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2017/09/05

Vuelve el Hay Festival Arequipa del 9 al 12 de noviembre

Dentro de dos meses vuelve el Hay Festival. En Arequipa la cita será del jueves 9 al domingo 12 de noviembre y -sin duda un gran acierto de los organizadores- se prolongará un día más para una fecha a realizarse en Cusco el lunes 13. Entonces, lo primero que hay que felicitar es este afán descentralizador del evento. El año pasado, por ejemplo, tuve la oportunidad de estar en Moquegua e Ilo, y la experiencia fue enriquecedora.

Personalmente, puedo decir que lo que más me alegra es la presencia de un narrador notable como el español Javier Cercas (1962), quien saltó a la palestra gracias a su famosa novela Soldados de Salamina (2001). Pero tiene otras entregas muy interesantes como la novela El impostor (2014) y su libro de ensayos El punto ciego (2016),  en donde se aproxima a las novelas que lo marcaron como lector y escritor y llega a la conclusión que la novela no es el género de las respuestas, sino el de las preguntas. Se trata, pues, de las conferencias que dictó en la Universidad de Oxford el año 2015. En la página de la Real Academia de la Lengua española pueden leer el magnífico y agudísimo ensayo que le dedica al novelista arequipeño: "La pregunta de Vargas Llosa", que aparece en el epílogo de la edición celebratoria de los cincuenta años de La ciudad y los perros.
Cercas llega a Arequipa con una nueva novela: El monarca de las sombras (2017).
También desde España llegará el periodista del diario madrileño El País Juan Cruz (1948), gran entrevistador y amante del fútbol y la literatura. Es uno de los más atentos lectores de la obra de Mario Vargas Llosa, a quien conoce muy bien y ha entrevistado infinidad de veces.
Entre los representantes peruanos destaca el narrador Edgardo Rivera Martínez (1933), autor de la ambiciosa novela País de Jauja, quien vuelve luego de muchos años a Arequipa luego de su presencia en la desaparecida FIL Arequipa.
Asimismo vuelve Renato Cisneros, un auténtico y merecido éxito de ventas con ese libro que hibrida la novela con el reportaje La distancia que nos separa (y que acaba de publicar una novela que puede leer como la precuela del libro donde aborda la relación con su padre: Dejarás la tierra, un título sugerido por Alberto Fuguet).
Vale la pena resaltar la presencia de Katya Adaui quien, luego de una maestría en Escritura Creativa en la Universidad Tres de Febrero de Buenos Aires, ha publicado un conjunto de narraciones titulado Aquí hay icebergs. Hacía mucho tiempo que no leía un libro con relatos tan originales y logrados. Hay que leerla.
Otro autor de primera fila que llega es el holandés Cees Noteboom (1933) cuya prolífica obra ha hecho que sea voceado, año a año, como candidato al premio Nobel de Literatura (él bromea al respecto de que se lo darían por “causas humanitarias”, pero de ocurrir, afirma, se pondría a llorar).
Sin duda, la lista es bastante larga: son más de un centenar de invitados provenientes de más de 20 países. Podemos citar a la argentina Claudia Piñeiro, a la mexicana Guadalupe Nettel, a la peruana Carmen Ollé.
Hay quienes se preguntan por qué todavía no viene al Hay Festival el arequipeño universal, yo les recuerdo que el culpable de que tengamos este evento es él. Y, como cada año, hay que darle las gracias.

Esperamos, eso sí, que para las siguientes versiones se tengan en cuenta a más narradores que no sean sólo de la capital.



2016/12/10

Última llamada: homenaje a Oswaldo Reynoso

Oswaldo Reynoso (1931-2016)
Hoy, sábado 10 de diciembre, al mediodía (12.00 horas), le rendiremos un homenaje a Oswaldo Reynoso en la Sala Mariano Melgar de la UNSA (calle San Agustín). Recordemos que el año pasado Reynoso fue invitado al Hay Festival y visitó Arequipa por última vez.
Acá Última llamada, una nota-homenaje a mi querido amigo.

