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2021/03/27

INMUNIDAD DE REBAÑO. Historias de la pandemia

 


Esta tarde, luego de la victoria de Melgar, llegó a casa el editor de Aletheya con los primeros ejemplares de Inmunidad de rebaño. Historias de la pandemia. Es una edición excelente, la verdad.
Quiero agradecer a Martín Kohan, profesor de Teoría Literaria en la Universidad de Buenos Aires y Premio Herralde, por su lectura tan rotunda y esclarecedora; al profesor y crítico Ricardo González Vigil por sus generosas palabras; a Rodolfo Ybarra por ser un ejemplo de compromiso y de lucha cotidiana. Inmunidad de rebaño trae ilustraciones de Marquiño —a quien uno, antes de la pandemia, solía cruzárselo en los bares de la calle San Francisco o en la tribuna del estadio alentando al Melgar— y no sólo es el más personal de mis libros, sino el más arequipeño (la portada es de Omar Suri). ¡Gracias a todos los que pusieron un granito de arena para que este esfuerzo sea una realidad!

Sobre este libro:

En el mundo que componen estos relatos de Orlando Mazeyra ya existía, desde antes, la sensación de estar todos metidos en el Titanic (o peor aún: la sensación de ser todos el Titanic). ¿Desde antes? Desde antes de la pandemia, que es casi el único antes en el que podemos pensar hoy por hoy. Desde antes existía en estos cuentos la sensación de que nada (ni Dios, ni la literatura) estaba ahí para asegurar una salvación. Luego llega la pandemia: a este mundo y a estos cuentos. Llega la cuarentena y llega su después. Y Orlando Mazeyra extiende su pericia de narrador a otras escenas de la soledad o de la angustia, de la esperanza o la desesperanza, del encierro o del afuera, de las muertes más generales o más singulares, del ahogo o el desahogo.

Inmunidad de rebaño es la fórmula de una espera. Y es que el arte narrativo de Orlando Mazeyra no es del orden de la salvación, pero sí de un saber de la espera. Ni consuelo ni redención: un puro arte del tiempo.

Martín Kohan, Premio Herralde

 

Narrador nato, Orlando Mazeyra Guillén convierte en historias el universo que lo rodea, refractado por su rico mundo interior. Y lo hace con un lenguaje «sencillo, directo, al grano, sin grasa» (ideal creativo, según lo expresa en «Yo solo voy a rezar»).

Sus páginas atrapan al lector, altamente adictivas.

 

Ricardo González Vigil

 

Como fotogramas de una película que se va armando, estas historias nos devuelven al escenario de las mascarillas, de los balones de oxígeno, de los hospitales cochambrosos con médicos y enfermeras envueltos en plásticos de basura y la falta de medicamentos y camas UCI y la histeria colectiva de las vacunas que no llegan o llegan a cuentagotas y los noticieros de terror con un presidente mintiendo en siete lenguas, con nuestra problemática y crisis económica, política, social y moral. Con jóvenes jugando fútbol sin mascarillas porque ya todo está perdido y todos tienen a muertos por quienes llorar. Y mejor sonreír, divertirse, amar, tomarse una cerveza o salir a correr sin permiso de la policía ahora que se puede, ahora que todavía respiramos y hay vida: aunque no en abundancia, pero vida, al fin y al cabo. […] Unos relatos de la peste desde el mismo infierno y trazados con agujas hipodérmicas como quizás lo imaginaron Daniel Defoe o Alessandro Manzoni.

Rodolfo Ybarra

Para adquirir el libro escribir a: mazeyra@gmail.com


2020/07/28

Presentación de "Unicornios y cocodrilos": jueves 30 de julio a las 7 p.m.



Este jueves 30 de julio a las 7 de la noche, gracias a Frase Corta, presentaremos mi último libro Unicornios y cocodrilos. Me acompañarán Jasson Ticona, Carlos Rivera y Javier Rivera. ¡Están todos invitados! Transmisión en vivo acá.

