Advertencia para el lector

«Rechazado o aceptado, perseguido o premiado, el escritor que merezca este nombre seguirá arrojándoles a los hombres el espectáculo no siempre grato de sus miserias y tormentos.»
Mario Vargas Llosa, La literatura es fuego.

2011/12/31

¿No te encanta el Año Nuevo?

(el autor de la nota probándose las tabas de Forrest Gump, Miami, agosto 2009)

«¿No te encanta el Año Nuevo? Puedes comenzar todo otra vez. Todos tienen una segunda oportunidad», recuerdo que le dijo una puta melosa —Lenore Lengualarga— a Forrest Gump.

Esto viene a cuento porque ayer, un escritor con esquizofrenia, me informó del motivo por el que Gump se echa a correr por todo su país después de que Jenny lo hace debutar en la cama y lo abandona (es decir, debut y despedida):

—Le despertó el demonio de la lujuria y Forrest no tuvo otra manera de contrarrestarlo que poniéndose a correr. En otras palabras, correr en vez de corrérsela.

—¿Y tú cómo lo contrarrestas? —le pregunté de inmediato.

—Tomando —respondió sin dudarlo—. El trago es mejor que las mujeres.

—O sea, lo controlas con una droga legal…

—Las drogas existen porque los hombres no soportan más.

Yo no soporto más. Y a veces la religión es una droga demasiado sana y previsible. Sería formidable creer en aquello de que todo puede comenzar de nuevo el 2012. Una nueva ficción para soportar la existencia. No más que eso. No menos que eso.

No soporto más y me aburre la redacción de este diario.

—Esa nota está buena —dice Ochoa.

—¿Cuál? —inquiere Zegarra.

—La de la señora que ha envenenado a su esposo y a sus dos hijos.

—¡Qué desgracia, Dios mío! —exclama doña Hortensia.

Sonrisas cómplices entre ellos, chistes cojudos (sólo faltan unas cervezas para convertir esto en una chingana). Ochoa juega con su celular y Zegarra sigue corrigiendo notas. Fin de otro año. La misma mierda. Los suicidios de año nuevo no son novedad, por eso acá todo es monótono.

—Ya pagaron —anuncia doña Hortensia como para levantar los ánimos.

Algunos se despabilan y, apresurados, entran a sus cuentas por internet.

—Sí —asiente Castro—. Ya nos pagaron.

—¡Manifiéstense!

Manifestarse. Ese es un verbo asociado al trago y a la jarana. Estoy a punto de cumplir otro mes sin probar licor y me invaden unas serias ganas de manifestarme. Mandar todo a la mierda y ponerme a chupar con esta bola de pendejos.

—¿No me das otra paginita? —pregunta Zegarra por teléfono—. Tengo a una mujer que envenenó a esposo y a sus hijos… Cuidado, ¡cuidado que te des vuelta a fin de año!

Cuelga lamentando que no le den más espacio para explayarse con la crónica roja para cerrar con broche de oro el 2011.

—Eso del envenenamiento es por depresión —filosofa Zegarra mirando a Ochoa—. Pero, al parecer, el que los ha envenenado es el esposo. ¡Es por depresión!

—¿Por depresión? —pregunta Ochoa tratando de comprender pero, no puede, y acude a él otra vez la sonrisita cachacienta, fuera de lugar.

¿Por culpa de gente así se desencadenarán masacres como la de la escuela secundaria de Columbine o la de la universidad de Virginia Tech? No. Estoy exagerando (aunque disfruto imaginando, presa de la ficción más delirante, al Teniente coronel Frank Slade ingresando a esta oficina con un lanzallamas). La costumbre los ha vuelto indiferentes ante la muerte. Insensibles hasta la broma fácil, la criollada estúpida. Además, no tienen la culpa de mi propia depresión. Como regalo de año nuevo quiero una muerte plácida y sencilla. Una nueva droga, benéfica y barata.

El reportero llega agitado con la última nota periodística del año, y las cosas se aclaran:

Un angustiado padre de familia ingirió veneno junto a sus cinco hijos en su vivienda de la asociación Camineros Empleados del sector de Ciudad de Dios, en el distrito de Cerro Colorado. El sujeto provocó su propia muerte y la de dos de los menores de 4 y 6 años; los otros tres fueron llevados por familiares y la policía al centro de salud de Zamácola y, posteriormente, al hospital Honorio Delgado para recibir los primeros auxilios.

Los motivos que lo llevaron a cometer estos execrables crímenes aún son investigados por peritos de criminalística. Una de las hipótesis tiene que ver con los problemas de índole marital que sostenía con su pareja desde hace un año.

Epifanio Huarca Aquino (32) dio de beber una debida gaseosa con raticida a los menores cerca del mediodía. Familiares y vecinos del lugar alertaron del hecho a la policía al ver que la mayor de las hijas salió a pedir ayuda desesperada.

La humilde madre de los niños, Remigia Huillca Huarca (30), se enteró de los hechos cerca de las 16:00 horas cuando regresó de su puesto de venta de verduras en el Terminal Pesquero de Río Seco.

La mujer contó a la policía que discutió con su pareja en la madrugada por problemas personales. Al parecer, luego de esta discusión es que el hombre habría tomado la fatal decisión.

Trascendió que la madre de los cinco pequeños era víctima de constantes maltratos por parte del sujeto. Así consta en varias denuncias en la comisaría de Ciudad de Dios y el juzgado de Cerro Colorado por violencia familiar. Incluso Remigia se vio obligada a pedir garantías para su vida en la gobernación. Este mismo año Epifanio ya habría intentado matarse ingiriendo veneno, pero lograron salvarle la vida.

No obstante, los familiares de Epifanio aseguraban que fue ella quien los mató.

Quizá Remigia y Epifanio no debieron casarse. ¿Para eso encargaron tantos hijos? ¿Qué les diría Forrest Gump? No sé si todos tenemos un destino... O si estamos flotando como una pluma...en la brisa. Pero yo creo... Quizás sean ambas. Quizás ambas cosas pasan al mismo tiempo.

Yo, por mi parte, este 2012 seguiré tratando de encontrar a Jesús como el Teniente Dan Taylor:

—¿Ya has encontrado a Jesús, Gump?

—No sabía que tenía que buscarlo, señor.

—Todos los mutilados del centro de veteranos no saben hablar de otra cosa. Jesús esto y Jesús lo otro. Que si lo encontré. Ellos tienen un sacerdote que viene y me habla. Él me dice que Dios me está escuchando, pero que yo me tengo que ayudar a mí mismo. Ahora, si acepto a Jesús en mi corazón, caminaré a su lado en el Reino del Cielo.

¿No te encanta el Año Nuevo? A mí no (o ya no, aunque quizá estoy mintiendo, otra fábrica de mentiras). Ya lo dejó dicho César Vallejo: Hoy me gusta la vida mucho menos, pero siempre me gusta vivir. Vivir y escribir. Que el 2012 les sea propicio.

31 de diciembre de 2011.



2011/12/30

2012: «Dios mío, no dejes que pierda mi alegría»

(…) hablando de Juan Sebastián Bach. El maestro acababa de regresar de un viaje, durante su ausencia habían muerto su esposa y sus dos hijos. Escribió en su diario: «Dios mío, no dejes que pierda mi alegría».

Desde que tengo uso de razón he vivido con eso que Bach llamaba su alegría. Me salvó de crisis y miserias y funcionó con la misma fidelidad que mi corazón. A veces avasalladora y difícil de manejar, pero jamás hostil ni destructiva. Bach llamaba a este estado su alegría, una alegría de Dios. «Dios mío, no dejes que pierda mi alegría».

Ingmar Bergman, Linterna mágica


2011/12/27

Los incompletos

Por Wilber Frisancho Del Carpio

Suicidarse, piensa, no es un acto valiente ni cobarde, sino natural y silencioso.

Es un adolescente alto y delgado, que odia a la soledad pero teme la compañía. Ha clavado su mirada en alguna parte del techo de su habitación, apoyando su espalda en una columna de éste. A pesar del oceánico silencio que requiere su plan, el volumen de su radio se encuentra altísimo, y el croquis que estaba diseñando se ha convertido rápidamente en una maraña de garabatos desperdigados en un cuaderno anillado y grueso.

Sus padres interpretan una utopía íntima. Su madre se coloca, todos los días, una almohada debajo de la bata celeste antes de iniciar su día. Se levanta con una pesadez simulada, se dirige a la cocina y busca en el refrigerador cualquier comida que alcance la categoría de “antojo”. Por otro lado, su padre está alargando su jornada ordinaria de trabajo para agradar, más de lo debido, a sus jefes más inmediatos (desde la ventana de su oficina observa a la nueva masa de despedidos, varios de ellos tienen su edad). De regreso a casa, lleva pañuelos, sonajas o cualquier juego infantil para su hijo imaginado que, sin duda alguna, es el sustento de la existencia de su compañera, y la justificación de su matrimonio.

Todavía no ilumina su habitación y baja, lentamente, el volumen de su radio. Sin embargo siente la necesidad de compensar el aletargado ambiente con una fuerte actividad suya: camina en redondo, de forma rápida y torpe, por la habitación chocando sus rodillas con los cajones de su escritorio y los pies de la cama. También busca pañuelos para frenar el sudor que desciende de su frente, a sabiendas que no los usa.

