2013/01/30

Tributo a Maradona: 10.6 segundos


Tuve la suerte de entrevistar a Hernán Casciari  el año pasado en Lima. Ahora leo con emoción 10.6 segundos,  una historia donde se recuerda el ‘antes’, el ‘durante’ y el ‘después’ del que seguramente es el gol más famoso en la historia del fútbol mundial: el segundo tanto de Maradona a los ingleses (cuartos de final de México 1986).

“Hay una desesperación de vivir al mejor de todos los tiempos, y hay gente que ya dice que Messi es mejor que Maradona. Ya lo dijo Bianchi, lo dijo Grondona…”, le dije casi al final de la entrevista.
Casciari me respondió: “Hay una necesidad, primero, de estar ahí, de haber visto al mejor de todos. Y al mismo tiempo, creo que Maradona con su impronta, con su personalidad, ha generado en muchas personas la necesidad de matarlo en vida también. Entonces hacen como grandes esfuerzos semánticos para que Maradona sepa que ya no es el mejor, para que no muera pensando que es el mejor. A mí, esas cuestiones me parece que no tienen nada que ver con el fútbol, lo que me interesa del fenómeno fútbol son los 90 minutos, lo que me interesa es la belleza del fútbol. Y tengo la suerte geográfica de haber nacido en un lugar que ha parido a los mejores y con eso me conformo. El otro día leí en España una encuesta sobre cuáles habían sido los tres mejores jugadores que habían jugado alguna vez en España. Primero salió Messi, segundo Maradona y tercero Di Stéfano”.

Acá un fragmento de 10.6 segundos publicado en Orsai:

 Antes de tocar por última vez el balón con su pie izquierdo, a las trece horas, doce minutos y treinta segundos del mediodía mexicano, el jugador argentino ve que ha dejado atrás a Peter Shilton; ve que Jorge Valdano arrastra la marca de Terry Fenwick; ve que Peter Raid, Peter Beardsley y Glenn Hoddle han quedado en el camino; ve a Terry Butcher que se arroja a sus pies con los botines de punta; ve a Jorge Burruchaga que frena su carrera con resignación; ve a Héctor Enrique, todavía clavado en la mitad del campo, que cierra el puño de la mano derecha; ve a su entrenador que salta del banquillo como expulsado por un resorte y al otro entrenador, el rival, que baja la mirada para no ver el final del avance; ve a un hombre pelirrojo con una pipa humeante en la primera bandeja de las gradas; ve la línea de cal de la portería contraria y recuerda el rostro del empleado que, durante el entretiempo, la repasó con un rodillo; ve nítidamente a su hermano el Turco que, con siete años, le echa en cara un error que cometió en Wembley en un jugada parecida, ve los labios sucios de dulce de leche de su hermano cuando dice:


«La próxima vez no le pegues cruzado, boludito, mejor amagále al arquero y seguí por la derecha».


Ve el rostro de su hermano con la luz de la cocina donde ocurrió la escena, ve la picardía con que lo miraba; ve, detrás del arco, un cartel que dice Seiko en letras blancas sobre fondo rojo; ve las uñas pintadas de verde de su primera novia, el día que la conoció, y ve a esa misma chica, ya mujer, amamantando a una niña; ve una pelota desinflada y se ve a él mismo, con nueve años, que intenta dominarla; ve a su madre y a su padre que arrastran, con esfuerzo, un enorme bidón de kerosén por una calle de tierra en la que ha llovido; ve una taquilla, en un vestuario de La Paternal, que lleva su nombre y su apellido en letras flamantes, ve su orgullo adolescente al leer por primera vez su nombre y su apellido en la taquilla; ve un estadio, sus tablones de madera, y ve también que un día el estadio entero, y no solo la taquilla, llevará su nombre.
El jugador argentino ha controlado el aire de sus pulmones durante nueve segundos, y ahora está a punto de soltar todo el aire de un soplido.
Al revés que todos los rivales y compañeros que ha dejado atrás, él puede respirar con su pierna izquierda, y también puede intuir el futuro mientras avanza con el balón en los pies.
Ve, antes de tiempo, que Shilton se arrojará a la derecha; ve la intención segadora de Terry Butcher a sus espaldas, se ve a él mismo, muchos años más tarde, con un nieto en los brazos, visitando la entrada del Estadio Azteca donde se levanta una estatua de bronce sin nombre: solo un jugador joven con el pecho inflado, un balón en los pies y una fecha grabada en la base: 22 de junio de 1986; ve una rave en Londres donde dos chicos de quince años escapan de una multitud que se burla; ve un departamento en penumbras donde solo hay una mesa, dos amigos y un espejo sobre la mesa; ve a una muchacha en una playa del trópico que se deja besar por un chico que lleva puesta una camiseta argentina; ve un enjambre de periodistas y fotógrafos a la salida de todos los aeropuertos, de todas las terminales, de todos los estadios y de todos los centros comerciales del mundo; ve a un niño embobado con un videojuego en la ciudad de Leicester, mientras su hermano vigila por la ventana que no aparezca el padre; ve el cadáver de un hombre viejo que ha muerto en Ginebra ocho días antes de ese mediodía, un hombre que también ha visto todas las cosas del mundo en un único instante.
Ve Fiorito de día; ve Nápoles de tarde; ve Barcelona de noche.
Ve el estadio de Boca a reventar y él está en el medio del campo pero no lleva un balón en los pies, sino un micrófono en la mano; ve a un anciano en el aeropuerto de Cartago, que espera a su hijo en el último vuelo desde México, para abrazarlo y consolarlo; ve un tobillo inflamado; ve a una enfermera de la Cruz Roja, regordeta y sonriente; ve todos los goles que ha hecho y los que hará; ve todos los goles que ha gritado y los que gritará en su vida entera; se ve, con cincuenta y tres años, mirando desde el palco la final del mundo en el estadio Maracaná; ve el día que verá a su madre por última vez; ve la noche en que verá por última vez a su padre; ve crecer a todos los hijos de sus hijos; ve los dolores de parto de una mujer que está a punto de parir un niño zurdo en Rosario, un año y dos días más tarde de ese mediodía mexicano; ve un espacio mínimo, imposible, entre el poste derecho y el botín de Terry Butcher.
Cierra los ojos. Se deja caer hacia adelante, con el cuerpo inclinado, y se hace silencio en todo el mundo.
El jugador sabe que ha dado cuarenta y cuatro pasos y doce toques, todos con la zurda. Sabe que la jugada durará diez segundos y seis décimas. Entonces piensa que ya es hora de explicarle a todos quién es él, quién ha sido y quién será hasta el final de los tiempos.  (Hernán Casciari).


