2011/07/02

El Infierno interior

Por Carlos Rivera

"Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara."

Jorge Luis Borges


Hastiado Gustave Flaubert, y para que se develara quién era Madame Bovary, éste respondió: (Madame Bovary, c'est moi) “la Bovary soy yo”. Y es que ese gran personaje de la literatura universal se convirtió en su sangre y su alma (si ésta existe). La novela fue mas allá de la ficción y causó escándalos en la sociedad francesa siendo procesado en 1856 por “ofensas a la moral y a la religión” creyendo los acusadores, desde sus ignorancias y prejuicios, que la obra alteraría las buenas costumbres. De hecho, los personajes de la novela en su mayoría fueron extraídos de las vivencias personales y de escenarios reales, producto de una investigación obsesiva por encontrar arquetipos para su novela. Pero la literatura es una gran mentira hecha con trozos de la realidad y cuando estos hechos constituyen el corpus literario, ya pertenece a la dimensión del arte. Partiendo de esta breve reflexión que nos pretexta el libro del escritor Orlando Mazeyra Guillén, podremos ensayar algunas consideraciones preliminares acerca de La prosperidad reclusa.

Cada uno de los personajes del libro enfrenta distintas vicisitudes de la vida, pero no desde la periferia de las cotidianidades de personas felices y dignas de imitarse para olvidarse de las desventuras, sino desde los suburbios de la conciencia, es decir desde el infierno que todos llevamos dentro. El autor no intenta crear ambientes, paisajes sociales ni paradisíacos, sino atmósferas, sensaciones, exorcismos. Orlando Mazeyra escogió el infierno para deslizarse por sus recovecos y darles temáticas comunes como el amor, el trabajo, la ilusión, el amor filial, el sexo, la locura y la perversión. Cosa curiosa, los cuentos hablan implícitamente de la prosperidad, pero no entendida desde elucubraciones sociológicas, sino desde la vertiente de un grito, un delirio hacia la vida o a la libertad y a las cosas de este mundo. Es decir, la prosperidad como una utopía personal hecha a medida del individuo.


Las huellas inmediatas a las que nos remite el libro, son Los Inocentes de Reynoso, ese delirio poético callejero de una sórdida Lima. O la salvaje collera de Matacabros de Sergio Galarza, y la violenta narración de Rilo en Contraeltrafico. Sin dejar de lado, desde luego, los solitarios y abyectos personajes de Julio Ramón Ribeyro. Claro que también asoman los ecos de Bukowski, Henry Miller, Mario Vargas Llosa y Sartre.
El plus de Orlando Mazeyra a la literatura (al menos en esta obra que leí) es la música, que le da cadencia a las historias, aunada a una perspectiva visual cinematográfica que parecieran escenas de un film con un protagonista central, un guión inconcluso y un escritor omnisciente que alimenta a su antojo las peripecias de los miserables personajes para lograr un desenlace a modo de flashback. Esto da pie, a su vez, a que al menos, en esos viajes oníricos, tengamos un acercamiento a lo total (lo visual, literario y musical).
El autor a través de la obra expresa su desencanto, su rabia, sus delirios existenciales y para arroparle de belleza literaria recurre a una poética personal donde las palabras son un festín de frases que, desde luego, pretenden una estética original. Avizoramos que en algún momento se constituirá de manera sólida en una obra mayor o quizás una novela. En este libro que comentamos, vemos un excelente comienzo hacia ese sendero.


Dentro de los cuentos que componen el libro, a juicio personal, considero el más logrado, “Tras la puerta”, que sintetiza toda esa poética a la que nos referimos anteriormente, donde el personaje Obdulio transita ese pedazo de su existencia entre un enfrentamiento con su génesis patológica, la búsqueda de la verdad y de sus encuentros y desencuentros con sus tormentos esquizofrénicos y las curaciones a las que es sometido por los especialistas. En esas misceláneas pasadas, y hechos presentes trasunta una añoranza filial, una búsqueda infinita por un poco de comprensión (¿o tal vez una prosperidad sentimental?) que consuela con el apego hacia su madre (o acaso un ideal de ella). Al final, no hay nada revelador, sólo la presencia rotunda, dolorosa y temeraria de su progenitor como parte de su ser que lo acompañará por doquier en los avatares de su existencia. El cuento no gana por K.O. sino por perplejidad.

Los representantes de la actual literatura arequipeña, hace tiempo que han dejado las temáticas comunes y tradicionalistas. Los nuevos escritores jóvenes como Orlando Mazeyra Guillén hacen caso omiso de este canon sagrado del cual algunos todavía creen imperecedero. Porque esta nueva (aún no me atrevo a llamarla generación) pléyade de escritores no tiene miedo de escribir de putas, violencia, drogas, amores, sexo o de algunas pasiones bizarras que giran en su entorno social y cultural. El escritor arequipeño posmoderno es menos timorato, más poético y más trasgresor.
Consideramos por ello que el autor de este conjunto de cuentos escribe sin miedos, ni ataduras o complejos, enfrenta las historias y las plasma con todo su arte. Por momentos parece autobiográfico, representándose a sí mismo, en cada uno de los seres que desfilan en La Prosperidad reclusa. El autor parece dejarnos alguna huella evidente del por qué de su escritura en el segundo cuento del libro: “La dulce espera” (aunque tal vez la presunción podría ser atrevida):

Cuando empiezo a escribir siempre lanzo un bumerán que retorna y se parte en mi crisma. Son las migrañas nocturnas, o algo más que eso: una punzada en los ojos, de atrás hacia adelante y de adelante hacia la nuca, un vértigo que me acomete cuando trato de recordar a papá.”

Entonces, para finalizar y volviendo a la declaración de Flaubert con respecto a Madame Bovary, es que se puede colegir que La prosperidad reclusa es la expresión de un infierno interior del autor. Las lágrimas, sueños, y perversiones plasmadas en un elevado trabajo hecho con un amor visceral por la literatura. Es la simbiosis poética de la vida y las palabras.

Fuente: http://www.letras.s5.com/omg020711.html


2011/06/15

Es posible contar un montón de mentiras, diciendo sólo la verdad



Este hombre tomó a una nación destruida.
Recuperó su economía, y le devolvió el orgullo a su pueblo.
En sus cuatro primeros años de gobierno, el número de desempleados cayó de 6 millones a 900 mil personas.
Este hombre hizo que el Producto Bruto Interno (PBI) creciera 102% y duplicó la renta per cápita.
Aumentó las ganancias de las empresas de 175 millones a 5 mil millones de marcos.
Y redujo la hiperinflación a un máximo de 25% anual.
Este hombre adoraba la música y la pintura, y cuando era joven, imaginaba seguir una carrera artística.
Es posible contar un montón de mentiras, diciendo sólo la verdad. Por eso, es necesario tener mucho cuidado con la información del periódico que usted recibe.
UNA LECCIÓN PARA LA "GRAN PRENSA" PERUANA.


2011/06/13

El optimista del gol se llevó el arco de La Bombonera


Algunos mezquinos suelen recordar a Martín Palermo por los tres penales marrados contra Colombia en la Copa América Paraguay 1999 (olvidando, quizá deliberadamente, los "huevos" que hay que tener para patear tres penales en un mismo partido). Otros, el año pasado, no entendían cómo Maradona lo había llevado al mundial de fútbol Sudáfrica 2010.
Martín Palermo, hincha de Estudiantes de la Plata (como Ernesto Sábato), es el máximo artillero de la historia del club más tradicional de Argentina: Boca Juniors.
El regalo que le dieron el día de su último partido en el estadio xeneize: ¡el arco de la Bombonera!
Argentina, siempre lo he sostenido, es el país donde el fútbol se vive como una auténtica religión, un pasión que capaz de horadar a toda la nación gaucha.
Bautizado por el “Virrey” Carlos Bianchi como el “optimista del gol”, este larguirucho delantero pasó a la historia del fútbol mundial.
Sé que las comparaciones son odiosas. Pero hace pocos días los brasileros despidieron a Ronaldo (sí, al que marcó más goles en los mundiales de fútbol); si cotejan la despedida del “fenómeno” Ronaldo con el “titán” Palermo comprenderán por qué la Argentina es la tierra de las hinchadas más palpitantes del mundo. Entenderán quizá por qué estás despedidas, como la del más grande (¡Maradó!) me mueven hasta las lágrimas. Y entenderán por qué Martín Palermo es también conocido como “el hombre que hace llover”.
Larga vida al ¡GOLEADOR! Larga vida al fútbol argentino que es PASIÓN.





2011/06/11

Exhumando relatos: ¿CONOCES A MARCIAL MENA?


Sólo una pregunta (para comenzar bien y no irme por las tangentes como suelo hacerlo casi siempre): ¿conoces a Marcial Mena? Yo intuyo que sí: Marcial es un joven solitario, un tipo real, un sujeto que está hastiado de esa maldita indecisión congénita que lo ha catapultado al inextricable dédalo del fracaso.

Él está harto de ser un manojo de titubeos; pero, sobre todo, Marcial está extenuado de vivir rodeado de jóvenes desalentadores que lo tildan de ser un mero «idealista». Sus amigos lo llaman soñador, necio, iluso o simplemente despistado, por el simple hecho de que él está peligrosamente convencido de que los jóvenes de su pasiva generación son los únicos que pueden –¡y deben!– cambiar el mortal rumbo que sigue su vergonzoso y desorientado país tercermundista ("¡país que no vale un carajo!", como suele disparar su abuelo Orlando cada vez que la selección nacional muerde polvo de la derrota).

