2015/08/19

Dejarse llevar


La historia “Dejarse llevar” aparece en la edición N° 262 del semanario Hildebrandt en sus trece. Acá un fragmento:

Y Erick toma el computador portátil e ingresa a YouTube: encuentra el concierto en el estadio de Vélez Sarsfield de hace cinco años cuando él estaba estudiando en la Universidad de Buenos Aires. «Una lluvia torrencial, pero Charly García estaba entero, fue algo que no se puede contar, hay que vivirlo». Sí, hay cosas que no se pueden contar, sólo se viven. Se recuerdan. Si las quieres plasmar en una hoja en blanco las traicionas, las perviertes y, finalmente, las matas. Y también te matas. Cuando a Erick alguien le dice que tiene miedo de morir de sobredosis, él recomienda una cosa: «Sólo déjate llevar». Pase lo que pase: sólo déjate llevar.

2015/08/13

FBC Melgar: un sentimiento no tiene precio

Cuando era chibolo, después de alentar a mi equipo, volvía a pie desde el estadio Melgar. Por la Salaverry hasta la avenida Parra y luego bajaba hasta el Puente de Fierro. Llegaba a La Arboleda, tocaba la puerta de mi jato y mi vieja salía por la ventana del segundo piso. Le bastaba ver mi rostro para saber cómo había quedado el Dominó. Hoy, después de tremendo papelón, quiero recordar al equipo del año 1992, al que le tengo tanto cariño (ese FBC Melgar que me hizo llorar en la liguilla, porque yo sí he llorado por mi equipo): ganaran, empataran o perdieran yo, como hincha, sabía que había dejado todo en la tribuna (iba a la barra León del Sur y saltaba hasta quedarme sin piernas) y que ellos, por su parte, habían dejado la piel dentro de la cancha. Ahora no. Sólo sé que ellos (y Reynoso) pasan puntual por caja y nada más. Eso es lo que más jode: me pongo necio (o lúcido) y caigo en la cuenta de que un árabe ha venido (a Lima) a hacer buenos negocios. Ya lo dijo Bielsa: no puedes manejar a un club de fútbol como a una empresa (sociedades anónimas, negocios y más negocios): un HINCHA no es un obrero, un SENTIMIENTO no tiene precio. ‪#‎YoSíAmoAlDominó‬


FBC MELGAR del año 1992: equipazo.

2015/06/12

MARIO VARGAS LLOSA: MADAME BOVARY (TAMBIÉN) SOY YO




Impulsivo y sentimental: veneno adolescente*

La rebeldía, en el caso de Emma, no tiene el semblante épico que el de los héroes viriles de la novela decimonónica, pero no es menos heroica. Se trata de una rebeldía individual y, en apariencia, egoísta: ella violenta los códigos del medio azuzada por problemas estrictamente suyos, no en nombre de la humanidad, de cierta ética e ideología. Es porque su fantasía y su cuerpo, sus sueños y sus apetitos, se sienten aherrojados por la sociedad, que Emma sufre, es adúltera, miente, roba, y, finalmente, se suicida […] Emma estaba sola, y, por impulsiva y sentimental, solía equivocar el camino, empeñarse en acciones que, en última instancia favorecían al enemigo (…) Esa derrota fatídica por las condiciones en que se planteaba el combate, tiene ribetes de tragedia y de folletín, y ésa es una de las mezclas a las que yo, envenenado, como ella, por ciertas lecturas y espectáculos de adolescencia, soy más sensible.
Pero no sólo por el hecho de que Emma sea capaz de enfrentarse a su medio –familia, clase, sociedad– sino por las causas de su enfrentamiento lo que fuerza mi admiración por su inapresable figurilla. Esas causas tienen que ver con algo que ella y yo compartimos estrechamente: nuestro incurable materialismo, nuestra predilección por los placeres del cuerpo sobre los del alma, nuestro respeto por los sentidos y el instinto, nuestra preferencia por esta vida terrenal a cualquier otra. Las ambiciones por las que Emma peca y muere son aquellas que la religión y la moral occidentales han combatido más bárbaramente a lo largo de la historia. Emma quiere gozar, no se resigna a reprimir en sí esa profunda exigencia sensual que Charles no puede satisfacer porque ni sabe que existe, y quiere, además, rodear su vida de elemento superfluos y gratos, la elegancia y el refinamiento, materializar en objetos el apetito de belleza que han hecho brotar en ella su imaginación, su sensibilidad y sus lecturas […] La rebeldía en Emma nace de esta convicción: no me resigno a mi suerte, la dudosa compensación del más allá no me importa, quiero que mi vida se realice plena y total aquí y ahora. Hay sin duda una quimera en el corazón del destino ambicionado por Emma, sobre todo si se lo convierte en patrón colectivo, en proyecto humano. Ninguna sociedad podrá ofrecer a todos sus miembros una existencia semejante, y, de otra parte, es evidente, para que la vida en comunidad sea posible, que el hombre debe resignarse a embridar sus deseos, a limitar esa vocación de transgresión que Bataille llamaba el Mal. Pero Emma representa y defiende de modo ejemplar un lado de lo humano brutalmente negado por casi todas las religiones, filosofías e ideologías, y presentado por ellas como motivo de vergüenza para la especie. Su represión ha sido una causa de infelicidad tan extendida como la explotación económica, el sectarismo religioso o la sed de conquista entre hombres. Al cabo de un tiempo, sectores cada vez más amplios –ahora hasta la Iglesia– han llegado a admitir que el hombre tenía derecho a comer, a pensar y expresar sus ideas libremente, a la salud, a una vejez segura. Pero todavía, como en los tiempos de Emma Bovary, se mantienen los mismos tabúes –y en esto la derecha y la izquierda se dan la mano– que universalmente niegan a los hombres el derecho al placer, a la realización de sus deseos. La historia de Emma es una ciega, tenaz, desesperada rebelión contra la violencia social que sofoca ese derecho. 

*Mario Vargas Llosa. 
Creo que el autor de "La ciudad y los perros" también puede decir con pleno derecho y absoluta justicia: "MADAME BOVARY SOY YO".

2015/05/31

La religión de los idiotas



Yo no pongo la mano en el fuego ni por mí mismo, 
no comprendo cómo funciona mi mecanismo... 
A veces tengo ganas de reír 
y sin darme cuenta me pongo a llorar. 

Si se me levanta un dolor de cabeza 
en vez de una aspirina una cerveza 
Si veo en la ventana que sale la luna 
en vez de ir pa' la cama una vacuna 
de soledad y locura. 

Si sé que mañana es día de trabajo 
Siempre es el penúltimo trago, 
Si sé que tus labios desean los míos  
ya no me apetece besarlos, 
Si siento que alguien se acerca 
A mí con malas intenciones, 
De par en par le abro las puertas 
De mi puta vida pa' que la destroce, 
Y luego solo y desolado 
Apuro hasta la última gota 
Brindando por los evangelios de mi religión, 
Que es la de los idiotas. 

Debe ser que mi carretera es bastante estrecha, 
35 años tropezando en la misma piedra, 
A veces tengo ganas de reír 
Y sin darme cuenta me pongo a llorar. 

