2023/09/27

Presentación del libro ITINERARIO DE LA MELANCOLÍA

 El viernes 29 de septiembre, a las 6.30 de la tarde, en la Biblioteca Personal de Mario Vargas Llosa (Calle San Francisco 306) se presentará el libro de relatos Itinerario de la melancolía del escritor arequipeño Orlando Mazeyra Guillén.

Acompañarán al autor, Alfredo Herrera Flores (Director de la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa), Juan Carlos Soto y Héctor Tintaya.

Según el escritor y crítico José Carlos Yrigoyen: “Mazeyra ha bebido de la obra de Oswaldo Reynoso y sigue su legado no con el mimetismo del hijo obediente, sino con la pasión del vástago que toma algunas luminosas enseñanzas y continúa su propio camino. También se ha reflejado en Ribeyro, de quien ha aprendido el dialecto de la frustración y de la decadencia, ambientadas en los sucuchos y calles dudosas de una Arequipa que se mueve, grita y ríe como un personaje más. Es decir: se ha reconocido en nuestra tradición y ha cumplido con el deber de devolverle algo distinto”.

Por su parte, Juan Manuel Robles ha señalado: “Mazeyra es un narrador perenne: la vida ha moldeado su forma de escribir y la escritura ha determinado los pasos que da en la vida. O al menos en la vida literaria de su alter ego narrador, que es lo que nos incumbe. Lejos de Vargas Llosa —el gran referente de todo escritor arequipeño—, este libro se instala en la mejor tradición peruana del yo: la de Julio Ramón Ribeyro y sus escritos autobiográficos. De hecho, el autor tiene un talento ribeyriano escasísimo: ser pesimista y encantador a la vez. Poético y patético”.

Mazeyra desde el año 2012 escribe historias en la revista Hildebrandt en sus trece. Ha publicado ocho libros de narrativa breve, entre los más importantes: Mi familia y otras miserias (Tribal, 2013), Inmunidad de rebaño (Aletheya, 2021) y El niño de La Arboleda (Pesopluma, 2021). Representó a Arequipa en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara del año 2021, donde Perú fue invitado de honor. Oswaldo Reynoso, uno de los más importantes escritores peruanos, lo consideró un “alucinado y auténtico cuentista”.

2022/02/25

El niño de La Arboleda: una botella arrojada al mar...

 


Este libro de Orlando Mazeyra Guillén tiene un parentesco con la película El espejo de Tarkovski: una serie de escenas y situaciones aparentemente inconexas van armando la memoria de un hombre conflictuado, el espejo de su memoria quebrada. Pasajes y recuerdos de padres no siempre modélicos o comprensivos, de amores turbulentos que aún queman, de familiares y amigos que fallan en el peor momento, del oficio de la escritura que, al igual que el alcohol, puede ser al mismo tiempo una condena y una salvación, son como las esquirlas de la imagen esquiva de su autor, pero no una complaciente o idealizada, sino una despojada de todo adorno y, por lo mismo, certera. Estos relatos, estampas de una vida en realidad, tienen la limpieza y la fuerza de un latigazo, y nos muestran las cicatrices de quien lo ha perdido todo en el combate diario, menos la pureza de la infancia y el poder liberador de la palabra. El niño de La Arboleda es una botella arrojada al mar que alcanza, resonando, aquella otra costa hacia la cual fue enviada: la memoria del lector.

Marco García Falcón

2021/03/27

INMUNIDAD DE REBAÑO. Historias de la pandemia

 


Esta tarde, luego de la victoria de Melgar, llegó a casa el editor de Aletheya con los primeros ejemplares de Inmunidad de rebaño. Historias de la pandemia. Es una edición excelente, la verdad.
Quiero agradecer a Martín Kohan, profesor de Teoría Literaria en la Universidad de Buenos Aires y Premio Herralde, por su lectura tan rotunda y esclarecedora; al profesor y crítico Ricardo González Vigil por sus generosas palabras; a Rodolfo Ybarra por ser un ejemplo de compromiso y de lucha cotidiana. Inmunidad de rebaño trae ilustraciones de Marquiño —a quien uno, antes de la pandemia, solía cruzárselo en los bares de la calle San Francisco o en la tribuna del estadio alentando al Melgar— y no sólo es el más personal de mis libros, sino el más arequipeño (la portada es de Omar Suri). ¡Gracias a todos los que pusieron un granito de arena para que este esfuerzo sea una realidad!

Sobre este libro:

En el mundo que componen estos relatos de Orlando Mazeyra ya existía, desde antes, la sensación de estar todos metidos en el Titanic (o peor aún: la sensación de ser todos el Titanic). ¿Desde antes? Desde antes de la pandemia, que es casi el único antes en el que podemos pensar hoy por hoy. Desde antes existía en estos cuentos la sensación de que nada (ni Dios, ni la literatura) estaba ahí para asegurar una salvación. Luego llega la pandemia: a este mundo y a estos cuentos. Llega la cuarentena y llega su después. Y Orlando Mazeyra extiende su pericia de narrador a otras escenas de la soledad o de la angustia, de la esperanza o la desesperanza, del encierro o del afuera, de las muertes más generales o más singulares, del ahogo o el desahogo.

Inmunidad de rebaño es la fórmula de una espera. Y es que el arte narrativo de Orlando Mazeyra no es del orden de la salvación, pero sí de un saber de la espera. Ni consuelo ni redención: un puro arte del tiempo.

Martín Kohan, Premio Herralde

 

Narrador nato, Orlando Mazeyra Guillén convierte en historias el universo que lo rodea, refractado por su rico mundo interior. Y lo hace con un lenguaje «sencillo, directo, al grano, sin grasa» (ideal creativo, según lo expresa en «Yo solo voy a rezar»).

Sus páginas atrapan al lector, altamente adictivas.

