Advertencia para el lector

«Rechazado o aceptado, perseguido o premiado, el escritor que merezca este nombre seguirá arrojándoles a los hombres el espectáculo no siempre grato de sus miserias y tormentos.»
Mario Vargas Llosa, La literatura es fuego.

2010/04/13

Antes que anochezca


Hace muchos años llegué a este libro -a las crudas y poéticas memorias del escritor cubano Reinaldo Arenas- gracias a la recomendable película de Julian Schnabel que relata la vida de este gran escritor nacido en Holguín en 1943 y que, luego de una vida de novela (y un poco más), se suicidó en Nueva York , el año 1990 (cuando era portador del virus del Sida).
Con este largometraje el talentosísimo Javier Bardem, encarnando a Arenas, despegó de una manera tan contundente que fue nominado por primera vez al premio Óscar. Luego vendría su consolidación en No es país para viejos de los hermanos Cohen.
Pero esa es otra historia.
Acá sólo unos retazos del libro de Arenas:

«Había empezado ya, como se verá más adelante, mi autobiografía en Cuba. La había titulado “Antes que anochezca”, pues la tenía que escribir antes de que llegara la noche ya que vivía prófugo en un bosque. Ahora la noche avanzaba de nuevo en forma más inminente. Era la noche de la muerte. Ahora sí tenía que terminar mi autobiografía antes de que anocheciera.
(…) Creo que la época más fecunda de mi creación fue la infancia; mi infancia fue el mundo de la creatividad. Para llenar aquella soledad tan profunda que sentía en medio del ruido, poblé todo aquel campo, bastante raquítico por cierto, de personajes y apariciones casi míticos y sobrenaturales. Uno de los personajes que veía con enorme claridad todas las noches era el de un viejo dándole vuelta a un aro, debajo de la inmensa mata de higuillos que crecía prodigiosamente frente a la casa. ¿Quién era aquel viejo? ¿Por qué le daba vueltas a aquel aro que parecía ser la rueda de una bicicleta? ¿Era el horror que me aguardaba? ¿El horror que aguarda a toda vida humana? ¿Era la muerte? La muerte siempre ha estado muy cerca de mí; ha sido siempre para mí una compañera tan fiel, que a veces lamento morirme porque entonces tal vez la muerte me abandone.

(…) La diferencia entre el sistema comunista y capitalista es que, aunque los dos nos dan una patada en el culo, en el comunista te la dan y tienes que aplaudir, y en el capitalista te la dan y uno puede gritar; yo vine aquí a gritar.»

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