ÚLTIMA LLAMADA* 
Oswaldo Reynoso me llamó por teléfono aquella semana del mes de mayo para contarme que acababa de terminar un nuevo libro el título tentativo era Capricho en azul, pero que un editor capitalino lo estaba meciendo. No le llamaba la atención. Es más, de alguna forma le causaba satisfacción, pues él siempre había ido contracorriente: ateo sexual, narrador homosensual sí, homosensual, como se autodenominaba, callejero como nadie, marxista sin fisuras, cantinero pertinaz, maldito entre los más malditos, muy al estilo del Choro Plantado (uno de sus personajes de Los inocentes). Es decir, dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias.
Hace tiempo que no te leo. ¿Cómo estás?
Bien le mentí, no era necesario hablar de cosas desagradables. Todo bien.
Te noto medio ronco me dijo algo preocupado. ¿Cuándo vienes a Lima para almorzar en mi casa?
Espero que pronto respondí sin saber que nunca más volvería a verlo. Le he mandado a Ruhuan el primer borrador del libro
Otra vez publicaría en Arequipa para apoyar a la editorial de un joven estudiante de la Escuela de Literatura de la UNSA que Oswaldo había descrito en alguna de sus historias: «no es blanco ni fornido como los muchachos loncos de la campiña ni tiene rasgos europeos de los chocollos decentes de la ciudad. Es deslumbrantemente mestizo de tez gualda atemperada con delicados destellos de vainilla. Me dice que es arequipeño de segunda generación pues su abuelito por eso de la guerra interna tuvo que abandonar su pueblo ayacuchano famoso por sus contadores de cuentos y danzarines de tijeras situado en el límite con Arequipa. Se sonríe: Es el rostro de mi patria».
            Antes de colgar, hablamos de política y de la casi inevitable victoria de Keiko Fujimori en la segunda vuelta.  
         —Si esa desgracia ocurre, estoy pensando en formar parte de una tribu amazónica antes de morir, como la Machiguenga: ellos no tienen patria.
           Ahora recuerdo lo que le dijo su padre en su lecho de muerte: «Oswaldito, nunca te olvides de que yo muero sin patria». Fue para él muy doloroso, sin duda. Algo ha escrito sobre su visita juvenil a Tacna para conocer a sus ancestros, allí uno de sus tíos le contó que «en la década del veinte sus primos Reynoso Vigil, de diecisiete y diecinueve años, más o menos, vieron cómo una turba de soldados chilenos, vestidos de paisanos y haciéndose pasar como peruanos, saquearon la casa del doctor Basadre y le prendieron fuego. En este operativo, murió, por descuido, un oficial chileno. Cuando los altos mandos del ejército de ocupación se enteraron que estos jóvenes eran testigos de tal crimen, los secuestraron. Luego, los desaparecieron. Su madre no pudo soportar tal desgracia y murió de un paro cardíaco. Poco después, el padre falleció de pena. Por eso la  calle en la que vivían era conocida como Los Hermanos Reynoso».
            —¿Y sigue llevando ese nombre?
            —Durante la dictadura sangrienta de Fujimori no faltó un áulico que propuso cambiar el nombre de aquella calle por «Keiko Fujimori». Por fortuna, no prosperó esa vergonzosa iniciativa.
            «Quizá pronto ocurra», pienso para mis adentros y sé que Oswaldo fue el hermano mayor que no tuve. Pero también fue el hermano menor al que siempre tienes que acompañar y proteger porque sientes que nunca deja de ser inocente (porque comprendes que es más lábil y sensible que tú). Tuvo toda la razón Manuel Morales cuando le dijo: «hemos salido a la calle, a la cantina con radiola, al billar, al burdel, porque hemos comprendido que ha llegado la hora de desahuevar a la literatura peruana».
            Reynoso —compañero urgente, narrador subversivo— te desahueva con cariño, picardía, con jerga en estado puro que gracias a él se torna poética: te inicia, te jode, te inquieta, pero por sobre todas las cosas te seduce. Deja huella. Impronta. Te hace parte de su séquito de rebeldes, nocturnos y callejeros irredentos.
¿Cómo conocí su obra? Gracias a una de mis hermanas, quien solía robar libros de la biblioteca de los abuelos. Íbamos todos los domingos a donde la Mamá María y, luego del almuerzo, ella aprovechaba la siesta de la prole para escabullirse por los  cuartos de la añosa vivienda y accedía a la biblioteca donde uno podía encontrarse con Arguedas, Cortázar o Camus.
