Advertencia para el lector

«Rechazado o aceptado, perseguido o premiado, el escritor que merezca este nombre seguirá arrojándoles a los hombres el espectáculo no siempre grato de sus miserias y tormentos.»
Mario Vargas Llosa, La literatura es fuego.

2006/01/10

OSWALDO REYNOSO: «VARGAS LLOSA MANEJA GRANDES ESTRUCTURAS PERO SU USO DE LA LENGUA ES MUY POBRE»

Parte I
Las líneas que vienen a continuación conforman –dentro su caos y de su estructura sui géneris– la primera parte de la castigada síntesis a la que fue injustamente sometida una larga y amena conversación entre un experimentado escritor (destacado representante de la pródiga generación del 50) y un escribidor que, como se notará en los párrafos ulteriores, en todo instante trató de ocultar sin criterio su vasta ignorancia en temas de índole literaria.



Cartas a un joven poeta
La fría tarde de un sábado del mes de mayo fui al encuentro de Oswaldo Reynoso. Él vive en una pequeña habitación atestada de libros (y de objetos de inconfundible raigambre china), en una casa del distrito de Jesús María. Allí me recibió dándome, desde un inicio, muestras de una inmerecida calidez: «No me digas Doctor, dime Oswaldo nomás». Pero mi admiración y, sobre todo, la plena conciencia de mi carácter de escribidor incipiente (y a la vez insipiente) no me permitieron el siquiera atreverme a tutear a este magnífico escritor:
–Don Oswaldo ¿qué les podría decir a los jóvenes que tienen miedo de emprender este camino de la literatura… de las letras… y no saben si dar o no dar el paso? ¿Cómo puede estar uno seguro de dar ese paso en este mundo tan mediático en donde todo gira alrededor del dinero y cuando sabemos que esta actividad es, como el título del programa de Thays, un “vano oficio”?
–(Sonríe de buena gana) ¿Tú has leído Cartas a un joven…?
Cartas a un joven novelista de Vargas Llosa –lo interrumpo–. Sí, sí he leído ese libro.
–No. Te recomiendo que leas Cartas a un joven poeta de Rainer María Rilke (1).
Entre la poesía y la narrativa
Le cuento que estuve en el jirón Quilca comprando sus libros y le comento, con algo de molestia, que lo único que se encuentra de su producción literaria en Arequipa es una edición pirata de En octubre no hay Milagros. «Yo te hubiera regalado mis libros –me dice–. ¿Tú has leído Los Eunucos…?»
–No –le respondo–, recién lo acabo de comprar. También me he comprado El escarabajo y el hombre… En algunos de sus libros aparece 1931 como el año de su nacimiento, y otros 1932 ¿Cuál es el verdadero año?
–Yo nací en 1931. Tengo 73 años.
–Y su primera obra fue a los treinta años.
–Más o menos…
–Antes, usted había publicado Luzbel, un poemario. ¿Al comienzo usted quiso ser poeta?
–Sí.
–¿Y por qué abandonó la poesía y se metió en la narrativa?
–¡No sé por qué! –responde con fuerza e inseguridad.
–¿Hasta ahora no lo sabe?
–No… Aunque yo, en realidad, siempre he escrito poesía… poesía y narración al mismo tiempo.
–¿Y por qué no ha hecho reimprimir su poemario Luzbel?
–Porque me parece que no es una buena poesía.
–¿Acaso usted todavía era muy joven?
–Pero de todas maneras te repito que yo siempre he escrito poesía y narrativa desde cuando era joven. Pero después dejé la poesía y me dediqué a la narrativa.
Los Inocentes
–Su primera obra narrativa, Los Inocentes, la escribió en pocos meses.
–Más o menos.
–¿Cómo pudo hacer una obra magistral en tan poco tiempo?
–¡No! No se trata de tiempo. La creación literaria tiene varios procesos. El último proceso es la escritura. Pero anteriormente uno va elaborando de acuerdo a sus experiencias, de acuerdo a lo que ve. Así va acumulando una serie de cosas y va buscando la técnica, el tratamiento del lenguaje. Y fundamentalmente en una obra narrativa hay que ver dos aspectos: el trabajo del lenguaje y el trabajo de las macroestructuras. En el trabajo del lenguaje hay que lograr una expresión bella. Eso no quiere decir prosa poética, poética entre comillas.
–Arguedas dice que Los Inocentes muestran una mezcla de la jerga juvenil con la alta poesía.
–Claro.
–Pero no le parece que no se trata de alta poesía sino de una prosa bien tratada, bien elaborada.
–Es que tenemos que entender qué es la poesía: ¡es la expresión de la belleza! Esa expresión de la belleza tú la puedes expresar a través de la palabra, de la música, los colores, a través de las formas. La belleza tú la puedes expresar por diferentes medios. Ése es el concepto que tiene Eielson, por eso cuando publica su primer libro le pone Poesía Escrita porque él también hace poesía pintando.
–Claro, hay diversos medios para crear poesía.
–Y como te decía, la poesía, en términos generales, es la expresión de la belleza y ésta puede expresarse a través de la palabra. Y a través de la palabra lo podemos hacer a través de la narrativa o a través de un poema, por ejemplo.
–¿Usted hace poesía a través de la narrativa?
–Sí, pero la poesía no necesariamente es lo que podríamos llamar «poesía poesía». La poesía se caracteriza porque trabaja la imagen, el ritmo y la musicalidad de la palabra. Entonces la expresión escrita, para ser poesía, necesariamente tiene que trabajar con la imagen y al mismo tiempo la lengua tiene que ser trabajada en ritmos. La narrativa también es la expresión de la belleza, pero ésta se da a través de asuntos, estructuras temporales. En toda narrativa tú encuentras dos elementos: la palabra (y en eso se emparenta con la poesía) y al mismo tiempo se encuentra el empleo de las macroestructuras (el manejo del tiempo, de los personajes, de las situaciones, etcétera).

«VARGAS LLOSA MANEJA GRANDES ESTRUCTURAS PERO SU USO DE LA LENGUA ES MUY POBRE»

El tema de la poesía atrapa a Oswaldo Reynoso: «Hay narradores que dan mayor importancia a la macroestructura. Y, digamos, su lengua es un poco pedestre: ¡no dan importancia a lo bello! Ellos hacen grandes construcciones novelísticas, ése es el caso de Vargas Llosa: él maneja grandes estructuras, pero, si uno examina bien, el uso de la lengua es muy pobre»
–¡Usted me está diciendo que la lengua de Vargas Llosa es pedestre?
–No pedestre –y se detiene un instante–. Digo que a él lo que más le preocupa son las macroestructuras. El lenguaje en Vargas Llosa no es bien trabajado. Cuando uno lee a Vargas Llosa no encuentra imagen, no encuentra una prosa bien trabajada. Y, últimamente, lo que más le interesa en sus novelas, como La fiesta del Chivo y El Paraíso en la otra esquina, es sólo dar información.
–¿Cuál le parece la mejor novela de Vargas Llosa?
La guerra del fin del mundo, y como novela corta Los cachorros.
–¿No le parece muy extensa?
–¡No! A una novela nunca se la juzga por su extensión.
–Pero algunos dicen que las mejores novelas son las que son largas…
–No, nadie ha dicho que la novela es corta o extensa.

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(1) Si deseas -en formato PDF- el libro que recomienda Oswaldo Reynoso (Cartas a un joven poeta), lo puedes descargar en la siguiente dirección:

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