Si se me levanta un dolor de cabeza 
En vez de una aspirina una cerveza 
Si veo en la ventana que sale la luna 
En vez de ir pa' la cama una vacuna
De soledad y locura. 

Si sé que mañana es día de trabajo 
Siempre es el penúltimo trago 
Si sé que tus labios desean los míos 
Ya no me apetece besarlos, 
Si siento que alguien se acerca, 
A mí con malas intenciones 
De par en par le abro las puertas 
De mi puta vida pa' que la destroce, 
Y luego solo y desolado 
Apuro hasta la última gota 
Brindando por los evangelios de mi religión, 
Que es la de los idiotas. 

No sé si me contradigo 
O no entiendo lo que digo, 
Muchas veces me planteo 
Si soy solo lo que veo, 
Y no lo entiendo y no comprendo 
Cómo puedo estar tan loco, 
De enfrentar solo este baile 
Aun sabiendo que estoy cojo, 
Y mi cabeza, que confunde 
Las mentiras con verdades 
Piensa que ha visto la luna 
Hoy nos vemos en los bares

Melendi

2015/05/11

El gran BARRIGANA


[…] Y escuchaba boquiabierto en la radio de mi padre, con los dedos como pantalla en la oreja, los relatos de Artur Agostinho que, los domingos a las tres de la tarde, narraba con tono épico las proezas del gran Frederico Barrigana en un estadio lleno de gente a reventar. A los doce años, si no hubiese deseado con tanta pasión ser escritor, habría querido ser el "Mãos de Ferro". Pero, claro, tenía la suficiente conciencia de mis limitaciones como para comprender que no se puede querer ser el gran Frederico Barrigana; se es, por don divino, perfecto como él desde el principio.
El dolor de no haber presenciado nunca un solo partido del gran Frederico Barrigana me acompañó toda la vida entre accesos de melancolía periódica que me llevaban a despreciar con un encogimiento de hombros a todos los otros guardametas, portugueses o extranjeros, que el Estadio da Luz me presentaba: era el Síndrome de Barrigana (entidad nosológica que aún no he renunciado a hacer incluir en los libros de Medicina).
Taladrándome el cerebro: el Mãos de Ferro se convirtió en el metro-patrón ideal, inalcanzable, de platino iridiado como el del Instituto de Pesos y medidas (para más aclaraciones véase la reproducción en el Manual de Física del tercer año de liceo) que servía para evaluar todo en la vida, fuesen políticos, poetas, virreyes o escultores.
En 1973, en la Baixa do Cassanje en Angola, quiso el Altísimo que mis sueños y mis oraciones fuesen finalmente atendidos. En un intervalo de dramas guerreros en la frontera con el Congo que no importan ahora, pasaba yo por el campo de fútbol de Ferroviário e Malanje cuando reparé en un hombre de cierta edad, calvo y barrigón, chutando con ropa de entrenamiento a la meta defendida por un mulato con raya abierta a navaja en la maraña de rizos de su pelo, y en un grupo de niños negros que por detrás de la red aplaudían con entusiasmo al grito de:
–Dale, Barrigana.
–Sacúdete, Barrigana.
–Mátalo, Barrigana.
Me acerqué primero incrédulo, después extasiado: era Él. En un campo perdido de África, en medio de los baobabs y mangos plagados de murciélagos, el Mãos de Ferro con silbato al cuello enseñaba fútbol a los chicos de las chabolas poseído de un espíritu misionero y de una devoción pedagógica que me transportaron y enternecieron. A cada chute del genio, los muchachos admirados gritaban "Dale con todo, Barrigana" con una familiaridad que irritó a mi ídolo. Nadie, desde su punto de vista y del mío, Jefe de Estado, mariscal de campo, Papa o dentista, tenía derecho a tutear al divino Frederico Barrigana. Justamente indignado con tamaño ultraje, el Mãos de Ferro inmovilizó con un gesto patricio al mulato con raya a navaja que se cuadró de inmediato, sumiso, avanzó con el índice levantado hacia los niños paralizados del susto y ordenó con una voz terrible de Juicio Final, para hacerles hablar bien enseñándoles la respetuosa cortesía debida a los dioses que muy de vez en cuando la misericordia de Júpiter envía a nuestro encuentro para justificarnos la existencia, conquistadores, santos, geómetras y recaudadores de impuestos.
–Ni Barrigana ni de tú. De usted: señor Barrigana.
Y nunca lo admiré tanto como ese día.

ANTÓNIO LOBO ANTUNES
Libro de crónicas

2015/05/01

Underwood

Frank Underwood 


Las palabras que aquella vez me dijo mi padre me dejaron un eco que resonaba más que esta máquina de hace 70 años: "Esta Underwood construyó un imperio", dijo: "ahora ve y construye el tuyo". Esas palabras han sido gran parte de lo que me ha motivado en la vida. Sólo he escrito una carta más con estas teclas. No me falló entonces. 
[…] Quiero decirle algo que nunca le he dicho a nadie. A los 13 años sorprendí a mi padre en el establo. Tenía una escopeta en la boca. Me llamó con la mano y me dijo: "Ven, Francis, jala el gatillo". Porque no tenía el coraje de hacerlo él. Le dije: "No, papá", y me fui, sabiendo que él nunca tendría el coraje. 
Los siete años siguientes fueron un infierno para mi padre, pero un infierno más grande para mi madre y para mí. Nos amargó la vida con la bebida, la desesperación y la violencia. Mi único arrepentimiento en la vida es no haber jalado ese gatillo. Habría estado mejor en la tumba y nosotros habríamos vivido mucho mejor sin él. 

2015/04/09

Contar historias...

Juego de tronos.
—¿Por qué inventaría una historia si sé la verdad?
—Porque la verdad siempre es terrible o aburrida.

2015/04/02

La tinta de la pasión

Plaza de Armas de Arequipa
En una extensa entrevista que le hace la RevistaIdeele, Oswaldo Reynoso tiene la generosidad de mencionarme (y de ponerle un mejor título -error que ya fue corregido- a mi libro Mi familia y otras miserias):

En Arequipa hay un gran narrador que se llama Orlando Mazeyra. Pueden leer sus crónicas y cuentos en la revista de Hildebrandt. Tiene un libro que se llama Mi familia y otras desgracias (sic). En Chimbote está uno de los más grandes escritores peruanos: Fernando Cueto, que ha escrito Ese camino existe.
Pueden leer la entrevista en la página de la Revista Ideele (clic acá).
http://revistaideele.com/ideele/content/oswaldo-reynoso-%E2%80%9Cme-da-asco-cuando-escucho-que-el-peruano-es-pac%C3%ADfico%E2%80%9D
Comparto también esta crónica de Eloy Jáuregui.