"¡Quiero llorar! ¡Dios Santo, viva el fútbol! ¡Golaaazooo! ¡Diegoooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme... Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos... Barrilete cósmico... ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? Argentina 2 - Inglaterra 0. Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona... Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 - Inglaterra 0" (Víctor Hugo Morales).

2013/01/14

Taller de Escritura Creativa 2013: Las sombras de las palabras

Volveremos a dictar un taller de Escritura Creativa en el Cultural de Arequipa.

“LAS SOMBRAS DE LA PALABRAS: LA ESCRITURA COMO CONFESIÓN”


Dirige: Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, 1980). Escritor y cronista. Ha dirigido un Taller presencial de escritura creativa en el Centro Cultural Peruano Norteamericano (2012) y un Taller acelerado en la Escuela de Literatura de la UNSA (2012). También dirige, desde el año 2010, el taller virtual de escritura creativa Cuando ya no tengas secretos.Ha publicado Urgente: necesito un retazo de felicidad (2007) y La prosperidad reclusa (2009). Es editor cultural de la Universidad La Salle. Publica ficción y no ficción en El Malpensante (Colombia), Hildebrandt en sus trece (Perú) y en revistas literarias virtuales como Proyecto Sherezade (Canadá), Hermano Cerdo (México), Badosa.com (Barcelona), Destiempos. Ha sido incluido en las antologías Disidentes 2: los nuevos narradores peruanos 2000-2010 (Ediciones Altazor, Lima, 2012) y 17 cuentos peruanos desde Arequipa (Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa, Arequipa, 2012).

Organizan:
Asociación Cultural La Casa de Cartón
Cascahuesos Editores

Coorganizan:
Centro Cultural Peruano Norteamericano de Arequipa
Biblioteca del CCPNA
Colegio de Periodistas del Perú - Filial Arequipa

Auspicia:
Universidad La Salle

Lugar:
Centro Cultural Peruano Norteamericano (Melgar 109, Arequipa)

Inicio:
1 de febrero

Duración del taller:
1 mes

Certificación a nombre de:
Centro Cultural Peruano Norteamericano de Arequipa /Colegio de Periodistas Filial Arequipa/Cascahuesos Editores /Asociación Cultural La casa de cartón
Informes o inscripciones a: ciudadanocarlosrivera@hotmail.com mazeyra@gmail.com o a los celulares, 958240729-958235433

«Mazeyra asoma como una de las mayores promesas de la narrativa local.» (El Comercio)
«Parece que cualquier perversión o subversión fuera magnífica plastilina en manos de Mazeyra para diseñar personajes y someterlos a situaciones poco felices.» (Caretas)
«Mazeyra me parece un magnífico cuentista.» (Oswaldo Reynoso)
«Es un relato poderoso.» (César Hildebrandt acerca de su último trabajo publicado en Hildebrandt en sus trece)
  «Los relatos de Orlando Mazeyra Guillén nos ofrecen personajes descarnados, irremediable e inútilmente insumisos respecto a una realidad de la que no pueden escapar: verdaderos outsiders del siglo XXI. Con un estilo seco, de frases intensas y composiciones vibrantes, el fresco cotidiano que nos presentan los cuentos reunidos en La prosperidad reclusa anuncian a un nuevo autor a tener en cuenta en las letras peruanas». (Jorge Eduardo Benavides)

2013/01/07

El Puma y sus cachorros



Siempre me gustaron los almuerzos anuales de ex-alumnos. Los entendía como una imperdible oportunidad de volver al colegio. Inclusive, y hasta ahora no sé por qué, me llegaron a elegir presidente de mi promoción. Recuerdo que en aquella oportunidad di un breve discurso citando, de memoria (y seguramente mal), un hermoso prólogo de un libro de cuentos de Gabriel García Márquez, en donde el colombiano contaba que, a través de un sueño que le permitió presenciar su propia muerte —habría que decir, su propio entierro—, cayó en la cuenta de que morir era no estar más con los amigos. Pocos de mis compañeros tomaron en serio ese mensaje. Quizá porque no supe dar ese mensaje. No me importó en ese momento. Lo que sí me apena, ahora y mucho, es que cada vez me importa menos volver a encontrarme con la gente con la crecí en las altas aulas de sillar de un colegio que sólo está en mis recuerdos, pues un terremoto —el del 2001— se lo llevó para siempre…
Apenas un grupo de los más de cien que terminamos en cole en 1997... algunas cosas no cambian.

«Desde muy niño tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela.»