Cuando nos despedíamos de la Mamá María, mi hermana empezaba a leer en el coche los libros que había escondido entre su ropa. Recuerdo con nitidez aquella ocasión cuando la vi sostener dos novelas: El coronel no tiene quien le escriba y En octubre no hay milagros. Abrió la novela de Reynoso para, ávida, echarle una ojeada y, de pronto, la noté turbada, un enigmático rubor se había apoderado de ella: negó moviendo la cabeza —insobornable señal de reprobación— y cerró el libro. Luego acudió apresurada a la notable historia de García Márquez y, ahora sí, todo volvió a la normalidad. ¿Qué había encontrado en aquel libro que generó en ella tal rechazo? Lo supe llegando a casa cuando ese «giragiragiragira» de la cabeza de don José de San Martín me hizo ponerme en la piel de Leonardo y sentir aromas inéditos: «el olor arrecho del mar en mis manos. Olor a Cigarro Inca, fuerte. Olor de ruda con incienso. Olor de puta morena.  Olor azulino en lengüitas amarillas como llama de cirio prendido. Olor de procesión. Y los morenos de la Santa Hermandad estarán sacando de Nazarenas al Señor. Y las velas encendidas estarán quemando pelos y rabos de beatas putas. Y los giles, serios, haciéndose los rezadores, se juntarán a las hermanas. Y con el pretexto del Señor, muy de mañana, comenzará el cochineo general».
            El último libro que publicó Oswaldo Reynoso incursionaba en el género epistolar: un narrador experimentado le escribía cartas —consejos— a un poeta en ciernes. Leí junto a él el borrador y tuve el privilegio de sugerirle el título: Arequipa lámpara incandescente. Aquella tarde, en su casa de Jesús María, acabábamos de comer unas pastas preparadas por él y la ventana abierta nos dejaba ver a un grupo de niños jugando en el parque Rafael Alberti. Hablamos mucho de la culpa. Ese sentimiento de mierda (que podía servir de mucho a la hora de escribir).
—¿Después de escribir este libro sientes que la culpa por fin se fue? —indagué.
—Sí —me dijo con voz entrecortada—, la culpa ya se fue.
Él me estaba mintiendo, por supuesto. El Profe Reynoso se sentía más culpable que nunca. Y no por mentirme, sino por otras cosas que no llegó a escribir.
Se puso de pie y se alejó de la mesa. Luego volvió con un viejo álbum de fotos que puso en mis manos:
—Avanza despacio —me ordenó, y empecé a pasar varias imágenes en blanco y negro hasta que me pidió que me detuviera. Un cúmulo de muchachos fotografiados junto a su maestro.
Oswaldo señaló al penúltimo de la segunda fila y me dijo:
—Él es Cara de Ángel.
En ese instante quise alzar mi teléfono celular para fotografiar la primicia, pero no lo hice. Llevado por el morbo me atreví a preguntar:
—¿Pero cómo se llama?
—Eso no te lo puedo decir.
—¿Por qué?
—Es una persona pública.
¿Acaso me mentía? No sé. No sé. No sé. Sólo estaba seguro de algo: la culpa, su culpa, mi culpa. «Y entonces en lo más hondo de mi estómago comenzó a ovillarse una angustia física que luego se desmadejaba dolorosamente en mis venas y acuchillaba mis sueños y azotaba inmisericorde mis memorias duermevelas y a esa angustia visceral había que darle un contenido psíquico y entonces venía la búsqueda desesperada en los olvidos de una palabra dicha al desgaire o de un mal gesto indeliberado o de un acto no pensado que hubiera podido desencadenar a mis espaldas un conflicto o una situación gravísima y entonces toda actitud vivida se hacía sospechosa y era el mismo proceso de exploración de culpa en el recuerdo que me atormentaba cuando adolescente caía de rodillas en el confesionario o cuando me metieron en una celda en el Perú sin formularme cargo alguno y entonces y entonces, ¿por qué te has quedado más de diez años en China?, ¿por masoquista?, ¿o a lo mejor porque querías expiar una culpa?, ¿o tal vez porque creías de verdad que ibas a encontrar en medio de tanto derrumbe y soledad la clave que te daría la felicidad?».
Oswaldo no ha muerto, faltara más: que se jodan todos los que se han tragado ese cuento.  Él está en alguna cantina con radiola esperándonos (a todos sus lectores) para celebrar la vida, para reírnos de la muerte. Para beber contigo hasta la última cerveza. Para asustarte con su mirada (o atraparte con su juventud ornada con canas): con su ternura, extraña, terrible. Para decirte al oído una verdad tan grande que bien te podría hacer temblar o lanzarte a vivir de veras: la vida sin libertad no es sólo fea, sino sucia.
Oswaldo Reynoso es por sobre todas las cosas una lámpara incandescente.
Espero tu llamada, chochera: no tardes mucho, las chelas se pueden calentar.
*Publicado en el semanario Hildebrandt en sus trece. Edición 301.

