2016/10/20

Hay Festival Arequipa 2016

Del 8 al 11 de diciembre vuelve el Hay Festival Arequipa. En esta segunda versión llegan a la Ciudad Blanca narradores de la talla del italiano Alessandro Baricco (autor de esa genial novela corta llamada Seda, que es en realidad un largo poema hecho prosa), el francés David Foenkinos (que ha tenido una gran acogida entre mis alumnos de la Universidad La Salle, quienes ya han leído libros como La delicadeza o la estupenda falsa autobiografía Lennon, traducida por César Aira).
También llega el colombiano Héctor Abad Faciolince que nos conmovió a todos con El olvido que seremos, una novela hermosa dedicada a la memoria de su padre.

Además tendremos el privilegio de conocer a dos premios Nobel de la Paz: la estadounidense Jody Williams (1997) y el tunecino Ahmed Galai (2015).
Habrá un homenaje al escritor arequipeño Oswaldo Reynoso que el año pasado estuvo en el Hay Festival y que nos dejó en mayo pasado.
Baricco es sin duda el narrador más importante que llega a Arequipa gracias al Hay Festival.

Habrá un homenaje al amigo y escritor arequipeño Oswaldo Reynoso (1931-2016).
Foenkinos escibió Lennon un delicado homenaje al líder de Los Beatles.  “No se necesita una sesión muy larga para comprender que mi vida es un intento incesante de probarle al mundo que valgo algo. Pero bueno… si mis padres hubieran seguido juntos, ¿qué habría pasado? Quizá yo habría sido feliz. Y habría sido dentista”.
Se puede consultar el programa del Hay Festival en la página oficial del evento haciendo clic acá.

2016/09/23

Juventud


La crisis estalla mientras él está fuera. Jacqueline busca su diario y lee lo que él ha escrito sobre su vida en común. Al regresar la encuentra haciendo las maletas.

—¿Qué ocurre? —pregunta él.

Con los labios apretados, Jacqueline señala el diario abierto que hay sobre la mesa.
Él monta en cólera.

—¡No vas a impedir que escriba! —promete. Es una incongruencia, y lo sabe.

Ella también está enfadada, pero de un modo más frío y profundo.

—Si tal como dices, te resulto una carga insoportable —dice ella—, si estoy destruyendo tu paz y tu privacidad y tu capacidad de escribir, déjame que te diga que por mi parte he odiado vivir contigo, cada minuto que he pasado aquí, y no veo el momento de ser libre. 

Lo que él debería haber dicho es que no deben leerse los papeles privados de los demás. De hecho, debería haber escondido su diario, no dejarlo donde ella pudiera encontrarlo. Pero ahora es demasiado tarde, el mal está hecho.
Contempla a Jacqueline hacer las maletas, la ayuda a asegurar la bolsa en el sillín del escúter.

—Con tu permiso, me quedaré la llave hasta que haya recogido el resto de mis cosas —dice. Se coloca bruscamente el casco. Adiós. Me has decepcionado, John. Puede que seas listo, yo qué sé, pero todavía te queda madurar mucho. —Aprieta el pedal. El motor no arranca. Pisa otra vez el pedal, y otra. El olor a gasolina llena el aire. El carburador está inundado; sólo puede esperarse a que se seque.

—Entra —le sugiere él. Imperturbable, ella se niega. Lo siento. Todo.

El entra en el piso dejándola en el callejón. A los cinco minutos oye el motor y la motocicleta que se aleja.
¿Lo lamenta? Desde luego, lamenta que Jacqueline leyera lo que leyó. Pero la verdadera cuestión es: ¿por qué motivos escribió lo que escribió? ¿Lo escribió tal vez para que ella lo leyera? ¿Dejar sus verdaderos pensamientos donde ella acabaría encontrándolos ha sido su modo de decirle lo que era demasiado cobarde para explicarle a la cara? ¿Cuáles son sus verdaderos pensamientos, de todos modos? Unos días se siente feliz, incluso privilegiado, por vivir con una mujer bella, o al menos por no vivir solo. Otros días se siente de otro modo. ¿Qué es verdad: la felicidad, la infelicidad o un punto medio entre una y otra?


J. M. Coetzee, Juventud 
(escenas de una vida en provincias)

2016/08/31

Taller de Escritura Creativa


Gracias a la gentil invitación del Ministerio de Cultura estaré dictando un Taller de Escritura Creativa
Días: lunes 5, miércoles 7 y viernes 9 de septiembre.
Horario: de 4 p.m. a 7 p.m. (incluye coffee break).
Lugar: Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa (San Francisco 308).
Costo: Gratuito.
Inscripciones: Calle Bolívar 215 (Coordinación de Industrias Culturales y Artes).
Ojo: son cupos limitados y, reitero, es gratuito.

Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, 1980). Acaba de publicar su cuarto libro de narrativa Bitácora del último de los veleros (Aletheya, 2016).  Dicta talleres de Escritura Creativa desde el año 2012 en el Centro Cultural Peruano-Norteamericano, Escritura Creativa y comprensión de Textos en la Feria Internacional del Libro de Arequipa y en la Corporación Cultural INTEXPRO (2014, 2015 y 2016).




2016/07/31

Fútbol peruano: prohibido alentar... prohibido todo

Anoche, en el Monumental Arequipa, mientras se disputaba el partido entre el FBC Melgar y Alianza Atlético de Sullana, se amenazó con suspender el partido debido a actos racistas.
¿Qué pasó? La hinchada arequipeña se ha acostumbrado a gritarle al arquero rival ‘burro’ cada vez que hace un despeje de meta. Se trata, pues, de una mala copia de lo que ocurre en México en donde al arquero rival le gritan ‘puto’, sin que nadie se despeine (no faltará alguien  que se moleste por considerarlo un acto homofóbico y blablablá).
Resulta risible que ya no se le pueda decir nada a los rivales. Diego ‘Pipa’ Carranza, arquero del Alianza Atlético de Sullana, ha jugado en el FBC Melgar y creo que él mejor que nadie comprende el ánimo del hincha rojinegro. Sobre todo tratándose de un jugador argentino. Esto me hace recordar el comentario de Hernán Casciari sobre la falta de ‘folklore’ en el fútbol español. Pronto van a impedir que las hinchadas canten… quien abra la boca o lleve una camiseta puesta se irá del estadio… o del teatro, qué sé yo.

COMENTARIO DE HÉRNAN CASCIARI

“El fútbol español tiene falta del folklore. A mí me parece que lo mismo le pasó al Mono Burgos las primeras temporadas que estuvo en el Atlético de Madrid, porque no encontraba en las tribunas de los propios hinchas del Atlético de Madrid la fuerza necesaria para atajar. Entonces un día se acercó a los ‘ultras’, a las barrasbravas y les explicó cómo se canta. Imagínate. A mí me parece fantástica esa imagen del año 2000, del Mono Burgos yendo a la casa de los barrabravas a enseñarles la entonación de lo que después fue posiblemente la mejor hinchada de España que es la de Atlético de Madrid, es que la que tiene más fuerza, la que canta mejor, la que canta canciones más largas y posiblemente más picarescas. Creo que nadie entiende lo que hace la hinchada del Atlético de Madrid, posiblemente la única sea la del Sevilla que por tener raigambres más mediterráneas, más latinas, más fuertes que el resto del fútbol español”.
¿Los argentinos han ayudado a los españoles a perder cierta ingenuidad?
Sin duda, yo me acuerdo al principio de mi estadía, yo viví (en Barcelona) del 2000 al 2015, y al principio vi, te lo juro por Dios, dos hinchadas rivales, de punta a punta, de tribuna, cantando a coro: "hola, don Pepito", decía una. "Hola, don José" (respondía la otra). "¿Pasó usted por mi casa?". "Por su casa yo pasé". Y yo me puse a llorar de la tristeza, yo me quise volver (a la Argentina). Me quise volver y ver un Rosario-Newell's. Necesitaba que me pegaran un palazo y me matara alguien en ese momento.