Hoy es domingo, su padre podrá realizar sus ejercicios matutinos, sin apuro; fiscalizará si ha dejado algún oficio o memorando inconcluso de 10 a 12; regresará a casa y realizará un pequeño paseo con su madre.

Sus piernas flaquean y siente demasiado cansancio. Ya echado sobre su cama, soporta el ardor en sus ojos. Trata de descansar pero los gritos de sus padres lo despiertan, avisándole que darán un paseo corto por las afueras de la ciudad, él no contesta pero balbucea monosílabos que calman la inquietud de sus padres. Segundos después, siente el motor del automóvil de su familia prendido. Decide abrir las persianas y despedirlos, pero se detiene.

Se equivocó. Sus padres todavía no han salido del edificio porque se encuentran, totalmente absortos, contemplando cómo la vecina del piso inferior le reclama al vigilante más cuidado con las cosas, éste simplemente asiente con la cabeza, de forma pasiva, pero ella persiste. Ellos se acercan y tratan de calmarla, ella los mira con reproche. Deciden dejarla y abordan al vigilante con miradas hoscas. Levanta la cabeza y dice: “La señora peleaba demasiado con su esposo e hijos, éstos decidieron tomar su cosas, incluido el automóvil .Un poco anonadados por la repuesta, se alejan lentamente en dirección hacia la puerta de la residencial buscando un taxi confiable –el automóvil se encuentra en reparación.

A medio camino, el vigilante los alcanza y con la mano derecha les señala su apartamento, intenta decir el número pero solo emite balbuceos. Se desesperan y deciden volver. Primero imaginan un robo pero luego descartan la idea. Suben las escaleras, él más rápido que ella –obviamente–, y observa a su hijo con las manos apoyándose sobre la baranda con varios hilos de sangre que salen de sus antebrazos.

Ocurrió lo más esperado y menos deseado: un suicidio pomposo y torpe, concluye.

_____________

Wilber Frisancho Del Carpio (Arequipa, 1986). Estudia Derecho en la Universidad Nacional de San Agustín. Su autor favorito es el Premio Nobel sudafricano J. M. Coetzee. También gusta de la obra de clásicos como Tolstoi, Stendhal y Maupassant. Entre los contemporáneos menciona al argentino Alan Pauls y al bosnio-estadounidense Aleksandar Hemon.


2011/12/17

16 de diciembre de 2011

En la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa fui uno de los expositores de El sueño del celta. Y pude volver a ver al novelista que más admiro. Gracias.

2011/12/06

Mas allá del bien y del mal te quiero


Encerrado en mi torre de marfil
La soledad del cuarto del hotel
Bajo el peso de mi propia ley perdí
Mi propia ley que es el roce de tu piel.
Esperándote con ansia en Plaza Francia
La fragancia de tu rosa en mi pellejo
Que no puede borrar en cuatro días
Malditas despedidas, me están volviendo viejo
En el ropero, dejé la campera de cuero,
Ahora soy un torero retirado de los ruedos
Mi dinero me lo gasto en elegancia
Esperándote con ansia en Plaza Francia
En mi cárcel de cristal te espero
Más allá del bien y del mal te quiero
Con mi tarjeta dorada no me puedo comprar nada
El amor no se puede pagar
Saco pecho y camino por el techo
Otra vez va a ser mejor comprarlo hecho al amor


Andrés Calamaro, Con ansia en Plaza Francia

2011/11/27

¿Quieres entrar, ccaroso?



¡Hoy no te voy a fallar, no me falles tú tampoco! Este estadio Monumental, construido con el aporte de todos los arequipeños, lo inauguramos en 1995 precisamente contra los grones y ahí estuvimos, con las graderías repletas de bote a bote, siempre contigo, Melgar.

Aquella vez no ganamos, pero tampoco perdimos. Hoy tenemos que vencerlos como tantas otras veces en el viejo Estadio Melgar, donde aprendí a quererte en la década del 90, a veces no tenía plata para verte. Sin embargo, tíos buena gente me hacían entrar gratis a oriente o casi siempre a sur, para colarme en la barra León del Sur y terminar sin cuclillas, alentándote:

-¿Quieres entrar, ccaroso?

No importaba regresar a pie a casa después de haber estado contigo, dominó… Esperando a ver en “Goles en acción”, en Global, la repetición del gol de Torrealva a los pavos, la liguilla de 1992, el fiasco de la copa Conmebol, el programa “Vértebra Rojinegra” de radio Nevada para los auténticos hinchas del Melgar… La verdad, más derrotas que victorias… Eso no importa. Dos colores: rojo y negro. Una sola camiseta. ¡Rojinegro siempre!

2011/11/24

A 180 minutos de la despedida


En las redes sociales encuentro a mucha gente invitando a ir a apoyar a la rojinegra el domingo. No obstante, hay también comentarios del tipo «Es sano que ya baje el Melgarcito». Así: con diminutivo incluido para que pique más el rocoto. ¿Será un hincha de verdad? Lo dudo. Pero, haciendo de tripas corazón, habría que preguntarse desde cuándo el F.B.C. Melgar oficia de triste combidado de piedra en el torneo descentralizado mientras vemos desfilar en torneos internacionales a equipos menores como el Sport Huancayo, César Vallejo (Copa Sudamericana) o el León de Huánuco y el Juan Aurich de Chiclayo (Copa Libertadores de América).

A falta de sólo 180 minutos (dos partidos; primero de local contra Alianza Lima, y luego de visita contra un rival directo como Alianza Atlético de Sullana) para culminar el torneo descentralizado 2011, Melgar está acariciando el descenso con 31 puntos, una sola unidad lo separan de CNI, Vallejo y Alianza Atlético de Sullana, los tres equipos colistas con apenas 30 puntos.

Ahora que es preciso ponerse la camiseta y alentar porque, a pesar de todo, todavía dependemos de nosotros mismos, caben más preguntas: ¿Le dolerá al arquero crema José Antonio Carvallo que el Melgar baje de categoría? ¿Se despeinará un poquito el trujillano y, para variar, también hincha de la U Fernando del Solar al saber que Arequipa se quedará sin fútbol profesional? ¿Pondrá todo el domingo el habilidoso Edson Aubert si él mismo, torpe (o inocentemente), ha dejado entrever que luego del partido podría dejar finiquitado su traspaso a Alianza Lima?

Se extrañan los tiempos en que nuestro ariete era un arequipeño como Jorge «El Toro» Lazo o cuando Cristian Sotomayor ingresaba para salvarnos los partidos «cerrados». Yo he crecido alentando a jugadores identificados con la camiseta rojinegra como Jorge Luis Tapia Palacios, Ernesto «Palito» Vera, Freddy Súarez Peñaloza (de Ilo), la «Chancha» Falcón, el inacabable José Aguayo, Luis «Puchito» Flores (actual asistente de Wilmar Valencia que ostenta el dudoso honor de ser un experto en hacer descender a equipos) y un largo etcétera. Lamentablemente, de un tiempo a esta parte, el equipo dominó ha pasado a convertirse en la sucursal de los capitalinos que ya no pintan en los cucos Alianza Lima, Universitario o Cristal. Por estas razones ya no me parece tan cierto que «Melgar es Arequipa y Arequipa es Melgar».

¿Qué tiene que pasar el domingo para que el F.B.C. Melgar permanezca en la primera división?

Ganarle a Alianza Lima y que se den dos resultados: triunfo de Universitario, en Lima, sobre la Universidad César Vallejo; y victoria de Sport Huancayo sobre Alianza Atlético de Sullana (el partido será en Huancayo y el equipo de Roberto Mosquera todavía lucha por un cupo a la copa Libertadores de América).

El equipo blanquiazul vendrá a Arequipa con suplentes. Muchos piensan que esto aliviana la tarea del Melgar. ¡Craso error! No hay peor inconveniente que jugar con un equipo relajado que no tiene nada que perder y sí mucho que complicar. Además no se puede descartar que vengan convenientemente «motivados» por los equipos que están por debajo del elenco arequipeño y por el plus que representaría para los capitalinos hacer descender a un (al único) equipo de la Ciudad Blanca.

Yo creo que el partido será sumamente complicado. Todo depende de abrir el arco en los primeros minutos. Y son minutos los que nos separan del abismo. Estamos a 180 minutos de una despedida. Podemos despedir otro año de fracasos (mala costumbre la nuestra)… y soñar con hacer las cosas mejor el 2012... O podemos despedirnos, quizá para siempre, de la primera división. ¡Dios quiera que no!

El domingo como nunca (más que nunca): soy arequipeño y soy rojinegro. Y no un (ya saben) que se cree limeño.

