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2020/07/28

Presentación de "Unicornios y cocodrilos": jueves 30 de julio a las 7 p.m.



Este jueves 30 de julio a las 7 de la noche, gracias a Frase Corta, presentaremos mi último libro Unicornios y cocodrilos. Me acompañarán Jasson Ticona, Carlos Rivera y Javier Rivera. ¡Están todos invitados! Transmisión en vivo acá.

SOBRE ESTE LIBRO:

David Foster Wallace, en una entrevista con Laura Miller para la revista Salon, dijo que una de las cosas mágicas que tenía la narrativa era romper la soledad de nuestras mentes: “Yo no sé qué estás pensando ni qué hay en tu interior y tú no sabes qué hay dentro de mí. Creo que en narrativa podemos salvar en cierto modo ese muro”.
Unicornios y cocodrilos, del escritor arequipeño Orlando Mazeyra Guillén, consigue eliminar esa barrera entre el autor y el lector con un estilo mesurado pero potente, que estalla con la sencillez de lo cotidiano.
[…] Los 28 relatos cortos de Mazeyra golpean, por lo general, en los diálogos. Hay un cambio de sentido, una transformación en los personajes y en la esencia del cuento cuando los personajes hablan, y ahí el narrador, por lo general, toma la actitud de entrevistador: entra en lugares desconocidos de su interlocutor, así eso signifique toparse con tierra firme o movediza, placer o dolor.
Bryan Paredes (Correo)

[…] los mejores cuentos del libro son aquellos enfocados en los vínculos familiares: en ese espacio brotan con naturalidad los rencores, los traumas no resueltos, los silencios y las sombras incómodas. En más de uno se atraviesa, además, la figura paterna como símbolo de la amenaza y la memoria borrada o alterada por el alzhéimer. Obsesiones que Mazeyra expurga sin tapujos y que le dan sentido a su literatura.
Juan Carlos Fangacio (El Comercio)

En los relatos de Unicornios y cocodrilos —dos de los cuales son más bien evocaciones o testimonios— arde el fuego de la literatura, una pasión por la historia a contar y por la cual su autor —intuyo— se inmola a lo bonzo y toma como insumo sus propios demonios. […] Sin mayores artificios estilísticos y, con un lenguaje que fluye y corre como pólvora, las historias de Mazeyra son pequeñas bombas que el lector enfrentará para a su vez interpelarse a sí mismo. La brevedad es un punto a favor, pues estos relatos son como inyecciones que van directamente a la vena. Si bien la familia es una constante en muchos de estos cuentos, aparece también un leit motiv subyacente: la literatura o, más precisamente, la escritura. Este juego metaliterario, donde el narrador hace guiños al lector y se vislumbra al autor, es el gran tema unificador en esta nueva entrega. Una virtud del autor es la elaboración de diálogos ágiles y que aumentan la intensidad narrativa. Cuentos como el simbólico «El vuelo del cóndor» o «Un extraño te abraza» —para mi gusto el mejor del libro— revelan una destreza narrativa, pero sobre todo la consolidación en el universo narrativo donde Mazeyra parece más a sus anchas: la familia. […] Otro aspecto a resaltar es el del humor negro que imprime de manera sutil o de manera manifiesta, restando solemnidad a los textos y dándoles un aire más coloquial. 
Por esa cuestión elitista y argollera que tiene la literatura limeña —que no peruana—, Orlando Mazeyra Guillén no tiene el reconocimiento que se merece plenamente. Sea a través de sus cuentos o en sus articuentos en el semanario Hildebrandt en sus trece, el lector encontrará historias cotidianas, pero contadas con mucho nervio y, sobre todo, que ponen el dedo en la llaga. Esto puede resultar gratificante para quienes buscamos historias que nos conmocionen y no sean mero entretenimiento. 
Jaime Cabrera Junco (Director de Lee por gusto)

