2017/10/09

Fernando de Szyszlo Valdelomar (1925-2017)

No quiero ponerle título a este cuadro. Quiero que me hable él mismo y me diga su nombre. Estoy buscando su voz entre las formas. Sé que ya lo he acabado y está frente a mí, mirándome. A veces pasa con los animales, sobre todo con los perros. Si tienes cierta relación con tu perro, verás que en algunos momentos se sienta frente a ti atentamente, quizá con esa especie de sonrisa con la que miran a su dueño. Y si lo miras tú a los ojos puedes sentir que, en ocasiones, está a punto de hablar. Esa expresión que tiene una persona cuando va a contarte algo importante, sin decidirse todavía. Al final, el perro desiste. Como si, en realidad, no valiera la pena hablar. Como si, después de todo, tampoco fuera tan importante eso que iba a decir. Y entonces quita la mirada, se va, vuelve a actuar como de costumbre, pidiéndote algo, o simplemente echándose a tu lado. Cuántas veces habría sido mejor no haber dicho ciertas cosas. Si uno tuviera que romper ciertos límites difíciles antes de cada frase se habrían dicho muchas menos estupideces en la vida. Habría menos conflictos, peleas y guerras. Menos dolor.

Fernando de Szyszlo Valdelomar, La vida sin dueño

El planeta Trilafon y su ubicación respecto a Lo Malo

"Llevo tomando antidepresivos, no sé, un año ya, y supongo que me siento bastante cualificado para explicar cómo son. Están bien, de verdad, pero están bien igual que, por ejemplo, estaría bien vivir en otro planeta que fuera cálido y cómodo y tuviera comida y agua fresca: no es un mal sitio para vivir, pero tampoco es la Tierra de toda la vida, obviamente. Yo ya hace casi un año que no estoy en la Tierra, porque en la Tierra las cosas no me iban muy bien. Me van un poco mejor en el sitio donde estoy ahora, en el planeta Trilafon, y supongo que es una buena noticia para todos los implicados." (D.F.W.)

2017/10/05

Menos mal que (no) está el Pipita...

Luego de fallarse goles hechos ante Alemania y Chile le dedicaron este meme a Gonzalo Higuaín.
Primer tiempo
Hace un año (para ser exactos, el 6 de octubre de 2016) estaba en una tribuna popular del estadio Nacional viendo un intenso partido Perú-Argentina con mi amigo Aldo Medina.
Él, que sabe que soy ferviente seguidor del fútbol argentino –yo había estado el año 2015 en el Camp Nou viendo a Mascherano y a Messi–, me dijo, con tonito cachaciento:
–Menos mal que lo pusieron al “Pipita” Higuaín.
–¿Por qué?
–Porque no le hace gol ni al arcoíris…
Ni bien terminó de lanzar su pachotada, ambos vimos cómo Higuaín entró al área y con la categoría de los grandes definió ante la apresurada salida de Pedro Gallese.
Así son los cracks: aparecen cuando menos se los espera. Ahí nomás: a unos cincuenta pasos de nosotros parecía que Argentina nos ganaba otra vez (Perú no le gana en Lima a Argentina desde 1985 y jamás le ganó en Buenos Aires, por eliminatorias). Pero apareció el mejor delantero peruano que yo, modestamente, he visto: Paolo Guerrero. 
Al final del partido ya no hablábamos de Higuaín, ni de Mascherano (que tuvo un error grosero y provocó el segundo peruano de penal), ni de la ausencia de Messi; hablábamos de cómo la bajaba de pecho Paolo Guerrero.
Al día siguiente, por la noche, presenté un libro en la librería El Virrey y les dije que lo único que me interesaba escribir era sobre cómo dominaba el balón Guerrero: que luego hizo lo mismo contra Uruguay: ponerse en “Modo Avión”, ingresar al área, controlar el balón y hacer parecer un marcador amateur al capitán uruguayo Diego Godín.
Hoy, en la mítica Bombonera de Buenos Aires (el patio de la casa de Juan Román Riquelme), no estará el “Pipita”, tampoco Agüero. Argentina colectivamente es muy pobre para los nombres que tiene porque, está claro, individualmente están por lejos por encima del resto con Brasil.
El único peruano que jugaría hoy en Argentina –o Brasil o Uruguay– sería Paolo Guerrero. Los demás, no. En la previa lo sensato sería firmar el empate, pero los desbordes y la ilusión generados hacen creer en un triunfo histórico.

Segundo tiempo
Esta es la última fecha doble: son dos tiempos o dos partidos. Todo se define en Lima contra Colombia. Y precisamente, antes del Perú-Argentina del año pasado, estuve en el Perú-Colombia del 2012, clasificatorio para Brasil 2014. Otra vez en la tribuna popular, y otra vez con mi amigo del cole Aldo Medina, que siempre me acoge cada vez que paso por Lima. Parecía que se podía pero Farfán comió algo (o hizo algo) y no arrancó. Había un clima anómalo. Al final apareció un chibolo llamado James Rodríguez a quien no conocía, la verdad. Hoy es un crack de Bayern Munich.

Tiempo extra
Respeto el entusiasmo de muchos peruanos. De la prensa deportiva ya nada me sorprende: las portadas de siempre, como hace veinte años. No hubo la hostilidad de Santiago en Chile en 1997. Pero está Messi, que es el mejor del mundo, y yo firmo el empate. Aunque en realidad quisiera que la tabla se quedara inmutable. Acá se sueña con ir al Mundial dejando fuera a Argentina. Yo creo que la nota va por otro lado: dejar afuera a Chile. Difícil pero posible.