REMATE: una canción de Intoxicados con amor homosexual en el fútbol. 


2016/07/30

Mario Vargas Llosa: "La novela como oficio"

Mario Vargas Llosa habla de la novela como oficio en la Universidad Diego Portales de Chile. Conversa con los escritores chilenos Álvaro Bisama y Arturo Fontaine.

 
La técnica no se aprende: se inventa, se descubre. García Márquez, cuando le hablabas de técnica, se reía a carcajadas. Decía: "yo escribo". Él jamás se planteó el asunto de la técnica en abstracto. En su caso tenía que  ver con la intuición. No se plantea la técnica como un problema aparte. La técnica es una manera de organizar la historia. Yo podría escribir una novela sobre cómo nacieron cada una de mis novelas.



2016/05/26

Oswaldo Reynoso (1931-2016): la eternidad del escarabajo - HOMENAJE

Hoy, jueves 26 de mayo, a las siete de la noche, le rendiremos un homenaje a Oswaldo Reynoso (1931-2016), uno de los más grandes narradores peruanos.
Participan: Ruhuan Huarca, Carlos Bellatín, Javier Rivera, Hélard Fuentes y Orlando Mazeyra.
Están todos invitados. Ingreso libre.


¿TÚ NO ERES EL DE EN OCTUBRE NO HAY MILAGROS?


–¿No le teme a la muerte? –le pregunté a Oswaldo Reynoso la primera vez que lo entrevisté, hace doce años, en su casa de Jesús María.
–No pienso en la muerte –me respondió con un tono terminante mientras llenaba nuestras copas con pisco–. No tengo tiempo para pensar en la muerte: estoy muy ocupado en vivir como para pensar en la muerte.
Él siempre celebraba la vida. Por eso su gran amigo Eleodoro Vargas Vicuña, antes de morir, le dijo:
–Gracias, compadre, por haberme enseñado a reír de la muerte.
Luego de esa entrevista nos haríamos amigos para siempre. Cada vez que estaba de paso por Lima caía a su casa para almorzar y leer los borradores de sus libros. La conversación de sobremesa giraba entorno a su eterna búsqueda de la belleza, de la imagen, de la prosa poética. “No soy un escritor”, corregía a menudo: “soy un creador”.
La última vez que lo vi compartí una mesa con él en el Hay Festival que se organizó en Arequipa a finales del año pasado. Antes de su retorno a Lima, fuimos con Jaime Cabrera, Carlos Bellatín y un periodista de Lee por Gusto en búsqueda de la casa de su infancia en el tradicional barrio de San Lázaro. La pesquisa, aunque infructuosa, tuvo un final emotivo. Una anciana –antigua vecina– lo reconoció:
–¿Tú no eres el de En octubre no hay milagros?
Oswaldo asintió.
–Ay, acá eres tan mentado.

Y se confundieron en un abrazo que trajo consigo muchos recuerdos. Antes había estado en Arequipa participando de un congreso sobre la obra cervantina en donde dijo algo en lo que todos estamos de acuerdo: el mejor homenaje que se le puede hacer a la memoria de un escritor es leer su obra.
Por eso comparto con todos sus lectores un fragmento de Arequipa lámpara incandescente. El título del libro de alguna manera se lo sugerí y él me lo agradeció dedicándome la obra (en realidad nos la dedicó a Ruhuan, a Jessica y, por último, a mí). Yo apenas quiero decirle una palabra: gracias.

EL POETA DEL TAMBOR
Por Oswaldo Reynoso
¿Y qué otros recuerdos le trae esta Plaza? Mira, ahí, en el techo de la casa que hace esquina entre el Portal de la Municipalidad y la calle La Merced, en junio de 1950, estuve combatiendo contra la dictadura de Odría. Lanzábamos bombas molotov a los soldados que avanzaban para tomar la Plaza. La oscuridad de esa noche se iluminó con una antorcha que corría por en medio de la calle dando alaridos. Era un joven aimara recluta de la guarnición de Puno. En casi todos mis libros doy cuenta de esa rebelión del pueblo arequipeño traicionado por las llamadas fuerzas vivas que tuvieron miedo a los estudiantes, profesores, obreros, artesanos y campesinos armados. Sergio me dice: Igual sucedió cuando las tropas chilenas sitiaron Arequipa. Ves, le dije, siempre las mismas mierdas. Cuando esté en Lima te enviaré un relato que hace tiempo escribí sobre lo que me sucedió en la Catedral. No te olvides de enviármelo. Sí. Pasando a otra cosa: ¿Recuerdas que después de una conferencia que di en la Universidad de San Agustín, en un bar de la calle Ugarte, me contaste que en la U hay un profesor de mi misma edad que habla muy mal de mi persona? Sí, dice que usted es un pervertido, un borracho que se arrastra por cantinas de mala muerte y que lo conoce desde la infancia. No, no me digas su nombre. Ya sé quién es. Quiso ser acuarelista y solo logró hacer borrones. Y pujo y pujo para escribir versos y relatos y solo le salió lo que sale de los pujos. Sucede que a comienzos de la década del setenta, a las nueve de la mañana, de un día del mes de mayo, me vio salir totalmente ebrio apoyado en un joven de una cantinita que quedaba por una de las calles que dan al Mercado de San Camilo. Te voy a contar esa historia, pero no en este bar. Llévame a un huarique con radiola y con la gente marginal que pulula por esas calles de hostales. En ese ambiente, mi recuerdo cobrará más vida. Se pagó la cuenta, dejamos el bar, tomamos un taxi y llegamos a una trasversal de San Juan de Dios, una de las zonas rojas que la ciudad tolera. Como había un atoro de vehículos, salimos del taxi y caminamos por entre un gentío multivario que iba y venía por las angostas aceras. Luego de hacer una inspección ocular de los bares, nos decidimos por el más sórdido. Prostitutas, homosexuales, jóvenes, adultos y ancianos, alrededor de mesas colmadas de botellas de cerveza, hablaban tranquilamente o discutían a grito calato. Al fondo, divisamos una mesa vacía. Ahí estaremos un poco alejados de la radiola que entre luces de colores lanzaba rugidos atropellados de yampenes y roseros. Lugar preciso para avivar mi memoria. Dos heladitas, pidió Sergio. Cuando estaba de profesor en La Cantuta, hace ya cuarenta años, mi madre falleció. En esos días, yo estaba atravesando una de las tantas depresiones que cada cierto tiempo se disparan accionadas por alguna desgracia familiar o personal. Después de muchos años, el psiquiatra Alarcón, padre del extraordinario narrador Daniel que radica en Estados Unidos, me dijo que eso se debía a mi propia naturaleza psicosomática. Entonces, recordé que en mi infancia había veces que me encerraba en mi habitación y lloraba y lloraba y ni los cariños y mimos de mi mamá y ni los regalos de mi papá podían aplacar mi tristeza al igual que el personaje que presenta Proust en el primer capítulo de En busca del tiempo perdido. Las crisis que tuve al dejar la adolescencia fueron tan graves e intensas que al borde del suicidio tuvieron que internarme en una clínica donde me aplicaron cuatro electroshock. Ya habrá otra oportunidad para contarte en detalle esa horrorosa experiencia. Como tenía miedo de volver a una clínica, decidí viajar a Santiago de Chile por tierra. Pedí licencia y un préstamo a La Cantuta. Reuní a mis amigos jóvenes del barrio de Santa Cruz en el bar casi clandestino del Manco Ortega para despedirme. Ya en la madrugada, Manuel Morales me dijo: Yo te acompaño. Mando a la mierda mi trabajo y nos vamos. ¿Y cómo conoció al Poeta del Tambor?, me preguntó Sergio. Es una historia larga, que si te la cuento va a durar más de una docena de chelas hasta la madrugada. No importa, me dijo Sergio. Y se pidieron dos más. El barullo del bar cada vez se elevaba más y más como el retumbar de las olas de Mollendo. Sí, siempre el mar en mi recuerdo. Y la soledad en medio de la multitud en la urbe. Nunca en el desierto. Sergio, perdóname que me haya salido del tema. No importa, profe. Yo permanecía de lunes a viernes en La Cantuta. Vivía en la casa que me habían asignado en el campus universitario. Sábado y domingo los pasaba en Lima en compañía de mi mamá, mi hermana María y mi cuñado Arturo en nuestra casa ubicada en Toribio Pacheco, en Santa Cruz de Miraflores. A mi madre la habían operado a raíz de un infarto. Un sábado, al llegar a la casa, mi hermana me informó que un grupo de palomillas habían tomado por asalto la calle para jugar fútbol y el alboroto que armaban agredía el reposo que mi madre necesitaba para su total recuperación. A media tarde, cuando llegaron, salí furioso y los enfrenté. Eran como diez jóvenes del barrio. Algunos solo llevaban pantalón de baño. No pude contener mi cólera y creo que empleé palabras muy duras y hasta groserías de alto voltaje hiriente para increparles su conducta. Detuvieron el juego y avanzaron desafiantes. Me rodearon y pensé que me iban a maltratar. De pronto, un joven, sin zapatos, con un polo sudado, despeinado y en tono atrevido me dijo casi en mi cara: Oswaldo, tú no tienes derecho para hablarnos de esa manera. ¿Por qué?, le pregunté en el colmo de mi indignación. Mirándome directo a los ojos, me contestó: Porque tú has escrito Los inocentes.
Estimado Sergio, disculpa que corte mi relato en este punto. Mi sobrina Rosita me llama por teléfono y me informa que la cita con el neurólogo es mañana. En otro envío de textos, te informo sobre mis problemas de salud. Pues bien, no supe qué contestarle a ese joven. Tu libro es de putamadre, me dijo. Entonces, le informé sobre el motivo de mi actitud. Oswaldo, por ahí has debido comenzar. Dirigiéndose a su collera, con tono de mando, ordenó: Vamos a joder a otra parte. Hay que cuidar a la mamá de Oswaldo. Con la pelota en sus manos, me dijo: Yo también soy poeta de la calle y de los huariques como tú. ¿Cuándo me enseñas tus poemas?, le pregunté. Esta noche en el bar de Honorato, pero con una condición. ¿Cuál? Si no te gustan, pongo dos cajas de chelas. ¿Y si me gustan? Te pones ocho. De acuerdo, le dije y con un apretón de manos sellamos el duelo poético. Los muchachos de su collera se fueron gritando: Esta noche chelas hasta morir.


