Advertencia para el lector

«Rechazado o aceptado, perseguido o premiado, el escritor que merezca este nombre seguirá arrojándoles a los hombres el espectáculo no siempre grato de sus miserias y tormentos.»
Mario Vargas Llosa, La literatura es fuego.

2009/12/29

Libros 2009



(...) Empecemos a seguir la producción de Orlando Mazeyra Guillén, narrador arequipeño que con su segundo título LA PROSPERIDAD RECLUSA (CE) ha superado con creces los defectos de su atendible primer libro. Que sea entonces un buen motivo para mirar, sin demagogia de por medio, lo que se está escribiendo más allá del cerrado circuito limeño. Mazeyra Guillén es un irrefutable ejemplo de que hay nuevos narradores de fuste y raza (...).

Fuente:Blog La fortaleza de la soledad de Gabriel Ruiz Ortega.

2009/12/19

José Gabriel Valdivia: balance editorial de la primera década del siglo XXI en Arequipa


(...) Ahora, entiendo que en poesía está la publicación de José Ruiz Rosas, la obra poética de nuestro poeta mayor, es lo significativo (…) También yo podría decir que en la narrativa con Orlando Mazeyra se nos asegura algo ya interesante, parece que es un escritor de vocación.

2009/12/14

¿Dónde está el libro de la ciudad?

Escribe Arthur Zeballos Herrera

La última gran decepción del III Festival del Libro de Arequipa fue la confirmada ausencia de Mario Vargas Llosa en la ciudad. El gran banner que ondeaba con el viento luciendo el rostro sonriente del escritor, en el frontis de la Municipalidad Distrital de Yanahuara, anunciando su presencia, el miércoles por la tarde ya no estaba. Entonces, para todos los ansiosos de su figura, la ilusión de tener al arequipeño más ilustre en el mundo se hizo agua. Sé de algunos que hasta echarán alguna sentida lágrima y maldecirán el infortunio y sé que ellos no sabrán que esto no es causa del infortunio ni de la desgracia, sino de un grupo de personas que hizo de este evento una total estafa.

Pero los afectados no sólo se encuentran entre los avisados de Mario Vargas Llosa, los fanáticos de la bella Magaly Solier, los lectores de culto de Damaris Calderón, José Kozer, Raúl Zurita y todos aquellos escritores que hasta la fecha han cancelado su presencia —no se olvide que ellos mismos también son afectados—, sino también los escritores y editores locales, junto con el público que conforman y hacen el gran libro de la ciudad.

Imitando el ejemplo de la FIL 2009, los organizadores de este Festival se comprometieron a ceder a los editores independientes, no sólo de Arequipa sino también de toda la región, un stand para la difusión y venta de todo lo que en el país se produce. Sin duda, el Festival daba luces de convertirse en un gran evento que consolidaría a Arequipa como la ciudad del libro, pero el libro de la ciudad nunca apareció. El stand se esfumó, sus anunciadores se hicieron los locos y prefirieron enrolarse en la difícil tarea de desaparecer por completo y dejar al Festival cayéndose poco a poco.

Una semana antes se cambió la locación del campo ferial de la plaza San Francisco a la plaza principal de Yanahuara, días antes se anunció que ningún escritor internacional llegaría, el mismo día de la inauguración del evento aún se armaban los toldos que pretenden hacer pasar como stands. Ese mismo día se anunció que Magaly Solier no llegaba, ese mismo día se inquirió respecto al stand y algún Patrick O’brien sonriente declaró que de todas maneras habría uno para los editores independientes. Un día después, con los toldos ya armados, ningún espacio fue cedido, en cambio la librería de la universidad, dirigida por Misael Ramos —artífice del desastre consecutivo del I y II Festival— obtuvo dos. Un día después siguió la deserción de escritores y así todos los días se siguió con el Festival, sin siquiera un programa oficial.

Este año, nuevamente, el Festival parece un mercadillo de artesanías —lo salvan los buenos libros de algunas editoriales—, nuevamente los invitados no saben hacia donde dirigirse —he visto a Edgar Guillén vagabundear por la plaza con su maleta a cuestas sin que nadie de la organización se acerque a ayudarle—, nuevamente el público arequipeño no sabe que en su ciudad los pocos escritores que llegaron, eran buenos —la publicidad del evento ha sido deficiente y la única (el gran banner para Mario Vargas Llosa) resulta que fue una publicidad engañosa.

Esta es la hora para los responsables. Este el momento para que se diga cuánto dinero hubo en el presupuesto y cuánto de tal ha sido verdaderamente invertido. Es la hora para que los organizadores den la cara y digan por qué creen que los arequipeños no nos damos cuenta de su provincianismo y falta de organización. La hora para que se diga por qué Juan Manuel Guillén dejó en manos de esta gente el evento, cuando en la anterior edición ya le habían faltado el respeto al pueblo de Arequipa, con una malísima organización.

Arthur Zeballos

Artículo publicado en el Semanario "El Búho"

2009/12/11


Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la prosperidad es el curso favorable de las cosas. La prosperidad no es más ni menos que la buena suerte o el éxito en lo que se emprende, sucede u ocurre.
Y, ¿quién de nosotros no busca un curso favorable en todos los proyectos que emprendemos a lo largo de nuestras existencias? ¿Quién no ansía la buena suerte y el éxito? Es obvio que podemos diferir en la forma, aunque no en el fondo del asunto, pues todos tratamos de arañar la prosperidad, de asirla, guarecerla para siempre en los recodos más íntimos e intransitables de nuestras vidas. Pero –siempre hay un pero que lo estropea todo– no todos accedemos a ella (o peor aún, siendo prósperos, no podemos constatarlo porque nuestras anteojeras o la estupidez propia o ajena nos lo impiden… ¡Vaya paradoja! En este mundo tan hipócrita y trivial, para sentirse cabalmente próspero hay que escucharlo de la boca de los otros: de los amigos, y, mejor que mejor, si se trata de los enemigos).
Unos ejemplos al paso, resaltando aquel latigazo sartreano que reza que el infierno no es otra cosa que la mirada de los demás: ¿Es próspero un matrimonio sin hijos? ¿Será posible considerar próspero a un hombre que frisa los treinta años y carece de profesión? ¿Quién rayos encarna la prosperidad? ¿Es próspero un presidente megalómano que recurre a unas buenas raciones de litio para mantener la cordura? ¿O lo será el escritor multipremiado que dice que a pesar de todo siempre se sentirá un insatisfecho? ¿O el flamante jubilado que, esclavo de ese mecanismo inmisericorde que es la rutina laboral, ya no sabe gobernar algo que le pertenece, pero que le supieron quitar: su libertad?
Creo que no somos pocos los que nos azotamos cotejando reiteradamente en dónde estamos y dónde –por ventura– quisiéramos estar. Los que, azorados o acaso impasibles, vemos cómo se ensancha la franja que separa nuestra realidad de nuestros sueños más genuinos. Y, para paliar estas desazones cotidianas, lo que menos nos sobra es el tiempo, que a veces se disfraza de aliado, sin embargo, es siempre pernicioso enemigo, hábil prestidigitador: sí, el tiempo, o lo que a mí más me desbarata: la finitud de la vida. Y después de preguntarnos por qué tenemos que morir (una pregunta que, según Philip Roth, puede sacar de quicio a cualquier persona), intentamos –creo– encontrarle un sentido a la existencia, obviamente antes de morir (y, ahora, recuerdo que un tío dejó en mi casa un papelito que decía que toda adicción es una búsqueda angustiosa de Dios) y, a continuación, acude hacia mí esa frase de Fernando Savater que martilla mi mente: “Sabernos mortales es ante todo sabernos abocados a la perdición. Lo más grave no es precisamente no durar, sino que todo se pierda como si jamás hubiera sido”.



2009/12/09

Las buenas cosas de las que suele alimentarse un escritor


Algo pasa en la cabeza de Orlando Mazeyra Guillén: él está convencido de que es un escritor y quizás allí radique su más intenso potencial. Se ha lanzado a las aguas revoltosas de la literatura, de cabeza y sin salvavidas, braceando con toda la fuerza y técnica que ha podido aprender mientras estaba en la calma orilla del carácter inédito.

Y nadar así puede ser peligroso, tomando en cuenta que uno no es de fierro. Una técnica limitada puede agotar antes de tiempo al nadador y hundirlo demasiado pronto, en medio de un pataleo constante y rabioso.

Felizmente Mazeyra se ha mantenido a flote. Se ha aferrado a la superficie con todo lo que tiene y sobrevive para entregarnos La prosperidad reclusa, la razón primera por la que saltó desde un comienzo.

Los cuentos de La prosperidad reclusa están atravesados por la persistencia de Mazeyra. Sus relatos, en su mayoría, están signados por la presencia de un escritor/lector, que vive la angustia del ser, siendo esa carga el detonante que impulsa sus cortas tragedias.

Siento que sus 23 historias van mostrando, más que tragedias de sus protagonistas, al propio Mazeyra y a sus diablos interiores, esos que, también, supongo, contribuyeron a convencerlo de que en la pluma está su camino. Y echa mano de ese material para fabular desventuras humanas, con un estilo que él ha encontrado como propio y que es, desde ya, su marca registrada.


2009/12/06

No te preocupes, Johanna...


Mi vida, fuimos a volar
con un solo paracaídas:
uno sólo va aquedar
volando a la deriva.
Vivir así no es vivír:
esperando y esperando...
porque vivir es jugar
y yo quiero seguir jugando...

Le dije a mi corazón,
sin gloria pero sin pena:
"no cometas el crimen, varón,
si no vas a cumplir la condena"

Quiero vivir dos veces
para poder olvidarte,
quiero llevarte conmigo,
y no voy a ninguna parte...

No te preocupes, Johanna,
hoy no estoy adentro mío,
tu amor es mi enfermedad:
soy un envase vacío

No te preocupes, Johanna,
no hay pájaros en el nido:
dos ilusiones se irán a volar,
pero otras dos han venido...

Si me olvido de vivir,
colgado de sentimiento,
voy a vivir para repetir otra vez
este momento...
Te bajaría del cielo, mujer,
la luna hasta tu cama,
porque es muy poco de amor
sólo una vez por semana...
Puse precio a mi libertad
y nadie quiso pagarlo,
te cambio tu corazón por el mío
para mirarlo y mirarlo...

Ampas de gloria, mujer,
quiero un pedazo de cielo
para invitarte a dormir
en la cama o en el suelo
un sacrificio ritual bien o mal
yo quiero hacerle a mi estrella
sin principio ni final
no puedo vivir sin ella.

2009/12/04

La prosperidad reclusa en el III FESTIVAL DEL LIBRO 2009


Presentación de mi libro de cuentos
La prosperidad reclusa
en el III FESTIVAL DEL LIBRO AREQUIPA 2009.

Día: sábado 05 de diciembre.
Hora: 5:00 p.m.
Lugar: Salón Consistorial de la Municipalidad de Yanahuara (segundo piso).
INGRESO LIBRE

Foto: un ejemplar en la plaza de armas de Santa Cruz (Cajamarca).

2009/11/27

Presentación "La prosperidad reclusa" en la Feria del Libro Ricardo Palma



Este sábado 28 de noviembre, en la Feria del Libro Ricardo Palma, los escritores Gabriel Ruiz Ortega y Gabriel Rimachi Sialer, estarán presentando mi libro La prosperidad reclusa junto al editor de Cascahuesos Editores, José Córdova.
Hora exacta: 20:30 (8:30 P.M.)


Feria del Libro Ricardo Palma
SALA “LOS GENIECILLOS DOMINICALES”

Vértice del Museo de la Nación
Cruce de las avenidas J. Prado con Aviación
SAN BORJA

2009/11/20

Es lo de siempre: palabras nuevas, palabras llenas de remordimiento...



Palabras más o menos, ayer me decías...
palabras más o menos, que no me quieres.
Palabras más o menos, me estás dejando, en cueros...
palabras más, palabras menos.

Palabras más, palabras más, palabras menos...
es lo que menos te puedo dar, es lo de siempre...
palabras nuevas, palabras llenas de remordimiento:
palabras que se lleva el viento,
palabras menos, palabras más.
Palabras más, palabras más, palabras menos
es lo que más te puedo dar, es lo de siempre...
palabras viejas, palabras sólo como pasatiempo,
palabras que soplan en el viento,
palabras fáciles de olvidar...

Palabras más o menos, las que hoy me duelen...
Palabras más o menos, sentimientos ajenos...
palabras más o menos...
palabras que pueden lastimar
palabras menos, palabras más...

Palabras más, palabras más, palabras menos...
es lo que menos te puedo dar, es lo de siempre...
palabras nuevas, palabras llenas de remordimiento...
palabras que se lleva el viento, palabras menos,
palabras más, palabras más, palabras menos
es lo que más te puedo dar, es lo de siempre
palabras viejas palabras sólo como pasatiempo
palabras que soplan en el viento,
palabras menos, palabras más...

¡Palabras más!
palabras menos...
¡Palabras más!
palabras menos.

2009/11/15

Chi-chi-chi le-le-le: ¿VIVA CHILE?



Una relectura de los libros de Fernando Savater (en este caso me refiero en específico a su lúcido conjunto de ensayos titulado acertadamente “Contra las patrias”) nos puede vacunar, en un momento candente, contra ese patriotismo entendido de la peor manera. Una palabra que, desde su concepción y a través de la historia, ha demostrado tener más espinas que pétalos de rosas (“si no hubiera enemigos, no habría patrias; queda por ver si habría enemigos en caso de no haber patrias”). Todos, al fin y al cabo, hemos sido víctimas del patriotismo en alguna oportunidad. Savater aclara que todas las víctimas del patriotismo son, en realidad, víctimas de un malentendido y de un absurdo del que al fin de cuentas sólo unos cuantos –los más brutales– sacan auténtico provecho.

Todo esto viene a cuento luego de que el suboficial FAP Víctor Ariza Mendoza fuera capturado por ser un vulgar felón. Sí, señores, un espía en nuestra propia casa: la Fuerza Aérea Peruana. Ahora, el almirante Jorge Montoya, ex jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, pide platea para contarnos –¡vaya primicia!– que la acción de espionaje a favor de Chile efectuada por este malnacido demuestra que "el sistema de inteligencia peruano está debilitado". Perogrulladas de esa estofa sólo pueden salir de miembros de nuestras fuerzas armadas. Ya lo dejó dicho Winston Churchill en uno de sus días más lucientes: la guerra es un asunto demasiado importante como para dejársela a los militares.

Sí, hablo de guerra, una guerra a tientas (de nuestro lado, pues muchos todavía se resisten a darse por enterados), una guerra gélida (del lado de ellos, los chilenos, conspicuos amigos de lo ajeno), una muestra nítida de lo que se está cocinando en las altas esferas del país del sur. La actitud de Chile no sólo es inamistosa, sino que es abiertamente clara: estoy armado hasta los dientes, estoy listo para dar un golpe que, te lo aseguro, será más perfecto que el siglo XIX. ¿Lo oyeron todos? O acaso estoy siendo víctima de un malentendido. Lo dudo.

Ahora se me acusará de nacionalista trasnochado, de ver cuervos en donde sólo hay mansas palomas. ¡Bah! Los hechos respaldan una verdad más grande que una catedral: en este mundo donde la bestialidad se pasea a sus anchas, es mejor tener un Arma y no necesitarla; que necesitarla y no tenerla. ¿Qué se puede decir para evitar ser incendiarios? Que no estamos hablando del pueblo chileno en su conjunto, sino del poder chileno, ése que, de puro ambicioso, no se conforma con lo que tiene (¡nunca lo hizo!). Porque nuestra historia lo dice (porque Bolivia lo vivió en carne propia y porque, faltara más, la Argentina lo ratifica). Y a la historia hay que recurrir cada vez que sea necesario.

No se trata de nuestro sistema de inteligencia ni de nuestras fuerzas armadas que, en caso de un conflicto limítrofe –hay que reconocerlo–, podrían hacer bien poco. Se trata, en todo caso, de una falta de identidad porque como país estamos balbucientes: el suboficial FAP Víctor Ariza es el resultado de lo que sembramos, un hijo bastardo de la patria, un desecho de nuestra viciada industria castrense, escoria parlante emblemática en el país de los tránsfugas.

Un buen amigo, me dijo alguna vez, “yo no soy peruano, yo soy terrícola”. Y es que, en verdad, todos somos terrícolas. La bandera supranacional, la definitiva, sería la del planeta entero, esa esfera que se sigue calentando porque la tratamos como a las cucarachas. Ser terrícola equivaldría a pasearme por la plaza de armas de Santiago sin que nadie insinúe que seguramente soy otro peruano “come-palomas”. Ser terrícola significaría no mirar con recelo a todos los capitales chilenos que van alargando sus tentáculos a lo largo y ancho del territorio nacional (hoy que muchos festejan la llegada del Parque Arauco a Arequipa). Ser terrícola sería el bálsamo contra los odios (in)fundados y contra la estupidez de las visas (que no son más que una manera poco sutil de decir “yo soy distinto” y de reafirmar las fronteras).

Celebro la idea de una bandera indoblegable y, a veces, yo también me siento terrícola. Pero esa sensación de hacer un mapa global, borroneando los límites entre nuestras naciones, todavía es impensable; y, mientras tanto, tenemos que señalar un camino claro y sereno, pero sin medias tintas.

La historia no está sólo para recordarla y sufrirla. También está para corregirla. Chile tiene gente de primera fila, artistas descollantes y, ¡qué duda cabe!, ciudadanos que quieren progreso pero sin violencia; pero Chile también tiene un viejo lema que reza “por la razón o por la fuerza”. Nosotros, por otro lado, tenemos lo nuestro: un pueblo indiscutiblemente pacífico, intelectuales que deben meter la mano de una buena vez pero con pulso firme y tomando partido: primero, por la PAZ; luego, por el PERÚ; después NADA. Hoy más que nunca recordemos que tenemos alimañas tan ponzoñosas como el tal Víctor Ariza, que desconoce lo que son la lealtad y el amor por el suelo propio. Defendamos la PAZ otra vez, defendamos nuestra soberanía, ahora: ¡POR LA RAZÓN O POR LA FUERZA, PERUANOS!

2009/11/06

Mollendo 031109: La senda del perdedor


Uno, me aventuro, es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas. Uno está conformado por tiempos, aficiones y credos diferentes. En el momento en que escribo estas páginas puedo dividir mi vida en una fase larga, gustosa y gregaria, y otra, la más reciente, en que la soledad me parece un regalo de los dioses. Ir a fiestas, comidas, tertulias, cafés, bares, restaurantes fue durante largos años un goce cotidiano. El paso al otro extremo se produjo de modo tan gradual que no logro aclarar los distintos movimientos del proceso.
Sergio Pitol, El Arte de la Fuga

El quería ser escritor:
—Voy a aprender todo lo que aquí me pueden enseñar sobre el arte de escribir. Va a ser como desmontar completamente un coche y luego montarlo de nuevo.
—Eso parece mucho trabajo —le dije.
—Voy a hacerlo.
(…)
—¿Todavía quieres ser escritor?
—Claro. ¿Y tú qué?
—También —contesté—, pero es bastante desesperanzador.
—¿Quieres decir que no eres lo suficientemente bueno?
—No, son ellos los que no son suficientemente buenos.
(…)
Y entonces vino Hemingway. ¡Qué subyugante! Sabía cómo escribir una línea. Era puro gozo. Las palabras no eran abstrusas sino cosas que hacían vibrar tu mente. Si las leías y permitías que su hechizo te embargara, podías vivir sin dolor, con esperanza, sin importarte lo que pudiera sucederte.
Pero de vuelta a casa...
—¡apaga las luces! —chillaba mi padre.
Ahora estaba leyendo a los rusos, a Turgueniev y Gorky. Las normas de mi padre incluían que todas las luces habían de apagarse a las 8 de la tarde. El quería dormir para estar fresco y despejado en su trabajo al día siguiente. Su conversación en casa rondaba siempre el tema «del trabajo». Hablaba a mi madre acerca de su «trabajo» desde el momento que cruzaba la puerta por la tarde hasta que se iba a la cama. Estaba decidido a subir en el escalafón.
—¡Muy bien! ¡Ya está bien de malditos libros! ¡Apaga las luces!
Para mí, esos hombres que se habían introducido en mi vida provenientes de la nada, eran mi única oportunidad. Las únicas voces que me hablaban.
—De acuerdo —solía decir yo.
Entonces cogía la lamparita de mi cabecera, reptaba bajo las mantas, metía el almohadón dentro y me leía cada nuevo libro apoyándolo en el almohadón y protegido por el edredón y las mantas. Llegaba a hacer mucho calor, la lámpara ardía y me costaba respirar. Entonces levantaba las mantas para que entrara el aire.
—¿Qué es eso? ¿Estoy viendo una luz? Henry ¿has apagado tu luz?
Rápidamente bajaba de nuevo las mantas y esperaba hasta que oía roncar a mi padre.
Turgueniev era un tipo muy serio, pero podía hacerme reír porque el encontrar una verdad por vez primera puede ser muy divertido. Cuando la verdad de alguien es la misma que la tuya y parece que la está contando sólo para ti... eso es fantástico.
Leía libros por la noche, de ese modo, bajo las mantas y con la sobrecalentada lamparilla. Leer todos esos buenos párrafos mientras te sofocabas... era hechizante. Y mi padre había encontrado un trabajo, y eso era la magia para él.
Charles Bukowski, La senda del perdedor.


2009/10/20

Coco Montenegro: confieso que he vivido.


Dedicado a todos los compañeros de promo que quieren
ser papás (o que, por ventura, ya lo son).

"Esfuérzate, sé valiente, no temas ni desmayes".
Josué (1:9)




El encuentro fue aplazado por el tiempo y por desafortunadas omisiones mías (mala comunicación, le dicen, pues esto de concertar encuentros vía el Facebook no es tan sencillo como lo aparenta).
Ahora, lo espero por más de veinte minutos y llego a pensar que no vendrá y, en consecuencia, me dejará tirando cintura (como lamentablemente hice yo la vez anterior, pero la ley del Talión me resulta impensable en un pastor evangélico).
El pelo cortito (más corto que el mío que ya es decir bastante), un poco más bajo que yo, llega apresurado y alegre, de muy buen ánimo. Pronto sabré que su padre lo retuvo. Coco está agitado y tiene sed, por eso pide un jugo de papaya arequipeña y yo, a falta de cervezas heladas, uno de maracuyá., no queda otra: “Heladito el jugo, por favor”, le digo a la señora que nos atiende. Ambos ignoramos que un refresco de fruta será muy poco para una conversación que se alargará por casi tres horas en el café Manolo.