Bernard Shaw
  

I
—Así que eres profesor —dijo Manuel Pomareda durante el almuerzo en el que celebrábamos quince años de egresar de La Salle. El comentario estaba revestido de una truculenta amalgama de mofa y desdén.
           —Sí, profesor —asintió con orgullo Aníbal Mendiola—. ¡Por eso nunca me olvido del colegio!
            La mirada bronca, furiosa, de Aníbal puso sobre el mantel postales de la secundaria (aquellas que condiscípulos como Manuel preferirían meter debajo de la alfombra). Aníbal era un embetunado humilde y estudioso. Manuel, en cambio, un blanquiñoso vago, lenguaraz, la imagen perfecta del ignorante patán (y orgulloso de su condición): admirador confeso de José Luis Carranza (un futbolista cuasi analfabeto que era respetado por los barrabravas por su estilo de juego violento y su lenguaje primitivo, pues todo lo que había aprendido lo resumía con una sola frase: «La U es la U»). En algún recreo lo escuché filosofar: «El Puma debería de ser el presidente del Perú. ¡Es más macho que Fujimori!».
            Asomó entonces, en los extramuros de mi imaginación, el ídolo crema con la banda presidencial. Un desvarío improbable hasta para Kafka. O quizás no. Tampoco podía sacarme de la mente aquella vez en que nos hicieron ir a todos con terno para tomarnos, en la fachada del colegio, la foto promocional que todavía tengo pegada en la pared de mi habitación. Cuando Aníbal apareció con un terno sobrio y una corbata algo envejecida —probablemente de su padre—, Manuel lo aplaudió con sorna:
            —Mendiola, por primera vez en tu vida pareces gente —exclamó—. Pero no te olvides de que a la mona, aunque la vistan de seda, mona se queda…
            Todos celebramos el comentario. Aníbal permaneció en riguroso silencio.
            —Dime, Pomareda, ¿por qué nunca estudias? —le increpaba el profesor de literatura—. Después estás sudando en los exámenes. Tienes que esforzarte y ser como tu padre, ¿entiendes?
            —Claro, no quiero ser un simple profesor —murmuraba y otra vez la algarabía generalizada se hacía del aula: Pomareda estaba batiendo sin temores a uno de nuestros maestros.
            —Tú y yo sabemos por qué los Hermanos no te echan del colegio —volvía a la carga el profesor Torres—. Tu padre es el médico de cabecera del Hermano Bejarano, si no fuera por él ya estarías en un cenecape… si es que te aceptan en alguno… cosa que yo dudo.
II
            Terminaba el recreo y dos mocosos llorando entraban a nuestra clase acompañados del temido prefecto de disciplina, Telésforo Galdos:
            —Ya, de una vez resolvamos esto —ordenaba furioso—: señálenme al infeliz que les quitó su refrigerio.
            No hacía falta. Era obvio: Manuel Pomareda, el hijo del médico de nuestro director, el fanático de Universitario de Deportes que tenía claro que sólo un fracasado podía ser profesor de secundaria. A los ganadores los aguardaba un futuro promisorio: ser futbolistas de la «U», por supuesto.
            A propósito de la «U». Una vez fui a ver un clásico a su casa y me percaté de cómo jugueteaba con Aquilino, su empleado, un muchacho puneño dos años menor que nosotros que, en aquel tiempo, ya teníamos quince. Un pellizco furtivo en el trasero y luego bromas obscenas sobre el tamaño de los colgajos de los jugadores de Alianza Lima:
            —Todos estos son como el Mendiola: negros, pingones y huevones…
            Sí, Manuel Pomareda se las daba de machito, de matón y pelotero nato (florón de la corona: un racista sin fisuras que no era serrano, «como todos los arequipeños de la promo», pues había nacido en un puerto moqueguano: «soy de Ilo, ¡costeñazo!»… Años después mostraría orgulloso su DNI en donde se señalaba que residía en la capital: «ya soy limeño, serranos envidiosos»). Menudas apariencias y nada más: en la intimidad de su casa era una loca desatada que le tocaba el traste —y algo más— a un serrano de Pomata. Salvajes ironías de la vida.
III
Muchos años después, volvió a la ciudad un compañero de clase, Serafín Lunarejo, que pensaba implantarse senos y trasero en Italia, en donde estudiaba teatro.
            —¿Con cuántos de la promo te acostaste? —le pregunté, lo confieso, con morbo y malicia.
            —Con pocos —dijo luego de contarlos mentalmente—. Eso sí, hay uno al que nunca le di bola… y esto que me persiguió hasta en la universidad…
            —¿Quién?
            —Manuel Pomareda —disparó—. Es un acosador, siempre me hacía propuestas enfermas y yo lo ignoraba. ¡Es un asco!
            Recordé el colegio y sentí eso: asco. Paradójicamente la comida sabía exquisita y, en ese instante, una imagen me supo a regalo de los dioses: quince años después Manuel Pomareda no le pudo empatar la mirada a Aníbal Mendiola en la mesa de la picantería. Para bien o para mal, muchos habíamos cambiado… aunque no todos. Por eso Pomareda se puso de pie para unirse de prisa a otro grupo. Había un gran ausente en la reunión: Lucho Carrizo, el más acudido, en aquellos años de la secundaria, por eso que ahora todos llaman bullying. Se comentaba que el colegio —es decir, ese «nosotros» que era, y es la promoción— lo había vuelto misántropo, inestable y bastante loco.
            —¿A quién crees que mataría primero el Carrizo? —me deslizó la pregunta Aníbal con una mirada que me hizo dudar mucho al momento de dar mi respuesta.
            —No sé —le dije—. Ya pasaron quince años: muchas heridas se cierran, ¿no crees?
            —Ésta yo la tengo bien abierta y sé que tú también lo matarías a él primero. No lo niegues.
            No lo negué. Tampoco lo reconocí (quizá este texto sea un poco amable, aunque bastante expeditivo, reconocimiento). Manuel sigue encarnando para mí lo peor de la especie: un semental de lo sombrío, un desatinado pertinaz que, con más de treinta años encima, seguía convencido de que un maestro era (o podía ser) peor que él:
            —¡Salud, carajo, por el Puma! —tronó desde la otra mesa la construcción más sesuda que podía formular su humanidad, aquella que me recuerda por qué festejo tanto cada vez que me entero de que ha perdido un partido el equipo crema—: ¡La U es la U!
           
Orlando Mazeyra Guillén
 6 de enero de 2013  
 “El puma y sus cachorros” fue publicado previamente en Lima Gris

2013/01/05

El vuelo (Flight): "por primera vez en mi vida me siento libre"

Denzel Washington en una película de Robert Zemeckis, director de Forrest Gump y Náufrago.


¿Estaba borracho?
Estoy borracho ahora. Me emborraché ahora porque soy un alcohólico.


Eso fue todo. Estaba terminado. Terminado. Fue como si hubiera llegado a mi límite: no podía decir ni una mentira más. Y tal vez soy un idiota. Porque si les digo una mentira más no podré salir de todo esto. Mantuve mis alas y mi sentido del orgullo. Y más importante hubiera sido evitar estar preso aquí con ustedes: los buenos tipos durante los últimos trece meses. Pero yo estoy aquí. Y estaré aquí los próximos cuatro o cinco años. Y eso es justo. Traicioné la confianza pública. La FAA me quitó mi licencia de piloto. Y es justo. Mis opciones de volar de nuevo son nulas. Y lo acepto. He tenido mucho tiempo para pensar en todo. He escrito cosas. He escrito cartas a cada familia que perdió a alguno de sus seres queridos. Algunos no querían oír mis excusas. Algunos nunca lo harán. También he pedido disculpas a todas aquellas personas que trataron de ayudarme en el camino. Pero yo no pude o no quise escuchar. Gente como mi esposa, mi ex-esposa, mi hijo… Y de nuevo, como dije, ustedes saben que algunos nunca me perdonaron, pero al menos estoy sobrio. Y le doy las gracias a Dios por eso. Y esto puede sonar muy tonto viniendo de un hombre que ahora está preso: pero por primera vez en mi vida me siento libre.