SOBRE ESTE LIBRO:

David Foster Wallace, en una entrevista con Laura Miller para la revista Salon, dijo que una de las cosas mágicas que tenía la narrativa era romper la soledad de nuestras mentes: “Yo no sé qué estás pensando ni qué hay en tu interior y tú no sabes qué hay dentro de mí. Creo que en narrativa podemos salvar en cierto modo ese muro”.
Unicornios y cocodrilos, del escritor arequipeño Orlando Mazeyra Guillén, consigue eliminar esa barrera entre el autor y el lector con un estilo mesurado pero potente, que estalla con la sencillez de lo cotidiano.
[…] Los 28 relatos cortos de Mazeyra golpean, por lo general, en los diálogos. Hay un cambio de sentido, una transformación en los personajes y en la esencia del cuento cuando los personajes hablan, y ahí el narrador, por lo general, toma la actitud de entrevistador: entra en lugares desconocidos de su interlocutor, así eso signifique toparse con tierra firme o movediza, placer o dolor.
Bryan Paredes (Correo)

[…] los mejores cuentos del libro son aquellos enfocados en los vínculos familiares: en ese espacio brotan con naturalidad los rencores, los traumas no resueltos, los silencios y las sombras incómodas. En más de uno se atraviesa, además, la figura paterna como símbolo de la amenaza y la memoria borrada o alterada por el alzhéimer. Obsesiones que Mazeyra expurga sin tapujos y que le dan sentido a su literatura.
Juan Carlos Fangacio (El Comercio)

En los relatos de Unicornios y cocodrilos —dos de los cuales son más bien evocaciones o testimonios— arde el fuego de la literatura, una pasión por la historia a contar y por la cual su autor —intuyo— se inmola a lo bonzo y toma como insumo sus propios demonios. […] Sin mayores artificios estilísticos y, con un lenguaje que fluye y corre como pólvora, las historias de Mazeyra son pequeñas bombas que el lector enfrentará para a su vez interpelarse a sí mismo. La brevedad es un punto a favor, pues estos relatos son como inyecciones que van directamente a la vena. Si bien la familia es una constante en muchos de estos cuentos, aparece también un leit motiv subyacente: la literatura o, más precisamente, la escritura. Este juego metaliterario, donde el narrador hace guiños al lector y se vislumbra al autor, es el gran tema unificador en esta nueva entrega. Una virtud del autor es la elaboración de diálogos ágiles y que aumentan la intensidad narrativa. Cuentos como el simbólico «El vuelo del cóndor» o «Un extraño te abraza» —para mi gusto el mejor del libro— revelan una destreza narrativa, pero sobre todo la consolidación en el universo narrativo donde Mazeyra parece más a sus anchas: la familia. […] Otro aspecto a resaltar es el del humor negro que imprime de manera sutil o de manera manifiesta, restando solemnidad a los textos y dándoles un aire más coloquial. 
Por esa cuestión elitista y argollera que tiene la literatura limeña —que no peruana—, Orlando Mazeyra Guillén no tiene el reconocimiento que se merece plenamente. Sea a través de sus cuentos o en sus articuentos en el semanario Hildebrandt en sus trece, el lector encontrará historias cotidianas, pero contadas con mucho nervio y, sobre todo, que ponen el dedo en la llaga. Esto puede resultar gratificante para quienes buscamos historias que nos conmocionen y no sean mero entretenimiento. 
Jaime Cabrera Junco (Director de Lee por gusto)

Cuando Mazeyra sacude la polaroid de su vida van cayendo historias y la colorida y bien definida imagen de sus recuerdos se va opacando y deformando hasta teñirse completamente de negro. Mazeyra pertenece a un grupo particular de escritores que saben (no lo intuyen o lo temen, saben) que, en cualquier momento, algo muy malo les ocurrirá. Mazeyra despertará un día sobre su cama y estirará el brazo en busca de Micaela pero su lado estará frío, se dará cuenta de que hace rato no está ahí, sin recordar que hace décadas no la ve, que nunca se casó con ella, que la soledad es ahora de los recuerdos también. Olvidará, por eso lo escribe todo, para dar fe de haber estado acá: en la tierra de Arequipa, en la hinchada melgariana, en el cementerio con amigos, en el chongo con Eloy, en el corazón de una mujer. Sacude la polaroid con la absurda esperanza de que todo se aclare. Pero nada se aclara.
Javier Rivera Martínez