Le cuento que he terminado un nuevo libro de relatos, pero que no puedo dejar los antidepresivos. Él me hablará de su nueva Iglesia, de las situaciones límites en donde las drogas gobernaron su vida… me hablará de su resurrección (o lo que él llama un milagro, una prueba fehaciente de la existencia de Dios).
Yo también daré cuenta de algunas tribulaciones más profanas y egoístas, como mi amarga experiencia siendo censurado en mi propio colegio por un sujeto que no tiene la menor idea de todos los libros que hay en la biblioteca de su colegio.
Coco, es distinto, no se detiene en minucias, es más profundo (o intenta serlo y yo lo celebro, lo seguiré celebrando en silencio). Aunque, siempre hay momentos jocosos­: al recordar que amenazó con una pistola a Manuel Polanco lo vuelve, desde ya, un héroe de infancia.
Hay también espacio para la siempre saludable discrepancia futbolera, para la esperanza, para un reencuentro fraterno. “Quisiera verme con todos, espero que me acepten”, me dice cuando nos despedimos, como disculpándose por tener otra religión que lo volvería un apestado. Creo que soy el menos indicado para excusarlo. Solo sé que ha vuelto del infierno a punta de fe y que, gracias a su Dios o al destino, ha encontrado a una mujer que lo ama, ¿se puede pedir más? Sí, un hijo, que seguramente pronto llegará.

EL TIRO DE GRACIA: "LA MECHA CON EL NANO REBASÓ EL VASO. YA ESTABA EN LA LISTA NEGRA POR PERTENECER A OTRA IGLESIA".

—Coco, desde que conversé contigo por el Messenger me quedé impactado, tu experiencia de vida es como para escribir una buena historia.
—Claro —lo reconoce de arranque.
—Pero, ahora, tu vida ha dado un vuelco total. Por ejemplo, ya no bebes.
—Ya no bebo, ya no me drogo… no tomo ni Aspirina para el dolor de cabeza.
—¡No jodas!
—Sí, en serio. No tanto porque no crea en la medicina, yo creo que sin duda la medicina es muy útil. Pero creo que hay otras alternativas que muy bien te pueden ayudar para estar mejor, para estar relajado. Te doy un ejemplo: cuando tengo un dolor de cabeza me preparo una infusión de manzanilla concentrada, o sea con cuatro sobrecitos, bien cargado, sin azúcar. Me voy a la cama, descanso y el dolor de cabeza se me va al otro día.
—Pero, Coco, yo tengo que tomar somníferos para poder dormir. ¿Si no puedes dormir por qué tomas una pastilla? Seguro tienes la potestad de hacerlo pero no lo haces.
—Sí, puedo hacerlo. En realidad yo puedo hacer cualquier cosa pero personalmente he decidido llevar un estilo de vida distinto.
—¿Eso es parte de tu nueva religión?
—No, para nada.
—Yo creo que influyen mucho tus convicciones religiosas.
—No puedo negar que hay mucha influencia de mi entorno religioso, pero… no es una obligación. Ser parte de mi iglesia no significa que vas a dejar de fumar, de tomar, de drogarte, de cualquier cosa… o dejar de ser mujeriego, no es un requisito.
—¿Cómo es entonces?
—Tú llegas a una Iglesia Cristiana y vas adquiriendo algunas costumbres, algunos hábitos, ¡vas cambiando! Cambias para bien.
—¿Cuánto tiempo ya llevas en tu Iglesia Cristiana?
—Así, bien bien, tengo unos siete años.
—Pero desde que la conociste… debe ser más tiempo.
—Yo conocí esta Iglesia hace casi quince años. Los cinco primeros años fueron de “doble cara”, o sea, voy a la iglesia, asisto, escucho pero no retengo.
—Pero si retrocedemos quince años, estamos hablando de la etapa del colegio, de la secundaria.
—Así es, en el colegio.
—¿Por intimación de tus padres?
—Por mi hermano menor. No sé si lo recuerdas, estaba también en La Salle, yo sólo le llevaba un año.
—¿Cómo se llamaba tu hermano?
—Alonso. Y, a propósito, ha tenido un escándalo en la Iglesia Cristiana de Yanahuara, hubo una estafa de tres millones de dólares, un caso muy comentado, de la pirámide arequipeña.
—Del negocio ése de que te jalan, pones mil dólares y luego tienes que jalar a otro…
—Es un pata metido en la Iglesia, tenía una casa de cambios y les empezó a decir si querían invertir dinero: dame mil dólares y te doy un interés del cinco por ciento, mucho más rentable que cualquier banco. La gente se emocionó, muchos vendieron sus casas, le dieron setenta mil dólares, por ejemplo, y tenía una entrada de 5%, era un negocio redondo. Pero en realidad era un tío que se había metido en la religión para hacer negocios, pues, con mala fe.
—Y ha perjudicado a tu Iglesia.
—Como te digo, la Iglesia no se ha ido a pique, pero sí se ha ido mucha gente porque él se hacía llamar como un líder, como un pastor dentro de la iglesia.
—Pero, Coco, vamos a los inicios, ustedes eran católicos entonces ¿qué los llevó a buscar otra iglesia? ¿Cuál fue el disparador, problemas en la familia?
—A una cuadra de mi casa, en Cooperativa Universitaria, se mudó un misionero. Y mi hermano Alonso se desaparecía todos los domingos. Mientras yo estaba en mi casa, con mi viejo, viendo el fútbol, pasando el rato… mi hermano se desaparecía, no pasaba el día con nosotros.
—Pero antes de seguir con esto, Coco, hazme recordar: ¿tú te fuiste de La Salle en segundo o en primero?
—En segundo, por culpa del Enano Cusirramos. Pero no me fui, me botaron. No terminé segundo.
—¿Qué pasó?
—Me meché pues, con el Nano Mengua.
—Pucha, Coco, tu rostro yo lo tengo grabado: un rostro cargado de maledicencia, un pata violento, el típico barrabrava, y peor que la gente de la U, como tú, siempre me ha caído mal.
—Ya. Violento, sí: un bravucón.
—Exacto, Coco, un bravucón. Entonces no llegaba a recordar si a ti te botaron por relajado o por conflictivo, bravucón.
—Yo nunca me esmeraba, siempre me llegó al huevo el colegio, sólo cumplía, nada más.
—¿Pero qué pasó entonces con el Cusirramos y el Mengoa?
—Yo estaba en la lista negra del Pepe Torres que en ese tiempo era el Prefecto. Me tenía fichado, me dijo que una más y me botaba. Ya tenía muchas paltas, los problemas, todas las veces que hacíamos tonterías en el baño, fumábamos, ladré en una clase del Perro Mansilla, ja ja, eso fue en primero.
—Pero no creo que fumaras con patas de la promo en los baños, ¿con quiénes fumabas?
—No, yo fumaba con patas de quinto de media. Los de la promo eran todavía sanos, recontra zanahorias. La gente con la que yo me he criado a lo largo de mi vida siempre han sido mayores, en el barrio, en la mancha… siempre mayores.
—¿No será, Coco, que tú querías crecer de golpe, tenías la urgencia de ser grande?
—Sí, me gustaba la vida de los grandes, con flacas, paseando en moto, fumando, tomando…
—Te gustaba la vida del bacancito…
—Exacto. Y aparte, por mi entorno yo me acostumbré a llevar ese estilo de vida. Con la gente con la que paraba eran viejos para mí. Yo me acuerdo que nosotros en segundo de media éramos tranquilos. Si alguien hablaba de la “paja”, era guauuuuuuuuuuu, asu mareeeee. La Bertha (Sergio Rivera) llevaba una porno y se acababa el mundo.
—Sí, pues, yo justamente tengo un cuento al respecto: “El diccionario de los recuerdos”.
—¿Y la Bertha siempre llevaba sus pornos, no?
—Claro.
—Y yo pues ya hacía eso desde mucho antes: te hablo de quinto de primaria. Entonces las pornos y la paja ya no era nada fuera de lo común… Y lo que pasó con Cusirramos, es que el Enano siempre ha sido fregado, bien jodido, bocón… Estaban jugando voley y nosotros mirábamos en las graderías… no me acuerdo si era el equipo de voley del colegio, había un patita raro, medio amanerado.
—¿Chávez Pedraza?
—Creo que sí, entonces lo jodíamos bastante, el patita se asó y se acercó al Enano Cusirramos y lo amenazó y yo al toque salté y le dije: “Oe, compare, tú lo tocas al Cusirramos y yo…”, se armó una escaramuza, es que al Enano yo siempre lo defendía, también lo defendía al Payaso a veces cuando salíamos del colegio y jodíamos a los patitias del Montessori. Pero quedó ahí, se apareció el Mengoa pero yo no me hablaba con él, yo con el Nano Mengoa siempre éramos choque, nunca hubo acercamiento, jamás hubo una buena relación.
—Siempre tuviste una relación áspera con el Nano.
—Muy áspero, para mí, de toda la promoción es el que menos me caía, te estoy hablando de esa etapa de chibolada. Y supongo que yo también le caía muy mal porque me fue a buscar a la salida, me sacó la madre y yo me crucé. Tú sabes pues que es la clásica, permites todo menos la mentada de madre. Nos agarramos a golpes, pero en ese momento yo tenía mis lapiceros en las manos y de pronto veo mucha sangre, el Nano estaba sangrando.
—Le habías hecho cortes con los lapiceros.
—Yo me puse pálido, me compliqué.
—Coco, pero llegabas a un nivel de violencia tal que te desconocías.
—Sí, me cruzaba. Pero era tanta mi desidia y mi locura en ese tiempo que ni lo ayudé, lo dejé al Nano ahí, sangrando. No lo ayudé y a los dos minutos se aparece el Pepe Torres. Agarró, llamó a mi vieja, hizo un chongazo y ya pues… me expulsaron. Pepe Torre le dijo a mi mamá: "señora, su hijo ya está afuera, podría ir a hablar con el Director, pero no creo que le dé otra oportunidad".
—Y tus viejos hablaron con el Barcenilla.
—Hablamos con el Barcenilla pero fue en vano. Mi viejo se molestó mucho porque había una cosa: el Barcenilla ya sabía que nosotros íbamos a una Iglesia Evángélica.
—Ah, ya se había enterado.
—Sí, literalmente nos había tachado a mi hermano y a mí por esa razón.
—¿Y cómo el Barcenilla se enteró de que ustedes iban a otra iglesia?
—El Lucho Vignes, que era nuestro profe de religión. Una vez me preguntó y yo todo botado le dije “yo no soy católico…”
—Pero eso lo hacías con un afán provocador.
—Así es, cero espiritualidad, yo era berraco, lo hacía por boquilla, por joder, me encantaba verlo ponerse rojo al Vignes y hablar malas palabras… cuando perdía los papeles. Y, pues, muchas discusiones con Vignes fueron a causa de la religión y él ya había hablado con el Barcenilla acerca de mi caso, de que iba a otra iglesia…
—Y eso fue determinante para que te expulsen.
—Sí.
—Pero, ¿por qué llegas a esa nueva religión? ¿Problemas de familia?
—Mira, yo te digo la verdad: como cualquier familia normal, mi padre, mi madre, ellos han tenido sus cosas, problemas, discusiones que nunca faltan… Pero, más allá de eso, no. Hemos vivido bien, hemos tenido muchos viajes de niños y de jóvenes. Siempre hemos tenido, más allá de lo que necesitábamos, de repente. De parte de su tiempo y su cariño, también. O sea, no puedo quejarme. Fue más que todo, como ya te dije, porque mi hermano se hizo amigo de un gringo que vivía por mi barrio. Y el gringo lo jaló.
—¿De qué Iglesia hablamos? Dime el nombre completo.
—La Iglesia Bautista de Hunter.
—Esos gringos eran norteamericanos.
—Sí, de Atlanta. Y empezamos a ir, así nos volvimos evangélicos: utilizamos la misma Biblia que usa la iglesia católica, con la única diferencia que no tenemos imágenes, santos, no se adora nada, nuestra única adoración es hacia Dios.
—Ni tampoco que rezan a los muertos.
—No, ni siquiera a un pastor ni a un líder dentro de nuestra religión.
—¿Pero van a los cementerios a visitar a sus muertos?
—Claro, a dejar flores, a pensar, a meditar, pero no le rezamos a los muertos ni rezamos por los muertos.
—De acuerdo, sigamos con lo de la expulsión: ¿te echaron de La Salle y a qué colegio te vas?
—Al colegio evangélico de Hunter. Te cuento que no me querían aceptar en ningún colegio: mi viejo fue con mis papeles al San José y le dijeron que yo era un “chico problema”, que de ninguna manera me podían aceptar. Fuimos al Lord Byron y nada que ver. Max Uhle fue una posibilidad pero al final no sé qué problemas… Al final, apareció un misionero evángélico que le dijo a mi papá: “mire, lo vamos a aceptar a su hijo en el colegio de Hunter, vamos a arreglar su vida, vamos a apoyarlo en todo”. Y fueron muy buenos conmigos. Al colegio de Hunter entré a tercero de media, es decir que no me hicieron repetir el año.
—O sea, has terminado el colegio igual que nosotros: el año 1997.
—Sí.