2017/09/30

Profe Juan Reynoso: Melgar y Arequipa se lo agradecen

Juan Máximo Reynoso Guzmán llegó a Melgar el 2014. Fue campeón nacional el 2015 y subcampeón del 2016, sin perder en ninguna de las dos finales.
Se va nomás nuestro entrenador: Juan Máximo Reynoso Guzmán. Es el director ténico más exitoso de la historia del club rojinegro: Ganador del Clausura 2015, Campeón Nacional del año 2015, Subcampéón Nacional 2016 (sin perder en las finales ante Sporting Cristal) y Campeón del Torneo de Verano 2017, que clasificó a F.B.C. Melgar a la Pre-Libertadores de América del 2018. 
Pedí su cabeza luego de los papelones en la Sudamericana y, después, en la Libertadores (seis derrotas el año pasado). Le reclamé tantas rotaciones y otras cosas que no vienen al caso. Pero yo no soy entrenador, apenas un hincha más, que también supo defenderlo cuando, por ejemplo, ya pedían a Mosquera que terminó por las patas de los caballos en el Monumental de River: “van a extrañar a Reynoso”, les advertí y su salida marca el fin de una era: hay un antes y después de Juan Reynoso con el buzo de entrenador del club más grande del fútbol arequipeño.
Cuando era un corito que se dedicaba a jugar pelota en el parque de su barrio, la pregunta recurrente era: ¿podré, alguna vez, ver campeón a mi equipo? ¿Será posible que volvamos a jugar la Libertadores en Arequipa? 
Los primeros relatos que escribí en la época escolar iban de eso, mi primera pasión: el fútbol, mi equipo y, claro, la revista “El Gráfico” de Argentina que coleccionaba con devoción religiosa. Acabó mi infancia y también mi juventud. Me hice adulto. Sin embargo, el sueño seguía ahí, agazapado y expectante: ¿seré alguna vez campeón? En el 2014, llegó Reynoso con un proyecto no serio, sino serísimo. Apostó por Arequipa (luego sabríamos que tenía ancestros arequipeños). Aquella temporada fuimos los mejores del año y nos quedamos sin nada. El entrenador sabía que era un proyecto a largo plazo. Paciencia y mucho trabajo. Y así fue. Se vino el centenario, otro papelón en la Sudamericana y más insultos. El retorno de Cuesta y un equipo que nunca perdió en casa y castigó en Lima. Y era verdad: no quería que nadie me despertara. ¿Melgar campeón? ¡Putamadre! ¿Era posible tal cosa? Todavía sigo repitiendo mentalmente el gol de Cuesta y a todo el plantel (titulares y suplentes) agolpándose, rodeando a su entrenador, dándole las gracias y diciéndole que contra todo y contra todos se pudo. Y ahí está Fito, recordándome que hay personas que no voy a olvidar. Profe Reynoso, gracias por tanto. Usted está por encima de las mezquindades y, sobre todo, por encima de los giles que nunca van a la tribuna. Juan Máximo Reynoso ya está en lo más alto con Máximo Carrasco (el timonel de la gesta histórica del 81). Espero que vuelva siendo más grande y que mi equipo crezca tanto como usted.
Ya me imagino la primera frase que dirá cuando pegue la vuelta: “Cuando me fui, no me alejé”. Ojalá, Profe. Melgar y Arequipa (su segunda casa para siempre) le dan las gracias.


2017/09/05

Vuelve el Hay Festival Arequipa del 9 al 12 de noviembre

Dentro de dos meses vuelve el Hay Festival. En Arequipa la cita será del jueves 9 al domingo 12 de noviembre y -sin duda un gran acierto de los organizadores- se prolongará un día más para una fecha a realizarse en Cusco el lunes 13. Entonces, lo primero que hay que felicitar es este afán descentralizador del evento. El año pasado, por ejemplo, tuve la oportunidad de estar en Moquegua e Ilo, y la experiencia fue enriquecedora.

Personalmente, puedo decir que lo que más me alegra es la presencia de un narrador notable como el español Javier Cercas (1962), quien saltó a la palestra gracias a su famosa novela Soldados de Salamina (2001). Pero tiene otras entregas muy interesantes como la novela El impostor (2014) y su libro de ensayos El punto ciego (2016),  en donde se aproxima a las novelas que lo marcaron como lector y escritor y llega a la conclusión que la novela no es el género de las respuestas, sino el de las preguntas. Se trata, pues, de las conferencias que dictó en la Universidad de Oxford el año 2015. En la página de la Real Academia de la Lengua española pueden leer el magnífico y agudísimo ensayo que le dedica al novelista arequipeño: "La pregunta de Vargas Llosa", que aparece en el epílogo de la edición celebratoria de los cincuenta años de La ciudad y los perros.
Cercas llega a Arequipa con una nueva novela: El monarca de las sombras (2017).
También desde España llegará el periodista del diario madrileño El País Juan Cruz (1948), gran entrevistador y amante del fútbol y la literatura. Es uno de los más atentos lectores de la obra de Mario Vargas Llosa, a quien conoce muy bien y ha entrevistado infinidad de veces.
Entre los representantes peruanos destaca el narrador Edgardo Rivera Martínez (1933), autor de la ambiciosa novela País de Jauja, quien vuelve luego de muchos años a Arequipa luego de su presencia en la desaparecida FIL Arequipa.
Asimismo vuelve Renato Cisneros, un auténtico y merecido éxito de ventas con ese libro que hibrida la novela con el reportaje La distancia que nos separa (y que acaba de publicar una novela que puede leer como la precuela del libro donde aborda la relación con su padre: Dejarás la tierra, un título sugerido por Alberto Fuguet).
Vale la pena resaltar la presencia de Katya Adaui quien, luego de una maestría en Escritura Creativa en la Universidad Tres de Febrero de Buenos Aires, ha publicado un conjunto de narraciones titulado Aquí hay icebergs. Hacía mucho tiempo que no leía un libro con relatos tan originales y logrados. Hay que leerla.
Otro autor de primera fila que llega es el holandés Cees Noteboom (1933) cuya prolífica obra ha hecho que sea voceado, año a año, como candidato al premio Nobel de Literatura (él bromea al respecto de que se lo darían por “causas humanitarias”, pero de ocurrir, afirma, se pondría a llorar).
Sin duda, la lista es bastante larga: son más de un centenar de invitados provenientes de más de 20 países. Podemos citar a la argentina Claudia Piñeiro, a la mexicana Guadalupe Nettel, a la peruana Carmen Ollé.
Hay quienes se preguntan por qué todavía no viene al Hay Festival el arequipeño universal, yo les recuerdo que el culpable de que tengamos este evento es él. Y, como cada año, hay que darle las gracias.

Esperamos, eso sí, que para las siguientes versiones se tengan en cuenta a más narradores que no sean sólo de la capital.



2017/08/17

Conversatorio sobre Mario Vargas Llosa en la Librería SBS


El sábado 19 de agosto, a las seis de la tarde, participaré en el Conversatorio "Influencia del escritor Mario Vargas Llosa en la literatura", que se llevará a cabo en la Librería SBS Arequipa de la calle San Francisco 125 del Cercado de Arequipa.
Están todos cordialmente invitados. 
El ingreso es libre.

2017/08/09

Contra todo y contra todos: somos F.B.C. Melgar, somos Arequipa.