Cuando Mazeyra sacude la polaroid de su vida van cayendo historias y la colorida y bien definida imagen de sus recuerdos se va opacando y deformando hasta teñirse completamente de negro. Mazeyra pertenece a un grupo particular de escritores que saben (no lo intuyen o lo temen, saben) que, en cualquier momento, algo muy malo les ocurrirá. Mazeyra despertará un día sobre su cama y estirará el brazo en busca de Micaela pero su lado estará frío, se dará cuenta de que hace rato no está ahí, sin recordar que hace décadas no la ve, que nunca se casó con ella, que la soledad es ahora de los recuerdos también. Olvidará, por eso lo escribe todo, para dar fe de haber estado acá: en la tierra de Arequipa, en la hinchada melgariana, en el cementerio con amigos, en el chongo con Eloy, en el corazón de una mujer. Sacude la polaroid con la absurda esperanza de que todo se aclare. Pero nada se aclara.
Javier Rivera Martínez



2015/08/19

Dejarse llevar


La historia “Dejarse llevar” aparece en la edición N° 262 del semanario Hildebrandt en sus trece. Acá un fragmento:

Y Erick toma el computador portátil e ingresa a YouTube: encuentra el concierto en el estadio de Vélez Sarsfield de hace cinco años cuando él estaba estudiando en la Universidad de Buenos Aires. «Una lluvia torrencial, pero Charly García estaba entero, fue algo que no se puede contar, hay que vivirlo». Sí, hay cosas que no se pueden contar, sólo se viven. Se recuerdan. Si las quieres plasmar en una hoja en blanco las traicionas, las perviertes y, finalmente, las matas. Y también te matas. Cuando a Erick alguien le dice que tiene miedo de morir de sobredosis, él recomienda una cosa: «Sólo déjate llevar». Pase lo que pase: sólo déjate llevar.

2014/09/14

Siempre serás un cholo


En la Edición Nro.217 de Hildebrandt en sus trece
Acá un fragmento:

Sólo cuando estuve en Mejía, allá por los años noventa, descubrí que las miserias de la gran capital se repiten como malos ecos en todos los rincones del Perú. Las empleadas salían a disfrutar de la arena y de las olas del mar cuando toda la gente —la gente bien o la que quería sentirse «bien»— ya se había retirado. A partir de las seis de la tarde, con sus uniformes blancos o a veces azules y esas inconfundibles batas. Algunas apenas se mojaban los pies en la orilla temiendo que alguien las descubriera. Disfrutar del mar a escondidas y con cierta vergüenza… como se hace lo prohibido. ¿Por qué las cosas tendrían que ser así? ¿Acaso eran tan distintas las pieles y las facciones de mi tío Beto o de mi sobrino Alberto de las de sus sirvientas Amelia y Urbana?

2014/06/14

¡El "Puma" Carranza presidente!

En Hildebrandt en sus trece Nro. 206, viernes 13 de junio del 2014.
Acá un fragmento de ¡Carranza presidente!, una historia en Hildebrandt en sus trece:

En su fuero íntimo, le parecía injusto que un don nadie, un personaje gris, fuera el nuevo mandamás.
–Sí –le dije–. Gané por mayoría.
Recuerdo que en aquella ocasión –rociada de anisado, chicha de jora y cervezas– di un breve discurso citando, de memoria (y seguramente mal), un hermoso prólogo de un libro de cuentos de Gabriel García Márquez –Doce cuentos peregrinos–, en donde el colombiano contaba que, a través de un sueño que le permitió presenciar su propia muerte –habría que decir, su propio entierro–, cayó en la cuenta de que morir era no estar más con los amigos.
Pocos de mis compañeros tomaron en serio ese mensaje. Quizá por que no supe darlo, pues soy un mal orador y un pésimo ‘político’. 