La tinta de la pasión
Escribe Eloy Jáuregui

Oswaldo Reynoso me muestra dos de sus últimos manuscritos en su departamento del distrito de Jesús María y el sol pega fuerte tras las ventanas y cortinas de aquella tarde memoriosa. Y nos hemos puesto a recordar aquellos años de los sesenta cuando publicó Los inocentes o Lima en Rock (1961), su primer libro de cuentos, y su novela En octubre no hay milagros (1966). Entonces yo, todavía corito, como dicen en Arequipa, llegaba a su casa de Santa Cruz en la calle Toribio Pacheco para recoger sus libros y llevarlos a la librería de mi padre. Sus libros siempre tuvieron lectores, los jóvenes. Y muchos detractores, los viejos. Así de simple, como le gusta a Reynoso hablar. Las cosas por su nombre.
Y es que conversar con el escritor arequipeño –nació un 10 de abril de 1931 en la Ciudad Blanca–, es regresar a los orígenes de la literatura última en estos confines. Reynoso luce su cabello blanco y sus recuerdos. Y entonces me dice que él fue uno de los escritores que revitalizó el género de la crónica. Regresaba de Maracay en Venezuela en 1964 y le pidió a Walter Peñaloza que le dieran un espacio en el diario Expreso. Así fue a caer en manos de un tal Francisco Vallebuona Cárdenas o Eugenio Buona. “No soy periodista, le dijo, pero sé escribir”. Así, le dieron como premio una columna que Reynoso bautizó como “Sucedió en Lima”. Pero no lo miraban bien. En ese espacio Reynoso escribiría apenas diez columnas que era retratos de Lima desde sus personajes, sucesos y lugares. Su presencia fue pasajera en menos de tres meses pero el estilo deslumbró a todos.
Reynoso ya no bebe. Entonces le recuerdo que hace unos meses nos encontramos en las ferias de libros de Pacasmayo y de Bernal (Piura) y que nos tomamos un vaso de cerveza en cada sitio para el calor. Y punto. Es que Reynoso es un viajero impenitente. Y uno está seguro cuando lo encuentra en un parque de Tacna o en la Universidad San Agustín de Arequipa disertando sobre sus libros, sobre la literatura en general. Y cuando uno le pregunta si es poeta o narrador él dice que es escritor de literatura. Ese género que ahora ejerce con tranquilidad y con mayor tiempo para escribir. Y entonces me habla de disciplina, que la creación literaria es el resultado de un trabajo persistente, coherente y consciente. Y que para eso tarea no hay necesidad de alcoholizarse o drogarse, ni de amanecerse todos los días.
Y ahora me está leyendo su cuento Examen final. Y cada frase y cada imagen explican que el escritor no ha perdido esa belleza encarnada en su genio creativo. Debo confesarlo, entre su casa y la mía apenas hay tres cuadras. Por eso siempre nos encontramos en el supermercado y nos olvidamos de las ofertas y nos ponemos a conversar de la literatura. Y es cierto, ahora sé que Reynoso está con problemas con la presión alta, pero que eso no impide que escriba. “Yo de pronto empiezo a escribir, ¿sabes? Yo escribo cuando me da la gana. Escribo dos horas y lo dejo. Eso sí, uso muchos los diccionarios. ¿Sabes? Es que tengo un compromiso con el lenguaje, con recuperar términos y buscar la belleza extrema en la expresión escrita”.
Y cuando se le pregunta cómo siente a este Perú que heredamos del ‘fujimontesinismo’ se fastidia. Y entonces alza la voz para decir que las derechas y los reaccionarios han impuesto la norma del oscurantismo, que ya no existe una literatura crítica y cuestionadora. Así hay escritores que cuando crean miran la pared (se refiere a sus bibliotecas) otros se miran el ombligo (hablan de ellos mismos) y los otros que solo miran el piso (solo donde están parados). Entonces no se lee a Vallejo o a Arguedas, Dizque son escritores pesimistas que no ayudan al peruano emprendedor y “aspiracional” (el neologismo es de la Universidad del Pacífico). Así, la educación se ha convertido en una operación bancaria y las universidad en un negocio despiadados donde los egresados solo engrosan las filas de las empresas robóticas.
Las influencias creativas de Reynoso están en Rimbaud, Verlaine, Baudelaire y Gide. Pero antes de publicar su primer libros reconoce que leyó cuando joven La casa de cartón de Adán y Duque de Diez Canseco y quedó impresionado con el uso del lenguaje. Son libros que utilizan algunos elementos del habla popular, o temas como la homosexualidad, pero que aparecen en sus relatos como algo artificial. Hasta el año 60 tanto ese lenguaje como un tema como la homosexualidad estaban un poco al margen. “Ahora, con el tiempo, creo que lo más importante de mis obras es el empleo del lenguaje, asumir vivencialmente el lenguaje popular, la jerga, entendido como lenguaje poético. La jerga aparece como una necesidad expresiva de mis personajes para crear el ambiente y su propia problemática. Porque anteriormente los escritores del Perú eran muy pudorosos, escribían dentro del estándar de las formas cultas”, dice.
Reynoso vive solo. Él se encarga de sus cosas, cocina muy bien, su fuerte son las pastas y tiene una trabajadora del hogar que le hace la limpieza de su departamento. En sus paredes se leen dazibaos chinos (afiches redactados por ciudadanos comunes con un tema político o moral y pegados en muros) que recuerdan su estadía de doce años en China. También hay un biombo de seda y máscaras de la Opera de Pekín con sus largos bigotes y cabellos lacios. Reynoso sabía que en China iba a sentir la belleza de la otra mitad del mundo y en efecto, de esta experiencia es su novela Los eunucos inmortales (1995) amén de haber conocido a decenas de amigos y recordar hoy las atroces imágenes de la represión en la Plaza Tian An Men.
Cuando me muestra su manuscrito llamado provisionalmente Arequipa, lámpara incandescente, sus ojos brillan con aquella satisfacción del maestro. ¿Qué es, cuentos, novela? Le pregunto. “No, me responde, es literatura”. Son estampas de mi vida y siempre como interlocutor un joven a quien hay que explicarle sobre la real y la ficcional. Reynoso tiene su PC bien aceitada. Cuando escribe se encierra en su estudio, desconecta el teléfono y sin prisa, lee y relee. Luego imprime su texto. Y ahí comienza el proceso de la perfección de su obra. Ahora me está enseñando sus cuatro borradores que le han permitido tener esta quinta versión de su libro ya terminado y forrado como trabajo universitario. Reynoso es creador pero es más exigente con el orden y la perfección.
Y ahora nos estamos acordando de algunos amigos que ya se murieron, del poeta Manuel Morales y dos de sus grandes poemas: Si tienes un amigo que toca tambor, o el otro: Réquiem para el sordomudo Jack Quintanilla. Y ahora, casi solemne, habla de Martín Adán, quien tuvo una vida desgraciada, pero que él respeta por su obra, especialmente su Travesía de extramares. Y cierto, que no es justo que hoy exista en el olvido. Y ahora está reflexionando sobre el sicoanálisis y su amistad con Leopoldo Chiappo y Sigfredo Luza. Y es cierto también que Reynoso, que fue profesor tanto tiempo en La Cantuta, me habla como a un amigo. Y siempre será mi amigo. Porque es cierto que existe una admiración por su obra literaria pero más por su vida. Este hombre que fundara el llamado “realismo urbano” y que es un ser apacible y de miles de amigos, sabe que ya está en la eternidad de los libros. Pero es más, sabe que será eterno en el corazón de muchos, que lo queremos y lo admiramos.
Y cuenta Reynoso: “Yo nací en 1931 en Arequipa. Mis padres eran tacneños. Eran los tiempos de la dominación chilena. Mi padre se fue a Bolivia y mi madre a Arequipa donde luego de cuatro años se volvieron a reunir. Mi padre fue contador de la universidad en Arequipa. Y yo estudié allí. Es verdad, pero creo que me estoy quedando cada vez más solo. Nosotros somos 14 hermanos de los cuales solo quedamos vivos 2. Si la juventud es la entrada a la vida a los 20 años. A partir de los 60 la vejez es la salida de la vida. Ahora que me doy cuenta, también he comenzado a tachar a mis amigos de mi agenda. No porque no los estime sino porque ya se murieron. Yo siempre he sido místico y me han gustado los ritos. Me encantaban esas misas solemnes en la Catedral y en las oscuras iglesias de sillar de Arequipa. Con órganos, coros, ornamentos, cirios de colores, los altares dorados o plateados, las vestimentas especiales de los curas. Años después me encantó enterarme de lo que Wagner decía: “La misa no es más que una ópera para el pueblo”.

