Advertencia para el lector

«Rechazado o aceptado, perseguido o premiado, el escritor que merezca este nombre seguirá arrojándoles a los hombres el espectáculo no siempre grato de sus miserias y tormentos.»
Mario Vargas Llosa, La literatura es fuego.

2007/07/26

¿La era Del Solar?


Ya me sé de memoria esta historia. Hasta creo que la puedo recitar, ¿me estaré haciendo viejo o es que acá las cosas nunca cambian?
Ahora, muchos medios dirán lo políticamente correcto: "El técnico ya ha sido elegido. No hay espacio para los reclamos, las propuestas o las lamentaciones. Lo que corresponde, de aquí en más, es que todos –afición, prensa, dirigentes, etcétera– apoyemos a Chemo Del Solar ".
Pero, hay que decirlo, así algunos se molesten (y piensen que uno, en vez de aportar, pone piedras en el camino ): ¡Al Chemo lo apuraron!
Los dirigentes, aparte de comechados, son unos pobres diablos sólo capaces de arruinar el currículo de entrenadores con proyección. ¿Por qué lo digo? Porque si los peruanos teníamos a una promesa que, en el mediano o largo plazo, podía erigirse como el técnico que calce a la blanquirroja como una mano a un guante, ése era, sin duda, José Del Solar.
Al Chemo todavía le faltaba recorrer, adquirir más experiencia, caminar más y envejecer otro poco. Su trayectoria como futbolista es excelente (clubes de Chile, España, Bélgica y Turquía); pero su incipiente currículo como entrenador es solamente un esbozo, un par de pasos apenas dados, y un solitario título nacional que no garantiza nada: tuvo un feo inicio en el Colón de Santa Fe (dirigió junto a Pizzi y los echaron luego de tres derrotas al hilo), luego vino al Cristal y campeonó en el mediocre torneo peruano, ahora recién acababa de cumplir medio año en la Universidad Católica… nada más, ¿eso basta para calzarse el buzo de la selección nacional? Me parece una falta de respeto pero, ¿por qué me sorprendo? No me debe llamar la atención en absoluto, porque estos dirigentes no respetan a nadie.
¿Acaso dirigir a un combinado nacional no es más difícil que dirigir a clubes de la talla de Boca, Barcelona o Manchester? Repito, lo apuraron al Chemo. Y lo peor de todo es que Del Solar pisó el palito. Todavía no era el momento, Chemo, tú lo sabes.
Pero para que me crean todos, revisemos los casos de Pacho Maturana en Colombia, Passarella en Argentina y, finalmente, de Oblitas en Perú.
Veamos el caso de Maturana: primero fue director técnico de las divisiones inferiores y después de la mayor; se afiató en Copas América antes de clasificar a su país al mundial (1990), dirigió al Atlético Nacional que resultó campeón de la Copa Libertadores 1989.
En Argentina, Daniel Alberto Passarella tuvo que ganar 3 torneos argentinos con River Plate (Campeonato 89/90, Apertura 1991 y Apertura 1993) para recién asumir la dirección técnica de la albiceleste en 1994.
En el Perú, Oblitas, antes de llegar a la selección, campeonó con Universitario en dos ocasiones. Luego, pasó a Cristal y se hizo del título nacional en 1991. En 1993, fue Asistente Técnico de Popovic, luego volvió a Cristal y ganó otros dos títulos. Es decir que, en total, ganó 5 torneos nacionales y fue asistente de la selección antes de pasar al cargo más bravo del país.
Chemo, como DT, no tiene coronas internacionales. Sólo cuenta con un título local y paramos de contar. Ni siquiera ha sido asistente técnico de la selección mayor. ¿Se apuró? Sí. ¿Tiene chances? Seguramente. El azar de las estadísticas dice que Chemo cumplirá 40 años en noviembre. Eso quiere decir que asumió la dirección de la selección frisando la base 4. Maturana con 40 años llevó a Colombia a Italia 1990, Passarella por su parte recibió el buzo de Argentina a los 40. Oblitas ya tenía unos 44 (pero no clasificó a la selección).
¿Qué podemos esperar? Que el Chemo nos tape la boca a todos los que pensamos que tuvo que esperar… Y que confirme que los cuarenta son la época dorada de los entrenadores que quieren ir al Mundial.
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Mi comentario aparece también en el segmento
Imagen: José Guillermo Del Solar, flamante seleccionador del Perú (fuente El Comercio).

