2013/07/20

Presentación de "Mi familia y otras miserias" en la FIL de Lima

Comparto con ustedes un fragmento del texto que José Luis Martín le ha dedicado a mi último libro Mi familia y otras miserias (Tribal, 2013). Este libro de narrativa breve se presentará el día domingo 21 de julio, a las 3 p.m. en el auditorio José María Arguedas de la Feria Internacional del libro de Lima (parque de los próceres, altura de la cuadra 17 de la avenida Salaverry, Jesús María). Los presentadores serán Oswaldo Reynoso y Guillermo Giacosa.
Sobre algunas de estas narraciones aparecen comentarios de Michael Cunningham, Carlos Granés, César Hildebrandt, Raúl Bueno Chávez, entre otros. El Premio Herralde 2007, Martín Kohan, ha dicho: «Los cuentos me parecen impactantes; resulta realmente muy perturbadora la manera en que el autor une los ámbitos familiares con la más absoluta sordidez. El relato "Es mejor hacerlo con agua mineral" me pareció estremecedor». Por Otro lado, Fernando Ampuero señala: «Orlando Mazeyra tiene el nervio de los escritores de raza. Su relato Mi primera máquina de escribir es intenso y conmovedor, y dejará en el lector una huella imborrable».

MI FAMILIA Y OTRAS MISERIAS

Por José Luis Martín*
Los cuentos de Orlando Mazeyra Guillén** caminan siempre sobre la frontera entre la locura y la cordura. Como un coche que ha perdido la dirección, sus personajes entran y salen de ambas zonas a toda velocidad, perplejos por el hecho de que allí, en el límite, es imposible determinar de qué lado está la verdad. Por ello, a menudo se dejan caer voluntariamente del lado de la locura, no sólo para acabar con el sufrimiento, sino también para reencontrarse con el verdadero ser de las cosas.

(…) Porque los personajes de Orlando Mazeyra Guillén se reconocen siempre en la locura y ese reconocimiento los empuja de vuelta al hogar, a batallar estérilmente contra una locura originaria, metafísica, y por tanto invencible. La familia y sus desequilibrios significan entonces la naturaleza en su conjunto: sabemos que no saldremos del caos porque venimos de él, porque la vida entera es un caos que sólo podemos controlar por períodos limitado (…) Los personajes de Mazeyra viven siempre en el filo, y a cada vuelta de la vida acecha la tentación de dejarse caer en las grandes negaciones: la enfermedad, la locura, la muerte... los grandes noes que nos definen como seres humanos.

* José Luis Martín (Ph.D. Princeton University, 1996) ha impartido clases de lengua y cultura españolas en los EstadosUnidos (Ohio StateUniversity) y ha escrito sobre la construcción del sujeto humano en la obra de Baltasar Gracián y sobre otros temas relacionados con el Renacimiento español. Es uno de los fundadores del Proyecto Sherezade de la Universidad deManitoba (Canadá) que, desde 1996, promueve la difusión de narraciones de escritores hispanohablantes como el mexicano Alberto Chimal y el peruano Iván Thays, entre otros.


**Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, 1980) Es Editor Cultural de la Universidad La Salle de Arequipa y colaborador de Hildebrandt en sus trece, semanario donde publica relatos y crónicas.

Más información acá:
http://mifamiliayotrasmiserias.blogspot.com/

2013/07/18

Pronunciamiento a propósito de la FIL Lima 2013

Lima, 18 de julio de 2013

Los intelectuales y artistas que suscribimos esta carta consideramos que es un grave error pretender homenajear a la señora Martha Meier Miró Quesada durante la próxima FIL Lima 2013 «por su contribución a la cultura y por ser una aliada en el fomento de la lectura a través de El Dominical de El Comercio». Creemos que Meier no solo no ha contribuido a la cultura de este país sino que, por el contrario, su figura ha sido decisiva para empobrecer la cultura cívica y minar los cimientos de una ética de sana convivencia ciudadana. 
Varios hechos empañan claramente la biografía de la señora Meier: su postulación al Congreso por la bancada del fujimorismo en las elecciones fraudulentas del año 2000, cuando ya eran conocidas las atrocidades del régimen; su absoluta falta de objetividad periodística en las elecciones del año 2011, a favor de la candidatura de Keiko Fujimori; su participación en el despido y hostigamiento de periodistas independientes en el grupo editorial en el que trabaja; y su total incompetencia al momento de generar un discurso sólido o al menos coherente sobre la cultura peruana [Ver Mario Vargas Llosa deja de escribir en El Comercio:  http://orlandomazeyra.blogspot.com/2011/05/mario-vargas-llosa-renuncia-seguir.html ].
Que este homenaje se pretenda realizar en el que debería ser un espacio crítico y de celebración de la cultura (eso que en teoría nos debiera proteger de las dictaduras), nos parece una burla que despierta una profunda indignación. Sobre todo si se toma en cuenta que este homenaje se propone en paralelo al de escritores como Antonio Cisneros, cuyos méritos no pueden ser discutidos.
Por todo lo anterior, los abajo firmantes rechazamos el homenaje organizado por la Cámara Peruana del Libro a Martha Meier Miró Quesada y hacemos público nuestro desconcierto por los dudosos criterios con los que esta organización ha decidido este «reconocimiento».