Para evadir a esa indiferencia desdeñosa que cree que todos muestran hacia él, Marcial decidió aislarse del mundo, pues alejarse de los demás significaba para él la mejor manera de apartarse de la agobiante incomprensión y del severo rechazo. Nunca imaginó que el remedio iba resultar siendo peor que la enfermedad, porque, en su soledad extrema, él ha cultivado una siniestra compañera: la frustración; pero Marcial intenta huir de ese sentimiento, oscuro y corrosivo, que le carcome a cuentagotas el escaso ego que aún se insinúa en su más recóndito interior.

Pero, ¿por qué razón se siente frustrado? ¿Cuál es su verdadero problema? Marcial sabe muy bien que todo este embrollo empezó hace varios años, cuando un día se sintió inflamado con la ilusión de llegar a ser un reconocido periodista; pero su propia indecisión, añadida a la enorme cuota de pesimismo que le inyectó su entorno íntimo, le hicieron estrangular a esa vocación que él veía como el único medio que lo podría llevar a alcanzar esa ansiada felicidad que todo ser humano persigue.

Marcial inmoló a su vocación más genuina: el periodismo ("carrerucha para acribillarse de hambre", diría su madre antes de dibujar una elocuente mueca); se dejó llevar por esos intereses metálicos que le impone un mundo consumista… y eligió como nueva aspiración a la rutilante y vertiginosa ingeniería informática.

Él está a punto de ser un flamante ingeniero informático, pero cada vez que explora su interior –cosa que lamentablemente hace muy a menudo–, siente ese obstinado vacío que, opresivo, lo somete y que lo obliga a chapotear en el hediondo fango de sus ingratos recuerdos y sueños marchitos.

Un día de esos (o mejor dicho, un día de aquéllos), Marcial, solo, ensimismado, siente unas desenfrenadas ganas de escribir. Esta actividad, que lo convierte en una especie de reo de la pluma y el papel, lo empieza cautivar. Él cree haber encontrado una nueva pasión, muy parecida pero más intensa y cautivante que la anterior. Marcial escribe, escribe y no para de escribir… Pero, poco a poco, va descubriendo la siempre truculenta realidad: Marcial no sirve para esos complejos menesteres.

Fue la tradicional Semana Santa mistiana, el breve periodo en el que Marcial quiso entregarse por completo a la insaciable creación literaria. Pero su falta de talento y su anémica imaginación lo llevaron a evocar los pasajes más recordados de su somnolienta vida: su solitaria infancia en Pucallpa, su etapa escolar en Colegio San Jerónimo y su todavía inconclusa vida universitaria. Él trató de amalgamar recuerdos pero, debido a su impericia, no pudo evitar salirse siempre del contexto: sus narraciones –al menos para mí– se ven desafortunadamente invadidas por percepciones superficiales y por un costumbrismo enfermizo que alcanza cotas intolerables.

En algún momento –momento que, para ser honestos, ni él ni yo recordamos con certeza–, Marcial percibió que sus narraciones eran turbias, aburridas y poco descriptivas; esto fue achatando de a pocos sus deseos de escribir. Y, después de casi una semana de trabajo intermitente, él dejó de escribir… dejó de escribir para nunca más volverlo a hacer.

¿Fracasó? Sí, pero no. ¿Cómo así? Con todas sus limitaciones de por medio, Marcial elaboró una obra rara, una obra distinta. Él cree haber escrito una novela mediocre ("una novela a la altura de su autor", como alguna vez sentenció él mismo después de apurar nerviosamente un vaso de cerveza en el bar La Ramadita); pero lo cierto es que cualquier lector medianamente avispado puede percatarse al instante de que lo suyo no es novela por ningún lado… son simples anécdotas empapadas con una pizca de ficción, relatos entrelazados, recuerdos rebuscados, memorias distorsionadas…

La primera vez que terminé de revisar sus manuscritos, apagué el velador de mi mesa de noche preguntándome "¿conoces a Marcial Mena?". Llegué, en medio de la oscuridad de mi tibia alcoba, a una conclusión apurada (que es un símil de la conclusión a la que llego cada vez que Marcial merodea mis pensamientos): no lo conozco y a veces estimo que nadie lo conoce. Valgan verdades: ¡juraría que ni él mismo se conoce en absoluto!

Antes de terminar, agrego una sola cosa: cierta mañana dominical, saliendo de la parroquia del vecindario, Lucrecia, la extraña novia de Marcial, se me acercó discretamente para ponerme al tanto de que una buena cantidad de los manuscritos de su novio andaban dispersos por toda la ciudad: «Ni siquiera el propio Marcial sabe quién demonios sacó tantas copias». Por suerte, mi mala conciencia alcanzó a permitirme un gesto de moderada sorpresa. «Incluso, y aunque parezca mentira: ¡están apareciendo algunos de sus relatos en algunos periódicos e internet!», agregó muy ofuscada. Debe ser cierto, porque de no ser así, tú, amigo lector, no estarías leyendo estas líneas… Y ya que no te conozco (y aún a sabiendas de que tu respuesta es bastante obvia), cumplo con formularte la misma pregunta que les hago a todos los que se animan a revisar sus manuscritos: ¿acaso tú conoces a Marcial Mena?

Si encuentras a alguien que lo conozca, llámenlo: díganle que ya no escriba, que lo mejor que puede hacer es dejarse vencer por la hoja en blanco… porque dejarse llevar –escribir, escribir, escribir– sería volver a caer en la tentación del fracaso.

Yo, antes que verlo escribiendo, prefiero saberlo muerto… y tú sabes que no exagero.

M.M.

2011/06/07

¡Viva el Perú, carajo!

Por Guillermo Giacosa

No pondré nombres porque el discurso y las preocupaciones eran las mismas. Todas sus preocupaciones recorrían idéntico camino y las resumiría en un par de frases engañosas pero, a fuer de repetidas, reveladoras: “la gente quiere saber”, “el pueblo peruano quiere saber”. ¿Qué es lo que la gente o el pueblo peruano querían saber, según estos aguerridos periodistas, repentinamente devenidos en los representantes naturales de lo que realmente interesa al grueso de la población?
Pues el nombre del futuro primer ministro, el nombre del futuro ministro de economía o qué iban hacer para que la Bolsa no reaccionara negativamente. También querían que les dijeran que los TLC se iban a respetar, que las líneas maestras de la economía no se alterarían, en realidad querían que les dijeran que todo iba e ser como antes y que las elecciones sólo habían sido la parte coral del sainete democrático que reclama este acto. Querían que les dijeran que Ollanta era solo un espejismo y que mañana todo seguiría igual. Bajo la consigna, lógica pero falaz, de que no hay que detener el crecimiento económico, se arrogaban la representatividad del pueblo, mutaban en la gente de todos los días, de la que suda para llegar a fin de mes entregando porciones de su humanidad y querían una respuesta. Nunca escuché tantas veces invocar la gente y nunca estuve tan seguro que sustituían la gente por el nosotros, sin intuir que entre ellos y la gente que invocaban hay un abismo de privilegios que sin ser injustos deforman la percepción de la realidad.
¿Alguien, en su sano juicio, cree que a la multitud reunida en la Plaza 2 de Mayo le interesaban los nombres de los futuros ministros, o la actitud ante los TLC, etc.? En ese día, al menos, no. Esa multitud, que cumplió con la tarea histórica de impedir que se repita la dictadura, sólo quería festejar, quería sentir que la manipulación a la que son sometidos a diario tiene un límite y que ellos habían sabido trazarlo al desoír la incalificable campaña mediática contra su candidato.
_____
Comparto desde el muro de Facebook del escritor Selenco Vega la nueva versión del cuento de Tito Monterroso:

Parece que Vargas Llosa está cobrándose todas las deudas pendientes. El año pasado fue el Nobel. Hoy, como dice El Útero de Marita, se la cobró a Fujimori, luego de veinte años. Augusto Monterroso lo habría dicho así: "Y cuando despertó (el Chino en la DIROES) Mario Vargas Llosa todavía estaba allí".



2011/05/31

Todavía tengo un sueño




Por Orlando Mazeyra Guillén

«¡Vas a ser periodista, carajo! Periodista: el cuarto poder…
y a veces somos el primero, porque en este país la gente se caga de miedo.»

Tinta roja de Francisco Lombardi
(basada en la novela homónima de Alberto Fuguet).