2016/04/05

Fujimori nunca más

Caricatura de Omar Zeballos

Qué difícil es decir “Fujimori nunca más” cuando sabes que más de un tercio de los votantes quiere ver a la hija del tirano como presidenta para reivindicar a su padre (quien, sin duda, nos gobernaría desde las sombras). Keiko Fujimori ha confesado hace poco, en una entrevista a su amigo Beto Ortiz, que ella “no esperaba una segunda vuelta” y que por eso ha firmado su ridícula carta de compromiso a la que, aparte de honestidad, le faltan tildes. ¡Qué tal “Koncha”, todavía quería ganar en primera vuelta! Hace cinco años para evitar que el fujimorismo vuelva al poder tuve que decantarme por el pobre diablo de Humala y ya sabemos cómo nos fue. Ojalá -¿pero cuándo?- el fujimorismo termine como el alanismo, dando pena y sumido en el ridículo, castigado por los electores. Extinguiéndose para siempre. Sólo entonces podremos decir: ¡FUJIMORI NUNCA MÁS!


2016/03/09

Así que quieres ser escritor


Si no te sale ardiendo de lo más profundo de ti,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus entrañas,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
o clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.
Si lo haces por dinero o por fama,
no lo hagas.
Si lo haces para llevarte mujeres a la cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Pero si nunca llega a rugir, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa
o a tu novia o a tu novio
o a tus padres o a cualquiera,
no estás preparado.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
A no ser que el sol que hay dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
o hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.

Charles Bukowski

2016/02/15

La reglas son para todos... incluido el FC Barcelona

Messi todavía no le ha pegado al balón y Luis Suárez ya invadió la medialuna. El tanto debió ser anulado por el árbitro del partido Barcelona-Celta de Vigo.
Desde ayer me he encontrado con una ola de elogios desmesurados a una supuesta nueva genialidad de Leo Messi al cobrar un penal contra el Celta de Vigo. En vez de pegarle al arco, Messi le dejó el balón servido a Suárez. Sí, es un crack. Claro, es el mejor del mundo, no me cabe la menor duda. Pero, vamos, ese gol debió ser invalidado. ¿Nos olvidamos de las reglas de juego porque se trata de Messi? Antes de que el 10 del Barcelona le pegue al balón, el uruguayo Luis Suárez (experto en sacar ventajas antideportivas) pisa la medialuna, lo que invalida la anotación.
Ya, pues, y todavía la quieren comparar con la genialidad de Cruyff. Nótese: la jugada no es válida… Suárez invade la medialuna (segundo 5 del video) y esto anula su gol... parece que al 
FC Barcelona le perdonamos todo...

2016/01/18

Recuerdos que no voy a borrar

Miércoles 16 de diciembre del 2015. Estadio Monumental Arequipa. Bernardo Cuesta marca en el minuto 90 de la final el 3-2 y le da el título nacional al FBC Melgar de Arequipa.
Canción: "Brillante sobre el mic" de Fito Páez.

2015/12/05

Empieza el Hay Festival con dos platos fuertes: Martin Amis y Fernando Savater en el Teatro Municipal