2015/12/05

Empieza el Hay Festival con dos platos fuertes: Martin Amis y Fernando Savater en el Teatro Municipal

Página 11 del diario El Pueblo de Arequipa, sábado 5 de diciembre.
Por Orlando Mazeyra Guillén
En 1991 apareció “Ética para Amador”, quizá el más célebre de todos los libros del escritor y filósofo vasco Fernando Savater. Esta publicación es un ensayo bastante informal y, sobre todo, didáctico en el que un padre —el autor que, al final, oficia de padre postizo de todos sus agradecidos lectores— dialoga con su hijo —Amador— acerca de en qué consiste vivir o aprender a vivir. ¿Qué es la ética? Saber vivir, “o arte de vivir”. La cuestión, desde luego, no es tan sencilla. Savater nos habla del aprendizaje intelectual de la libertad y de su difícil pero inevitable ejercicio: “estamos condenados a ser libres”, recalca recordando a Jean-Paul Sartre.
En estos tiempos de fanatismos y extremismos de toda índole —aquellos capaces de abolir la otredad—  cabe recordar la pregunta que aparece en las páginas de este libro: ¿en qué consiste tratar a las personas como a personas, es decir, humanamente? “Consiste en que intentes ponerte en su lugar. Reconocer a alguien como semejante implica sobre todo la posibilidad de comprenderlo desde dentro, de adoptar por un momento su propio punto de vista”.
Podrá sonar provocador de mi parte —y no intento hacerle mala prensa al autor, además creo que esto poco le interesará viniendo de un lector devoto— pero éste es un testimonio auténtico: luego de leer a Savater, cuando todavía era un mozalbete universitario (y estaba a punto de viajar a Camaná a pasar el año nuevo con mis mejores amigos), me atreví a ejercer mi libertad —a ponerla en riesgo, ¿pero quién que aspire a vivir dignamente no lo hace a menudo?— probando por primera vez “sustancias prohibidas”, para utilizar un eufemismo quizá más indecoroso que mi confesión. La experiencia, como muchas otras, tuvo sus claroscuros pero me permitió algo decisivo para saber vivir: conocerse.
EL VALOR DE EDUCAR (fragmento)
Imagínense ustedes —nos dice  Savater— que sobre los automóviles  no recibiesen los jóvenes más que dos tipos de información: la de los anunciantes y la crónica de accidentes de tráfico. La publicidad les presentaría vehículos omnipotentes que transcurren en paisajes de maravilla y prometen la compañía de las más sugestivas beldades; por otro lado se les iba a brindar la nómina de familias despanzurradas entre hierros retorcidos, atropellos fatales y conductores que dan una cabezadita para luego prolongar eternamente el sueño en el fondo de algún precipicio. Los unos muestran un falso paraíso para todos, los otros el infierno muy cierto de unos cuantos. ¿Qué faltaría aquí? Quizá la noticia objetiva de que los coches sirven para trasladarse de un lugar a otro con cierta comodidad, aunque su uso desmedido produce atascos de tráfico y los excesos de velocidad pueden ser fatales. Pero sobre todo faltaría el profesor que enseña a conducir a quien decide utilizar uno de esos vehículos. No necesito añadir lo que ocurriría además si los autos hubiese que comprarlos de segunda mano a bandas de gángsters y todas las gasolineras y los talleres de reparaciones funcionasen en la clandestinidad... En la escuela sólo se pueden enseñar los usos responsables de la libertad, no aconsejar a los alumnos que renuncien a ella. Algunos pseudoeducadores dicen que la droga no es cuestión de libertad personal porque el drogadicto pierde el libre albedrío: ¡como si no perdiese también la libertad de ser soltero quien se casa, la de convertirse en atleta quien dedica sus horas al estudio o la libertad de permanecer en casa quien emprende un viaje! Cada elección libre determina decisivamente la orientación de nuestras elecciones futuras y ello no es un argumento contra la libertad sino el motivo para tomarla en serio y ser responsable”.
Savater es autor de más de cincuenta ensayos sobre política, filosofía o literatura y de varias obras literarias, ha recibido numerosos galardones por sus trabajos como el Premio Ortega y Gasset de Periodismo, el Premio Nacional de Ensayo o el Premio Planeta (antes fue finalista de este importante lauro que ganó Vargas Llosa en 1993 con “Lituma en los Andes”). Sus últimos libros llevan por título “¡No te prives! Defensa de la ciudadanía” (Ariel, 2014) y “Voltaire contra los fanáticos (Je suis Charlie)” (Ariel, 2015). Pero podemos mencionar otros títulos importantes como la secuela de su libro de ética también dedicado a su vástago: “Política para Amador”, “El valor de educar”, “El valor de elegir”, entre otros.
MARTIN AMIS CON PETER FLORENCE
En la antesala, Martin Amis, Premio Somerset Maugham con su primera novela “El libro de Rachel”, dialogará con Peter Florence (fundador del Hay Festival). Amis es uno de los escritores británicos más importantes, autor de las celebradas obras “Dinero”, “Experiencia” (una portentosa autobiografía donde repasa sus libros y la historia detrás de sus libros, cómo escribe ficciones y de qué están hechas éstas: “la verdad está en la ficción. En ella es donde el termómetro espiritual da su medida exacta”, afirma) y “Lionel Asbo”. En su libro más reciente, “La Zona de Interés” (Anagrama, 2015), se adentra arriesgadamente en los campos de concentración y el Holocausto con una crítica acerada y sarcástica del nazismo. Hablará sobre este trabajo y su trayectoria.