2014/06/13

Amo el fútbol y por eso detesto los mundiales


Escribe: César Hildebrandt

Los mundiales siempre han sido un fraude. Lo fueron cuando Chile, a patadas, sacó a Italia de la competencia en 1962. O cuando Italia, a la mala y al estilo fascista, obtuvo la copa en 1934. O cuando Argentina, para pasar a la siguiente ronda, goleó a un Perú vendido y maniatado en 1978. O cuando Inglaterra venció a Alemania después de un gol fantasma en 1966. O cuando Materazzi hizo expulsar a Zidane. O cuando Didí, con su perversa alineación, nos obligó a perder frente a Brasil en 1970. Y no sigo porque me cansa esta enumeración de la cochinada en pantaloncito.

Ayer, un japonés que parecía Fujimori decidió que Brasil tenía que ganar con su ayuda e inventó un penal donde sólo hubo una caída histriónica. Eso, muchos minutos después de no haber expulsado al sobrestimado Neymar por agredir a un rival. La falta imaginaria y el gol deshonroso del impune Neymar hicieron que Croacia adelantara sus líneas lo que facilitó el tercer gol de Brasil. Me hizo recordar a Wembley en 1966, cuando los alemanes, desesperados por empatar luego del gol validado indebidamente a los ingleses, precipitaron el desenlace. A mí me encanta el fútbol por las mismas razones que a los demás mortales: porque en el juego uno ve lo que en la vida es muy difícil de ver. En el fútbol alguien gana, hay metas  cumplidas, emociones. La grisura de la vida, en cambio, carece de arcos. En la vida de las gentes no hay goles que cantar. La vida es un empate ceniciento con un rival que es uno mismo. Por eso se ama el fútbol: porque
de esos minutos sale un neto vencedor y un claro derrotado y todo es fácil de ver y de apreciar. Una suma, una resta, una copa, un grito: eso es el fútbol. En la vida hay, por lo general, un atasco en el medio campo, una sobrepoblación en las defensas y una multitud de arqueros que te impedirán la pasión del gol. El score en las lápidas, el resumen aritmético de las vidas, debiera ser 0-0. En la vida no hay tiempo suplementario ni definición forzada por penales. La parca mira su reloj y te la canta. Nada más.

Amo el fútbol y por eso detesto los mundiales, que son lo más parecido a la FIFA, esa mafia de sebosos probablemente suizos que organizan los resultados, escogen a sus sicarios de pito en la boca y se quedan con el grueso del dinero. El fútbol se maleó el día en que la FIFA fue la ONU de la pelota, el Consejo de Seguridad de los campeonatos, la Cosa Nostra de los penales por encargo. Lo de ayer fue una vergüenza más. Brasil, que tiene a un millón de japoneses en su seno, ganó pero dio náuseas futbolísticas. Es la medianía vestida de verde, pero el destino trazado en Zúrich quiere verlo campeón de entrecasa. Y así será, si es que las cosas salen según lo planeado por Blatter.

Miraré este Mundial con especial escepticismo. Con la suspicacia de la experiencia. Con la sospecha que se merece un juego donde el factor mafia –los árbitros, encarnación de la FIFA– sigue siendo decisivo. El día en que las computadoras se hagan cargo de las decisiones y los penales se calculen por parámetros de movimiento y fricción y los fueras de juego por ojos justos y electrónicos y los fouls por referentes de una memoria maquinal, ese será el día en que el fútbol será confiable. Mientras tanto, a seguir creyendo que los partidos son impredecibles. Que en eso consiste la ilusión del Mundial.

Publicado en Hildebrandt en sus trece.

2014/06/07

Mi última historia en Hildebrandt en sus trece 205

En Hildebrandt en sus trece Nro. 205
Mi última historia ya aparece en Hildebrandt en sus trece Nro. 205.
Acá un fragmento:

(...) durante el velorio se apareció, con un pequeño arreglo floral, Abimael Guzmán Reinoso. Algunos testigos, como el portero, inclusive hablaban de una “lanchaza”: un viejo Dodge negro que permaneció encendido, echando de rato en rato un espeso humo obscuro por el tubo de escape, en la puerta del colegio mientras Guzmán ingresaba a la comunidad de los Hermanos para despedirse de quien fuera uno de sus más recordados maestros.