Hace cinco años, cuando la consabida amnesia colectiva del pueblo peruano, aunada a una atosigante campaña del «miedo» que hoy vuelve a estar en boga, le dio una nueva oportunidad a Alan García Pérez, me juré no volver a entonar el Himno Nacional hasta el 28 de julio de 2011, fecha en la que supuestamente nuevos y buenos vientos soplarían en nuestro país y, así, harían hondear hacia otras direcciones ese pendón bicolor que nos recuerda a Grau, Bolognesi, Cáceres, Quiñones y a tantos otros peruanos de excepción.
Hoy, en el cierre de una incandescente segunda vuelta electoral, en que la dictadura informativa de un gran número de medios capitalinos de prensa escrita, radial y televisiva que, paradójicamente, luchan porque las libertades (éstas encorsetadas y hechas a la medida de los intereses de aquéllos) no se pongan en riesgo ante una posible (temida, aborrecida, vilipendiada) victoria del candidato de Gana Perú, Ollanta Humala Tasso, soy presa de un escepticismo lacerante y un mar de dudas y lamentos: ¿acaso volveremos a tener la oportunidad de decir con convicción y con algún atisbo de esperanza «¡somos libres, seámoslo siempre!»? Libres de la rapiña aprista y de la corrupta dinastía fujimorista, partidos que, codo a codo –audios, vídeos y tropelías de por medio–, engañifa tras engañifa, se han convertido en unos repulsivos hermanos siameses que defecan sobre el pueblo peruano, a vista y paciencia de la «prensa libre».
En el Perú, la democracia parece ser una entelequia, un ejercicio macabro en el que nos resistimos a tocar fondo: «siempre se puede caer más», parece ser el martillazo de la conciencia nacional. Son estas situaciones las que aprovechan los extremistas o malintencionados para ponerla en entredicho: ¿Democracia? ¿La voz del pueblo es la voz de Dios? Entonces Dios no existe o, con el respeto que se merecen mis compatriotas, el infierno se llama Perú.
Con las dos opciones que tenemos a la mano no hay dilema. Y si lo hay, pues éste se reduce al escarceo hamletiano: ser o no ser. ¿Ser o no ser democráticos? He ahí el dilema. Erich Fromm nos dice: «No debemos confiar en que nadie nos salve, sino conocer bien el hecho de que las elecciones erróneas nos hacen incapaces de salvarnos».
Una decisión errónea, soliviantada por prejuicios y miedos que nos pueden llevar a la ceguera absoluta que reivindique a un régimen totalitario, nos hará incapaces de salvar la democracia… o lo que, a estas alturas, queda de ella.
Yo no creo en mesías, caudillos fugaces, ni autócratas militaristas como Hugo Chávez Frías. Sé, como todos, que Ollanta Humala, con su discurso (ahora bastante moderado) que muchos, llevados por el lugar común, catalogan de «estatista» y «populista», no nos garantiza ninguna prosperidad inclusiva. Sin embargo, tengo que elegir y, por un acto de asepsia elemental, quiero creer que apostará por ella, por la vía democrática, tal como lo indica su «Compromiso con el pueblo peruano», emulando al modelo brasileño del ex presidente Lula y, asimismo, tomando ancha distancia del sistema que está desmoronando a Venezuela.
En la vereda de enfrente, en cambio, tenemos, personificando un haraquiri masivo, a la hija del reo Kenya Fujimori, condenado a 25 años de cárcel por ser autor mediato de una ola de crímenes de lesa humanidad como los baños de sangre de Barrios Altos y La Cantuta; quien, ya el 5 de abril de 1992, nos dio el primer indicio que iría colmando deprisa su prontuario: implantó una dictadura funesta que con cada muerto, con cada mujer esterilizada con la venia de Juan Luis Cipriani, con cada canal o periódico comprado en la tristemente célebre sala del SIN, nos dio cuenta de un ser envilecido que no sólo no creía en la democracia ni en los Derechos Humanos –martirizó sistemáticamente y estuvo a un paso de llevar a la locura a su propia mujer, Susana Higuchi–, sino que buscó erradicarla gracias al retorcido concurso de un personaje no menos truculento y ramplón: Vladimiro Lenin Montesinos Torres.
Votar por Ollanta Humala, con ciertos y comprensibles resquemores, significa dejar atrás y para siempre el pasado tenebroso del fujimontesinismo. Debemos fumigar de una vez por todas del escenario político peruano a una pantomima de partido –que cambia de ropaje en cada elección: Cambio 90, Nueva Mayoría, Perú 2000, Sí cumple, Fuerza 2011, etcétera– en donde, ahora, la hija oficia de dócil testaferra, pues presta su nombre en una pretensión que en realidad no es de otra persona que su padre –“¡chino, chino, chino!”, escupe excitada la fanaticada delirante que, como el barrabrava o el ebrio empedernido, parece haber anulado cualquier esbozo de razón–, aquel que luego que escapar entre gallos y medianoche, y renunciando vía fax, tuvo el cuero suficiente como para presentarse como un inaudito candidato al senado japonés.
Antes de elegir, el peruano de a pie debe recordar a los medios de comunicación sumisos o con bozal, la prensa amarilla, la televisión cautiva que estupidizaba al país convirtiendo en íconos a Magaly Medina (quien nació con la dictadura y persiste todavía) y a Laura Bozzo (que nadie olvide «Laura en América», programa hediondo en donde se llegó al extremo de ofrecer unos cuantos dólares si se era capaz de lamer axilas sudorosas; dinero de la mafia en componenda con la familia Crousillat).
Debemos también revisar el informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) y desempolvar los viejos psicosociales apristas que sirvieron para que el temor le ganara a la cordura y se elija a un advenedizo, rechazando así a un peruano honesto; el mismo temor que nos hizo volver a darle la primera magistratura al líder del partido aprista.
Alberto Fujimori ha sido uno de los muchos asesinos de la ilusión que, rodeándose de escorias y oportunistas, se ha burlado de las esperanzas de nuestro pueblo. Sin embargo, a contrapelo de unas encuestas de dudosa veracidad, hay que seguir soñando, eso sí, con los pies bien puestos sobre esta tierra que no pocos amamos.
Hace casi cincuenta años un afroamericano intachable pasó a la posteridad con un discurso que se resume en cuatro palabras «Yo tengo un sueño». Soñemos entonces con un país donde la prensa anteponga la verdad sobre la infamia, con un pueblo que abrace a la dignidad y a la memoria, antes que a un «modelo económico» o pantomimas ideológicas enarboladas por chuscos nietos de referentes intelectuales o escribidores desquiciados por el exceso de sicotrópicos. Otro país es posible: aquél en el que nuestros hijos nos juzguen por nuestra estatura moral antes que por el tamaño de nuestras billeteras.
La política y todo lo que vincula al poder sirve para ventilar lo mejor y lo peor de los seres humanos. ¿Tan poca cosa somos? Yo me resisto a creerlo. Votemos por una posibilidad y, de paso, extirpemos las reminiscencias de un pasado nefando.
Yo tengo un sueño, pero para hacerlo realidad necesito el concurso de los peruanos honestos y bienpensantes. Porque la democracia más genuina viene del pueblo y debe dirigirse a éste, yo todavía sueño que este 28 de julio, henchidos de emoción, podamos decir «Somos libres, seámoslo siempre». Que así sea, peruanos.

Orlando Mazeyra Guillén
31 de mayo de 2011

Mario Vargas Llosa renuncia a seguir escribiendo para El Comercio

Madrid, 31 de mayo de 2011.

Sr. D. Fran­cisco Miró Que­sada Rada
Director Dia­rio El Comer­cio
Lima, Perú


Señor Direc­tor:

He pedido al dia­rio El País que a par­tir de hoy cese de enviar mis cola­bo­ra­cio­nes a El Comer­cio. Desde que un puñado de accio­nis­tas, enca­be­za­dos por la señora Martha Meier Miró Que­sada, tomó el con­trol de ese dia­rio y del grupo de cana­les de tele­vi­sión y perió­di­cos de que es pro­pie­ta­rio, el perió­dico se ha con­ver­tido en una máquina pro­pa­gan­dís­tica de la can­di­da­tura de Keiko Fuji­mori que, en su afán de impe­dir por todos los medios la vic­to­ria de Ollanta Humala, viola a dia­rio las más ele­men­ta­les nocio­nes de la obje­ti­vi­dad y de la ética perio­dís­tica: silen­cia y mani­pula la infor­ma­ción, deforma los hechos, abre sus pági­nas a las men­ti­ras y calum­nias que pue­dan dañar al adver­sa­rio, a la vez que en todo el grupo de medios se des­pide o inti­mida a los perio­dis­tas inde­pen­dien­tes, y se recu­rre a las insi­dias y gol­pes bajos de los peo­res pas­qui­nes que viven del ama­ri­llismo y el escán­dalo. No puedo per­mi­tir que mi columna “Pie­dra de Toque” siga apa­re­ciendo en esa cari­ca­tura de lo que debe ser un órgano de expre­sión genui­na­mente libre, plu­ra­lista y democrático.

Al apar­tarme por segunda vez, y de manera defi­ni­tiva, de El Comer­cio, puedo dejar de recor­dar a ese demó­crata cabal, hom­bre de bien y amigo que­ri­dí­simo que fue Luis Miró Que­sada Gar­land, y el estu­por y la tris­teza con que habría visto los nive­les de abyec­ción a que han lle­vado la señora Meier Miró Que­sada y sus cóm­pli­ces al perió­dico que alguna vez fue suyo y al que honró con su decen­cia y sus artículos.