TRES EVENTOS RECOMENDADOS DEL SÁBADO
4 p.m. Paraninfo de la UNSA
¿Existe la literatura peruana? Habla la selección peruana
Jeremías Gamboa, Sergio Galarza, Claudia Ulloa Donoso, Gabriela Wiener, Pedro Llosa Vélez y Jorge Alejandro Vargas Prado en conversación con Ricardo Sumalavia, quien oficia de moderador.
6 p.m. Teatro Municipal
Martin Amis en conversación con Peter Florence
7.30 p.m. Teatro Municipal

Fernando Savater en conversación con Juan Manuel Robles

2015/11/29

“Toda intención moralista mata el arte” - Hay Festival Arequipa

“Toda intención moralista mata el arte”
Por Orlando Mazeyra Guillén*

ACTUALIZACIÓN: Pedro Salinas presentará "Mitad monjes, mitad soldados" en el Salón Consistorial de la Municipalidad Provincial de Arequipa, este lunes 7 de diciembre a las 7 de la noche.

Pedro Salinas (Lima, 1963) es uno de los escritores invitados al Hay Festival que, bajo el lema “imagina el mundo”, se realizará por primera vez en nuestra ciudad del 5 al 8 de diciembre. Este, sin duda, será el evento cultural arequipeño más importante del siglo XXI. Llegarán pensadores de la talla del filósofo vasco Fernando Savater, novelistas de primera fila como Martin Amis, Jorge Edwards (premio Cervantes), Sergio Ramírez (premio Carlos Fuentes), Juan Gabriel Vásquez e Irvine Welsh. También los arequipeños Oswaldo Reynoso (cuya obra acaba de ser publicada en Italia) y Jorge Eduardo Benavides, el chileno Alberto Fuguet, la argentina Leila Guerriero, el boliviano Rodrigo Hasbún, la española Sara Mesa, entre otros.

Toda la ciudad necesita saberlo: estamos a pocos días del Hay Festival Arequipa, una auténtica celebración de la cultura y del compromiso social. Literatura, artes visuales, cine, música, geopolítica, periodismo y ciencia se mezclan en un ambiente de diálogo que promueve el intercambio cultural, la educación y el desarrollo.
A propósito de la aparición del libro Mitad monjes, mitad soldados (Planeta, 2015) entrevisté a Pedro Salinas para ir preparándonos, pues serán cuatro días intensos con más de cincuenta actividades culturales que ojalá nos quiten las anteojeras de siempre y, todos juntos, convirtamos a nuestra ciudad en un referente cultural de América Latina y del mundo.

MITAD MONJES, MITAD SOLDADOS
—Pedro, el libro es una denuncia, un muestrario de lo más abyecto del Sodalicio (aunque quizá haya cosas peores, como tú mismo lo mencionas), pero también es una advertencia. Quiero, primero, detenerme en la forma cómo se recluta a los adolescentes aprovechándose de la fragilidad emocional propia de la adolescencia: a través del deporte, de invitar un helado y fomentar la pertenencia. Esto no sólo se practica en el Sodalicio sino en muchas sectas y nuevas iglesias cristianas que aparecen a diario: sé de casos de amigos del colegio con problemas de conducta y hogares desintegrados que eran rápidamente captados con el fulbito, ahora el rugby, yendo a tomar un café y entrando en sintonía, etcétera. ¿Qué hacer frente a estos fanáticos al acecho? Tremenda tarea la de los padres de familia para evitar que sus hijos caigan en las manos de estas oscuras organizaciones que, en vez de acercarlos a Dios, los llevan de paseo al infierno, ¿no te parece? ¿Qué podrías decir tú como padre de familia, qué consejos dar, pues esto va más allá, creo yo, del mismo Sodalicio?

Definitivamente, si bien el libro se enfoca en el líder del Sodalicio y en la arquitectura de su organización, también es un llamado de alerta a los padres de familia, porque estas organizaciones de características sectarias suelen enmascararse en grupos aparentemente bienintencionados.

—Uno de los testimonios más conmovedores de los exsodálites es el tuyo: “El vacío afectivo y la ausencia física de mi padre me golpearon fuerte entonces comencé a fumar marihuana, dejé de estudiar y sólo iba al colegio con la intención de perder el tiempo, fastidiar a los profesores o a mis compañeros de clase”. Entonces conoces a dos sodálites en el colegio: “ambos me cayeron muy bien. El primero me sorprendió por su grandeza de alma y calidad humana. El segundo llamó mi atención porque hablaba mi lenguaje. Jerga. Lisuras. Era “achorado”. Y pícaro, como para demostrarme que él era tan vivo como yo. O más que yo. Ambos me hablaron de la ventaja del retiro. Y ya adivinarán. Terminé yendo (…) Con el transcurrir del tiempo, y la propia pasión que se va generando al interior de la agrupación, que cada vez le exige a uno más compromiso, más dedicación y más radicalismo, me fui alejando de mi familia, de mis mejores amigos e incluso rompí con mi enamorada (…) a unos cuantos se nos propuso la posibilidad de ser sodálites, de ser parte de los elegidos del Señor. Para formar la milicia exclusiva de dios, que es como un comando de élite, o algo parecido. Comos los Rambos del Cristianismo, digamos. Te hacen sentir eso. Que vas a ser parte de los Delta Force del catolicismo, de los X-Men de Figari, y que vas a ayudar a transformar el mundo”. Aquí me detengo: ¿se trata, en el fondo, de inocular una droga, no? Una seductora ficción que será, al principio, placentera y luego te pasará factura hasta dejarte en las escombreras de un sueño ‘divino’. Pedro, a pesar de todo, la estela del Sodalicio te seguirá por siempre, este libro es una prueba de ello. ¿Cómo confiar en que se puede enderezar un árbol que creció torcido? ¿Cómo perdonar tanta maldad de gente que se hace llamar católica? Insisto: hablamos de una droga ‘dogmática’, o algo así, que seduce a más no poder…