2014/03/30

Síndrome de Estocolmo

En la edición Nro. 195 del semanario Hildebrandt en sus trece
En la edición 195 de Hildebrandt en sus trece aparece mi historia Síndrome de Estocolmo.
También en la página 27 aparece un bello de texto de César Hildebrandt titulado Dormir sin culpa, que comparto.

Los animales duermen sin culpa. Sin manchas ni remordimientos. Duermen como han de morir, como vivieron: puros, lo más cercanos a Dios (si Dios hubiese). Vivían las bestias la paz del paraíso hasta que el mono transformado llegó para trocearlos. Y el mono inventó las hamburguesas, los patés, las putas de Avignon embutidas en mallas de torero, las máquinas fabricadoras de mastitis, las páginas sociales, los reyes belgas matando por marfil. Decretó el mono apenas transformado que él era el rey de la creación y el hijo de Dios y todo eso lo dijo para inventar corrales, mataderos, lentas muertes, programadas gorduras. Lo dijo con la voz del falso coronel de Kentucky Fried Chicken. Llegó con hachas el mono transformado, con patadas llegó la bestia humana a establecer el reino del martirio. Ese mono bajado de los árboles que afirma haber visto la zarza ardiendo está matando también su madriguera. El planeta está harto del mono soberbio, los hielos se derriten por su culpa y el culto por las chimeneas terminará con esta roca que gira sin sentido alrededor de una estrella que ignora también por qué se quema. Cuando la locura me llama y la ninguna razón del universo solicita mi atención, entonces yo me pongo a ver fotos de animales que duermen y consigo así no suicidarme.

2014/03/01

Muerto de hambre

En la edición Nro. 192 de Hildebrandt en sus trece (del 28 de febrero al 6 de marzo) apareció mi historia Muerto de hambre.
[...] Cuando le di la segunda lectura sentí que todo lo que yo quería expresar sobre la película él lo hacía muchísimo mejor: con más claridad, utilizaba palabras sencillas y adjetivos precisos. ¿Acaso yo tenía que esperar a tener la cabeza repleta de canas para poder escribir así? 
Muerto de hambre es lo último que escribí en mucho tiempo y se puede leer en la última edición de Hildebrandt en sus trece. Y creo que va sobre "la pereza de los vagabundos, el rompecabezas que no terminé... la maldita canción del verano, la casa de citas de mi corazón... El aniversario de la soledad, la liturgia de las despedidas... La banda sonora de lo que viví". 


2014/02/01

El enemigo de la familia

En la edición Nro. 187 del semanario Hildebrandt en sus trece (31 de enero de 2014)
(...) 
Me hago del paraguas y ni siquiera lo abro. Corro, ansioso, saboreando el primer vaso: el primero siempre es el mejor, pienso.
           ¡Seis meses!, me digo, ¡seis meses, seis meses! Tomo un taxi rumbo a la plaza y descubro que apenas hacían falta dos noches más para que fueran siete.
            Las lunas del coche se empañan y la ciudad me resulta un ente borroso, indescifrable. Me retiro los lentes y los seco. ¿Qué me mueve a persistir en el error?
Igual que Andrelo me pregunto muchas veces: "¿dónde está?". Será solamente una palabra...

Creo que todos buscamos lo mismo:
no sabemos muy bien qué es ni dónde está.
Oímos hablar de la hermana más hermosa
que se busca y no se puede encontrar.
La conocen los que la perdieron,
los que la vieron de cerca, irse muy lejos,
y los que la volvieron a encontrar…
La conocen los presos:
la libertad.

Algunos faloperos,
algunos con problemas de dinero,
porque se despiertan soñándola,
algunos que nacieron en el tiempo equivocado:
la libertad.