2018/09/25

"De niños eran perfectos": una lectura del libro de Orlando Mazeyra Guillén

No hace mucho fuimos compañeros de clases. La maestría que realizamos fue por diferentes motivos. La decepción compartida.
Nuestra única escapatoria eran esas tardes en La Ramadita, local predilecto de fines de semana. Conversaciones de todo tipo, sobre nuestras vidas, añoranzas, pero sobre todo de literatura, música y películas.
Este libro empieza con una cita de Ernesto Sábato: «Dios no escribe ficciones: nacen de nuestra imperfección, del defectuoso mundo en el que nos obligaron a vivir». Y solo puedo recodar esas tardes en que la literatura era nuestra escapatoria, nuestra forma de sentir y expresarnos. Otro punto importante en el tema, en esas conversaciones por los sábados, era el que se refleja con otra fase en el libro, esta vez de Truman Capote: «Al principio fue muy divertido. Dejó de serlo cuando descubrí lo diferencia entre escribir bien y mal, y luego hice un descubrimiento más alarmante aún: la diferencia entre escribir bien y el verdadero arte, una diferencia sutil pero brutal».
Esas eran nuestras tardes de fines de semana. No había escapatoria. Éramos víctimas de nuestras debilidades. Como la mujer en el primer cuento, que descubre o se siente siempre o casi siempre la más gorda del grupo, del barrio, de la ciudad. Emprendiendo una lucha equívoca por  tratar de pertenecer al estereotipo frívolo  y muchas veces calculado de nuestra sociedad. Y digo esto último por la descarnada lucha de la publicidad, del marketing por tratar de vender una imagen falsa de los que somos. La chica en su intento, como señala el autor por tratar de estilizar su fofo cuerpo, la lleva a la desilusión, lágrimas y depresiones sin rostro. No podía ser otro final.
Estos relatos que datan del año 2005, nos muestran a un Orlando Mazeyra con diferentes preguntas que se vuelcan en su prosa, muchas veces esenciales y sin respuesta a pesar del tiempo transcurrido y, al contrario, las dudas se ahondan; se vuelven más complejas.
Los amigos del barrio, la patota, las palomilladas, las decepciones amorosas y de otra índole, esas primeras experiencias que se intentan olvidar con tragos, pero que nunca se olvidan, sobre todo cuando te dedicas a la miserable tarea de escribir. Sí, no todo es malo, pero normalmente vuelves a ese mismo lugar, a ese mismo recuerdo, te atrincheras y es lo peor que te puede pasar hasta que lo expulsas en letras negras o el color que prefieras, dibujándose en alguna hoja en blanco, garabatos sobre garabatos;  imágenes de rostros, recuerdos que nos flagelan por las noches de insomnio, de mensajes repentinas cuando pensabas que ya todo estaba olvidado, ella escribe sin saber que tú intentabas inútilmente apartarla, borras los mensajes luego de embriagarte con los amigos, te envalentonas y dices que ya no sientes nada por ella o eso al menos quieres creer, ya sabemos que no hay peor mentira. Tus amigos te felicitan por la acción, luego en la noche, mientras tratas de dormir en tu cuarto y los recuerdos  imperan, te llega un nuevo mensaje: es ella, no tienes ni idea de lo escribe,  y solo te queda preguntarte: ¿y ahora qué mierda quiere?
Luego tenemos a un tipo que no recuerda su nombre y mucho menos haberse enamorado, ni tampoco haberse casado. ¿Qué afortunado, no?, pensarán algunos. Pero la realidad dentro de la ficción es otra, el hombre está casado y la mujer sufre. Ella tiene que repetirle a él que su mal, su falta de memoria, es debido a lagunas mentales, o como le dijo su médico de cabecera: Alzheimer. Él por supuesto no le cree. Y se propone la difícil tarea de recordar su nombre. Los días son iguales para ambos, él despertando sin saber quién es ni quién es la mujer a su lado, y ella explicándole todo de nuevo. La idea que plantea el autor me parece extraordinaria. Y juega con eso en el transcurso de la narración. Y me pregunto si a pesar de recordar, sabemos en realidad quiénes somos y si el nombre que llevamos es el nuestro, el que merecemos.  