2011/11/15

Las malas intenciones

Cayetana De Los Heros es una muchacha asmática que guarda una extraña fijación por la figura del héroe. Peruanos de excepción como Francisco Bolognesi Cervantes o Miguel Grau Seminario son objeto de un culto furtivo que condimentado con una fantasía portentosa, azuzan un peligroso afán de emulación (que se hace más intenso a raíz del anuncio del inminente nacimiento de su medio hermano). Aunque por momentos resulta reiterativa, sin duda es una película audaz que, para este cinéfilo, estalla en el diálogo entre José Olaya Balandra y la muchacha que no sólo humaniza a los héroes, sino que, a su vez, los hace más dignos de reverencia. No he visto ninguna otra película peruana que haya abordado el mundo de la infancia con tanta libertad creativa. Eso: ¡libertad creativa!

Las Malas intenciones es una falsa biografía de Rosario García-Montero que no sólo merece ser vista por todos, sino además aplaudida sin reservas.



Perú-Ecuador: Manual para ser "Fantástico"

Diario Ajá: una muestra de la prensa más impresentable del Perú anuncia que la banquirroja sale a "domar monos". Por su parte el diario Extra de Ecuador no se queda atrás y anuncia que Las “gallinas” peruanas dicen: ¡Tri, Tri, Tricolor!

1. Los Cuatro Fantásticos… Goles de Chile…

Hace poco más de un mes, el martes 11 de octubre para ser exactos, en Santiago de Chile ya se vio lo peligroso de denominar aparatosamente “Cuatro Fantásticos” a Paolo Guerrero, Jefferson Farfán, Juan Manuel Vargas y Claudio Pizarro. La prensa chilena, ni corta ni perezosa, hizo mofa de tal apelativo aseverando que con “Cuatro Fantásticos” goles Chile le ganó bien al Perú por 4 goles a 2.

Lo peor de todo, sin duda, fue elogiar a un equipo que, a pesar de vender cara su derrota, volvió a perder (mal, goleado, con “oles” incluidos) y no pudo torcer la historia que dice que en partidos clasificatorios nunca pudimos ganar en la capital sureña.

2. Quito: el Perú jamás ganó en el estadio Atahualpa. Y lleva más de tres décadas sin ganarle ni siquiera en Lima.

Hoy día, como resalta el diario El Comercio de Quito, la selección ecuatoriana defiende un invicto de ¡34 años! ante el equipo peruano.

Sí, aunque parezca increíble, al menos yo no había nacido cuando le ganamos por última vez a Ecuador en partidos eliminatorios. Y, sinceramente, firmo el empate sin dudarlo (la última vez, recordemos, nos vapulearon 5 a 1). Si revisamos la historia, fríamente y sin apasionamientos, deberíamos celebrar el empate como si se tratara de una victoria... y una victoria como una verdadera hazaña. Algo FANTÁSTICO (así con mayúsculas).

3. Manual para ser Fantástico: que el "quiero" gane la guerra del "puedo"...

Sergio Markarián es un técnico por el que guardo el mayor de los respetos, a pesar de haber asumido el cargo en la gestión de Manuel Burga. Seguí como el que más la inolvidable campaña copera de Sporting Cristal en 1997 y hoy celebro que rechace sin miramientos ese latiguillo estúpido del “sí se puede” pues le parece propio de mediocres. Claro que se puede. Precisamente creo que el requisito para graduarse de fantástico sería conseguir resultados fantásticos como ganar por primera vez en Quito por eliminatorias.

4. El viejo duelo entre la razón y el corazón

La razón dice que Ecuador hace valer la localía, gana por dos goles de diferencia y que la selección peruana se ahoga en Quito, víctima sobre todo de una mala aclimatación de un día y medio en Arequipa (pocos se han atrevido a hacer hincapié en esto).

Sin embargo, el corazón tiene fichas poderosas que apelan a algo más importante que “Cuatro Fantásticos”: una defensa sin distracciones, un arquero con atajadas notables, un Edwin Retamozo descollante, un entrenador con cambios precisos y unos delanteros infalibles. El corazón sueña con una victoria inédita de once fantásticos de verdad, porque el corazón no piensa… Si el corazón pensara dejaría de latir... y el fútbol, como el amor, no se piensa.

2011/10/05

Cuero de chancho

Cuero de chancho es un fugaz retorno a la infancia. Escrito de un tirón, intenta establecer una cierta (peligrosa, antojadiza) semejanza entre el dedicarse a la escritura o al fútbol. Un pequeño homenaje a mi primera pasión.

________________

—Toma —me dijo él—. Es de cuero de chancho.
—Toma —me dijo él—. Es de cuero de chancho.

—Toma —me dijo él—. Es de cuero de chancho.

Cuando cumplí diez años, mi padre por fin me regaló una pelota de fútbol. Parecía torpemente barnizada y los colores de sus paños me resultaban algo chocantes. Sin embargo, mi alegría no cabía en la alcoba.

Estuve tentado de hacer un par de piques para probar su peso y calidad, pero él me había prohibido, de manera tajante, «patear cualquier objeto dentro de la casa».

—La compré en la tienda del viejo Melquiades —informó con una sonrisa complaciente, que era muy rara en mi progenitor—. ¿La conoces, no? Queda casi llegando al puente Bolognesi.

—Voy al parque —dije, entusiasmado—, se la tengo que mostrar a mis amigos.

—No te vayas a quedar hasta muy tarde —me ordenó levantando la voz—. Y cuidado de que no se caiga al río…

Vivíamos en La Arboleda, debajo del puente de fierro, diseñado en el siglo XIX por el mismo Eiffel de la torre de París, con acero traído en barcos desde el lejano Detroit norteamericano. En alguna ocasión quisimos retar a esa bestia que se alargaba por la campiña, atravesando el río Chili, y disparamos el balón hacia el cielo, intentando hacerlo pasar por encima de su estructura: ¡éramos una patota pelotera! El fútbol absorbía buena parte de nuestras vidas y de nuestros sueños (de ser futbolistas, por supuesto).

Léelo todo en: http://www.badosa.com/bin/obra.pl?id=n363

Cuero de chancho


—Toma —me dijo él—. Es de cuero de chancho.

Cuando cumplí diez años, mi padre por fin me regaló una pelota de fútbol. Parecía torpemente barnizada y los colores de sus paños me resultaban algo chocantes. Sin embargo, mi alegría no cabía en la alcoba.

Estuve tentado de hacer un par de piques para probar su peso y calidad, pero él me había prohibido, de manera tajante, «patear cualquier objeto dentro de la casa».

—La compré en la tienda del viejo Melquiades —informó con una sonrisa complaciente, que era muy rara en mi progenitor—. ¿La conoces, no? Queda casi llegando al puente Bolognesi.

—Voy al parque —dije, entusiasmado—, se la tengo que mostrar a mis amigos.

—No te vayas a quedar hasta muy tarde —me ordenó levantando la voz—. Y cuidado de que no se caiga al río…

Vivíamos en La Arboleda, debajo del puente de fierro, diseñado en el siglo XIX por el mismo Eiffel de la torre de París, con acero traído en barcos desde el lejano Detroit norteamericano. En alguna ocasión quisimos retar a esa bestia que se alargaba por la campiña, atravesando el río Chili, y disparamos el balón hacia el cielo, intentando hacerlo pasar por encima de su estructura: ¡éramos una patota pelotera! El fútbol absorbía buena parte de nuestras vidas y de nuestros sueños (de ser futbolistas, por supuesto).

—Toma —me dijo él—. Es de cuero de chancho.

Cuando cumplí diez años, mi padre por fin me regaló una pelota de fútbol. Parecía torpemente barnizada y los colores de sus paños me resultaban algo chocantes. Sin embargo, mi alegría no cabía en la alcoba.

Estuve tentado de hacer un par de piques para probar su peso y calidad, pero él me había prohibido, de manera tajante, «patear cualquier objeto dentro de la casa».

—La compré en la tienda del viejo Melquiades —informó con una sonrisa complaciente, que era muy rara en mi progenitor—. ¿La conoces, no? Queda casi llegando al puente Bolognesi.

—Voy al parque —dije, entusiasmado—, se la tengo que mostrar a mis amigos.

—No te vayas a quedar hasta muy tarde —me ordenó levantando la voz—. Y cuidado de que no se caiga al río…

Vivíamos en La Arboleda, debajo del puente de fierro, diseñado en el siglo XIX por el mismo Eiffel de la torre de París, con acero traído en barcos desde el lejano Detroit norteamericano. En alguna ocasión quisimos retar a esa bestia que se alargaba por la campiña, atravesando el río Chili, y disparamos el balón hacia el cielo, intentando hacerlo pasar por encima de su estructura: ¡éramos una patota pelotera! El fútbol absorbía buena parte de nuestras vidas y de nuestros sueños (de ser futbolistas, por supuesto).

—Toma —me dijo él—. Es de cuero de chancho.

Cuando cumplí diez años, mi padre por fin me regaló una pelota de fútbol. Parecía torpemente barnizada y los colores de sus paños me resultaban algo chocantes. Sin embargo, mi alegría no cabía en la alcoba.

Estuve tentado de hacer un par de piques para probar su peso y calidad, pero él me había prohibido, de manera tajante, «patear cualquier objeto dentro de la casa».

—La compré en la tienda del viejo Melquiades —informó con una sonrisa complaciente, que era muy rara en mi progenitor—. ¿La conoces, no? Queda casi llegando al puente Bolognesi.