Aten­ta­mente,
Mario Var­gas Llosa


2011/05/27

Humala remonta y logra empatar

ABRAN LOS OJOS: Humala remonta y logra empatar. La "gran prensa" está nerviosa. Nadie puede hacer hoy predicciones creíbles. Puno estalló: el gobierno aprista apuesta criminalmente por el caos. Por favor, amigo, amiga, joven, señor, señora, señorita. COMPRE "Hildebrandt en sus trece", infórmese y haga patria.
____

ENCUESTA NACIONAL URBANA – RURAL
INTENCIÓN DE VOTO PRESIDENCIAL 2011
SEGUNDA VUELTA
Simulación con cédula similar a la que se usara el día 5 de junio, recogida de manera secreta

CANDIDATO Emitidos Válidos
Keiko Fujimori 44.2 50.3
Ollanta Humala 43.7 49.7
Blanco / viciado 12.1
Total % 100.0 100.0
Base ponderada 1,800 1 ,583


FICHA TÉCNICA
•Título del estudio: Encuesta de Opinión Mayo 2011.
•Objetivos del Estudio: Intención de voto elecciones presidenciales 2011.
•Encuestadora: Pontificia Universidad Católica del Perú
•Nº de registro: 0108-REE/JNE
•Universo o población objetivo: Hombres y mujeres de 18 años o más, habitantes de 19 regiones del país (ver detalle de provincias y distritos en lista adjunta).
•Tamaño de la muestra: 1800 personas entrevistadas.
•Error y nivel de confianza estimados: ± 2,31% con un nivel de confianza del 95%,
asumiendo 50%-50% de heterogeneidad, bajo el supuesto de muestreo aleatorio simple.
•Cobertura: 146 distritos en 40 provincias pertenecientes a 19 regiones del país.
•Nivel de representatividad: Las provincias donde se realizaron las entrevistas concentran aproximadamente el 69% de la población nacional de 18 o más años en el Perú.
•Procedimiento de muestreo: Se realizó una muestra probabilística polietápica de
conglomerados, estratificada según región y ámbito rural y urbano. En cada estrato se seleccionó una muestra simple al azar de manzanas por computadora, posteriormente se realizó una muestra sistemática de viviendas en cada manzana seleccionada y se aplicaron cuotas de sexo y edad para la selección de personas al interior de las viviendas.
En zonas urbanas, en una primera etapa se realizó una selección por computadora de
manzanas; en la segunda etapa se realizó una selección de viviendas mediante muestreo sistemático. En zonas rurales se realizó una selección aleatoria de centros poblados con menos de 200 viviendas, ubicados a proximidad de carreteras en un radio no mayor a un día de distancia (ida y vuelta) de las ciudades principales o capitales de las provincias seleccionadas. Posteriormente en cada centro poblado escogido se realizó una selección de viviendas mediante el método de rutas aleatorias. Dentro de Lima se estratificó la muestra de acuerdo con grandes zonas de la ciudad (cono norte, cono este, cono sur, centro, cono oeste-suroeste).
•Marco muestral y fuentes secundarias: En el caso de las zonas urbanas del país, la selección de manzanas se realizó utilizando como marco muestral la cartografía digital del INEI del 2007. En el caso de las zonas rurales se usó la cartografía de centros poblados del INEI 2002 y 2007.

Para descargar la encuesta completa:
http://iop.pucp.edu.pe/index.php?option=com_content&view=detallesondeos&id=123

2011/05/25

Alfredo Bryce Echenique: "Escuchemos a Vargas Llosa"

Revisando cierta prensa nacional o escuchando de boca de algunos amigos muy bien enterados, muy fácilmente puedo llegar a la conclusión de que la ceguera, la envidia, la vanidad e incluso la estupidez, han puesto fin a la alegría de todos los peruanos por el reciente premio Nobel de Literatura otorgado tan merecidamente a Mario Vargas Llosa.
Y la razón es solo una y la misma de siempre: nuestro más grande escritor ha hablado y escrito muy claramente de los peligros que acarrearía el triunfo de Keiko Fujimori y el fujimontesinismo completo, o sea el retorno a un nada lejano pasado en el que un hombrezuelo fue capaz de torturar a su propia esposa, con la complicidad de su hija, hoy candidata, tiempo después huir cobardemente del Perú, renunciar ya desde muy lejos y por fax a la presidencia de la república. Y todo esto y muchísimo que más, que todos recordamos, qué duda cabe, para luego correr a refugiarse cobardemente en el Japón de sus orígenes.
Porque esto es lo que se nos vuelve a venir, queridos compatriotas, de ganar Keiko Fujimori. O sea que absolutamente nada tiene de extraño que Mario Vargas Llosa cabalgue de nuevo, valiente y muy claramente, en defensa de la libertad y de los derechos humanos. Como tampoco tiene nada de extraño que ese Torquemada “chicha”, que es el Cardenal Cipriani, para quien, por más que hoy oportunistamente lo niegue, los derechos humanos sí son una cojudez. Y una muy reverenda y tamaña cojudez.
Torquemadas y demás ilustradas o lustradas personas claman hoy amenazante y torpemente contra las diáfanas verdades que una vez más defiende, con un inmenso amor por su país –esté cerca o lejos de él– con ardor y fervor, tercamente, Mario Vargas Llosa. Escuchémoslo, por favor. Y sobre todo no dejemos que la ciega y fatal intolerancia se apodere de nuestras conciencias y de nuestro derecho a opinar.

Alfredo Bryce

2011/05/23

País de conejos suicidas

Escribe César Hildebrandt

Andy Riley es un múl­ti­ple artista bri­tá­nico que, entre otras muchas bellas cosas, ha creado unos per­tur­ba­do­res cone­ji­tos cuyo empeño mayor en la vida es morir. Esta mez­cla de inocen­cia cone­jil e incli­na­ción taná­tica me pro­duce un horror no exento de admi­ra­ción y, al mismo tiempo, el atrac­tivo hip­nó­tico y per­verso que sobre muchas per­so­nas ejer­cen los vacíos del abismo.

Los cone­ji­tos sui­ci­das de Riley me han hecho pen­sar, ade­más, en el Perú, que es un país que varias veces ha inten­tado matarse y que hoy está a punto de rein­ci­dir en tan inex­pli­ca­ble tarea.

Ese amor por la fata­li­dad es viejo en este viejo país.

Lo vimos cuando, desde aden­tro, mina­mos nues­tra con­fe­de­ra­ción con Boli­via. Estuvo pre­sente cuando deci­di­mos acom­pa­ñar a Boli­via, por honor, en una aven­tura bélica que sabía­mos que tenía­mos que per­der. Adqui­rió esplen­di­de­ces dege­ne­ra­das cuando el hijo del mayor trai­dor que estas tie­rras han parido —Mariano Igna­cio Prado— pudo ser, dos veces, pre­si­dente de la repú­blica. O, antes, cuando per­mi­ti­mos el saqueo del guano per­pe­trado por nues­tra oli­gar­quía y des­cui­da­mos el sur sali­trero por­que era más fácil cobrar impues­tos ridícu­los que extraer y pro­ce­sar esa riqueza. O cuando los Eche­ni­que y todos los que se le pare­cie­ron que­da­ron impu­nes. O cuando Drey­fus. O cuando suce­dió lo de los tre­nes inú­ti­les que enri­que­cie­ron a tanto sin­ver­güenza. O cuando depre­da­mos el mar hasta dejarlo exhausto. O cuando per­mi­ti­mos que todo se pusiera “en valor” y se ven­diera en nom­bre de un libe­ra­lismo que los libe­ra­les, cuando están en el poder, se encar­gan de no practicar.

O cuando le hici­mos la vida impo­si­ble a José Luis Bus­ta­mante y Rivero. O cuando sitia­mos al Apra hasta lograr que a Haya le pare­ciera bien comerse un cebi­che con Eudo­cio Ravi­nes. O cuando mata­mos a Heraud, exi­lia­mos a Rose, mal­tra­ta­mos a Basadre.

Y si quie­ren, más recien­te­mente: cuando per­mi­ti­mos que el país fuera un charco cha­po­teado por la pan­di­lla de Fuji­mori y la prensa fuera la puta con­ta­giante de la esquina mala.

Mata­mos al Perú y nos mata­mos con él cuando ele­gi­mos pre­si­dente por segunda vez a un hom­bre que había robado con denuedo durante cinco lar­gos años. Y nos mata­mos a lo Guyana, en man­cha, en ruma, cuando esta­mos a punto de reivin­di­car, para ver­güenza de nues­tros des­cen­dien­tes (espero), eso que Cotler ha lla­mado, como ento­mó­logo, “el lado más repul­sivo del Perú”.

¿Qué somos, qué es este país que ama­mos y detes­ta­mos a la vez? ¿Una tie­rra bal­día donde pre­va­le­cen los valo­res vio­len­tos de la horda? ¿O es que segui­mos siendo el país del oro y los escla­vos que decía Bolívar?

Un país no es un nom­bre ni una fron­tera y mucho menos una marca. Un país es una nación jun­tada por pro­pó­si­tos comu­nes y elevados.

No pode­mos unir­nos para ser menos, para degra­dar­nos, para per­der la dig­ni­dad. Para eso no hici­mos el Perú. Y, sin embargo, eso es lo que esta­mos haciendo, lo que podría­mos hacer, lo que la dere­cha anal­fa­beta desea que hagamos.

¿Y saben qué? Pocas veces he sen­tido ver­güenza de ser perio­dista. Ahora sí. Algún día alguien de los suyos les enros­trará tan­tas infa­mias. Espero vivir para verlo.

2011/05/15

Al lado del camino, o "La pelota no se mancha"

A PROPÓSITO DE FITO PÁEZ EN AREQUIPA EL 02 DE JULIO
Cuando irrumpen las imágenes de Arantes do Nascimento (alias Pelé) y el mafioso (jugador de waterpolo) Joao Havelange, se siente un placer orgásmico (ambos emblemas de esa FIFA corrupta y mercenaria).
Y el beso a Caniggia luego de un golazo, me hizo recordar los fines de los noventa, siguiendo el "Clásico del Domingo" por ATV. Maradona, Caniggia, Kili González y la Brujita Verón... Fútbol de verdad. El fútbol es Maradona. ¿Alguien lo duda?