Página 11 del diario El Pueblo de Arequipa, sábado 5 de diciembre.
Por Orlando Mazeyra Guillén
En 1991 apareció “Ética para Amador”, quizá el más célebre de todos los libros del escritor y filósofo vasco Fernando Savater. Esta publicación es un ensayo bastante informal y, sobre todo, didáctico en el que un padre —el autor que, al final, oficia de padre postizo de todos sus agradecidos lectores— dialoga con su hijo —Amador— acerca de en qué consiste vivir o aprender a vivir. ¿Qué es la ética? Saber vivir, “o arte de vivir”. La cuestión, desde luego, no es tan sencilla. Savater nos habla del aprendizaje intelectual de la libertad y de su difícil pero inevitable ejercicio: “estamos condenados a ser libres”, recalca recordando a Jean-Paul Sartre.
En estos tiempos de fanatismos y extremismos de toda índole —aquellos capaces de abolir la otredad—  cabe recordar la pregunta que aparece en las páginas de este libro: ¿en qué consiste tratar a las personas como a personas, es decir, humanamente? “Consiste en que intentes ponerte en su lugar. Reconocer a alguien como semejante implica sobre todo la posibilidad de comprenderlo desde dentro, de adoptar por un momento su propio punto de vista”.
Podrá sonar provocador de mi parte —y no intento hacerle mala prensa al autor, además creo que esto poco le interesará viniendo de un lector devoto— pero éste es un testimonio auténtico: luego de leer a Savater, cuando todavía era un mozalbete universitario (y estaba a punto de viajar a Camaná a pasar el año nuevo con mis mejores amigos), me atreví a ejercer mi libertad —a ponerla en riesgo, ¿pero quién que aspire a vivir dignamente no lo hace a menudo?— probando por primera vez “sustancias prohibidas”, para utilizar un eufemismo quizá más indecoroso que mi confesión. La experiencia, como muchas otras, tuvo sus claroscuros pero me permitió algo decisivo para saber vivir: conocerse.
EL VALOR DE EDUCAR (fragmento)
Imagínense ustedes —nos dice  Savater— que sobre los automóviles  no recibiesen los jóvenes más que dos tipos de información: la de los anunciantes y la crónica de accidentes de tráfico. La publicidad les presentaría vehículos omnipotentes que transcurren en paisajes de maravilla y prometen la compañía de las más sugestivas beldades; por otro lado se les iba a brindar la nómina de familias despanzurradas entre hierros retorcidos, atropellos fatales y conductores que dan una cabezadita para luego prolongar eternamente el sueño en el fondo de algún precipicio. Los unos muestran un falso paraíso para todos, los otros el infierno muy cierto de unos cuantos. ¿Qué faltaría aquí? Quizá la noticia objetiva de que los coches sirven para trasladarse de un lugar a otro con cierta comodidad, aunque su uso desmedido produce atascos de tráfico y los excesos de velocidad pueden ser fatales. Pero sobre todo faltaría el profesor que enseña a conducir a quien decide utilizar uno de esos vehículos. No necesito añadir lo que ocurriría además si los autos hubiese que comprarlos de segunda mano a bandas de gángsters y todas las gasolineras y los talleres de reparaciones funcionasen en la clandestinidad... En la escuela sólo se pueden enseñar los usos responsables de la libertad, no aconsejar a los alumnos que renuncien a ella. Algunos pseudoeducadores dicen que la droga no es cuestión de libertad personal porque el drogadicto pierde el libre albedrío: ¡como si no perdiese también la libertad de ser soltero quien se casa, la de convertirse en atleta quien dedica sus horas al estudio o la libertad de permanecer en casa quien emprende un viaje! Cada elección libre determina decisivamente la orientación de nuestras elecciones futuras y ello no es un argumento contra la libertad sino el motivo para tomarla en serio y ser responsable”.
Savater es autor de más de cincuenta ensayos sobre política, filosofía o literatura y de varias obras literarias, ha recibido numerosos galardones por sus trabajos como el Premio Ortega y Gasset de Periodismo, el Premio Nacional de Ensayo o el Premio Planeta (antes fue finalista de este importante lauro que ganó Vargas Llosa en 1993 con “Lituma en los Andes”). Sus últimos libros llevan por título “¡No te prives! Defensa de la ciudadanía” (Ariel, 2014) y “Voltaire contra los fanáticos (Je suis Charlie)” (Ariel, 2015). Pero podemos mencionar otros títulos importantes como la secuela de su libro de ética también dedicado a su vástago: “Política para Amador”, “El valor de educar”, “El valor de elegir”, entre otros.
MARTIN AMIS CON PETER FLORENCE
En la antesala, Martin Amis, Premio Somerset Maugham con su primera novela “El libro de Rachel”, dialogará con Peter Florence (fundador del Hay Festival). Amis es uno de los escritores británicos más importantes, autor de las celebradas obras “Dinero”, “Experiencia” (una portentosa autobiografía donde repasa sus libros y la historia detrás de sus libros, cómo escribe ficciones y de qué están hechas éstas: “la verdad está en la ficción. En ella es donde el termómetro espiritual da su medida exacta”, afirma) y “Lionel Asbo”. En su libro más reciente, “La Zona de Interés” (Anagrama, 2015), se adentra arriesgadamente en los campos de concentración y el Holocausto con una crítica acerada y sarcástica del nazismo. Hablará sobre este trabajo y su trayectoria.

TRES EVENTOS RECOMENDADOS DEL SÁBADO
4 p.m. Paraninfo de la UNSA
¿Existe la literatura peruana? Habla la selección peruana
Jeremías Gamboa, Sergio Galarza, Claudia Ulloa Donoso, Gabriela Wiener, Pedro Llosa Vélez y Jorge Alejandro Vargas Prado en conversación con Ricardo Sumalavia, quien oficia de moderador.
6 p.m. Teatro Municipal
Martin Amis en conversación con Peter Florence
7.30 p.m. Teatro Municipal

Fernando Savater en conversación con Juan Manuel Robles

2015/12/01

¿Cómo se encuentra la producción narrativa en Arequipa en este momento?

Goyo Torres, profesor de la Escuela de Literatura de la UNSA.
En el portal Frase Corta aparece una entrevista que le hace Augusto Carrasco al escritor y profesor de la Escuela de Literatura de la Universidad Nacional de San Agustín Goyo Torres Santillana. Acá algunas preguntas:

¿Cómo ve a los más jóvenes? ¿Quiénes se están perfilando?
Hay dos espacios para poder explicar la literatura en la ciudad. Escritores que están fuera de la escuela de literatura. Creo que la escuela de literatura es un espacio motivador para los que llegan con la intención de hacerse escritores aunque la escuela tiene otra perspectiva. De la gente que está fuera que no ha pasado por la escuela y que escribe se puede mencionar a Orlando Mazeyra, quizá una de las promociones posteriores a la gente que ha surgido en los noventa, el que más ha trabajado la palabra y además tiene una vena emotiva muy fuerte. Aquí (en la escuela) podemos hablar de Yero Chuquicaña, quien ha publicado dos textos pequeños (Air-Max 180 y Taca-Taca, ambos publicados bajo el sello de Aletheya Editorial) que son extraordinarios.
¿En qué proyectos se encuentra usted actualmente?
Estoy terminando un libro de cuentos que tiene por título provisional “Animal Nocturno”. Tengo una novela en proceso que es la novela más extensa que he escrito y tiene un título provisional también llamado “Hay otras formas de volver”. El tiempo en la historia abarca desde 1978 hasta 2008. El núcleo central de esta historia es la toma de locales que hacen los estudiantes del colegio Honorio Delgado, donde yo estudié, para reclamar los terrenos que le habían quitado en ese momento.
Esos son dos proyectos casi concluidos que ya tengo. Y claro, hay hasta tres proyectos hacia futuro. Espero que la vida me de tiempo para terminarlos de escribir.
He sentido un poco de pesadez en su última afirmación.
Es que nadie sabe qué pasará. La vida es un poco azar. Pero mientras haya tiempo y fuerzas tengo que cubrir las ideas que van surgiendo.
¿Podría recomendar a los lectores de Frasecorta algún libro, película o disco?
Quisiera recomendar para profesores y comunicadores estos dos de Lacan: “El estadio y el espejo” y “Los cuatro discursos”. La película francesa “Las invasiones bárbaras” me parece extraordinaria. Me gusta la música clásica. También recomendaría al trovador francés Georges Moustaki. Y por supuesto, Boccherini. En una película llamada “Capitán de mar y guerra” se interpreta el segmento “Pasacalle” de Boccherini. 
Se puede leer toda la entrevista haciendo clic acá:

2015/11/29

“Toda intención moralista mata el arte” - Hay Festival Arequipa

“Toda intención moralista mata el arte”
Por Orlando Mazeyra Guillén*

ACTUALIZACIÓN: Pedro Salinas presentará "Mitad monjes, mitad soldados" en el Salón Consistorial de la Municipalidad Provincial de Arequipa, este lunes 7 de diciembre a las 7 de la noche.

Pedro Salinas (Lima, 1963) es uno de los escritores invitados al Hay Festival que, bajo el lema “imagina el mundo”, se realizará por primera vez en nuestra ciudad del 5 al 8 de diciembre. Este, sin duda, será el evento cultural arequipeño más importante del siglo XXI. Llegarán pensadores de la talla del filósofo vasco Fernando Savater, novelistas de primera fila como Martin Amis, Jorge Edwards (premio Cervantes), Sergio Ramírez (premio Carlos Fuentes), Juan Gabriel Vásquez e Irvine Welsh. También los arequipeños Oswaldo Reynoso (cuya obra acaba de ser publicada en Italia) y Jorge Eduardo Benavides, el chileno Alberto Fuguet, la argentina Leila Guerriero, el boliviano Rodrigo Hasbún, la española Sara Mesa, entre otros.

Toda la ciudad necesita saberlo: estamos a pocos días del Hay Festival Arequipa, una auténtica celebración de la cultura y del compromiso social. Literatura, artes visuales, cine, música, geopolítica, periodismo y ciencia se mezclan en un ambiente de diálogo que promueve el intercambio cultural, la educación y el desarrollo.
A propósito de la aparición del libro Mitad monjes, mitad soldados (Planeta, 2015) entrevisté a Pedro Salinas para ir preparándonos, pues serán cuatro días intensos con más de cincuenta actividades culturales que ojalá nos quiten las anteojeras de siempre y, todos juntos, convirtamos a nuestra ciudad en un referente cultural de América Latina y del mundo.