–Somos once contra once.
–Sigue hablando, idiota…

A ver, lo de Deportivo Municipal no es nuevo: es reincidencia. El año pasado, Lavandeira se agarraba los testículos mirando a la tribuna. Él no fue el único que provocó. Vienen predispuestos a causar problemas. Ahora Ameli se desubica, provoca a Reynoso. Tratan de calmarlo y nada. Viene Rabanal, a toda velocidad, con el codo por lo alto para atacar a Ortega y éste, ante la agresión, responde. ¿Eso no haría cualquiera?
Pregunto: ¿les parece que da para 12 meses de sanción a Ortega y que a Rabanal sólo lo suspendan 3 fechas?
Esto es un circo. El dueño –los dueños, esos mismos que juran que Perú puede ir al Mundial ganando en mesa– del circo ya sacó de carrera a Garcilaso para que campeone Alianza Mesa y ahora, con semejante decisión, está sacando a Ortega del cargo. Están dejando a Reynoso sin mano derecha para que se vaya. Así es la nuez. Mejor que armen un cuadrangular en la capital con puro equipo limeño. Sería más honesto… como al comienzo, cuando sólo jugaban entre ellos.
Repudio a la gente del Deportivo Municipal (“serranos de mierda”, nos dicen desde la cancha) y a la Comisión de Justicia que, una vez más, nos recuerdan cómo son los equipos limeños. Y luego tienen la concha de hablar de insultos racistas.



2017/07/20

CUESTA VS. HERRERA: LA (PEQUEÑA) GRAN DIFERENCIA

Cuesta y Herrera: muchos soñamos con verlos jugar juntos. No se pudo.

Para empezar: siempre defendí a Emanuel Herrera de los criticones (los “tecleros”, que son legión, y también los que lo insultaban, a grito pelado, desde la tribuna). De arranque, lo comparaban con Cuesta y, como es obvio, son distintos: empezando por la presencia física de Emanuel. Cuesta era más despliegue y sacrificio: delantero y obrero. Herrera es el goleador del equipo y del torneo, todos los rivales lo miraban –lo siguen viendo– con respeto y envidia. No obstante, con esta salida, por las patas de los caballos, se me cayó. Eso –hablo de mi decepción– no le resta un solo gol, sobre todo el de la final contra U.T.C. que nos llevó, luego del suplementario, a los penales y a ganar el Torneo de Verano (también marcó de penal en la definición inolvidable por el golazo de “CrackChete”).
Otra cosa: soy de los poquísimos –hablen, otra vez, “tecleros”– que lo vi jugar por última vez con la rojinegra, el domingo pasado contra el Unión Comercio: jugó bien y marcó un golazo. Fue el último con la rojinegra. Lo grité desde la grada, sin saber que luego le faltaría el respeto a la institución que apostó por él. Porque sí, le ha faltado el respeto. Nadie sabe en dónde está.
Ojo, no creo que su representante, el señor Ronald Baroni, no sepa nada (como mintió durante los últimos días). Y, tampoco creo que sea gratuito que lo bajen del barco del Dominó justo antes de un partido clave ante los de Ate en la capital. Piensa mal y acertarás.
Está el hincha que dice que no hay que ser mezquinos, que tiene derecho a irse a una liga de mucho más nivel, como la mexicana, para crecer futbolísticamente y, cómo no, ganar mucho más de lo que le ofrecía Melgar. En parte, tienen razón. Pero uno no se puede ir de un equipo cuando le dé la gana y menos en el tramo final del campeonato. Así no es, Herrera, por más goleador que seas (y que lo seguirás siendo). Y Juan Reynoso debe estar echando humo porque él, tan rígido que es, se habrá sentido traicionado por el 9 en el que confió (Baroni se lo ofreció primero a Cristal, y los pavos no mostraron interés; en cambio, Reynoso, que le había seguido la pista en México, sí creyó en él, pero el sabor final es agridulce, ¡qué lástima!, cuando tenía todo para irse por la puerta grande).
Melgar está en emergencia -dando por descontado a Omar Fernández como titular indiscutible-, porque Zúñiga, con lo crack y legendario que es, está para jugar 45 o a lo mucho 60 minutos, pues los años no pasan en vano. José Carlos Fernández no anda bien y, al parecer, se va al final del Apertura. Daniel Chávez nunca cuajó (es otro de los que se irían) y del “Zorrito” Aguirre sólo pude ver chispazos y empeño. Nada más.
F.B.C. Melgar apura el retorno de Cuesta pero algo le juega en contra: Sporting Cristal y el padre del goleador. Sí, el padre de #BC9, que es su representante, está pensando más en los billetes y los celestes, como es obvio, están poniendo más dinero sobre la mesa.
Bernardo Cuesta, a diferencia de Emanuel Herrera, sí siente la camiseta y la ciudad es como su casa. Acá siempre tendrá las puertas abiertas y la cinta de capitán (cuando no juega Cachete el capitán natural es Cuesta, se lo ganó solito). Cuesta sí está identificado y, como ya lo dijo Reynoso, cuando Bernardo se fue a Barranquilla: Melgar pierde más en lo humano que en lo deportivo.
Tenemos que recuperar a un líder. Esa es la (pequeña) gran diferencia entre Herrera y Cuesta: liderazgo y compromiso hartamente demostrados por parte de #BC9. Ojalá así sea.
En resumen: Melgar pierde mucho en el ataque con la partida de Herrera pero gana en lo humano con el retorno del hijo pródigo. Haciendo las sumas y restas, salimos ganando, no me cabe la menor duda: sólo falta que Cuesta decida bien.



2017/07/18

¿Por qué leemos?


Según mi entender, en la actualidad leemos principalmente por los siguientes motivos: uno, para escapar de nosotros mismos; dos, para armarnos contra peligros reales o imaginarios; tres, para «mantenernos a la altura» de nuestros vecinos o para impresionarles, lo cual es lo mismo; cuatro, para saber lo que pasa en el mundo; cinco, para entretenernos, lo que significa ser estimulados a una actividad mayor y superior, y a una existencia más rica. Podríamos agregar otras razones, pero estas cinco me parecen las principales, y las he consignado por orden de importancia “actual”, según creo conocer a mis semejantes. No hace falta reflexionar mucho para llegar a la conclusión de que si fuésemos correctos con nosotros mismos y todo marchase bien en el mundo, la única razón válida, la que tiene menor importancia en el presente, sería la última.