2011/05/07

La hora de la verdad


Piedra de toque
Aunque no soy creyente, tengo muchos amigos católicos, sacerdotes y laicos, y un gran respeto por quienes tratan de vivir de acuerdo con sus convicciones religiosas. El cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima, en cambio, me parece representar la peor tradición de la Iglesia, la autoritaria y oscurantista, la del Index, Torquemada, la Inquisición y las parrillas para el hereje y el apóstata, y su reciente autodefensa, Los irrenunciables derechos humanos, publicada el 1 de mayo en Lima, justifica todas las críticas que en nombre de la democracia y los derechos humanos recibe con frecuencia y, principalmente, de los sectores católicos más liberales.

En su texto, desmiente que dijera jamás que "los derechos humanos son una cojudez" (palabrota peruana equivalente a la española gilipollez) y afirma que, en realidad, a quien aplicó tal grosería fue sólo a la Coordinadora de Derechos Humanos, una institución dirigida por una ex religiosa española, Pilar Coll, que durante los años de las grandes matanzas perpetradas por la dictadura fujimorista llevó a cabo una admirable campaña de denuncia de los crímenes, torturas y desapariciones que se cometían con el pretexto de la lucha contra Sendero Luminoso. (La Comisión de la Verdad, que presidió el ex rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Salomón Lerner, ha documentado estas atrocidades).

El cardenal Cipriani desmiente, además, que durante la dictadura hubiera guardado silencio frente a uno de los crímenes colectivos más abyectos cometidos por Fujimori y sus cómplices: la esterilización, mediante engaños, de unas 300.000 campesinas a las que, por orden del dictador, los equipos del Ministerio de Salud ligaron las trompas o castraron, asegurándoles que se trataba de simples vacunas o de una medida que sólo temporalmente les impediría concebir. ¿Cómo es que nadie se enteró en el Perú de que el arzobispo había encontrado reprobables estos atropellos? Porque en vez de protestar públicamente ¡se limitó a hacerlo en privado, es decir, susurrando con discreción su protesta en el pabellón de la oreja del dictador!

El cardenal no suele ser tan discreto cuando se trata de protestar contra los preservativos y no se diga el aborto, o, para el caso, contra quienes en esta segunda vuelta de las elecciones peruanas apoyamos a Ollanta Humala. Por ejemplo, por haberlo hecho yo, me ha amonestado de manera estentórea y nada menos que desde el púlpito de la catedral de Lima, durante un oficio. Me ha pedido "más seriedad" y ha clamado que cómo me atrevo a dar consejos por quién votar a los peruanos. El cardenal está nervioso y olvida que todavía hay libertad en el Perú y que cualquier ciudadano puede opinar sobre política sin pedirle permiso a él ni a nadie. (Claro que las cosas cambiarán si sale elegida la señora Fujimori, la candidata a la que él bendecía en aquel mismo oficio en el que me prohibía opinar).

No sólo el arzobispo de Lima se excede en estos días de campaña y guerra sucia en el Perú. Una connotada fujimorista, también del Opus Dei, como monseñor Cipriani, Martha Chávez, ha amenazado públicamente al presidente del Poder Judicial, el doctor César San Martín, eminente jurista que presidió el Tribunal que condenó a 25 años de cárcel a Fujimori por crímenes contra los derechos humanos, con esta frase profética: "Tendrá que responder en su momento".

Pero acaso lo más inquietante sean los intentos de purgar a los medios de comunicación, principalmente los canales de televisión, de periodistas independientes y probos, que se resisten a convertirse en propagandistas de la candidatura de la hija del ex dictador. El caso más sonado ha sido el de Patricia Montero, productora general, y José Jara, productor de un noticiero, ambos del Canal N, despedidos, según ha denunciado la primera de ellos, porque los directivos estimaron que habían "humanizado" al candidato Humala en los boletines (¿pretendían que lo animalizaran, más bien?). Estos despidos han provocado una verdadera tempestad de críticas, entre ellas de los más prestigiosos periodistas del propio Canal N, en defensa de sus colegas, y amenazas de renuncias masivas en caso de que continúe la caza de brujas. Lo cual parece haber paralizado por el momento el despido de la prestigiosa y experimentada periodista del Canal 4, Laura Puertas, a quien se reprocha también, por lo visto, padecer de total ineptitud para el servilismo.

Finalmente, una denuncia publicada el miércoles 4 de mayo en el diario La Primera, que dirige César Lévano, precisa que el gobierno, apoyado por empresarios mineros, habría encargado a los servicios de inteligencia del Estado un Plan Sábana, destinado a destruir la campaña de Ollanta Humala con los métodos delictuosos -espionaje telefónico, operaciones calumniosas y escandalosas filtradas a la prensa para minar su prestigio y el de su entorno familiar utilizando mercenarios y provocadores- con que, en 1990, el gobierno conspiró contra mí cuando yo fui candidato a la Presidencia. La denuncia proviene, al parecer, de militares y civiles del servicio de inteligencia indignados de que se los utilice para fines políticos ajenos a su misión específica.

Todo esto merece una reflexión. Si estas cosas comienzan a ocurrir ahora, en plena campaña electoral, ¿no es fácil imaginar lo que sucedería en el caso de que la señora Fujimori ganara las elecciones y la dictadura fuji-montesinista recuperara el poder oleada y sacramentada por los votos de los peruanos? Los periodistas decentes y responsables expulsados de sus puestos no serían cinco (también han sido despedidos tres de Radio Líder, Arequipa) sino decenas, y las radios, los canales y los periódicos convertidos, como lo estuvieron durante los ocho años de oprobio que vivió el Perú, en órganos de propaganda encargados de justificar todas las tropelías y tráficos del poder y de cubrir de injurias y calumnias a sus críticos. No sólo el doctor César San Martín sería víctima de su probidad y entereza magisterial. Todo el Poder Judicial se vería una vez más sometido a una criba implacable para apartar de sus cargos, o reducirlos a la total inoperancia, a los jueces que se resistieran a ser meros instrumentos dóciles del gobierno. Reparticiones públicas, Fuerzas Armadas, empresas privadas, serían, otra vez, incorporadas al sistema autoritario para que, de nuevo, el país entero quedara a merced del puñadito de forajidos que, entre los años 1990 y 2000, perpetró el más espectacular saqueo de las arcas públicas y los más horrendos crímenes contra los derechos humanos de nuestra historia.

Quienes quieren semejante futuro para el Perú no son muchos, pero sí son poderosos y, como están asustados con la perspectiva de que Humala gane las elecciones y cometa los desafueros y horrores de Hugo Chávez en Venezuela, están dispuestos a cualquier cosa con tal de asegurar el triunfo de Keiko Fujimori. Extraordinaria paradoja: con tal de evitar el socialismo, que venga el fascismo. ¡Y todo eso, en nombre de la libertad, de la democracia y del mercado libre!

En verdad, la disyuntiva que tiene por delante el Perú en las elecciones del 5 de junio próximo, es la de salvaguardar la imperfecta democracia política que tenemos desde hace 10 años y una política de mercado y de apertura al mundo que ha hecho crecer nuestra economía de manera notable, o volver a un régimen dictatorial que, guardando ciertas formas institucionales, restablecería en el gobierno a quienes, en complicidad con Fujimori y Montesinos, destruyeron el Estado de derecho, se enriquecieron cometiendo las más descaradas pillerías y durante ocho años perpetraron horrendos crímenes con el pretexto de combatir la subversión. A mi juicio en semejante disyuntiva la peor opción es Keiko Fujimori.

Ollanta Humala ha hecho un "Compromiso con el Pueblo Peruano" que conviene tener muy presente, no sólo a la hora de votar por él, sino sobre todo una vez que acceda al gobierno, para recordárselo cada vez que parezca apartarse de alguna de sus promesas. No habrá reelección. Se cumplirá con los tratados firmados, no habrá estatizaciones, se respetará el derecho de propiedad y las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFPs), la lucha contra la corrupción será implacable, habrá una política de apoyo social sostenida, sobre todo en los campos de la educación y la salud pública, para los sectores más desfavorecidos, así como estímulos y facilidades para la formalización de las empresas. El respeto al pluralismo informativo, a la independencia de la prensa y al derecho de crítica será total. Estos puntos han sido expresados, además, de viva voz, en las reuniones que ha celebrado el candidato con la confederación de empresarios y las asociaciones de prensa. Todo esto es perfectamente compatible con la democracia y con las políticas de mercado vigentes y tiende a perfeccionarlas, no a recortarlas ni menos suprimirlas. No sólo depende de la voluntad de Ollanta Humala que este compromiso se cumpla. Depende, sobre todo, de que quienes lo apoyemos en la elección del 5 de junio dejemos claro que es a estas políticas a las que damos nuestro apoyo y que nos mantendremos firmes exigiendo su cumplimento.
© Mario Vargas Llosa, 2011.


Cipriani y Fujimori... Apocalipsis ahora.
Los derechos humanos son una cojudez”, dice uno y el otro asiente sonriendo.

2011/05/06

¡Por la memoria y la dignidad, peruanos!


Peruano consciente, difunde esta información.