1. Andrea Cabel DNI 41624669
2. Ana María Falconí Pasaporte No. 3357636
3. Albert Niels Estrella Ureta DNI 43464038
4. Alberto Valdivia Baselli DNI 10477127
5. Alejandra Ballón Gutierrez DNI 07635878
6. Alejandro Neyra DNI 10263943
7. Alejandro Susti DNI: 06342352
8. Alexis Iparraguirre DNI 08157171
9. Alfonso Santisteban DNI 07802333.
10. Alfredo Márquez Espinoza DNI 07568566
11. Armando Alzamora Flores DNI 41225930
12. Arthur Zeballos Herrera DNI 43163711
13. Benggi Bedoya Rosales DNI 43647160
14. Bethsabé Huamán Andía DNI 07536772
15. Bili Sánchez Montenegro DNI 10218604
16. Bruno Polack DNI 40361748
17. Carla Di Franco Ochoa DNI 40003505
18. Carlos Torres Rotondo DNI 07882071
19. Carlos Villacorta Gonzales DNI 09865235
20. Carlos Yushimito del Valle 07525367
21. Carlos López Degregori DNI 07770757
22. Carlos Vargas Salgado DNI 29569179
23. Carlos Sánchez Paz DNI 23922066
24. Carolina Quiñonez Salpietro DNI 45492379
25. Cecilia Podestá DNI 41028393
26. César Ángeles L. DNI 08775721
27. Claudia Coca DNI 10272817
28. Claudio Cordero DNI 10589006
29. Cromwell Castillo Cabrejos DNI 41292079
30. Daniel Alarcón DNI 46678140
31. Daniel Salas Díaz DNI 06659592
32. Daniel Salvo DNI 10140252
33. Dante Oliva León DNI 40025749
34. Dante Trujillo Ruiz DNI 09343417
35. Dany Salvatierra DNI 40802461
36. David Blanco Bonilla DNI 09744749
37. Diego Lazarte DNI 42526839
38. Diego Palmath Maticorena DNI 20113284
39. Diego Trelles Paz DNI 10770076
40. Edgar Saavedra DNI 10144958
41. Eduardo Gargurevich DNI 06477152
42. Eduardo González Cueva DNI 09297384
43. Edward Chauca DNI 40401930
44. Elisabeth Acha Kutscher DNI 06522477
45. Eloy Jáuregui Coronado DNI 07224437
46. Elisa Fuenzalida 40066627
47. Emilio Bustamante DNI 10811698
48. Emilio Tarazona DNI 10221723
49. Emmanuel Velayos 44316736
50. Enrique Cortez DNI 25811643
51. Enrique León DNI 10110786
52. Ernesto De la Jara 07852765
53. Ernesto Escobar Ulloa DNI 09868829
54. Ethel Mylene Barja Cuyutupa DNI 45859246
55. Eugenia Mont DNI 18115779
56. Ezio Neyra DNI 40762566
57. Fernando Ampuero DNI 07854866
58. Fernando Andrés Obregón Rossi DNI 07227030
59. Fernando T. Olivos Vargas DNI 07969007
60. Félix Terrones DNI 40730345
61. Francisco Ángeles Menacho DNI 10734445
62. Francesca Denegri DNI 06521737
63. Gabriela Wiener Bravo DNI 10141561
64. Gabriel Arriarán DNI 10296344
65. Gabriel Rimachi Sialer DNI 10147135
66. Gabriel Ruiz Ortega DNI: 07525443
67. Giancarla Di Laura DNI 07862391
68. Grecia Cáceres DNI 09817275
69. Gonzalo Málaga Ortega DNI 0676828
70. Gonzalo Ramírez Herrera DNI 42274229
71. Gustavo Faverón Patriau DNI 09297955
72. Gonzalo Rodríguez Risco DNI 10225190
73. Hidalgo Calatayud Espinoza DNI 42089491
74. Hugo Martín Martínez Garay DNI 08195431
75. Irma Del Águila Peralta DNI 09298317
76. Jeremías Gamboa DNI 10179158
77. Jerónimo Pimentel DNI es 10805720
78. Jesús Martin Cossio Guevara DNI 25770638
79. Jesús Martínez Mogrovejo DNI 29354208
80. Jimena Ledgard Arévalo DNI 43903525
81. John Martínez Gonzales DNI 40977578
82. Johnny Barbieri DNI 06875568
83. Jorge Eduardo Benavides DNI 78728628 L
84. Jorge Juan Frisancho Hidalgo DNI 07862021
85. José Agustín Haya de la Torre Castro DNI 40876352
86. José Donayre Hoefken DNI 08185026
87. José Güich Rodríguez DNI 07272400
88. José Rosas Ribeyro DNI 06519334
89. José Tsang DNI 00143751
90. José Carlos Picón 40210847
91. José Carlos Yrigoyen Miró Quesada DNI 10273153
92. Jorge Luis Chamorro DNI 07638444
93. José Luis Gastañaga DNI 07861166
94. Juan Carlos Bondy DNI 09927949
95. Juan Carlos Galdo Marín DNI 09381215.
96. Juan Carlos Méndez DNI 10341753
97. Juan Carlos Ubilluz DNI 25728798
98. Juan Francisco Ugarte DNI: 45472765
99. Juan Pablo Mejía DNI 41898600
100. Julia Wong Kcomt DNI19331533
101. Julio César Zavala Vega DNI 41129761
102. Julio Llerena Caballero DNI 09852912
103. Julio Villanueva Chang DNI 09310462
104. José Villaorduña DNI 09641008
105. Karen Paola Bernedo Morales DNI 40767879
106. Katherine Estrada Aguirre DNI 09914776
107. Katya Adaui Sicheri DNI 10287140
108. Lena Retamoso DNI 10860615
109. Lenin Pantoja Torres, DNI: 45492339
110. Leonardo Dolores DNI 40416473
111. Lisby Ocaña Reyes DNI: 43241497
112. Luis Arriola DNI 09923395
113. Luis Fernando Chueca Field DNI 08703717
114. Luisa Fernanda Lindo Diez Canseco DNI 40349594
115. Manuel Ángelo Prado DNI 44019320
116. Manuel Fernández DNI 06796930
117. Marco Antonio Young Rabines DNI 07908835
118. María Elena Cornejo DNI 08799751
119. Maria Emma Mannarelli Cavagnari DNI 08224795
120. Mariana de Althaus DNI 06673343
121. Maricel Delgado DNI 10544389
122. Mariela Dreyfus Vallejos DNI 07605386
123. Mario Bellatin Pasaporte 5546013700
124. Mario Montalbetti Solari DNI 08219592
125. Mario Pera Bartra DNI 4098784
126. Margarita Saona DNI 08772982
127. Marlon Aquino Ramírez DNI 40648702.
128. Martín Guerra Muente 07535897
129. Martín Zúñiga Chávez DNI 42202604
130. Maruja Barrig DNI 07219311
131. Maurizio Pétar Medo Ferrero DNI 06026716
132. Micaela Chirif Camino 07881660
133. Miguel Ildefonso DNI 07466249
134. Miguel Ángel Sanz Chung DNI 73112295x
135. Milagros Saldarriaga Feijóo DNI 09861852
136. Militza Blanca Angulo Flores, 42153292
137. Mónica Delgado DNI 10585716
138. Natalia Iguiñiz Boggio DNI 09852744
139. Octavio Vinces Zegarra DNI 09380862
140. Olga Rodríguez Ulloa DNI 41898752
141. Omar Guerrero DNI 10723364
142. Orlando Mazeyra Guillén DNI 40764299
143. Pablo Alejandro Herrera 10710675
144. Pablo Santiago Salazar-Calderón Galliani DNI 10805822
145. Patricia Alba Barton DNI 08201922
146. Paul Alonso DNI 40224985
147. Paul Guillen DNI 06816296
148. Pedro Pérez del Solar DNI 07804414
149. Pedro Casusol DNI 43426853
150. Pedro José Llosa Vélez DNI 10303428
151. Pedro Félix Novoa DNI 40184672
152. Peter Elmore PASAPORTE 213914502
153. Renato Sandoval Bacigalupo DNI 10276384
154. Rafael Espinosa 08261475
155. Raúl Mendizábal R. DNI 07819360
156. Raúl Tola Pedraglio DNI 10305859
157. Renato Cisneros Sánchez DNI 10265879
158. Ricardo Sumalavia Chávez DNI 25564248
159. Roberto Ricardo Olazo Millán DNI 42510669
160. Rodolfo Hinostroza DNI 06644071
161. Rocío Silva Santisteban Manrique DNI 07822730
162. Rodrigo Núñez Carvallo DNI 06638874
163. Rodrigo Quijano DNI 07180206
164. Rossina Guerrero Vásquez DNI 07257797
165. Sandro Aguilar Torres DNI 10147741
166. Santiago López Maguiña DNI 31629955
167. Sergio R. Franco DNI 07857130
168. Teresa Cabrera DNI 42507227
169. Tilsa Otta Vildoso DNI 41509907
170. Ulises Gonzales DNI 09753782
171. Vanessa Martínez DNI 41560429
172. Víctor Ruiz Velazco DNI 41211859
173. Víctor Vich Florez DNI 09389668
174. Victoria Guerrero Peirano DNI 09645644
175. Víctor Quiroz DNI 41014992
176. Violeta Barrientos Silva DNI 09816811
177. Virginia Vargas Valente DNI 07722574
178. Walter Lingán DNI 523522780
179. Wilver Moreno Tineo DNI 42982176
180. Winston Orrillo DNI 06031515
181. Xavier Echarri DNI 07583197