Todos los marginales del fin del mundo,
esclavos de alguna necesidad,
los que sueñan despiertos,
los que no pueden dormir:
la libertad.

Algunos tristemente enamorados,
pagando todavía el precio del amor.
Algunos que no pueden esperar,
y no aguantan más la necesidad…

Algunos cautivos de eso,
que no saben dónde mirar,
tengo algunos hermanos y una hermana muy hermosa:
la libertad.

Igual que Norberto, me pregunto muchas veces:
“¿Dónde está?” Y no dejo de pensar:
“será solamente una palabra, la hermana hermosa:
la LIBERTAD”.

 

2013/12/25

Libros 2013 - Correo Semanal

TODAS LAS ARTES. Balance de la producción cultural peruana en el 2013 (Revista Correo Semanal del 19 de diciembre)
Más que un ‘ranking’ de lo mejor del año, el escritor y periodista Jerónimo Pimentel prefiere compartir una lista de recomendaciones. “Lo que habla de cierta vitalidad en la producción literaria nacional, algo que no sería otra cosa que un buen síntoma”, señala. Y así menciona: Contarlo Todo (Mondadori) de Jeremías Gamboa, El héroe discreto (Alfaguara) de Mario Vargas Llosa, y Los provincianos (Solar) de Daniel Alarcón.
En relatos destaca: Mano poderosa (Estruendomudo) de Hugo Martínez, Okinawa existe (Mesa Redonda) de Augusto Higa Oshiro, Mi familia y otras miserias (Tribal) de Orlando Mazeyra, y Piel inédita (Eclipsa Ediciones) de Miguel Ángel Torres Vitolas.

Fuente: Revista Correo Semanal (19 de diciembre de 2013).


Por otro lado, en la última edición del año del semanario Hildebrandt en sus trece (Nro. 183, del 20 de diciembre) aparece mi historia El pequeño mal. Acá un fragmento: 
“Allí viene el gelatina”, bromeaban alumnos de otras promociones durante el recreo luego de un nuevo desmayo. Siempre fui el raro, el enfermizo, el anormal de la familia. Sufría, pues, del pequeño mal y, tras un largo tratamiento, lo he superado. Al menos eso dice mi neuróloga (una mujer que tiene varias denuncias en el Seguro Social por mala praxis). Será por eso que no le creo: simplemente el pequeño mal se ha vuelto grande. Tomó otras proporciones. Cuando uno crece entonces los problemas proliferan, se acentúan. El cuerpo se convierte en una cárcel cada vez más asfixiante, la vida es más padecimiento y menos aventura.


El pequeño mal en el semanario Hildebrandt en sus trece.

2013/12/14

Mi mejor amigo

En la edición Nro. 182 de Hildebrandt en sus trece (13 de diciembre) aparece Mi mejor amigo.
El coronel Jerónimo Castillo hizo buenas migas con mi padre. Era su superior, piloto de caza, dos años mayor que él y además su paisano. Conocía como pocos el temperamento —la “especial” forma de ser— de papá. Y, en consecuencia, sabía bien de qué pie cojeaba. Lo comprendía (o intentaba hacerlo). Su hijo menor, Jaime, fue mi mejor amigo de la infancia. 


2013/11/22

Hablamos del peligro de estar vivos...

En la Edición Nro. 179 de Hildebrandt en sus trece (del 22 al 28 de noviembre) aparece ¿Te gusta Vallejo?

"Nadie nos prometió un jardín de rosas: hablamos del peligro de estar vivos"
(Este fragmento inicial para todos los que se apartaron de mi lado por culpa de la escritura... y para los otros también).

Es sábado. Cuatro de la tarde. Estoy dentro de una cabina de internet de la avenida Salaverry. No hay mucho que decir. Releo las dos carillas y siento que algo no encaja. Todo sobra. Las frases son artificiosas. Tres tardes consecutivas frente al editor de texto una computadora  pública. Por eso selecciono el texto y lo borro. Grabo para sea irreversible. No es fácil aceptar que uno está en blanco. Y si no está en blanco, entonces arma párrafos rengos, contrahechos, deleznables.