Marca "El Perú"


A mí también Carlos Alcántara me suena extranjero diciéndole "picarones" a los buñuelos. Y no nos olvidemos de que es "El Perú" y no "Perú" a secas.

2011/05/04

El único conocimiento del hombre es que la vida no tiene sentido


Estas grandes mentes han escrito millones de libros sobre el tema. Y, al final, nadie sabe más que yo sobre las grandes preguntas acerca de la vida.
Leí a Sócrates. Este tipo que abusaba de los niñitos griegos, ¿qué diablos tiene que enseñarme? Y Nietzsche, con su teoría de la repetición eterna. Dijo que la vida que vivimos, volveremos a vivirla de la misma forma eternamente. ¡Genial! Quiere decir que tendré que asistir al patinaje sobre hielo nuevamente. No vale la pena.
Y Freud, otro gran pesimista. Me hice analizar durante años y no sucedió nada. Mi sicoanalista se frustró tanto que finalmente abrió un puesto de ensaladas.
Miren a toda esta gente corriendo, tratando de detener la desintegración inevitable del cuerpo. Es tan triste por lo que pasa la gente, con sus bicicletas estacionarias y los ejercicios.

Miren a ésta. Pobrecita. Tiene que acarrear con toda esa grasa. Debería llevarla en una carretilla.
Quizá los poetas tengan razón. Quizá el amor sea la única respuesta.

–¿Por qué cree que quiere convertirse al catolicismo?
–Debo tener algo en qué creer... o si no, la vida no tiene sentido.
–¿Pero por qué decidió elegir el catolicismo?
–Primero que todo, porque es una religión hermosa y es una religión fuerte. Está muy bien estructurada. Seguramente estoy hablando en contra de rezar en la escuela, pro-aborto, ala antinuclear.
–¿No cree en Dios en este momento?
–No, y quiero hacerlo. Estoy dispuesto a todo: hasta pintar huevos de Pascua. Necesito evidencia. Debo tener pruebas. Si no puedo creer en Dios entonces no vale la pena vivir.

¿No tienes miedo de morir?
–¿Por qué he de tener miedo?
–¡Porque no existirás!
–¿ Y qué?
–¿No te aterroriza eso?
–¿Quién piensa en semejante tontería? Cuando muera, estaré muerto.
–¿No te da miedo?
- ¿De qué? Estaré inconsciente.
–¿Pero nunca volver a existir?
–¿Cómo lo sabes?
– No le veo futuro.

Woody Allen, Hannah y sus hermanas(1986).

2011/04/30

Ernesto Sábato (1911-2011)


Yo no conocí a Sábato por sus libros.
Me enteré de él gracias a esos grandes reportajes de esa revista que, durante muchos años, fue como la Biblia para mí: El Gráfico. Recuerdo una gran nota en donde habla de todo: literatura, fútbol, Maradona y de su inconmensurable pasión por Estudiantes de La Plata.
Luego vino la eclosión gracias a El túnel.

(continuará… como continuaremos leyendo a Ernesto. Ojalá Dios exista y te hayas encontrado con él)


2011/04/28

No soy su amigo: soy su maestro

Los maestros nunca mueren. Siempre viven en tus recuerdos. Estaban ahí cuando tú llegaste y estaban ahí cuando te fuiste, como algo fijo.
De vez en cuando te enseñan algo. Pero no todos. Y nunca logras conocerlos tanto como ellos te conocen a ti. En algún tiempo confías en ellos y, si tienes suerte, talvez haya alguno que confíe en ti.






-Yo... creí que era mi amigo...
-No soy su amigo, señor Arnold. Soy su maestro.

2011/04/27

Mourinho citando a Einstein

"Con Voluntad tú puedes hacer las cosas", afirma Mourinho. Un entrenador irresistible, un ganador nato.

2011/04/25

Grupo El Comercio: intento de docilizar a periodistas

Como sabemos el Grupo el Comercio (El Comercio, Perú21, Trome, América TV, Canal N, etcétera) a través de todos sus medios intenta practicar una dictadura informativa para apoyar a los Fujimori. El Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) se ha manifestado.

El Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) rechaza despidos de periodistas del Grupo El Comercio por motivos políticos y apoya la pluralidad informativa en la TV.

El Consejo Directivo del IPYS ha decidido pronunciarse en los términos siguientes, relacionados con el rol de los medios de comunicación en las elecciones generales:

1. El IPYS está recibiendo continuas consultas y pedidos de pronunciamiento por parte de periodistas que afrontan dilemas éticos en sus medios, relacionados con la cobertura informativa electoral. En el contexto actual, la mayoría de los medios impresos ha tomado partido por uno de los candidatos presidenciales, mientras que en la radio y la televisión existe un clima de mayor pluralidad informativa.
2. Ante todo, este pronunciamiento quiere recordar a los periodistas que nuestra primera responsabilidad es informar por encima de convicciones políticas propias o de los propietarios de los medios, que esto implica un escrutinio a ambos candidatos y no solo a uno de ellos, y que las dos partes de la disputa electoral debieran tener en la medida de lo posible igualdad de oportunidades para mostrar sus puntos de vista. Sin discutir el derecho de los medios a decidir su propia línea informativa, el IPYS cree que en este proceso electoral ellos no deben ser vehículos de propaganda ni trabajar para la campaña de una de las partes. El IPYS comprende y se solidariza con periodistas que creen que esta política no es practicada por sus medios, y los insta a defender sus puntos de vista en los canales establecidos.
3. El IPYS muestra su preocupación por la decisión del Grupo El Comercio de disciplinar a sus medios para apoyar informativamente la campaña de Keiko Fujimori. Hacemos un llamado a sus directivos para mantener su independencia por la importancia que tiene este consorcio en el mercado de medios nacionales. Al IPYS, que es perseguido en Venezuela por el régimen de Hugo Chávez, no le parece inútil recordar el error cometido por los principales medios de ese país al convertirse en actores políticos, afectando su credibilidad y haciéndole un pobre favor a la democracia.
4. El IPYS deplora el despido de los periodistas Patricia Montero y José Jara, productores de Canal N. El IPYS considera que las medidas tienen una motivación política, como parte de la nueva línea editorial del Grupo El Comercio, y que se deben precisamente a la independencia comprobada de estos periodistas. El IPYS se solidariza con ellos y comparte el malestar que los despidos causaron entre sus colegas.
5. El IPYS cree en la autoregulación, y considera que todo intento de controlar contenidos de los medios por cualquier mecanismo externo es contrario a la libertad de expresión. Sin embargo, la ley de radio y TV dice que la prestación de servicios de radiodifusión se rige, entre otros principios, por el del respeto al pluralismo informativo y el de la libertad de información veraz e imparcial. Principios que son exigibles a los operadores porque el Estado les concede usar el espacio radioeléctrico, un recurso de todos los peruanos. Así, estos medios están más obligados éticamente que los periódicos impresos a ejercer un periodismo de calidad, independiente y plural, ajeno a los intereses comerciales y políticos de las compañías que detentan la concesión. Por lo mismo deben ser fiscalizados por el resto de medios, por la sociedad civil y por organizaciones de periodistas independientes como el IPYS.
6. El IPYS deplora que hasta el momento los candidatos presidenciales Ollanta Humala y Keiko Fujimori no hayan mostrado el mínimo interés en responder las preguntas sobre libertad de expresión que les fueran planteadas por el IPYS. Creemos que ambos deben precisar aspectos fundamentales de su política y estaremos esperándolos el viernes 29 de abril al mediodía, en el local del IPYS, con la presencia de invitados nacionales e internacionales. El IPYS coordinará con el Consejo de la Prensa Peruana, para darle al evento la mayor difusión y representatividad.
21 de abril del 2011
El Consejo Directivo

2011/04/23

El retorno a la dictadura, no

Elegir presidenta a Keiko Fujimori sería la más grave equivocación cometida por los peruanos. Equivaldría a legitimar el régimen que envileció la política y sembró de violencia nuestro país.
Cuando los tres candidatos que representan la defensa del sistema democrático y liberal se dedican a destrozarse unos a otros, como ocurrió en las recientes elecciones peruanas -me refiero a Luis Castañeda, Alejandro Toledo y Pedro Pablo Kuczynski-, el resultado es previsible: los tres se autodestruyen y abren el paso de la segunda vuelta electoral a dos candidatos que, desde los extremos, representan una amenaza potencial para la supervivencia de la democracia y el desarrollo económico que, desde hace 10 años, había convertido al Perú en el país que progresaba más rápido en toda América Latina. El poeta César Moro no exageraba demasiado cuando escribió: "En todas partes se cuecen habas, pero en el Perú solo se cuecen habas".

Bien, no es cuestión de suicidarse, porque el suicidio no resuelve los problemas para los que se quedan vivos, de modo que, ahora, por lo menos la mitad de los peruanos debemos elegir entre dos opciones que habíamos descartado: Ollanta Humala y Keiko Fujimori. Algunos amigos míos han decidido viciar su voto, pues rechazan a ambos candidatos por igual. Ésa es una decisión respetable desde el punto de vista individual y moral, pero nada efectiva en términos colectivos y prácticos, pues no votar equivale siempre a votar por el que gana, ya que se renuncia a hacer algo -aunque sea tan mínimo como lo que representa un solo voto- para impedirlo.