—Voy al parque —dije, entusiasmado—, se la tengo que mostrar a mis amigos.

—No te vayas a quedar hasta muy tarde —me ordenó levantando la voz—. Y cuidado de que no se caiga al río…

Vivíamos en La Arboleda, debajo del puente de fierro, diseñado en el siglo XIX por el mismo Eiffel de la torre de París, con acero traído en barcos desde el lejano Detroit norteamericano. En alguna ocasión quisimos retar a esa bestia que se alargaba por la campiña, atravesando el río Chili, y disparamos el balón hacia el cielo, intentando hacerlo pasar por encima de su estructura: ¡éramos una patota pelotera! El fútbol absorbía buena parte de nuestras vidas y de nuestros sueños (de ser futbolistas, por supuesto).

2011/09/02

Entrevista a Gabriel Ruiz Ortega

«La lectura es lo que canaliza todo en mí»
Por Orlando Mazeyra Guillén

Escritor, blogger pertinaz y, por sobre todas las cosas, un ávido lector. Ha publicado la novela La cacería y también ha sido compilador de más de una antología de narrativa, Gabriel Ruiz Ortega (Lima, 1977) nos habla de su obra, de los nuevos escritores peruanos, de su conocido blog La fortaleza de la soledad y de muchas otras cosas que trae esta sabrosa entrevista.

La Cacería

–En el año 2005, salió a la luz tu primera incursión narrativa, la novela La Cacería, ¿qué nos podrías decir, a la distancia, de esta entrega literaria?
–Es una novela que escribí con mucha entrega, fuego y rabia. Recuerdo que me encerré en un hostal, durante ocho días, para escribirla. La cacería es una novela que no estaba en mis planes. Pero las circunstancias me depararon otro destino. Y la verdad es que no me arrepiento. Representa muchas cosas para mí, tanto en lo personal como en influencias literarias y culturales. Era un libro condenado a pasar desapercibido pero ese no fue su destino. Y ese es quizá uno de los motivos de peso que más le jode a mis detractores de toda la vida. Yo soy el primero en reconocer su leyenda negra, por la cual más de uno no ha dudado en atacarme, cuando lo cierto es que cada vez se habla de ella (así sea bien o mal), más interés existe en reeditarla. En estos años he recibido cuatro propuestas de reedición. Estuve a punto de aceptar una de ellas, pero me dije que aún no era su momento. Además, me gusta la novela tal y como está. La releo con gracia y no puedo negar que me ha traído muchas satisfacciones. Es pues como una hija malcriada, engreída, caprichosa. Por otra parte, no me hago palta alguna con las opiniones de los lectores. Si les gusta, bien. Si no, el mundo no se me acaba.

Disidentes

–Es común que, como antólogo, recibas más reclamos que elogios. ¿De qué manera toma las críticas el “autor” de las antologías?
–Tomo cada crítica como lo que es: una opinión más. Y con mayor razón en un ambiente literario como el peruano, tan volátil y falso, tan envidioso e inculto, tan propenso al amiguismo más ramplón, sin estilo alguno, delatado precisamente por sus antologías. De mi condición de antólogo se puede decir mucho. Para empezar, no soy crítico, nunca me interesó serlo. Las dos antologías que he presentado han generado eco, Disidentes de 2007 tuvo un éxito arrollador, por ejemplo. Recuerdo que muchos saltaron ni bien esta salió. Dejé que las cosas siguieran su propio cauce, ya que sabía que al libro le iría muy bien. Recibí todas las críticas, dardos y pataleos con una buena coraza de tolerancia. Yo sabía que a la antología le iría bien, y no por el hecho de ser el antólogo, sino porque ante todo estaba convencido de que la selección era muy buena, casi excelente. Como te dije, no soy crítico, ni académico. Pero soy un muy buen lector. Siento que mi capacidad de lector se pone a prueba con las antologías. No me voy a sabotear por el amiguismo y los sentimientos menores.

–Acaba de aparecer Disidentes 1. Antología de nuevas narradoras peruanas. ¿Cómo ves en líneas generales a las nuevas narradoras del Perú?
–Me siento más cerca de las narradoras que de los narradores. En este acercamiento resulta esencial mi formación como lector de novelas de aventuras, es decir, mi preferencia por la trama y el asunto. En estos años hemos tenido una línea muy marcada en la nueva producción narrativa peruana: la gran mayoría de narradores han mostrado una preferencia casi abusiva por la elasticidad verbal y las piruetas estructurales. No digo que esté mal, en absoluto, pero han descuidado el componente esencial que acerca un trabajo de ficción con el lector: el argumento, así de simple. Son las mujeres las que han sabido contarnos buenas historias. Como dije en otra entrevista, creo que a ellas no les interesa ser duchas en el uso del lenguaje, sino transmitir sensaciones por medio de historias. La verdad que me he excitado, llorado, alegrado, conmovido, enfurecido, en fin… con las nuevas narradoras peruanas. Pienso en los cuentos de largo aliento de Karina Pacheco, Alina Gadea, Julie de Trazegnies, Susanne Noltenius, Patricia Miró Quesada y Rossana Díaz, o en la contundencia atmosférica de Jennifer Thorndike.

–¿Sería arriesgado decir que, en los últimos años, las mujeres han sido más prolíficas que los hombres?
–Sí. Sería muy arriesgado. Si te refieres al número de libros publicados, los narradores han publicado mucho más. Dentro de esta camada de narradoras, casi todas no pasan del primer libro; solo, y es lo que recuerdo en estos momentos, por lo que podría estar equivocado, Karina Pacheco y Katya Adaui llevan varios libros publicados. Pacheco tiene a la fecha cuatro títulos muy bien tratados por la crítica de medios y Adaui con su segundo cuentario ha demostrado un notable avance narrativo. Ahora, la cantidad de libros por autor, no es garantía de nada. Los progresos no debemos medirlos así. Cada escritor tiene su propio ritmo. Tampoco pasemos por alto el saludable ambiente de camaradería que existe entre las narradoras, que no caen en las guerritas de callejón que protagonizan los escritores.

La fortaleza de la soledad

–Los que seguimos tu blog La fortaleza de la soledad, que ya cumplió cinco años, nos encontramos con una miscelánea cultural: abordas la narrativa, la poesía, la crónica e incluso te das tiempo para la música, el cine y el fútbol. ¿Qué representa para ti La fortaleza de la soledad?
–Tienes buena memoria. No llevaba la cuenta de los años de La fortaleza de la soledad.
Se trata de un espacio en el que comparto mis intereses. Me gusta por igual la literatura y el cine, la música y el fútbol. Por eso, como dices, los lectores encuentran una miscelánea para todos los gustos. La fortaleza de la soledad ha atravesado varias etapas, ha tenido cambios, y en cada uno de ellos no he dejado de consignar mis entrevistas, reseñas y artículos publicados en otros medios. En los dos primeros años caí en una paranoia total, en la que llegué a pelearme con media literatura peruana. Hasta ahora, algunos no me perdonan ciertas travesuras. En aquella época me parecía a Bolaño, con ganas de pelearme o discutir con algún poeta o narrador referente del pueblito de la literatura peruana. Felizmente, eso ya pasó… En mi blog siempre ha quedado plasmado mi carácter, mi forma de ser. Además, trato de ser plural, consignar y comentar las cosas que me gustan. No vendo sebo de culebra. Posteo porque me gusta hacerlo, no me interesa entrar a los rankings. Si te das cuenta, hasta el diseño del blog es artesanal. Así me gusta. Y mi cuenta de Facebook me está ayudando mucho en la actualización del blog, todas las notas que reproduzco, las incluyo previamente en mis enlaces de muro, cosa que así me ahorro el trabajo de buscar.

–En el aspecto creativo, ¿te consideras un narrador a secas?
–Me considero un lector que escribe. Mi vida, el día a día, es como la de cualquier otra persona. Veo películas, escucho mucho rock. Salgo lo que tengo que salir. Pero ante todo, la lectura es lo que canaliza todo en mí. Me gusta escribir narrativa, no me preocupa en qué género lo esté haciendo, lo que me importa es sentirme cómodo. Por ejemplo, el año pasado escribí una crónica sobre un manuscrito perdido de Enrique Verástegui, y las personas que lo leyeron pensaron que lo relatado era pura invención. Pero no. Todo en el texto era real, ¿quién iba a pensar que después de muchos años se hallaría en un puesto de libros de La Parada un manuscrito de Verástegui, del cual se había dicho tanto? Si es ficción o no, es lo que menos me importa.

