín sería víctima de su probidad y entereza magisterial. Todo el Poder Judicial se vería una vez más sometido a una criba implacable para apartar de sus cargos, o reducirlos a la total inoperancia, a los jueces que se resistieran a ser meros instrumentos dóciles del gobierno. Reparticiones públicas, Fuerzas Armadas, empresas privadas, serían, otra vez, incorporadas al sistema autoritario para que, de nuevo, el país entero quedara a merced del puñadito de forajidos que, entre los años 1990 y 2000, perpetró el más espectacular saqueo de las arcas públicas y los más horrendos crímenes contra los derechos humanos de nuestra historia.

Quienes quieren semejante futuro para el Perú no son muchos, pero sí son poderosos y, como están asustados con la perspectiva de que Humala gane las elecciones y cometa los desafueros y horrores de Hugo Chávez en Venezuela, están dispuestos a cualquier cosa con tal de asegurar el triunfo de Keiko Fujimori. Extraordinaria paradoja: con tal de evitar el socialismo, que venga el fascismo. ¡Y todo eso, en nombre de la libertad, de la democracia y del mercado libre!

En verdad, la disyuntiva que tiene por delante el Perú en las elecciones del 5 de junio próximo, es la de salvaguardar la imperfecta democracia política que tenemos desde hace 10 años y una política de mercado y de apertura al mundo que ha hecho crecer nuestra economía de manera notable, o volver a un régimen dictatorial que, guardando ciertas formas institucionales, restablecería en el gobierno a quienes, en complicidad con Fujimori y Montesinos, destruyeron el Estado de derecho, se enriquecieron cometiendo las más descaradas pillerías y durante ocho años perpetraron horrendos crímenes con el pretexto de combatir la subversión. A mi juicio en semejante disyuntiva la peor opción es Keiko Fujimori.

Ollanta Humala ha hecho un "Compromiso con el Pueblo Peruano" que conviene tener muy presente, no sólo a la hora de votar por él, sino sobre todo una vez que acceda al gobierno, para recordárselo cada vez que parezca apartarse de alguna de sus promesas. No habrá reelección. Se cumplirá con los tratados firmados, no habrá estatizaciones, se respetará el derecho de propiedad y las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFPs), la lucha contra la corrupción será implacable, habrá una política de apoyo social sostenida, sobre todo en los campos de la educación y la salud pública, para los sectores más desfavorecidos, así como estímulos y facilidades para la formalización de las empresas. El respeto al pluralismo informativo, a la independencia de la prensa y al derecho de crítica será total. Estos puntos han sido expresados, además, de viva voz, en las reuniones que ha celebrado el candidato con la confederación de empresarios y las asociaciones de prensa. Todo esto es perfectamente compatible con la democracia y con las políticas de mercado vigentes y tiende a perfeccionarlas, no a recortarlas ni menos suprimirlas. No sólo depende de la voluntad de Ollanta Humala que este compromiso se cumpla. Depende, sobre todo, de que quienes lo apoyemos en la elección del 5 de junio dejemos claro que es a estas políticas a las que damos nuestro apoyo y que nos mantendremos firmes exigiendo su cumplimento.
© Mario Vargas Llosa, 2011.


Cipriani y Fujimori... Apocalipsis ahora.
Los derechos humanos son una cojudez”, dice uno y el otro asiente sonriendo.

2011/05/06

¡Por la memoria y la dignidad, peruanos!


Peruano consciente, difunde esta información.

Marca "El Perú"


A mí también Carlos Alcántara me suena extranjero diciéndole "picarones" a los buñuelos. Y no nos olvidemos de que es "El Perú" y no "Perú" a secas.

2011/05/04

El único conocimiento del hombre es que la vida no tiene sentido


Estas grandes mentes han escrito millones de libros sobre el tema. Y, al final, nadie sabe más que yo sobre las grandes preguntas acerca de la vida.
Leí a Sócrates. Este tipo que abusaba de los niñitos griegos, ¿qué diablos tiene que enseñarme? Y Nietzsche, con su teoría de la repetición eterna. Dijo que la vida que vivimos, volveremos a vivirla de la misma forma eternamente. ¡Genial! Quiere decir que tendré que asistir al patinaje sobre hielo nuevamente. No vale la pena.
Y Freud, otro gran pesimista. Me hice analizar durante años y no sucedió nada. Mi sicoanalista se frustró tanto que finalmente abrió un puesto de ensaladas.
Miren a toda esta gente corriendo, tratando de detener la desintegración inevitable del cuerpo. Es tan triste por lo que pasa la gente, con sus bicicletas estacionarias y los ejercicios.

Miren a ésta. Pobrecita. Tiene que acarrear con toda esa grasa. Debería llevarla en una carretilla.
Quizá los poetas tengan razón. Quizá el amor sea la única respuesta.

–¿Por qué cree que quiere convertirse al catolicismo?
–Debo tener algo en qué creer... o si no, la vida no tiene sentido.
–¿Pero por qué decidió elegir el catolicismo?
–Primero que todo, porque es una religión hermosa y es una religión fuerte. Está muy bien estructurada. Seguramente estoy hablando en contra de rezar en la escuela, pro-aborto, ala antinuclear.
–¿No cree en Dios en este momento?
–No, y quiero hacerlo. Estoy dispuesto a todo: hasta pintar huevos de Pascua. Necesito evidencia. Debo tener pruebas. Si no puedo creer en Dios entonces no vale la pena vivir.

¿No tienes miedo de morir?
–¿Por qué he de tener miedo?
–¡Porque no existirás!
–¿ Y qué?
–¿No te aterroriza eso?
–¿Quién piensa en semejante tontería? Cuando muera, estaré muerto.
–¿No te da miedo?
- ¿De qué? Estaré inconsciente.
–¿Pero nunca volver a existir?
–¿Cómo lo sabes?
– No le veo futuro.

Woody Allen, Hannah y sus hermanas(1986).