También tenemos otro personaje que al ver a su abuela sufriendo en esos días difíciles, delirantes, previos a la muerte, preferiría estar loco como su tío, para no ver la realidad o para verla con otros ojos. Un personaje, como muchos, me sumo a esa incertidumbre, que no comprendemos aún la muerte ni lo haremos.
La tarea de escribir, tratando de huir de todo, viviendo realidades alternas, complejas, es otro de los temas del libro, donde un nuevo personaje plantea preguntas en las que se recrimina  por no poder escribir los grandes cuentos que se había prometido. Quería ser una persona diferente a la que se estaba convirtiendo, a veces el día a día te termina por ganar la partida, pero lo peor es que odia al tipo en que se estaba convirtiendo, lo desprecia. Y sus días son miserables. Aquí el autor refleja una de las preguntas que planteaba en un inicio sobre la tarea de escribir, esa gran diferencia entre escribir mal y bien y sobre todo entre escribir bien y el verdadero arte, como lo propone Truman Capote, diferencia brutal, de eso no nos queda duda. Pero también la idea de estar haciendo algo que no nos termina de convencer, de trabajar para alimentarnos, donde el gusto por lo que verdaderamente uno quiere hacer  se pierde, y te carcome, llenándote de inseguridades, ansiedades lacerantes. Y más aún si vives en un país donde dedicarte a la literatura, es una verdadera odisea, una tarea titánica. Conversando con Orlando Mazeyra, coincidimos en que si uno pretende escribir termina con el tiempo destruyéndose. Es inevitable pero necesario.
Asimismo, Mazeyra nos relata la primera vez de un muchacho: esa experiencia única, rocambolesca, traumatizante, inolvidable, quien despierta con la voz de una mujer desnuda, los tragos le han ganado, y ella insiste en preguntarle si es su primera vez, diciéndole: «Pero dímelo, ¡ya pues, dímelo!... quiero escuchar tu voz, ¿con quién has tenido tu primer polvito?».  La mujer, como habrán sospechado o empiezan a sospechar, es una mujer pagada por sus servicios sexuales o una prostituta, como prefieran decirle. No importa en este caso. Pues el relato trata sobre la añoranza de la infancia y que me hace pensar en una frase de Henry Miller, sacada del libro Trópico de Capricornio, y cito: «Me dan ganas de llorar al pensar en lo que la vida ha hecho de ellos. De niños eran perfectos…».
Luego sigue una historia atípica, la de un hombre que sufre de la vista, con el ojo derecho ve perfectamente, pero con el izquierdo aparentemente ve cosas que él no desearía ver: esas verdades ocultas, como la de una mujer que fue infiel y que le oculta a su esposo una enfermedad que la llevará a la muerte. Después seguirán microrrelatos, historias cortas, de palabras controladas, medidas, calculadas, como confesiones en un diario; idea que en el siguiente cuento se expande, desarrollándose con la prolijidad de un narrador de raza, en la confesión de un supuesto asesino, historia que en un principio parece resumirse a un simple ajuste de cuentas pero que con el transcurrir de las páginas toma un giro inesperado, sorprendiendo al lector. Es sin duda, desde mi punto de vista claro está,  uno de los cuentos más logrados junto con «¿Y ahora qué mierda quiere?», «Cierra los ojos y muere», «Escribes», «Mi primera flaca» y también el cuento que le da el nombre a este libro: «Urgente: Necesito un retazo de felicidad». Y ya saben los interesados pueden llamar al  teléfono: (054) 256290, como bien se señala en la portada.