LA VORÁGINE: "COCA, PASTA Y MUCHAS PASTILLAS"

—Coco, cambiaste de colegio pero no creo que tu actitud haya cambiado mucho, ¿seguías siendo un arrebatado, un berraco?
—Mucho peor todavía, porque en Hunter no era como en La Salle, era un colegio muy chico: éramos quince por clase.
—Y seguro empezaste con el consumo de drogas…
—Yo empecé a fumar marihuana a los 14 años.
—¿Esporádica o constantemente?
—Esporádicamente lo hacía los dos o tres primeros meses: mi pata traía hierba a la casa y nos la fumábamos.
—Pero, ¿en dónde, en el techo?
—En el patio de mi casa, en la parte de atrás. Mi vieja siempre estaba en la librería y mi viejo en su chamba. Además la empleada trabajaba hasta las seis de la tarde: tenía la jato disponible para hacer de las mías. El único que se ganaba con todo era mi hermano Alonso, pero yo lo tenía amenazado: “tú hablas y te jodes”.
—Y luego de los primero 3 o 4 meses de consumo… aumentó la vaina.
—Todos los días, iba al colegio ‘fumado’, salía del colegio y fumaba, en la noche me metía otro troncho antes de dormir.
—¿Y parabas con tu colirio para los ojos rojos?
—Todo el tiempo con colirio en mi canguro.
—Luego, terminas el colegio y te vas a Estados Unidos.
—Termino el colegio y paso un año sin hacer nada.
—¿No sabías qué hacer con tu vida?
—Yo estaba muy mal, ya no era sólo la marihuana. Antes de terminar el cole ya me metía coca, pasta, tomaba pastillas…
—¿Qué tipo de pastillas?
—Diazepam, había que se llamaba…
—Clonazepam.
—Sí, Clonazepam.
—Eso yo lo tomo para poder dormir.
—Yo lo mezclaba con licor para drogarme, para estar alterado… en ese tiempo no había RED BULL, no había nada de eso. Como no teníamos cosas como RED BULL entonces mezclábamos clonazepam o diazepam con trago.
—A propósito de eso, Coco, hay mucha gente que desconoce que RED BULL es una especie de droga.
—¡Es un droga! Tiene efedrina y un montón de componentes que te alteran el sistema nervioso.
—Es peligroso el consumo de RED BULL, ¿no es cierto?
—Y yo he tomado RED BULL como cristiano, hasta hace tres años atrás, porque me daba energía, pero en mi casa como que me ponía violento. Y cuando empiezas a depender de algo te sientes intranquilo, me dolía la cabeza, me ponía berraco, me peleaba con mi esposa. Pero me di cuenta a tiempo y dije “acá corto”.
—Pero volviendo a lo de tus problemas con las drogas, tus juntas seguro no eran del colegio.
—No eran de otro lado, del centro. Yo era de la mancha de “Los Cuadros”. Me codeaba con los “Gameza”, Marimba, el Wally.
—Te tasaban y los tasaban.
—Sí, mi apodo era “Lucky”. Y estaba marcado con ese apodo: era Lucky, Lucky, Lucky por todo lado. Y a un pata de mi grupo, que era del San José, le decían Camel. O sea éramos Lucky and Camel, ja ja.
—Y tus viejos se daban cuenta o se hacían los locos…
—Se las oían. Mi viejo por ejemplo trataba de conversarme, me decía: “¿qué pasa contigo, hijo? En la Iglesia no te veo involucrado, tienes una mala actitud con tu mamá y a veces no estás llegando a dormir…” Y yo le decía: tranquilo, está todo bien, estoy con mis amigos, estoy en fiestas y trataba de barajar las cosas.
—¿Y luego qué pasó?
—Ellos nunca han entrado a mi cuarto, mis papás siempre respetaron mi privacidad (además que sabían que si revisaban mis cosas yo me cruzaba), hasta que un día mi vieja revisó mis cosas y se encontró con todos los quetes de droga, pipas y un montón de cosas que tenía yo ahí…
—¿Eso fue en qué año?
—Terminando el colegio. Y así confirmaron que estaba usando drogas.
—¿Y te cruzaste con tus viejos?
—¡Yo no sabía nada! Yo llegué normal a mi casa y mi viejo estaba con una cara de querer asesinarme: “tu madré está llorando arriba en el altillo, corre a pedirle perdón”. Y yo le digo: ¿qué ha pasado, papá? Y me dice: ¡Que eres un drogadicto!
—Y ante eso, ¿agachaste la cabeza y quisiste solucionarlo?
—Me sentí muy mal, de verlo así a él y también de ver a mi vieja llorando, fue doloroso. Pero eso no impidió que siguiera drogándome.
—Es decir que te dio mala conciencia pero era más fuerte la adicción.
—Mi deseo, mi desesperación por tapar ese hueco, ese vacío en mi vida que lo llenaba con la droga.
—Coco, te sientes como un envase vacío y buscas llenar eso a punta de mierda.
—Sí. Y mis viejos me quisieron mandar a Brasil, a un centro de rehabilitación muy bueno, y yo pensaba que era lo mismo que nada, que no iba a servir. Entonces les dije que en todo caso prefería estudiar. Le dije: papá, tú quieres que estudie, que sea profesional, que me corrija… ¡Lo voy a hacer! ¡Voy a estudiar! Así se presentó la oportunidad de Estados Unidos y, primero, pasé un año de relajo acá, en Arequipa. Le dije a mi viejo que me diera un año para disfrutar: para estar con mis patas, para ir al club, para pasarla bien. Mi viejo atracó. Pero pasó ese año y yo estaba recontra podrido. E inclusive se anticipó el viaje, porque mi viejo me dijo: “Mejor cambia de aire de una vez”. Y arranqué, a los 18 años.

UN PERIPLO EXTREMO: "ERA UN MUERTO ANDANTE, LLEGUÉ A PESAR 56 KILOS".

—¿Adónde fuiste a parar?
_—A Tennessee, al Crown College. Y en Crown College estuve apenas un semestre y luego me botaron. La misma historia que La Salle: la mala conducta, la irresponsabilidad, no podía controlarme. Mi gran defecto era que no podía estar tranquilo, no podía serenarme.
—Y toda esa ansiedad era producto de una falta de droga…
—Claro, pero ya me metía droga también. Siempre la tuve a la mano. En Estados Unidos el consumo resultaba mucho más caro, pero siempre había.
—¿Te sacaron del College y luego?
—Yo los acusé de racismo: pero no era racismo, el único culpable era yo. Mi viejo me dijo: ¿qué pasó, hijo? Y le dije: “papá, acá los profesores son unos racistas, son unos pollos rojos”. Él me creyó y me dijo que hice mal en irme a Tennessee, que mejor hubiera sido Nueva York, New Jersey… a un ambiente más multicultural… Así es como le dije a mi papá: entonces me voy a Nueva York, a ver qué pasa… Además tenía una tía ahí.
—¿Y qué pasó en Nueva York?
—Mi Viejo pensó que yo en Nueva York iba a enganchar en una Universidad o ponerme a estudiar, pero yo en mi cabeza no quería saber absolutamente nada con universidades ni estudios. Lo único que quería era disfrutar la vida, quería acelerarme por completo. Así en Nueva York agarré una chamba y empecé a trabajar.
—¿Qué chamba conseguiste?
—Trabajé en Quebecor, una imprenta, ahí se imprimían revistas, diarios… Revistas de supermercados, revistas de motos, revistas pornográficas, Penthouse…
—¿Cuál era tu labor específica en ese trabajo?
—Era “pressman”, digo mejor ayudante de “pressman”, o sea operador de imprenta, son máquinas grandes, agarraba el material y despachaba. Trabajé y trabajé por año y medio y subí como ayudante de “pressman”.
—Y cumplías bien.
—Sí, siempre cumplía: doce horas diarias.
—Terminaban tus horas de trabajo y te perdías…
—¡Claaaro! Terminaba de trabajar y me perdía.
—¿Y cómo era el día siguiente para volver a la chamba? Me refiero las resacas, las secuelas, etcétera.
—Drogado: entraba a trabajar drogado. Inhalando, metiéndome algo fuerte, algo que me pare y que me acelere. Demasiada droga: yo cuando volví de Estados Unidos, habré regresado con 56 kilos de peso, o menos. Era un muerto andante, pálido.
—¿Pero por qué regresaste, qué pasó?
—Ya no podía más. Mira, Orlando, te digo la verdad: yo pensé que me iba a morir allá, en Nueva York. Me había metido de todo, había compartido jeringas con negros que no conocía, con gente enferma, paraba con lo peor. Por eso yo ya me daba por muerto, estaba acabado.
—Coco, pero te diste cuenta, tenías raptos de lucidez donde decías: “puta madre, ya estoy en lo peor, en el fondo”.
—Habían momentos donde me venían como flashbacks de los buenos tiempos que pasé en la Iglesia Evángelica: recordaba las prédicas, las familias unidas rindiendo culto a Dios, cantando y riendo… Y por momentos yo alcanzaba a reconocer a mi familia en esas imágenes.
—¿Llorabas?
—Era ese llanto que te ahoga, el que te anuda la garganta. Y así fueron los últimos seis meses que estuve allá. Y todo lo que ganaba era para el vicio: no compraba comida, no compraba leche, no compraba nada. Todo era para drogarme. Como te dije, compartía jeringas con gente de lo peor: heroína…
—Era un barrio bravo…
—Latinos y negros. Hay huecos, hay también hoteles para drogarse, lugares de mala muerte.
—Y en tu vida sexual, todo era drogas, ¿no tenías vida sexual?
—Claro que sí. Promiscuidad total, en Nueva York eran precios de cero hasta lo que quieras, sin límite.
—En el estado que parabas, o sea obnubilado, ¿llegabas a pensar en protegerte?
—No. Por eso yo todo lo asocio a un milagro. Cuando volví, pensé "debo tener cirrosis, sida, sífilis, debo tener el cerebro podrido"… Me imaginaba con poco tiempo de vida, pensaba que pronto iba a morir. Prácticamente volvía para morir en mi país.
—Ese retorno fue por voluntad propia, O sea, dijiste: ¡basta! ¡Se acabó el circo!
—Sí, llamé a mi jefe una mañana y le dije: mire, acabo de comprar un pasaje para volver al Perú.
—¿Y les avisaste a tus viejos que volvías?
—No, nadie sabía. Le avisé a la que hoy es mi esposa, sólo a ella para que me recogiera en el aeropuerto Jorge Chávez.