2012/12/27

La prosperidad reclusa... (reincidencias)


Raúl Bueno Chávez, Ganador del Premio Internacional de  Ensayo "Ezequiel Martínez Estrada" de la Casa de las Américas de Cuba, 2012 y Profesor en Dartmouth College (EEUU).

«He leído con sorpresa, primero, luego con admiración y siempre con placer los cuentos de Orlando Mazeyra Guillén. El lenguaje narrativo me parece impecable. Digo maduro, narrativamente cabal, lingüísticamente preciso, a menudo poético, con un desarrollo sin vacilaciones, y siempre sugerente. Como el autor mismo lo dice en uno de sus relatos: sin arborizaciones ni extensiones innecesarias. A eso añado lo inusitado de sus situaciones: trae temas nuevos a nuestra (de pronto a la) literatura, sin importar las convenciones ni el tabú. Mazeyra es un narrador de raza, que siempre es mejor —va más allá— que un narrador por formación

Raúl Bueno Chávez 
Se pueden leer otros comentarios sobre
 La prosperidad reclusa haciendo clic acá

2012/12/23

Mi cerebro y mi corazón ya muertos...



Ya nunca volverá el otoño y yo estoy cansado de todo. Sigo aquí porque estoy demasiado débil para marcharme. Sigo arrastrándome porque es más fácil que dejar de hacerlo. Me asomo a la ventana, y sólo veo la oscuridad y oigo el ruido de la lluvia. Ni siquiera cuando cierro los ojos puedo ver ninguna otra cosa. Estoy solo (…) En mi mundo no hay nada, sólo mi cerebro y mi corazón ya muertos dentro de mí, y afuera la lluvia.

Edward Thomas

2012/12/09

Sueños de fuga: sensibilidad y desacato...


En esta memorable escena el reo Andy Dufresne, comparte con toda la prisión la canzonetta sul'aria de las bodas de Fígaro de Mozart. Podría tratarse del gesto más elocuente, la personificación de la más elevada sensibilidad y el más ciego desacato. Una mezcla portentosa y, en verdad, privilegiada.
No podías tocar algo bueno como Hank Williams?
Ellos rompieron la puerta antes de que pudiera tomar pedidos.
—¿Valió las 2 semanas en el calabozo?
Lo más fácil de mi vida.
Nunca se lo pasa bien en el calabozo.
Una semana allí es como un año.
Ya lo creo.
Mozart me hacía compañía confiesa Andy Dufresne.
¿Te permitieron llevar el tocadiscos?
La tenía en la cabeza. Aquí. Es lo bueno de la música. Nadie te puede quitar eso. ¿Nunca han sentido la música así?
Tocaba la armónica cuando era joven. Pero perdí el interés. Aquí no tiene sentido.
Aquí es donde tiene más sentido. La necesitas para no olvidar.
¿Olvidar?
Olvidar que hay... lugares... en el mundo que no están hechos de piedra. Hay algo... dentro que no pueden alcanzar... que no pueden tocar. ¡Es tuyo!
¿De qué estás hablando?
La esperanza.
La esperanza. Déjame decirte algo, amigo mío: la esperanza es peligrosa. Puede hacerte enloquecer. De nada sirve aquí adentro. Mejor que te hagas a la idea.
 ___________________
  


Amigo Red: Si lees esto, es que ya saliste y si has llegado hasta aquí, podrás ir más lejos. ¿Recuerdas el nombre del pueblo? (Zihuatanejo) Necesitaría un buen hombre para que me ayudara a lanzar mi proyecto. Te espero y tendré listo el tablero de ajedrez. Recuerda, Red: la esperanza es algo bueno. Quizás sea lo mejor. Y lo bueno nunca muere. Espero que esta carta llegue a tus manos y que estés bien.
Tu amigo,
Andy.

"Dedicarse a vivir...o dedicarse a morir".  Menuda verdad. Por segunda vez en mi vida soy culpable de un crimen. Violación de libertad condicional. Supongo que no van a cortar el tráfico por esto. No por un viejo ladrón como yo. Estoy tan emocionado que no puedo estar quieto o concentrarme. Es la emoción que sólo un hombre libre puede sentir. Un hombre libre al comienzo de un largo viaje con destino incierto. Espero que pueda cruzar la frontera. Espero ver a mi amigo y darle la mano. Espero que el Pacífico sea tan azul como en mis sueños. Espero.


 

2012/12/08

Arequipa y el escribidor

Arequipa y el escribidor (Cascahuesos, 2012)
Este lunes 10 de diciembre, a las 6 de la tarde, se presentará en la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa el libro Arequipa y el escribidor. Una compilación de Carlos Rivera. Están todos cordialmente invitados.

2012/12/07

Llegar lejos: bitácora de un arequipeño en Lima

Edición 133 de El Malpensante de Bogotá, Colombia.
En El Malpensante apareció mi crónica Llegar lejos: un arequipeño deambula por Lima. Espero que la puedan leer haciendo clic acá... 


“Fírmamelo, por favor”, me dice, y me ofrece la última hoja de mi libro. Es la primera vez que voy a autografiar un libro por detrás. Tampoco he firmado muchos que digamos, pero la experiencia cuenta.
–No tengo un bolígrafo a la mano –le digo revisando mis bolsillos.

2012/12/05

Henry Pease: “Amo todo lo que somos y hasta nuestros defectos son parte de ese nosotros que llamamos Perú”

Foto: diario El Comercio
Publiqué en Lima Gris  mi breve entrevista a Henry Pease García. Acá la nota.

Henry Pease García nació en Lima en 1944. Es docente y político. Fue candidato presidencial en las elecciones de 1990 y ha sido presidente del Congreso de la República.