 

2013/11/16

Buen día, futuro lleno de conflictos: LINAJE DESDORADO

Linaje desdorado en la edición Nro. 178 de Hildebrandt en sus trece (15 de noviembre)


Buen día, primeras luces del día,
buen día, primeros silencios de la mañana,
buen día, futuro lleno de conflictos.
El tiempo viene envuelto en plástico fino.

Buen día, problemas que me van a separar del mundo,
buen día, extraños asuntos de nariz y garganta,
desayuno ravioles cuando viene clareando el día,
el tiempo viene envuelto en plástico fino.

Espero soportar con dignidad el día,
buen día nariz estancada de corte español,
buen día, el futuro es posible como somos,
extraño todo el tiempo tu tacto divino.

Miro tranquilamente las luces de la mañana,
voy a darme cuenta que voy a naufragarme,
y permitirme vivir mis horarios imposibles,
el tiempo viene envuelto en plástico fino.

Tomarme con calma lo que haga falta tomarme,
aunque me traten de reventado y egoísta.
Voy a vivir como quiera el resto del día,
extraño demasiado tu tacto divino.

Buen día, al dormir cuando se me da la gana,
buen día, ser el único habitante del planeta,
buen día, y adiós para siempre intentar ser distinto,
el tiempo viene envuelto en plástico fino.

Buen día, voy a seguir escribiendo canciones,
buen día, a primeras luces de un día celeste,
prefiero la mañana cuando no he dormido,
el tiempo viene envuelto en plástico fino.

2013/11/02

Dormir como salida

En la edición Nro. 176 de Hildebrandt en sus trece
Ya está en Arequipa y en todo el Perú la última edición (viernes 1 de noviembre) del semanario Hildebrandt en sus trece con Dormir como salida.
La última vez que fui a la playa con ella. Es todo. Espero volver pronto. Ojalá.

2013/10/22

A punto de pisar una iglesia

Mi relato A punto de pisar una iglesia aparece en la Edición Nro.174 de Hildebrandt en sus trece (18 de octubre de 2013).

Dejé de confesarme en la secundaria cuando un cura de la iglesia de La Compañía de Jesús se mostró exageradamente interesado en las cosas que yo pensaba —aquello que mi desmesurada imaginación me proveía— cuando me procuraba placer a mí mismo. El viejo empezó a jadear, sin el menor embarazo, dentro del confesionario.
Asqueado y furioso, me juré nunca más volver a comparecer ante un cura y así lo hice.
            Sin embargo, antes de acontecimientos importantes (exámenes de ingreso a la universidad, entrevistas de trabajo, visitas al doctor u operaciones de algunos de mis familiares) le escribía pequeños textos a Dios en alguna estampita del Señor de los Milagros, la Virgencita de Chapi o del Divino Niño.
Escribirle a ese siempre inaccesible Ser Superior era una manera de confesarme sin necesidad de compartir mis miserias (“pecados” les llamaba en el colegio) con algún cura potencialmente peligroso y desagradable.
            Ahora ya no le escribo a Dios, sólo hablo con Él. Presiento que nunca me escucha. Se trata de un monólogo esquizoide. El soliloquio de una prescindible y afectada versión menor de Juan Pablo Castel.
            —Lo que escribes no es cristiano.
            —¿Y quién te ha dicho que yo quiero escribir cosas cristianas?
            —Yo no puedo estar de acuerdo con las cosas que estás escribiendo. Eso es todo y te lo estoy haciendo saber.
            —No busco que apruebes lo que escribo, ¿lo puedes entender?
            —Cada día te entiendo menos. Te estás haciendo un daño irreparable. Cuando te des cuenta será muy tarde.
            Así empezó la fractura definitiva.
(...)
Ahora que lo pienso: también escribo porque nunca podré llevar a un hijo mío al estadio.


