Advertencia para el lector

«Rechazado o aceptado, perseguido o premiado, el escritor que merezca este nombre seguirá arrojándoles a los hombres el espectáculo no siempre grato de sus miserias y tormentos.»
Mario Vargas Llosa, La literatura es fuego.

2007/08/26

¡A brindar con pisco sour por nuestros muertos, don Rafael!

Recuerdo que, en el año 2001, cuando la naturaleza castigó Moquegua, Tacna y Arequipa con un terremoto, los medios informativos capitalinos (prensa, radio y TV) no prestaron, en comparación al sismo de este año, ni la quinta parte de su atención.
Hoy, pasada ya una semana, seguimos viendo desfilar en todos los canales a diversos personajes de toda laya que nos invitan a colaborar con nuestros hermanos "del sur". ¿Cuál sur? ¿Qué maromas harán puneños, tacneños o moqueguanos para encontrar a Ica más al sur? ¿En Chile?
Las portadas y titulares anuncian: "Terremoto en el sur de Perú". Y yo, a la distancia, lamento ese perenne ombliguismo limeño que los hace pensar que Lima es el Perú ("El Perú" y no solamente "Perú", error que sólo se les perdona a los extranjeros).
Ica, por si algún incauto no vio todavía el mapa, está prácticamente en el centro del país y no en el sur, como es el caso de Tacna, Puno, Moquegua o Arequipa. A estas alturas, se me antoja que sería más honesto decir "Terremoto en el sur de Lima"; y, también, me apena enormemente que nuestros hermanos de la capital hayan disparado un llamativo mecanismo solidario sólo por haber sentido en carne propia el movimiento telúrico, pues no es de malpensados el arriesgarse a concluir que si el terremoto no pasaba por Lima, hoy -para decirlo eufemísticamente- la historia sería distinta.

Finalmente, no todo en las comparaciones es odioso, porque ya me imagino qué hubiera pasado en mi ciudad si a Rey Rey se le ocurría jugar con la intensidad del sismo. Otra perla más de ese ministro que alguna vez pidió los DNIs de todos los desaparecidos que estimó la CVR. ¡A brindar con pisco sour por nuestros muertos, don Rafael! ¡Los de ayer y los de ahora! Esos son los terremotos simbólicos que resquebrajan la conciencia nacional. Y sus daños son tan insondables que a veces no tienen parangón con los que hoy vemos en Ica, Chincha, Cañete y Pisco.

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