2015/03/29

Confusión

Doug Stamper personaje de House of cards.
“Simplifico todo. Sé cuáles son mis prioridades. Pero hay... una persona. No está dentro de mi vida, sino en el borde, haciendo todo más confuso. No me incita a beber. Es como si... con ella siento lo mismo que sentía cuando bebía. Cuando no me bastaba: bebiera lo que bebiera, siempre quería más. No quiero estar con ella. Es decir, sí quiero. Pero ella es como mi hija. O mi madre. No sé. Esto es una mierda. Debería distanciarme de ella así como me distancié del alcohol. Eso es todo. Terminé”

2015/03/18

Descansa en paz... y ahora levántate

The Walking Dead: también con millones de seguidores en Europa. Acá: publicidad en Madrid.
Cuando yo era niño le pregunté a mi abuelo si alguna vez mató alemanes en la guerra. Él no contestó. Dijo que eran cosas de adultos, así que entonces le pregunté si los alemanes alguna vez intentaron matarlo. Pero se quedó callado. Dijo que estuvo muerto desde el instante en que pisó territorio enemigo. Cada día se despertaba y se decía: «Descansa en paz... y ahora levántate y ve a la guerra». Y, después de años de pretender que estaba muerto, logró salir con vida. Esa es la clave, creo. Hacemos lo que necesitemos hacer y salimos con vida [...] nos decimos a nosotros mismos que somos los muertos vivientes.

Rick Grimes, personaje de The Walking Dead 

2015/01/30

Hildebrandt: La gente dice: ¿Qué va a pasar el 2016? No se preocupe usted, el 2016 va a pasar lo mismo...

Algunas frases de una larga entrevista en cinco partes

César Hildebrandt anuncia algo aterrador pero inevitable, al parecer: "¿Qué va a pasar el 2016? No se preocupe usted, el 2016 va a pasar lo mismo".

Sobre Ollanta Humala: "¿Cómo pasas de caudillo de un movimiento de indignados a mascota de CONFIEP?"

"Los salarios han bajado ocho puntos en cuanto al Producto Bruto Interno en los últimos veinte años y, en cambio, el capital ha subido diez. Se trata de hacer un capitalismo menos brutal, más humano, más equitativo, porque el capitalismo puede ser compatible con cierta equidad, con cierta justicia. Pero, claro, nosotros hemos heredado el capitalismo impuesto a patadas por Fujimori desde 1992: sindicatos abolidos, derechos laborales olvidados. En fin, persecución de todo aquello que disienta del coro general y colapso de los partidos".

LA DISCRIMINACIÓN

"Ahí viene también el racismo: el creer que lo indio es inferior, siempre inferior, que lo mestizo es sospechoso, que lo negro es bajo, es decir, toda esta mescolanza perversa que es todavía parte de la educación de las clases altas en el Perú. Al final de cuentas el choleo se mantiene virgen, está intacto, parece el siglo XIX".

"Vamos a terminar con Humala y Humala va a terminar con nosotros".

 





2015/01/26

Así es el fútbol...

Un nuevo relato en Hildebrandt en sus trece.

En la edición Nro. 234 del semanario Hildebrandt en sus trece, del viernes 23 de enero del 2015, aparece mi historia Martín la chola Chabuca. Acá un fragmento:

Nació en Cajamarca, su padre trabajaba en una mina de Marcona. Su madre murió a los pocos meses del parto y él quedó bajo el cuidado de su tía (a la que siempre llama «mamá»).
            Fue mi compañero en la universidad: se pasaba horas de horas en la biblioteca de ingenierías tratando de aprender cálculo —peleando con las integrales y las derivadas—, mientras yo perdía el tiempo en el billar del viejo Jara con mis amigos. Al poco tiempo, decepcionado, decidió abandonar la universidad. Y empezó a estudiar italiano.

2015/01/24

El modo como se nos escapan nuestras vidas es la vida



Un hecho triste, claro, de la vida de los adultos es que uno ve cosas a las que nunca se adaptará que le apuntan desde el horizonte. Uno las ve como los problemas que son, uno se preocupa tremendamente por ellas, hace previsiones, toma precauciones, realiza ajustes; se dice a sí mismo que cambiará el modo en que hace las cosas. Pero no lo hace. No puede. En cierto modo, ya es demasiado tarde. A lo mejor incluso es peor: a lo mejor lo que ve acercarse desde lejos no es lo auténtico, lo que asusta, sino sus repercusiones. Y lo que uno teme que ocurra ya ha ocurrido. Es algo parecido a darse cuenta de que todos los grandes avances recientes de las ciencias médicas no nos serán de ninguna utilidad, aunque nos alegremos de ellos, esperemos que tengan a punto una vacuna a tiempo y pensemos que las cosas todavía podrían mejorar. Pero también es demasiado tarde. Y así se desarrolla nuestra vida antes de que nos demos cuenta de ello. Y se nos escapa. Ya lo dijo el poeta: “El modo en que se nos escapan nuestras vidas es la vida”.