Creo que es preferible elegir, haciendo un esfuerzo de racionalidad y aceptando las tesis del compromiso sartreano, según las cuales siempre hay una opción preferible a las otras, aunque semejante elección implique inevitablemente un riesgo y la posibilidad del error.

No tengo duda alguna de que elegir presidenta del Perú a Keiko Fujimori sería la más grave equivocación que podría cometer el pueblo peruano. Equivaldría a legitimar la peor dictadura que hemos padecido a lo largo de nuestra historia republicana. Alberto Fujimori no sólo fue un gobernante asesino y ladrón, tal como estableció el tribunal que, en un proceso modélico, lo condenó a 25 años de cárcel. (Según la Procuraduría, sólo se han repatriado unos 184 millones de dólares de los 6.000 que por lo menos se birlaron durante su régimen de las arcas públicas). Fue, además, un traidor a la legalidad constitucional que le permitió acceder al poder en unos comicios legítimos, dando el golpe de Estado que acabó con la democracia en el Perú el 5 de abril de 1992. Keiko Fujimori ha reivindicado ese hecho bochornoso y su entorno está plagado de colaboradores de la dictadura. Como han comprobado los medios de comunicación, el propio ex dictador ha coordinado la campaña presidencial de su hija desde su cárcel dorada.

El pueblo peruano no puede haber olvidado lo que significaron esos ocho años en que Fujimori y Vladimiro Montesinos perpetraron un saqueo sistemático de los recursos públicos, la corrupción que cundió por todos los mecanismos e instituciones del poder en la más absoluta impunidad, los tráficos de armas, de drogas, la manera como políticos, empresarios, directores de canales de televisión, iban a venderse a la dictadura por bolsas y fajos de billetes, escenas de escándalo que han quedado registradas en los vídeos que el propio Montesinos grababa sin duda para chantajear a sus cómplices.

Tampoco puede olvidar los innumerables crímenes, desapariciones, torturas, ejecuciones extrajudiciales y toda clase de violaciones de derechos humanos de campesinos, estudiantes, sindicalistas, periodistas, que marcaron esos años de horror, y contra los que el pueblo peruano reaccionó, a fines de la década de los noventa, cuando, con movilizaciones como la Marcha de los Cuatro Suyos, consiguió derrotar a la dictadura y devolver la libertad al Perú. No es posible que en tan pocos años en la memoria de los peruanos se haya borrado esta ignominia histórica y una mayoría decida ahora con sus votos que se abran las cárceles y las decenas de ladrones y asesinos de la dictadura salgan de nuevo a gobernar el Perú. Todo lo que queda de digno en el país debe impedir, valiéndose del civilizado recurso de las ánforas, semejante vergüenza para nuestra patria.

Votar por Ollanta Humala implica un riesgo para todos quienes defendemos la cultura de la libertad, lo sé muy bien. Su antigua simpatía por las políticas catastróficas de la dictadura del general Velasco y del dictador venezolano Hugo Chávez justifican los recelos de que su subida al poder pudiera significar una ola de estatizaciones que hundiera nuestras industrias y ahuyentara a las empresas e inversores que, en los últimos 10 años, han contribuido de manera decisiva al notable crecimiento de nuestra economía, a la creación de tantos miles de empleos, a la reducción de la pobreza de más de 50% a un tercio de la población y a la buena imagen que se ha ganado el Perú en el extranjero. Asimismo, es lícito el temor de que aquellas antiguas simpatías puedan inducir a su Gobierno a desaparecer una vez más en nuestra historia la libertad de prensa en el país.

Sin embargo, la verdad es que en esta campaña Ollanta Humala ha moderado de manera visible su mensaje político, asegurando que se ha separado del modelo autoritario chavista e identificado con el brasileño de Lula. Por lo demás, en esta campaña ha tenido asesores brasileños cercanos al Partido de los Trabajadores. Ahora asegura que respetará la propiedad privada, que no propiciará estatizaciones, que no recortará la independencia de la prensa ni la inversión extranjera y que está dispuesto a renunciar a la idea de una Asamblea Constituyente que (como lo hizo Chávez en Venezuela) reemplace a la actual Constitución que prohíbe la reelección presidencial.

¿Son estas las convicciones genuinas de alguien que ha evolucionado ideológicamente desde el extremismo hasta las posiciones democráticas de la izquierda latinoamericana que encarnan un Ricardo Lagos, en Chile, un José Mujica en el Uruguay, un Lula y una Dilma Rousseff en Brasil, o un Mauricio Funes en El Salvador? ¿O es una mera postura táctica para ganar una elección, ya que Ollanta Humala sabe muy bien que sólo vencerá en esta segunda vuelta si un importante sector de la clase media peruana vota por él? Creo que la respuesta a esta pregunta que se hacen hoy día tantos peruanos que votaron por Castañeda, Toledo y Kuczynski, no depende tanto de las secretas intenciones que pueda tener el candidato en el fondo de su conciencia, sino de los propios electores que decidan apoyarlo y de la manera en que lo hagan.

Este apoyo no puede ser una abdicación sino un apoyo exigente y crítico, a fin de que Ollanta Humala nos dé pruebas fehacientes de su identificación con la democracia y con una política económica de mercado sin la cual el Perú entraría en una crisis y un empobrecimiento que condenaría al fracaso todos los programas de redistribución y de combate a la pobreza que figuran en el plan de gobierno de Gana Perú. Para que aquellos programas sean exitosos es indispensable que el Perú siga creciendo como lo ha hecho estos últimos años, ya que si no hay riqueza no hay nada que redistribuir. Eso lo han entendido los socialistas chilenos, brasileños, uruguayos y salvadoreños y por eso, aunque se sigan llamando socialistas, aplican o han aplicado en el Gobierno políticas socialdemócratas (no digo liberales para no espantar a nadie, pero si dejara esa palabra no mentiría). Si Ollanta Humala persevera en esta dirección que parece haber emprendido, la democracia peruana estará a salvo y continuará el progreso económico, acompañado de una política social inteligente que devolverá la confianza en el sistema a quienes, por sentirse marginados y frustrados de ese desarrollo que no los alcanzaba, optaron por los extremos.

Cuando escribo este artículo, buena parte de votantes por el partido de Alejandro Toledo, Perú Posible, parece haber optado por ese apoyo exigente y crítico a Ollanta Humala que yo propongo. Mi esperanza es que los otros partidos democráticos del Perú, como Acción Popular, el Partido Popular Cristiano y el APRA, que, con tantos miles de independientes, combatieron con gallardía a la dictadura fujimorista y ayudaron a derrotarla, se sumen a este empeño, para evitar el retorno de un régimen que envileció la política y sembró de violencia, delito y sufrimiento a nuestro país y para asegurarnos que la llegada de Ollanta Humala al poder fortalezca y no destruya la democracia que recobramos hace apenas 10 años.

© Mario Vargas Llosa, 2011.


2011/04/16

Asesino de la ilusión... y otras historias

So pretexto de vida
So pretexto de paz
So pretexto de amar
So pretexto de luchar mentiras nada más...
Asesino de la ilusión de Leusemia


Mujer embarazada: ¿tuve que marca la O de Ollanta para un Perú mejor?


Purpura from Cinépata on Vimeo.

2011/04/14

Hasta aquí nomás (histórico editorial de Caretas)

Se hacían extrañar en Caretas este tipo de editoriales históricos: HASTA AQUÍ NOMÁS. "Rechacemos a un régimen propenso a convertir en prostíbulos a los medios de comunicación".


Hasta Aquí Nomás


Hasta los últimos días de este proceso, Keiko Fujimori y la gente de Fuerza 2011 habían logrado mantener una cierta distancia con el pasado más oscuro del fujimorato. Algo parecía prometer su juvenil candidatura, acompañada como estaba con una figura como Jaime Yoshiyama, tan humillado por Montesinos, y, entre bambalinas, por el buen hermano Santiago.

Pero a partir de su manifestación de cierre de campaña, Keiko no solo ha dado vivas filiales a su encarcelado padre sino que lo ha subido al estrado en calidad de prócer nacional y proclamado reiteradamente a su régimen como el “¡mejor gobierno de la historia del Perú!”.

¿Cómo? Aquí debe frenarse este sushi.

Esa candidatura implica ahora un humillante agravio a la Nación que se debe rechazar, y la proyección es peor.

¿Puede tener algún lugar ejemplar en nuestra historia el Presidente de la República que fugó del país de Grau, Cáceres y Bolognesi en circunstancias bochornosas, y que se refugió en la tierra de sus ancestros postulando incluso, aunque infructuosamente, a la Dieta en representación de una facción fascista?

¿Merece alguna consideración el reo que, condenado después de un ejemplar y meticuloso juicio público, que ningún observador internacional ha objetado, con cargos que ya previamente habían sido evaluados como delitos comunes por la Interpol, fue extraditado de Chile al determinar la justicia de allá que el caso de ‘Chinochet’ no era político sino criminal?

¿Es ese el personaje el que lideró el “mejor gobierno de la historia del Perú” y es su familia la que resguardará en el futuro la seguridad ciudadana?

¿Qué se cree la dinastía Fujimori, que este es un país de quita y pon, y sin memoria alguna?

¿No terminó el fujimorato con casi todos los miembros de su alto mando militar y policial en prisión, convictos y confesos por grandes latrocinios en la adquisición de armas y operaciones de pillaje auténticamente mafiosas?