Gustavo Pino

2018/09/20

Presentación de URGENTE: NECESITO UN RETAZO DE FELICIDAD

El jueves 20 de setiembre, a las siete de la noche, se presentará en el Festilibro del Parque Libertad de Expresión de Umacollo el libro “Urgente: necesito un retazo de felicidad” de Orlando Mazeyra Guillén. El ingreso es libre.

Sobre este libro, el escritor Alfredo Herrera Flores ha señalado: “sería injusto decir que las historias de Mazeyra alimentan nuestra pesadumbre o pesimismo, por el contrario, nos muestran una alternativa para indagar por la esperanza. La ambigüedad con que nos ofrece la anécdota, parece llevarnos por falsos caminos hacia el desenlace inesperado y más dramático que la propia historia, pero no hay trampas, inevitablemente desembocamos, personajes y lector, en la necesidad de superar nuestra desgracia y ser felices. Los cuentos de Mazeyra nos llevan a la ilusión de la felicidad”.

2016/11/12

Festival Poético "Doce Ángulos": presentación de "Instrucciones para saltar al abismo"


El miércoles 16 de noviembre, desde las 6 de la tarde, se llevará a cabo el Primer Festival Poético “Doce Ángulos” en la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa (calle San Francisco 308) con la participación de poetas de Lima, Cusco, Puno, Tacna y Arequipa. Además se presentarán los libros de narrativa Radiografía del silencio de Lidia Cayo Velásquez; y el último título de Orlando Mazeyra Guillén: Instrucciones para saltar al abismo. El ingreso es libre y se obsequiarán libros a los asistentes.

Mazeyra ha escrito este libro para honrar la memoria de los grandes amores. Así, la autobiografía y la pretensión íntima-confesional pugnan por ser el hilo conductor de todas las historias y, en ese afán, nos hacen comprender que, a veces, es necesario saborear el dolor de haber intentado alcanzar la dicha que nunca fue nuestra para aprender a ser quienes somos. Las exploraciones del autor, desde los ámbitos en que se mueven los protagonistas, sus diálogos y las voces narrativas, construyen imágenes certeras, poseen una especial perspicacia y el rigor que caracteriza el estilo de este joven narrador que ya tiene un sitial en las letras peruanas. Porque en cada página de este moderno ars amandi, el lector caerá en la cuenta de que estos retratos escritos son los que alguna vez hubiésemos querido escribir para ajustar cuentas con algún amor, aunque escribir sobre el amor no sea nada sorprendente; sin embargo lo realmente extraordinario de estos relatos radica en la manera de saber contarlos: Mazeyra nos reitera, una vez más, que en eso consiste la verdadera literatura. 
Darwin Bedoya


2015/08/19

Dejarse llevar


La historia “Dejarse llevar” aparece en la edición N° 262 del semanario Hildebrandt en sus trece. Acá un fragmento:

Y Erick toma el computador portátil e ingresa a YouTube: encuentra el concierto en el estadio de Vélez Sarsfield de hace cinco años cuando él estaba estudiando en la Universidad de Buenos Aires. «Una lluvia torrencial, pero Charly García estaba entero, fue algo que no se puede contar, hay que vivirlo». Sí, hay cosas que no se pueden contar, sólo se viven. Se recuerdan. Si las quieres plasmar en una hoja en blanco las traicionas, las perviertes y, finalmente, las matas. Y también te matas. Cuando a Erick alguien le dice que tiene miedo de morir de sobredosis, él recomienda una cosa: «Sólo déjate llevar». Pase lo que pase: sólo déjate llevar.

2015/01/26

Así es el fútbol...

Un nuevo relato en Hildebrandt en sus trece.

En la edición Nro. 234 del semanario Hildebrandt en sus trece, del viernes 23 de enero del 2015, aparece mi historia Martín la chola Chabuca. Acá un fragmento:

Nació en Cajamarca, su padre trabajaba en una mina de Marcona. Su madre murió a los pocos meses del parto y él quedó bajo el cuidado de su tía (a la que siempre llama «mamá»).
            Fue mi compañero en la universidad: se pasaba horas de horas en la biblioteca de ingenierías tratando de aprender cálculo —peleando con las integrales y las derivadas—, mientras yo perdía el tiempo en el billar del viejo Jara con mis amigos. Al poco tiempo, decepcionado, decidió abandonar la universidad. Y empezó a estudiar italiano.