Richard Ford, El día de la Independencia 

2015/01/09

Realismo extremo en narrativa peruana actual


Escribe: Javier Ágreda
Las tendencias dominantes en la producción literaria suelen tener un movimiento pendular, pasando de un extremo a otro cada cierto tiempo. Esos extremos pueden ser de diversos tipos (por las técnicas, el lenguaje, los temas, etc.), pero la oposición que ahora nos interesa subrayar es narrativa fantástica – narrativa realista. Si hace diez años los más interesantes narradores jóvenes peruanos escribían relatos fantásticos (Luis Hernán Castañeda, Carlos Gallardo, Alexis Iparraguirre, etc.) ahora parece haber llegado nuevamente la hora del realismo extremo, tal como lo encontramos en los más recientes libros de narradores de todas las generaciones, desde Jeremías Gamboa (Lima, 1975) hasta Fernando Ampuero (Lima, 1941), pasando por Carlos Villacorta (Lima, 1976), Orlando Mazeyra (Arequipa, 1980), Cecilia Podestá (Ayacucho, 1981) y Christian Reynoso (Puno, 1978), entre muchos otros.
Autobiografías
Pero incluso dentro de este realismo extremo es posible encontrar diferentes tendencias. La primera es la de las autobiografías, cuyo mejor ejemplo es la novela Contarlo todo, de Jeremías Gamboa, en la que el autor hace un extenso y detallado recuento de su formación como periodista y su paso por los principales diarios y revistas locales. Incluso aparecen conocidos periodistas, con nombres apenas cambiados, protagonizando historias reales. Literariamente mucho más interesante, dentro de esta veta autobiográfica, resulta el libro Mi familia y otras miserias de Orlando Mazeyra, un libro de “autoficción” que mezcla la autobiografía y la ficción narrativa. Así, en más de treinta relatos breves nos presenta diversas versiones de una familia disfuncional en la que en la que el padre es un militar retirado (autoritario y alcohólico), la madre una mujer sumisa y el hijo un inadaptado aspirante a escritor.
Historias reales
En algunos casos, es el afán de contar interesantes historias reales el que ha llevado a estos autores al realismo. Y debido a la proximidad de este tipo de narraciones con el trabajo periodístico, suelen ser protagonizadas por periodistas. Esto sucede en El rumor de las aguas mansas, la novela de Chistian Reynoso, que narra un trágico suceso reciente: el linchamiento del alcalde de Ilave ocurrido en 2004. Detrás de ese asesinato había una vasta y poderosa red de contrabandistas, narcotraficantes y autoridades corruptas que el periodista protagonista tiene que descubrir. En el caso de Loreto de Fernando Ampuero, se trata de la historia de un peligroso pandillero del Callao; un intento de este escritor de radicalizar la propuesta de sus “novelas callejeras”.
Ficciones hiperrealistas
Por último, hay una serie de relatos que, a pesar de ser ficticios apelan, para su verosimilitud, al realismo extremo. Ese es el caso de Alicia, esto es el capitalismo de Carlos Villacorta, que pretende ser un retrato fidedigno de la Lima de los años noventa y de los inicios del llamado “capitalismo salvaje”. Por eso, las paupérrimas condiciones de trabajo de los protagonistas son descritas con una minuciosidad que remite al más radical realismo de los años cincuenta. Por otra parte, Cecilia Podestá reúne en La orina tibia de tu cuerpo un conjunto de relatos que nos llevan a un mundo de sexo, violencia, miseria y crueldad extrema. Son textos breves y de carácter experimental, que muestran apenas una o dos escenas —terribles, propias de la más amarillista crónica policial— de historias no contadas, pero que el lector puede reconstruir mentalmente.
Javier Ágreda (crítico literario)
Fuente: EL MONTONERO

2014/12/10

La prosperidad inconclusa

Alguna vez, César Luis Menotti, al referirse a Andrés Iniesta, dijo que tenía «cara de oficinista». Ahora, al referirse a mí, Juan Carlos Valdivia Cano dice que bien puedo pasar por «cajero de la SUNAT». Claro que la comparación es mala —torpe— porque el talento futbolístico de Iniesta es inmenso. En cambio, el mío (si se le puede llamar literario) es muy escaso o nulo. No obstante, agradezco esta generosa lectura.


 ORLANDO MAZEYRA GUILLÉN:  LA PROSPERIDAD  INCONCLUSA
Por Juan Carlos Valdivia Cano
Nadie niega su tremebundo talento, más que su talante, literario. Si no lo conociera y me dijeran  que es  un cajero de  la SUNAT no me sorprendería.  Pero nadie encarna como él en su vida y en su pequeña gran obra, eso que los de la farándula culturosa de los setenta, en casa de Rolo, llamábamos y vivíamos como «la muerte del padre», en este caso a través del privilegio de la literatura, de la pasión literaria que todo lo transfigura,  todo lo transforma, todo lo recrea.  Poquísimas  obras han sido tan  atrevidas, tan crudas y sinceras en nuestras letras peruanas como La prosperidad reclusa. ¿Cuántos escribas han roto «el pacto infame de hablar a media voz» que denunció don Manuel?
En  la setentera Casa de Rolo eso se vinculaba a la capacidad para mirarse uno mismo hasta la crueldad, llámese autocrítica, autoconocimiento, autoanálisis,  o como se llame, sin asco ni piedad,  más allá de la negación y el nihilismo, por supuesto,  o según  advierte Vila-Matas citado por Orlando Mazeyra Guillén, más allá del «mal endémico de las letras contemporáneas, la pulsión negativa o la atracción por la nada que hace que ciertos creadores , aun teniendo una  conciencia literaria  muy exigente (o precisamente por eso) no lleguen a escribir nunca; o bien escriban uno o dos libros  y luego renuncien a la escritura;  o  bien, tras poner en marcha una obra, queden, un día, literalmente  paralizados».
 ¿No se supone que un buen cristiano busca la verdad hasta donde ésta lo lleve y caiga quien caiga?  Es la  fe, la fuerza del mito, aunque sólo se exprese como amor obseso por la literatura. Pero aquí, como en todas partes, no basta con romper las tablas,  aunque sea a través del enorme privilegio de la literatura, no basta con matar la ley. Es menester escuchar  de nuevo  a Zarathustra. «He matado la ley,  y si no voy más allá de ella seré el más réprobo de los réprobos».
El apellido  Mazeyra es para mí personalmente muy significativo porque está ligado a mi vida desde la adolescencia y no de manera casual o pasajera. Esto lo explico en el libro de homenaje al doctor Eusebio Quiroz Paz Soldán cuando confieso que, en cierta manera, fui iniciado a la vida ciudadana y a la participación cultural activa gracias a la institución que Orlando Mazeyra Ojeda fundó y dirigió con el nombre de Víctor Andrés Belaúnde y a la que tuve el honor de pertenecer  como socio voluntario  (aunque jamás vuelva a inscribirme en una institución que acepte a un tío como yo).  Y cómo gracias también  a ello  asistí a  la primera conferencia en mi poco santa vida, a cargo del joven historiador Eusebio Quiroz Paz Soldán, que se ocupaba de José Carlos Mariátegui, nada menos.  Ahora veo que lo que me inoculó fue su admiración.
Si la crítica y autocrítica han parido la civilización europea moderna, como recordaba Octavio Paz, eso es mucho más decisivo en el caso del  escritor. Por eso espero que  Orlando Mazeyra Guillén no pare, que no se detenga, que  no crea que ha encontrado, que siga buscando,  que siga «matando al padre», que no necesita de apoyos ni dependencias de ningún tipo  y tal vez sea muy conveniente literariamente independizarse también de esos padres, de esos modelos tradicionales por los que apuesta, porque todo lo demás lo tiene de sobra.
 Necesitamos nuevos mitos. Los mitos de nuestros padres son muy respetables, pero ya no generan nada de pasión entre las nuevas generaciones, sino indiferencia en la mayoría  y fanatismo en algunos casos. Y necesitamos, al revés,  más libertad, más dignidad, menos discriminación y más tolerancia, los mitos de San Martín y Bolívar, más que los de Abraham, el hijo de Yahvé. 
Sólo alguien  que tiene la fuerza y el carácter necesario puede  arrogarse el derecho a escribir con su sangre lo que le viene de la sangre como «mandato vital». Lo cual  no tiene que ver con la descripción de escenas para los lectores sexualmente reprimidos sino con la  práctica de un arte. El arte de Orlando Mazeyra Guillén:   
«La idea del sexo como única verdad  se había presentado ante mí desde que conocí a Camila, una muchacha de apenas catorce abriles. Todavía no recuerdo si leí Lolita antes o después de conocerla. Aunque, a la luz de los hechos acontecidos, eso era lo de menos. Lo que de veras importaba era el nuevo trayecto: los juicios, las insidias, las calumnias de gente que juzga, pero  no vive. Un trayecto repleto de ignorantes que ahora  me miran  perplejos sin saber que ella y yo siempre estuvimos por encima del resto.» (p. 100).

