Advertencia para el lector

«Rechazado o aceptado, perseguido o premiado, el escritor que merezca este nombre seguirá arrojándoles a los hombres el espectáculo no siempre grato de sus miserias y tormentos.»
Mario Vargas Llosa, La literatura es fuego.

2013/08/17

Me gustas porque eres distinto

Foto: Boris Mercado Mar

«San Martín está que se cae, que se cae del caballo», mientras la curia celebra, con cautelosa solemnidad y sotanas maculadas de semen, sus atroces porquerías: «¡Ya era tiempo! Sentado en veranoinvierno, primaveraotoño. Siempre, siempre mirando: mirando al mar». Esta tarde-noche la estatua ecuestre del Libertador contempla a Juan Carlos Ferrando, exudando su homosexualidad con el torso desnudo —ella se sabe gorda, no cree en pastillas milagrosas ni en dietas asesinas— mientras Coco Marusix, histriónico, les sonríe a los fanáticos apoyado en su bastón. No todos tienen razones para festejar. Las cosas claras: los años no pasan en vano.
            El día de San Pedro y San Pablo, 29 de junio, se realizó la marcha del orgullo gay. El movimiento homosexual del país —que reúne a gays, lesbianas, bisexuales y transexuales— literalmente tomó la plaza San Martín. Llegaron, entre otros, activistas argentinos y chilenos, quienes se aunaron a su viejo reclamo de igualdad: «No quiero ser feliz con permiso de la policía», dejó dicho Martín Adán. Podríamos recordar también a Abraham Valdelomar, Juan Gonzalo Rose y siguen firmas.
            Oswaldo Reynoso nunca quiso que se lo encasillara como gay u homosexual, sino como ‘homosensual’. Y ‘homosensualidad’ es precisamente lo que destila Jessica Rosas —en realidad su nombre artístico es Jessie Xtravaganza; trabaja haciendo shows en discotecas y es voluntaria en el Ministerio de Salud apoyando en las campañas de prevención del VIH— mientras imita a Madonna en el escenario: «¿Te gustó?», me pregunta con un gesto seductor no exento de ternura y me escudriña con sus lentes de contacto. Le digo que sí, que estuvo bueno y le pregunto su edad. Treinta. Pienso que si bien nació con sexo masculino, sabe mentir (o le gusta mentir respecto a la edad) como mujer. Lleva realizando estos espectáculos apenas tres años.
            «¿Eres homosexual o bisexual?», pregunto. «¡Transgénero! —aclara con énfasis mientras nos alejamos del ruidoso escenario; y palomillas y curiosos me miran con ojos traviesos como si pensaran que le estoy sacando plan—. Hay mucha confusión al respecto. Ojo, no sólo en el público en general, sino dentro del mismo ambiente gay. Pocos tienen en claro las categorías o el tipo de gay que son. Transgénero es toda persona que se siente identificada con el género opuesto a su género biológico. Tú, por ejemplo, has nacido con un pene, ¿no? Eso significa que perteneces al género masculino, pero no necesariamente tiene que ser así. En el caso de las mujeres ocurre igual: nacen como mujeres biológicas, es decir, con vagina; pero no se sienten mujeres para nada: en su forma de vestir o en su forma de hablar… Son apenas dos ejemplos cuando me refiero a la forma de hablar o vestir. Y entonces se comportan como hombres y su identidad de género es masculina».
            —¿Por qué hay tanta desinformación al respecto?
            —Porque en el Perú no se aprueba la ley de identidad de género y quiero aprovechar esta oportunidad para pedirle a los legisladores peruanos que aprueben de una vez por todas esta ley porque yo no tengo un DNI que me represente. ¡Mi DNI miente! No te tengo que poner como ejemplo el Primer Mundo, acá nomás en Argentina los gays tienen leyes que los reconocen como tales. No es necesario que te operes, ah. O sea, simplemente es cómo te sientes, cómo quieres ser tratado por la sociedad y punto. Se acabó.
            —Entiendo que tú quieres que en tu DNI aparezca que tu sexo es femenino.
            —¡Claro! Mi género es femenino. Y no tiene nada que ver con la orientación sexual.
            Jessica me explica que tiene varios amigos  transgénero: es decir, personas que son biológicamente varones pero que se visten como mujeres. Algunos de ellos, sin embargo, a pesar utilizar maquillaje, prendas femeninas y comportarse como mujeres —en la calle, en discotecas, en la vida pública o nocturna—,  no gustan de tener sexo con hombres. Ergo, en la cama sí respetan su género biológico: «la identidad de género es muy relativa, muy flexible».
            ¿A qué edad se dio cuenta de que se sentía más mujer que hombre? «Desde los seis años, más o menos. Me gustaba jugar con muñecas, jugar a la cocinita, ese tipo de juegos que no son precisamente masculinos. Me sentía una niña, tal cual como en la película Mi vida en rosa del director Alain Berliner».
            —¿Eso les habrá preocupado mucho a tus padres, no?
            —No. A mi mamá. Yo no me crié con mi papá.
            —¿Y nunca te has puesto a pensar que ha influido mucho en ‘esto’ la ausencia de la figura paterna en casa?
            —De ninguna manera. Yo pienso que es algo biológico: naces con esto. Así nací.
            «Mi madre me llevó a un montón de psicólogos y me hizo hacer terapias. Pero eso no es nada. Lo más difícil fue aceptarme yo misma, en la soledad, mirándome frente al espejo: qué importa si los demás te aceptan o no, si tú no eres capaz de aceptarte tal y como eres. Yo creo que por eso hay tantos suicidios y tanto dolor. Es cierto: la sociedad te discrimina, entonces es como nadar contracorriente, ¡algo muy duro!».
            —¿Sientes que Lima es una ciudad cada vez menos represiva con los gays?
            —No se puede generalizar. Aunque sí, ¡todavía estamos un poco atrasaditos, ah! La mentalidad machista es todavía muy dominante en el Perú.
            —¿Sueñas con que algún día se pueda celebrar el primer matrimonio gay en el Perú o lo ves muy remoto?
            —Yo pienso que sí, ya estamos en camino. Se ha avanzado mucho.
            —¿La experiencia más traumática por la que has pasado?
            —El poderme aceptar. Es horrible el tener esa vergüenza, ese temor de que tu familia se entere, de que te pongas a pensar cómo van a reaccionar. Es un cambio radical: toda una vida te comportas como hombre y, de pronto, un día apareces convertido en mujer, con el cabello largo, con maquillaje y diciendo: «¿saben qué? Ahora quiero que me llamen Jessica». No te puedes imaginar: te afecta mil veces más a ti que a los demás.
            —Me hablaste del suicidio. ¿Alguna vez contemplaste esta posibilidad?