Fragmento de A punto de pisar un iglesia 
publicado en Hildebrandt en sus trece

2013/09/18

Akira y Nadia en el parque

Un nuevo cuento en el semanario Hildebrandt en sus trece.
Nadia se maquilla demasiado. Exagera, sobre todo con el rímel. Nunca me han gustado las mujeres que ocultan su verdadero rostro (intuyo que esconden cosas aún peores) 
[...] Le dije que no quería tener nada serio pues seguía enamorado de mi expareja, que no tenía ojos para nadie. No le importó. A muchas mujeres eso no les importa. Me dijo para ir a un hotel. Cuando nos desnudamos ella notó en mi pecho una cadenita de la que colgaba un dije.

            —Y, ¿qué más? ¿Qué tenía ese dije?
            —Una promesa, Nadia, una promesa…
            —¿Cuál?
            —«Siempre estaré a tu lado», y su nombre al final: «Micaela»

Fragmento del cuento Akira y Nadia en el parque publicado en Hildebrandt en sus trece Nro. 169 (viernes 13 de setiembre de 2013).

2013/09/14

Qué bueno que Brasil 2014 no se dé el lujo de reírse de nosotros

LOS CUATRO FANTÁSTICOS. Una ficción a cargo de la prensa deportiva local.
Qué placer produce leer a alguien que no sólo sabe de fútbol sino que lo ama. Para nadie es un secreto que César Hildebrandt fue, en sus inicios, periodista deportivo: “yo he sido redactor deportivo. Recuerdo que una vez Bernardo Ortiz de Zevallos me dobló el sueldo por comentar el partido de fútbol entre Estudiantes de La Plata e Internazionale de Milán que sólo había visto por televisión”. Sírvase y provecho.

Fútbol y política
Por César Hildebrandt*

El problema del fútbol es que tiene reglas y exige esfuerzos, metas comunes, solidaridad, carácter. Si el fútbol fuera anarquía, salvajismo, incivismo, negación del otro, cutra en mancha, flojera y ningún carácter, seríamos campeones mundiales.
            Un país que ama el desorden, la plata fácil, y que engorda una vanidad con pies de barro, ¿por qué habría de tener una buena selección de fútbol?
            Una país que se ha vendido a pedacitos, que ahuyenta el patriotismo como si de una plaga medieval se tratara, que se desarma industrialmente pero muestra a sus cocineros como vanguardia del progreso, que no tiene ni aerolínea propia ni aeropuerto suyo ni Callao que le pertenezca, ¿por qué habría de esperar que Claudio Pizarro sienta la camiseta embanderada como una causa?
            Si el Perú no existe, si somos un gran restaurante con aduanas, si llamamos crecimiento de la ciudad a la proliferación de “asentamientos humanos” que habrían inspirado a Poe y hecho salivar de gusto a Bela Lugosi, ¿por qué queremos tener una selección de fútbol moderna y competitiva?
            Si practicamos la debilidad internacional como virtud y el acomodo de vasallos como norma, ¿por qué queremos que Guerrero se la juegue?
            Si desalentamos el nacionalismo bien entendido y nos llenamos de basura china a precios de ganga, ¿a quién le solicitamos entusiasmo por “la bicolor”?
            Nuestro campeonato futbolero es un asco. Es un torneo de fracasados en trance de gordura. Apenas sale alguien con talento, resulta que lo venden, a precio prematuro y vil, a algún club de segunda de Turquía. Dos interventoras de Sunat que no saben dónde están paradas gerencian los clubes más importantes del fantasmal “fútbol peruano”. Somos el hazmerreír crónico de la Copa Libertadores. Tenemos casi el monopolio del fracaso.
            ¿Y la prensa deportiva? ¿Puede haber algo más hediondo que esa mezcla de optimismo tóxico (previo a los partidos) y de alharaca deprimida (posterior a los partidos)?
            Corrompida por las entradas y los canjes, las amenazas y los enredos turbios, la prensa deportiva peruana es parte del problema y muchas veces parece escrita por Burga y corregida por Markarián.
            Dos millones doscientos mil dólares ha ganado Markarián en estos últimos tiempos de derrotas cuantiosas. Y ahora se va. Y la gusanera de la prensa deportiva le pide que se quede.
            Claro, le piden que se quede, para empezar, los chicos de CMD, que ven peligrar el negocio que tanto les ha rendido: el del embuste, las expectativas infladas con bromuro, las lecturas benévolas que convertían empates en triunfos, las derrotas en deslices pasajeros y los pocos éxitos en apoteosis catalanas.
            Qué bien que no estemos en el Mundial. Habríamos hecho el mismo ridículo que en España 82, cuando los polacos nos barrieron 5 a 1. Habríamos dado la misma pena que dimos cuando los muchachos de Videla nos ganaron 6-0 en Argentina 78.
            Sólo no dimos pena en México 70. Curiosamente, a pesar de lo que la derecha aterrorizada dijera, en ese momento, con todos nuestros errores, éramos un país, un proyecto entusiasta, una aspiración colectiva de ser mejores y superar nuestras miserias.
            Miren a un equipo de fútbol auténtico. Es, antes que nada, una idea, una estética, un punto de vista táctico. No es una oncena de ambulantes mendigándole al azar una oportunidad.
            Qué bueno que Brasil 2014 no se dé el lujo de reírse de nosotros.
  