He leído varios libros sobre sectas y he visto no pocos documentales sobre el tema para entender cómo te enganchas y por qué permaneces. Es un tema bastante complejo. Hay cosas que tengo bastante claras ahora, pero hay otras que todavía se mantienen en la nebulosa.

—En su confesión, Santiago cuenta que Figari soltó un día: “No es bueno tener enamorada”. Era como una resolución. Además muchos exsodálites hablan de su marcada misoginia. Santiago agrega: “Y si ya tenías enamorada, pues tenías que romper con ella”. Este parece ser como el sambenito del Sodalicio: conozco a gente que a partir de entrar en él, dejan de hacer el amor con sus parejas, es distancian, ya no son los mismos y desean terminar con ellas, todo claro en el nombre de Cristo. Creo que cuando ya dejan a sus parejas por orden de la secta están llegando a un punto de no retorno. ¿Qué puedes aconsejar desde tu experiencia a la gente que recién está “empezando” en esto? A riesgo claro de que hagan oídos sordos…

Una de las cosas que me hizo entrar en crisis y plantearme la disyuntiva de salirme fue la nostalgia por mi libertad. Había probado el sexo antes de entrar al Sodalicio, y no fui muy obediente durante mi paso por él, por lo que frecuenté amigos que odiaban al Sodalicio y que me hicieron hacer querer recuperar mi independencia. Pero la cárcel mental que crean en ti es muy jodida de vencer.

Rafo León menciona que “uno descubre con horror que el Sodalicio compone un sistema de captación fanatizante y pedestre sin otro fin aparente que el dominio los muchachos y, por supuesto, con la mira puesta en el dinero y posición de sus familias. Con un poderoso componente racista y clasista. La personalidad de Figari, manipulador, cruel, narcisista y arbitrario, hace que en varios de los testimonios se lo compare con Vladimiro Montesinos, Abimael Guzmán o Alan García. Es en los testimonios donde encontramos de primera mano lo más doloroso y destructivo: el abuso, el abuso de poder, la manipulación de la conciencia y el abuso sexual puro y duro”.
La Iglesia Católica está protegiendo a una escoria así. Es triste decirlo pero si no se sigue machando con todo este asqueroso asunto, si no se termina de destapar esta olla de grillos, no habrá castigo. Y sabemos que la impunidad hace más atrevido al criminal. En qué medida somos TODOS cómplices de Figari si permitimos que viva en un “retiro espiritual”, triste coartada con la que la iglesia católica lo quiere blindar y mantenerlo al margen de la ley.

Una de las satisfacciones más grandes que nos ha dado a Paola Ugaz y a mí esta publicación ha sido ver la reacción de la sociedad a través de las redes y de los comentarios en reuniones y en los medios de comunicación. El zamacón ha sido fuerte. Y ojalá que sea aleccionador. En todo caso, quiero creer que podría ser así. Pero sí. En buena cuenta, el Sodalicio, la Legión de Cristo, los Karadima, y otros han existido debido a la permisividad de las sociedades. Y del infantilismo de muchos padres de familia que encargan incondicionalmente a sus hijos a terceros que no se preocupan de conocer bien.

—Creo que el libro nos cuenta muchas historias escabrosas: maltratos físicos y verbales, pederastia, sometimiento, despropósitos y experiencias insólitas. Hay una catarsis. Digo: hay muchas catarsis. ¿Qué viene para Pedro Salinas –el exsodálite– después de esto recordando aquella frase “una vez sodálite, sodálite para siempre”?