¿Las atroces y estúpidas matanzas de los Barrios Altos y La Cantuta se explicarán en el futuro, como ya lo está volviendo a hacer Martha Chávez, como incidentes menores y daños colaterales comprensibles?

¿Se destruirá el monumento al Ojo que Llora y se anulará el proyecto del Museo (o Lugar) de la Memoria, ignorando el apoyo de las Naciones Unidas, del Premio Nobel Vargas Llosa y del actual Presidente Alan García para respetar la mentalidad del Grupo Colina?

En estos días, y ante la disyuntiva electoral planteada, hay que recordar e insistir en que la Patria es más que la administración de su economía y el bienestar de sus empresas, por más vitales e importantes que sean para el desarrollo. Un país es historia, dignidad, cultura, identidad y sobre todo futuro.

Cuidado con esta segunda vuelta. Rechacemos a un régimen propenso a convertir en prostíbulos a los medios de comunicación.

Evaluemos integralmente, con serenidad e inteligencia, a los candidatos y sus programas, y encontremos las formas de amarrar compromisos que respeten los procedimientos democráticos y administren racionalmente el proceso de nuestro auspicioso desarrollo económico y distributivo sin los desplantes de una izquierda que es anacrónica en todo el mundo.

Después de todo, ya se pueden comprobar los desastres y el desgobierno que hunden a Bolivia y convierten a Venezuela en un circo.

Mientras tanto, en aras de un clima menos dubitativo en los círculos de la inversión extranjera y nacional, nada de volverse a humillar por un polo naranja que salga de la Diroes. Quienes los usan ya sacan pecho para refregarlos con insultante arrogancia: “¡Fujimori, el mejor gobierno de la historia del Perú!”.

2011/04/08

Antes del voto del domingo: Prosas apátridas


«Vivimos en un mundo ambiguo, las palabras no quieren decir nada, las ideas son cheques sin provisión, los valores carecen de valor, las personas son impenetrables, los hechos amasijos de contradicciones, la verdad es una quimera y la realidad un fenómeno tan difuso que es difícil distinguirla del sueño, la fantasía o la alucinación. La duda, que es el signo de la inteligencia, es también la tara más ominosa de mi carácter. Ella me ha hecho ver y no ver, actuar y no actuar, ha impedido en mí la formación de convicciones duraderas, ha matado hasta la pasión y me ha dado finalmente del mundo la imagen de un remolino donde se ahogan los fantasmas de los días, sin dejar otra cosa que briznas de sucesos locos y gesticulaciones sin causa ni finalidad.»

Julio Ramón Ribeyro, Prosas apátridas


Hemos perdido la capacidad de indignarnos, de conmovernos, de ser solidarios, de ser humanos. No se trata -aunque a veces parezca que lo hacemos- de polarizarnos y escindir al país en dos: «sistema» versus el «antisistema». Se trata, como en el caso de Cocachacra, de una verdadera democracia, de la libertad de un pueblo para decidir su presente y su futuro (porque rechazar la minería es mirar al futuro, creer en él): ¡Agro sí, mina no! Así de simple.
Lo que no es simple, nunca lo fue, es elegir en el Perú.
Hoy quisiera ser un apátrida. No lo soy y jamás he creído en el voto en blanco.
Nada de oportunismos. No deseamos orientar el voto al extremismo (si unos consideran votar por Ollanta Humala un error que linda con la barbarie; otros, en cambio, tienen el derecho de estar convencidos de que ser extremistas hasta la estulticia es elegir a Pedro Pablo Kuczynski). Desde luego, es preciso aclararlo sin miramientos: si, en segunda vuelta, me obligan a elegir entre Humala y
Kuczynski, votaré por el primero. Correré ese riesgo porque las campañas de satanización en su contra sólo buscan darle más vuelo al anciano PPK.



Hermanos peruanos están perdiendo la vida en Mollendo (grupos de malhechores, confundidos entre los rebeldes, se están dedicando al pillaje) y, mientras tanto, acá, en Arequipa, sumidos en una indiferencia que nos acusa y condena.
—¡Que la policía ponga orden en Mollendo porque en Arequipa ya no hay gasolina para mi carro! —dicen muchos, indolentes o imbéciles, que recién se sienten tocados, olvidando que si ponemos en una balanza a la minería y al agro, este último siempre pesará más (o debería pesar más si no pensamos como el señor PPK y toda su tropa de fundamentalistas del libre mercado sin conciencia social).

La gente en Mollendo le ha dicho no a la minera Southern y no al Proyecto Tía María. El informe de la ONUD dice, entre otras cosas, que la descripción del Proyecto “carece del nivel de definición que corresponde al Proyecto Ejecutivo o a la Ingeniería de Detalle del mismo, generando en numerosas ocasiones, incertidumbre en la definición de las causas de impacto (…) El esfuerzo de relevamiento de información primaria presenta ciertos vacíos de información que impiden la correcta evaluación de los impactos ambientales. Así, cabe citar el grave ejemplo de la inexistencia de un estudio hidrogeológico completo sobre el área del proyecto”.

Repudio el sistema actual y quisiera ver preso al señor Alan García Pérez, emblema insuperable de la corrupción y el robo. Pero tampoco quiero un salto al vacío (aunque sujetos como PPK me pueden obligar a saltar). Soy, pues, un amasijo de contradicciones. Ayer estuve en el mítin de cierre de campaña del señor Ollanta Humala Tasso en las afueras del coliseo Arequipa. Volví decepcionado. Fue una pérdida de tiempo. No encontré convicciones, sólo discursos sosos y populistas. Gentes tristes, frías y confundidas.

Alejandro Toledo Manrique tuvo un gobierno democrático con errores groseros. Fue precisamente esa libertad absoluta de expresión la que permitió que se lo cargue tanto con sus recurrentes viajes a Punta Sal, por su debilidad por el whisky y por tener una familia bastante especial.

Como arequipeño, no puedo olvidar el Arequipazo y los dos muertos en nuestra bienamada Plaza de Armas. Sigo creyendo que el error fue del entonces Ministro del Interior, Fernando Rospigliosi Capurro. Un sujeto que, presa de su soberbia, nos sigue debiendo unas disculpas públicas.
No obstante, no puedo tampoco olvidar de ninguna manera esa revuelta popular en la que Alejandro Toledo se fajó, se puso la vincha, y encabezó la ya mítica Marcha de los Cuatro Suyos. Él es uno de los responsables de que hayamos vuelto a esta democracia («precaria», como él mismo lo ha reconocido, «imperfecta» agregaría Vargas Llosa).
Mi afán primordial –en primera vuelta– es impedir que pase la señora Keiko Fujimori, hija del sátrapa japonés Kenya Fujimori. Darle la oportunidad a esta mujercita educada en Estados Unidos con la plata de todos los peruanos, es abrazarnos con la impunidad, celebrar al autoritarismo, acostarse con la muerte y despertar -en el supuesto negado de que despertemos- esposados por una nueva dictadura.
En esta candente elección hay que tener prioridades:
1. Sacar de carrera a los que nunca fueron democráticos: Fujimori y compañía (el Perú no es una dinastía japonesa, ha dicho el artista Víctor Delfín).
2. Procurar cárcel para Alan García y su compañía (evitar que huya del país como ya lo hizo alguna vez).
3. Defender la democracia a toda costa (defender la democracia, insisto, es rechazar a los que nunca creyeron en ella: la pandilla Fujimori y sus esbirros Raffo, Kouri, etcétera).

Alejandro Toledo, así les joda a muchos, es el candidato más demócrata de todos. Su primer gobierno me dejó muchos sinsabores (yo voté por él, ¡jamás por el aprismo!). Sin embargo, viene a cuento recordar que, después de muchos años, tuvimos un presidente que no huyó del país (Alan García, Fujimori, y seguramente otra vez García). Un presidente que no fue perseguido político. Un presidente que, en esta segunda oportunidad, lo puede hacer mejor.
Espero de todo corazón que Alejandro Toledo haya aprendido de sus errores. Ojalá, Toledo: ¡ojalá!




2011/04/04

Presentación de Libro-Homenaje: “Arequipa y el escribidor”

Nos complace invitarlos, este martes 5 de abril, a la presentación del Libro Homenaje a Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, editado por el periodista y escritor Carlos Rivera, titulado: Arequipa y el escribidor
El evento cultural, se realizará en el auditorio de la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa, ubicada en la casona arquitectónica, sito en Calle San Francisco Nº 308 – Cercado, a partir de las 19:00 horas. Contará con los comentarios de Willard Díaz, Carlos Meneses Cornejo y Otto del Carpio Caro. El libro de homenaje en mención, ha convocado a destacados intelectuales, escritores y periodistas de la ciudad. Todos ellos han participado a través de distintos géneros: crónica, ensayo, artículo, cuento, entrevista y semblanza, los cuales han sido editados y son parte de este trabajo. Destacan: Juan Carlos Valdivia Cano, César Augusto Álvarez Téllez, Henry Rivas Sucari, Cristhian Ticona Coaguilla, Juan Carlos Soto, Orlando Mazeyra Guillén, Ángela Delgado, José Luis Vargas y Carlos Rivera Quispe. Con esta actividad, la casona que alberga la Biblioteca se consolida como un Centro Cultural que aglutine y, al mismo tiempo, enlace las más variadas manifestaciones culturales como la literatura, la música, danza y artes populares que forman parte de las distintas expresiones que se manifiestan en la Región Arequipa.

EL INGRESO ES LIBRE