DIOS ES AMOR: “NO PUEDO DESPERDICIAR ESTA OPORTUNIDAD”

—¿Dónde la conociste?
—La conocí antes de partir a Estados Unidos en un congreso de la Iglesia Evangélica, su padre es pastor, y luego la típica conversación por chat, por Internet: cómo estás, qué tal, cómo te va. Pero nunca hubo una relación especial. Me gustaba, sí, por supuesto. Pero yo lo veía muy remoto pues, como te dije, era hija de un pastor.
—Y nunca le insinuaste, por el chat o por otro medio, que llevabas una vida de mierda.
—No, jamás.
—Ella pensaba que eras un chico tranquilo.
—Sí, mi retorno fue antes de lo de las Torres Gemelas, el 2001, a mediados de ese año, también fue antes del terremoto en Arequipa. Sólo le dije: por favor, recógeme del aeropuerto porque estoy muy mal. Y cuando me vio, me notó totalmente devastado.
—Eras un estropajo.
—Yo era un muerto en vida. Y además me había decolorado el cabello, casi blanco.
—¡Puta madre, parecías albino!
—Algo así, más o menos. Me teñía, tenía mis aretes, también un piercing en la lengua. Fue una puertorriqueña la que me decoloró el cabello, una amiga boricua.
—¿Por qué se tiene la idea de que vivir con intensidad es eso: muchas mujeres, mucha droga, mucho alcohol?
—Yo creo que es uno mismo, que se engaña y piensa que esa es la “buena vida”. Siempre parte de uno mismo. El ser humano siempre busca algo, una o muchas respuestas. Una respuesta a su propia existencia, adónde voy, por qué soy así, por qué me gusta esto y por qué no me gusta esto y por qué cuando él sí le gusta esto pero, en cambio, a mí esto... Un mar de preguntas. Tantas cosas que habían en mi vida: vacías, aguadas… buscaba algo para escapar. Las discusiones, la violencia, la boquilla, el pleito, todas esas cosas me hacían sentir especial.
—Y en el amor, ¿cómo eras?
—Nunca he sido enamorador, el romántico, nada de cartitas. Me acuerdo mucho que en quinto de primaria, fuimos al cumpleaños de una prima creo de Julmar Ascencios o Christian Fernández. Ojo: quinto de primaria. Nadie sabía besar, hubo un juego para besar, y todos arrugaban. Yo me mandaba. Los demás eran de la nota de la cartita, la notita, me gustas mucho, dame tu teléfono, yo, desde muy mocoso, iba de frente.
—Pero en la secundaria, ¿no te enamoraste?
—Solo me templé una vez, en el colegio, ella era mayor tenía 18 años. Yo estaba en cuarto de secundaria.
—Y por ella sí fuiste capaz de escribir una carta de amor.
—Sí, inclusive me copiaba poemas de los libros que había en mi librería. Y estuvimos como siete meses. Pero ella se hartó, la gente tarde o temprano se da cuenta de que no hay futuro y ella se dio cuenta y dijo “esto ya se pudrió, no vale la pena”. ¿Qué puedes esperar de alguien que no sabes cómo va a reaccionar? ¿Qué puedes esperar de alguien violento, que todo tiempo carga hierba, carga coca y se mete en líos? ¿Quién podía estar conmigo a largo plazo?
—En tus días de perdición absoluta y de total desenfreno, ¿habían algunos instantes de melancolía?
—Por momentos venía a mi cabeza el deseo de ser diferente, de llevar mi vida de otra forma. Yo recordaba a mi hermano, pensaba mucho en Alonso, siempre fue muy distinto a mí: siempre centrado, responsable… de los que se levantan a las cinco de la mañana para estudiar, siempre ordenado.
—Pero, retomando, vuelves al Perú y la flaca te recoge y se encuentra con un estropajo.
—Con una porquería. Pero ella me empezó a aconsejar, me empezó a hablar, me alentó: tienes que cambiar.
—Y te abriste hacia ella.
—Le conté todo, pensando que con todo lo que le iba a contar ella se iba a hacer a un lado y me iba a echar tierrita.
—Fue una gran catarsis.
—Por supuesto, no se lo había contado a nadie. Ella viajó conmigo hasta Arequipa, casi no podía ni caminar. Para mis padres fue un shock verme de vuelta y, luego de la alegría inicial, les dije que había vuelto porque quería ayuda. Les dije, la verdad: yo no creo que me quede mucho tiempo, me siento enfermo, he estado haciendo esto, esto y esto…
—Y echaste todo el caudal de los sinsentidos de tu vida
—Exactamente, le pedí perdón a mi mamá. Reconocí que había fallado como hermano mayor, que nunca di un buen ejemplo. Al final mi vieja me dijo: “vamos pues, vamos al médico, confiemos en Dios y veamos qué pasa, si en verdad estás con poco tiempo de vida entonces disfrutemos el tiempo que te resta, ¿te parece?”. Yo a mi vieja la vi serena, la vi muy tranquila, quizá otra madre habría perdido los papeles… Eso me reconfortó.
—Digamos que la actitud de tu mamá de alguna manera evitó que llueva sobre mojado.
—Me refrescó, me dio fuerzas. Y fue una sorpresa total que, a los días, luego de todas las pruebas que me habían hecho yo no tenía absolutamente nada. En el caso del sida había que ser muy cautelosos.
—Por el periodo de ventana.
—Esperamos todo ese periodo y me hicieron hasta la Western Blot
—La prueba definitiva.
—Y no tenía nada, sólo estaba anémico. Y me di cuenta que era una oportunidad que me estaba dando Alguien que era sobrenatural, porque lo que me había pasado no era normal. Al haberte sentado y compartido cosas con gente que tú sabías que tenían sida, luego de haberte metido con mujeres que eran de lo peor, mexicanas, negras, puertorriqueñas, cubanas, gringas crackeras. Yo mi último año en Nueva York lo pasé al lado de gente muy ‘pesada’, gente muy enferma que desaparecía de un momento al otro y luego uno se enteraba que había muerto con VIH y no pasaba nada, todo seguía normal… Al haber vivido así, al haber hecho con mi vida toda esa basura de experiencias… y ¡no tener nada! No lo pensé dos veces: NO PUEDO DESPERDICIAR ESTA OPORTUNIDAD. Y así que me metí de lleno en mi Iglesia.
—Dejaste de ser tibio.
—Y así fue pasando el tiempo y me fui involucrando mucho más en mi Iglesia, enamoré con la que es mi esposa ahora, puse un negocio de venta de vitaminas. Me fue bien. Posteriormente me casé y luego de un año de matrimonio ingresé a un Seminario y empecé a estudiar teología durante 4 años, luego me fui a Bolivia.
—Era un seminario evangélico.
—Sí, acá en Arequipa.
—¿Cómo se llama ese Seminario?
—Seminario Bautista Macedonia.
—Ahora ya eres un pastor evangélico.
—Ajá. Yo predico, hago una prédica a manera de conversación, de diálogo, muy distinta a esas prédicas disforzadas que prácticamente gritan. Con emoción, con fuerza, pero con orden, porque Dios tiene un Orden: nada de tirarse al piso ni exageraciones.
—Tú en tu calidad de pastor recibes una remuneración por parte de tu Iglesia.
—Sí, pero es algo que podríamos llamarlo dentro de lo mínimo, lo suficiente. Pero yo soy un pastor misionero, por eso actualmente estoy en Bolivia y la que me da una ayuda económica es mi Iglesia de acá, de Arequipa.
—Si lo vemos desde un punto de vista superficial tu misión es generar adeptos.
—La Iglesia tiene que crecer para poder mantenerse por sí misma, pagar sus propios gastos, realizar sus propios eventos, ayudar a hospitales, apoyar a clínicas, cumplir labor social.
—En el caso de la Iglesia Católica, con la formación con la que tú, Coco, y yo hemos crecido: sale el cura y lanza el mismo rollo de siempre, lo aprendido de paporreta para aburrir a la gente, el Credo, el Padre Nuestro… ¿En tu caso de qué va?
—Nosotros lo llamamos culto o servicio. La alabanza es media hora y la prédica dura otra media hora. Yo me paro en el púlpito y hablo de un determinado tema. Dividimos los temas por cada mes: un mes para la Familia, un mes para los Jóvenes, un mes de Economía… Todo en base a lecturas bíblicas, no existe ningún texto extra, todo está basado en la lectura de la Biblia.
—Cuentas cosas de tu vida, de tu andar personal…
—Claro, hay circunstancias que me dan pie a decir cosas de mi propia vida y así lo hago: por ejemplo, la Parábola del Hijo Pródigo, entonces yo puedo decir que me siento un Hijo Pródigo, porque no le hice caso a mis padres e hice lo que quise con mi vida, pero recibí una nueva oportunidad y la aproveché. Mi experiencia sí me sirve en las prédicas.

LIMPIEZA FÍSICA Y ESPIRITUAL: "PARA SER MEJORES PERSONAS NO HAY EXCUSAS"

—Estamos hablando de que no consumes drogas, no bebes licor desde el 2001.
—Prácticamente.
—¿Cero, nada de nada?
—Cero, ni cigarros ni pastillas. Como te digo, ni siquiera aspirinas.
—Pero esa parte de tu personalidad, esa carga ansiosa, temperamental, siempre la llevas contigo.
—Sí, claro que ya no me peleo. Ahora tengo que, literalmente, bancarme, aguantarme muchas cosas. Me controlo y pienso que lo que estoy a punto de hacer no me va a traer ningún beneficio, sino todo lo contrario: problemas con la persona con la que me voy a estrellar y, además, problemas conmigo mismo.
—¿Cómo te ha ayudado la Iglesia Evángelica?
—Para darme cuenta de que la vida no está para desperdiciarla, sino para disfrutarla: alegrarme, vivir contento.
—Y, entonces, ¿cómo se disfruta la vida?
—Para mí, la vida es estar con la familia, divertirte, trabajar, esforzarte, pero, por sobre todas las cosas, seguir a Alguien. Ese Alguien es para mí Dios. Y Dios está en todos lados.
—¿Dios da respuestas?
—Dios sí da respuestas a cualquier situación, inclusive a la muerte. Que era justamente lo que yo no entendía, todo está en la Biblia que es LA PALABRA DE DIOS. Y no olvides que la Biblia no prohíbe nada, hay gente que saca de contexto las lecturas bíblicas.
—¿Qué piensas sobre la legalización del aborto? Te hablo de casos límite como la violación, bebés con malformaciones congénitas o cuando la madre corre peligro.
—Cada persona es libre de hacer lo que quiera con su vida. Pero particularmente yo no lo haría, quiero decir que no lo permitiría. Y te puedo hablar de un testimonio propio: mi padre es el resultado de una violación. Mi abuela fue violada en Mollendo. De no ser por esa violación, ni él ni yo, por supuesto, estaríamos vivos. Esa es la magia de la vida.
—Y a veces achacamos nuestras deficiencias o inestabilidades a los padres.
—Yo creo que los genes son muy importantes, no hay vuelta que darle. Pero, para ser mejores personas, no hay excusas. Si yo he sido drogadicto fue porque me dio la gana ser drogadicto, no por culpa de mi papá.
—¿La falta de cariño?
—Eso quizá me faltó bastante... Claro que tuve cariño, lo tuvimos, pero hasta cierto punto.
—Pero esa falta de cariño pudo ser el disparador…
—Tal vez, pero por qué Alonso no y yo sí…. Por qué mi hermano no y yo sí.
—Porque tu personalidad es distinta.
—Podría ser, por mi carácter, por mi personalidad… pero al final yo decidí agarrar ese troncho por primera vez, a pesar de que mis viejos me habían enseñado que no debía hacerlo.
—Yo sé que quieres ser padre, ¿hombre o mujer?
—Hombre, ¿machista, no?
—Sí, machista. Pero a tu hijo cómo le hablarías al respecto (alcohol, drogas), o sea, quisieras que experimente por su cuenta, ¿o mejor no?
—Yo no podría hacerlo sentir una basura por probar o experimentar. El debe saber elegir por su cuenta si desea ser alcohólico o drogadicto.
—Ahora, a la distancia, ¿te arrepientes de haber llevado ese estilo de vida o eres de los que dicen que no hay que arrepentirse de lo que uno hace?
—En parte (piensa…). Me arrepiento en parte, sobre todo porque perdí mucho tiempo. Fueron años en que me alejé mucho de la familia.