Espero no volver a realizar una investigación como esta, que terminó siendo una caja de Pandora. Creo que ya cumplí. Y por fin, muchos de mis amigos que se quedaron ahí han visto la verdad y la están aceptando de a pocos. Sé que el impacto para varios de ellos ha sido devastador. Pero ni modo. Y le pido infinitas disculpas y perdón a todos aquellos que embarqué en esta organización sectaria y terminaron pagando un precio muy alto. De verdad, lo siento mucho. Pero ello fue lo que me animó a buscar justicia a través de esta publicación. No se podrá volver el tiempo atrás, pero en adelante espero que tengamos los ojos más abiertos ante este tipo de movimientos aparentemente inocentes. Y a aquellos sodálites inocentes que están pagando el pato por la culpa de muchos de los que están en la cúpula y los han manipulado durante años, espero que sean conscientes de que tienen que reinventarse y redundarse. Porque el Sodalitium tal como ha sido hasta hoy está infectado en su "espiritualidad" por todos los vicios y perversiones de Luis Fernando Figari. 

—Hay algo que me preocupa muchísimo en Arequipa: en los últimos años el Sodalicio de Vida Cristiana ha tomado mucho protagonismo en el manejo de eventos culturales o artísticos. Ojo: manejar el arte y la cultura es una fuerte herramienta de poder, como me recordó el artista Milko Torres. ¿Qué hacer al respecto?

¿Qué hacer? Cada quién sabrá lo que tiene que hacer sobre el particular. Yo no soy quién para decirlo. Apenas he publicado una pequeña investigación sobre una organización católica ultramontana. El arte es creación. Un fervor apagado, como decía André Gide. Una manifestación de la libertad. Eso sí. Toda intención moralista, que viene con un interés determinado, mata el arte. Lo estrangula. Lo asesina. Si me preguntan, el arte está hecho para perturbar, para remover las conciencias, para inquietar. Porque es subversivo. Aquel que no logra mover a la gente, no es arte. Y al no serlo, no significa ninguna herramienta de poder. Ni debe preocuparnos.

Pedro Salinas participará el domingo 6 de diciembre en dos eventos que recomiendo mucho:
10:00 - 11:00 a.m. en el Paraninfo de la UNSA
El laberinto de la peruanidad
Gustavo Gorriti, José Ugaz y Jorge Bedregal La Vera con Pedro Salinas 
La labor del periodista Gustavo Gorriti ha sido reconocida con varias distinciones internacionales, entre otras, el premio María Moors Cabot, el premio CPJ International Press Freedom y el Rey de España. En 2005 fue nombrado presidente del Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS). José Ugaz es un jurista peruano que en 1992 se incorporó como Oficial de Derechos Humanos a la Misión de Paz de la ONU para El Salvador (ONUSAL). También ha sido designado como Procurador Ad Hoc de la República del Perú en varios casos de corrupción: Zanatti (1993-1994); CLAE (1994), INABIF (1997) y Montesinos-Fujimori (2000-2002). Actualmente es presidente de Transparency International. Por último, Jorge Bedregal La Vera es analista político, historiador y docente en la Universidad Nacional San Agustín. Modera el periodista y escritor Pedro Salinas (Lima, 1963), ganador del Premio Nacional de Periodismo y Derechos Humanos 1994 y autor del reciente libro Mitad monjes, mitad soldados.

6:00 p.m. en la Sala Mariano Melgar de la UNSA

Patricio Fernández Chadwick, Ed Vulliamy y Pedro Salinas con Marco Zileri

En torno al ensayo de investigación hablarán Patricio Fernández Chadwick, fundador y editor del semanario The Clinic, de carácter satírico y el de mayor lectura en su país; Ed Vulliamy, periodista británico —ganador del Amnesty International Media Award— que trabaja para The Observer y The Guardian, experto en el conflicto bosnio y autor deAméxica, y el escritor y periodista Pedro Salinas, que publicó recientemente Mitad monejes, mitad soldados, una investigación sobre el Sodalicio. Modera la charla el periodista Marco Zileri.
Se ofrecerá traducción simultánea del inglés.

*Entrevista publicada en el diario El Pueblo de Arequipa el domingo 29 de noviembre.

Más información sobre el “Hay Festival Arequipa” en su portal: