Advertencia para el lector

«Rechazado o aceptado, perseguido o premiado, el escritor que merezca este nombre seguirá arrojándoles a los hombres el espectáculo no siempre grato de sus miserias y tormentos.»
Mario Vargas Llosa, La literatura es fuego.

2018/11/09

Mario Vargas Llosa en el Hay Festival Arequipa 2018

La cuarta edición del Hay Festival Arequipa trae de vuelta a casa a Mario Vargas Llosa, el verdadero culpable de que este evento de primera fila se lleve a cabo anualmente en su tierra natal a partir del año 2015.
Este retorno —que se ha vuelto recurrente desde que la Biblioteca Regional de la calle San Francisco lleva su nombre— dista mucho de ser como el de los años cuarenta del siglo pasado, que él recuerda como una gran aventura: «el viaje a Arequipa con mi madre, la abuelita y la Mamaé, en 1940, para asistir al Congreso Eucarístico, en Arequipa, la tierra solar, que se mantenía viva en las anécdotas innumerables y la nostalgia de la familia. Estuvimos alojados en casa del tío Eduardo, que era juez, solterón y bondadoso; su cocinera Inocencia preparaba unos candentes chupes en los que sobresalían unos monstruos crustáceos, de cáscara rojiza y pinzas articuladas que me fascinaron. Recuerdo aquel viaje como una exaltante expedición: el tren Cochabamba a la Paz; las calles empinadas de la capital boliviana; el vaporcito que cruzaba el Titicaca de noche, hasta la llegada a Puno, en el amanecer. Y, luego, nuevamente, el tren hasta la Ciudad Blanca. Allí estaban tantas cosas conocidas hasta entonces sólo de oídas: las casas de sillar; el Misti y los volcanes; la casita donde nací, que me mostraron, en el Boulevard Parra, el queso helado y las pastas de La Ibérica. Los rezos y cantos multitudinarios del Congreso Eucarístico me asustaban, y, todavía más, la voz del orador, un hombre importantísimo, de corbata pajarita, que señalaban con el dedo: Víctor Andrés Belaunde. Cuando regresamos a Cochabamba, yo me sentía ya grande».
Hoy, con 82 años a cuestas y con una vida de novela que ni el propio escriba boliviano Pedro Camacho hubiera imaginado, el Premio Nobel de Literatura arequipeño podría ser descrito como un personaje de su notable ficción “La tía Julia y el escribidor” (para ser preciso como una de las creaturas de los desaforados radioteatros): «Como todo ser elevado por sobre la medianía, era discutido, criticado y verbalmente escarnecido por sus colegas, esos incapaces (a diferencia de él) de producir milagros».



(La nota completa aparece hoy en la página 16 del diario El Pueblo de Arequipa)