2013/07/14

Amamos a Mafalda...

Y aunque no pretendemos imitarla, sí nos vamos a tomar unas vacaciones.

Hildebrandt en sus trece anuncia a sus lectores que reaparecerá el próximo 9 de agosto. Hace más de tres años que estamos con ustedes y esperamos acompañarlos en esto de la irreverencia y el pisotón de callos muchos años más. Pero necesitamos tomarnos un descanso, y el hecho de que el fallo de La Haya recién se dé en setiembre nos ha envalentonado. No nos vamos a perder la noticia del año. Y estaremos de vuelta con más ganas que nunca de hacer lo nuestro, que es fregar con información, desarmar con razones y recordar siempre que somos un país de olvidadizos. Solicitamos vuestra indulgencia. No es este un adiós sino un hasta luego. Hasta el 9 de agosto. Muchas gracias.

2013/07/08

Disciplina

Escritorio de MVLL.
Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Hebreos 12:11 (Reina-Valera 1960)

2013/07/05

Presentación de la revista Lima Gris N°5

El  número 5 de la revista LIMA GRIS se presenta este miércoles 10 de julio en la Alianza Francesa de Miraflores (Av. Arequipa 4595), en el auditorio Lumière. La presentación estará a cargo de Eloy Jáuregui,  Alexis Iparraguirre, Gabriel Rimachi Sialer y el director Edwin Cavello Limas. Ingreso Libre.
Una nueva edición con 74 páginas, con entrevistas, reportajes e información de actualidad. En este número la fotografía se hace presente con una entrevista  reveladora al fotógrafo Herman Schwarz y un fotorreportaje de NN Fotógrafos titulado “Ballet amarte”.
En  la sección música una entrevista exclusiva con el grupo Uchpa, donde su líder Fredy Ortiz  nos cuenta cómo nace el rock en quechua, y sus días como policía en Ocobamba. 
La crónica también se hace presente con la pluma de Eloy Jáuregui. Además un reportaje especial a cargo de Rodolfo Ybarra, quien se interna en el submundo para mostrarnos a “Un ángel de Pasolini en Tacora”. En este número el cine llega con Michael Haneke y su película Amour, ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes.
La literatura no se hace esperar con un artículo de Alexis Iparraguirre quien nos habla sobre la narrativa del escritor mexicano Yuri Herrera. Además, una entrevista realizada por Orlando Mazeyra Guillén.  Por su parte Luis Humberto Moreno nos hace conocer la pluma del escritor noruego Kjell Askildsen, con un artículo titulado “El lado oscuro de la vida”.
El Ministro de Cultura Luis Peirano aparece en portada, en una entrevista que revela su particular percepción sobre el patrimonio cultural. Y por si fuera poco,  un informe revelador sobre el patrimonio arqueológico, titulada “Walter Alva, el patrón de la arqueología”.
Esta edición se complementa con artículos de literatura, cine, pintura, danza, fotografía, artes visuales, moda, y el trabajo del equipo de investigación entre denuncias y destapes.

2013/06/12

Histeria


 Sin tocarte, sin alcanzarte 
Podrías tratar de acercarte a mí 
Estoy de suerte, estoy en la profundidad, sí 
Hipnotizado, me tiemblan las rodillas… 

Tengo que saber esta noche 
Si estás sola está noche 
No puedo detener este sentimiento 
No puedo detener este fuego 

Oh, me pongo histérico, histeria 
Oh, puedes sentirlo, ¿puedes creerlo? 
Es tal misterio mágico 
Cuando te llega ese sentimiento, mejor empieza a creer 
Porque es un milagro, oh, di que lo harás, oh, bebé 
Histeria cuando estás cerca 
Fuera de mí, dentro de ti, sí 
Te podrías esconder, es una calle de un solo sentido 
Oh, créelo estoy dentro de ti, sí 
Ábrete de par en par, así es, vuela de mis pies 
Oh, cree en mí. 

Tengo que saber está noche 
Si estás sola está noche 
No puedo detener este sentimiento 
No puedo detener este fuego 


2013/06/02

14 apuntes sobre Asu Mare (o aquí nació un país... pero ya no vive)

Te vendo un país... te prometo que te va a gustar.

I. QUERERSE UN POCO MÁS... EN ESTA MOLEDORA DE CARNE

Vengo leyendo Cinépata, bitácora de Alberto Fuguet para todos aquellos que amamos el buen cine. En el libro hay una frase que resume lo que sentí luego de ver Asu Mare, la película peruana que ha motivado una mesa redonda a la que fui invitado por la Asociación Cultural La Casa de Cartón. Confiesa Fuguet: «He visto cosas tan malas que lo único afortunado de la experiencia es que he terminado queriéndome un poco más». Agrego otras palabras que también hago mías: «Ya no acepto basura industrial latinoamericana: cintas hechas para ganar dinero y ser internacionales». No se olviden de que Carlos Alcántara ya dio el salto a Los Ángeles, es entrevistado en CNN y coquetea con la Warner Bros. ¡Asu mare! ¡No nos ganan, otro gol de Promperú! A  mí me no me vengan con cuentos, porque algunos habré logrado escribir más o menos bien (o hice el intento). Acá, no hay sueños sino insomnios. No puedo olvidarme de cómo trata este país a sus talentos: «El Perú, en muchos casos, es una moledora de carne. He visto a gente así: frustrarse, amargarse y, luego, aceptarse». Lo dijo César Hildebrandt.  