2014/09/14

Siempre serás un cholo


En la Edición Nro.217 de Hildebrandt en sus trece
Acá un fragmento:

Sólo cuando estuve en Mejía, allá por los años noventa, descubrí que las miserias de la gran capital se repiten como malos ecos en todos los rincones del Perú. Las empleadas salían a disfrutar de la arena y de las olas del mar cuando toda la gente —la gente bien o la que quería sentirse «bien»— ya se había retirado. A partir de las seis de la tarde, con sus uniformes blancos o a veces azules y esas inconfundibles batas. Algunas apenas se mojaban los pies en la orilla temiendo que alguien las descubriera. Disfrutar del mar a escondidas y con cierta vergüenza… como se hace lo prohibido. ¿Por qué las cosas tendrían que ser así? ¿Acaso eran tan distintas las pieles y las facciones de mi tío Beto o de mi sobrino Alberto de las de sus sirvientas Amelia y Urbana?

2014/06/14

¡El "Puma" Carranza presidente!

En Hildebrandt en sus trece Nro. 206, viernes 13 de junio del 2014.
Acá un fragmento de ¡Carranza presidente!, una historia en Hildebrandt en sus trece:

En su fuero íntimo, le parecía injusto que un don nadie, un personaje gris, fuera el nuevo mandamás.
–Sí –le dije–. Gané por mayoría.
Recuerdo que en aquella ocasión –rociada de anisado, chicha de jora y cervezas– di un breve discurso citando, de memoria (y seguramente mal), un hermoso prólogo de un libro de cuentos de Gabriel García Márquez –Doce cuentos peregrinos–, en donde el colombiano contaba que, a través de un sueño que le permitió presenciar su propia muerte –habría que decir, su propio entierro–, cayó en la cuenta de que morir era no estar más con los amigos.
Pocos de mis compañeros tomaron en serio ese mensaje. Quizá por que no supe darlo, pues soy un mal orador y un pésimo ‘político’. 

2014/06/07

Mi última historia en Hildebrandt en sus trece 205

En Hildebrandt en sus trece Nro. 205
Mi última historia ya aparece en Hildebrandt en sus trece Nro. 205.
Acá un fragmento:

(...) durante el velorio se apareció, con un pequeño arreglo floral, Abimael Guzmán Reinoso. Algunos testigos, como el portero, inclusive hablaban de una “lanchaza”: un viejo Dodge negro que permaneció encendido, echando de rato en rato un espeso humo obscuro por el tubo de escape, en la puerta del colegio mientras Guzmán ingresaba a la comunidad de los Hermanos para despedirse de quien fuera uno de sus más recordados maestros.

2014/05/15

¿Tiene color la felicidad?



Se viene un sábado muy especial, FBC Melgar. Mi equipo, mi primera pasión, mi primer amor: el único que permanece invicto desde que empecé a pegarle a la pelota de cuero de chancho en el parque Paul Harris de la urbanización La Arboleda... y soñaba meter un gol con la camiseta rojinegra a estadio lleno. Después de eso, nada. Un gol con el Melgar y punto. ¿Tiene color la felicidad? Sí, es roja y negra.
El fútbol fue mi primera pasión. Mis primeras lecturas tenían que ver con el fútbol: “El Gráfico”, una revista deportiva argentina que llegaba los viernes por la tarde a un puesto de periódicos del centro de la ciudad y en donde leí por primera vez «El penal más largo del mundo», aquel inolvidable cuento de Osvaldo Soriano.
Me inscribí en la academia de fútbol del ex-delantero Juvenal Briceño Ramos (un accidente en moto a causa de una borrachera interrumpió su prometedora carrera deportiva). Traté de aprender las más elementales nociones del fútbol en el estadio de Umacollo.
Leer todo acá:
http://elbuho.pe/2014/03/24/por-favor-leerlo-en-una-tribuno-vacia/

2014/03/30

Síndrome de Estocolmo

En la edición Nro. 195 del semanario Hildebrandt en sus trece
En la edición 195 de Hildebrandt en sus trece aparece mi historia Síndrome de Estocolmo.
También en la página 27 aparece un bello de texto de César Hildebrandt titulado Dormir sin culpa, que comparto.