Henry Miller, Leer en el retrete

2017/06/15

AREQUIPA IMAGINADA: del 5 al 9 de julio


Entre el 05 y el 09 de julio, Arequipa será la protagonista de la primera edición de Arequipa Imaginada: recorrido de autores peruanos en Arequipa un proyecto del Ministerio de Cultura que forma parte de “Perú Imaginado”, programa de recorridos para escritores en el Perú.
El proyecto que tiene como principal objetivo visibilizar y promocionar el acervo literario de Arequipa, consiste en una residencia de cinco días de ocho escritores peruanos menores de cuarenta años en la que se llevará a cabo un itinerario literario elaborado por los escritores y gestores arequipeños Katherine Medina y Orlando Mazeyra. Los autores invitados en esta primera edición son Lissett Orihuela (Ayacucho), Diego Rojas Acosta (Chimbote), Pavel Ugarte (Cusco), Patrick Pareja (Iquitos), Karina Valcárcel (Lima), Jesús Tadeo Palacios (Piura), Alexander Hilasaca (Puno) y Karina Bocanegra (Trujillo).
Durante su estadía, los autores invitados recorrerán el Centro Histórico (Patrimonio Cultural de la Humanidad) en donde se ubica la tradicional Plaza de San Francisco o los callejones del barrio de San Lázaro; los distritos de Cayma y Yanahuara, con sus calles tradicionales y sus picanterías; el distrito José Luis Bustamante y Rivero en donde se ubica el histórico cementerio general de La Apacheta; y el distrito de Miraflores, entre otros puntos. Así, a través de estos itinerarios, conocerán el acervo literario de esta ciudad cuna e inspiración de Oswaldo Reynoso, Mario Vargas Llosa, Teresa Ruiz Rosas, Carlos Cornejo-Roselló, Rosa Núñez, Yuri Vásquez, entre otros.
Adicionalmente, se organizarán mesas redondas abiertas al público, encuentros en donde los escritores invitados podrán tener contacto con los y las habitantes para dialogar sobre diversos temas, como el papel de las ciudades en la producción literaria, la relación entre literatura y ciudad, literatura y migración, entre otros. Dichos encuentros serán, además, una buena oportunidad para que los escritores intercambien experiencias y dialoguen en torno a la creación literaria en nuestro país.
A partir de estos itinerarios y después del recorrido, los escritores devolverán su visión de Arequipa Literaria en textos de su propia creación, los mismos que luego serán recopilados en un libro, producto literario de este encuentro. En este sentido, otro de los objetivos centrales del evento es estimular la revisión de los aspectos literarios que integran el espíritu de la Ciudad Blanca.
La inauguración del evento será el día miércoles 05 de julio a las 18:00 hrs. en la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa. Las mesas redondas iniciarán ese mismo días y se realizarán en diversos centros culturales de la ciudad a las 19:00 hrs. Tras estas mesas se desarrollarán una serie de lecturas públicas en lugares aledaños. Finalmente, durante la estadía de los escritores se coordinarán reuniones de negocios entre los autores invitados y las editoriales del medio con el fin de promover la bibliodiversidad. 

Para más información, visite la página de “Perú Imaginado: Programa de Recorridos de autores por ciudades peruanas”:  https://www.facebook.com/PeruImaginado/.

2017/04/02

Un mundo nuevo: The Walking Dead


Después de una temporada que, con escasos puntos altos, me resultaba decepcionante, hoy The Walking Dead se reivindica y cierra con un episodio sobrecogedor, emotivo, realmente hermoso. El diálogo premonitorio entre Abraham y Sasha. El sacrificio de esta última (la escena de ella encerrada en un cajón fúnebre escuchando música seleccionada por Eugene, antes de quitarse la vida, es inolvidable). El mensaje de Rick a Negan cuando todo parecía a punto de terminar (con él o con su hijo, quizá ambos). Las palabras de Maggie, recordando a Glenn pero también siguiendo el mensaje de su padre, el gran Hershel: un repaso por cada temporada, por cada parada, empezando en Atlanta... vaya, estamos todos peleando por un mundo nuevo con Rick Grimes. Ésta es una serie formidable.

2017/03/06

A una semana del debut copero: mensaje a los hinchas de Melgar

Esta será nuestra cuarta participación en la CONMEBOL Libertadores de América.
Queda toda una semana por delante antes del esperado debut rojinegro en la Copa CONMEBOL Libertadores de América (martes 14 de marzo a las 5.30 de la tarde).
Ya no se trata de si estamos jugando bien o mal, o de mantener el invicto el fin de semana en el Callao.
No importa quién irá al arco o cuál es la defensa, volante o delantera que más nos convence.
Se trata de volcarnos masivamente al estadio Monumental Arequipa e intentar llenarlo por primera vez en el año: contagiemos este entusiasmo a los familiares y amigos.
No sólo juega Melgar, juega Arequipa.

No quejarse, entonces, por el precio de las entradas. Es el torneo americano más importante de clubes y tenemos que acostumbrarnos a jugarlo todos los años e ir creciendo. Creciendo en la cancha y fuera de ella. Adentro están cumpliendo (punteros e invictos), afuera (en la grada) estamos en deuda. 

2017/02/10

Orlando Mazeyra: el autor ante el abismo

OMG durante un taller en la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa.
El escritor y periodista Alfredo Herrera escribe en la revista venezolana Letralia sobre mi trabajo narrativo. Agradezco una lectura tan atenta.