No son sólo las cosas sino, sobre todo, las palabras lo que importa. El cómo se dice es inseparable  de lo que se dice. Y Orlando Mazeyra Guillén sabe contar  muy bien lo que cuenta. 

2014/12/08

Presentación de la reedición de "La prosperidad reclusa" en la FIL Arequipa


Este lunes 8 de diciembre, a las seis de la tarde, se presentará la reedición del libro “La prosperidad reclusa” de Orlando Mazeyra Guillén.
Legisprudencia.pe es la editorial que reedita este libro que apareció a finales del año 2009 y en esta ocasión será presentado por Juan Carlos Valdivia Cano, Carlos Rivera y el editor Roger Vilca en el auditorio Oswaldo Reynoso de la FIL Arequipa.
Acerca de este libro, ha escrito Francisco Melgar Wong, en el diario El Comercio:
“Esquizofrénicos, obsesivos, perdedores y desadaptados de toda clase son los personajes que pueblan las prosas y relatos de La prosperidad reclusa, rotundo libro del joven escritor Orlando Mazeyra Guillén. Nacido en 1980, Mazeyra viene ganando premios desde hace varios años gracias a sus relatos enardecidos y precisos, muchos de ellos editados por revistas y publicaciones de universidades de distintos países latinoamericanos. En “La prosperidad reclusa” hallamos varios de ellos, quizá las mejores narraciones de este escritor, en que las neurosis cotidianas se convierten en el motor de una existencia que lucha por sobreponerse a un destino oscuro, siempre fracasando en el intento. Guiado por un lenguaje que refleja una necesidad urgente de expresión, Mazeyra asoma como una de las mayores promesas de la narrativa local”.
También, el novelista arequipeño Jorge Eduardo Benavides, Premio Torrente Ballester, ha dicho:
“Los relatos de Mazeyra nos ofrecen personajes descarnados, irremediable e inútilmente insumisos respecto a una realidad de la que no pueden escapar: verdaderos outsiders del siglo XXI. Con un estilo seco, de frases intensas y composiciones vibrantes, el fresco cotidiano que nos presentan los cuentos reunidos en La prosperidad reclusa, anuncian un nuevo autor a tener en cuenta en las letras peruanas.”


2014/11/28

Mario Bellatín en la FIL Arequipa

Con Mario Bellatín en la FIL Arequipa. Gracias a Julio Del Carpio por la fotografía.
Mientras Mario Bellatín me autografiaba Flores pensé que quizá sea cierto aquello que el narrador señala en una de las páginas del libro: «un individuo rapado es el único con capacidad de encontrar al Dios que hay dentro de uno mismo».
Ayer, por la noche, en el parque Libertad de Expresión (FIL Arequipa) por fin tuve la suerte de conocer a Mario Bellatín. En verdad, un escritor notable y, además, una persona muy generosa y amable. Me siento feliz (de veras satisfecho) de haber hecho leer esa bella novela corta que es Salón de Belleza a algunos jóvenes de la Universidad La Salle.
Hace mucho tiempo le envié a Bellatín un relato y su respuesta fue precisa (exactamente lo que necesitaba leer o aprender de él  en ese momento):

 "Sigue trabajando–me dijo–, la escritura es algo que se les da a algunos y es una actividad frente a la que uno muchas veces no puede decidir y debe seguirla hasta donde nos quiera llevar".
 A continuación reproduzco una entrevista que le hice el año pasado y que publiqué en Punto de Partida (UNAM, México) y en Lee por gusto (Lima).

El peruano-mexicano Mario Bellatin (México, 1960) es uno de los escritores latinoamericanos más singulares y fecundos («raro», le llaman muchos). En esta nueva entrevista que presentamos confiesa que jamás sacrificaría lo que él considera un buen libro por razones de orden personal. Además cuenta que se prepara para empezar a dirigir el largometraje basado en su celebrada novela Salón de belleza

I
Cuando leí Flores, me llamó mucho la atención el epígrafe del inicio (un supuesto fragmento del diario del Premio Nobel de Física de 1960), pues, en vida, mi abuelo paterno fue un defensor acérrimo de la homeopatía y, cómo no, de los famosos globulitos que él tomaba reemplazando la medicina tradicional (nunca se curaba las ampollas porque entendía que eran fugas naturales de las toxinas del cuerpo…). Mi abuelo tuvo una vida muy larga y saludable. Yo, en cambio, alguna vez me burlé de los homeópatas y los llamé, en su propia cara, vendedores de sebo de culebra.

-No te preocupes -me dijo el médico naturista de aquella vez que, por supuesto, tenía una Biblia abierta reposando en un lugar privilegiado de su consultorio-. Es más: me haces recordar a mí cuando era joven: era un incrédulo y un rebelde…

Hoy por hoy, asisto a donde un homeópata para curar una adicción (y mi insomnio crónico). La primera vez que fui donde el doctor C., tenía un dolor en la rodilla izquierda que, sin embargo, me permitía caminar con normalidad. Él me pasó corriente por los dedos de las manos con unos cables y, sin que yo pronunciara una sola palabra sobre lo que me aquejaba, me dijo: “Esa rodilla izquierda está mal, te diste un golpe muy fuerte”. No acababa de salir de mi sorpresa cuando me clavó la mirada para escudriñarme y, luego de anotar algo, me dijo: ¿El genio de tu padre es muy fuerte, grita mucho? Asentí con la cabeza. “Te fascinan las películas de terror aún a sabiendas de que te turbarán y no te dejarán dormir, esa es una de las razones del insomnio que sufres, ¿no es cierto?”, acertó otra vez sin que yo haya tenido la necesidad de abrir la boca:

-Es una especie de masoquismo, doctor  -le confesé.
-Lo sé -añadió el médico.

Por eso, Mario, mi primera pregunta para ti sería: ¿crees en la homeopatía? ¿Has recibido tratamiento homeopático?
Yo creo que la homeopatía es para las personas sanas. Pero no creo que interese mucho mi opinión, ni en ese ni en otro tema que se trate en alguno de mis libros. Las cosas que se van narrando son pretextos para ejercer la escritura, y como no quiero que se convierta en una actividad vacía -con la que estaría muy feliz, pero llegaría el momento en que se comería a sí misma si no pudiera ser compartida con el otro- aparecen temas que son, en realidad, una suerte de pretexto. Pero esa escena en particular que mencionas ocurrió cuando era niño. En la trastienda de una farmacia en la avenida Grau (en el distrito de Barranco, en Lima), había un señor muy anciano que curaba con yerbas, y es cierto que le tomó el pulso a mi brazo artificial y no se dio cuenta del material del que estaba fabricado, y como un poseso dictaba nombres de plantas que un ayudante iba anotando en un papel. No sé si creo en la homeopatía, pero sí en la parafernalia que suele acompañarla. Ahora me quedo con la duda de cuál puede ser la adicción de la que te tratas.