LA PISTOLITA: “BROTHER, TE VUELVES A METER CONMIGO Y CHAU”

—Pero, a pesar de la religión y esta nueva vida alejada de los vicios, siempre uno debe buscar mecanismos para desatar al animal que todos llevamos dentro.
—Exacto.
—En tu caso, el rugby, por ejemplo, para botar toda la rabia…
—El rugby para mí era algo desconocido hace diez o quince años atrás. A veces me pongo a pensar qué bacán hubiera sido practicar rugby en La Salle. Hubiera sido alucinante, para agarrarlo al Polanco…
—Ja, ja
—¿Al Polanco le tenías ley?
—Al Polanco le tuve ley hasta quinto de primaria.
—¿Lo ablandaste?
—En quinto de primaria le llevé la pistola de mi viejo. Que, en realidad, era una pistola de fogueo pero parecía de verdad…
—Para intimidarlo.
—Y como yo era bravucón, porque lo reconozco, yo fui bravucón. Esa pistola la metí en uno de los bolsillos de ese buzo verde horrible que teníamos en ese tiempo y le dije al Polanco: “brother, te vuelves a meter conmigo y chau”.
—Ja ja ja, ¿En quinto de primaria?
—Sí, se palteó bien fuerte. Se asustó tanto que me dejó de hablar por más de tres meses.
—Ja, ja, ja.
—Pero, al final, nos hicimos amigos. Mi núcleo era el Cusirramos, el Polanco, el Payaso…
—Volviendo a la religión, ¿no inventamos dioses por temor a la muerte?
—Yo recuerdo que de niño lloraba mucho cuando pensaba que mi mamá o mi papá se iban a morir, fue traumante. Hay que entender que Dios no está para solucionar todos los problemas de nuestra vida.
—¿Entonces para qué está Dios?
—Para ser ese respaldo, esa ayuda que necesitamos para luchar, para seguir adelante. Dios no es una panacea, es Alguien que nos acompaña.
—¿No tienes miedo dar darle todo a tu hijo y que, al final, tu hijo se pierda?
—Mi gran temor es que uno de mis hijos sufra agónicamente como sufrí yo. De que va a haber sufrimiento, lo habrá, porque todos sufrimos. Pero no quiero ese sufrimiento de agonía para mis hijos.
—¿Qué es sufrir en agonía?
—Es llegar al punto de que ya crees que no hay salida, que se acabó del mundo, que no hay vuelta atrás.
—Cuando ya no logras ver la luz al final del túnel.
—Porque ya no hay luz, se pudrió todo. Yo te aseguro algo: mi hijo tomará y se meterá se troncho y seguramente se acostará con alguna mujer antes del matrimonio. Pero, en verdad, yo deseo que él ame la vida, que conozca a Dios y que agradezca por todo a Dios.
—¿Rezas todos los días?
—Oro, porque el rezo es algo repetitivo e improductivo.
—Eso que practica la Iglesia Católica no sirve para nada.
—Exacto, Orlando.
—Orar, en cambio, es una conversación.
—Es abrir tu corazón y dar lo que hay dentro de ti. Oro cuando puedo: al levantarme, al desayunar, cuando manejo. No es necesario cerrar los ojos para orar.
—Como pastor, tienes restricciones en cuanto a la vestimenta.
—Ninguna.
—No te aburre leer la Biblia.
—Claro que no. La he leído doce veces y siempre hay algo nuevo. Es la palabra de Dios y Dios no es una religión, las religiones no cambian tu vida, quien la cambia es Dios y Dios, te repito, no es una religión: Dios es un ser divino.
—Yendo a otros temas. ¿Tu religión te prohíbe el uso del preservativo o de algún método anticonceptivo?
—No. Mi religión permite que el sexo sea una fiesta y te hablo inclusive de que se permite usar consoladores, disfraces, etcétera.
—No se les prohíbe ver algunas películas.
—Tampoco, pero, por ejemplo, no se recomienda ver pornografía. Y otra cosa, en cuanto a los excesos, la Biblia tampoco prohíbe el alcohol. Mi esposa, por ejemplo, los fines se semana toma con las comidas su buen vaso de vino. La Biblia no dice no tomes, la Biblia dice no te hace bien emborracharte, que son cosas distintas. Pero, yo he decidido no tomar nada en absoluto porque, como tú me dices, paladeas, el sabor, el olor y quieres más… porque mi carne es débil en ese aspecto, por eso tampoco me gusta la pornografía porque sé que mi mente se va a llenar de muchas cosas que contaminan. En general, la televisión no sólo te quita tiempo sino que te contamina.
—Te vende cosas que no son reales.
—Eso mismo.
—Estás hablando de debilidades, ¿Dios te ayuda a controlar tus debilidades?
—Bastante, me ayuda mucho. Orar ayuda mucho para evitar la ansiedad, la desesperación que nos van a llevar a cosas incorrectas.
—¿Dios existe?
—Para mí sí, no lo he visto no lo he tocado, pero existe. Porque creo que Nadie me ha podido sacar de ese mundo al que me metí para destruirme por completo, para acabar con mi vida… Dios me sacó. Cuando toqué fondo, Dios me sacó.
—¿Y no será suerte o azar?
—Y si fuera suerte, por qué no estuvo antes, porque tuve que llegar hasta allí. Al final de cuentas, Dios tiene un plan para todos, hasta con la gente que no cree. Tú, por ejemplo, eres agnóstico pero Dios también tiene un plan para ti y tú no puedes hacer nada al respecto. Dios pondrá personas o generará circunstancias en tu vida…
—Entonces ya todo está escrito, el destino ya está escrito…
—No. Lo que pasa es que Dios tiene un plan para tu vida, pero eres tú el que tiene que decidir si sigues el plan de Dios o si llevas (sigues llevando) tu vida como te dé la gana. Él pone flechas, va señalizando tu vida, Dios te va a decir: mira, Orlando, puedes ir por este camino, esto es bueno, acá hay una mujer que te dará 3 hijos y estos hijos te amarán, te honrarán y te harán feliz… pero también hay otro camino, y otro camino y otro más… tú decides por donde quieres ir.
—Coco, si se te da la posibilidad de volver a tener 15 o 17 años, o sea esa edad en donde uno quiere vivir con todo.
—Es una edad maldita.
—“Es una edad maldita”, como dices. Pero ahora vuelves a esa edad con todo este aprendizaje, con todos estos avatares almacenados en tu disco duro, ¿cómo vivirías? ¿Me vas a decir que con 17 años vas a estar orando todo el día?
—No. Seguramente, con esa edad, oraría cada 2 o 3 días. Me bañaría igual, cada dos o tres días… me metería de lleno a los deportes, me mataría estudiando... pero estudiando sin la necesidad de ser el mosca, el vivo, el palomilla… trataría de disfrutar… ¡arrasaría con todo!
—¿Qué es lo mejor que te dieron tus padres?
—La vida, sin duda.
—¿Y lo peor?
—(Uhmmm)
—Coco, si puedes individualizar no hay problema.
—Mi padre me dio muy poco cariño. Recuerda también que ,como te dije, él resultó siendo un hijo bastardo, nunca recibió cariño de su padre…
—Lo peor que le puede pasar a uno es acumular errores del padre y repetirlos con los hijos, ¿no te parece?
—Claro, decir: “esto no lo quiero para mis hijos”. A veces me doy cuenta que me comporto como mi papá, sin querer, pero luego me doy cuenta y me digo “carajo, ¿qué estoy haciendo?”.
—¿Y en el caso de tu mamá?
—Ella fue muy dura, me refiero a la disciplina.
—Y al final no funcionó, como “Natalio Ruiz, el hombrecito de sombrero gris”, ja ja…
—No funcionó su disciplina. Por lo menos no conmigo, pero con Alonso, sí. Es que lo que he aprendido es que no se trata de prohibir, de ser duro, se trata de enseñar.
—Tu familia tiene una librería, ese mundo de los libros te llamó la atención, ¿o no leías libros?
—Leía, pero soy un mal lector.
—¿Qué leías? Háblame de tus primeros libros.
—Leí mucho a Julio Verne, futurista, alucinante. De los peruanos, La Casa Verde, de Vargas Llosa… y hoy en día me gusta mucho un autor al que quizá muchos pastores no lo aprobarían: Jaime Bayly.
—¿Te trae recuerdos?
—Evoco momentos de mi vida pasada…
—¿Y esos recuerdos ahora siempre tienen una carga de añoranza a pesar de todo?
A pesar de todo lo malo, sí. Siempre hay algo que es como un chispazo de alegría y piensas: ¿cómo pude hacer esto o esto otro? ¿Qué estará haciendo con su vida esta persona o esta otra?
—Como que tú puedes decir con mucha seguridad: confieso que he vivido.
—Exacto: yo me puedo panear acá y ante el mundo entero. Preguntarle a alguien: brother, ¿tú has vivido? Y cuando me responda que sí, decirle: YO HE VIVIDO MÁS QUE TÚ.
—Y al final caemos en una contradicción, Coco.
—Hay ese sentir, ¿no? Es difícil. Al final, no se sabe bien.
—Dime películas que te han gustado mucho.
—Me gustan las motivacionales, del tipo Corazón valiente o Gladiador. Se me pone la piel de gallina con ese tipo de películas.
—Ahora ya no lees mucho.
—Ahora leo mucho, pero libros cristianos.

EN ESTA HABITACION (PASÓ DE TODO...)