Los animales duermen sin culpa. Sin manchas ni remordimientos. Duermen como han de morir, como vivieron: puros, lo más cercanos a Dios (si Dios hubiese). Vivían las bestias la paz del paraíso hasta que el mono transformado llegó para trocearlos. Y el mono inventó las hamburguesas, los patés, las putas de Avignon embutidas en mallas de torero, las máquinas fabricadoras de mastitis, las páginas sociales, los reyes belgas matando por marfil. Decretó el mono apenas transformado que él era el rey de la creación y el hijo de Dios y todo eso lo dijo para inventar corrales, mataderos, lentas muertes, programadas gorduras. Lo dijo con la voz del falso coronel de Kentucky Fried Chicken. Llegó con hachas el mono transformado, con patadas llegó la bestia humana a establecer el reino del martirio. Ese mono bajado de los árboles que afirma haber visto la zarza ardiendo está matando también su madriguera. El planeta está harto del mono soberbio, los hielos se derriten por su culpa y el culto por las chimeneas terminará con esta roca que gira sin sentido alrededor de una estrella que ignora también por qué se quema. Cuando la locura me llama y la ninguna razón del universo solicita mi atención, entonces yo me pongo a ver fotos de animales que duermen y consigo así no suicidarme.

2014/03/01

Muerto de hambre

En la edición Nro. 192 de Hildebrandt en sus trece (del 28 de febrero al 6 de marzo) apareció mi historia Muerto de hambre.
[...] Cuando le di la segunda lectura sentí que todo lo que yo quería expresar sobre la película él lo hacía muchísimo mejor: con más claridad, utilizaba palabras sencillas y adjetivos precisos. ¿Acaso yo tenía que esperar a tener la cabeza repleta de canas para poder escribir así? 
Muerto de hambre es lo último que escribí en mucho tiempo y se puede leer en la última edición de Hildebrandt en sus trece. Y creo que va sobre "la pereza de los vagabundos, el rompecabezas que no terminé... la maldita canción del verano, la casa de citas de mi corazón... El aniversario de la soledad, la liturgia de las despedidas... La banda sonora de lo que viví". 


2013/12/14

Mi mejor amigo

En la edición Nro. 182 de Hildebrandt en sus trece (13 de diciembre) aparece Mi mejor amigo.
El coronel Jerónimo Castillo hizo buenas migas con mi padre. Era su superior, piloto de caza, dos años mayor que él y además su paisano. Conocía como pocos el temperamento —la “especial” forma de ser— de papá. Y, en consecuencia, sabía bien de qué pie cojeaba. Lo comprendía (o intentaba hacerlo). Su hijo menor, Jaime, fue mi mejor amigo de la infancia. 


2013/11/22

Hablamos del peligro de estar vivos...

En la Edición Nro. 179 de Hildebrandt en sus trece (del 22 al 28 de noviembre) aparece ¿Te gusta Vallejo?

"Nadie nos prometió un jardín de rosas: hablamos del peligro de estar vivos"
(Este fragmento inicial para todos los que se apartaron de mi lado por culpa de la escritura... y para los otros también).

Es sábado. Cuatro de la tarde. Estoy dentro de una cabina de internet de la avenida Salaverry. No hay mucho que decir. Releo las dos carillas y siento que algo no encaja. Todo sobra. Las frases son artificiosas. Tres tardes consecutivas frente al editor de texto una computadora  pública. Por eso selecciono el texto y lo borro. Grabo para sea irreversible. No es fácil aceptar que uno está en blanco. Y si no está en blanco, entonces arma párrafos rengos, contrahechos, deleznables.


 

2013/11/16

Buen día, futuro lleno de conflictos: LINAJE DESDORADO

Linaje desdorado en la edición Nro. 178 de Hildebrandt en sus trece (15 de noviembre)


Buen día, primeras luces del día,
buen día, primeros silencios de la mañana,
buen día, futuro lleno de conflictos.
El tiempo viene envuelto en plástico fino.

Buen día, problemas que me van a separar del mundo,
buen día, extraños asuntos de nariz y garganta,
desayuno ravioles cuando viene clareando el día,
el tiempo viene envuelto en plástico fino.

Espero soportar con dignidad el día,
buen día nariz estancada de corte español,
buen día, el futuro es posible como somos,
extraño todo el tiempo tu tacto divino.