–En lo referente a la crónica, ¿cuáles son tus cronistas predilectos?
–Crónica, No Ficción. Como quieras llamarlo (aunque no es lo mismo). Al respecto, creo que es toda una estupidez llamar subliteratura a la crónica, tal y como lo hacen los aburridos celadores de las buenas costumbres literarias. Nuestro país ofrece un contexto social e histórico de privilegio para forjar una rica tradición en la no ficción. Recuerdo la lectura de Muerte en el Pentagonito de Ricardo Uceda, toda una obra maestra si la vemos en frío. Las crónicas y perfiles de Guillermo Thorndike, que de vez en cuando releo. Ese hombre era toda una máquina de escribir. Tendrá que pasar un tiempo para poder valorarlo en su justa dimensión, sus pecados políticos aún pesan. Me gustan también las crónicas de Jorge Salazar. Como señalé, nuestro contexto es el ideal para la crónica. Últimamente han aparecido varios cronistas, pero tengo la impresión de que estamos ante una moda. Al único que valoro es a Juan Manuel Robles… Y bueno, entre los cronistas foráneos, no tengo la más mínima duda de mi trípode: Thompson, Talese y Kapuscinski. Si los miras bien, son la combinación perfecta: el desorden, el detalle y el verbo. He leído sus libros con la misma atención de cuando me insertaba en las novelas de Tolstoi y Balzac, sin exagerar. Aunque de los tres, pongo varios rellanos arriba a Talese, La mujer de tu prójimo y Honrarás a tu padre son otra cosa.

–Tienes fama de lector omnívoro, ¿cuántas horas diarias dedicas en promedio dedicas a la lectura?
–La lectura es una actividad normal en mí. No sé cuántas horas al día me dedico a leer. Tuve la suerte de contar con libros en casa, desde niño. El libro no era un elemento especial, sino necesario, como un artefacto de uso diario, como la cocina. Me recuerdo leyendo. Pero tampoco voy a caer en la mentira y posería que escucho en otros, tipo “que a los ocho años ya había leído el Quijote”, “que a los doce había terminado En busca del tiempo perdido” o “que a los catorce entendía Paradiso”. Haber leído mucho no te hace más que nadie. No te hace mejor escritor. No te hace una buena persona. Pero leer te proporciona recursos, te abre la mente en todo sentido. Ahora, un escritor debe ser un voraz lector.

–¿Cuál es tu canon tanto en narrativa como en poesía? Te invito a decirme diez libros que consideres imprescindibles para cada caso.
–Me la pones difícil. Tú sabes, la memoria suele ser muy tramposa. Pero hay autores de todas las tradiciones a los que vuelvo por necesidad. En narrativa, Balzac, Tolstoi, Cervantes y Dumas en clásicos. Hemingway, Mann y Borges entre los de siglo XX; y de los últimos treinta años Bolaño, Vila-Matas y Marías. En poesía, mis preferencias son más desordenadas. Releo a Vallejo, Martín Adán, Ashbery, Lihn, Parra, Cummings, Paz, Gil de Biedma, Jorge Pimentel. En fin, solo me has pedido diez por cada grupo, podría nombrarte una decena más. Y no quiero desaprovechar la oportunidad de considerar a Fear of Music de Talking Heads como un imprescindible, al menos es el disco que más he escuchado en los últimos meses. Fíjate en sus letras.

–¿Sientes que en Lima hay más apertura con respecto a los escritores del interior del país?
–Siento que hay una apertura diplomática. O sea, no pasa de un mero saludo a la bandera. Hay muchísima demagogia cuando se habla de los escritores del interior. Parte de ese problema yace en las expectativas de estos en relación a Lima. A veces he sentido que la miran desde muy abajo. El ambiente literario limeño es una farsa. Casi nada es lo que parece. Los escritores del interior deberían hacer fuerzas y concentrarse en cimentar más el ambiente en el que se mueven, hacer que su circuito literario y cultural tenga vida propia.

–¿Qué problemas detectas en la difusión de las publicaciones no limeñas?
–Los mismos que veo en las publicaciones de la capital. Imagino que te estás refiriendo a lo que se edita en los nuevos sellos editoriales. Para empezar, la distribución no es del todo eficiente. En este sentido los editores deberían formar una sola fuerza y así encontrar soluciones a este escollo. De nada sirve que cada quien vaya por su lado. En cuanto a la recepción en medios, me queda claro, para mal, que cada vez que sale una nota sobre un autor del interior es como si le estuvieran haciendo un favor.

–El nombre de tu blog invita a preguntarte sobre el escritor y pintor Jonathan Lethem.
–Jonathan Lethem es un autor que se nutre muchísimo de la cultura popular. En sus libros detecto más el respiro del comic que de Twain, por ejemplo. Lo veo como una antena dispuesta a captar los gustos que no son del todo bien recibidos por los hacedores de los discursos oficiales. Para mí Lethem es un gigante de la novelística contemporánea. Hay que leerlo. Si te influye, bien. Sus libros me dieron mucha seguridad para abordar determinados temas. A veces necesitas un catalizador y su poética cumplió esa función en mí. Ahora, me dices que te hable de su faceta de pintor. He visto pocas cosas suyas al respecto, las cuales no me han estimulado. No me sorprende que haya tenido esas inquietudes, puesto que es hijo de artistas. Importa el Lethem escritor, de lejos.

–¿Cuáles son tus blogs favoritos y por qué?
–De los blogs peruanos sigo Notas Moleskine, Puente Aéreo, Letra Capital y últimamente Nosotros matamos menos, también Luz de limbo y Sol negro. Son blogs que se han ganado una preferencia gracias a la constancia. Esto no quiere decir que esté de acuerdo con todos sus contenidos, en absoluto. También leo bitácoras de escritores, como las de Vicente Luis Mora, Pola Oloixarac, Rafael Reig, Antonio Díaz Oliva, Andrés Trapiello; también El lamento de Portnoy. Creo que antes de ponerse a hablar de la muerte de los blogs, deberían darse una vuelta por estos sitios, muchos de ellos de una gran calidad. Y claro, resultan infaltables mis paseos por Frontera D, Sigue Leyendo y El Malpensante… Como bien se dijo una vez: la difusión literaria está en los blogs, las webs.

–Hablaste algunas veces que las editoriales independientes le están ganando el partido a las grandes editoriales. ¿Cuáles consideras que son las editoriales más emergentes?
–Sí. Eso es cierto. Las editoriales independientes son las que están publicando las cosas más interesantes. Las nuevas editoriales han permitido la publicación de textos, que de haber dependido de los grandes sellos, jamás hubieran visto la luz. Si hemos tenido una buena década en producción literaria, mucho se lo debemos a estas nuevas empresas. Por otra parte, no puedo dejar de señalar que aún siguen adoleciendo de una logística seria. No pido que traten de emular a las de Santillana, Norma o Planeta, pero por lo menos exijo que traten bien a sus autores y que no se les tome como mera mercancía. He visto muchos abusos contra ellos, y estos, es que estamos en Perú, prefieren el silencio porque consideran “rochoso” quejarse. Por eso, me disculpas, pero no te puedo decir cuáles son las editoriales que han destacado más. He llegado a la conclusión que no sirve de nada publicar libros importantes e interesantes si no se respeta ante todo al autor como persona. En este sentido, y pese a los señalamientos, son las editoriales grandes las que se llevan mis puntos.

–¿Qué opinas de la reseña que se practica actualmente en algunos medios periodísticos de la capital?
–No estamos en el mejor de los momentos. Y lo digo con mucho respeto y franqueza: el reseñismo limeño está hasta las huevas. No hay otra manera de calificarlo. Lo que pasa es que hay mucho amiguismo. Vivimos en un pueblito en el que todos se conocen. No existe la distancia espiritual entre el reseñista y autor. Una mala reseña podría significar un odio de por vida. A esto se suma la costumbre bien peruana de nunca quedar mal con nadie… Recuerdo un libro de entrevistas a escritores peruanos, de Luchting, en el que ocho de los entrevistados decían que las buenas reseñas eran escritas para fastidiar a otro escritor. Es decir, esta es una costumbre que viene desde hace ya varias décadas, pero aún así había un nivel, se sabía disfrazar la bajeza. En cambio ahora no. No interesa disfrazar nada.

Narradores peruanos contemporáneos

Te invito a darme una breve opinión sobre autores contemporáneos y, si te animas, la que consideras su mejor obra.

–Mario Vargas Llosa
–Bueno, Vargas Llosa me entregó siete libros capitales para mi formación como lector y escritor. Sus últimas novelas no me han gustado mucho y, la verdad, no creo que vuelva a escribir obras maestras como Conversación en La Catedral y La fiesta del Chivo. Pese a no sintonizar con algunas posturas políticas e ideológicas, no dejaré de valorar su consecuencia con lo que cree, detalle que deberían aprender sus detractores.

–Miguel Gutiérrez
–No sé si lo dije en mi blog. La violencia del tiempo está entre las cinco mejores novelas peruanas del siglo XX, junto a Conversación en La Catedral, Un mundo para Julius, La casa de cartón y Los ríos profundos. Lo aprecio mucho como persona. A estas alturas me parece una tremenda idiotez tratar de descalificarlo por sus posturas ideológicas, y aquellos que lo hacen, pues que lean el prólogo de la segunda edición de La generación del 50, a ver si así se quedan callados de una buena vez.

–Alonso Cueto
–Cueto es mi Maestro. Como persona es una de las más íntegras que conozco. Y en cuanto a su obra, es de lejos el autor peruano que más ha crecido en la década pasada. Sus novelas La hora azul, Grandes miradas y El susurro de la mujer ballena han tenido mucho éxito. Él la tiene muy clara: contar buenas historias. Allí está el secreto de su éxito demoledor con los lectores. Además, está siendo muy traducido y ni hablar de los importantes premios que ha recibido. No tengo duda de que en este pueblito se le envidia lo bien que le va, por eso, cuando se le ha querido desestimar, se ha apelado a lecturas torcidas, bajas y sucias.