MITAD MONJES, MITAD SOLDADOS
—Pedro, el libro es una denuncia, un muestrario de lo más abyecto del Sodalicio (aunque quizá haya cosas peores, como tú mismo lo mencionas), pero también es una advertencia. Quiero, primero, detenerme en la forma cómo se recluta a los adolescentes aprovechándose de la fragilidad emocional propia de la adolescencia: a través del deporte, de invitar un helado y fomentar la pertenencia. Esto no sólo se practica en el Sodalicio sino en muchas sectas y nuevas iglesias cristianas que aparecen a diario: sé de casos de amigos del colegio con problemas de conducta y hogares desintegrados que eran rápidamente captados con el fulbito, ahora el rugby, yendo a tomar un café y entrando en sintonía, etcétera. ¿Qué hacer frente a estos fanáticos al acecho? Tremenda tarea la de los padres de familia para evitar que sus hijos caigan en las manos de estas oscuras organizaciones que, en vez de acercarlos a Dios, los llevan de paseo al infierno, ¿no te parece? ¿Qué podrías decir tú como padre de familia, qué consejos dar, pues esto va más allá, creo yo, del mismo Sodalicio?

Definitivamente, si bien el libro se enfoca en el líder del Sodalicio y en la arquitectura de su organización, también es un llamado de alerta a los padres de familia, porque estas organizaciones de características sectarias suelen enmascararse en grupos aparentemente bienintencionados.

—Uno de los testimonios más conmovedores de los exsodálites es el tuyo: “El vacío afectivo y la ausencia física de mi padre me golpearon fuerte entonces comencé a fumar marihuana, dejé de estudiar y sólo iba al colegio con la intención de perder el tiempo, fastidiar a los profesores o a mis compañeros de clase”. Entonces conoces a dos sodálites en el colegio: “ambos me cayeron muy bien. El primero me sorprendió por su grandeza de alma y calidad humana. El segundo llamó mi atención porque hablaba mi lenguaje. Jerga. Lisuras. Era “achorado”. Y pícaro, como para demostrarme que él era tan vivo como yo. O más que yo. Ambos me hablaron de la ventaja del retiro. Y ya adivinarán. Terminé yendo (…) Con el transcurrir del tiempo, y la propia pasión que se va generando al interior de la agrupación, que cada vez le exige a uno más compromiso, más dedicación y más radicalismo, me fui alejando de mi familia, de mis mejores amigos e incluso rompí con mi enamorada (…) a unos cuantos se nos propuso la posibilidad de ser sodálites, de ser parte de los elegidos del Señor. Para formar la milicia exclusiva de dios, que es como un comando de élite, o algo parecido. Comos los Rambos del Cristianismo, digamos. Te hacen sentir eso. Que vas a ser parte de los Delta Force del catolicismo, de los X-Men de Figari, y que vas a ayudar a transformar el mundo”. Aquí me detengo: ¿se trata, en el fondo, de inocular una droga, no? Una seductora ficción que será, al principio, placentera y luego te pasará factura hasta dejarte en las escombreras de un sueño ‘divino’. Pedro, a pesar de todo, la estela del Sodalicio te seguirá por siempre, este libro es una prueba de ello. ¿Cómo confiar en que se puede enderezar un árbol que creció torcido? ¿Cómo perdonar tanta maldad de gente que se hace llamar católica? Insisto: hablamos de una droga ‘dogmática’, o algo así, que seduce a más no poder…

He leído varios libros sobre sectas y he visto no pocos documentales sobre el tema para entender cómo te enganchas y por qué permaneces. Es un tema bastante complejo. Hay cosas que tengo bastante claras ahora, pero hay otras que todavía se mantienen en la nebulosa.

—En su confesión, Santiago cuenta que Figari soltó un día: “No es bueno tener enamorada”. Era como una resolución. Además muchos exsodálites hablan de su marcada misoginia. Santiago agrega: “Y si ya tenías enamorada, pues tenías que romper con ella”. Este parece ser como el sambenito del Sodalicio: conozco a gente que a partir de entrar en él, dejan de hacer el amor con sus parejas, es distancian, ya no son los mismos y desean terminar con ellas, todo claro en el nombre de Cristo. Creo que cuando ya dejan a sus parejas por orden de la secta están llegando a un punto de no retorno. ¿Qué puedes aconsejar desde tu experiencia a la gente que recién está “empezando” en esto? A riesgo claro de que hagan oídos sordos…

Una de las cosas que me hizo entrar en crisis y plantearme la disyuntiva de salirme fue la nostalgia por mi libertad. Había probado el sexo antes de entrar al Sodalicio, y no fui muy obediente durante mi paso por él, por lo que frecuenté amigos que odiaban al Sodalicio y que me hicieron hacer querer recuperar mi independencia. Pero la cárcel mental que crean en ti es muy jodida de vencer.

Rafo León menciona que “uno descubre con horror que el Sodalicio compone un sistema de captación fanatizante y pedestre sin otro fin aparente que el dominio los muchachos y, por supuesto, con la mira puesta en el dinero y posición de sus familias. Con un poderoso componente racista y clasista. La personalidad de Figari, manipulador, cruel, narcisista y arbitrario, hace que en varios de los testimonios se lo compare con Vladimiro Montesinos, Abimael Guzmán o Alan García. Es en los testimonios donde encontramos de primera mano lo más doloroso y destructivo: el abuso, el abuso de poder, la manipulación de la conciencia y el abuso sexual puro y duro”.
La Iglesia Católica está protegiendo a una escoria así. Es triste decirlo pero si no se sigue machando con todo este asqueroso asunto, si no se termina de destapar esta olla de grillos, no habrá castigo. Y sabemos que la impunidad hace más atrevido al criminal. En qué medida somos TODOS cómplices de Figari si permitimos que viva en un “retiro espiritual”, triste coartada con la que la iglesia católica lo quiere blindar y mantenerlo al margen de la ley.

Una de las satisfacciones más grandes que nos ha dado a Paola Ugaz y a mí esta publicación ha sido ver la reacción de la sociedad a través de las redes y de los comentarios en reuniones y en los medios de comunicación. El zamacón ha sido fuerte. Y ojalá que sea aleccionador. En todo caso, quiero creer que podría ser así. Pero sí. En buena cuenta, el Sodalicio, la Legión de Cristo, los Karadima, y otros han existido debido a la permisividad de las sociedades. Y del infantilismo de muchos padres de familia que encargan incondicionalmente a sus hijos a terceros que no se preocupan de conocer bien.

—Creo que el libro nos cuenta muchas historias escabrosas: maltratos físicos y verbales, pederastia, sometimiento, despropósitos y experiencias insólitas. Hay una catarsis. Digo: hay muchas catarsis. ¿Qué viene para Pedro Salinas –el exsodálite– después de esto recordando aquella frase “una vez sodálite, sodálite para siempre”?

Espero no volver a realizar una investigación como esta, que terminó siendo una caja de Pandora. Creo que ya cumplí. Y por fin, muchos de mis amigos que se quedaron ahí han visto la verdad y la están aceptando de a pocos. Sé que el impacto para varios de ellos ha sido devastador. Pero ni modo. Y le pido infinitas disculpas y perdón a todos aquellos que embarqué en esta organización sectaria y terminaron pagando un precio muy alto. De verdad, lo siento mucho. Pero ello fue lo que me animó a buscar justicia a través de esta publicación. No se podrá volver el tiempo atrás, pero en adelante espero que tengamos los ojos más abiertos ante este tipo de movimientos aparentemente inocentes. Y a aquellos sodálites inocentes que están pagando el pato por la culpa de muchos de los que están en la cúpula y los han manipulado durante años, espero que sean conscientes de que tienen que reinventarse y redundarse. Porque el Sodalitium tal como ha sido hasta hoy está infectado en su "espiritualidad" por todos los vicios y perversiones de Luis Fernando Figari. 