 

Ricardo González Vigil

 

Como fotogramas de una película que se va armando, estas historias nos devuelven al escenario de las mascarillas, de los balones de oxígeno, de los hospitales cochambrosos con médicos y enfermeras envueltos en plásticos de basura y la falta de medicamentos y camas UCI y la histeria colectiva de las vacunas que no llegan o llegan a cuentagotas y los noticieros de terror con un presidente mintiendo en siete lenguas, con nuestra problemática y crisis económica, política, social y moral. Con jóvenes jugando fútbol sin mascarillas porque ya todo está perdido y todos tienen a muertos por quienes llorar. Y mejor sonreír, divertirse, amar, tomarse una cerveza o salir a correr sin permiso de la policía ahora que se puede, ahora que todavía respiramos y hay vida: aunque no en abundancia, pero vida, al fin y al cabo. […] Unos relatos de la peste desde el mismo infierno y trazados con agujas hipodérmicas como quizás lo imaginaron Daniel Defoe o Alessandro Manzoni.

Rodolfo Ybarra

Para adquirir el libro escribir a: mazeyra@gmail.com


2020/07/28

Presentación de "Unicornios y cocodrilos": jueves 30 de julio a las 7 p.m.



Este jueves 30 de julio a las 7 de la noche, gracias a Frase Corta, presentaremos mi último libro Unicornios y cocodrilos. Me acompañarán Jasson Ticona, Carlos Rivera y Javier Rivera. ¡Están todos invitados! Transmisión en vivo acá.

SOBRE ESTE LIBRO:

David Foster Wallace, en una entrevista con Laura Miller para la revista Salon, dijo que una de las cosas mágicas que tenía la narrativa era romper la soledad de nuestras mentes: “Yo no sé qué estás pensando ni qué hay en tu interior y tú no sabes qué hay dentro de mí. Creo que en narrativa podemos salvar en cierto modo ese muro”.
Unicornios y cocodrilos, del escritor arequipeño Orlando Mazeyra Guillén, consigue eliminar esa barrera entre el autor y el lector con un estilo mesurado pero potente, que estalla con la sencillez de lo cotidiano.
[…] Los 28 relatos cortos de Mazeyra golpean, por lo general, en los diálogos. Hay un cambio de sentido, una transformación en los personajes y en la esencia del cuento cuando los personajes hablan, y ahí el narrador, por lo general, toma la actitud de entrevistador: entra en lugares desconocidos de su interlocutor, así eso signifique toparse con tierra firme o movediza, placer o dolor.
Bryan Paredes (Correo)

[…] los mejores cuentos del libro son aquellos enfocados en los vínculos familiares: en ese espacio brotan con naturalidad los rencores, los traumas no resueltos, los silencios y las sombras incómodas. En más de uno se atraviesa, además, la figura paterna como símbolo de la amenaza y la memoria borrada o alterada por el alzhéimer. Obsesiones que Mazeyra expurga sin tapujos y que le dan sentido a su literatura.
Juan Carlos Fangacio (El Comercio)

En los relatos de Unicornios y cocodrilos —dos de los cuales son más bien evocaciones o testimonios— arde el fuego de la literatura, una pasión por la historia a contar y por la cual su autor —intuyo— se inmola a lo bonzo y toma como insumo sus propios demonios. […] Sin mayores artificios estilísticos y, con un lenguaje que fluye y corre como pólvora, las historias de Mazeyra son pequeñas bombas que el lector enfrentará para a su vez interpelarse a sí mismo. La brevedad es un punto a favor, pues estos relatos son como inyecciones que van directamente a la vena. Si bien la familia es una constante en muchos de estos cuentos, aparece también un leit motiv subyacente: la literatura o, más precisamente, la escritura. Este juego metaliterario, donde el narrador hace guiños al lector y se vislumbra al autor, es el gran tema unificador en esta nueva entrega. Una virtud del autor es la elaboración de diálogos ágiles y que aumentan la intensidad narrativa. Cuentos como el simbólico «El vuelo del cóndor» o «Un extraño te abraza» —para mi gusto el mejor del libro— revelan una destreza narrativa, pero sobre todo la consolidación en el universo narrativo donde Mazeyra parece más a sus anchas: la familia. […] Otro aspecto a resaltar es el del humor negro que imprime de manera sutil o de manera manifiesta, restando solemnidad a los textos y dándoles un aire más coloquial. 
Por esa cuestión elitista y argollera que tiene la literatura limeña —que no peruana—, Orlando Mazeyra Guillén no tiene el reconocimiento que se merece plenamente. Sea a través de sus cuentos o en sus articuentos en el semanario Hildebrandt en sus trece, el lector encontrará historias cotidianas, pero contadas con mucho nervio y, sobre todo, que ponen el dedo en la llaga. Esto puede resultar gratificante para quienes buscamos historias que nos conmocionen y no sean mero entretenimiento. 
Jaime Cabrera Junco (Director de Lee por gusto)

Cuando Mazeyra sacude la polaroid de su vida van cayendo historias y la colorida y bien definida imagen de sus recuerdos se va opacando y deformando hasta teñirse completamente de negro. Mazeyra pertenece a un grupo particular de escritores que saben (no lo intuyen o lo temen, saben) que, en cualquier momento, algo muy malo les ocurrirá. Mazeyra despertará un día sobre su cama y estirará el brazo en busca de Micaela pero su lado estará frío, se dará cuenta de que hace rato no está ahí, sin recordar que hace décadas no la ve, que nunca se casó con ella, que la soledad es ahora de los recuerdos también. Olvidará, por eso lo escribe todo, para dar fe de haber estado acá: en la tierra de Arequipa, en la hinchada melgariana, en el cementerio con amigos, en el chongo con Eloy, en el corazón de una mujer. Sacude la polaroid con la absurda esperanza de que todo se aclare. Pero nada se aclara.
Javier Rivera Martínez



2020/04/14

El vuelo del cóndor





 
📚 #VocesQueUnen es una iniciativa desarrollada por la Biblioteca Nacional del Perú para unir a los peruanos a través de la lectura, todos los días de la cuarentena. En esta ocasión, el escritor arequipeño Orlando Mazeyra nos lee fragmentos de su último libro "Unicornios y cocodrilos", que reúne 28 cuentos para abordar temas como la familia, el dolor o lo prohibido. Estos relatos breves y de lenguaje coloquial, también profundizan en la complejidad de las relaciones humanas.
Mira el video: 👉 https://youtu.be/er3tK6ncjYI

2019/08/04

Mario Benedetti: cien años

Marios: Benedetti y Vargas Llosa
Escribe Mario Vargas Llosa
Aunque fuimos buenos amigos, no recuerdo cuándo conocí a Mario Benedetti. Probablemente, la primera vez que fui al Uruguay, en 1966: un viaje maravilloso en el que descubrí que un país de América Latina podía ser tan civilizado, democrático y moderno como Suiza o Suecia. En las calles de Montevideo había carteles anunciando un Congreso del Partido Comunista y los periódicos —El País, La MañanaMarcha—estaban muy bien escritos y mejor diagramados, el teatro era soberbio, las librerías formidables, se respiraba por doquier una libertad sin orejeras. Ese país tan chiquitito tenía una vida cultural de primer orden y, si uno podía pagarlas, en Linardi y Risso encontraba todas las primeras ediciones de Borges. Yo había dado antes conferencias ante pequeños públicos, pero en la Universidad de Montevideo, adonde me llevó José Pedro Díaz, hablé de literatura ante un público que abarrotaba el auditorio, algo que me dejó pasmado.