 Por Orlando Mazeyra Guillén

¿Cuándo fue la última vez que fue a un cine?
—Creo que en 1990, en que jóvenes amigos que me apoyaron en esa campaña [presidencial] me llevaron sorpresivamente. Es una de las cosas bellas que hacía con Mary [su esposa]  y que he dejado de hacer cuando partió.
¿Volvería a postular a la presidencia del Perú?
—Nunca busqué ser candidato a la presidencia. Sí quise ser alcalde de Lima. Creo que le toca ahora a gente más joven.
En la segunda vuelta de 1990 entre Mario Vargas Llosa y Alberto Fujimori, ¿por quién votó?
—En toda segunda vuelta, el elector está forzado a votar por lo que en ese momento le parece menos malo y eso pareció ofrecerlo Fujimori, aunque mintió.
Cuando le menciono el nombre de Alberto Fujimori, ¿cuál es la primera palabra que se le viene a la mente?
—Mentiroso, ladrón, autócrata y asesino.
¿Qué opinión tiene del voto en blanco?
—Puede usarse como signo de protesta o como opción que significa no optar.
¿Qué libros anda leyendo y escribiendo en estos días?
—Acabo de terminar La conducción del plan de desarrollo concertado de Lima, leyendo todos sus documentos. Y estoy concluyendo un libro sobre Historia política del siglo XX que debo entregar al Fondo Editorial a fin de mes. Todas mis lecturas han estado dedicadas este año a esos dos temas.
¿Qué escritores peruanos le parecen imprescindibles?
—Todos. Pero, en particular, los que describieron el Perú oligárquico mejor que los sociólogos.

“DE NIÑO, NUNCA ME PUSE UNA CHOMPA QUE NO HUBIERA TEJIDO MI MADRE”

Su padre fue almirante dela Armada peruana. ¿Cómo fue la relación con él? ¿Difícil?
—No, él era muy cariñoso y cercano. De genio fuerte como yo: a veces chocamos. Siempre nos amistamos y cada día que pasa me siento más parecido a él.
¿Cuál es el primer recuerdo que aflora cuando le menciono a doña María García Yrigoyen?
—Ternura hacendosa.  Nunca me puse, de niño, una chompa que ella no hubiera tejido con sus manos, la pude acariciar hasta los 93 años y ella estuvo a mi lado en todas mis peripecias.
Usted estudió en un colegio jesuita. ¿Qué recuerdos de esa etapa de su vida? ¿Nunca dudó de la existencia de Dios?
—Muy buenos recuerdos. Todos dudamos en algún momento. Yo vivo abrazado de Jesús.
¿Fue edificante su paso por el colegio bonaerense El Salvador?
—Sí, pero difícil.  Llegué a los diez años, viniendo del Colegio dela Inmaculada, de la misma Compañía de Jesús. Pero 1955 fue un año de crisis con la caída de Perón y varios jesuitas perseguidos y al año siguiente hubo una terrible epidemia de poliomielitis, con miles de chicos muertos en esa ciudad. Nos encerraron en el departamento porque no estábamos vacunados y cuando, tres meses después, reabrieron las clases ya no vivían más de diez de compañeros de  mi clase.
Usted es doctor en ciencia política, sociólogo, profesor universitario y también periodista. ¿Cómo se definiría a secas?
—He hecho dos cosas en mi vida: enseñar (y para eso he tenido que investigar y escribir) y hacer política (en la Municipalidad de Lima y en el Parlamento).
¿Qué es lo que más ama y lo que más detesta del Perú?
—Amo todo lo que somos y hasta nuestros defectos son parte de ese nosotros que llamamos Perú.
Algunos comentan que dado el alto porcentaje de popularidad de Nadine Heredia, se puede coludir que el Perú no es un país machista.
¿Qué opina al respecto? ¿Por qué la gente ve con buenos ojos a la señora del presidente Ollanta Humala?
—Nadine Heredia es una persona simpática y tiene importancia mediática. Tiene los mismos derechos que usted y yo para actuar en política.
De ganar en el 2016 las elecciones la señora Heredia, ¿sería una reelección?
—Sí, por eso la ley lo prohíbe.
Borges decía que la política es una de las formas del tedio. Para usted, ¿qué es la política?
—Una manera de servir a los demás.
¿El Movadef es un claro síntoma de nuestra vieja amnesia colectiva o de las escuálidas bases en las que se funda nuestra democracia?
—Muchos han combatido la construcción de una memoria colectiva sobre los años de la violencia y se ciegan ante la verdad de lo que hemos vivido.  Por eso y por desestructuración de la política partidaria crece el Movadef y la legión de jóvenes que se sienten excluidos y sin un rumbo claro.
¿Qué cosas siente que le falta hacer en la vida?
—Todo lo que pueda hacer para que desarrollemos un régimen democrático con justicia social y sin excluidos.
¿Piensa a menudo en la muerte?
—Siempre y con tranquilidad y confianza.  Tuve un cáncer a los 29 años y soporto los efectos de un año de cobalto y dos de quimioterapia. Perdí a mi esposa en 1988, pero sigo en pie con la mirada puesta en todo lo que nos hace trascender.
¿Qué opina de la eutanasia y el matrimonio homosexual?
—La vida hay que defenderla. Hay que respetar todas las opciones, con tolerancia, pero yo tengo otra idea del matrimonio y tengo derecho a defenderla.
¿Qué música es su predilecta?
—Vivaldi, en música clásica, y toda la música criolla
¿Qué intelectuales deberían postular al congreso?
—Al congreso debe ir cualquier ciudadano que quiera representar a los demás, sea intelectual o no.
¿La presidencia del congreso peruano es insufrible?
—Nada es insufrible y yo tuve experiencias muy gratas.
¿Cuál de todos sus libros quisiera que los jóvenes peruanos leyeran?
La Autocracia Fujimorista.  Para que no dejen que la historia se repita.
¿Cuál o cuáles fueron los primeros poemas que se memorizó?
—No recuerdo muchos…
¿Cuál es su lema de vida?
—No lo sé, no soy especialista en propaganda...
¿Qué hay después de la muerte?
—Jesús y la plenitud del amor.

2012/12/03

Padre e hijo




PADRE:
No es tiempo de cambiar:
sólo relájate y tómalo con calma.
Aún eres joven, ese es tu defecto,
te faltan tantas cosas por aprender…
Encuentra una chica, sienta cabeza,
si lo quieres, puedes casarte…
Mírame: estoy viejo, pero soy feliz.
Una vez yo fui como tú eres ahora, y sé que no es
fácil calmarse cuando descubres que
algo que está pasando…
Pero, tómate tu tiempo,
piénsalo mucho, piensa en todo lo que tienes,
ya que aún estarás mañana,
pero puede ser que tus sueños no…


HIJO:
¿Cómo puedo intentar explicarlo?
Cuando trato, él me rechaza de nuevo.
Esto siempre ha sido igual:
la misma vieja historia...
Desde el momento en que empecé a hablar
me obligaron a escuchar...
Ahora hay un camino y sé que tengo que marcharme.
Sé que tengo que hacerlo.