2007/07/20

O-S-Q-U-Í-T-A-R

Lima, 8 de marzo de 2007
Óscar:

Es inútil, de veras que lo sé, pero, aparte de esto, ¿qué otra cosa más puedo hacer para acercarme a ti? Y me sabe a insensatez de mi parte el malgastar palabras para escribirte confesiones que tal vez nunca leerás. Y digo -intuyo con el ciego convencimiento de ser quien te conoce mejor que nadie- que no leerás estas tristes líneas porque, ahora, a tus ojos, todo lo que se relacione conmigo les resulta repelente, chabacano y repudiable.
En verdad, no te culpo. Entiendo que, por todo lo compartido y vivido, me convierto en algo así como un remitente indigno y desechable. Sólo te aclaro que si he de culpar a alguien -cosa que, por lo demás, me resulta insoportablemente pueril- lo haría en silencio, y en la absoluta soledad que me ha dado tu devastadora ausencia.
No creo en el destino, tampoco en el azar, pero sí soy prosélito de mis pulsiones (prosélito, ¡vaya palabra!, siempre fui un huachafo impenitente, lo sabes)… fueron mis pulsiones las que ganaron mi voluntad y me arrojaron hacia tu cuerpo; aunque, al inicio, me catapultaron hacia ti tus ideas acerca del arte y la felicidad, tu insobornable rechazo al vicio y a todos excesos (exceptuando, por supuesto, el sexual), tu forma de entender la vida, de gozarla (conmigo), de sacarle la vuelta a la adversidad -esa adversidad que algunos, en nuestros malos ratos, llamamos homosexualidad.
Ante ti me siento desnudo, huérfano de palabras, precario hasta la rabia. No tengo tus lecturas, tampoco tu sonrisa. Me falta un corazón como el tuyo, a veces creo que el tuyo nos pertenece a ambos… Búrlate si quieres de mis cursilerías de colegial enamorado (enamorado, sí; confundido, jamás). Tú, ante mí, eres optimismo. Entérate de que cuando el optimismo me envuelve, creo que tú me perteneces (y que te alegra ser mío)… cuando me lo creo, ¡ay!, te desvaneces. ¿Ves? Ya estoy hablando de propiedad privada. Si te tuviera al frente me tocaría de nervios, echaría una risotada estúpida y te pediría disculpas con un beso sentido, breve, pero lo suficientemente intenso. Y es que es intenso lo que siento por ti, tan intenso que duele, somete, acuchilla y agrieta mis emociones.
¿Qué más te puedo decir que ya no te haya dicho antes? ¿Que las dos últimas veces que tomamos café en silencio me sentí el centinela de tu alma? ¿Que la única vez que nos hundimos en tu colchón, sin usar preservativos ni lubricantes, me convertí en el hombre más libre del mundo? Sólo con tu compañía he saboreado a pleno mi existencia, me he sentido absolutamente libre; pero, como nada es perfecto (y quiero recordártelo), también he sido esclavo de tus arrebatos, de tus paranoias desbocadas, patadas al tablero, insultos despiadados y cachetadas intempestivas
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Imagen:
Bartolomeo Cesi (1556-1629)
Hombres besándose. Boceto. Galería degli Uffizi, Florencia

2007/07/14

América y su Copa



En Venezuela, desde hace un buen tiempo atrás, el centro de la atención es, de lejos, el extravagante Hugo Chávez Frías, militar y político que preside el gobierno de su país desde el siglo pasado (1999). Uno puede estar a favor o en contra: tildarlo de " Mussolini tropical", como lo catalogó en alguna oportunidad el escritor mexicano Carlos Fuentes; o admirarlo sin reparos, como ocurre con el presidente boliviano Evo Morales. Pero tanto defensores como detractores son conscientes de que él es algo así como el ojo del tornado, pues el fundador del Movimiento Bolivariano Revolucionario sabe arreglárselas a diario –con pintorescos improperios contra " mister Bush" y el imperialismo, por ejemplo; o con vigorosas loas a Fidel y a su "revolución"– para ganarse flashes, portadas y titulares que traspasan las fronteras de su país y forman parte de la recargada agenda noticiosa de América Latina y el resto del Mundo.
Pero, desde el pasado martes 26 de junio, Chávez ha pasado a segundo plano, cediendo con gentileza los reflectores antes de rendirse ante los encantos de Su Majestad El Fútbol: "Venezuela será el campeón", dijo el presidente venezolano, notoriamente inundado por una inusual -pero comprensible- fiebre futbolera. Y es que así es el fútbol en esta parte del continente: el deporte de las masas, el Deporte Rey. Ergo, la Copa América es, hoy por hoy, el monotema que está en la cresta de la ola en tierras llaneras, y es por eso que los principales medios informativos del planeta están diseminados en cada una de las sedes escogidas para alargar la vigencia esta vieja lid deportiva.
Perú dio el puntapié inicial sorprendiendo a propios y extraños al golear al equipo uruguayo de Oscar Tavárez (3-0); y después Chávez y Evo se repartieron los honores en la tribuna: Bolivia le empató a Venezuela en la cancha (2-2). La inauguración de la edición número 42 del torneo futbolístico más antiguo de América tuvo como invitado de excepción al máximo referente de toda la historia del deporte argentino, Diego Armando Maradona (quien, paradójicamente y al igual que Pelé, nunca pudo ganar este título).

Un poco de historia: desde 1916 hasta nuestros días

Si hacemos una apretada revisión de la historia, descubriremos que este torneo se remonta al año 1916, cuando por primera vez Argentina organizó el Campeonato Sudamericano de Naciones que ganaron sus vecinos, los uruguayos. Hay que recordar, también, que a lo largo de su vida esta justa ha sufrido muchas modificaciones y recién pasó a llamarse oficialmente "Copa América" en el año 1975. O sea, que se podría decir, sin temor a equivocarnos, que Perú fue el primer ganador de la "Copa América" pues, ese año el equipo incaico derrotó, con gol del 'Cholo' Sotil, al equipo colombiano en un luchado partido extra que se jugó justamente en Venezuela.
En cuestión de coronas, más de la mitad del palmarés es abarcada por los del Río de La Plata: tanto argentinos como uruguayos levantaron la copa en catorce ocasiones, razón por la cual ambos comparten el primer lugar. Tercero, y muy rezagado, aparece Brasil con sólo la mitad de conquistas: siete. Perú y Paraguay campeonaron (1) en dos oportunidades. Cierran el pelotón, bolivianos y colombianos con una solitaria conquista. Los únicos países sudamericanos que no han levantado la copa son Chile, Ecuador y el anfitrión Venezuela que acaba de hacer historia a costa de Perú: los dirigidos por Richard Páez alcanzaron la victoria luego de ¡cuarenta años! y pasaron por primera vez en su historia a cuartos de final, lo que, desde ya, convierte al entrenador de la 'vinotinto' en el estratega más exitoso en la historia del fútbol del país de Rómulo Gallegos.
Aunque no todo es color de rosa, pues en la última década este torneo se ha visto mermado a causa de motivos que –para los amantes de los eufemismos– podríamos llamar extrafutbolísticos. Si me apuran, me atrevo a decir que talvez la última gran Copa América fue la de 1995, cuando Uruguay hizo valer su condición de local en un abarrotado Estadio Centenario de Montevideo, derrotando por definición de penales a Brasil (por ese entonces flamante campeón del mundo, recordemos que Dunga, hoy entrenador del scratch, jugó esa final, llevó la cinta de capitán y anotó uno de los penales de los cariocas).
En 1997, el anfitrión Bolivia, tuvo que sacar adelante una Copa donde sólo algunos países llevaron a algunas de sus figuras (talvez desde ahí se puede avizorar un soterrado desdén por la altura y sus inconvenientes que están tan de moda por estos días). Y así, la vieja y querida Copa América, empezó el lento -¿irreversible?- camino hacia su devaluación. En 1999, el fantasma de la altura altiplánica ya no estaba, y en Paraguay las cosas mejoraron en algo, Ronaldo y Brasil brillaron.
Ya en este siglo, el año 2001, el anfitrión era el país de García Márquez y la Copa América fue una verdadera caricatura: Argentina renunció a participar (Canadá también rechazó una invitación de la CONMEBOL). Lo cierto es que pocos querían ir a Colombia por los problemas políticos que hasta hoy persisten. Muchos seleccionados asistieron con equipos alternos. Ganar la Copa América dejaba de ser un inapreciable anhelo para los futbolistas del continente, había otras prioridades… Además, Europa y sus millonarias ligas empezaron a poner trabas, ya no querían ceder a sus futbolistas.
El año 2004, Perú fue el anfitrión, y Brasil, menospreciando el torneo, asistió con un equipo alterno, aunque a pesar de eso le alcanzó para derrotar a Argentina en una animada final jugada en el estadio Nacional de Lima.
Por fin llegamos a Venezuela 2007, y hay una pregunta que queda rebotando cual balón que pega en el horizontal del arco: ¿por qué a algunos futbolistas sudamericanos que triunfan en Europa ya no les interesa participar en la Copa América? Porque no es rentable. Es cierto: si eres futbolista profesional, cruzaste el charco, y ya estás jugando en el Viejo Continente, entonces ya no necesitas mostrarte, ¡ya te conocen! Cuando ya eres parte de las grandes ligas europeas, regresar a América a disputar su Copa no sólo es sinónimo de perder plata. Tampoco se puede descansar. ¿Lo dudan? Pregúntenle a dos figuras estelares de Brasil: Kaká (AC Milán) y al mismo Ronaldinho Gaúcho (FC Barcelona), quienes, a libre albedrío –y desaprovechando la oportunidad de resarcirse de la pobre actuación brasilera en el último mundial-, se exoneraron de participar de la Copa América. Pero Dunga, entrenador del pentacampeón, no entiende. Quizá sea porque él es un romántico… de esos que cuando se ponen los colores de su país dejan la piel en la cancha hasta en los partidos amistosos.
Seguramente Kaká y Ronaldinho piensan que el pensamiento de Dunga es obsoleto, por eso no los comprende. "Respeto la decisión de ellos –dijo el director técnico, hace pocos días–, pero eso crea un desgaste innecesario. Tenemos que servir a la selección con orgullo. Dentro de la cancha es preciso mantener el espíritu de aficionado. Al final, (al jugar en la selección) usted está realizando un sueño de niño".
¿Quién tiene la razón, Dunga o los autoexcluidos? No hace falta responder. Sólo puedo añadir humildemente que yo soy un aficionado que, como muchos, siempre soñó jugar por su país.