            —No —responde con seguridad—. Yo creo que estoy acá cumpliendo una misión. Ahora soy más feliz que nunca, pues he asumido la identidad de género con la que siento bien que es la femenina y realizando mis shows artísticos que es lo que más me gusta.
Foto: Boris Mercado Mar

Aunque, al fin y al cabo, ella se sabe distinta, singular. ¿Qué es lo más bonito de ser distinta? «¡Ah, qué bonita pregunta! —y se acomoda el pelo con una mano, con la otra sostiene una corona parecida a las que usan las reinas de belleza—. Pues todos somos distintos y todos somos únicos. Es como la naturaleza: tú puedes encontrarte con plantas que son hermafroditas y en el reino animal hay muchos casos también. Esto es algo natural y todos, absolutamente todos, somos distintos».
Le pregunto sobre los hombres que dicen tener repulsión hacia los gays: «yo creo que en el fondo es temor, miedo a conocerse. Tienen miedo a lo nuevo, a lo diferente y que, sin embargo, les puede gustar: todos tenemos algo de hombre y algo de mujer».
            —Tú que eres voluntaria en el Ministerio de Salud, ¿cómo ves el panorama del VIH? ¿La gente se está protegiendo más?
            —Estamos adquiriendo conciencia. Hay mucha campaña e información. Y la mejor lección te la da la vida: cuando ves que tus amigos, familiares o conocidos se enferman. Primero son portadores y luego llegan a etapa Sida. Eso sí es lo más fuerte que nos puede pasar. La gente, en general, inclusive los heterosexuales, deben tomar conciencia de esto. He visto a muchos amigos caer en etapa Sida y los he visto morir. Esto fue lo que me animó a formar parte del voluntariado del Ministerio de Salud y además me gusta hacerlo. Es una forma de sentirme bien ayudando, sobre todo a mis pares que son gays, ‘trans’, etcétera.
            Tuvo una pareja estable hasta hace un par de años. Aunque, por ahora, está sola: dedicada a su trabajo al cien por ciento. ¿Sueña con casarse en un futuro? «No», responde sonriendo con escepticismo. «Me gustaría tener una pareja ideal como, creo, a todo el mundo… ya llegará». ¿Adoptar? Vuelve a reír: «por ahora no pienso en eso. Vivo el presente y haber sido convocada a este evento para mí significa muchísimo, no te imaginas: he imitado a Madonna en la Plaza San Martín y con harta gente como puedes ver».
            Admira mucho a Madonna, quizá porque la artista norteamericana tiene todo lo que ella ansía (esta afirmación es muy arriesgada, atrevida e indecorosa, lo sé). Jessica viajó hasta Buenos Aires para poder estar en un concierto de expareja de Sean Penn. Cuenta que estuvo en primera fila y la cantante le dijo: I like you. Jessica asistió trajeada con un corsé muy parecido al de la reina del pop. «I like you because you laugh at everything I say. Mejor te lo digo en español: me gustas porque tú te ríes de todo lo que yo digo».         Y yo me río —como aparentemente lo hizo Madonna—, pienso que Jessica es una persona muy ganada por la ficción. O yo un incrédulo. Quién sabe. «¿No me crees, no? Fue como éste: uno de los mejores días de mi vida».

Orlando Mazeyra Guillén
Plaza San Martín
Lima, 29 de junio de 2013
        

Foto: Boris Mercado Mar

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