II. EL SUEÑO PERUANO O LA HISTORIA DE UN AUTOGOL

Salgo del cine y me pregunto: ¿quiénes fueron los culpables de esta farsa, quiénes tuvieron la idea de realizar este faenón cinematográfico, «un negocio de la patada», diría Alberto Químper con ese tonito de rufián consumado. Asu Mare no es más que un comercial de Brahma,  pero de largo aliento, por supuesto. En suma: una película menor y fácilmente olvidable que, en vez de homogenizarnos —y en esto espero equivocarme— nos va a confundir más con esa monserga enclenque del sueño peruano que ya probó Waldir Sáenz, goleador histórico de Alianza Lima, que, hoy por hoy, no tiene permiso para ingresar al estadio de Matute que es (o, digo mejor, era) como su segunda casa (florón de la corona: el propio Sáenz estuvo vinculado a un robo a las arcas del club de sus amores). Un fuego fatuo y… nada más.

III. APOYAR LO NUESTRO… LO QUE VALE LA PENA

Fui a ver Asu Mare porque me gusta aquello de apoyar a nuestro cine nacional. Pero cuando voy al cine quiero conmoverme, sentir que algo, una frase, una escena, una imagen que me estremezca, me sacuda, me turbe, me haga reír… en el mejor de los casos: que me invite a escribir. Todavía recuerdo cuando vi, con la sala vacía,  Días de Santiago en el Cine Planet de Saga: salí tocado, angustiado, con ganas de llegar a casa para escribir algo. Esa película, entre otras cosas, hablaba de mí, de mi país, y de los seres que no se encuentran, de una sociedad tan caótica y patética como el personaje. Asu mare, en cambio, es algo parecido a los cómicos ambulantes que llegaron a la televisión para alborotar el cotarro con la grosería y el humor más barriobajero. Y lo dice un rendido admirador de Pablo Villanueva, Melcochita. 

IV. ¿EL BOOM DEL CINE LORCHO?

¿Y ahora qué viene?, se preguntan en la web del diario El Comercio. El decano de la prensa nacional indaga sobre qué personajes peruanos deberían dar, de una vez, el salto a la pantalla grande. Pues, acá el abanico de posibilidades: ¿La menopáusica madre de Carlos Galdós? ¿La paisana Jacinta? ¿Al fondo hay sitio? ¿Esto es guerra? ¡Asu mare! Repito: ¡Asu mare!

V. LA «CARNECITA» DE LA PELÍCULA

Casi al inicio de Asu Mare, un mocoso toca pésimamente el cajón peruano y un tío para mandarlo a su cuarto le da una propina: «Ese día recibí mi primer sol y, así de fácil, me empecé a enamorar del mundo del espectáculo». Si hubiera dicho «de la civilización del espectáculo», Vargas Llosa se hubiera sentido menos infeliz.

VI. EL CHORRI NO SE VA...

El año pasado, asistí, en el estadio Nacional, a la despedida del que para los que tenemos menos de 35 años fue el mejor futbolista que se haya puesto la camiseta de nuestra selección nacional (que, para un señor llamado Manuel Burga, también es una marca). Hablo de Roberto Carlos Palacios Mestas, más conocido como el Chorri, quien en un programa televisivo confesó días después que cuando iba a los semilleros, a las escuelas de fútbol donde se intenta formar (o descubrir) a nuevos talentos, él se sentía muy mal:

Los padres les dicen a sus hijos: tienes que ser como Pizarro o Guerrero —contaba el Chorri—. Tú nos vas a sacar de la pobreza.
El Chorri recordó con nostalgia que, cuando él era un niño, en lo que menos pensaba era en el dinero y en la fama, sino en vestir la camiseta de la selección nacional. Permítanme ser romántico: ¿se acuerdan del máximo sueño de ese crack argentino nacido en una villa miseria llamada Fiorito? Hay sueños... y hay sueños, ¿verdad?



VII. EL CONSEJO DE TUS VIEJOS

El  escritor Rodrigo Fresán nos cuenta que ha quedado documentado que cuando John Cheever era un niño, para ser exactos, cuando tenía once años le comunicó a sus padres la decisión que había tomado: sería escritor. Sus progenitores se limitaron a responderle que «les parecía bien; siempre y cuando no lo moviera a ello la búsqueda de la fama o fortuna». «Buen consejo», concluye Fresán. «Ese día recibí mi primer sol —confiesa Cachín— y, así de fácil, me empecé a enamorar del mundo del espectáculo». No es amor al chancho, señores, sino a los chicharrones.

VIII. UNA CUESTIÓN DE COLOR
«Qué blanquito te ha salido, qué suerte», le dice el personaje que encarna Tatiana Astengo, una arribista profesional que le enseñó al personaje de la película que «billetera mata galán». Si no que lo diga Erick Elera, un famosísimo actor de Al fondo hay sitio que, hace poco, comentó en Twitter, al referirse a su primera hija: «Se parece a ella (a la madre Analía Rodríguez), yo de bebé era distinto, es blanquita, coloradita, parece que va a tener ojos claros». Billetera mata galán, claro, y hay que mejorar la raza, ¿verdad?  Peor, imposible.
IX. EL CULPABLE
Bueno, es preciso recordarlo: la idea fue de Bayly. Acá paso a citar a Carlos Alcántara: «Jaime Bayly el año 2008 me entrevistó. Él empezó a preguntarme sobre mi barrio, mi madre, y le conté sobre mi infancia, cómo me correteaba mi mamá  para castigarme. De pronto lo vi riéndose prácticamente en el piso. A él y a los espectadores. Entre los cortes comerciales me dijo que debía hacer un show sobre esas anécdotas. Me devolvió la confianza. Así fue como me lancé con el unipersonal. Si fue todo un suceso es porque nunca tuve ninguna pretensión con ese espectáculo».
Hay que decirlo, porque para muchos Bayly es un humorista fallido (recordemos su soporíferos monólogos), un escritor de subliteratura, un bufón televisivo y otras perlas más. Para mí, Bayly es un escritor de raza que sufre de una aguda pereza y no explota todo su talento narrativo (que, sin duda, lo tiene; no reconocerlo sería una mezquindad). Y sí, lo leo y lo he leído con atención. También veo Yo soy (porque mucha gente se inicia imitando, emulando, haciendo covers y luego procurando encontrar lo más difícil (en la música, poesía, narrativa, etcétera): su propia voz; y, por supuesto, prefiero un concierto de Ricardo Arjona que una velada de trova con Silvio Rodríguez. Ya he dado entonces suficientes razones para que no se me tome en cuenta, pues no soy un intelectual, sino un contador de historias (o al menos pretendo serlo). 
X. LIMA
Salgo del aeropuerto. Son las diez de la mañana y un letrero me advierte algo:
—¿Acá es, no? —le pregunto al taxista señalando el letrero.
—Ah, Mirones, el barrio de Cachín, ¡claro!
—Entiendo que ya vio la peli —indago.
—¡Claro! A los dos días del estreno.
El taxista se detiene en un semáforo en rojo y pide el diario que piden 9 de cada 10 taxistas limeños:
—Deme un Trome.
No solo los taxistas limeños compran El Trome —que es el diario más leído de Lima— también los microbuseros y aprovechan no sólo con la nave detenida, sino también en movimiento. Y nadie dice nada. Yo no digo nada. En suma: soy un cómplice de esta nueva Lima, de esta marca que es de la capital y no del Perú (si pudieran llevarse en peso Machu Picchu a La Molina, pues lo harían; si pudieran llevarse la selva a Chosica… también). Aunque, agárrense, pues ya he visto a un microbusero en plena avenida Ejército, de Arequipa, lanzar por la ventana su Trome luego de darle una última repasada a la malcriada de la página final.
XI. CUALQUIER SERRANO…
—¿Y qué le pareció la película? —retomo el diálogo con el taxista cuando ingresamos al cercado de Lima.
—Bueno, pe, no tiene esos efectos especiales de las películas extranjeras… o sea, no es algo así inolvidable. Pero me gustó.
—¿Por qué le gustó?
—Porque a nosotros, la clase popular sobre todo, nos hizo recordar nuestros años de infancia, del barrio, pe. La Lima que ya se fue y ahora… más es un recuerdo.
Le comento al taxista que lo peor de todo fue el final, Alcántara en su camioneta cuatro por cuatro, llegando a jugar pichanga con sus amigos… como dando a entender que, a pesar de la fama, seguía siendo el mismo… Y Juan Manuel Vargas sigue chupando con sus amigos del barrio antes de los partidos de la selección.
—En Lima hoy cualquier serrano tiene una cuatro por cuatro: no es cosa del otro mundo —me enmienda la plana el taxista—. No saben ni hablar bien pero tienen su camioneta.

XII. NACIÓ PERO YA NO VIVE
Yo ya había visto la película. Primero la compré en Arequipa, en versión pirata, sin embargo, Gonzalo Torres, un expataclaun que ahora se dedica a conducir un programa cultural llamado A la vuelta de la esquina, que trata de rescatar los monumentos y lugares históricos de Lima advirtió en una nota del semanario Hildebrandt en sus trece que en la versión pirata se oyen las risas del público. Esto ocurrió cuando Torres llevó a los reporteros de ese semanario a ver en qué se ha convertido la casa de Ricardo Palma: un centro comercial. Un sujeto que oficiaba de seudoguachimán del local hostilizó a la camarógrafa:
—¿Qué tanta foto toman? ¡Les voy a romper la cámara! —le advirtió, gruñendo como Pascual, el chancho de Los gallinazos sin plumas.
—Lo que pasa es que aquí nació Ricardo Palma! —le dijo Gonzalo Torres.
—¡Nació, pero ya no vive! —refutó el sujeto.
¡Asu mare, qué tal respuesta! ¡Viva la cultura chicha! ¡No nos ganan, chocherita!
XIII. TÚ TE SALVASTE, CHOLITO…
Un amigo mío, Carlos Bellatin, se cruzó en Lima con el buen Gonzalo Torres. Lo saludó y lo felicitó:
—Tú eres el único de los Pataclaún que no te has dedicado a hacer estupideces en la televisión.
A lo que Gonzalo Torres, contrariado, repuso de inmediato:
—¡Noooooooooooo! Wendy tampoco.
XIV. EL PERÚ ES LIMA, LIMA ES EL JIRÓN DE LA UNIÓN Y EL JIRÓN DE LA UNIÓN ES… ASU MARE
Decía, pues, que decidí verla en el cine: en el jirón de La Unión, corazón de Lima.
—¿Por qué está así? —le preguntaba un niño de unos ocho años a su madre al ver, en una escena de la película, a Cachín, tirado en el suelo y totalmente drogado.
—Porque no le hizo caso a su madre. ¡Aprende!
Yo me reí más con ese comentario de la señora que con la película. A la que se acude masivamente con menores de edad. No es una película apta para todo público: está repleta carajos, mierdas y otros ajos y cebollas.
—¿Pero cree que los niños pueden verla? —le pregunto al taxista.
—No… está como para de 14 pa’ arriba.
Y no puedo estar más de acuerdo: mejor si ya son mayores de edad y quieren perder el tiempo. O para recordar que aquí nació (o quiso nacer) un país... pero ya no vive...




2013/05/20

"Radiografía del alma" en Hildebrandt en sus trece

En la edición Nro. 155 de Hildebrandt en sus trece aparece mi Radiografía del alma.
El viernes 17 de mayo apareció mi narración Radiografía del alma que es casi un estado de ánimo frente a la vida (en realidad, frente a mí mismo). La búsqueda cotidiana de lo inasible... o algo más o menos así.

2013/05/18

Almuerzo de perros

Hace un año, el 18 de mayo de 2012, pude conocer  

la biblioteca de Mario Vargas Llosa. (Foto: Orlando Mazeyra Guillén)


«O comes o te comen, no hay más remedio.
A mí no me gusta que me coman»
Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros

Me gusta estar al lado del camino
fumando el humo mientras todo pasa…
Fito Páez, Al lado del camino