PADRE:
No es tiempo de cambiar:
sólo relájate y tómalo con calma…
Aún eres joven, ese es tu defecto,
te faltan tantas cosas por aprender…
Encuentra una chica, sienta cabeza
si lo quieres, puedes casarte…
Mírame: estoy viejo, pero soy feliz.


HIJO:
 Todas las veces que lloré,
guardando todo lo que sabía dentro de mí
Es difícil, pero más
difícil es ignorarlo
Si ellos estuvieran en lo cierto,
yo estaría de acuerdo, pero es a ellos a quien conoces
y no a mí
Ahora… hay un camino y sé que tengo que
marcharme. Sé que tengo que hacerlo.

2012/12/01

Estremecimientos

Edición Nro. 133 de Hildebrandt en sus trece (del 30 de noviembre al 06 de diciembre).

En la página 28 de la revista Hildebrandt en sus trece ("Estremecimientos") aparece una historia sobre la infancia y sobre cómo uno deja de ser niño. La escribí temiendo otro "año nuevo", ahora que empieza diciembre. Espero que la lean.
La naturaleza humana anida un monstruo

2012/11/29

Alberto Fuguet: "el profesor de redacción me empezó a poner malas notas y un día me llamó y me dijo que yo estaba equivocado, que no podía confundir no ficción con ficción"




–¿Tenías esas certezas a los veinte años? 
Alberto Fuguet: No sé si certezas, intuiciones… La única certeza que tuve rápidamente fue que no debía decir cosas que no sintiera. O sea, si llegaba una película de Tarkovsky y todos decían «qué obra maestra» y yo me aburría, tenía que decir «no entendí nada» aunque me despreciaran. Al comienzo, me pasó que escribí dos o tres críticas falsas, porque decía cosas que no pensaba, y después dije: prefiero pasar por tonto que publicar algo que no pienso.
(...)
"Una vez en la escuela de periodismo me obligaron a quemar una chaqueta militar que andaba trayendo, una chaqueta que había sido de mi tío, el de Missing, (novela) que era del ejército gringo, yo creo que ahí me vino como una liberación, un ya, basta". 
–¿Cuándo te pasó eso? 
Alberto Fuguet: Justo después de que Estados Unidos invadió Granada, creo, o en alguna de las tantas invasiones. Eso afectó mucho a la escuela de periodismo, a mí me decían gringo, y yo usaba esta chaqueta del tío mío que se perdió. La usaba porque decía Fuguet y yo encontraba cool que tuviera mi nombre, y quizás me faltó un poco de tino, en medio de una dictadura andar con una chaqueta militar… 
–Ha sido un karma para ti, una crítica que te ha perseguido, esto de ser agringado… 
–Pero yo siempre he dicho que yo no he cambiado, que finalmente ha cambiado el país. En esa época yo estaba súper fuera de onda, pero con los años me he vuelto más normal… Ahí hay una experiencia que tal vez algún día me sirva para un libro. En la escuela de periodismo viví dos dictaduras, la de Pinochet, que en realidad a mí no me afectaba, y la maoísta, que era la de buena parte de mis compañeros de curso. Era gente cartucha, fascista para mi gusto, que te obligaba a escuchar a Silvio Rodríguez porque era lo único válido.
(...)
Esos cuentos, los de Sobredosis , nacieron cuando el profesor de redacción me empezó a poner malas notas y un día me llamó y me dijo que yo estaba equivocado, que no podía confundir no ficción con ficción. Yo mentía, es cierto que mentía, pero a mí nunca me pareció que fuese una mentira flagrante. Por ejemplo, alguien había asaltado un camión. Yo me ponía en el papel del asaltante y sentía nervio y calculaba el tiempo. Y mi profesor me decía: cómo sabes esto. Bueno, le decía yo, lo intuyo. Y ahí fue cuando me dijo que si yo quería pasar su curso tenía que escribir como él quería, que si tenía ganas de usar todos esos recursos de la ficción, que escribiera cuentos en mis ratos libres. Y ahí empecé. Fue Raúl Muñoz, profesor de periodismo informativo a quien le atribuyo haberme cambiado la vida aunque seguro que lo mitifico y que las cosas no ocurrieron de esta manera. El asunto fue que me metí en un taller literario con Poli Délano, por casualidad también, y después empecé a escribir para mis compañeros de curso, mis más amigos eran mi público, y era una manera de reírnos de cierta gente de la escuela. Entonces repartía fotocopia en las clases
(...)
–Alberto, volvamos a las diferencias entre ficción y no ficción. Missing , por ejemplo. 
–Dije que ese libro tenía 95 por ciento de verdad y 5 por ciento de ficción, tal vez no debí haber dicho nada.

– Pero se vendió como novela . 
–Es que es una novela. Volvemos a esto de Soriano: cuando reduces la información, cinco, diez, veinte horas de entrevistas, y lo convierte en una sola conversación, estás novelando. 
–Pero lo de Soriano se presenta como periodismo . 
–Yo siempre he dicho que los cronistas ficcionan, que a veces es necesario ficcionar, porque la realidad se queda corta. Creo que un día los periodistas tendrán que asumir que se miente un poco y que eso no tiene nada de malo. En Missing yo digo: qué te importa que sea 5 por ciento mentira si el 95 por ciento es verdad. En el diario no te avisan nada y capaz que la proporción sea la misma, o que haya más mentira incluso. 
–¿En qué mentiras estás pensando? 
–En lo que uno hace cuando transcribe una entrevista y saca las partes aburridas, o cuando el entrevistado se repite, o cuando pronuncia mal y uno lo deja hablando español neutro, todo eso está aceptado en el periodismo y nadie se espanta porque es una convención, y sin embargo hay otros recursos que no se aceptan, o que provocan más polémica. No lo entiendo, me parece que son puras convenciones porque, si hubiera que transcribir la realidad tal cual es, las entrevistas, las crónicas, no se podrían leer. No me parece poco ético o criminal ayudar a la realidad. Todos lo hacen o al menos se hace cuando uno realmente tiene una verdad buena que merece ser mejorada.



Del libro de Aguilar, Marcela (Editor). Domadores de historias: conversaciones con grandes cronistas de América Latina.