—Hay algo que me preocupa muchísimo en Arequipa: en los últimos años el Sodalicio de Vida Cristiana ha tomado mucho protagonismo en el manejo de eventos culturales o artísticos. Ojo: manejar el arte y la cultura es una fuerte herramienta de poder, como me recordó el artista Milko Torres. ¿Qué hacer al respecto?

¿Qué hacer? Cada quién sabrá lo que tiene que hacer sobre el particular. Yo no soy quién para decirlo. Apenas he publicado una pequeña investigación sobre una organización católica ultramontana. El arte es creación. Un fervor apagado, como decía André Gide. Una manifestación de la libertad. Eso sí. Toda intención moralista, que viene con un interés determinado, mata el arte. Lo estrangula. Lo asesina. Si me preguntan, el arte está hecho para perturbar, para remover las conciencias, para inquietar. Porque es subversivo. Aquel que no logra mover a la gente, no es arte. Y al no serlo, no significa ninguna herramienta de poder. Ni debe preocuparnos.

Pedro Salinas participará el domingo 6 de diciembre en dos eventos que recomiendo mucho:
10:00 - 11:00 a.m. en el Paraninfo de la UNSA
El laberinto de la peruanidad
Gustavo Gorriti, José Ugaz y Jorge Bedregal La Vera con Pedro Salinas 
La labor del periodista Gustavo Gorriti ha sido reconocida con varias distinciones internacionales, entre otras, el premio María Moors Cabot, el premio CPJ International Press Freedom y el Rey de España. En 2005 fue nombrado presidente del Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS). José Ugaz es un jurista peruano que en 1992 se incorporó como Oficial de Derechos Humanos a la Misión de Paz de la ONU para El Salvador (ONUSAL). También ha sido designado como Procurador Ad Hoc de la República del Perú en varios casos de corrupción: Zanatti (1993-1994); CLAE (1994), INABIF (1997) y Montesinos-Fujimori (2000-2002). Actualmente es presidente de Transparency International. Por último, Jorge Bedregal La Vera es analista político, historiador y docente en la Universidad Nacional San Agustín. Modera el periodista y escritor Pedro Salinas (Lima, 1963), ganador del Premio Nacional de Periodismo y Derechos Humanos 1994 y autor del reciente libro Mitad monjes, mitad soldados.

6:00 p.m. en la Sala Mariano Melgar de la UNSA

Patricio Fernández Chadwick, Ed Vulliamy y Pedro Salinas con Marco Zileri

En torno al ensayo de investigación hablarán Patricio Fernández Chadwick, fundador y editor del semanario The Clinic, de carácter satírico y el de mayor lectura en su país; Ed Vulliamy, periodista británico —ganador del Amnesty International Media Award— que trabaja para The Observer y The Guardian, experto en el conflicto bosnio y autor deAméxica, y el escritor y periodista Pedro Salinas, que publicó recientemente Mitad monejes, mitad soldados, una investigación sobre el Sodalicio. Modera la charla el periodista Marco Zileri.
Se ofrecerá traducción simultánea del inglés.

*Entrevista publicada en el diario El Pueblo de Arequipa el domingo 29 de noviembre.

Más información sobre el “Hay Festival Arequipa” en su portal:

2015/10/17

Sostiene Pereira o cómo se juega al fútbol


Sostiene Pereira o cómo se juega al fútbol. Este emotivo video muestra un momento difícil del Uruguay-Inglaterra del Mundial Brasil 2014 que, como todos recordamos, terminaron ganando los celestes (2-1). Es un video motivacional hecho por uruguayos pero termina con las palabras de un periodista peruano que transmitía el partido en vivo para todo el Perú, vía ATV. Sí, es Eddie Fleischman, y, más allá de si te parece un buen o mal periodista deportivo, él lanza un pedido, que para los que amamos el fútbol es un clamor: “A ver si sirve de ejemplo lo que muestra Uruguay”. Pero no. No, pe, comparito, así no juega Perú. Nuestra “idiosincrasia” es distinta, ¿manyas?

2015/09/27

FBC MELGAR (2) - Universitario (0): así informa la prensa deportiva limeña




A pesar de algunas lagunas (como mencionó Juan Reynoso en conferencia de prensa), el equipo rojinegro le ganó con autoridad al club Universitario de Deportes. Con sólidas actuaciones de Lampros Kontogiannis, Montaño y del tridente ofensivo: “Cachete” Zúñiga, Bernardo Cuesta (un golazo en el segundo tiempo) y Omar Fernández (marcó el primero tras un grosero error del meta José Carvallo).
La prensa deportiva limeña aguardaba un cierre sabatino de edición con una victoria del equipo capitalino que, según ellos, podía “dormir puntero”. Sí, claro, ese era su deseo: vender como pan caliente una victoria del equipo de Challe en Arequipa. Lástima para ellos. El “Dominó” les cortó la racha y otra vez asoma el fantasma de la baja en las huestes del equipo de Ate.
LA PRENSA DEPORTIVA QUE SE VENDE HOY EN LIMA
Atención. “El Bocón”, en una nota pequeñita, informa: “U pierde invicto en era Challe en Arequipa”.
Y tal como vaticinábamos anoche: si ganaba el FBC Melgar, la portada sería Messi, tal como ocurre en “Depor” que se lamenta con su nota minúscula: “La U bajó de su nube, perdió 2-0 en Arequipa”.
Finalmente, “TodoSport” tiene a Messi dentro de su plan de contingencias. Pero pone un pretexto risible: “U cayó 2-0  [porque] faltó la Pulga [Ruidíaz]”.
Párrafo aparte para la transmisión de CMD (Cable Mágico Deportes): hubo duelo, mucha tristeza. Notorios lamentos, según me informan porque yo estuve en la tribuna: José Luis Carranza juraba que la “U” estaba más cerca del empate que Melgar del segundo y le fue muy mal.
¡Arriba, Melgar! ¡Paso a paso! ¡Contra todo y contra todos!


EN LA PREVIA

Horas antes publicamos en Ovación del Sur nuestra "Oración al balón" que dio resultado. Y fue compartida por el defensar mexicano Lampros Kontogiannis, a través de su cuenta de twitter.

ORACIÓN AL BALÓN (Por Orlando Mazeyra Guillén)

Empatía: según la Academia de la Lengua es la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro. Tú, como hincha del Dominó, para identificarte con tus jugadores –ponerte por un instante en sus botines–, debes haber jugado, obvio. No pido mucho (sería incoherente): al menos haber pateado un balón. No importa si fue en tu cuna con una pelota de playa que era casi de tu tamaño, en tu patio con un tío cojo o en una pista con piedras oficiando de marcas precarias para definir las porterías. No, no se trata de tu (falta de) talento, de si no pasaste del polvoriento canchón de tu barrio o de si llegaste a jugar las etapas decisivas de la Copa Perú: hablo de las emociones. Hablo de fútbol.
Vuelvo al inicio: empatía. Eso te pido cuando los veas pisar el gramado del Monumental Arequipa. Porque tú bien sabes que es un placer jugarlo, pero no es nada sencillo. Entonces insisto: ponte, al menos por un instante, en la piel de esos once leones que saltan a la cancha para defender tus colores. Piensa en lo más elemental: una pichanga (porque hasta las pichangas hay que ganarlas). Piensa en la atención que tienes que prestar a los movimientos de tus pares: compañeros de equipo y rivales. Los desplazamientos, tu ubicación en la cancha y, sobre todo, el desplazamiento del balón. Algunos le dicen: saber jugar sin pelota. Concentración pura. Te distraes y cagas. Te equivocas en un pase y la inseguridad empieza a ganar una batalla. Cuando tienes miedo del rival –sí, dije miedo, porque el árbitro, por ejemplo, también puede ser tu rival, un tipo que venga a joderte todo lo planificado durante la semana– tienes que utilizar esa angustia como un impulso. Chumpitaz decía que si uno no tiene miedo antes de saltar a la cancha, entonces debía dedicarse a otra cosa: a ser un pésimo comentarista de CMD, por ejemplo. Por algo todos lo conocen como el Capitán de América.
Maradona, por su parte, utilizaba la bronca como combustible (lo hizo a la perfección contra los ingleses en México 86, por ejemplo, y después contra los italianos nada más y nada menos que en Italia 90) y Jorge Valdano hablaba del miedo escénico, saltar a un estadio repleto de hinchas. No sólo hay que enfrentar al rival sino a la tribuna, sobre todo cuando juegas de visita o no sabes ser local a estadio lleno como siento que en ciertas ocasiones le ocurre a mi equipo. ¿De dónde debe llegar a veces la garra que por momentos desaparece del césped de juego? De la grada: del grito incondicional del hincha.
El fútbol es una droga formidable (la primera que descubrí, la que me acompañará toda la vida). Te olvidas de todo: de la chica que te dejó o de la que no te hace caso, de los problemas en casa, de que ya no hay plata en la billetera, de que el lunes hay que volver a trabajar. Una válvula de escape: un grito de gol esta noche, quizá dos, los que sean necesarios para lograr una victoria… eso es todo lo que necesito para que la vida, al menos por unos días, sea perfecta. Por eso cuando la tengan Cachete, Cuesta, Fernández o cualquiera de los de rojo y negro y, de pronto, apunten al arco del rival, repite la oración al balón que Valdano nos enseñó. Es una sola palabra, no te la puedes olvidar (todos la decimos tácitamente antes del grito de gol): ¡entra!