—De hecho en el largo proceso de curación, de abandonar adicciones, Dios ha sido para ti determinante, pero, ¿los psiquiatras, la medicina?
—Al retornar de Estados Unidos, estuve dos meses con un psiquiatra, pero la verdad es que me sentía más deprimido.
—El psiquiatra no te ayudó para nada.
—No me ayudó. Las pastillas no servían, tampoco sus ejemplos o sus alternativas: vete a la playa.
—O camina descalzo en la arena.
—Claro, o atrae la energía del pasto por las mañanas…
—Es un lirismo barato, Coco…
—Y era un buen psiquiatra, el mismo psiquiatra de mi papá, pero no servía. Uno siente que no le interesas al psiquiatra, y eso pasa con la mayoría de los médicos… más del 90% de los médicos son metálicos, quieren sacar provecho, es deprimente.
—Al final, siempre estamos solos, como dice Fito Paez en Al lado del camino: “En tiempos donde nadie escucha a nadie, en tiempos donde todos contra todos, en tiempos egoístas y mezquinos, en tiempos donde siempre estamos solos
—Una persona que quiere mejorar su vida tiene que estar ocupada, tiene que estar rodeada de gente, tiene que estar haciendo algo, porque cuando uno está solo es un blanco fácil para caer en el error.
—¿Qué persona para ti personifica el amor?
—Mi esposa. El amor para mí no es un sentimiento ni es una emoción: el amor para mí es una acción. Si amas vas a demostrarlo con acciones. Ella me ha demostrado su amor con actos y ha sido un respaldo increíble… ¡un amor de pies a cabeza! Y te digo, Orlando, que han habido momentos en mi vida en que he querido tirar la toalla…
—¿Suicidio?
—Suicidio, no.
—¿Pero alguna vez lo has intentado?
—Sí, lo he intentado. En Estados Unidos… “pasarme de la nota”, como le decimos y me he desmayado, he perdido el conocimiento y recién he despertado al día siguiente y me encuentro en un lugar ajeno, en una grada ajena, en un lugar donde no debería estar…
—Pero, por ejemplo, yo he bebido en exceso y hasta perder el conocimiento en Camaná varias veces… pero no pensando en morir… simplemente llevado por el exceso, como queriendo que siga la marejada… en cambio tú querías que acabe la función.
—Pero te hablaba de tirar la toalla en el sentido de la religión, hay muchas iglesias que se han corrompido y se han vuelto negociantes, lucrativas, sólo esperan recibir y no dar, eso me empluma, me fastidia, me irrita. Me pregunto: ¿Qué hacemos en este círculo vicioso si la gente lo único que quiere es sacar provecho? Y es cuando mi esposa me aclara las cosas y me dice: siempre hay alguien a quien dar, siempre hay alguien a quien amar, están por todos lados… dicho y hecho. Y hemos podido ayudar a muchas familias y a mucha gente. En los momentos difíciles, ella me da fuerzas.
—Y en tu baúl de recuerdos, ¿todavía almacenas momentos gratos del colegio?
—¡Claaaro! Mi primer día de clases, yo me puse a llorar… Y encontré lo que le da sentido a la amistad, encontré al Julmar Ascensios, mi vieja le dijo: hijito, mi hijo está nervioso, acompáñalo y quédate con él. Julmar se puso a conversarme y me salvó la vida. Si no hubiera sido por él hubiera odiado más al colegio, muchísimo más de lo que lo he odiado toda mi vida.
—Hay una canción de Daniel F que dice “al colegio no voy más, ni huevón
—Ja ja ja. Si volviera a la etapa escolar, creo que me seguiría tirando la pera, ja ja ja
—De eso sí estás seguro.
—Sí, seguro.
—Coco, el problema de la educación que nos dieron es que fue muy cuadriculada, retrógrada, donde no hay libertad para aprender, para elegir. Te pongo un ejemplo personal, hace poco empecé a ir a colegios a compartir mi obra. Oye, en colegios nacionales como la Independencia Americana o el Domingo Zamácola, vieras a los muchachos interesados, ávidos por leer, recibí un apoyo absoluto de profesores a alumnos. No te voy a negar que también hay una carga de morbo, lo cual es muy normal: muchos chibolos me decían, ese relato de tu primera flaca, ¿es de verdad? Pero, al final, tienen que leer y aprender; como a nosotros el profesor Pedro Torres Fortón nos leía fragmentos de Los Inocentes en las clases de Literatura. Pero, voy a La Salle y el director me dice “voy a leer el libro y mañana te respondo si lo puedes ofrecer”. Al día siguiente, lo llamo y ni siquiera él tiene la delicadeza de contestarme por cuenta propia, mediante la secretaria me dice que mi libro “no es adecuado para alumnos de cuarto y quinto de secundaria”. ¡Qué lamentable, Coco! Y el mismo Chino Bellatín me lo había advertido, me dijo: “No vayas a La Salle porque te vas a llevar una gran decepción”. Sentí una gran pena, porque no se trata de prohibir cosas, se trata de encaminar, la educación no es prohibición. ¡Puta madre, que mi colegio me censure un librito!
—Este libro te lo censuraron, ja ja ja. ¿Quién es el director?
—Pacheco Tejada. El Chino Bellatín me advirtió pero no quise hacerle caso, tenía una esperanza. Por eso te doy la razón en eso de que, a pesar de los amigos y las buenas cosas, es una etapa ahuevante.
—Como dices, los amigos son los que quedan pero nada más. Yo con mis hijos me rayaría en ese aspecto. Me gustaría formarlos en casa.
—Es decir, una formación eminentemente familiar.
—¿Necesitan papeles de un colegio para entrar a la Universidad?
—Creo que sí, Coco, todavía…
—Sería la única razón para mandar a mis hijos a un colegio. La libertad es muy importante, la libertad para levantarte y decirle: profesor, ¿sabe qué? No me gusta su cara.
—Ja ja ja.
—Nuestra sociedad es ahuevante por eso, porque hemos tenido una formación represora, donde te venden máscaras.
—¿Te acuerdas de Luis Carrillo?
—Espérate, espérate… Otra cosa de la que me arrepiento del colegio… es del maltrato. Y a veces pienso, ¿qué tanto pudo haber influenciado ese maltrato en sus vidas? Y uno se arrepiente. Hay que reconocerlo, ponerse la mano al pecho y aceptar los errores.
—Coco, yo todavía no lo he encontrado a Dios, pero espero encontrarlo.
—Ojalá.
—Pero me alegro de que tú sí lo hayas encontrado y seas feliz. Como la alegría que me dio pasar gratos momentos con amigos como Renzo Carpio y darme cuenta que hay amigos que tienen muchas cosas espirituales que uno no tiene, pero al final uno se alegra por ellos, es lo que corresponde.
—¡Ha pasado el tiempo, qué locura!
—¿Y otro recuerdo grato del colegio, Coco?
—Otro recuerdo grato… creo que el único fue ese: el del primer día de clases.
—Ja ja ja, después pura mierda, ja ja ja
—Lo demás fue broncas, problemas.
—¿Y el recuerdo más ingrato habrá sido la mecha con el Nano? ¿O hay peores recuerdos?
—Una vez me meché con el Omar Abril, el gordo era jodido y a mí me llegó.
—Y luego corría con su mochila de Capulina.
—Ja ja ja, ese gordo era la muerte. Y eso fue lo que extrañaba del colegio cuando me expulsaron: no era en colegio en sí, eran los amigos, la gente con la que había crecido. Me dio mucha bronca irme del cole por eso. Perdí totalmente el contacto con la gente: no había correo electrónico, no había Messenger, ¡nada! Estimo mucho a todos: a los que vacilé, a los que agarré a golpes, a los que no les caía, a todos.
—Coco, uno de tus grandes defectos: los que no corriges todavía, es que eres hincha de la U…
—Ja, ja, ja
—En el cole habían muchos giles que se decían hinchas de la U y nunca habían pisado la Trinchera Norte. Yo, desde lo 12 años iba a la Barra León del Sur, religiosamente, todos los domingos a las tres con treinta: me han tirado orín, salía de la tribuna con mi reloj en los huevos. Y, ojo, que ya no soy el hincha que era antes, hasta parece que fui hincha del Melgar… pero en el cole habían muchos habladores que a la hora de los gallos veían los partidos por televisión. ¿Tú sí eres de la U, en serio, sin floro?
—Claro —y me muestra su tatuaje crema—. Practicamente fui fundador de los Lolos, en Lima he viajado con la Barra a Chiclayo, en camión, viajando como ganado, llevas tu calzoncillo en bolsa. He conocido a gente malogradísima, pero con un corazón enorme, un cariño inmenso por el equipo que nadie me lo puede quitar. Era un culto. Pero siempre me decían, pues, ¿eres arequipeño o eres limeño?
—Claro, es el latiguillo de la Barra: “soy arequipeño y soy rojinegro: no un hijo de puta que se cree limeño”.
—Ja ja ja
—Por ejemplo, a mí me acusan de que me siento argentino, que soy más argentino que peruano porque soy hincha del fútbol argentino, Maradona. Pero no aplican lo mismo para ellos: que se creen limeños y no arequipeños, por eso alientan a un equipo de Lima. Al fin y al cabo es algo que no tiene sentido, es la pasión. Es lo espectacular del fútbol que junta dos cosas muy importantes en el ser humano: la religión, porque era una profesión de fe, así como todos los domingos iba a la La Merced a escuchar misa a las once, por la tarde iba a ver al Melgar, ya no. Antes era cuestión de religión. Y también exalta el espíritu de guerra, de escaramuza, lo que quieres es ver al rival...
—¡Sufrir!
—Gritar el gol con tal fuerza que esa U se ponga de cabeza.
—Ja ja ja.
—Religión y guerra.
—Y el deporte viene de eso, Orlando. Habían hartos de la promo que eran de la U.
—¿Qué lugar del mundo que has conocido te ha gustado más?
—Panamá, un lugar muy cálido, gente amable, un ambiente muy tropical.
—¿Y el peor lugar?
—Chile.
—Por el racismo….
—Por eso, pero también la comida es horrible… son gente muy fría, muy cerrada. Si quieres pasarla bien mejor vete a Brasil o a Argentina. Yo he aprendido a matear, porque en Cochabamba, donde vivo, hay mucho argentino. Tengo un tío que es argentino. Y yo mateo todos los días: un mate amargo por las mañanas.
—¿Qué música te gusta?
—La música alternativa… Green Day, Collective Soul. De rock en español: Calamaro, Fito Páez, Los ratones paraonoicos, Los Redonditos de Ricota.
—Y de la música peruana…
—Los clásicos: Líbido, Mar de Copas….
—¿Pero acaso hay una canción que podrías decir que es la melodía de tu vida o que representa una etapa importante de tu vida?
En esta habitación de Líbido. Me recuerda etapa fuerte: de locura, desenfreno total. Muy buenos recuerdos de Lima. Porque muchos de mis amigos son limeños.
—Eso significa que en Lima te has malogrado más que en Arequipa.
—En Lima abrí los ojos, acá era un fumón de pacotilla, en Lima me hice profesional.
—Ja ja ja. Sacaste título.
—Amo Arequipa, pero también me encanta Lima.
—Hay gente que odias…
—No odio, pero rechazo mucho al abusivo.
—Al matón.
—Claro, al matón que era yo. No sé qué será del Carrillo, pero sé que he hecho sufrir a mucha gente. Al De Córdova, por ejemplo.
—¿Al De Córdova?
—A todo el que andaba con un libro en la mano.
—Y cómo lo jodías al De Córdova. Yo lo jodo por lo que es aprista, no hay peor castigo que eso.
—Dientón, cara de cuy, de todo le decía.
—Y una película que te traiga recuerdos.
La ciudad y los perros, ¡una muy buena película! Una película también que me lanzó a conocer la calle es Juliana.
—Los prostíbulos, te atraen.
—No, nunca me gustaron. No me gusta el olor a condón.
—¿Qué libro le regalarías a tu hijo si sólo le pudieras regalar uno?
Un mundo para Julius.
—¿Y la Biblia, Coco?
—Libro me has dicho, la Biblia es un conjunto de libros.
—¿Qué le dirías a los patas que trataste mal en el colegio?
—Que me perdonen.
—Y si te dicen: ¿qué has hecho tú para ganarte mi perdón?
—Nada, no he hecho nada, pero pediría perdón de todas maneras. Lo haría de corazón. Satisfacer a un hombre es complicado.
—¿Qué sientes que ha sido lo más importante que has hecho en tu vida?
—Haber reunido a un grupo de gente sin visión sin futuro y poder enseñarles que podemos hacer grandes cosas, eso estoy haciendo en Cochabamba, Bolivia.
—Coco, sales de este café y con un verduguillo te agarra un fumón y que te quiere cortar para robarte y te dice: ¿dame una razón para no cortarte?
—Soy un ex-fumón: yo sé tu vida, sé lo que quieres, sé lo que estás pensando. En ese mundo no puedes darte el mundo el lujo de palabrear ni pestañear, tienes que hacerlo sentir que tú has sido parte de ese mundo. Me ha ocurrido: “cuñado, ya perdiste las tabas están buenas” Y yo le respondo: “yo he perdido o vas a perder tú, somos bravos, somos barrio” y así lo ablandas.
—¿En que año te casaste?
—2002.
—¿Qué es lo más grato que te trajo el matrimonio?
—La compañía y el amor.
—¿Qué te falta?
—El hijo. Disfrutamos la vida con mi esposa, pero en verdad nos duele mucho cuando alguien es muy insistente con ese tema, eso es lo que me revienta.
—Tú y ella, tu esposa, por la vida que han llevado, son polos opuestos.
—Y de repente eso es lo que hace tan atractiva nuestra relación.
—Cuando estás con tu esposa hay a veces largos ratos o lapsos de silencio en la habitación…
—No, nunca. Siempre riendo, siempre pasándola bien.
—Si mañana hay un Melgar-Universitario, vas a la Trinchera…
—Sí, voy a la Trinchera.
—Y puteas y carajeas como el que más.
—Sí.
—¿Así seas pastor?
—Sí, y me saco la polera y me aloco.
—Y si un fulano saca su cariño y te quiere compartir el troncho.
—No, hasta ahí nomás.
—¿Qué le dirías a la gente que está confundida respecto a la religión?
—Que crean un poquito más, que den un pasito adelante, no es tan difícil.
—¿Leer la Biblia ayuda en algo?
—No es lo definitivo sobre todo si no estás preparado, pero es un muy buen inicio. Una buena dieta.
—¿Lees la Biblia a diario?
—A diario, tres o cuatro capítulos por día. No hay nada complicado, no hay nada que no pueda entender, la lectura de la Biblia es lo mejor.
—¿Cómo imaginas tu muerte?
—¿Mi muerte? Muy tranquila, muy plácida. Sin preocupaciones.
—¿Te ves viejo?
—No, la verdad es ésa: la verdad es que no me veo viejo en el momento de mi muerte.
—¿Por qué? ¿Te va a pasar factura la vida?
—La verdad es que he hecho tantas cosas que no me veo viejo, por las cosas que he hecho a otros, por las cosas que me he hecho a mí mismo…
—¿Sería demasiado premio?
—Sí.
—¿Todavía tienes cuentas pendientes contigo mismo? ¿Todavía hay mucho dolor?
—Hay dolor, no podemos decir que es abundante pero sí hay dolor. Hay cosas que voy aprendiendo…
—Pero, Coco, si no te ves viejo, ¿para qué quieres tener un hijo si no vas a estar ahí viéndolo crecer?
—Yo no soy el que va a cuidar a mi hijo. Esa es la verdad, es Dios quien va a estar con mi hijo. Estamos de paso acá.
—Si estamos de paso es para cumplir sueños, ¿qué sueños pedestres que no tengan que ver con la religión te faltan por cumplir?
—Ser chef, estudiar gastronomía.
—¿En dónde te gustaría vivir?
—Australia, porque es una isla y es una potencia en el rugby.
—Ahora, ¿fútbol o rugby?
—Rugby. Es una pasión que se arraigó por completo a mi ser.
—¿Para qué vivimos?
—Para tratar de dar lo mejor de nosotros a los demás y a Dios. El mundo se trata de dos cosas: Dios y la Gente. No hay más. Dios no pide más. Sólo dos cosas: amar a Dios y amar al prójimo.
—De tanto leer la Biblia, de tanto pastorear, ¿no te llega a cansar la religión?
—A veces me canso, pero canso cuando no veo respuestas de la gente que estoy tratando de ayudar, cuando doy consejos sencillos y no me hacen caso o no los aplican: y lo mismo y lo mismo… entonces uno se cansa.
—¿Qué mensaje para los amigos?
—Que disfruten la vida al máximo.
—Pero, Coco, volvemos a lo del principio: ¿qué es disfrutar la vida al máximo?
—Yo por un buen tiempo disfruté la vida al máximo a mi manera, eso me trajo muchos problemas y casi acabo con mi vida. Disfrutar la vida al máximo y cerca de Dios: significa amar a tus padres, amar a tus hijos, a tu esposa. Como te dije, el amor es una acción.
—¿Qué personaje de la historia te parece admirable?
—El Che Guevara.
—¿Tu droga favorita?
—La marihuana.
—¿Siempre?
—¡Toda la vida!
—Un fragmento bíblico que quisieras compartir
—Josué, capítulo 1, versículo 9: esfuérzate, sé valiente, no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.
—Otro más para la platea.
—Juan, capítulo 3, versículo 6: Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a su hijo unigénito para que todo aquél que en él crea no se pierda, mas tenga vida eterna.
—¿Cómo se llama tu iglesia?
—Iglesia Bautista Fe.
—Cuando mueras: que te entierren o que te cremen.
—Que me cremen y que lancen mis cenizas desde el mirador de Sachaca, porque es lo más alto que hay para que se esparzan bien.
—Gracias, Coco.
—Gracias a ti, brother.