Si fue entonces donde nos conocimos, debí felicitarlo por sus cuentos y poemas, que había leído en Lima y me habían entusiasmado, Montevideanos sobre todo, pero también la poesía de Poemas de la oficina y Poemas del hoyporhoy. Era un escritor que rehuía los “grandes temas” y se acercaba a la gente común y corriente con delicadeza y ternura, a los oficinistas, los taquígrafos, los empleados del montón, las familias sin historia, aquella clase media que sólo en el Uruguay parecía representar a todo un país en la América Latina de aquellos días, de desigualdades atroces. Benedetti lo hacía con una prosa y unos versos sencillos, claros, directos, impecables. Era una voz nueva y sorprendente, sobre todo en la literatura de la época, porque rehuía el relumbrón y el aspaviento y transmitía sinceridad y limpieza moral.

Nos vimos luego muchas veces en lugares diferentes e intercambiamos una copiosa correspondencia. Alguna vez, jugando a adivinar qué escritores latinoamericanos entrarían en el cielo, si existía, recuerdo un empate entre dos candidatos: Rulfo y Benedetti. Eso fue antes del caso Padilla, un cataclismo del que ahora nadie se acuerda y que a comienzos de los años setenta rompió relaciones y dividió ideológicamente a unos escritores del nuevo mundo que, hasta entonces, pese a la diversidad de opiniones, manteníamos el diálogo y hasta la amistad. Como él y yo adoptamos posturas radicalmente opuestas sobre este asunto, desde entonces nos vimos poco y los breves encuentros a lo largo de los años fueron casi siempre formales, desprovistos de la complicidad y el afecto de antaño.

Pero yo lo seguí siempre leyendo y admirando, sobre todo cuando escribía cuentos, novelas, poesía y ensayos que no fueran políticos. Y debo haber sido uno de los pocos lectores que defendió como un logro muy audaz El cumpleaños de JuanÁngel, una novela escrita en versos, experimento que la crítica, en general, recibió con escepticismo. Tuvimos una polémica bastante enérgica, en el diario EL PAÍS, y algunos años más tarde, creo que la última vez que nos encontramos, él la recordó con nostalgia, contándome que algunos lectores del diario habían escrito pidiendo que continuáramos polemizando porque lo hacíamos con buenos argumentos y, sobre todo, sin insultos.
Me he preguntado mucho, estos últimos años, qué hubiera pensado Benedetti con las ocurrencias políticas de los últimos tiempos. Sobre todo, de la caída y, para todos los efectos prácticos, desaparición del comunismo. ¿Alguien puede todavía pensar que Cuba, Venezuela o Corea del Norte podrían ser los modelos para acabar con el subdesarrollo y crear una sociedad más justa y próspera? O de la lenta pero inequívoca resignación de la izquierda extrema en América Latina a las elecciones libres y a la coexistencia en la diversidad que antes rechazaba como al agua los gatos. Nadie puede contestar estas preguntas en su nombre, ahora que él está ausente, por supuesto. Emir Rodríguez Monegal, que había sido su amigo y del que se distanció también por razones políticas, decía de Mario Benedetti que su formación en el Colegio Alemán de Montevideo lo convirtió en un “puritano” de ideas rígidas, que, una vez tomada una posición, era incapaz de dar su brazo a torcer. Yo lo refutaba, convencido de que, aunque se equivocara en muchas cosas, como todo el mundo, lo hizo siempre con buena fe y por razones generosas.
Ahora nos quedan, por encima de sus posturas políticas, los bellos poemas y relatos que escribió, reivindicando con amor esas vidas incrustadas en la monotonía de la rutina, sin grandeza, de heroísmo discreto, que van puntualmente a la oficina y ahorran parte del salario haciendo sacrificios para disfrutar de unas pequeñas vacaciones, que lo piensan varias veces antes de comprarse un nuevo vestido o traje, y que viven siempre con apuros, aquellos ciudadanos sin historia que suelen ser los grandes excluidos de la literatura, a los que él dio vida, color, resaltando su decencia y mostrando que ellos son los verdaderos pilares de una sociedad, pues de ellos depende que ésta prospere o retroceda, que se modernice o retorne al salvajismo de la tribu.
El mundo que Benedetti construyó no hubiera sido posible sin la experiencia uruguaya que lo marcó con fuego, aunque, ya hombre grande, viviera en el exilio muchos años. Pero, no hay duda, se llevó consigo cuando fue ciudadano del mundo, la memoria de su pequeño país, la excepción a la regla en América Latina por sus instituciones representativas, su amor a la libertad y a la cultura, y por haber representado durante tantos años la civilización en un continente que parecía haber elegido la barbarie. Su gran mérito fue haber mostrado que esa sociedad que se acercaba a la perfección, no era nada perfecta cuando se la exploraba de cerca con el cariño que a él le inspiraban esas gentes que sin saberlo ni proponérselo construyen un país mediante sus esfuerzos cotidianos. Cuando los jóvenes revolucionarios llamados tupamaros decidieron que allí también hacía falta una revolución a la cubana —el sueño ideológico de la época— e introdujeron la violencia, aquel país tolerante desapareció y se convirtió en otro país latinoamericano prototípico, con militares torturadores y revolucionarios terroristas. Uruguay pareció tocar fondo. Menos mal que se ha ido reconstruyendo y vuelve, poco a poco, a parecerse al de los poemas y narraciones de los grandes escritores uruguayos de aquella notable generación: Juan Carlos Onetti, Idea Vilariño, Ángel Rama, Emir Rodríguez Monegal, Carlos Real de Azúa, Mario Benedetti y tantos otros.
La última vez que nos vimos fue en Buenos Aires. Estaba cenando con unos amigos en una pequeña fonda en la que preparan buenos bifes y alguien me avisó que allí estaba también Benedetti. Fui a saludarlo y lo encontré cansado y envejecido. Cambiamos unos recuerdos afectuosos y, a la hora de despedirnos, estoy seguro que, en vez de la mano, nos dimos un abrazo.
Fuente: diario El País de Madrid.