2015/09/18

Sobre la supuesta "Generación Post"

Ilustración: Enrique Congrains
Antes de copiar los textos del escritor limeño Fernando Ampuero y del crítico mollendino Fernando Rivera, sólo un apunte:
El olvido que seremos: dentro de cincuenta años, cuando en el Perú se siga leyendo a Vargas Llosa, Arguedas, Reynoso o Ribeyro, esperemos que ya no se hable de una literatura “andina” y, su forzada contratara, la literatura “criolla”. Ojalá. Lo que sí puedo decir o apostillar (para estar en sintonía con el artículo de la "Generación Post"), a manera de testimonio personal, es que cuando trabajé en Lima en el área cultural de una revista, el director, incómodo por lo que yo decía –escribía– sobre Lima (la detestaba desde los forros, me parecía y me parece una ciudad atroz e invivible), me informaba que yo estaba en la “metrópoli” y que procurara no escribir nada respecto a mi ciudad natal: “nada, estamos en Lima, olvídate de tu tierra”. Y, claro, tampoco podía escribir sobre, por ejemplo, lo salvaje que me parecía transportarse en el Metropolitano. Muchos meses después, cuando me entrevistaron en RPP a raíz de la aparición de mi último libro de relatos, recordé estas experiencias, y el entrevistador, saliendo de la radio, me dijo que Arequipa era poco menos que un “pueblo”. Ah, debo recordar también que renuncié a esa revista luego de publicar esos textos “antilimeños” en el semanario de César Hildebrandt, quien nunca censuró mis relatos. Y siempre le estoy agradecido porque yo podía escribir sobre el río Chili o el sillar arequipeño sin que él me acusara de ser (o sonar, qué sé yo) muy "telúrico" o “andino”.

Acá los textos aparecidos parcialmente en El Dominical del diario El Comercio:

Tras la publicación del artículo “Generación Post” en nuestra edición del domingo 31 de agosto, donde Fernando Ampuero comparte su opinión personal sobre el estado de la narrativa peruana contemporánea, varias voces se han levantado, algunas celebrando la lucidez y la generosidad del escritor, otras arremetiendo contra su visión, llegando a calificarla como prejuiciosa y sesgada ideológicamente.
Uno de estas es la de Fernando Rivera, profesor de Literatura en la Universidad de Tulane y doctor por la de Princeton —de donde se graduó con una tesis sobre José María Arguedas, supervisado por el mismísimo Ricardo Piglia—, para quien la revista que hace Ampuero no es más que el reciclaje de una “absurda confrontación entre andinos y criollos”.
Ampuero ha propuesto unas apostillas y Rivera nos ha remitido sus comentarios respecto al artículo original. A continuación, presentamos los dos textos en su integridad: 
"El canon no estaba en discusión" 
Por Fernando Ampuero 
Tras la publicación en el suplemento El Dominical de mi artículo sobre la nueva narrativa peruana, “Generación Post”, han aparecido reacciones a favor y en contra. Estas últimas, desde luego, eran previsibles. Hasta el momento, afortunadamente, el debate discurre en un nivel moderado, sin mayores adjetivos e injurias, e incluso, pese a darse en territorio comanche (las redes sociales), revela una cierta voluntad de mutuo entendimiento. Los puntos calientes, y que ya resultan típicos en nuestras polémicas literarias, son dos: 1) la preeminencia de nuestros autores urbanos, cuyas obras suenan y son leídas; y 2) el canon literario. De lo primero solo quiero precisar que al destacar a los escritores urbanos no estoy rechazando a la literatura andina. Simplemente afirmo que hoy no asoman autores notables de tema andino, a excepción de los pocos narradores que mencioné en mi artículo. Y, por supuesto, no discrimino a los autores por el lugar en que viven o han nacido, como suelta alegremente por ahí un comentarista con ánimo tergiversador. 

     Sobre el tema del canon, eso sí, hay más que decir, dado que algunas voces discrepantes pecan de lectura apresurada. A saber, en ninguna parte de mi artículo he propuesto yo un canon. Tan solo creí conveniente dar una lista de nuevos autores de interés (naturalmente no mencioné a todos* para no caer en las habituales guías telefónicas), quienes han demostrado, con sus obras, una calidad digna de encomio. Algunos de ellos lucen asentados o en tránsito de estarlo, otros recién empiezan pero apuntan bien; todos, a mi entender, prometen. (No consideré a autores mayores de 50 años, repito esto, porque algunos veteranos reclaman su inclusión). El conjunto, cosa que también expresé puntualmente, responde a un reporte del tiempo: una fotografía del momento. Vale decir, si el artículo en cuestión hubiese sido escrito el año pasado, sin La distancia que nos separa, Cisneros no habría sido mencionado. 
     Cito la única parte de mi artículo donde aparece el término canon: “Nuestra tradición literaria reporta la gloria de autores de un puñado de cuentos o poemas: pesa más el cuento o la novela lograda que un amplio conjunto de obras. Y en esta ocasión, sin duda, tenemos buenos textos, aunque todavía no nos sea posible predecir cuáles seguirán vigentes o formarán parte del canon”.  
     Más claro: no tengo una bola de cristal. Pero no por ello reprimo mi entusiasmo ante la Generación Post. Si dos o tres de los autores que figuran en el listado de mi artículo ingresaran al canon real (para hacerle compañía a Vallejo, Eguren, Eielson, Vargas Llosa, Ribeyro, etc.), no al ensueño canónico sobre el que ilusamente se discute, me sentiría, como lector, bastante satisfecho. Esa noticia, sin embargo, solo la obtendremos dentro de cincuenta años. La literatura peruana actual, y todas las literaturas en general, están pobladas por supuestas glorias efímeras, que el tiempo se encarga de ir confirmando o borrando.   
     Un día que rebuscaba estantes en una librería de viejo, encontré a un narrador peruano de la primera mitad del siglo XX, Francisco Vegas Seminario, condecorado en muchos países y ganador de varios premios nacionales. No escribía mal, pero hoy nadie lo recuerda. Como él hay muchos autores en el olvido, en amarillento descanso, así como otros que tal vez algún día sean rescatados. Eleodoro Vargas Vicuña, por ejemplo. ¿Alguien lo hará de una buena vez?
     El canon es una institución móvil, cambiante, y, en ocasiones, depende de los vientos de cada época. Vallejo, si hubiese vivido hasta los noventa años, quizá no estaría en el canon. Podría haber sido considerado un malabarista del lenguaje y no el gran poeta que es. ¿Qué ayudó a su canonización? ¿Su muerte prematura, la pasión política de su poesía que sintonizó con la utopía comunista, su genio evidente? 
     Mi artículo Generación Post solo pretendía señalar un fenómeno que todo lector imparcial podrá reconocer: hay nuevos escritores que valen la pena. No pido disculpas por mi opinión “generosa”, porque ahí están sus libros para defenderse solos. Tampoco me engaño (a mí me gusta leer), ni cedo a simpatías extraliterarias. Debo decir también que fuera de la nota principal escribí cuatro textos breves, pero por problemas de espacio (entró el aviso de una universidad) solo se publicaron tres: “Tradiciones literarias”, “El caso Cisneros” y “Heridos de guerra”. El texto excluido, justamente, se titulaba “El canon”. Era el más breve y decía lo siguiente: “Años atrás los críticos literarios con acceso a los medios decidían qué autor formaría parte del canon. Tenían aciertos y desaciertos. Hoy, con el torbellino de las redes sociales, cada autor, que ya es dueño de su propio periódico, irrumpe y avasalla en pos de un sitio. Quizá engañen a los lectores, aunque no por mucho tiempo. El relumbrón del momento y la trascendencia son esferas diferentes”. 