—¿Quieres uno?
—Gracias —le respondí y alargué la mano para sacar un cigarro de la cajetilla. Luego, Boris me alcanzó la cajita de fósforos Inti y empezamos a fumar mientras contemplábamos la inmensidad del mar barranquino. Se me vinieron a la mente algunas historias de Hemingway. Recordé su suicidio: había terminado siendo el cazador de sí mismo, la presa definitiva. Tal vez la literatura consistía en eso: ajusticiarse, ir de safari tras de uno mismo (exhibir grandezas y miserias, méritos y vergüenzas). Quise inmortalizar esa fecha: no todos los días se podía realizar turismo literario: acceder al refugio de alguien que, como el autor de París era una fiesta, había ganado un asiento en el gran teatro de la posteridad.         
—¿Me puedes tomar una foto? —pregunté. Al fin y al cabo, yo, por suerte, en Lima siempre seré un turista.
—Claro —me dijo y lanzó el pucho del cigarro—. ¿A qué hora vamos a subir?
—Me citó a las diez en punto —le informé—. Todavía faltan cinco minutos.
Me volví a acomodar el cuello de la camisa y le señalé la puerta del edificio: «vamos». El portero nos miró con desconfianza:
—¿Qué desean?
—Tenemos cita con la secretaria de Vargas Llosa.
—Un momento —y apretó un intercomunicador—. ¿Sus nombres?
—Orlando Mazeyra, reportero; y Boris Mercado, fotógrafo.
—Ya pueden pasar —nos informó señalando el ascensor.
La noticia del momento era la represión policial contra los manifestantes que rechazaban las minas en Conga, allí muchos cajamarquinos se resistían a entregar su agua a cambio de la falaz prosperidad minera. El presidente de la República, durante la campaña electoral, les había dicho a aquellos incautos: «Chugur, Bambamarca y Hualgayoc son una cicatriz en el rostro de Cajamarca, la cicatriz de los pasivos medioambientales. He visto un conjunto de lagunas y me dicen que ustedes las quieren vender. ¿Ustedes quieren vender su agua?»
—No.
—Porque, ¿qué es más importante? ¿El agua o el oro?
—El agua —respondían al unísono. Al asumir el poder, el camaleón había tenido buenas migas con las transnacionales mineras. «¡Vendepatria!», lo llamaban.
Un poblador de Conga le había preguntado a un iracundo policía:
—¿Por qué nos golpean? ¿Acaso somos sus enemigos? ¿Por qué se abusan de nosotros?
—¡Porque son perros! —había respondido el hombre con su vara en la mano.
Fuimos recibidos por la secretaria de Vargas Llosa, una señora muy educada y formal:
—¿Cuál es tu plan?
—Sólo queremos investigar, conocer la biblioteca, sus libros favoritos, y de paso tomar algunas fotografías.
El archivo personal de Vargas Llosa era inmenso. Tomé al azar a uno de los portafolios y examiné la primera página. Databa de noviembre de 1964. Un artículo del escritor cubano Ambrosio Fornet, publicado en la revista de La Casa de las Américas de La Habana, que hacía especial énfasis en un instante de la novela, una pregunta cruda, definitiva:
¿Usted es un perro o un ser humano?
No importaba. El dilema no existía: muerto el perro se acababa la rabia y a otra cosa, mariposa. Éramos una peste rabiosa para el presidente, un cero a la izquierda en las encuestas «prepago». Pero esa  biblioteca, atestada de anaqueles con libros forrados en cuero, parecía otro país, el descansillo de los ensueños. El sobrio escritorio de Vargas Llosa tenía una vista espléndida de los acantilados que asedian las costas de Lima.
Mientras pasaba revista a la lista de autores, perdí de vista a Boris, el fotógrafo, y éste se colgó de la ventana con su enorme cámara fotográfica a cuestas e intentó hacer una toma panorámica para contrastar el paraíso libresco con el océano Pacífico. Fue muy temerario, pues estábamos nada menos que en el sexto piso del edificio:
—¡Por Dios Santo! —exclamó espantada la secretaria—. ¿Qué haces ahí? ¡Te puedes matar!
Corrimos a sujetarlo. La señora lo amonestó de una manera incontestable:
—Tu vida vale más que toda biblioteca de Vargas Llosa, hijo —reflexionó y, luego de insistir con la comprensible reprimenda, gentilmente nos invitó a retirarnos para no pasar más sobresaltos, mientras Boris lanzaba otra ráfaga de flashes. Me quedé pensando en aquella frase cuando regresábamos a la revista en la unidad móvil:
—Boris.
—¿Qué hay?
—¿Crees que tu vida valga más que toda esa biblioteca? —indagué, provocador, consciente de la invalidez de mi pregunta.
Me mostró un gesto reluctante y siguió revisando las fotos.
—¿No me vas a responder? —insistí y aguardé en silencio.
Cuando llegamos a la revista, Boris por fin habló: «¿Quieres uno?». Acepté y fumamos antes de pisar la redacción. Al mediodía llegó el director: el Negro Cano.
—¿Qué novedades, Mazeyra? ¿Cómo te fue en la casa de Vargas Llosa?
—Creo que muy bien.
—Vamos a comer un chifa, ¡yo te invito!
Lo acompañé y disfrutamos de un pantagruélico almuerzo. Le conté mil y un anécdotas de lo que pasó en la biblioteca, había libros autografiados por el propio Cronopio argentino. Aproveché para decirle que Boris casi se mata por conseguir una foto digna del bronce: «La secretaria nos dijo que la vida de Boris valía más que toda la biblioteca». A Cano la aseveración de  la dama le supo a helado de arvejas. Se quitó la cuchara de la boca y me miró con desdén y aires de suficiencia:
—¿Sabes una cosa?
—Dígame, señor Cano.
—La vida de Boris no vale nada. No vale ni mierda.
—¿Y por qué lo dice?
—Boris es un perro, ya te vas a dar cuenta.
Seguimos comiendo en silencio. El bocado me resultó amargo cuando entendí que para él, todos sus empleados (periodistas, diseñadores, correctores y fotógrafos) éramos perros. Al parecer nuestra patria era una enorme y caótica perrera y yo recién la estaba conociendo. «¿Quieres uno?», me preguntó Cano apenas ganamos la avenida Gregorio Escobedo: eran Pall Mall, los mismos que fumaba Boris. Antes de responder, sentí un ladrido. No era Batuque —el perro de Zavalita en Conversación en La Catedral—, sino una ciudad y ciertas gentes que ya me estaban engullendo.
«Algún día escribiré sobre esto», pensé mientras le daba la primera calada al cigarrillo.



Jesús María, Lima, 2012.


2013/05/10

“Puto el que lee esto.”

Roberto Fontanarrosa humorista y escritor rosarino. Un capo.

Nunca encontré una frase mejor para comenzar un relato. Nunca, lo juro por mi madre que se caiga muerta. Y no la escribió Joyce, ni Faulkner, ni Jean-Paul Sartre, ni Tennessee Williams, ni el pelotudo de Góngora.