2019/07/10

Sobre Tía María

"Pensar el hoy significa, ante todo, recobrar la mirada crítica. Por ejemplo, el triunfo de la economía de mercado – un triunfo por default del adversario – no puede ser únicamente motivo de regocijo. El mercado es un mecanismo eficaz pero, como todos los mecanismos, no tiene conciencia y tampoco misericordia. Hay que encontrar la manera de insertarlo en la sociedad para que sea la expresión del pacto social y un instrumento de justicia y equidad. Las sociedades democráticas desarrolladas han alcanzado una prosperidad envidiable; asimismo, son islas de abundancia en el océano de la miseria universal. El tema del mercado tiene una relación muy estrecha con el deterioro del medio ambiente. La contaminación no sólo infesta al aire, a los ríos y a los bosques sino a las almas. Una sociedad poseída por el frenesí de producir más para consumir más tiende a convertir las ideas, los sentimientos, el arte, el amor, la amistad y las personas mismas en objetos de consumo. Todo se vuelve cosa que se compra, se usa y se tira al basurero. Ninguna sociedad había producido tantos desechos como la nuestra. Desechos materiales y morales". (Octavio Paz)

2019/06/21

Independiente, mi viejo y yo

[…] Después me levantó en brazos y cantamos “la copa, la copa, se mira y no se toca”, y dimos la vuelta olímpica a los saltos, por toda la casa. Vino el micro y me fui al jardín de infantes.
                Supongo que ésos son los recuerdos que se le meten a uno en los recovecos del corazón, y echan cría y se nutren de su propio néctar, y nos marcan para toda la vida. Por lo menos así ocurrió conmigo.  Y no me avergüenza reconocer que ahora, ya de grande, cuando tengo un problema que me agobia, o cuando me toca sufrir por radio y por televisión un partido de Independiente y me como los codos por la ansiedad y la angustia (la vida me enseñó lo inconveniente que puede resultar fumarse los nervios), siento un impulso difícil de dominar, una tentación casi irresistible que me invita a irme a dormir, a abrigarme a la certeza de que mientras yo sueño, mi papá e Independiente, como duendes laboriosos, van a arreglarme el mundo para que yo lo encuentre refulgente en la mañana.
                Y queda en mí el mandato inexorable que dictan las fidelidades eternas. Cuando Independiente gana un campeonato –al fin y al cabo, Dios y sus milagros evidentemente existen– lo primero que hago, en la cancha o en mi casa, es levantar los brazos y los ojos hacia el cielo, abrazándolo a mi viejo a través de todos los rigores del destino, y por encima de todas las traiciones de la muerte. Lo que pasa es que tratándose del Rojo, de mi viejo y de mí, hay veces que la muerte es una señora que nos tiene un miedo bárbaro. Una vieja podrida a la que, de locales en Avellaneda, le tiramos la camiseta y podemos, de vez en cuando, llenarle la canasta.
                Todavía me acuerdo de ese número once de cuero blanco, cosido en la camiseta como el de Bertoni. Pero ahora también veo, cuando me fijo con suficiente atención, que mi viejo también lleva lo suyo. Lo tiene ahí, en la espalda, justo a la altura del nacimiento de las alas: un diez de cuero blanco, igualito igualito al de Bochini.

Eduardo Sacheri, La vida que pensamos (cuentos de fútbol) 

2019/02/20

FBC Melgar nos hace soñar... y en Lima tienen pesadillas

Portada del diario Sin Fronteras: arranque extraordinario de Melgar en la Copa Libertadores. Tres partidos con el arco invicto. Dos victorias en Arequipa y un empate en Santiago de Chile. Y vamos por más.
Portada del diario Correo (Arequipa): torrencial lluvia activó torrentera de la avenida Venezuela (donde queda el estadio Monumental Arequipa) y dejó daños en distritos de Arequipa.



Aquellos que, a pesar de ser arequipeños, consumen la prensa deportiva de la capital se creen todos los dislates y mentiras que (en muchos casos con mala leche) llegan desde allá. Y –esto es lo peor– se difunden a lo largo y ancho de todo el Perú.  

En el canal de RPP Noticias, por ejemplo, desde hace tres semanas siguen diciendo que el argentino Jorge Pautasso es “uruguayo”, sin importarles que se trata de uno de los entrenadores más importantes del fútbol peruano (ha sido asistente técnico de Gerardo Martino en nada más y nada menos que la selección argentina, también en la paraguaya y en el gigante catalán F.C. Barcelona).

En Gol Perú comentaban ayer con cierto humor –un sentido del humor bastante desafortunado– que en el partido Melgar-Caracas la hinchada iba a ¡estar dividida! Sí, ¡DIVIDIDA EN AREQUIPA! Como si alguna vez sus equipos de Lima hubieran conseguido ser locales en nuestra ciudad (hemos disputado, siempre siendo mayoría en el estadio de la UNSA, en los últimos cinco años 2 finales con Cristal, una semifinal con Universitario y otra con Alianza Lima). Aunque, claro, ya sabemos por quién hincharon muchos limeños… como los “amigos” de Gol Perú…

En Fox Sports Perú (que en realidad debería llamarse Fox Sports Lima) están tan desinformados que dijeron que Hernán Hinostroza alinearía en Santiago de Chile ante la Universidad de ese país, cuando todos en Arequipa sabíamos que ni siquiera había subido al avión que los llevó a Chile. Y, luego de la brillante e histórica clasificación de Melgar en el estadio Nacional de Santiago, siguieron mintiendo cuando afirmaron que el entrenador de Melgar no quería hablar con la prensa de Arequipa. Pautasso, para enmendarles la plana, ha hablado con la prensa mistiana luego de la derrota contra Municipal y también después de la celebrada victoria contra el Caracas.