2012/11/24

Esa vejez en preferirás olvidar

Edición Nro. 132 de la revista de César Hildebrandt
En Hildebrandt en sus trece comparto con todos los lectores del semanario "Esa vejez que preferirás olvidar". Esta historia la escribí con el fin de encontrar al destino, para disuadirlo o, al menos, exigirle una buena explicación.

2012/11/21

MVLL: El último sobreviviente operativo del boom

La noche de ayer, Mario Vargas Llosa recibió en México el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria 2012. Al inicio de su discurso se consideró el último sobreviviente "operativo" del boom, en -me parece- clara alusión a García Márquez, quien sufre del mal de Alzheimer y, por lo que se dijo este año, no volverá a escribir (debido a esta enfermedad y no a una decisión meditada como ocurre en el caso del norteamericano Philip Roth).

Soy muy consciente de que esta generosa decisión del jurado se debe, en buena medida, a ser yo algo así como el último sobreviviente operativo de ese movimiento, grupo o promoción de escritores que a partir de los años sesenta dio brillo y difusión, por buena parte del mundo, a la narrativa latinoamericana. Me refiero al llamado boom”, dijo el autor de Elogio de la madrastra.


2012/11/17

LAS MEJORES HISTORIAS ME LAS CONTARON MIS AMIGOS

Hernán Casciari, aparte de narrador, un apasionado del fútbol.