–Oswaldo Reynoso
–Reynoso es un gran estilista. Después de Vargas Llosa es el escritor más leído del Perú. A sus años es un hombre que se ha recorrido todos los colegios del país, hablando de su obra y de la importancia de la lectura. Soy hincha de Los eunucos inmortales, y reconozco la axiomática actualidad de Los inocentes. Su postura ideológica me parece descabellada y ambigua. Pero repito: soy hincha de Los eunucos inmortales, su mejor libro.

–Carlos Calderón Fajardo
–Estamos ante un genuino contador de historias, es uno de los nombres capitales de la narrativa peruana contemporánea. La colina de los árboles y La conciencia del límite último son ejemplos de excelencia en novela breve. Sabemos que es un autor reconocido pero requiere del interés de una editorial grande que le brinde a su obra la verdadera difusión que merece. Calderón Fajardo no tiene nada qué demostrar. Es un grande.

–Fernando Ampuero
–Tiene cuatro cuentos que lo ubican en un lugar referencial. No puede haber antología de cuento peruano sin un cuento suyo. Sé que es una persona que no cae bien a muchos. Yo no lo conozco, a lo mucho un par de saludos e intercambio cordial de mails; pero hay algo que sí debo decir: como periodista dio una gran enseñanza moral, y me refiero al tema de los Petroaudios, que puso al descubierto el acto de corrupción más indignante del último decenio. No es moco de pavo lo que hizo. La manera como lo trataron en El Comercio por decir la verdad y su actitud coherente con esa verdad es algo que no debemos soslayar. No hay que caer en la mezquindad.

–Alfredo Bryce Echenique
No me esperen en abril, Un mundo para Julius y La vida exagerada de Martín Romaña. Estas novelas me bastan y sobran. No me interesa lo que se haya dicho de él a razón de los plagios.

Cine

–¿Podríamos darnos tu canon de cineastas imprescindibles con su película insignia?
–Te diré las películas que más he vuelto a ver en estos meses. Extraños en un tren de Hitchcock, El amigo americano de Wenders, El sol de membrillo de Erice, Der Baader Meinhof Komplex de Uli Edel, El Chacal de Zimmerman, Mulholland Drive de Lynch, algunos policiales de Chabrol, Come and See de Klimov, Nosferatu de Murnau… Trato de ver una película diaria… Consumo muchas series, The Wire, Californication, The Shield, Mad Men

–¿Cómo ves al nuevo cine peruano?
–Hemos avanzado un poco. Al menos ahora hay más películas. Pero esto no es indicativo de calidad. Salvo destacadas excepciones, como La boca del lobo, Días de Santiago, La muralla verde, Octubre y Paraíso, todo el cine peruano tendría el calificativo de Z. Ten presente que los cineastas nacionales recién están esbozando el borrador de su tradición. Ahora, me llama la atención los discursos críticos que se dan en el cine peruano, específicamente pienso en los debates entre los directores de la revista Godard, Cordero y Pimentel, con Bedoya y Chacho León. Más allá de quién tenga o no la razón, no niego del nivel de argumentación de ambos lados, algo que debería darse en los debates entre escritores peruanos, tan propensos a la mentira, la matonería virtual y la pseudopendejada.

Proyectos futuros

–Ya has publicado una novela, ¿te interesa incursionar en el cuento?
–Hace poco entregué un par de cuentos. Uno de ellos saldrá en una antología mexicana cuya temática es la violencia. Me preguntaron si podía colaborar con un relato, pregunté sobre el tópico y me puse manos a la obra. Sin embargo, en esencia, soy un narrador de novelas. Pienso todo en función a la novela, que es un género que requiere de mucha rutina y disciplina. La práctica de la escritura de proyectos novelísticos me ha salvado la vida, soy muy díscolo en muchas cosas y en no pocas ocasiones temerario. Escribo novelas no para publicarlas, al menos no pensando que las voy a publicar inmediatamente, lo que siempre he buscado es el placer que me depara el trance de la escritura. Ese trance no lo cambio por nada.

–¿Qué proyectos creativos tienes entre manos, nos podrías dar un alcance al respecto?
–Tengo una novela corta que espero publicar a fin de año. Si no sale, será para el siguiente. Y también espero que se publique Disidentes 2. Narradores peruanos 2000 – 2010. Esta antología va por Ediciones Altazor. Solo es cuestión de esperar.

Entrevista Publicada en «PROYECTO PATRIMONIO»

2011/08/27

JORGE CARDEÑA: «TODAVÍA ME SUEÑO CON EL COLEGIO»

JORGE CARDEÑA: «TODAVÍA ME SUEÑO CON EL COLEGIO»

Quería ponerme al día,
todos mis años de timidez,
De huevón quedado
Comenzaron a disiparse…

Alberto Fuguet, Missing (una investigación)

Está convencido, entre otras cosas, de que crecimos en un entorno salvaje, una auténtica jungla de sillar (y de cemento). Jura y rejura que Sergio Rivera está “loco” y que el Perú clasificará al mundial de Brasil 2014 (¿quién es el loco entonces, señor fiscal?). Todavía se sueña con el colegio y, en un momento difícil, supo, gracias al profesor de literatura, que los maestros de verdad están más allá del recinto escolar. O algo así.

Jorge Cardeña es un compañero de la promoción a quien muchos podrían considerar un “missing”, una figurita recontra difícil del Álbum Sui Géneris 1997. Ahora es fiscal, está felizmente casado y sigue siendo, por supuesto, un fervoroso hincha del F.B.C. Melgar…

Es, también y sin ápice de duda, otro más del extenso clan de la 1997 que podría hacer suyas las célebres palabras de Fito: “cuando me fui, no me alejé”. Acerquémonos un toque al popular “Tinelli”.

_____

Me encuentro con Jorge Cardeña un viernes por la noche, en el pasaje de la Catedral. Él luce impecable, yo muy informal. Nos demoramos algo en escoger un local (en donde él pueda fumar plácidamente) y, cuando recién nos estamos acomodando, quien rompe los fuegos es él:

–Orlando, ¿fuiste al partido contra el Inti Gas?

–No, Jorge, no fui. Justamente de eso te quería hablar. Contigo sólo me encuentro en situaciones difíciles, desazones, nos encontramos saliendo del estadio, puteando en la tribuna porque el Melgar pierde… pero nunca te he encontrado en un almuerzo de promo, parece que luego de terminar el colegio te esfumaste…

–Sí, ¿no?

–¿Hay alguna razón honesta, sincera, que salga de verdad del corazón, con la que nos puedas explicar por qué nunca quisiste volver a ver a la gente de la promo?

–Mira, no quizás la principal, pero una razón subsidiaria, es el tema de los estudios, del trabajo. Pero quizás una de las principales razones fue porque no me sentía “parte de”, no me sentía parte de la promoción. En el colegio, como tú bien sabes, me juntaba con Hernán Palo, Juan Carlos Castro, Wilber Villena, con Cristian Villón, pero cuando acabamos el cole, cada uno se fue por su lado. Entonces, ya pues, el grupo que habíamos formado en el colegio se desintegró, por así decirlo, pero no por malas razones, sino por cuestiones propias de la vida. Evidentemente, no tenía la afinidad que tenía con ellos con el resto de la promoción.

–Digamos que tus vínculos eran muy escasos: Cristian Villón, Hernán Palo, Juan Carlos Castro, Wilber Villena… se contaban con los dedos de la mano

–Exactamente. Lo cual no significa que con el resto me haya llevado mal porque todo el mundo sabe eso, nunca me he llevado mal con nadie.

–¿Y no buscaste afianzar vínculos al menos con ellos después del colegio?

–No, porque ya entré a la universidad y es como un nuevo mundo. Era otro inicio, un comienzo, una nueva vida. Otro grupo de amigos con quienes nunca llegué a tener la afinidad que tuve con los patas del cole…

–También la universidad se presentaba como la oportunidad para cerrar un capítulo, ¿no?

–Claro, también.

–Y, desde tu perspectiva, un mal capítulo…

–¡No, no un mal capítulo! Al contrario, yo siempre puedo decirlo, lo digo: la mejor época que he vivido ha sido la época del colegio: más que la universidad, más que el trabajo… ¡No! Yo no he salido del colegio resentido (como de repente yo sé que algunas personas creo que sí lo han vivido, ¿no?). Yo no al menos, en absoluto. Yo vivo, como creo que casi todos, recontra orgulloso del colegio en que he estudiado y cada vez que puedo lo menciono. Es más, hasta el día de hoy, no sé si les pasará a algunos, ¡me sueño con el colegio!

–¿Cómo es eso de que te sueñas con el colegio?

–¡Me sueño que estoy en la clase! Me sueño que estoy con la promoción, me sueño que estoy en el recreo, o de repente me sueño que estoy en clases de la universidad pero con los ambientes físicos del colegio. Sí, eso me pasa con relativa frecuencia.