Hay que ser muy mala leche para tergiversar las palabras del entrenador de Melgar como lo hizo anoche la mesa de Fox Sports Perú. Era obvio que Pautasso se refería a la proximidad entre el partido entre Municipal y Caracas (y no a los 4 días de descanso que tuvo entre el partido en Chile y el duelo contra Municipal por la Liga 1). La Federación Peruana no ha apoyado a Melgar a pesar de que, en palabras del director técnico argentino, Melgar está haciendo una “patriada” que pos del prestigio del fútbol peruano. ¿Se entiende o no? Además en Fox Sports Lima siguen con el discurso de que la hinchada de Melgar es violenta y se comporta mal, hasta proponen que nos quiten la localía (como ya dijo el señor Alan Diez con la venia de su colega Loret de Mola). Pero no dicen nada del mal comportamiento de la barra de Universitario y del uso de bengalas y pirotecnia el domingo pasado en Moyobamba (¡que están prohibidas!). Claro: se quejan sólo cuando les conviene.

¿Hace cuántos años un club peruano jugaba tres partidos de Copa Libertadores y dejaba su valla en blanco (ganado dos partidos en casa y empatando de visita)? ¿Cuándo un club peruano eliminó a uno chileno en Santiago (en partidos de ida y vuelta) por Copa Libertadores de América?

Sobre el tema recurrente de que va muy poca gente al estadio Monumental Arequipa. En primer lugar, vean la escasísima asistencia que tuvo el partido en Chile entre Palestino y el Deportivo Independiente de Medellín. Ojo: jugaron en el estadio San Carlos de Apoquindo que apenas es para unos quince mil espectadores y ni siquiera lo llenaron (el Alberto Gallardo en donde juega Cristal es para 18 mil y nunca lo llenan, ¿por qué la prensa de Lima no le jala las orejas a la hinchada de su “campeón”? ¿No se trata de un club “grande”?).
Otro dato que viene de un país recontra futbolero como Uruguay: el Defensor Sporting no pudo llenar el estadio Luis Franzini (de 18 mil espectadores) ante el Barcelona de Ecuador. Ese pequeño recinto estaba vacío y era ¡copa Libertadores! Lo mismo podríamos decir de los partidos entre el Delfín de Ecuador y el Caracas. No pongo acá el ejemplo de clubes argentinos como el Talleres de Córdoba porque ellos, al menos para mí, tienen a las mejores hinchadas del continente. Y sí, debemos apuntar a eso, sin embargo no es sencillo porque para empezar la Policía Nacional del Perú no deja que la barra de Melgar ingrese instrumentos y banderolas (cuando la CONMEBOL sí lo permite).  Por otro lado los controles para ingresar al estadio son muy lentos y por eso la imagen de las tribunas al empezar el partido es muy distinta a la que se tiene al finalizar el encuentro.
Ayer en Arequipa, horas antes del duelo entre FBC Melgar y Caracas se cayó el cielo como dice la portada de hoy del diario Correo (edición Regional). Hay quien dice que para el hincha no hay pretextos. Lamentablemente en Arequipa cada vez que hay una lluvia intensa la ciudad colapsa y no estoy exagerando. La lluvia torrencial de ayer activó la torrentera de la avenida Venezuela (donde queda el estadio Monumental Arequipa) y dejó severos daños en distintos distritos de Arequipa.
Y sobre la hinchada del Caracas nada tengo que decir, salvo que elogiarlos por estar con el equipo de su país. Yo fui a la tribuna oriente que al final estuvo con mucha gente (reitero: los controles son pésimos y por eso cuando el partido empieza el estadio está vacío, comparen con las imágenes al final del Melgar-Caracas). 
En la tribuna sur también hubo mucha gente que asistió a pesar de las complicaciones de la lluvia. En la tribuna norte (del visitante) había un racimo de hermanos venezolanos. No, no llegaron esos miles de hinchas venezolanos que anunció Gol Perú. Nada de eso. Es más –y quiero cerrar con esta anécdota– cuando Melgar se puso 2 a 0, los visitantes tuvieron varias chances para descontar y la pequeña barra venezolana utilizaba esa odiosa frase que también es común en los peruanos: “¡Sí se puede!”. Me llama mucho la atención porque en el Perú solemos utilizarla cuando nos sentimos inferiores al rival y necesitamos “creérnosla” para ganar partidos (o al menos intentar empatarlos). Entonces si seguimos así, de la mano de Pautasso vamos a seguir creciendo y nos van a respetar cada vez más. Vean este dato que colgó en su Twitter el periodista Mario Pinedo: Melgar ya igualó en estos 3 partidos de la era Pautasso todo lo hecho en las últimas cuatro presentaciones de la Copa Libertadores (1984, 2016, 2017, 2018) en veinte (¡20!) partidos.  
Ayer Melgar –con lluvia y con su gente– dio otro paso más en busca de la fase grupos de la Copa CONMEBOL Libertadores, aunque a muchos (que hincharon por el Caracas) les joda. Les joderá más cuando llenemos el estadio Monumental Arequipa.
¡Gracias, Pautasso! ¡Gracias, equipo!

Nota final.- El entrenador argentino Miguel Ángel Russo se alineó a la postura de Jorge Pautasso e indicó que hay que apoyar a TODOS los clubes que participan en la Copa Libertadores.  Algo más: la prensa de Lima ya reconoce (porque no le queda de otra) que se hizo el fixture de la Liga 1 Movistar sin pensar que podía clasificar. Acá una prueba contundente: si Melgar consigue la clasificación en Caracas el martes 26 de febrero entonces forzosamente no podrá jugar contra UTC de Cajamarca en el horario programado por la Liga 1 (domingo 3 de marzo a las 6.15 de la tarde) porque tendría que jugar contra San Lorenzo de Argentina el martes 5 de marzo a las 5.15 de la tarde y NO HAY NI SIQUIERA 48 HORAS entre el partido de Liga y el de Copa Libertadores. Mañana jueves al mediodía la Liga 1 dará una conferencia de prensa... a ver qué nos dicen...