2009/10/17

Literaturas (edición de octubre)


La edición del mes de octubre de Literaturas, Revista Literaria Independiente de los Nuevos Tiempos, aparece Ribeyro: cuando los esfuerzos se congelan que también ha sido colgado en el blog dedicado a la voz y obra de nuestro mejor cuentista: Julio Ramón Ribeyro.

2009/10/16

¿Qué hacemos, Andrés, con esta gente?


Tu pueblo, al que tanto diste, te quería enterrar... Cuesta creer que muchos esperaban que Argentina se quede afuera del mundial africano para darse el gusto de enterrar al ídolo mas grande que nos dio el fútbol; no sé a qué mecanismos responde una reacción tan miserable, no entiendo por qué el país no está celebrando, por qué no se escuchan bocinas y petardos; qué esperaban los que esperaban un fracaso del querido Diego Maradona; que nos dio mas alegrías que Walt Disney ...
Qué psicología podrida "tenemos" que estábamos (¡yo no!) esperando un fracaso de aquel que nos dio las glorias mundiales (¿?); el engranaje criticón facilongo; the ultimate miserable human being: el sorete nacional que prefiere perder para enterrarse (de miércoles) en el odio... Nunca más usemos la primera persona cuando "ganemos" nada (algo... todo). Estamos enfermos, seguro que el destino nos ajusta las tuercas y el equipo nacional juega bárbaro en Sudáfrica, que Messi brilla, que vuelve Riquelme. Diegote querido, no te merecemos... Nos clasificaste y la gente se está comiendo las ganas que tenían de descuartizarte, Piazzola diría que a él le pasó lo mismo, San Martín también... Padres de una patria huérfana de gratitud.
Andrés Calamaro
Fuente: blog de Calamaro

2009/10/15

Más Maradona que nunca: el que no llora no mama

Conmovedor el interminable abrazo entre el 'Narigón' Bilardo y el entrenador de la selección argentina (qué duda cabe, dos iconos del fútbol mundial).
Que la chupen, que la siguen chupando”, dijo un Maradona que ahora promete no olvidar a los que lo trataron como una basura, a todos los que –aun a costa de ver a la Argentina fuera del mundial– querían un rotundo fracaso del mejor jugador de todos los tiempos (“al drogadicto”, como recordarban, “al incompetente, al fiasco”).
Yo soy negro o blanco, gris no voy a ser jamás en mi vida”, más Maradona que nunca, pensando bien el partido y dejando que Bilardo opine y le aclare el panorama. Sí, sin jugar bien, haciendo cambios defensivos pero oportunos, pues fue Bolatti quien ingresó para marcar el único gol del partido (luego de una jugada preparada por el inacabable Juan Sebastián Verón y por un gris Messi, que no parece jugador de selección).
Maradona también confesó que luego de la derrota ante Paraguay recibió la llamada del mejor entrenador del mundo: “quien con solamente una llamada telefónica puede tranquilizar a la gente y puede hacer que uno se dé cuenta de quién se trata”. El ‘Loco’ llamó a Maradona en plena crisis y le dio calma. Ese mismo ‘Loco’ que mandó a Chile a salir a arrollar a Ecuador cuando todo el mundo quería ver a Argentina sin cupo en Sudáfrica 2010. En Brasil, dicen que habían más de 180 millones de torcedores hinchando por la Celeste uruguaya. En Chile, los rotos apoyan la idea de perder “para joder a los argentinos” .
Con sufrimiento, con el corazón en la boca, Argentina está otra vez en la copa del mundo. Pero habría que decir, en verdad, que uno quisiera ver al frente del barco a Marcelo Bielsa, un revolucionario del fútbol (por la salud del fútbol argentino y por la salud de Maradona).
Bielsa, además, paró en seco a los que quieren nacionalizarlo chileno y le preguntan si algún día podrá gritar "Este es Chile, carajo", como lo hizo con la rojinegra del Newell's Old Boys de su Rosario natal. Bielsa fue honesto: “Es imposible que llegue a querer una camiseta más que la de Newell’s”. Y a otra cosa, mariposa.
Conclusiones a vuelapluma: Martín Demichelis demostró que es bolo fijo en la defensa, el temperamento y la garra -aunque en puestos distintos- hace recordar al 'Cholo' Simeone. Otro fijo, a pesar a algunas distracciones es Gabriel Heinze. Román Riquelme debe volver de todas maneras, porque Messi no se encuentra con la camiseta de la selección. Y Palermo tendrá que lucharla pulso a pulso para llegar a Sudáfrica, sin escalas.
¿Maradona dirigirá a la Argentina en el Mundial? No se sabe. Lo único que es obvio es que el mejor fútbol del mundo clasificó ganando la Batalla de Montevideo; y que el mejor entrenador del planeta también estará aunque con una camiseta poco grata: la roja sureña.
Los que querían ver a Argentina afuera, pueden chuparla, la tienen en la boca, que la sigan chupando sobre todo los brasileños (ver la nota de Lance:É, Maradona, você conseguiu... Vem que tem, freguês! ) y que la sigan chupando los periodistas de Lima (El Comercio, Depor, etcétera) que hacían notas del tipol ¿Qué tiene que pasar para que Argentina no llegue al Mundial? , en vez de preocuparse por pensar: ¿Qué tiene que pasar para que el Perú, por fin, vaya al Mundial?
De regalo una máxima de Marcelo Bielsa:
''El fútbol se hace menos dramático cuando lo ejecutan los que saben''