Flores, como tu obra en general, resulta inclasificable: parecen relatos sueltos aunque unidos por el cordón umbilical del título, sin embargo podría ser una novela disfrazada de reflexiones breves (¿mini-ensayos?). ¿Tu intención es desmarcarte de las etiquetas o quizá tentar un nuevo género literario? ¿Cómo llamarías a ese género made in Bellatin y cuáles son sus principales características?
Nunca tengo antes de escribir una intención determinada, salvo la de escribir. Trato entonces de nombrar nuevamente el mundo que me rodea o que imagino, y lo intento de una manera que sienta que sea mía y no de otro. Ese deseo hace que la escritura se retuerza de tal modo que aparece como que hubiera alguna intención de cuestionar el género,  cuando en realidad lo único que he buscado es ser honesto conmigo mismo. Con mi tiempo y con mi espacio propios.

 Oswaldo Reynoso me contó en su casa, cuando le pasé unos borradores de mis primeros relatos que, hace muchos años, tú también compareciste ante él con el borrador de tu notable Salón de belleza. Él me dijo que te ayudó a corregirla y que te aseguró que sería un éxito. ¿En verdad ocurrió esto? De ser así, ¿cómo te animaste a ir donde Reynoso si, a primera vista, pareciera que sus creaciones son tan disímiles que, a parte del innegable talento de ambos, cuesta encontrar algo en común? ¿O estoy equivocado?
No sé si seguirá ocurriendo lo mismo, pero cuando vivía en el Perú advertía la costumbre en el medio literario de pensar que si el otro no escribía o entendía la literatura como lo hacía esa persona quedaba descartado de inmediato. No sólo descartado sino acusado o víctima de una serie de improperios. Claro, me refiero a los mediocres que abundan en todas partes. Supe que Oswaldo Reynoso, desde que lo conocí, no pertenecía a esa clase de autor. Es fácil advertir en él a un artista que está más allá de las circunstancias. Tan seguro de su escritura que no necesita el aval de los demás para seguir. Yo ya era su amigo antes de escribir ese libro, y recuerdo que lo encontré en una presentación y me quejé de que debía revisar las pruebas de Salón de belleza. En ese momento me dijo las sabias y dadivosas palabras: “un autor jamás debe revisar sus propias galeras”. Se las entregué, auguró el éxito, e hicimos una apuesta, que trato de cumplirla cada vez que nos vemos.

¿Por qué decidiste estudiar en el Seminario de Santo Toribio de Mogrovejo? ¿Había en ese tiempo una búsqueda de Di
os? ¿Crees en algún Dios?
Ese es un error del que nunca lograré librarme. El que algunos crean que estudié en un seminario. Lo que sucedió es que una vez alguien llamó a casa de mis padres para recabar datos sobre cierta enciclopedia de escritores que se estaba formando. Contestó mi padre, quien de manera entusiasta contestó el cuestionario a mi nombre sin tener mucha idea de lo que era mi vida en realidad. Yo hice los Estudios Generales en Humanidades en la Facultad de Teología de Lima para después trasladarme a una carrera que me interesara. Estudié allí filosofía y psicología, para después pasar a cine. Lo curioso es que –a diferencia de muchos de mis compañeros– yo iba a la universidad sólo como un testigo privilegiado, con la única intención de estar dentro de un ambiente universitario y tener de ese modo material para mi escritura, pues desde los diez años no he hecho más que escribir. Mi carrera de cine fue bastantesui generis, porque a lo único que me dediqué mientras duró fue a ver cine desde la mañana a la noche. Hay que recordar que en esa época no había la oferta de películas caseras de hoy, y uno sabía del trabajo de los grandes directores sólo por referencia. Cuando llegué a la escuela de cine casi me desmayo ante los cientos de DVD con la historia completa del cine a mi disposición.

II
“PARA MUCHOS, ESPECIALMENTE EN UNA SOCIEDAD COMO LA LIMEÑA, DA EXACTAMENTE LO MISMO DESEAR SER ESCRITOR QUE SER UN DROGADICTO CONSUMADO”.

  ¿Qué es lo primero que recuerdas (la primera imagen que se te viene a la mente) de ese taller de creación literaria al que acudían escritores, poetas y periodistas como Iván Thays, Beto Ortiz, Rocío Silva, Alberto Servat?*
¡Cómo íbamos ganando por walkover! Era terrible ir viendo cómo a cada uno de nuestros compañeros la vida los iba ganando y abandonaban la escritura. Al final, no quedamos precisamente los mejores sino los tozudos.
  
Siguiendo con lo de los talleres de escritura creativa. ¿Crees que sirven de algo? 
Sirven de muchísimo, pero no para lo que los demás creen. Ni para aprender a escribir ni para lucir los trabajos a los demás. Sirve para acompañarse. Para hacer de la literatura un universo propio, habitable. No hay nada más terrible que el tiempo de un joven autor que no puede parar de escribir y no ha publicado. Es en ese periodo una suerte de paria, de yonki, de desecho social. Para muchos, especialmente en una sociedad como la limeña, da exactamente lo mismo desear ser escritor que ser un drogadicto consumado.

Tu estadía en Cuba revela un amor por el cine. ¿Te ves, más adelante, dándole prioridad a la dirección de largometrajes como Alberto Fuguet o acaso sientes que no es lo tuyo? 
En la escuela de escritores aprendí -aparte de ver cine- a odiar la forma que se tenía en ese entonces de hacer cine. Forma que supongo dio como resultado la cantidad de películas mediocres que produjo la gente de mi generación. Juré no hacer nunca cine, pero ahora casi sin darme cuenta acabo de dirigir un largo, Bola Negra -el musical de Ciudad Juárez-, que fue un éxito no comercial. Esta próxima semana me preparo para comenzar a dirigir Salón de belleza, pero lo que pretendo no es hacer necesariamente una película personal, sino una forma propia de hacer las cosas en cine. Para empezar, todo el equipo de producción, la cámara, el sonido, la edición, luces, está conformado por chicos menores de dieciséis años.

Hablando de Salón de belleza, traigo a colación el epígrafe inicial de esa magnífica novela: “Cualquier clase de inhumanidad se convierte, con el tiempo, en humana” Yasunari Kawabata ). El escritor tal vez, durante el proceso creativo es un ser inhumano. ¿No es preciso despojarse de toda “humanidad”  para crear a ciertos personajes?
Por una frase bien lograda soy capaz de traicionar hasta a mi perro. Jamás sacrificaría lo que considero un buen libro por razones de orden personal. Es que se trata de dos universos incomunicables. Si alguien se ve reflejado en el universo de la ficción es porque tiene un ego no domado o es un débil mental.

¿Alguna vez has criado peces? ¿Guppys Reales quizás?
Sólo una vez. Y ahora que lo veo con el tiempo comprendo que es una afición que va acompañada con la tristeza. El  pretexto para hacerlo fue una pecera que recogí de la casa de mi amiga la escritora Pilar Dughi, una gran autora y persona que murió antes de tiempo.