Fotografía tomada desde la tribuna oriente alta de la tribuna sur anoche en el estadio. Al final sí hubo gente.


2019/01/03

Adiós, Hemingway



–Adiós, Jemingüéy –gritó, y recibió como respuesta la sonrisa del hombre.
Varios años después, cuando descubrió la dolorosa necesidad de escribir y comenzó a escoger a sus ídolos literarios, Mario Conde supo que aquélla había sido la última navegación de Ernest Hemingway por un pedazo de mar que había amado como pocos lugares en el mundo, y comprendió que el escritor no se podía estar despidiendo de él, un minúsculo insecto posado sobre el malecón de Cojímar, sino que en ese momento le estaba diciendo adiós a varias de las cosas más importantes de su vida.   
[…]
De cualquier modo, a su lado no quería ni a escritores ni a políticos. Y por eso se negaba, cada vez más, a hablar de literatura. Si alguien le preguntaba sobre sus trabajos apenas decía: ‘Estoy trabajando bien’, o si acaso: ‘Hoy escribí cuatrocientas palabras’. Lo demás no tenía sentido, pues sabía que cuánto más lejos va uno cuando escribe, más solo se queda. Y al final uno aprende que es mejor así y que debe defender esa soledad: hablar de literatura es perder el tiempo, y si uno está solo es mucho mejor, porque así  es como se debe trabajar, y porque el tiempo para trabajar resulta cada vez más corto,  y si uno lo desperdicia siente que ha cometido un pecado para el cual no hay perdón.
Adiós, Hemingway, Leonardo Padura

2018/11/09

Mario Vargas Llosa en el Hay Festival Arequipa 2018

La cuarta edición del Hay Festival Arequipa trae de vuelta a casa a Mario Vargas Llosa, el verdadero culpable de que este evento de primera fila se lleve a cabo anualmente en su tierra natal a partir del año 2015.
Este retorno —que se ha vuelto recurrente desde que la Biblioteca Regional de la calle San Francisco lleva su nombre— dista mucho de ser como el de los años cuarenta del siglo pasado, que él recuerda como una gran aventura: «el viaje a Arequipa con mi madre, la abuelita y la Mamaé, en 1940, para asistir al Congreso Eucarístico, en Arequipa, la tierra solar, que se mantenía viva en las anécdotas innumerables y la nostalgia de la familia. Estuvimos alojados en casa del tío Eduardo, que era juez, solterón y bondadoso; su cocinera Inocencia preparaba unos candentes chupes en los que sobresalían unos monstruos crustáceos, de cáscara rojiza y pinzas articuladas que me fascinaron. Recuerdo aquel viaje como una exaltante expedición: el tren Cochabamba a la Paz; las calles empinadas de la capital boliviana; el vaporcito que cruzaba el Titicaca de noche, hasta la llegada a Puno, en el amanecer. Y, luego, nuevamente, el tren hasta la Ciudad Blanca. Allí estaban tantas cosas conocidas hasta entonces sólo de oídas: las casas de sillar; el Misti y los volcanes; la casita donde nací, que me mostraron, en el Boulevard Parra, el queso helado y las pastas de La Ibérica. Los rezos y cantos multitudinarios del Congreso Eucarístico me asustaban, y, todavía más, la voz del orador, un hombre importantísimo, de corbata pajarita, que señalaban con el dedo: Víctor Andrés Belaunde. Cuando regresamos a Cochabamba, yo me sentía ya grande».
Hoy, con 82 años a cuestas y con una vida de novela que ni el propio escriba boliviano Pedro Camacho hubiera imaginado, el Premio Nobel de Literatura arequipeño podría ser descrito como un personaje de su notable ficción “La tía Julia y el escribidor” (para ser preciso como una de las creaturas de los desaforados radioteatros): «Como todo ser elevado por sobre la medianía, era discutido, criticado y verbalmente escarnecido por sus colegas, esos incapaces (a diferencia de él) de producir milagros».



(La nota completa aparece hoy en la página 16 del diario El Pueblo de Arequipa)

2018/10/29

Si yo fuera Maradona... (Feliz cumple 58, Diego)


Hace algunos días le preguntaban a Maradona sobre su cumpleaños y el Diego, ahora en su faceta de entrenador en la segunda división mexicana, respondía: "Ayer tenía 20 años y el martes cumplo 58. Los he vivido bien y a veces los he vivido mal". En la parte final de “Maradona by Kusturica”, el documental que el cineasta serbio Emir Kusturica le dedica al más grande, éste afirma: "Me podrán decir que estoy bien o que estoy mejor… o que estoy mejor que antes, pero nadie está adentro mío: yo sé las culpas que tengo y no las puedo remediar"
¿Qué decir del que, para mí, es y será el futbolista más emblemático de este deporte? Ojalá pudieras volver a vestirte de corto, Pelusa, y explicarles a todos de qué se trata el fútbol. ¿Sólo un juego? Nunca. Te he admirado más en tus fracasos y tristezas que en tus éxitos pletóricos: ¡arranca desde la media cancha y, pase lo que pase, no te detengas jamás!