Por Orlando Mazeyra Guillén

Hernán Casciari (Buenos Aires, 1971) tiene sus propios paquetes con tabaco y él arma sus cigarrillos artesanalmente. “Sin filtro son muchísimo más dañinos”, le comento. “”, lo reconoce con un halo de fruición. “En Argentina me preguntan si es una costumbre catalana y en Barcelona me preguntan si es una costumbre argentina”. Aparte de fumar, bebe, de rato en rato, una Sprite helada mientras cae la noche limeña en las afueras del hotel Mariel de Miraflores. Quizá ganar premios desde muy joven haya inflado el ego del anfitrión de Orsai. “Lo que empezó en blog puede convertirse en cualquier cosa”, anuncia la página de una exitosa revista que sale de imprenta y también se distribuye por la web en formato PDF, no obstante, ni siquiera se considera un narrador. Casciari ha obtenido el primer premio de novela en la Bienal de Arte de Buenos Aires (1991) y el famoso premio internacional de cuento Juan Rulfo, que organiza Radio Francia Internacional (1998).
Hace poco un escritor español me dijo que el ego es un ingrediente importante en la creación” —le comento mientras él prepara un nuevo pucho—, me dijo: “¿si no por qué crees que los argentinos son tan buenos escritores?”.
Él celebra el comentario con una risa intensa y contagiosa: “yo creo que el ego tiene mala prensa pero no es algo tan malo, sobre todo cuando te dedicas a comunicar. Para comunicar hay que tener la convicción de que tienes algo que decir y eso ya forma parte de un ego. Hay que ser autosuficiente: no ser tímido, por ejemplo, y no lo digo solo en la oralidad, sino también en la prosa. No hay que trabajar con timidez y me parece que esas son ventajas que te dan una determinada seguridad. Y creo que el argentino tiene las grandes desventajas del ego (no las ventajas del ego): no tiene nada para decir pero lo dice bien fuerte. Y eso puede resultar incluso caricaturesco.  Yo vivo hace muchos años en España y reconozco muy rápidamente a un argentino conversando justamente porque el ego viene por delante”.
 —También la mordacidad del argentino en las bromas… el cine: Ricardo Darín, por citarte un ejemplo insoslayable…
Sí, las historias, tanto del cine, la literatura, como de la vida cotidiana, están emparentadas con el cinismo. Y el sarcasmo viene, me da la impresión, porque si no nos reímos de nosotros mismos entonces no nos queda nada.
 TIMIDEZ NARRATIVA Y EL PORNO
 —Hernán, quiero que incidas en lo referente a la “timidez narrativa”.
Me refiero a cuando uno es poco desenfadado y nos apoyamos en la solemnidad. Muchas veces, la falta de seguridad genera que te apoyes en pilares que tienen que ver con la solemnidad y con la corrección. Y en el momento en que te puedes reír de ti mismo, me parece que es cuando te conviertes en un personaje maléfico de tu propia obra y empiezas a “empatizar” un poco más con el lector. Más que un escritor, yo soy un comunicador. Necesito, en general, que se me entienda primero y después, si hay suerte, lograr emocionar o divertir; y utilizo mucho el humor para eso porque me parece que es un código común. Pero no me siento un escritor que diga cosas muy inteligentes, sino que soy muy de la era digital. Mis necesidades pasan por entretener o por emocionar rápidamente. Lo mío es más de microondas que de horno a leña.
—Necesitas emocionar y conmover porque algunos te emocionaron y te conmovieron…  
No. Necesito emocionar y conmover cuando escribo en Internet porque estoy compitiendo con el porno que es la pestaña de al lado. Cuando escribes para un lector que está en un monitor, no es lo mismo que cuando lo haces para un lector que está sentado en un sofá, un domingo en la tarde. Entonces necesito ser más veloz.
—Compites con el porno…pero también en el caso, sobre todo de la juventud, la red social, Facebook, que es una suerte de adicción moderna…
Eres demasiado optimista. A mí me parece que la adicción moderna sigue siendo el sexo. El 90% de Internet es porno. Las redes sociales están y son muy útiles y sirven para conversar, pero Internet es sexo. Inclusive dentro de las redes sociales, el sexo está muy presente y hay grietas que tienen que ver con eso también. Pero independientemente de esa cuestión, cuando escribes en un medio tan volátil como Internet, la necesidad de emocionar o entretener rápidamente tiene que ver con que se queden un rato más leyéndote…
—Ser muy directo…
Sí, conciso. No puedes dar vueltas. No puedes generar párrafos larguísimos, no puedes hacer grandes descripciones. Las frases tienen que ser más cortas y comprensibles. Y después si logras tener un buen caudal de lectores, entonces puedes empezar a profundizar más. Yo empecé con textos muy cortos. Recién cuando vi que había un público cautivo, empecé escribir textos más largos, porque ya sé que me esperan, porque ya sé que me soportan.
—Entonces tu receta es empezar con historias cortas: párrafos breves y directos.
Depende de a quién le quieras hablar.
—Y de qué quieras hablar…
Mi intención al principio, cuando empecé a escribir en Internet, mi lector, mi objetivo, eran las personas que habían quedado en Argentina y que yo conocía personalmente —mi familia, mis amigos—, y yo sabía muy bien de qué manera hacerlos reír o hacerlos emocionar y, al mismo tiempo, sabía que un inmigrante se pone muy nostálgico o se pone muy pesado, entonces no quería ser inclusivo, entonces cuando llegaron otros lectores que entendieron mi respiración y mi forma de narrar, entonces me animé a hacerlo de una forma que tiene que ver más con el papel, con el texto largo. En conclusión: no es que aconseje el texto corto en Internet de ninguna manera, aconsejo enfocar bien a quién le estás hablando.
 PERIODISMO CULTURAL…
—¿Existe el periodismo cultural?
No soy muy amigo de etiquetar. Y justo vengo a un congreso de “periodismo cultural”. Me parece un error que me inviten, porque no soy un “periodista”.
—Te consideras un narrador, cronista…
Soy un comunicador. Si tengo que etiquetarme de alguna manera, tendría que decir que soy el anfitrión de una página web; es decir, converso con la gente, le cuento historias, les miento, hago algún tipo de reflexión, pero en ningún momento soy un periodista, ni siquiera estudié periodismo, así que poco podría decir de qué es o qué no es el periodismo cultural. Lo que sí sé es que me gusta mucho que me cuenten una historia bien contada, me gusta más cuando el valor agregado de la voz del narrador es una voz intensa, empática, me gusta todavía más cuando la historia que se está contando  realmente es novedosa, original y está por fuera de las agendas de la prensa tradicional. Me gusta que me entretengan, que me diviertan, que me enseñan algo. Me parece que la crónica narrativa, como dice Juan Villoro, tiene un poquito de las grandes virtudes de la narrativa y está bueno y me gusta también.
—En tu devenir creativo, ¿quiénes fueron tus padres literarios?
En general, a mí las mejores historias me las contaron mis amigos de la infancia, que son las personas con las que estoy haciendo ahora la revista. Tuvimos la suerte de poder crecer con la misma literatura y con los mismos gustos literarios y periodísticos y no tengo nombres nuevos para decir: de chiquito me gustaba Borges y Vallejo, y después en periodismo nos deslumbró mucho Caparrós y Villoro… Pero no pasa por nombres esto, pasa, otra vez, por las historias, porque podamos contar y porque podamos leer buenas historias.
—Manejar una revista como Orsai debe conllevar un trabajo arduo.
Es un trabajo divertido. Ponemos en Orsai todo lo que nos interesa del mundo. A mí me interesa mucho el fútbol, la ficción de televisión norteamericana, los escritores contemporáneos, los cambios vertiginosos en la sociedad tecnológica, la paternidad porque tengo una hija pequeña. Hacemos una revista para nosotros, no pensamos en el público.
FÚTBOL HASTA EN LA SOPA 
—A nivel mundial, ¿los argentinos son los más apasionados por el fútbol?           
Si nunca fuiste a Nápoles, yo creo que sí. Pero en realidad yo creo que los napolitanos.
—¿Por qué te fuiste a España?
Porque me enamoré de una catalana y me quedé a vivir con ella.
—¿Por qué Messi no funciona en la selección argentina como en el Barcelona?
Yo creo que la conjunción Messi-Xavi-Iniesta es única. Pero, de todas maneras, yo todas las noches rezo para que Messi pueda tener un campeonato del mundo.
—Y mejor si es en Brasil, ¿verdad?
¡Eso sí sería orgásmico! Yo lo veo no con ojos de probabilidad, sino con ojos de sueño y utopía. De todas maneras, a mí el fútbol como el deporte que más me gusta, incluso como la expresión humana que más me gusta, ya me dio lo que me tenía que dar. Los últimos cinco años disfruté del mejor fútbol de la historia del universo y pude estar en la cancha y disfrutarlo, y hasta el día que se fue Guardiola supe que vivíamos todos un espectáculo que no se va a volver a dar en la historia.
MARADONA Y MESSI
—Hay una desesperación de vivir al mejor de todos los tiempos, y hay gente que ya dice que Messi es mejor que Maradona. Ya lo dijo Bianchi, lo dijo Grondona…
Hay una necesidad, primero, de estar ahí, de haber visto al mejor de todos. Y al mismo tiempo, creo que Maradona con su impronta, con su personalidad, ha generado en muchas personas la necesidad de matarlo en vida también. Entonces hacen como grandes esfuerzos semánticos para que Maradona sepa que ya no es el mejor, para que no muera pensando que es el mejor. A mí, esas cuestiones me parece que no tienen nada que ver con el fútbol, lo que me interesa del fenómeno fútbol son los 90 minutos, lo que me interesa es la belleza del fútbol. Y tengo la suerte geográfica de haber nacido en un lugar que ha parido a los mejores y con eso me conformo. El otro día leí en España una encuesta sobre cuáles habían sido los tres mejores jugadores que habían jugado alguna vez en España. Primero salió Messi, segundo Maradona y tercero Di Stéfano.
—Messi carece de la personalidad arrolladora de Maradona, aquel que dice: yo me hago cargo.
Maradona tiene capacidad de liderazgo, sin duda. Messi no es un jugador que merezca la capitanía, por ejemplo. A mí me emociona el juego, la triangulación…
 LA TENTACIÓN DE LO IMPOSIBLE
—¿Estuvo mal darle el buzo de la selección a Maradona?
No creo. Hay que buscar siempre lo imposible. En el momento en que Maradona fue técnico de la selección, empezó a gestarse la posibilidad de que ocurriera magia en algún momento, nosotros soñábamos con eso.
—Algo épico…
Y eso es algo que tiene que ver con el ego de nuestro pueblo; nosotros no buscamos medias tintas, sino siempre lo milagroso. Muy extrañamente ocurre lo milagroso. Pero siempre estamos en esa búsqueda y no me parece que esté mal.
—Marcos Aguinis diría: “el atroz encanto de ser argentinos”…
A mí me enternece. En ningún momento me arrepiento ni envidio otra nacionalidad, por ejemplo. Lo que tenemos es muy raro y muchas veces muy feo, pero que a mí, en verdad, no me molesta particularmente.

Orlando Mazeyra G.
Miraflores, Lima, mayo de 2012.