La ciudad de Arequipa, al sur del Perú, es ahora una urbe metropolitana que alberga las historias de más de un millón de personas, con sus esperanzas y frustraciones y con los problemas propios de una capital agobiante que acaba de dejar en la historia sus cualidades de localidad tranquila, reposada, rodeada de un paisaje andino singular. Como cualquier otra ciudad, sus hijos y visitantes se han inspirado en su ambiente y personajes para manifestar su arte. Sin necesidad de mencionar, por ahora, a una larga lista de excepcionales artistas y pensadores, vale recordar que la denominada “ciudad blanca” es cuna de autores tan influyentes en la literatura peruana como Oswaldo Reynoso o Mario Vargas Llosa, de protagonistas de la historia nacional como el prócer y poeta Mariano Melgar, y de autores fundacionales de la novela peruana como María Nieves y Bustamante.
En las últimas décadas, luego de que entre las décadas ochenta y noventa del último siglo se manifestara una importante presencia de poetas, obteniendo premios nacionales y publicando libros de alta calidad, se ha producido un fenómeno que algunos críticos locales han denominado como un “petit boom” de la narrativa. Una nueva hornada de escritores ha publicado interesantes títulos de novela y cuento que han obligado a la crítica nacional a poner atención en el proceso. En este nuevo grupo de escritores destaca Orlando Mazeyra (1980), quien con cinco volúmenes de cuentos y relatos no sólo ha marcado una clara diferencia temática y formal con sus contemporáneos sino que además está en proceso de consolidarse en el ámbito narrativo nacional.  
Los dos últimos títulos de Mazeyra publicados casi al mismo tiempo, Bitácora del último de los veleros (Aletheya, 2016) e Instrucciones para saltar al abismo (Doce Ángulos, 2016), no sólo confirman que su proceso de aprendizaje literario está alcanzando niveles notables sino que además parece concretar una temática que ha sido común desde sus primeros relatos, no como un hilo conductor, sino como una fuente, una cantera de materia prima para crear su universo literario personal.
Varios autores peruanos, principalmente jóvenes, y seguramente como otro tanto de latinoamericanos, han publicado en los últimos años historias basadas en sus propias experiencias vitales, sin llegar a la autobiografía, en lo que se ha dado en denominar equivocadamente “autoficción”. En estricto este término resulta incoherente y la técnica no es nueva. Casi todos los autores han volcado en sus páginas de ficción hechos de su propia vida, ya sea a través de un personaje álter ego o prestándoles a sus personajes anécdotas, nombres, fechas o características de su propia personalidad. Nadie puede hacer “autoficción”, si quisiéramos acuñar un concepto para explicar una historia fabulada de una propia experiencia real, pues la ficción es eso, fábula, falsedad, mentira, o ambigüedad, que son a su vez algunos de los elementos básicos de la novela. En todo caso, como Onetti o García Márquez, el autor se convierte en un supremo creador de personajes que a su vez crean mundos y personajes en el ámbito de la literatura: la ficción.
Pero la experiencia vital es una buena y efectiva fuente de inspiración. Mazeyra ha visto en su propia experiencia una rica veta de anécdotas que fácilmente parecen poder saltar de la realidad a la ficción. El personaje Orlando Mazeyra pasea sus demonios, alegrías y desgracias a través de sus relatos y se encuentra con sus padres, amigos y novias, desahoga sus desgracias, resuelve sus frustraciones y supera sus infortunios. Los relatos, breves en general, llevan una carga dramática que linda con la tragedia, contagiando en el lector una emoción pesada, violenta, pero que no lo lleva a identificarse con el personaje, sino a sentir, como él, lástima y pesadumbre.
Mazeyra ha hecho de sí mismo un antihéroe literario. Su mundo narrativo es cerrado, se circunscribe a la familia y amigos, no crea mundos paralelos ni ámbitos abiertos donde los personajes puedan explayarse o experimentar otros panoramas, pero esto no es negativo, el espíritu introvertido del personaje así lo requiere, no podría resolver su vida en un espacio más amplio. El anecdotario parece inacabable: el recuerdo de un profesor de la escuela genera un cuento, de la misma manera que la actitud de su padre respecto a un insulto o una frase escuchada en el trabajo o la experiencia íntima del consumo de drogas y alcohol.
Y de aquí se desprende otra característica de la temática de Mazeyra que se explica por los títulos de sus libros: la cercanía del suicidio. Tanto en Bitácora como en Instrucciones el personaje Mazeyra, cargado de males y desgracias, entre ellos el ser escritor, está siempre cerca del desenlace fatal. Toca fondo e intenta salir de las drogas, el alcohol, la depresión, la frustración y las malas relaciones con sus padres; atormentado por un amor perdido precisamente por no poder superar o sortear estos males, deambula de un suceso a otro y se enfrenta a la decisión final, pero algo sucede que desvía sus intenciones, aunque no se sabe si para bien o para mal. Esta fatalidad se ilustra en uno de los relatos en que un personaje se burla del amigo Mazeyra jugando con su apellido y llamándolo “Miseria”. Y tal vez esta sea la palabra que mejor ilustre el espíritu humano de Mazeyra autor, abrumado por el albur de su personaje Mazeyra.
Pero este “traslado” de la anécdota real a la ficción no sería posible si Orlando Mazeyra no dominara el lenguaje, o por lo menos no alcanzara a ordenar y adecuar su lenguaje para estructurar y desarrollar sus historias. Su propuesta formal parece sencilla: un inicio inquietante, un conflicto cotidiano con tensiones violentas y un desenlace imprevisto. El personaje Mazeyra adopta la primera persona para manifestar su trance, lo que da al relato una fuerza que rápidamente contagia al lector el drama. Acierto técnico del autor para establecer una relación emotiva entre personaje, lector y autor.
Mazeyra no es un autor oscuro ni subterráneo, tampoco indaga en los vericuetos de la condición humana, pero la muestra y la cuestiona, y de esta manera manifiesta su cuestionamiento a la realidad, al sistema en el que se desenvuelve. Esta temática se une a sus anteriores títulos, que en conjunto ilustran el espíritu de su narrativa: Urgente: necesito un retazo de felicidad (2007), La prosperidad reclusa (2009) y Mi familia y otras miserias (2013).
Pero Mazeyra es un autor violento, que, parafraseando a Cortázar, rápidamente te arrincona contra las cuerdas y golpea hasta dejarte tambaleando. De seguro que pronto la “fama” de chico malo de la literatura que Mazeyra parece construir traspasará fronteras; por lo pronto, algunos lectores que hacen listas y críticos que elaboran su ranking anual, han coincidido en calificar los libros de Orlando Mazeyra entre los más importantes publicados en el año que acaba de pasar.

Fuente: Letralia
http://letralia.com/ciudad-letralia/el-barco-ebrio/2017/02/06/orlando-mazeyra-el-autor-ante-el-abismo/


2016/12/30

Jordan Martín Jáuregui Meza escribe sobre mis libros



No tengo una formación literaria muy rica, sino deficiente todavía, y en muchos sentidos me siento algo indigno de estar sentado con ustedes. Pero escribo, soluciono mis asuntos escribiendo. No creo que sea un talento, ni una virtud; es lo que haces cuando ya no queda más, el último escrito ingresado al juzgado, en un caso perdido. Se escribe por urgencia, como el único recurso que te queda frente a los problemas, escribes por defecto.
Nos conocemos hace casi 10 años, cuando salía del colegio. Me diste ese pequeño retazo de felicidad, cuando era un monstruo pajero y nada querible. Siento amor por ti. Creo que conozco la locura, pero hasta de eso tengo que dudar. Enfermos mentales, sí, pero incluso de ese adjetivo dudo. Ellos sólo tienen otra postura frente a esta realidad. Lo que sí conozco es una cosa, enorme y triste, que no te deja ser libre ―y tratas de entenderla, o domesticarla, con palabras; «pero hace falta más para comprender la muerte»[1]. Escribes, como yo (disculpa el atrevimiento) que jalé los exámenes de taquigrafía en la primaria; pero uno aprende cuando necesita hacerlo. Hay trabajos de mierda donde sólo quieres estar por tener una computadora a la mano, para seguir escribiendo, porque has empeñado la tuya para pagar tus vicios. Se cuelga, no guardaste lo que habías avanzado. El autoguardado no lo salva todo. Entonces es como si se cortara la luz en plena cirugía al corazón. La máquina vuelve a funcionar y tienes que ser cirujano mental-emocional para reconstruir aquello que habías estado curando en la pantalla. Llevas la vida de Kafka, pero no tienes su talento, como decía un profe. Igual, sigues en esa oficina. Eres un «bucle, un algoritmo vergonzante»[2]. Estás programado para hacer todos los días la misma cosa. Eres el marginal, el excéntrico, el inútil de la familia. Escribir no es mi vocación, es mi defecto. No puedes evitarlo. El tiempo se te va de las manos con tantos trabajos «sensatos», el tiempo ―y las lágrimas― también. 
Me jode aceptarlo, y espero que lo tomes a bien: te veo como a mi hermano mayor, pero más defectuoso, porque escribes. Y disculpa que confunda la ficción con los hechos, pero, como en tus historias, mi flaca también fue una prostituta que se enamoró de mí, y me regaló un libro de Paulo Coelho que terminó por gustarme, aunque sea pecado decir algo así en este lugar. Narraba la relación entre un artista y una puta. Pero ella terminó enamorada de Henry Miller, y espero que nunca más vuelva a leer a ese señor.
Para mí todo comenzó en la universidad, con profesores que me hicieron más tolerante, donde conocí a Mariátegui y la marihuana. Me dijeron que allí no podían entrar los tombos. Sin embargo, siempre está la policía de la mente, que manda tus crímenes al olvido. Fumas o tomas, y ruegas, que si están muriendo neuronas, que sean las que te hacen mal. Chocas la camioneta de tu viejo, incluso queda volteada de cabeza en medio de la calle. Te salvan los air-bags. Llegan unos indios de mierda, con sus cámaras y micrófonos a hacerte preguntas cojudas; cuando sientes que estás vivo porque eres el hijo favorito de Dios. Te llega al pincho su micro, su filtro, su vida. Ya se olvidarán de ti. Sacrifícate en el papel para salvarnos de nuestras miserias. Saca al demonio de la oscuridad. No lo venceremos así, pero sabremos dónde atacarlo cuando regrese. Las verdades amargan, luego liberan, y al final desconciertan. Benditos sean tus despreciables personajes. A veces busco cualquier trabajo en el periódico, ni siquiera es la urgencia de dinero, sino para tener un horario, una responsabilidad, un compromiso que me aleje de la muerte: vendiendo chocolate caliente por la calle, o haciendo delivery para una pizzería. Cuánto quisiera encontrar ese aviso que diga URGENTE: Necesito un retazo de felicidad. Quien esté en condiciones de ayudarme, por favor llame. 
Una canción de Calamaro pregunta ¿Cuál es la verdadera libertad? Es eso que conoce el preso, o es una forma de practicar la verdad salvaje, de ponerse el único traje, porque no hay ninguna fiesta, o de organizar una protesta violenta contra la vida lenta. Espero no haber hecho mal a nadie, necesitaba ser libre. Puedo soportar el dolor, pero no el vacío; es algo que te arranca la carne de los huesos. Es lo que tienes afuera del teatro de la vida, sales y no sabes cómo volver. Si regresas sólo encuentras las cosas de las que escapaste, y querías olvidar, prefieres la nada. Te leen, y ellos hacen funcionar el circo sin ti. Sigues viviendo, construyendo nuevos escenarios, rodeando al viejo teatro abarrotado, o lejos de él, donde ya nadie pueda reconocerte. 
Los hijos de puta y las putas madres, te están agradecidos por intentar comprenderlos un poco. Son personas como todos, incluso no sospecharías quiénes; salvo que los reconozcas por la valentía que tienen cada día para sonreír, dar amor, y ser lo que sea menos cobardes. Tras la puerta, antes del vacío; puede estar el psiquiatra, o la persona que amas. No los puedes ver, en medio tu violenta desesperación. Quieres matar a toda tu familia, comenzando, o terminando, por ti. Eliminarla de la humanidad estaría mejor. Matémonos ya. No soporto ser parte de esta célula cancerígena de la sociedad. No encuentras cómo cerrar las puertas del infierno ¿Quién puede, además? Sientes la multitud protestar en tu cabeza, los llamas delincuentes; y los haces callar. Siempre regresan, son tu defecto. No te atreves a amarlos y ordenarlos, aunque estén adentro tuyo. No puedes amar a nadie así. Ya ni siquiera odias lo que ves en el espejo, simplemente ya no lo reconoces. «Todos los que no queremos prosperar somos inocentes»[3]. Hay que matar para llegar la muerte verdadera, la que duele y perdona. No la del suicida, sino la que se vive. El amor, para ser completo, también tiene que dañar; su arte es su equilibrio. Lo único que tiene un escritor para enfrentarse al mundo son sus palabras, por eso estas deben tener el valor y la fuerza para enfrentar lo peor, o sea, a sí mismo. Será entonces cuando ya no tengas secretos. 
En tus historias[4] al fin encuentro algo de amor, el coro de voces, buscando entenderse y definirse. Incluso el fetiche más oscuro puede formar parte del amor más puro, como el oxígeno inflamable. Tú tienes que darle sentido a las cosas. Enamorarse de una puta, amarla bien, como madre de tus hijos. Ése tipo de cosas puras, inocentes, totales, que nos enfrentan en la lectura y nos preparan para una vida de putamadre. 
Tú eres la máquina de escribir, lanzándonte como un Kamikaze contra lo que te toque enfrentar: Una madre que ame hasta la muerte, el temor a nadar en el mar de la locura, las cartas urgentes, el padre obsceno, la muerte perdurante de la pasión, la endogamia, lo imposible. Tienes que morir funcionando. La vejez mata, y por eso también perdona, hasta lo más sórdido de ese padre puede ser redimido por el paso del tiempo.
Talento perdido es lo que sobra en algunas Facultades de Derecho, en el goce de la libertad, en cada mensaje que enviaste y borraste de la bandeja de entrada, en la «estólida vanidad que dan los premios a quienes no estamos preparados para ellos»[5]. La enfermedad es tu talento, para vivir mirando a la muerte. 
Al otro lado siempre están los sueños, incluso el eterno. Es lógico morir por llegar allí. En Bitácora de los últimos veleros, comienzas invocando mi sexo confuso, y mi piel oscura. Una habitación se convierte en catedral de voces e imágenes. La ira de este inútil que quiere ser abogado, para tener un hijo escritor. Renuncio a un sueño vano, por la prosperidad de ganarme la vida escribiendo demandas. 
Soy Zico, el perro chusco ―el que las niñas bonitas, de las residenciales enrejadas, espantan; asqueadas de que me acerque a las perritas de raza que ellas sacan a pasear, a sus hermosos parques. He sido una rata llena de tumores y odio, un ser al que nadie podría querer. Eso, y un ángel de armadura sagrada, en la que rebotaba el odio, y el dolor. He sido un perro entrenado para atacar. He tenido que matar perros muy amados, viendo la vida apagarse en sus ojos. Nunca he visto una corrida de toros, pero estoy seguro de que hay algo muy importante para los hombres, al enfrentarse con una bestia; aunque sea en un combate decoroso y arreglado. No estoy seguro de lo que soy, ni donde estoy ahora; sólo de que todavía puedo caminar sobre dos piernas, y que tengo manos para hacerme humano, mientras pueda.
Escribes y ordenas. Lo arreglas por amor. Escribes para amar. No recolectamos especímenes, los amamos con palabras impresas desde las venas. Lucho Hernández decía conocer muy bien a las personas, tanto, que a veces sentía ganas de pegarles. Suena gangsteril, pero es así. Escribiendo te planteas problemas que de otra forma no puedes resolver. Hay gente que se aventura al mar sin un cuaderno de bitácora. Por lo que nunca pueden ordenar lo que vivieron en el viaje. De pronto, al llegar a un nuevo continente, aterradores monstruos marinos brotan de sus bolsillos; sin que nadie dé explicación. Tal vez buscan volver al mar, quién sabe si esta vez con un cuaderno, o no. Recomiendo mucho el uso de estos, sobre todo si tienen tapas de color azul. 
Después de cualquier historia, larga o corta, tormentosa o apacible; pero por fin terminada… lo que mejor que puede seguir no es el reconocimiento, ni la fama; sino una página en blanco. Una que te horrorice, o te motive. Un nuevo vacío contra ti, que tenga a la máquina de escribir, de vivir, funcionando. La relación que tienes con tu padre me conmueve más que todo el lamento por Micaela. Esa admiración por una peculiar idea de la decencia, que te define en tu lucha y encuentro con él. Al final, reconocemos la que nuestros padres tuvieron en nuestros ideales, aquellos que también fueron los suyos; y no es sino a través de ella, que la vida les da la posibilidad de alcanzarlos. Pero ahí estamos nosotros, para mandarlo todo a la mierda, y comenzar  a decepcionarlos; diciéndoles que no somos como ellos, sino que por ellos, nosotros no queremos ser padres. Leyendo más entre líneas, lo perdonas y aceptas lo que te negaste. Ya ha llegado tu edad de ser padre, de ti mismo, aunque sea. Por algo hay que comenzar. Hace poco vi una obra de teatro, en TVPerú: Cuerdas. Entendí que el hijo pródigo era el que termina teniendo la gracia, o el «defecto» del padre. El Código Civil define al hijo pródigo como aquel que ha perdido todos sus bienes sin control. Mi papá es ingeniero químico, pero siempre ha sido taxista. Todos mis tíos murieron alcohólicos, sólo él estudió, y sigue vivo. No está aquí. No crecí con él. Pero cuando estaba en el mejor colegio que pudo pagar mi madre, dirigí un boletín literario llamado «Taxi». Taxiar es una de las mejores maneras de lidiar con la soledad, y conocer infinidad de personajes. En estos últimos días he querido conocerlo más. Esta mañana estuve con él, redactando una carta notarial, contra unas personas que querían difamarlo. Y si me dejan seguir ventilando cosas personales, le cuento que mi hermano es policía motorizado y me regaló una moto. Creo que hizo algo malo para dármela. A veces quiero venderla, porque hay días en que no tengo ni para una combi. Amo caminar, cruzando de extremo a extremo la ciudad. A veces quiero venderla, pero es tan barata… y es lo una de las pocas cosas que me unen con él. 
Afirmas que el fantasma de tu escritura ―la historia en proceso― te persigue como un engendro. Imagino que cuando terminas de escribir ―y lo ves formado― ya no te resulta tan incómodo, pero te resulta más monstruoso, aunque ya está completo. Ya no te seguirá. Ya se puede ir. Página en blanco, o párrafos rengos. Vacío, o mala compañía. Claudicar ante la realidad, y pintarla del color más tolerable. 
«Escribo porque me voy a morir».[6] Te mueres escribiendo odio. Las palabras del padre nos definen vértices, dobleces, «defectos», singularidades; que llevamos escritas como un San Benito. 