2018/09/25

"De niños eran perfectos": una lectura del libro de Orlando Mazeyra Guillén

No hace mucho fuimos compañeros de clases. La maestría que realizamos fue por diferentes motivos. La decepción compartida.
Nuestra única escapatoria eran esas tardes en La Ramadita, local predilecto de fines de semana. Conversaciones de todo tipo, sobre nuestras vidas, añoranzas, pero sobre todo de literatura, música y películas.
Este libro empieza con una cita de Ernesto Sábato: «Dios no escribe ficciones: nacen de nuestra imperfección, del defectuoso mundo en el que nos obligaron a vivir». Y solo puedo recodar esas tardes en que la literatura era nuestra escapatoria, nuestra forma de sentir y expresarnos. Otro punto importante en el tema, en esas conversaciones por los sábados, era el que se refleja con otra fase en el libro, esta vez de Truman Capote: «Al principio fue muy divertido. Dejó de serlo cuando descubrí lo diferencia entre escribir bien y mal, y luego hice un descubrimiento más alarmante aún: la diferencia entre escribir bien y el verdadero arte, una diferencia sutil pero brutal».
Esas eran nuestras tardes de fines de semana. No había escapatoria. Éramos víctimas de nuestras debilidades. Como la mujer en el primer cuento, que descubre o se siente siempre o casi siempre la más gorda del grupo, del barrio, de la ciudad. Emprendiendo una lucha equívoca por  tratar de pertenecer al estereotipo frívolo  y muchas veces calculado de nuestra sociedad. Y digo esto último por la descarnada lucha de la publicidad, del marketing por tratar de vender una imagen falsa de los que somos. La chica en su intento, como señala el autor por tratar de estilizar su fofo cuerpo, la lleva a la desilusión, lágrimas y depresiones sin rostro. No podía ser otro final.
Estos relatos que datan del año 2005, nos muestran a un Orlando Mazeyra con diferentes preguntas que se vuelcan en su prosa, muchas veces esenciales y sin respuesta a pesar del tiempo transcurrido y, al contrario, las dudas se ahondan; se vuelven más complejas.
Los amigos del barrio, la patota, las palomilladas, las decepciones amorosas y de otra índole, esas primeras experiencias que se intentan olvidar con tragos, pero que nunca se olvidan, sobre todo cuando te dedicas a la miserable tarea de escribir. Sí, no todo es malo, pero normalmente vuelves a ese mismo lugar, a ese mismo recuerdo, te atrincheras y es lo peor que te puede pasar hasta que lo expulsas en letras negras o el color que prefieras, dibujándose en alguna hoja en blanco, garabatos sobre garabatos;  imágenes de rostros, recuerdos que nos flagelan por las noches de insomnio, de mensajes repentinas cuando pensabas que ya todo estaba olvidado, ella escribe sin saber que tú intentabas inútilmente apartarla, borras los mensajes luego de embriagarte con los amigos, te envalentonas y dices que ya no sientes nada por ella o eso al menos quieres creer, ya sabemos que no hay peor mentira. Tus amigos te felicitan por la acción, luego en la noche, mientras tratas de dormir en tu cuarto y los recuerdos  imperan, te llega un nuevo mensaje: es ella, no tienes ni idea de lo escribe,  y solo te queda preguntarte: ¿y ahora qué mierda quiere?
Luego tenemos a un tipo que no recuerda su nombre y mucho menos haberse enamorado, ni tampoco haberse casado. ¿Qué afortunado, no?, pensarán algunos. Pero la realidad dentro de la ficción es otra, el hombre está casado y la mujer sufre. Ella tiene que repetirle a él que su mal, su falta de memoria, es debido a lagunas mentales, o como le dijo su médico de cabecera: Alzheimer. Él por supuesto no le cree. Y se propone la difícil tarea de recordar su nombre. Los días son iguales para ambos, él despertando sin saber quién es ni quién es la mujer a su lado, y ella explicándole todo de nuevo. La idea que plantea el autor me parece extraordinaria. Y juega con eso en el transcurso de la narración. Y me pregunto si a pesar de recordar, sabemos en realidad quiénes somos y si el nombre que llevamos es el nuestro, el que merecemos.  
También tenemos otro personaje que al ver a su abuela sufriendo en esos días difíciles, delirantes, previos a la muerte, preferiría estar loco como su tío, para no ver la realidad o para verla con otros ojos. Un personaje, como muchos, me sumo a esa incertidumbre, que no comprendemos aún la muerte ni lo haremos.
La tarea de escribir, tratando de huir de todo, viviendo realidades alternas, complejas, es otro de los temas del libro, donde un nuevo personaje plantea preguntas en las que se recrimina  por no poder escribir los grandes cuentos que se había prometido. Quería ser una persona diferente a la que se estaba convirtiendo, a veces el día a día te termina por ganar la partida, pero lo peor es que odia al tipo en que se estaba convirtiendo, lo desprecia. Y sus días son miserables. Aquí el autor refleja una de las preguntas que planteaba en un inicio sobre la tarea de escribir, esa gran diferencia entre escribir mal y bien y sobre todo entre escribir bien y el verdadero arte, como lo propone Truman Capote, diferencia brutal, de eso no nos queda duda. Pero también la idea de estar haciendo algo que no nos termina de convencer, de trabajar para alimentarnos, donde el gusto por lo que verdaderamente uno quiere hacer  se pierde, y te carcome, llenándote de inseguridades, ansiedades lacerantes. Y más aún si vives en un país donde dedicarte a la literatura, es una verdadera odisea, una tarea titánica. Conversando con Orlando Mazeyra, coincidimos en que si uno pretende escribir termina con el tiempo destruyéndose. Es inevitable pero necesario.
Asimismo, Mazeyra nos relata la primera vez de un muchacho: esa experiencia única, rocambolesca, traumatizante, inolvidable, quien despierta con la voz de una mujer desnuda, los tragos le han ganado, y ella insiste en preguntarle si es su primera vez, diciéndole: «Pero dímelo, ¡ya pues, dímelo!... quiero escuchar tu voz, ¿con quién has tenido tu primer polvito?».  La mujer, como habrán sospechado o empiezan a sospechar, es una mujer pagada por sus servicios sexuales o una prostituta, como prefieran decirle. No importa en este caso. Pues el relato trata sobre la añoranza de la infancia y que me hace pensar en una frase de Henry Miller, sacada del libro Trópico de Capricornio, y cito: «Me dan ganas de llorar al pensar en lo que la vida ha hecho de ellos. De niños eran perfectos…».
Luego sigue una historia atípica, la de un hombre que sufre de la vista, con el ojo derecho ve perfectamente, pero con el izquierdo aparentemente ve cosas que él no desearía ver: esas verdades ocultas, como la de una mujer que fue infiel y que le oculta a su esposo una enfermedad que la llevará a la muerte. Después seguirán microrrelatos, historias cortas, de palabras controladas, medidas, calculadas, como confesiones en un diario; idea que en el siguiente cuento se expande, desarrollándose con la prolijidad de un narrador de raza, en la confesión de un supuesto asesino, historia que en un principio parece resumirse a un simple ajuste de cuentas pero que con el transcurrir de las páginas toma un giro inesperado, sorprendiendo al lector. Es sin duda, desde mi punto de vista claro está,  uno de los cuentos más logrados junto con «¿Y ahora qué mierda quiere?», «Cierra los ojos y muere», «Escribes», «Mi primera flaca» y también el cuento que le da el nombre a este libro: «Urgente: Necesito un retazo de felicidad». Y ya saben los interesados pueden llamar al  teléfono: (054) 256290, como bien se señala en la portada.