El tirano del Deporte Rey

El fútbol, al mover cantidades escandalosas de dinero, ha dejado de ser un deporte y ha pasado a convertirse un negocio. Y no sólo ha perdido el romanticismo de antes ("el amor por los colores de la camiseta ", diría un fanático argentino que entiende perfectamente de lo que habla Dunga); sino que también se ha rendido ante su tirano: el poder. "El negocio del fútbol –ha dicho el escritor uruguayo Eduardo Galeano–, como todos los negocios del mundo, está organizado para recompensar a los más fuertes" y marginar a los más débiles. La recompensa se dará si le haces caso al poder, que quiere ser la voz de tu conciencia: " tú te debes al dinero que, mes a mes, te paga tu club, entonces no pierdas dinero jugando por tu selección, mejor descansa y entrégate a tu club: ¡ahí está el dinero!". Por otro lado, la marginación también se hace patente cuando no le interesas al poder: que lo digan los bolivianos que casi se quedan sin poder jugar partidos internacionales en La Paz… La FIFA, cual Dios omnipotente, decide qué es reglamentario y qué es antirreglamentario… todo, por supuesto, en función del dinero.
Y, entonces, ¿por qué la Copa América sigue viva? Porque, por suerte, no todos los grandes futbolistas son súbditos del poder. Un ejemplo: Hernán Crespo, hábil delantero argentino salido de las canteras del River Plate que hoy brilla en el Inter de Milán. Crespo asistió a la Copa América para campeonar, y gracias a su olfato goleador acaba de superar a Maradona en la tabla histórica de goleadores de la selección argentina. Al delantero gaucho, el Poder le pregunta: ¿Por qué juegas este torneo? Y él responde algo a la medida de Dunga: "Porque tengo hambre de gloria, porque jugar por la selección de mi país es lo máximo". Y lo que pasa es que Crespo no responde como jugador: lo hace como hincha. Porque él siente el fútbol tanto o más que los que se parten la garganta alentando en las tribunas. Crespo quiere gloria y la fue a buscar a Venezuela. La Copa América, entonces, sigue siendo sinónimo de gloria para los que, como Dunga y Crespo –quienes justamente estarán en la final-, seguimos creyendo que la pasión por los colores de la camiseta está por encima de todo y de todos.
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(1) El verbo "campeonar" (salir campeón) es un peruanismo futbolero que, luego, traspasó las fronteras. Como anécdota, puedo añadir que he escuchado de la propia voz de mi cuñado, un catalán fanático del F.C. Barcelona, decir que, en España, por primera vez se percataron de la existencia de ese verbo cuando Hugo "El Cholo" Sotil, emocionado y través del teléfono, le informaba a un familiar en el Perú: " ¡te dije que íbamos a campeonar, y hemos campeonado!". Lo dijo el Cholo Sotil... la Real Academia de la Lengua hizo lo demás.