Lo leí en un baño público en una estación de servicio de la ruta. Eso es literatura. Eso es desafiar al lector y comprometerlo. Si el tipo que escribió eso, seguramente mientras cagaba, con un cortaplumas sobre la puerta del baño, hubiera decidido continuar con su relato, ahí me hubiese tenido a mí como lector consecuente. Eso es un escritor. Pum y a la cabeza. Palo y a la bolsa. El tipo no era, por cierto, un genuflexo dulzón ni un demagogo. “Puto el que lee esto”, y a otra cosa. Si te gusta bien y si no también, a otra cosa, mariposa. Hacete cargo y si no, jodete. Hablan de aquel famoso comienzo de Cien años de soledad, la novelita rococó del gran Gabo. “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento...” Mierda. Mierda pura. Esto que yo cuento, que encontré en un baño público, es muy superior y no pertenece seguramente a nadie salido de un taller literario o de un cenáculo de escritores pajeros que se la pasan hablando de Ross Macdonald.

Ojalá se me hubiese ocurrido a mí un comienzo semejante. Ese es el golpe que necesita un lector para quedar inmovilizado. Un buen patadón en los huevos que le quite el aliento y lo paralice. Ahí tenés, escapate ahora, dejá el libro y abandoname si podés.
No me muevo bajo la influencia de consejos de maricones como Joyce o el inútil de Tolstoi. Yo sigo la línea marcada por un grande, Carlos Monzón, el fantástico campeón de los medio medianos. Pumba y a la lona. Paf... el piñazo en medio de la jeta y hombre al suelo. Carlitos lo decía claramente, con esa forma tan clara que tenía para hablar. “Para mí el rival es un tipo que le quiere sacar el pan de la boca a mis hijos.” Y a un hijo de puta que pretenda eso hay que matarlo, estoy de acuerdo.

El lector no es mi amigo. El lector es alguien que les debe comprar el pan a mis hijos leyendo mis libros. Así de simple. Todo lo demás es cartón pintado. Entonces no se puede admitir que alguien comience a leer un libro escrito por uno y lo abandone. O que lo hojee en una librería, lea el comienzo, lo cierre y se vaya como el más perfecto de los cobardes. Allí tiene que quedar atrapado, preso, pegoteado. “Puto el que lee esto.” Que sienta un golpe en el pecho y se dé por aludido, si tiene dignidad y algo de virilidad en los cojones.

“Es un golpe bajo”, dirá algún crítico amanerado, de esos que gustan de Graham Greene o Kundera, de los que se masturban con Marguerite Yourcenar, de los que leen Paris Review y están suscriptos en Le Monde Diplomatique. ¡Sí, señor –les contesto–, es un golpe bajo! Y voy a pegarles uno, cien mil golpes bajos, para que me presten atención de una vez por todas. Hay millones de libros en los estantes, es increíble la cantidad alucinante de pelotudos que escriben hoy por hoy en el mundo y que se suman a los que ya han escrito y escribirán. Y los que han muerto, los cementerios están repletos de literatos. No se contentan con haber saturado sus épocas con sus cuentos, ensayos y novelas, no. Todos aspiraron a la posteridad, todos querían la gloria inmortal, todos nos dejaron los millones de libros repulsivos, polvorientos, descuajeringados, rotosos, encuadernados en telas apolilladas, con punteras de cuero, que aún joden y joden en los estantes de las librerías. Nadie decidió, modesto, incinerarse con sus escritos. Decir: “Me voy con rumbo a la quinta del Ñato y me llevo conmigo todo lo que escribía, no los molesto más con mi producción”, no. Ahí están los libros de Molière, de Cervantes, de Mallea, de Corín Tellado, jodiendo, rompiendo las pelotas todavía en las mesas de saldos.

Sabios eran los faraones que se enterraban con todo lo que tenían: sus perros, sus esposas, sus caballos, sus joyas, sus armas, sus pergaminos llenos de dibujos pelotudos, todo. Igual ejemplo deberían seguir los escritores cuando emprenden el camino hacia las dos dimensiones, a mirar los rabanitos desde abajo, otra buena frase por cierto. “Me voy, me muero, cagué la fruta –podría ser el postrer anhelo–. Que entierren conmigo mis escritos, mis apuntes, mis poemas, que total yo no estaré allí cuando alguien los recite en voz alta al final de una cena en los boliches.” Que los quemen, qué tanto. Es lo que voy a hacer yo, téngalo por seguro, señor lector. Millones de libros, entonces, de escritores importantes y sesudos, de mediocres, tontos y banales, de señoras al pedo que decidían escribir sus consejos para cocinar, para hacer punto cruz, para enseñar cómo forrar una lata de bizcochos. Pelotudos mayores que dedicaron toda su vida, toda, al estudio exhaustivo de la vida de los caracoles, de los mamboretás, de los canguros, de los caballos enanos. Pensadores que creyeron que no podían abandonar este mundo sin dejar a las generaciones futuras su mensaje de luz y de esclarecimiento. Mecánicos dentales que supusieron urgente plasmar en un libro el porqué de la vital adhesividad de la pasta para las encías, señoras evolucionadas que pensaron que los niños no podrían llegar a desarrollarse sin leer cómo el gnomo Prilimplín vive en una estrella que cuelga de un sicomoro, historiadores que entienden imprescindible comunicar al mundo que el duque de La Rochefoucauld se hacía lavativas estomacales con agua alcanforada tres veces por día para aflojar el vientre, biólogos que se adentran tenazmente en la insondable vida del gusano de seda peruano, que cuando te descuidás te la agarra con la mano.

Allí, a ese mar de palabras, adjetivos, verbos y ditirambos, señores, hay que lanzar el nuevo libro, el nuevo relato, la nueva novela que hemos escrito desde los redaños mismos de nuestros riñones. Allí, a ese interminable mar de volúmenes flacos y gordos, altos y bajos, duros y blandos, hay que arrojar el propio, esperando que sobreviva. Un naufragio de millones y millones de víctimas, manoteando desesperadamente en el oleaje, tratando de atraer la atención del lector desaprensivo, bobo, tarado, que gira en torno a una mesa de saldos o novedades con paso tardío, distraído, pasando apenas la yema de sus dedos innobles sobre la cubierta de los libros, cautivado aquí y allá por una tapa más luminosa, un título más acertado, una faja más prometedora. Finge. El lector finge. Finge erudición y, quizás, interés. Está atento, si es hombre, a la minita que en la mesa vecina hojea frívolamente el último best-seller, a la señora todavía pulposa que parece abismarse en una novedad de autoayuda. Si es mujer, a la faja con el comentario elogioso del gurú de turno. Si es niño, a la musiquita maricona que despide el libro apenas lo abre con sus deditos de enano.

Y el libro está solo, feroz y despiadadamente solo entre los tres millones de libros que compiten con él para venderse. Sabe, con la sabiduría que le da la palabra escrita, que su tiempo es muy corto. Una semana, tal vez. Dos, con suerte. Después, si su reclamo no fue atractivo, si su oferta no resultó seductora, saldrá de la mesa exclusiva de las novedades VIP diríamos, para aterrizar en algún exhibidor alternativo, luego en algún estante olvidado, después en una mesa de saldos y por último, en el húmedo y oscuro depósito de la librería, nicho final para el intento fracasado. Ya vienen otros –le advierten–, vendete bien que ya vienen otros a reemplazarte, a sacarte del lugar, a empujarte hacia el filo de la mesa para que te caigas y te hagas mierda contra el piso alfombrado.

No desaparecerá tu libro, sin embargo, no, tenelo por seguro. Sea como fuere, es un símbolo de la cultura, un icono de la erudición, vale por mil alpargatas, tiene mayor peso específico que una empanada, una corbata o una licuadora. Irá, eso sí, con otros millones, al depósito oscuro y maloliente de la librería. No te extrañe incluso que vuelva un día, como el hijo pródigo, a la misma editorial donde lo hicieron. Y quede allí, al igual que esos residuos radioactivos que deben pasar una eternidad bajo tierra, encerrados en cilindros de baquelita, teflón y plastilina para que no contaminen el ambiente, hasta que puedan convertirse en abono para las macetas de las casas solariegas.

De última, reaparecerá de nuevo, Lázaro impreso, en la mano de algún boliviano indocumentado, junto a otros dos libros y una birome, como oferta por única vez y en carácter de exclusividad, a bordo de un ómnibus de línea o un tren suburbano, todo por el irrisorio precio de un peso. Entonces, caballeros, no esperen de mí una lucha limpia. No la esperen. Les voy a pegar abajo, mis amigos, debajo del cinturón, justo a los huevos, les voy a meter los dedos en los ojos y les voy a rozar con mi cabeza la herida abierta de la ceja.

Puto el que lee esto.

John Irving es una mentira, pero al menos no juega a ser repugnante como Bukowski ni atildadamente pederasta como James Baldwin. Y dice algo interesante uno de sus personajes por ahí, creo que en El mundo según Garp: “Por una sola cosa un lector continúa leyendo. Porque quiere saber cómo termina la historia”. Buena, John, me gusta eso. Te están contando algo, querido lector, de eso se trata. Tu amigo Chiquito te está contando, por ejemplo en el club, cómo al imbécil de Ernesto le rompieron el culo a patadas cuando se puso pesado con la mujer de Rodríguez. Vos te tenés que ir, porque tenés que trabajar, porque dejaste la comida en el horno, o el auto mal estacionado, o porque tu propia mujer te va a armar un quilombo de órdago si de nuevo llegás tarde como la vez pasada. Pero te quedás, carajo. Te quedás porque si hay algo que tiene de bueno el sorete de Chiquito es que cuenta bien, cuenta como los dioses y ahora te está explicando cómo el boludo de Ernesto le rozaba las tetas a la mujer de Rodríguez cada vez que se inclinaba a servirle vino y él pensaba que Rodríguez no lo veía. No te podés ir a tu casa antes de que Chiquito termine con su relato, entendelo. Mirás el reloj como buen dominado que sos, le pedís a Chiquito que la haga corta, calculás que ya te habrá llevado el auto la grúa, que ya se te habrá carbonizado la comida en el horno, pero te quedás ahí porque querés eso que el maricón de John Irving decía con tanta gracia: querés saber cómo termina la historia, querido, eso querés.

Entonces yo, que soy un literato, que he leído a más de un clásico, que he publicado más de tres libros, que escribo desde el fondo mismo de las pelotas, que me desgarro en cada narración, que estudio concienzudamente cómo se describe y cómo se lee, que me he quemado las pestañas releyendo a Ezra Pound, que puedo puntuar de memoria y con los ojos cerrados y en la oscuridad más pura un texto de setenta y ocho mil caracteres, que puedo dictaminar sin vacilación alguna cuándo me enfrento con un sujeto o con un predicado, yo, señores, premio Cinta de Plata 1989 al relato costumbrista, pese a todo, debo compartir cartel francés con cualquier boludo. Mi libro tendrá, como cualquier hijo de vecino, que zambullirse en las mesas de novedades junto a otros millones y millones de pares, junto al tratado ilustrado de cómo cultivar la calabaza y al horóscopo coreano de Sabrina Pérez, junto a las cien advertencias gastronómicas indispensables de Titina della Poronga y las memorias del actor iletrado que no puede hacer la O ni con el culo de un vaso, pero que se las contó a un periodista que le hace las veces de ghost writer. Y no estaré allí yo para ayudarlo, para decirle al lector pelotudo que recorre con su vista las cubiertas con un gesto de desdén obtuso en su carita: “Éste es el libro. Éste es el libro que debe comprar usted para que cambie su vida, caballero, para que se le abra el intelecto como una sandía, para que se ilustre, para que mejore su aliento de origen bucal, estimule su apetito sexual y se encame esta misma noche con esa potra soñada que nunca le ha dado bola”.

Y allí estará la frase, la que vale, la que pega. El derechazo letal del Negro Monzón en el entrecejo mismo del tano petulante, el trompadón insigne que sacude la cabeza hacia atrás y hacia adelante como perrito de taxi y un montón de gotitas de sudor, de agua y desinfectante que se desprenden del bocho de ese gringo que se cae como si lo hubiese reventado un rayo. “Puto el que lee esto.” Aunque después el relato sea un cuentito de burros maricones como el de Platero y yo, con el Angelus que impregna todo de un color malva plañidero. Aunque la novela después sea la historia de un seminarista que vuelve del convento. Aunque el volumen sea después un recetario de cocina que incluya alimentos macrobióticos.

No esperen, de mí, ética alguna. Sólo puedo prometerles, como el gran estadista, sangre, sudor y lágrimas en mis escritos. El apetito por más y la ansiedad por saber qué es lo que va a pasar. Porque digo que es puto el que lee esto y lo sostengo. Y paso a contarles por qué lo afirmo, por qué tengo autoridad para decirlo y por qué conozco tanto sobre su intimidad, amigo lector, mucho más de lo que usted nunca hubiese temido imaginar. Sí, a usted le digo. Al que sostiene este libro ahora y aquí, el que está temiendo, en suma, aparecer en el renglón siguiente con nombre y apellido. Nombre y apellido. Con todas las letras y hasta con el apodo. A usted le digo.

2013/05/04

Yo también quiero ser un poseta

En la edición Nro. 153 de Hildebrandt en sus trece unicornios mágicos y posetas.