Gustavo Pino

2018/09/20

Presentación de URGENTE: NECESITO UN RETAZO DE FELICIDAD

El jueves 20 de setiembre, a las siete de la noche, se presentará en el Festilibro del Parque Libertad de Expresión de Umacollo el libro “Urgente: necesito un retazo de felicidad” de Orlando Mazeyra Guillén. El ingreso es libre.

Sobre este libro, el escritor Alfredo Herrera Flores ha señalado: “sería injusto decir que las historias de Mazeyra alimentan nuestra pesadumbre o pesimismo, por el contrario, nos muestran una alternativa para indagar por la esperanza. La ambigüedad con que nos ofrece la anécdota, parece llevarnos por falsos caminos hacia el desenlace inesperado y más dramático que la propia historia, pero no hay trampas, inevitablemente desembocamos, personajes y lector, en la necesidad de superar nuestra desgracia y ser felices. Los cuentos de Mazeyra nos llevan a la ilusión de la felicidad”.

2018/06/10

¿Por qué amamos el fútbol?

Hoy, domingo 10 de junio de 2018, a sólo 4 días del Mundial Rusia 2018 escribo en el diario El Pueblo acerca de esta pasión. Acá un fragmento:


En el colegio no solía encontrar carpetas para zurdos. Era un problema. Un profesor recomendaba aprender a escribir con mano derecha para no tener inconvenientes. «La siniestra es del diablo», comentaba un hermano de La Salle con un gesto de amonestación. Sin embargo… ¿no eran Cueto y Maradona zurdos? Pegarle con la izquierda era un premio. Natura había sido generosa. Se sentía un poquito más cerca de aquellos genios del fútbol. Alguna vez había escuchado que su abuela paterna —la mamá Julita— le dijo «poeta» a Cueto… «Poeta de la zurda», vaya elogio. ¿Algún día alguien le diría una frase tan hermosa? 

2018/04/10

El retorno definitivo a Arequipa de Oswaldo Reynoso



Oswaldo Reynoso Díaz nació un 10 de abril de 1931. El autor de Los inocentes, El escarabajo y el hombre y En octubre no hay milagros hoy cumpliría 87 años. Él había planificado con antelación su retorno definitivo a su ciudad natal porque, como en el poema de Kavafis que cita en su libro En busca de la sonrisa encontrada, su tierra natal lo siguió sin tregua (prueba palmaria de ello es su última entrega: Arequipa lámpara incandescente publicada por la editorial Aletheya). Por eso, el maestro quería que sus cenizas fueran esparcidas en el volcán Misti.
José Caro, poeta huamanguino y amigo íntimo del narrador que vivió su infancia y juventud en el barrio de San Lázaro –hasta frisar los veinte años–, ha llegado a la nuestra ciudad para cumplir con el deseo de Reynoso. Además, el jueves 12 de abril se celebrará un evento denominado “El retorno” en donde lectores y amigos de la profusa collera de Reynoso lo recordarán.
Sin embargo la mejor manera de recordar a un autor; o, digo mejor, la mejor manera de homenajearlo es leyéndolo, por eso leamos a Reynoso sin temores ni anteojeras. Arequipa le debe mucho –sobre todo lectores– y él nunca dejó de quererla, a pesar de todo. Acá un fragmento que precisamente hace alusión al volcán Misti en donde se esparcirán hoy sus cenizas:
: “¿Por qué me miras tanto?, me preguntó en tono amenazante. No le contesté y miré el cielo. Era azul como el volcán Misti. Arequipa de eterno cielo azul había cantado con el coro del colegio. Furioso me lanzó un puñete en la cara y corrió gritando: maricueca, maricueca. Con la mano, me limpié las lágrimas que corrían lentas pero dolorosas por mi cara de colegial de doce años. A paso ligero, con respiros fatigados, me dirigí a Selva Alegre. En ese entonces, hace tantas décadas, no comprendía por qué la contemplación del rostro de mi compañero de aula me proporcionaba una sensación extraña y deliciosa. Tampoco llegaba a comprender por qué esta, mi gozosa mirada, despertaba tanto odio y por qué tenía que ocultarla para no ser blanco de infamias e insultos. Entre los árboles y jardines, busqué un lugar oculto para llorar fuerte y romper mis cuadernos; pero no encontré ninguno, pues esa tarde la Selva Alegre estaba repleta de visitantes. Crucé el canal de agua y comencé a caminar por La Pampa Polanco. A medida que avanzaba, sin saber adónde ir, fue perdiéndose el azul del Misti. No era azul. Su color era casi marrón claro árido y feo. ¿Y el azul majestuoso coronado de nieve que veía desde cualquier parte de la ciudad adonde se había ido? Me eché sobre la tierra arenosa y cerré los ojos. Creo que fue en ese instante cuando imaginé una ciudad desconocida de sol con hermosos cuerpos desnudos, ciudad que siempre he buscado para encontrar la felicidad sin culpa, sin castigo. Abrí los ojos y el azul claro del cielo de Arequipa me enseñó el camino para encontrar la felicidad sin culpa ni castigo”.

Nuevos lugares no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Por las calles vagarás,
por las mismas. Y en los mismos barrios envejecerás;
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-
no hay barco para ti, no hay camino.

Kavafis

2017/12/08

¿Tú también lo sientes así?

[...] Una persona que escribe en una habitación silenciosa e intenta conectar con otra persona que lee en otra habitación silenciosa –o tal vez no tan silenciosa–. Las ficciones pueden entretener, en ocasiones enseñar o polemizar sobre algún tema. Pero para mí lo esencial es que transmiten sentimientos, que apelan a lo que compartimos como seres humanos por encima de fronteras y separaciones. Hay un montón de industrias cargadas de glamour
 alrededor de las ficciones: la industria del libro, la industria del cine, la industria de la televisión, la industria del teatro. Pero al final, las ficciones versan sobre una persona que le dice a otra: así lo siento yo. ¿Entiendes lo que digo? ¿Tú también lo sientes así?
Fragmento del Discurso de Kazuo Ishiguro al recibir el Premio Nobel de Literatura 2017.
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