–Eso de soñarse todavía con el colegio como que emociona un poco. Estamos hablando, pues, de “los años maravillosos”. ¿Qué recuerdos guardas del cole?

–Guardo lindos recuerdos del colegio. Recuerdo cuando compartimos clase en 2do. “A” que creo que fue la peor de ese año, estábamos con Palomino Merma, con ese profesor de literatura que tenía un bigotito, que pateaba las paredes y era medio loco. Me acuerdo inclusive, clarito, las cosas que tú hiciste ese año…

–¿Cómo por ejemplo?

–Me acuerdo que en algunas clases hiciste sonidos onomatopéyicos referentes a gases.

–O sea, hablamos de ruidos de pedos.

–Sí en plena clase de literatura. Me acuerdo también de los últimos años de secundaria, por ejemplo de Patricio Torres haciéndole la vida a cuadros al profesor Chocano.

–¿Tu gran amigo del colegio?

–Hernán, ¡claro!

–¿Por qué?

–Aunque sería injusto nombrar solamente a Hernán, también agregaría a Juan Carlos Castro. Si no recuerdo mal, en los últimos años, Juan Carlos se sentaba detrás de mí, delante Renzo y a mi costado De Olazábal. En Hernán y Juan Carlos notaba ciertas características parecidas a las mías.

–Un poco introvertidos…

–Quizá.

–Perfil bajo…

–Sí.

–Estudiosos…

–Claro, aunque yo tengo que reconocer que, en el colegio, no he sido súper estudioso, siempre fui de la mitad para abajo…

–Quizá esto cambió en la universidad, Jorge.

–Sí, en la Universidad he sido el Carlos Bellatín de mi promoción. En la U terminé en el segundo puesto de mi promoción. Pero yo digo una cosa y nadie me cree: yo he sentido siempre que más presión y más exigencia hubo en el colegio.

–Y más competencia…

–¡Uf! En el cole había monstruos. La universidad en ese sentido ha sido mucho más blandengue…

–En esas aulas de derecho conociste a la que es tu actual esposa…

–No, no, no. Yo con mi primera enamorada empecé de cachimbo y estuvimos ocho años.

–¡Ocho años!, eso ya es matriqui…

–Sí, pero no se concretó…

–Para alimentar el morbo, ¿por qué no se concretó?

–(Ríe de buena gana) Simplemente y como suele pasar en toda relación que es tan larga, o en algunas, se vuelve una cuestión monótona, prácticamente parecía la agenda del colegio, ¡yo lo viví!, y nos dimos cuenta de que lo único que nos unía era la costumbre. Cada uno decidió tomar su camino de forma convenida. Ahora ella está casada, tiene sus hijos y creo que le va bien…

–O sea, todo quedó en buenos términos…

–Sí. Obviamente que no soy su amigo y ella tampoco.

–¿Terminaron en qué año?

–2006.

–¿Ahí conoces a la que es tu esposa?

–No, entré a trabajar a la fiscalía, conocí a una chica, enamoramos dos años y luego conocí a mi actual esposa.

–Que se llama…

–Mayra

–¿Te casaste con ella, cuándo?

–En febrero de este año.

–¿Por qué elegiste el derecho, sientes que es tu vocación?

–Elegí el derecho porque odio los números. Y la consideré una carrera fuerte, de peso.

–¿Pero no eras un convencido?

–Ah, ¡no, no, no! Yo me acuerdo que le pedí a mi abuelo un consejo, le dije: ¿qué me sugieres que estudie? Y fue uno de los mejores consejos que él me pudo dar. Pero ahora sí estoy enamorado de mi profesión: me ha dado muchas cosas.

–¿Te gustaría ser docente?

–Ése es mi sueño: hasta pagaría por eso, lo haría gratis.

–¿Quién es tu referente como maestro?

–Pedro Torres Fortón.

–¿Por qué?

–Porque lo veía como una persona equilibrada, estable emocionalmente, sabia en el sentido de que tenía mucha experiencia de vida, una persona muy noble, muy lúcida. Y es más, te voy a contar algo que nadie sabe de la promoción: cuando terminé con mi primera enamorada me sentía muy abatido, ¡eran ocho años de relación! Y una de las primeras personas a las que recurrí por un consejo, fue a él, y después de tantos años de haber dejado el colegio… Conseguí su teléfono, le pedí conversar con él, se acordó de mí, seguramente de nombre porque no creo que de cara… Nos encontramos y conversé con él. Me dio excelentes consejos y me hizo sentir muy bien. Todo esto esto ratificó lo que pensaba de él. Es una gran persona.

–Y un maestro de verdad, aquel que lo es más allá de las aulas…

–¡Exactamente! No me evadió ni pretextó nada. Fue muy afable. El mismo día que lo llamé fue el mismo día que nos encontramos en la noche. ¡Me ayudó bastante!

–Como abogado debes ser buen lector…

–Sí me gusta leer, pero mis gustos son extremadamente comerciales, los best sellers: Dan Brown, Agatha Christie, novelas policiales. Aunque también he leído a Sábato: El túnel.

–¿Vargas Llosa?

–No me gusta.

–Por sus temas…

–Exactamente.

–¿Quizá porque eres muy “puritano”?

–Sí.

–¿Eres católico?

–Sí, pero muy practicante no soy.

–No eres de ir a misa los domingos.

–¡No, no!

–¿Te confiesas?

–Después de salir del colegio me confesé casi diez años después: en el 2006.

–Que fue precisamente cuando terminaste con tu primera enamorada, Jorge, ¿Porque te sentías muy mal?

–Sí, me sentía mal, muy triste.

–Te acercaste a Dios a raíz de eso.

–Claro, ésa fue la razón.

–Recién en los momentos difíciles nos acordamos de Dios, ¿no?

–Sí, exactamente.

–¿Y lo encontraste?

–Creo que no. Pero de repente fue porque no fui paciente, me faltó ser más paciente. Ser un poco más comprometido.

–Eso quiere decir que, en resumidas cuentas, podrías ser un no creyente…

–Podría ser…

–Eres lo que se llama “católico tradicional”

–Debo reconocer que recurro a Dios en los momentos más difíciles. Me acuerdo de Él permanentemente y le agradezco todo lo que me ha dado, sin embargo, en buena cuenta rezo cuando las papas queman… En resumen: mi credo radica en que Dios es lo más grande y que todo lo que tenemos se lo debemos a él.

–En el cole éramos un grupo muy futbolero en todo el sentido de la palabra: la práctica y la afición, más allá del talento… Había una mancha del Melgar: Tú, el Negro Pinto...

–El Renzo Carpio

–¿Qué representa el fútbol en tu vida?

–El fútbol, cuando estaba en el colegio y en los primeros años de la universidad, representaba una gran afición, mi afición por excelencia. Es más: un tiempo me compraba todos los días el Líbero, escuchaba los programas de radio, sabía hasta la edad que tenía el volante izquierdo del Melgar, ¡todo, todo, todo! Pero… ya cuando empecé a trabajar y tuve otro tuve otro otro tipo de responsabilidades…

–Empezó a declinar…

–Sí, empezó a declinar. Ahora, mi amor, mi afición por el fútbol se reduce al Melgar (a que gane los partidos) y a la selección peruana. Ya no estoy pegado a los programas de radio o TV, salvo que gane el Melgar, ahí sí me veo todos los programas deportivos… Si no gana el Melgar no quiero ver ninguno y, bueno, no soy tampoco aquél que cuando va a jugar el Barcelona con el Real Madrid quiere verlo sí o sí, no, ya no.

–Ya no hay tampoco esa afición por la Argentina de Maradona que teníamos en el colegio…

–¡Claro! O, para mí, Sergio Goycochea en Italia 1990.

–Yo creo, Jorge, que para los que hemos mamado fútbol en los 90, Goycochea ha sido, en el puesto de arquero ha sido el gran referente…

–¡Es que tenía mística!

–Maradona sigue siendo el ídolo por excelencia. ¿Qué es para ti Maradona?

–Para mí Maradona es el mejor jugador de todos los tiempos. Y a mí Pelé me llega…

–…al huevo…

–Sí, a mí Pelé me llega. No tiene en nada esa mística de Maradona. Pero no puedo olvidar la gran decepción de Estados Unidos 1994, cuando me enteré que iba a jugar el mundial, me alegré. Pero cuando se dio lo del doping me dio bastante pena.

–Yo me puse a llorar, Jorge. El Veco lloró en la transmisión…

–Sí, yo lo entiendo. No sé si yo lloré también, pero lo entiendo. ¡Qué gran momento ese golazo a Grecia en el partido del debut!


–Tienes un vicio: el cigarrillo. Fumas mucho.

–Sí.

–¿Cuántos diarios?

–Cuatro o cinco. En los días más fregados, habré llegado a fumar diez cigarros.

–¿Qué esperas de aquí en más de la vida?

–¿Qué espero? Tener hijos, formar una familia. Tratar de mantener lo poquito que he conseguido. Hablar con mis hijos: contarles las escasas experiencias que pueda tener, aconsejarles, ayudarles.