*Algunos amigos me han hecho notar olvidos, que aquí intento subsanar. Debí mencionar también a otros autores promisorios como Luis Hernán Castañeda, Orlando Mazeyra, Miguel Ildelfonso, Félix Terrones, Juan Manuel Chávez, Martín Roldán Ruiz. Todos ellos son plumas en alza. 
"Dime dónde escribes y te diré quién eres, o el regreso a la absurda confrontación andinos vs. criollos"
Por Fernando Rivera
En un artículo reciente Fernando Ampuero ha nombrado a una generación de narradores (menores de 40) la Generación Post. En realidad es el reciclamiento de una absurda polémica anterior, la de andinos vs. criollos, que no alcanzó siquiera para una confrontación consistente de identidades literarias. Solo que ahora, según Ampuero, los andinos han desaparecido y la Generación Post, al parecer los nuevos criollos, es la que domina la escena y se caracteriza porque escribe sobre temas urbanos, habita en Internet y las redes sociales, y publica mayormente en editoras transnacionales. 

     Este criterio fue inservible para mapear, reflexionar o debatir, seriamente, la narrativa peruana en el pasado, y lo sigue siendo ahora. ¿Clasificar a los narradores por el lugar donde viven?, ¿los escritores del "interior" aún no conocen ni se comunican por Internet? ¿Cuando Fernando Ampuero estuvo en Cusco, Arequipa o Trujillo se comunicaba con Lima a través de señales de humo?, ¿estas eran aldeas y no urbes? ¿Ha leído Ampuero la narrativa que se escribe y se publica en estas ciudades?, ¿sabe de qué temas y con qué técnicas escriben? Es obvio que no.
     Slavoj Žižek, desde el psicoanálisis, ha señalado convincentemente que toda construcción de la realidad es ideológica y producto de la fantasía. No hay un punto cero, todos nos  miramos desde algún punto  que es siempre ideológico. Pero de ahí a ideologizarse es otro asunto. Es asumir ciegamente una comprensión de la realidad de antemano sin reflexionar ni tener contacto con ella. En ese sentido el artículo de Fernando Ampuero recoge dos prejuicios todavía ejercidos (por lo general, pero no siempre) en la crítica periodística y en ciertos círculos de escritores e intelectuales, que revelan un profundo sesgo ideológico. El prejuicio del lugar del escritor o escritora, y el prejuicio del tema. 
     El primero implica asignarle un valor, una cualidad y una tradición al escritor o escritora por el simple hecho de vivir o haberse formado en un lugar. Lo que trae las siguientes ecuaciones: 1) provincia igual tradicional (antiguo, retrasado), igual andino, igual Alegría, Arguedas, Scorza; y 2) Lima igual reciente, moderno, posmoderno (que en este momento ya es una categoría histórica, al igual que cosmopolita es una categoría arqueológica), igual urbe, igual Ribeyro, Vargas Llosa, Bryce Echenique. 
     El segundo prejuicio ubica al escritor o escritora en una corriente narrativa solo por el hecho de escribir sobre un tema. Así, a un escritor o escritora que escriba sobre los Andes, el “interior”, la comunidad, ciertos problemas sociales, mitos, lo indígena se le asigna —digamos— una simpleza en la técnica o una recurrencia del realismo mágico. Y al escritor o escritora que escriba sobre la urbe (llámese Lima, como si no existieran otras urbes en el país) con sus temáticas y problemas del mundo moderno y posmoderno (¿incluye la migración?, parece que no) se le asigna —digamos— una mayor complejidad técnica o cierta sofisticación narrativa que muchas veces se entiende como imitación de los grandes centros metropolitanos (¿pero todavía se cree en el cuento de la metrópoli?). Curiosa esta delimitación, ya que Efraín Kristal ha demostrado de manera contundente, hace como treinta años, que la primera literatura indigenista se hacía desde una mirada y conciencia urbanas. De lo cual se puede desprender que las novelas de Arguedas no serían indigenistas, y Lituma en los Andes y Un lugar llamado Oreja de Perro, sí. Estoy de acuerdo.
     Esta ideología literaria, que probablemente tenga sus raíces en los postulados de Hippolyte Taine de hace ciento cincuenta años, no suele considerar la literatura urbana o la innovación narrativa “andina” (sí, también hay innovación) que se hace en el “interior”. No se contemplan, no se leen, no existen, activadas justamente por estos prejuicios que predefinen su posición y valor narrativo. Una ordenación de este tipo, más que un sentido literario, tiene uno político, el de establecer y reforzar ciertas coordenadas de dominación cultural y social. Ya en la polémica entre Arguedas y Cortázar no tenía asidero (el mismo Cortázar reconoció  después, en privado, haberse equivocado), y ahora mucho menos. Sería tan absurdo como llamar escritores del “interior” y asignarles un supuesto margen narrativo, al argentino Juan José Saer y hoy en día al mexicano Yuri Herrera.
    Pero como en toda clasificación hay excepciones, la mirada ideologizada del artículo de Ampuero menciona algunas. Pareciera una cura en salud. Menciona el caso de Karina Pacheco y Christian Reynoso, a quienes ubica como andinos o del “interior”. ¿Sabe Ampuero que la cusqueña Pacheco y el puñeno Reynoso vivieron en Madrid y paran viajando por el mundo? Pero, claro, son provincianos, y por ello solo ingresan (a la Generación Post y al canon) como una excepción, ya que pertenecen a una región codificada y mapeada como margen de antemano.
    Me pregunto si Modiano (que escribe casi siempre sobre los mismos barrios parisinos) o  el magnífico Sebald (ya ido, y que escribió mucho sobre el campo y pequeñas aldeas) le dijeran a Fernando Ampuero (yo sé que no lo harían, pero hagamos un ejercicio de ficción) desde París o Norwich: «¡Hey, tú, escritor andino o provinciano del mundo [porque, ese es otro prejuicio, el de “la literatura mundial”], qué tanto escribes de tus barrios limeños!» Pues sería un desacierto porque es un escritor ciudadano del mundo como cualquier otro, como Karina Pacheco y Christian Reynoso, como Carlos Herrera, Dino Jurado, Fátima Carrasco, Yuri Vásquez, Juan Pablo Heredia, Goyo Torres, Zoila Vega, Rosario Cardeña u Orlando Mazeyra (de más y menos de 40, solo de Arequipa, ¡tantas excepciones!), y como muchos otros, que también son escritores peruanos y punto.
    Hay una línea de base que comparto con Fernando Ampuero (creo entender el lado más noble que anima estas cartografías): la narrativa peruana está pasando por un gran momento en el que surgen distintas y no tan distintas pero renovadas propuestas narrativas. Pues bien, esta riqueza de los modos de narrar, de la incursión narrativa en la representación, reflexión, interrogación del mundo, requiere también de una crítica y comentarios que aporten comprensión e inteligencia. Que se funden en criterios de apertura y no de confrontación, de razonamiento y no de prejuicio, de soportes verbales que operen como prisma y no como espejo. 

 Fuente: El Comercio