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[1] Frase de Urgente: necesito un retazo de felicidad. 
[2] El mismo libro. 
[3] La prosperidad reclusa, cuento del libro homónimo.
[4] En el mismo libro.  
[5] Talento perdido, «Ídem» 
[6] Afirmas en Bitácora de los últimos veleros.  



2016/12/10

Última llamada: homenaje a Oswaldo Reynoso

Oswaldo Reynoso (1931-2016)
Hoy, sábado 10 de diciembre, al mediodía (12.00 horas), le rendiremos un homenaje a Oswaldo Reynoso en la Sala Mariano Melgar de la UNSA (calle San Agustín). Recordemos que el año pasado Reynoso fue invitado al Hay Festival y visitó Arequipa por última vez.
Acá Última llamada, una nota-homenaje a mi querido amigo.

ÚLTIMA LLAMADA* 
Oswaldo Reynoso me llamó por teléfono aquella semana del mes de mayo para contarme que acababa de terminar un nuevo libro el título tentativo era Capricho en azul, pero que un editor capitalino lo estaba meciendo. No le llamaba la atención. Es más, de alguna forma le causaba satisfacción, pues él siempre había ido contracorriente: ateo sexual, narrador homosensual sí, homosensual, como se autodenominaba, callejero como nadie, marxista sin fisuras, cantinero pertinaz, maldito entre los más malditos, muy al estilo del Choro Plantado (uno de sus personajes de Los inocentes). Es decir, dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias.
Hace tiempo que no te leo. ¿Cómo estás?
Bien le mentí, no era necesario hablar de cosas desagradables. Todo bien.
Te noto medio ronco me dijo algo preocupado. ¿Cuándo vienes a Lima para almorzar en mi casa?
Espero que pronto respondí sin saber que nunca más volvería a verlo. Le he mandado a Ruhuan el primer borrador del libro
Otra vez publicaría en Arequipa para apoyar a la editorial de un joven estudiante de la Escuela de Literatura de la UNSA que Oswaldo había descrito en alguna de sus historias: «no es blanco ni fornido como los muchachos loncos de la campiña ni tiene rasgos europeos de los chocollos decentes de la ciudad. Es deslumbrantemente mestizo de tez gualda atemperada con delicados destellos de vainilla. Me dice que es arequipeño de segunda generación pues su abuelito por eso de la guerra interna tuvo que abandonar su pueblo ayacuchano famoso por sus contadores de cuentos y danzarines de tijeras situado en el límite con Arequipa. Se sonríe: Es el rostro de mi patria».
            Antes de colgar, hablamos de política y de la casi inevitable victoria de Keiko Fujimori en la segunda vuelta.  
         —Si esa desgracia ocurre, estoy pensando en formar parte de una tribu amazónica antes de morir, como la Machiguenga: ellos no tienen patria.
           Ahora recuerdo lo que le dijo su padre en su lecho de muerte: «Oswaldito, nunca te olvides de que yo muero sin patria». Fue para él muy doloroso, sin duda. Algo ha escrito sobre su visita juvenil a Tacna para conocer a sus ancestros, allí uno de sus tíos le contó que «en la década del veinte sus primos Reynoso Vigil, de diecisiete y diecinueve años, más o menos, vieron cómo una turba de soldados chilenos, vestidos de paisanos y haciéndose pasar como peruanos, saquearon la casa del doctor Basadre y le prendieron fuego. En este operativo, murió, por descuido, un oficial chileno. Cuando los altos mandos del ejército de ocupación se enteraron que estos jóvenes eran testigos de tal crimen, los secuestraron. Luego, los desaparecieron. Su madre no pudo soportar tal desgracia y murió de un paro cardíaco. Poco después, el padre falleció de pena. Por eso la  calle en la que vivían era conocida como Los Hermanos Reynoso».
            —¿Y sigue llevando ese nombre?
            —Durante la dictadura sangrienta de Fujimori no faltó un áulico que propuso cambiar el nombre de aquella calle por «Keiko Fujimori». Por fortuna, no prosperó esa vergonzosa iniciativa.
            «Quizá pronto ocurra», pienso para mis adentros y sé que Oswaldo fue el hermano mayor que no tuve. Pero también fue el hermano menor al que siempre tienes que acompañar y proteger porque sientes que nunca deja de ser inocente (porque comprendes que es más lábil y sensible que tú). Tuvo toda la razón Manuel Morales cuando le dijo: «hemos salido a la calle, a la cantina con radiola, al billar, al burdel, porque hemos comprendido que ha llegado la hora de desahuevar a la literatura peruana».
            Reynoso —compañero urgente, narrador subversivo— te desahueva con cariño, picardía, con jerga en estado puro que gracias a él se torna poética: te inicia, te jode, te inquieta, pero por sobre todas las cosas te seduce. Deja huella. Impronta. Te hace parte de su séquito de rebeldes, nocturnos y callejeros irredentos.
¿Cómo conocí su obra? Gracias a una de mis hermanas, quien solía robar libros de la biblioteca de los abuelos. Íbamos todos los domingos a donde la Mamá María y, luego del almuerzo, ella aprovechaba la siesta de la prole para escabullirse por los  cuartos de la añosa vivienda y accedía a la biblioteca donde uno podía encontrarse con Arguedas, Cortázar o Camus.
Cuando nos despedíamos de la Mamá María, mi hermana empezaba a leer en el coche los libros que había escondido entre su ropa. Recuerdo con nitidez aquella ocasión cuando la vi sostener dos novelas: El coronel no tiene quien le escriba y En octubre no hay milagros. Abrió la novela de Reynoso para, ávida, echarle una ojeada y, de pronto, la noté turbada, un enigmático rubor se había apoderado de ella: negó moviendo la cabeza —insobornable señal de reprobación— y cerró el libro. Luego acudió apresurada a la notable historia de García Márquez y, ahora sí, todo volvió a la normalidad. ¿Qué había encontrado en aquel libro que generó en ella tal rechazo? Lo supe llegando a casa cuando ese «giragiragiragira» de la cabeza de don José de San Martín me hizo ponerme en la piel de Leonardo y sentir aromas inéditos: «el olor arrecho del mar en mis manos. Olor a Cigarro Inca, fuerte. Olor de ruda con incienso. Olor de puta morena.  Olor azulino en lengüitas amarillas como llama de cirio prendido. Olor de procesión. Y los morenos de la Santa Hermandad estarán sacando de Nazarenas al Señor. Y las velas encendidas estarán quemando pelos y rabos de beatas putas. Y los giles, serios, haciéndose los rezadores, se juntarán a las hermanas. Y con el pretexto del Señor, muy de mañana, comenzará el cochineo general».
            El último libro que publicó Oswaldo Reynoso incursionaba en el género epistolar: un narrador experimentado le escribía cartas —consejos— a un poeta en ciernes. Leí junto a él el borrador y tuve el privilegio de sugerirle el título: Arequipa lámpara incandescente. Aquella tarde, en su casa de Jesús María, acabábamos de comer unas pastas preparadas por él y la ventana abierta nos dejaba ver a un grupo de niños jugando en el parque Rafael Alberti. Hablamos mucho de la culpa. Ese sentimiento de mierda (que podía servir de mucho a la hora de escribir).
—¿Después de escribir este libro sientes que la culpa por fin se fue? —indagué.
—Sí —me dijo con voz entrecortada—, la culpa ya se fue.
Él me estaba mintiendo, por supuesto. El Profe Reynoso se sentía más culpable que nunca. Y no por mentirme, sino por otras cosas que no llegó a escribir.
Se puso de pie y se alejó de la mesa. Luego volvió con un viejo álbum de fotos que puso en mis manos:
—Avanza despacio —me ordenó, y empecé a pasar varias imágenes en blanco y negro hasta que me pidió que me detuviera. Un cúmulo de muchachos fotografiados junto a su maestro.
Oswaldo señaló al penúltimo de la segunda fila y me dijo:
—Él es Cara de Ángel.
En ese instante quise alzar mi teléfono celular para fotografiar la primicia, pero no lo hice. Llevado por el morbo me atreví a preguntar:
—¿Pero cómo se llama?
—Eso no te lo puedo decir.
—¿Por qué?
—Es una persona pública.
¿Acaso me mentía? No sé. No sé. No sé. Sólo estaba seguro de algo: la culpa, su culpa, mi culpa. «Y entonces en lo más hondo de mi estómago comenzó a ovillarse una angustia física que luego se desmadejaba dolorosamente en mis venas y acuchillaba mis sueños y azotaba inmisericorde mis memorias duermevelas y a esa angustia visceral había que darle un contenido psíquico y entonces venía la búsqueda desesperada en los olvidos de una palabra dicha al desgaire o de un mal gesto indeliberado o de un acto no pensado que hubiera podido desencadenar a mis espaldas un conflicto o una situación gravísima y entonces toda actitud vivida se hacía sospechosa y era el mismo proceso de exploración de culpa en el recuerdo que me atormentaba cuando adolescente caía de rodillas en el confesionario o cuando me metieron en una celda en el Perú sin formularme cargo alguno y entonces y entonces, ¿por qué te has quedado más de diez años en China?, ¿por masoquista?, ¿o a lo mejor porque querías expiar una culpa?, ¿o tal vez porque creías de verdad que ibas a encontrar en medio de tanto derrumbe y soledad la clave que te daría la felicidad?».
Oswaldo no ha muerto, faltara más: que se jodan todos los que se han tragado ese cuento.  Él está en alguna cantina con radiola esperándonos (a todos sus lectores) para celebrar la vida, para reírnos de la muerte. Para beber contigo hasta la última cerveza. Para asustarte con su mirada (o atraparte con su juventud ornada con canas): con su ternura, extraña, terrible. Para decirte al oído una verdad tan grande que bien te podría hacer temblar o lanzarte a vivir de veras: la vida sin libertad no es sólo fea, sino sucia.
Oswaldo Reynoso es por sobre todas las cosas una lámpara incandescente.
Espero tu llamada, chochera: no tardes mucho, las chelas se pueden calentar.
*Publicado en el semanario Hildebrandt en sus trece. Edición 301.