–¿Tener hijos porque es parte de la vida o porque lo sientes?

–Porque lo siento. Me gustaría compartir, como te dije, mis experiencias: enseñarle las cosas que a mí me parecen buenas. Una de las cosas más dulces que yo acaricio es llevar al parque a mi hijo, jugar a la pelota con él: cosas que mi padre ha hecho conmigo, cosas que recuerdo con mucha intensidad.

–¿Quién es la persona qué más ha marcado la vida de Jorge Cardeña?

–Mi papá.

–¿Por qué?

–Porque siempre me ha aconsejado, orientado, siempre me ha escuchado. Sobre todo por los principios y valores: mi padre y mi abuelo materno.

–¿Qué te gusta hacer cuando tienes nada que hacer?

–El cine, me encanta el cine. ¡Saquemos al Melgar! Si el Melgar no existiera, yo diría que es el cine. Puedo ver películas cuatro, cinco, seis, siete veces y no me canso de verlas.

–Por ejemplo, películas que hayas visto esa cantidad de veces…

El ciudadano Kane de Orson Welles y una película, ya más comercial, pero que me resulta muy inspiradora es Rocky. Pero El ciudadano Kane la vi en uno de esos cineclubs que había en la Universidad. Y siempre la recomiendo. Era una persona que lo tenía todo…

–Pero, al final, no tenía nada…

–Claro, una persona que obtuvo todo lo que quería desde el punto de vista social, materialista, pero todo le era insuficiente…

–¿La vida no es acaso una eterna insatisfacción?

–Yo pienso que sí.

–¿Cómo intentas acercarte a la felicidad?

–Haciendo cosas que no hice. En el camino uno comete muchos errores y entonces llega un momento en que se da cuenta de eso: miramos hacia atrás y tratamos de corregir todo lo mal hecho.

–Algo que harías, algo que dejaste de hacer en el cole.

–Si regresara al cole evitaría cerrarme tanto. Me abriría más a la gente. Pero, como te dije antes: del colegio, los recuerdos los mejores. A tal punto que me sueño con el cole, y no sé qué diagnóstico me daría un sicólogo.

–Si Dios, como el genio a Aladino, te concede tres deseos, ¿qué pedirías?

–Que cure a mi madre, pues está enferma. Mi segundo deseo involucraría alcanzar mis metas profesionalmente hablando. Y mi tercer deseo: que el F.B.C. Melgar campeone en la Copa Libertadores. (Ríe) Sueño con estar entrando al Monumental Arequipa y… ya, me conformo con que juegue la Copa Libertadores…

–¿Un mensaje a los amigos que no te ven hace tiempo?

–Primero, agradecerte por la atención que me has dispensado. Soy yo quien te agradece por esta oportunidad de comentar un poco y recordar qué es lo que he hecho en todo este tiempo. Un mensaje a la promoción: felicitarlos, definitivamente felicitarlos porque mantienen y conservan ese lazo, ese vínculo que estoy seguro que se mantendrá por siempre.

–Pero, Jorge, esta entrevista tiene que lograr algo: comprometerte a que el próximo año asistas a tu primer almuerzo de promoción

–(Ríe) Me comprometo.

–Sin ánimo de sacar chispas. Ya hablamos de los buenos amigos. ¿Los antipáticos?

–Eh, yo entiendo que era la edad, ¿no? Bueno, no me llevaba muy bien con Manuel Polanco, no podría decirle antipático, nunca me ha hecho nada ni yo nunca le he hecho nada, no le tengo ningún tipo de rencor ni rencilla, en absoluto, es más le guardo aprecio como al resto, pero en ese momento no me caía mucho como Marín Medina también.

–Alguien admirable, en esa etapa…

–En esa etapa admiraba a los primeros puestos: Carlos Bellatín, Hernán Palo, Wilber Villena.

–Tú querías estar con ellos…

–Sí, me hubiese gustado tener mejor fortuna en los estudios en el colegio…

–¿Por qué te decían “Tinelli”?

–(Ríe) Tinelli, pues, fue un apodo que me pusiste tú.

–¿Fui yo quien te puso Tinelli? No lo recuerdo, en verdad...

–Sí.

–¿Y por qué lo hice?

–Porque Tinelli es cabezón.

–Pero, en todo caso, el Marín hubiera sido Tinelli.

–No me molestaba, ah…

–Bromas del colegio que recuerdes…

–Cuando no habían profes en el aula: se tiraban las tizas, pan seco que era como una piedra y se puso se moda coger la franela con la que se limpiaba el escritorio del profesor. Y esta franela la llenaban de escupitajos… Yo tiré la franela con destino al Cristian Villón, pero con tan mala suerte que le cayó al Cristian Fernández Zegarra que tenía la fama de sicario. Toda la clase enmudeció y yo pensé en la muerte mientras él se acercaba a mi sitio. Justo cuando estaba a un metro de mi escritorio entró el profesor… Una cosa que yo no hice pero que siempre me acuerdo fue cuando lo metieron a Jorge de Olazábal a la funda del televisor e inclusive lloró.

–Hubieron muchos excesos…

–Sí, demasiados excesos (exclama conmovido). Creo que se nos pasaba la mano.

–Existe también la leyenda de “La jaula de las locas”

–Sí, sé que a algunos compañeros se los molestaba y se decía de ellos que eran gays.

–Eres homofóbico.

–Depende del concepto que tengas de homofóbico. Si es una persona que no le gusta relacionarse con los gays o que de repente los ve mal, entonces sí.

–¿Qué recuerdo de tu vida te lleva a las lágrimas?

–Cuando ingresé de fiscal: recordar el esfuerzo que significó eso para mí representó, en términos futbolísticos, ingresar a la Primera División: fue como ganar la Copa Perú.

–¿Cuándo fue eso?

–El año pasado.

–¿A qué abogado peruano admiras?

–A Alberto Borea.

–Del extranjero

–Luis Jiménez de Asúa, presidente en el exilio de España, y al argentino Eugenio Raúl Zaffaroni.

–¿Hay solución para la corrupción en el poder judicial?

–Es una cuestión de cultura de todos los peruanos. Pero yo al menos si en algún momento me vería en la posibilidad de cometer un acto de corrupción sentiría que traiciono lo que he podido aprender en la Universidad, y no me refiero a temas académicos, me refiero a temas éticos: valores y principios. Eso y el colegio. Para mí, hay que estar bien con Dios y con la conciencia. Eso para mí es lo más importante.

–¿Qué personaje de la historia de hubiese gustado conocer?

–Mariano Melgar.

–¿Por qué?

–Mira, no conozco a exactitud su vida pero…

–Fue una vida intensa, de novela

–Un idealista, un soñador, alguien que murió por sus ideales y principios, por amor…

–Como se debe morir, ¿no?

–Sí: Mariano Melgar.

–¿Quién no debió nacer?

–Hitler: por el Holocausto.

–Si no hubieras nacido en el Perú, ¿en dónde?

–Me hubiese gustado nacer en Argentina…

–¿Por?

–No sé, es algo que nunca me he explicado: siento cariño por ese país, afinidad, un sentimiento especial que nació en el colegio, pero no sé por qué. Y donde nunca me hubiera gustado nacer, obviamente en Chile.

–Después de esta Copa América, vas a seguir con furor la Eliminatoria Sudamericana.

–Sí, claro. Esta Copa América nos ha ilusionado. Luego del cuarto gol de Guerrero contra Venezuela, yo me arrodillé frente al televisor y estiré la manos: ¡me emocioné! Y se me salieron las lágrimas viendo al Loco Vargas recibiendo su medalla.

–¿Vamos a Brasil 2014?

–Yo creo que sí.

–¿Por qué?

–Tengo ese presentimiento y siempre he soñado con que Markarián sea el entrenador de la selección a consecuencia del campañón con Cristal en la Copa Libertadores de 1997. Todavía recuerdo a muchos en las clases del colegio con sus walkmans escuchando en plena clase el partido contra el Bolívar de La Paz, en plena clase con la profesora Hilda Murillo, de inglés, que me dejó grabado un pedido que nos hizo a todos: “yo les pido una cosa: nunca hagan llorar a una mujer”. Luego comprendí que no es posible y que nos pedía mucho…

–Frases para el bronce: de un pensador, de tu viejo, no sé…

–Yo tengo dos: “nuestro mayor éxito no está en nunca caer, sino en levantarnos cada vez que caemos”. Y la segunda: “querer es poder”.

–¿Este año descendemos de categoría?

–Te puedo decir simplemente que no quiero que descendamos, no quiero que el Melgar baje de categoría.

–Pero está bien jodido.

–Sí, está bien difícil. Y a veces me imagino estando en el estadio en el partido definitorio y me imagino comiéndome la uñas y también me imagino sentado, llorando…

–Ahí se van a ver a los verdaderos hinchas…

–¡Seguro!

–Tu principal defecto.

–El egoismo.

–Tu virtud.

–La perserverancia.

–Piensas a menudo en la muerte...

–Sí, a raíz del cigarrillo.

–¿Qué te gustaría que dijera tu epitafio?

–“Cayo 100 veces… y se levantó 101”.




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