Miro tranquilamente las luces de la mañana,
voy a darme cuenta que voy a naufragarme,
y permitirme vivir mis horarios imposibles,
el tiempo viene envuelto en plástico fino.

Tomarme con calma lo que haga falta tomarme,
aunque me traten de reventado y egoísta.
Voy a vivir como quiera el resto del día,
extraño demasiado tu tacto divino.

Buen día, al dormir cuando se me da la gana,
buen día, ser el único habitante del planeta,
buen día, y adiós para siempre intentar ser distinto,
el tiempo viene envuelto en plástico fino.

Buen día, voy a seguir escribiendo canciones,
buen día, a primeras luces de un día celeste,
prefiero la mañana cuando no he dormido,
el tiempo viene envuelto en plástico fino.

2013/11/02

Dormir como salida

En la edición Nro. 176 de Hildebrandt en sus trece
Ya está en Arequipa y en todo el Perú la última edición (viernes 1 de noviembre) del semanario Hildebrandt en sus trece con Dormir como salida.
La última vez que fui a la playa con ella. Es todo. Espero volver pronto. Ojalá.

2013/10/22

A punto de pisar una iglesia

Mi relato A punto de pisar una iglesia aparece en la Edición Nro.174 de Hildebrandt en sus trece (18 de octubre de 2013).

Dejé de confesarme en la secundaria cuando un cura de la iglesia de La Compañía de Jesús se mostró exageradamente interesado en las cosas que yo pensaba —aquello que mi desmesurada imaginación me proveía— cuando me procuraba placer a mí mismo. El viejo empezó a jadear, sin el menor embarazo, dentro del confesionario.
Asqueado y furioso, me juré nunca más volver a comparecer ante un cura y así lo hice.
            Sin embargo, antes de acontecimientos importantes (exámenes de ingreso a la universidad, entrevistas de trabajo, visitas al doctor u operaciones de algunos de mis familiares) le escribía pequeños textos a Dios en alguna estampita del Señor de los Milagros, la Virgencita de Chapi o del Divino Niño.
Escribirle a ese siempre inaccesible Ser Superior era una manera de confesarme sin necesidad de compartir mis miserias (“pecados” les llamaba en el colegio) con algún cura potencialmente peligroso y desagradable.
            Ahora ya no le escribo a Dios, sólo hablo con Él. Presiento que nunca me escucha. Se trata de un monólogo esquizoide. El soliloquio de una prescindible y afectada versión menor de Juan Pablo Castel.
            —Lo que escribes no es cristiano.
            —¿Y quién te ha dicho que yo quiero escribir cosas cristianas?
            —Yo no puedo estar de acuerdo con las cosas que estás escribiendo. Eso es todo y te lo estoy haciendo saber.
            —No busco que apruebes lo que escribo, ¿lo puedes entender?
            —Cada día te entiendo menos. Te estás haciendo un daño irreparable. Cuando te des cuenta será muy tarde.
            Así empezó la fractura definitiva.
(...)
Ahora que lo pienso: también escribo porque nunca podré llevar a un hijo mío al estadio.


Fragmento de A punto de pisar un iglesia 
publicado en Hildebrandt en sus trece

2013/09/10

Cierra los ojos y muere

En la edición Nro. 168 de Hildebrandt en sus trece (6 de setiembre al 12 setiembre) aparece mi relato Cierra los ojos y muere.
(...) En realidad la amo, sé a lo largo de mi vida la muerte –su presencia– ha sido un estímulo vital. La muerte me seduce, ocultándome sus secretos, me dice: “te estoy esperando” y yo la evito. Quiero conocerla mejor pero sólo hay una forma.

2012/12/01

Estremecimientos

Edición Nro. 133 de Hildebrandt en sus trece (del 30 de noviembre al 06 de diciembre).

En la página 28 de la revista Hildebrandt en sus trece ("Estremecimientos") aparece una historia sobre la infancia y sobre cómo uno deja de ser niño. La escribí temiendo otro "año nuevo", ahora que empieza diciembre. Espero que la lean.
La naturaleza humana anida un monstruo