Precisamente el final de Salón de belleza es muy triste. A mí, mi padre nunca me dejó criar peces porque me decía (y esto se aplicaría al desenlace de tu novela) que traían muchísima mala suerte. ¿Crees en ese tipo de cosas o te parecen absurdas?
Ya sólo de planteárselas hay que creerlo. Cuando era niño mi madre arrojaba al water,  mientras yo dormía, cualquier pez que se me ocurriera llevar a casa. Eso de la mala suerte tendría que ser cierto, al menos para los peces que encontraba por allí. 

En el párrafo final de la novela el personaje principal dice “siento que es extraña en mí la forma como cada día mis pensamientos fluyen más de prisa. Creo que antes nunca me detenía tanto a pensar. Más bien actuaba”. ¿Una enfermedad terminal nos obliga a pensar antes de actuar? ¿O, al fin y al cabo, se trata de la madurez? 
Pues, como todo lo escrito por mí, se trata de un lugar común. Creo que mis libros devuelven a las personas lo que ellos ya saben. No creo que nadie descubra nada nuevo después de leer un libro hecho por mí. 

 III

«NO PUEDO CREER EN DIOS PORQUE ME PARECE QUE NO ESTAMOS DOTADOS NI PARA IMAGINARLO, PERO SÍ CREO EN LOS MILAGROS COTIDIANOS.»
  
“Según Poeta Ciego se debían crear peluquerías especiales que dieran respuesta a preguntas de otro orden. Preguntas tales como si el corte obedecía a alguna razón ideológica o si se trataba de un requisito para entrar en una secta de perfil místico. Según teorías rudimentarias la cabeza rapada es como un televisor sin antena. Por eso un individuo rapado es el único con capacidad de encontrar al Dios que hay dentro de uno mismo”, dice un párrafo de tu novela Poeta ciego. Tú eres (en apariencia) un televisor sin antena. ¿La escritura te ha ayudado a encontrar al Dios que hay dentro de ti mismo? ¿Cómo describirías a este Dios?
Yo soy sufí, orden a la que ingresé sin ninguna pretensión espiritual sino como si a una escuela de escritores acudiera. Me llamó la atención lo estricto del sistema que impera para demostrar, por ejemplo, que todo forma parte de lo mismo. No puedo creer en Dios porque me parece que no estamos dotados ni para imaginarlo, pero sí creo en los milagros cotidianos. Que estemos ahora entablando esta comunicación entre tú y yo es una prueba de ello.
  
Diana Palaversich, en el prólogo de laObra reunida, publicada por Alfaguara, señala: “En el panorama actual de la literatura latinoamericana, dominado en general por la escritura de corte realista, sea autobiográfico, histórico, sucio, o hiperrealista, la obra de Mario Bellatin surge como un proyecto original y arriesgado cuyo objetivo es crear un universo paralelo que desafía no sólo la lógica del mundo concreto sino también los preceptos de la literatura realista protagonizada por personajes verosímiles y caracterizada por textos que despliegan una trama transparente, fácil de seguir”. ¿Cómo decir que no hay autobiografía cifrada (strip-tease invertido, diría Mario Vargas Llosa) en un texto como Rosas de tu libro Flores
Me rehúso a contestar una pregunta que contiene una metáfora tan desagradable y machista como ésa del strip-tease invertido. Ni que estuviéramos en el Negro-Negro o en el Mocambo.  

 ¿Eres de los que motivan a los escritores en ciernes o, más bien, perteneces a los que disuaden? 
¡Sabe dios!, no creo que exista esa distinción, pero de haberla me gustaría pertenecer al bando de los que los que disuadan. Escribir es un estado, no proviene de una intención. Es imposible hacer algo, salvo acompañarlo y no tratarlo como un estropajo, con un escritor.  

¿Cuál fue la última película que te hizo llorar?
Bola Negra -el musical de Ciudad Juárez-. Es la única película de la que puedo ver no sólo su piel sino también sus intestinos.

¿Te gusta participar de congresos de escritores?
No. Los detesto, sobre todo aquellos donde se establece de inmediato una suerte de jerarquía entre los invitados. Sin embargo, asisto a ellos con regularidad, porque con tal de seguir escribiendo soy capaz de hacer casi cualquier cosa, como publicar, asistir a congresos y contestar preguntas. 

 ¿A qué escritor muerto te hubiese gustado conocer? ¿Y qué le preguntarías?
A Dostoievski. Le preguntaría cuánto tiempo le llevaba revisar, por ejemplo, las comas de Los Hermanos Karamázov o de El príncipe idiota

 Philip Roth ha decidido dejar de escribir ficciones. ¿Te ves tomando esa decisión en algún momento de tu vida o eres de los que piensan que escribirán ficciones hasta su último día de vida?
Yo no he tomado nunca la decisión de escribir, como consecuencia no estoy en la capacidad de decidir no hacerlo. 

 ¿Qué libro te recomendarías a lea a Alberto Fujimori?
Ninguno. Es posible que un libro le demuestre de una manera más clara el horror en el que está metido.

 ¿Qué libro le recomendarías a Mario Vargas Llosa?
Como gran lector que es, me gustaría que él me recomendara qué leer. Siempre y cuando sea un libro de literatura.

 Hablando de Vargas Llosa. En algunas declaraciones tuyas uno llega a notar que no te cae bien (o no compartes muchas de sus opiniones). ¿Qué te parece su obra?
Pues es difícil compartir las opin
iones con otro. ¿Su obra? Creo que pienso lo de muchos: algunos libros excepcionales, otros pésimos; y su parte política, aburridísima, no por su contenido, que sería lo de menos, sino por la forma tan poco creativa que tiene de repetir sin modificarlas un ápice ideas de manual.

¿Qué segunda parte de memorias te gustaría leer, en el supuesto de que fuera posible, pues al parecer Gabriel García Márquez sufre de Alzheimer: las de GGM o Vargas Llosa?
Nadie sabe lo que sucede con García Márquez y tampoco debía importar. No leería ni primeras ni segundas partes de ninguno de los dos, porque están muy cercanos en el tiempo –vivos, para no ir más lejos– y lo que puedan contar entraría dentro de una lógica de lo que ya sé o puedo intuir. 

 ¿Te interesan las memorias como género literario? ¿Por qué?
Eso  de los géneros literarios lo veo como una convención en creciente desuso, y cuando leo algo lo hago por excepción, es decir porque se trata de un libro que, por alguna razón -que va variando según sea el caso-,  una vez que lo empiezo no lo puedo soltar. 

 ¿Si pudieras reencarnar en alguno de tus personajes a cuál elegirías y por qué?
En todos, porque creo que ellos sí viven la verdadera realidad y no la aburrida de la cotidiana. 

 ¿Con qué selección te hubiese gustado disputar un ‘mundial’ de narradores? ¿México o el Perú? ¿Y qué mundial?
Odio el fútbol. No me es indiferente. ¡Lo detesto! Porque no le encuentro el sentido, y por las interminables horas perdidas en mi infancia buscándoselo o tratando de que me interesara porque era un medio, lo sabemos, de inclusión social. Ah, pero jugaría por la selección mexicana, sin lugar a dudas, aquí nací y aquí vivo.   




«Un individuo rapado es el único con capacidad de encontrar al Dios que hay dentro de uno mismo» (Mario Bellatín, Flores)
Esta foto es de Jasson Ticona.