* Artículo aparecido en Hildebrandt en sus trece Nro. 169 (viernes 13 de septiembre de 2013).


 
Esa prensa capitalina que, como dice Hildebrandt, suele convertir empates en triunfos. Acá el patético festejo luego de empatar como locales, y sobre la hora, contra una de las peores selecciones argentinas de los últimos años. Festejamos un empate como local ante los albicelestes que luego serían goleados por Chile en Santiago. Acá la narración de quizá el peor narrador deportivo de la prensa deportiva limeña: Daniel Peredo. "Es el mejor final que me ha tocado narrar", dice Peredo. Sin comentarios.

2013/09/10

Cierra los ojos y muere

En la edición Nro. 168 de Hildebrandt en sus trece (6 de setiembre al 12 setiembre) aparece mi relato Cierra los ojos y muere.
(...) En realidad la amo, sé a lo largo de mi vida la muerte –su presencia– ha sido un estímulo vital. La muerte me seduce, ocultándome sus secretos, me dice: “te estoy esperando” y yo la evito. Quiero conocerla mejor pero sólo hay una forma.

2013/08/10

La cima del Himalaya

Volvimos en la edición Nro. 164 de Hildebrandt en sus trece (viernes 9 de agosto) con otro relato.

Para ti que te llevaste marzo y te rendiste en febrero.
O.M.G.
«Flaca, no me claves tus puñales por la espalda, tan profundo: no me duelen, no me hacen mal. Lejos, en el centro de Arequipa, las raíces del amor donde estaban, quedarán…»

2013/07/14

Amamos a Mafalda...

Y aunque no pretendemos imitarla, sí nos vamos a tomar unas vacaciones.

Hildebrandt en sus trece anuncia a sus lectores que reaparecerá el próximo 9 de agosto. Hace más de tres años que estamos con ustedes y esperamos acompañarlos en esto de la irreverencia y el pisotón de callos muchos años más. Pero necesitamos tomarnos un descanso, y el hecho de que el fallo de La Haya recién se dé en setiembre nos ha envalentonado. No nos vamos a perder la noticia del año. Y estaremos de vuelta con más ganas que nunca de hacer lo nuestro, que es fregar con información, desarmar con razones y recordar siempre que somos un país de olvidadizos. Solicitamos vuestra indulgencia. No es este un adiós sino un hasta luego. Hasta el 9 de agosto. Muchas gracias.