2007/07/09

El iletrado más sapiente del mundo


Dicen por ahí que Riquelme no terminó la secundaria. Se dice, también, que eso vendría a ser una mala imagen para los niños argentinos que lo admiran. ¡Bah!, a mí me preocupa que los niños peruanos no tengan a quién admirar.
Además, todos sabemos que no hace falta ir a la escuela para jugar de esa manera: en su oficio, el diez argentino ya es un sabelotodo, un erudito de la pelota. Lo suyo no se aprende en las aulas ni tampoco en los libros; viene en los genes, Juan Román ya estaba predestinado. Y qué bien le sienta la diez. Hoy más que nunca Maradona puede estar tranquilo (Messi no es el sucesor, el indicado es Román).El partido Perú-Argentina ha terminado hace una hora, pero todavía permanece en mi retina el abrazo entre Riquelme y Tevez. Me conmuevo: esa imagen quedará capturada en mi memoria para siempre, pues es un abrazo de hermanos de sangre que traspasa lo meramente deportivo. Ambos xeneizes, ambos talentosos, y, por último, ambos conscientes de que ponerse la albiceleste es lo mejor que les ha podido pasar en la vida. Abrazo filial que destila pasión, amor y cualquier adjetivo bienhechor que se nos pueda ocurrir.
Lee todo el texto aquí.

2007/07/06

Respuesta de Herbert Morote a Bryce

Desde Madrid, el escritor Herbert Morote, me envía (en realidad, nos envía a todos los que somos lectores y seguidores de su obra) una copia de la carta que ha dirigido a Enrique Zileri, director del semanario Caretas. El autor de Réquiem por Perú, mi patria indica en el inicio del mensaje: “Esta es mi respuesta a la irresponsable acusación que me hace Bryce de haber pagado al director del diario Perú21, Sr. Augusto Álvarez Rodrich, para que complote contra él y que sea responsable de los escándalos causados por sus plagios”.

No hace falta aclarar que todo este desmadre -que ya es cuento largo, por decirlo de alguna manera- se debe a lo expresado por Bryce en la última entrevista que Maribel de Paz le hiciera a el autor de Huerto Cerrado, y que aparece en la última edición de Caretas.

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Madrid, 6 de julio de 2007

Sr. Enrique Zileri Gibson
Director de CARETAS

Estimado Señor Director:

El silencio periodístico que me he impuesto -hasta que Indecopi no resuelva mi denuncia contra Bryce por plagio- me impide hacer comentarios a la entrevista publicada por Caretas el 5 de julio. Sin embargo, hay un punto en ella de tal gravedad que exige que declare públicamente que nunca he conocido, visto, hablado o mantenido correspondencia de ninguna clase con el señor Augusto Álvarez Rodrich, por lo tanto es absurdo e insensato declarar que le haya pagado para que ataque a Bryce, tal como éste dice. Por otro lado, estoy convencido de que el periodismo peruano no necesita dinero para cubrir el escándalo causado por este sujeto. Mis abogados en el Perú están estudiando iniciar una acción penal contra Bryce por difamación. Creo que la ley es la única forma de acabar con la impunidad de los delincuentes y con las declaraciones irresponsables de personas engreídas y deshonestas.

Atentamente.


Herbert Morote
DNI 06500189

2007/07/04

La tentación del fracaso


Somos un pueblo no solo pobre y jodido y maltratado, sino privado hasta de esos júbilos inmateriales que son los júbilos deportivos: Ni pan ni circo (Circo sí, pero en el cual nos comen los leones o el gladiador rival nos despedaza). No creo que las victorias deportivas aplaquen el hambre de un pueblo, pero les proporciona una satisfacción cualitativa, interior, que forma parte de los bienes de la vida” (Ribeyro).
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Empate a dos, pero con sabor a derrota, a desilusión… Desilusión: nuestra vieja compañera de ruta, huésped ilustre de nuestras tardes futboleras.
En frío. Me animo a comentar algo acerca de la selección peruana un día después de la pobre actuación ante el equipo de Edwin “Platini” Sánchez.
Preguntas. Varias. ¿Ahora diremos que el réferi estuvo en contra nuestra y lo utilizaremos como coartada perfecta para ocultar las deficiencias del equipo? ¿Se habrán sentido nuestros vecinos del Alto Perú más ‘peruanos’ que nosotros al ver la inmerecida celebración del flamante delantero del Chelsea? ¿Acaso no les dará rabia a los hinchas bolivianos quedar fuera de la copa por culpa de un árbitro incompetente que le regaló un gol decisivo a Claudio Pizarro?
Lee todo el texto aquí.